La radioterapia usa rayos X de alta energía para destruir las células cancerosas. Estos rayos X se pueden administrar externamente en un procedimiento que es muy parecido a la radiografía diagnóstica. A esto se le conoce como radioterapia de haz externo. Este tratamiento por lo general toma de 6 a 7 semanas. Para el cáncer de cuello uterino, este tipo de radioterapia a menudo se administra junto con bajas dosis de un medicamento de quimioterapia llamado cisplatino.
Otro tipo de radioterapia recibe el nombre de braquiterapia o terapia de radiación interna. Para tratar el cáncer de cuello uterino en mujeres que se han sometido a una histerectomía, se coloca el material radiactivo en un cilindro dentro de la vagina. Para tratar a una mujer con un útero intacto, el material radiactivo se puede colocar en un pequeño tubo de metal llamado tándem que va dentro del útero, junto con pequeños soportes de metal redondos llamados ovoides colocados cerca del cuello uterino. A esto algunas veces se le llama tratamiento con tándem y ovoides. En algunos cánceres, el material radiactivo se puede colocar en agujas delgadas que se insertan directamente en el tumor. Esto no se usa con frecuencia en el tratamiento de cáncer de cuello uterino.
Existen dos tipos principales de tratamiento: braquiterapia con baja tasa de dosis y con alta tasa de dosis. La braquiterapia con baja tasa de dosis finaliza en sólo unos días. Durante ese tiempo, la paciente permanece acostada en el hospital con instrumentos que mantienen el material radiactivo en el lugar. Por otro lado, la quimioterapia en altas dosis se administra de forma ambulatoria durante varios tratamientos. Para cada tratamiento con dosis alta, el material radiactivo se inserta por varios minutos y luego se remueve. La ventaja del tratamiento con alta tasa de dosis consiste en que usted no necesita permanecer inmóvil por períodos prolongados de tiempo.
Los efectos secundarios comunes de la radioterapia incluyen cansancio, malestar estomacal o incontinencia intestinal. Algunas personas pueden experimentar náuseas, así como vómitos. Estos efectos secundarios tienden a empeorar cuando la quimioterapia se combina con radiación. La radiación también puede conducir a bajos recuentos sanguíneos, lo que causa anemia (bajos recuentos de glóbulos rojos) y leucopenia (bajos recuentos de glóbulos blancos). Un bajo recuento en el nivel de glóbulos blancos incrementa el riesgo de infecciones. Por lo general, el cuento sanguíneo regresa a lo normal después de suspender la radiación. También son comunes los cambios en la piel, pues la piel en el área tratada luce y se siente como si estuviera quemada por el sol.
La radioterapia pélvica puede causar que se forme tejido cicatricial en la vagina. El tejido cicatricial puede causar que la vagina sea más estrecha (estenosis vaginal) o incluso más corta, lo que ocasiona dolor durante la penetración vaginal. No obstante, una mujer puede ayudar a evitar este problema al estirar las paredes vaginales varias veces por semana. Aunque esto se puede hacer al sostener relaciones sexuales de tres a cuatro veces por semana, la mayoría de las mujeres encuentran que esto es difícil de hacer durante el tratamiento. Otra manera de estirar las paredes de la vagina consiste en usar un dilatador vaginal (un tubo de plástico o de hule utilizado para estirar la vagina). Una mujer que recibe radiación a la pelvis no tiene que comenzar a usar el dilatador durante las semanas en que se administra la radiación, aunque debe de hacer esto de 2 a 4 semanas después de finalizar el tratamiento. Debido a que puede tomar mucho tiempo ver los efectos de la radiación, algunos expertos recomiendan usar el dilatador de forma indefinida.
La sequedad vaginal y el dolor durante las relaciones sexuales pueden ser efectos secundarios a largo plazo de la radiación. La radiación pélvica puede afectar a los ovarios, causando menopausia prematura. La radiación puede irritar la vejiga y puede ocasionar problemas para orinar. Se pueden también usar estrógenos vaginales para aliviar la sequedad vaginal y atrofia.
La radiación a la pelvis también puede debilitar los huesos, lo que causa fracturas. Las fracturas de las caderas son las más comunes, y pueden ocurrir 2 a 4 años después de la radiación. Se recomiendan estudios sobre la densidad ósea.
El tratamiento de los ganglios linfáticos con radiación puede derivar en problemas con el drenaje de líquido en las piernas. Esto puede causar inflamación grave en las piernas, una condición llamada linfedema.
Si usted experimenta efectos secundarios ocasionados por la radiación, discútalos con el equipo que atiende su cáncer.
Es importante saber que el hábito de fumar aumenta los efectos secundarios de la radiación. Si usted fuma, deje de fumar.
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