El objetivo de la terapia biológica es estimular el sistema inmunitario del cuerpo para luchar o destruir más eficazmente las células cancerosas. Hasta hace poco, ésta era el tratamiento de primera línea que se usaba con más frecuencia para el cáncer avanzado de riñón, y es posible que siga siendo útil para algunas personas. No obstante, debido a que puede ser difícil administrar la terapia biológica y ésta puede ocasionar graves efectos secundarios, muchos médicos hoy día sólo la usan para cánceres que no responden a las terapias dirigidas.
Los medicamentos de inmunoterapia principales usados para el cáncer de riñón son las citocinas (proteínas que activan el sistema inmunológico). Las dos citocinas que se usan con más frecuencia son la interleucina-2 (IL-2) y el interferón-alfa. Ambas citocinas hacen que estos cánceres se encojan a menos de la mitad de su tamaño original en aproximadamente de 10 a 20 por ciento de los pacientes. Los pacientes que responden a la interleucina-2 tienden a tener respuestas duraderas. La IL-2 es la única terapia que parece tener un efecto perdurable, aunque sólo un pequeño porcentaje de pacientes responde a ella. Un cáncer tiene ciertas características que pueden ayudar a predecir si la IL-2 será útil, y se están realizando más estudios para determinar qué características son más útiles.
La combinación de bajas dosis de ambas citocinas se consideró una vez ser igual de eficaz que las altas dosis de interleucina-2, con menores efectos secundarios graves, pero estudios recientes no respaldan esta idea. La mayoría de los médicos consideran que las dosis elevadas de interleucina-2 ofrecen una mejor probabilidad de encoger el cáncer. Las altas dosis de IL-2 sólo se administran en ciertos centros, debido a que pueden ser muy tóxicas y se requiere de destrezas especiales para reconocer y tratar los efectos secundarios.
Los posibles efectos secundarios de la terapia con citocinas, especialmente la de dosis elevadas de interleucina-2, incluyen:
- Cansancio extremo.
- Presión arterial baja.
- Acumulación de líquido en los pulmones.
- Dificultad para respirar.
- Daño al riñón.
- Ataques cardiacos.
- Sangrado intestinal.
- Diarrea o dolor abdominal.
- Fiebre alta y escalofríos.
- Latidos acelerados.
- Cambios mentales.
Estos efectos secundarios son a menudo graves y, pocas veces, pueden ser mortales. Por esta razón, la terapia con citocinas no se usa en personas con un estado general de salud desfavorable. Sólo los médicos que tengan experiencia con el uso de estas citocinas deben administrar este tratamiento.
Las citocinas también se pueden usar como parte de algunas técnicas de inmunoterapia experimentales. Un método toma células especiales del sistema inmunitario conocidas como linfocitos infiltrantes de tumor, las cuales se pueden encontrar dentro de los tumores renales. Estas células fueron extraídas del tumor tras la cirugía. Estas células inmunitarias luego fueron expuestas a citocinas en el laboratorio y posteriormente se vuelven a suministrar al paciente. La intención era que dichas células combatieran a las células cancerosas ocasionando menos efectos secundarios, en comparación con administrar las citocinas directamente al paciente, pero los resultados han sido desalentadores.
Las formas más recientes de inmunoterapia se describen en la sección “¿Qué hay de nuevo en las investigaciones y el tratamiento del cáncer de riñón?”.
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