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Leucemia en niños

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¿Qué es Leucemia en niños? TEMAS

¿Qué es la leucemia en niños?

La leucemia es un cáncer de las células primitivas productoras de sangre. Con mayor frecuencia, la leucemia es un cáncer de los glóbulos blancos, pero algunas leucemias comienzan en otros tipos de células sanguíneas.

La leucemia comienza en la médula ósea (la parte suave del interior de ciertos huesos en donde se forman las nuevas células de la sangre). En la mayoría de los casos la leucemia invade la sangre muy rápidamente. De ahí puede extenderse a otras partes del cuerpo, como a los ganglios linfáticos, el bazo, el hígado, el sistema nervioso central (el cerebro y la médula espinal), los testículos u otros órganos.

Algunos tipos de cáncer infantil, tales como el neuroblastoma o el tumor de Wilms, comienzan en otros órganos y se pueden propagarse a la médula ósea, pero éstos no son leucemia.

Médula ósea, sangre y tejido linfático normales

Para entender los diferentes tipos de leucemia, ayuda saber sobre los sistemas sanguíneo y linfático.

Médula ósea

La médula ósea es la parte blanda del interior de los huesos. Es el lugar donde se producen nuevas células sanguíneas (glóbulos rojos, glóbulos blancos y plaquetas). En los niños, la médula ósea activa se encuentra en casi todos los huesos del cuerpo, pero en los años de la adolescencia, se encuentra fundamentalmente en los huesos planos (el cráneo, los omóplatos, las costillas y la pelvis) y en las vértebras (los huesos que forman la columna vertebral).

La médula ósea consiste en un pequeño número de células madre sanguíneas, células productoras de sangre más maduras, células adiposas y tejidos de apoyo que ayudan al crecimiento celular. Las células madre sanguíneas experimentan una serie de cambios para producir nuevas células sanguíneas. Durante este proceso, las células se desarrollan hasta convertirse en linfocitos (un tipo de glóbulo blanco) o en otras células productoras de sangre. Estas células productoras de sangre se pueden desarrollar en uno de los tres principales tipos de células sanguíneas:

  • Glóbulos rojos.
  • Glóbulos blancos (que no son linfocitos).
  • Plaquetas.

Glóbulos rojos

Los glóbulos rojos transportan oxígeno desde los pulmones hasta todos los demás tejidos del cuerpo, y llevan el dióxido de carbono hasta los pulmones para su eliminación. Cuando la médula no produce suficientes glóbulos rojos para reemplazar los desgastados, es posible que la persona presente anemia (la presencia de muy pocos glóbulos rojos en el cuerpo). La anemia puede causar que una persona se sienta cansada, débil y tenga dificultad para respirar debido a que los tejidos del cuerpo no reciben suficiente oxígeno.

Plaquetas

Las plaquetas son en realidad fragmentos celulares producidos por un tipo de célula de la médula ósea llamada megacariocito. Se liberan en la sangre, en donde su función principal es tapar los orificios de los vasos sanguíneos causados por cortaduras o hematomas. A la escasez de plaquetas en la sangre se le llama trombocitopenia. Una persona con trombocitopenia puede sangrar y desarrollar hematomas fácilmente.

Glóbulos blancos

Los glóbulos blancos, también conocidos como leucocitos, ayudan al cuerpo a combatir infecciones. Los tres tipos principales de glóbulos blancos son los linfocitos, granulocitos y monocitos.

Linfocitos: éstas son las células principales que producen tejido linfoide, una parte importante del sistema inmune del cuerpo.

El tejido linfático se encuentra en muchos lugares del cuerpo, incluyendo en los ganglios linfáticos, el timo, el bazo, las amígdalas y las glándulas adenoides, y la médula ósea. También se encuentra disperso en todo el sistema digestivo y el sistema respiratorio. El extenso sistema que conecta todos los tejidos linfoides se denomina sistema linfático. Los linfocitos circulan en este sistema y eventualmente fluyen en el torrente sanguíneo.

Los linfocitos se desarrollan a partir de células llamadas linfoblastos hasta convertirse en células maduras que combaten las infecciones. Hay dos tipos principales de linfocitos:

  • Los linfocitos B (células B) ayudan a proteger el cuerpo contra las bacterias y los virus. Cuando una célula B entra en contacto con uno de estos gérmenes, madura hasta convertirse en una célula plasmática, que libera proteínas denominadas anticuerpos. Los anticuerpos se adhieren al germen, y lo marcan para que otras partes del sistema inmune lo destruyan.
  • Los linfocitos T (células T) también ayudan a proteger al cuerpo contra sustancias extrañas (aquellas que normalmente no se encuentran en el cuerpo). Estas células reconocen sustancias químicas específicas, como las que se encuentran en el exterior de las células infectadas por virus. Existen varios tipos de células T, cada una de ellas con una función especializada. Algunas destruyen células anormales liberando sustancias que les producen orificios y les causan fugas. Algunas células T liberan sustancias llamadas citocinas que atraen otros tipos de glóbulos blancos, y estos entonces destruyen las células anormales. Aun así otras células T actúan vigilando que el sistema inmune no ataque las células normales.

Los linfocitos son las células a partir de las cuales se desarrolla la leucemia linfocítica (o linfoblástica) aguda. Aunque tanto las células B como las células T se pueden convertir en leucemia, las leucemias de las células B son mucho más comunes que las leucemias de las células T.

Las células B y las células T normales pueden ser reconocidas mediante pruebas de laboratorio que detectan sustancias químicas específicas en su superficie. Ciertas sustancias se encuentran exclusivamente en las células B, y otras se encuentran sólo en las células T. Las pruebas de laboratorio también ayudan a determinar la madurez de las células B y de las células T. Tanto el tipo de linfocito como su etapa de madurez son importantes, porque las leucemias que surgen de estos tipos diferentes de células tienen diferentes características.

Granulocitos: estos glóbulos blancos tienen gránulos, o sea manchas que pueden visualizarse en un microscopio. Estos gránulos contienen enzimas y otras sustancias que pueden destruir gérmenes como las bacterias. Los tres tipos de granulocitos, neutrófilos, basófilos y eosinófilos, se distinguen por el tamaño y el color de los gránulos. Los granulocitos se desarrollan a partir de células productoras de sangre llamadas mieloblastos hasta convertirse en células maduras que combaten las infecciones.

Monocitos: estos glóbulos blancos, que están relacionados con los granulocitos, también son importantes para proteger al cuerpo contra las bacterias. Se generan en la médula ósea como monoblastos productores de sangre y se desarrollan hasta convertirse en monocitos maduros. Después de circular en el torrente sanguíneo por aproximadamente un día, los monocitos ingresan en los tejidos corporales para convertirse en macrófagos, que pueden destruir algunos gérmenes rodeándolos y digiriéndolos. Los macrófagos también ayudan a los linfocitos a reconocer gérmenes y comenzar a producir anticuerpos para combatirlos.

Cualquiera de las células formadoras de sangre o células linfoides de la médula ósea puede convertirse en una célula leucémica. Una vez ocurre este cambio, las células de leucemia no pasan por el proceso normal de maduración, sino que sobreviven y se acumulan en la médula ósea. Con el paso del tiempo, estas células entran en el torrente sanguíneo y se propagan a otros órganos, en donde pueden evitar el funcionamiento normal de otras células corporales.

Tipos de leucemia en niños

Con frecuencia la leucemia se describe como aguda (que crece rápidamente) o crónica (que crece lentamente). Casi todas las leucemias en niños son agudas.

Leucemias agudas

Hay dos tipos principales de leucemia aguda:

Leucemia linfocítica aguda (linfoblástica) (acute lymphocytic leukemia, ALL): este tipo de leucemia representa aproximadamente tres de cada cuatro casos de leucemia infantil. Este tipo de leucemia se inicia en las células linfoides de la médula ósea.

Leucemia mielógena aguda (acute myelogenous leukemia, AML): este tipo de leucemia, también llamada leucemia mieloide aguda, leucemia mielocítica aguda o leucemia no linfocítica aguda (acute non-lymphocytic leukemia, ANLL) representa la mayoría de los casos remanentes. Este tipo de leucemia se inicia a partir de las células mieloides que forman los glóbulos blancos (que no son linfocitos), los glóbulos rojos o las plaquetas.

Leucemias de linaje hibrido o mixto: en estas leucemias poco comunes, las células tienen características de la ALL y de la AML. Generalmente reciben el tratamiento de la ALL y responden a este tratamiento como la ALL.

Tanto la ALL como la AML se pueden dividir además en subtipos diferentes. Para obtener más información sobre estos subtipos, lea la sección “¿Cómo se clasifica la leucemia en niños?".

Leucemias crónicas

Las leucemias crónicas son mucho más comunes en los adultos que en los niños. Suelen crecer más lentamente que las leucemias agudas, aunque también son más difíciles de curar. Las leucemias crónicas también se pueden dividir en dos tipos.

  • Leucemia mielógena crónica (chronic myelogenous leukemia, CML): esta leucemia ocurre rara vez en niños, aunque se puede presentar en ellos. Se trata de la misma forma que en adultos (consulte “Tratamiento de niños con leucemia mielógena crónica [CML]”). Para más detalles sobre CML, consulte nuestro documento Leucemia mieloide (mielógena) crónica.
  • Leucemia linfocítica crónica (chronic lymphocytic leukemia, CLL): esta leucemia se presenta muy pocas veces en los niños y no se describe en este documento. Para más información sobre CLL, consulte nuestro documento Leucemia linfocítica crónica.

Leucemia mielomonocítica juvenil

La leucemia mielomonocítica juvenil (juvenile myelomonocytic leukemia, JMML) es un tipo poco común de leucemia que no es crónica ni aguda. Se inicia a partir de las células mieloides, pero no es de rápido crecimiento como la leucemia mielógena aguda ni de crecimiento lento como la leucemia mieloide crónica. Ocurre con más frecuencia en los niños de poca edad (menores de cuatro años). Los síntomas pueden incluir piel pálida, fiebre, tos, moretones o sangrado que ocurre fácilmente, dificultad para respirar (debido a la presencia de demasiados glóbulos blancos en los pulmones), y agrandamiento del bazo y de los ganglios linfáticos.


Fecha de última actualización: 01/14/2011
Fecha de último cambio o revisión: 01/12/2012

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