Primero que nada, hasta el 5% de las muertes infantiles podría ser prevenido si las mujeres embarazadas no hubiesen fumado.
Más del 10% de las mujeres fuman a lo largo de sus embarazos (algunos estudios indican que este porcentaje es 15% o más, aunque varía según la edad). Las adolescentes embarazadas (de 15 a 17 años) tienen la tasa más alta, ya que se reportó que más del 20% de ellas fumaron el pasado mes.
El fumar está asociado con un mayor riesgo de parto prematuro y muerte infantil. En comparación con los bebés que nacen de mujeres que no fuman, los bebés de mujeres fumadoras tienen un riesgo ligeramente mayor de defectos cardiacos, labio leporino y paladar hendido, y posiblemente otros defectos de nacimiento. La investigación también sugiere que los bebés de madres que fuman durante y después del embarazo tienen una probabilidad de dos a tres veces mayor de morir del síndrome de muerte súbita (SIDS) en comparación con bebés nacidos de madres que no fuman. El riesgo de SIDS es algo menor para los bebés cuyas madres dejaron de fumar durante el embarazo, incluso si comenzaron a fumar nuevamente después del parto. Los bebés de las madres que no fuman tienen el riesgo más bajo de SIDS.
De las mujeres que logran dejar de fumar durante el embarazo, sólo una de cada tres permanece sin fumar tras un año después del parto.
Fumar durante el embarazo causa que al menos uno de cinco bebés nazcan con bajo peso. Esto se debe a que fumar durante el embarazo disminuye el crecimiento del feto. A menudo, esto causa que los bebés tengan problemas de salud como consecuencia del bajo peso al nacer. Las mujeres que dejan de fumar antes de quedar embarazadas reducen el riesgo de tener un bebé de bajo peso al mismo nivel de las mujeres que nunca han fumado. Las mujeres que dejan de fumar durante los primeros tres a cuatro meses de embarazo tienen menos probabilidades de que sus bebés nazcan con bajo peso en comparación con aquéllas que siguen fumando.
Muchas mujeres pueden dejar de fumar durante el principio del embarazo. Sin embargo, a las mujeres que padecen trastornos de estado de ánimo, tal como depresión, a menudo se les hace más difícil dejar de fumar. Las investigaciones han encontrado que entre un tercio y la mitad de las mujeres que fuman durante el embarazo tienen un trastorno del estado de ánimo. Puede ser más difícil tratar con medicinas a las mujeres embarazadas que padecen depresión, ansiedad o abstinencia de nicotina debido a que preocupa los efectos dañinos que pueden causar los medicamentos al feto. El asesoramiento y la terapia de salud mental pueden ayudar a algunas de estas mujeres. Si la mujer no puede dejar de fumar con terapia, puede que quiera hablar con su médico sobre otras cosas que ella pueda tratar para dejar el hábito.
Después del nacimiento de un bebé, la nicotina y otras sustancias del tabaco también se le pueden pasar al bebé a través de la leche materna. Esto puede afectar al bebé inmediatamente. Por ejemplo, los bebés que fueron amamantados por madres que han fumado duermen media hora menos que los bebés de las madres que no fuman (esto se midió por 3½ horas justo después de la lactancia). Es mejor no fumar durante el periodo de lactancia. Pero incluso si la madre fuma, se sigue creyendo que la lactancia es más saludable para el bebé que la alimentación por biberón. Además, las mujeres que no pueden dejar de fumar inmediatamente pueden hacer otras cosas para reducir la exposición al bebé:
- Convertir su hogar en un lugar en donde no se permite fumar.
- Fume inmediatamente después de amamantar al babé (no antes).
- Reduzca los cigarrillos que fuma tanto como sea posible.
Si usted deja de fumar durante el embarazo, no vuelva a fumar de nuevo después del nacimiento de su bebé. Cuando sienta la tentación de comenzar a fumar, busque ayuda inmediatamente. Además, recuerde que los padres que fuman tienen una mayor probabilidad de tener hijos que fuman. Por lo tanto, si usted se mantiene sin fumar, habrá una mejor probabilidad de que su hijo nunca comience a fumar.
El humo de segunda mano puede afectar la salud de sus hijos
Un estudio realizado en 2004 demostró que más de uno de cada 10 niños en los Estados Unidos menores de seis años respira el humo de segunda mano en sus hogares por lo menos cuatro días por semana. Los estudios reportan que los niños mayores cuyos padres fuman se enferman con mayor frecuencia. Contraen bronquitis y neumonía con más frecuencia. Además tosen y presentan respiración sibilante con más frecuencia. El humo de segunda mano también puede causar un ataque de asma, empeorar los síntomas del asma, e incluso causar nuevos casos de asma en niños que nunca antes habían mostrado síntomas. Más del 40% de los niños que acuden a la sala de urgencias debido a asma viven con fumadores. Un ataque severo de asma puede causar la muerte.
Los niños que viven con padres fumadores también contraen más infecciones de los oídos. A menudo, esto causa acumulación de líquido en sus oídos y puede que ellos necesiten una cirugía para drenar sus conductos auditivos. Algunos de estos problemas pueden parecer insignificantes, pero éstos se van acumulando rápidamente: piense sobre los gastos, las visitas al médico, las medicinas, las ausencias de la escuela, y a menudo las ausencias del trabajo por parte del padre o la madre que tiene que permanecer en la casa con su hijo enfermo. Además, esto no incluye las molestias que pasa el niño.
Informe del Director General de Salud Pública: el humo de segunda mano mata a las personas que no fuman y enferma a otras personas
Se ha demostrado que el humo ambiental de tabaco (ETS), también conocido como humo de segunda mano, aumenta el riesgo de cáncer de pulmón. El informe del 2006 el Director de Salud Pública sobre el humo de segunda mano declaró que:
- Muchos millones de estadounidenses, tanto niños como adultos, están expuestos al humo de segunda mano en sus casas y lugares de trabajo, aún y cuando se ha logrado un avance sustancial en el control del tabaco.
- El humo de segunda mano ocasiona muerte prematura y enfermedades en niños y adultos que no fuman.
- Los niños expuestos al humo de segunda mano están a un riesgo aumentado del síndrome de muerte súbita infantil (SIDS), infecciones del sistema respiratorio, complicaciones en los oídos y asma más severo.
- El hábito de fumar de los padres causa síntomas respiratorios y desacelera el crecimiento de los pulmones de sus hijos.
- El humo de segunda mano perjudica inmediatamente al corazón, los vasos sanguíneos y la circulación sanguínea. Con el paso del tiempo, puede causar enfermedad cardiaca, ataque al cerebro y ataques al corazón.
- La evidencia científica muestra que no existe un nivel seguro de exposición al humo de segunda mano. Cualquier exposición es perjudicial.
- La única manera de proteger completamente a las personas que no fuman de la exposición al humo de segunda mano en lugares cerrados, es previniendo que se fume en los interiores o en los edificios. Incluso separar a los fumadores de los no fumadores, filtrar el aire y ventilar los edificios no puede evitar la exposición de los no fumadores al humo de segunda mano.
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