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Es natural que las familias que se están enfrentando a un diagnóstico de
cáncer reciente se encuentren alteradas o preocupadas sobre cómo le harán frente
a esta crisis. Para las familias con niños pequeños o adolescentes, estas
preocupaciones son aún mayores al preguntarse cómo sus niños manejarán un
diagnóstico de cáncer. Nosotros le explicaremos cómo ayudar a sus hijos a
entender y a enfrentarse a la enfermedad de uno de sus padres. Muchos de estos
principios también pueden aplicarse a niños que tienen una relación cercana con
otro familiar diagnosticado con cáncer.
La forma en la que un niño reacciona ante un diagnóstico de cáncer dependerá
en cómo sus padres u otros adultos cercanos estén manejando la crisis. Los niños
comprenden a través de sus padres lo que está sucediendo en su mundo. Los padres
saben esto, por esta razón la situación puede ser muy estresante, porque al
mismo tiempo ellos se están enfrentando a sus propios sentimientos de miedo e
incertidumbre que son muy intensos. Sin embargo, los padres y sus hijos
pueden y aprenden a hacer frente al cáncer y a sus tratamientos.
¿Por qué es necesario decirle a los niños sobre el diagnóstico de cáncer de
uno de sus padres?
Algunos padres piensan que sus hijos se preocuparán más, si se les dicen los
hechos sobre la situación. Es importante que los padres se den cuenta que los
niños no han vivido las mismas experiencias de los adultos y, por lo general, no
responderán emocionalmente de la misma forma que ellos. El cáncer es un secreto
imposible de ocultar. Los niños escucharán conversaciones telefónicas y captarán
la ansiedad y la preocupación de sus padres. A menudo, ellos temerán y creerán
lo peor, si no tienen información actualizada. El esfuerzo que toma mantener
semejante secreto puede robarle al padre o la madre energía valiosa.
Si los niños se enteran del cáncer de uno de sus padres por otra persona
---un vecino curioso o un compañero de clases que escuchó a otras personas
hablando--- puede disminuir la confianza que debe existir entre padres e hijos.
Si los niños piensan que sus padres están siendo imprecisos o que están tratando
de ocultarles algo, se les hará difícil creer que les están diciendo la verdad.
Por consiguiente, es mejor si los padres aprenden cómo comunicarle esta
información sinceramente, pero de una forma que les permita a los niños entender
y participar en la situación. El otro peligro que encierra el mantener el cáncer
en secreto es que el niño puede asumir erróneamente que lo que sea que está
sucediendo es demasiado terrible para hablar de ello. Esto puede llevar al niño
a sentirse aislado de la familia. Por lo tanto, el deseo natural de los padres
de proteger a sus hijos algunas veces sólo hace las cosas más difíciles. Los
padres saben que es imposible proteger a sus hijos de todo lo estresante de la
vida y que su trabajo es enseñarles cómo enfrentarse a estos retos.
¿Cómo se les debe decir a los niños que uno de sus padres tiene cáncer?
La edad juega un papel importante en la decisión de qué y cuánto debe
decírsele a un niño sobre un diagnóstico reciente. El principio rector debe ser
decir la verdad de una forma en la que los niños puedan comprender y prepararse
por ellos mismos para los cambios que sucederán en la familia. A los niños les
sienta bien la rutina, los ayuda a sentirse seguros. Cuando la vida se vuelve
impredecible, ellos necesitarán ayuda para ajustarse a los cambios.
Los niños pequeños hasta los 8 años no necesitarán mucha información
detallada, mientras que los niños mayores (entre 8 y 12 años) y los adolescentes
necesitarán saber más. Las hijas adolescentes de mujeres con cáncer del seno
tendrán diferentes inquietudes que una niña de cinco años que necesita a sus
padres para su cuidado básico. Todos los niños necesitan la siguiente
información básica: el nombre del cáncer, por ejemplo "cáncer del seno", "linfoma",
la parte del cuerpo donde se encuentra el cáncer, cómo será tratado y cómo se
verán afectadas sus propias vidas.
A los niños pequeños (hasta los 8 años) pudiesen necesitar una explicación y
se les puede decir que el cuerpo está hecho de muchas partes diferentes. Cuando
alguien tiene cáncer significa que algo está mal con esas partes y que éstas
dejaron de hacer lo que se suponía tenían que hacer. Una parte del cuerpo se
vuelve anormal y, eventualmente, crece un tumor o masa que no debería estar allí.
Debido a que los tumores pueden continuar creciendo a otras partes del cuerpo,
la persona necesitará tratamiento para sacar el tumor o para impedir que se
extienda a otros lugares (vea la presentación sobre Tratamiento en la próxima
sección). Los niños mayores (de 8 años a la adolescencia) quizá sean capaces de
comprender una explicación más compleja. Ellos tal vez estén interesados en ver
fotografías de las células cancerosas o leer acerca de esto en la biblioteca.
Además de la enfermedad en sí, existen otras preocupaciones que los niños
tienen sobre el cáncer. La más común es que algo que ellos hicieron o no
hicieron quizá haya causado la enfermedad del padre o la madre. Si bien nosotros
sabemos que esto no es verdad, la mayoría de los niños lo creen en algún momento
durante la experiencia. Los padres saben que los niños usan un "pensamiento
mágico", es decir, creen que el mundo gira alrededor de ellos y que pueden hacer
que cualquier cosa suceda. Los niños también pueden creer que cosas malas
suceden porque ellos han estado enojados con su mamá o papá. Por consiguiente,
cuando uno de los padres se enferma, los niños por lo general se sienten
culpables y piensan que ellos son los responsables. Los niños a menudo no
expresan esto; por lo tanto, es una buena idea tranquilizarlos al respecto. Los
padres pueden decirles algo como "los médicos nos dijeron que nadie puede hacer
que alguien contraiga cáncer, es algo que ninguno de nosotros hizo que pasara".
Es mejor no esperar a ver si los niños dicen esto, porque se pueden estar
sintiendo culpables sin expresarlo.
Otras cosas por las que los niños se preocupan son que el cáncer sea
contagioso o que se les pueda pegar, que todas las personas se mueren a causa de
esta enfermedad o que ellos o el otro padre lo pueda contraer. Es bueno corregir
estas ideas antes de que los niños tengan la oportunidad de preocuparse. Los
niños se pueden confundir sobre cómo las personas se enferman, y una
preocupación común es que el cáncer pueda pasar de una persona a otra. Los
padres pueden explicarles que el cáncer es un tipo diferente de enfermedad y que
no tienen que preocuparse de que alguien se lo contagió a su mamá o papá y que
ellos se contagiarán. Los padres también deben decir que sería muy raro que el
otro padre también se enfermara. Tal vez quieran decirle a sus hijos que años
atrás las personas a menudo se morían a causa del cáncer porque los médicos no
sabían mucho sobre cómo tratarlo. Ahora se han realizado muchos avances y el
pronóstico para muchos cánceres es mucho más alentador.
¿Debo esperar que mi hijo esté alterado?
Algunos niños pueden estar muy enojados cuando se enteran del diagnóstico,
mientras que otros pueden actuar como si nada malo estuviese ocurriendo. La meta
es ofrecerle al niño un punto de vista balanceado. El niño debe darse cuenta de
que el cáncer es una enfermedad seria, pero no sin esperanza.
La reacción emocional del niño a esta noticia dependerá de muchos factores,
incluyendo cómo se le presente la información y la experiencia que tenga el niño
con enfermedades. Es importante que los padres escojan un momento para hablar
con sus hijos cuando se sientan bastante calmados. En un hogar con padre y madre,
es una buena idea que ambos hablen con sus hijos juntos. En caso de ser padre o
madre soltera, pudiese ayudar pedirle a un familiar o amigo que le acompañe, si
se siente vacilante con respecto a la conversación. Si las personas se sienten
angustiadas o inseguras sobre lo que deben decir, quizá sea mejor esperar hasta
que sus emociones estén más controladas. Esto no significa que los padres
necesitan aparentar que no hay nada de que preocuparse. Está bien si los niños
los ven llorando de vez en cuando. Los padres pueden reconocer que este es un
momento triste, que el cáncer es una enfermedad que produce miedo y que está
bien tener sentimientos intensos al respecto. Sin embargo, esto no significa que
la familia no será capaz de encontrar maneras de enfrentarlo.
Algunas veces, los padres se esfuerzan por no expresar ninguna emoción
negativa frente a los hijos. Ellos se preocupan de que esto asustará a los niños
y que su "negatividad" puede, de alguna manera, afectar su habilidad para
manejar la situación. De los medios de comunicación, recibirá consejos para
crear una "actitud positiva". En general, ser positivo es una buena manera de
ver la vida; sin embargo, cuando las personas intentan negar sus verdaderos
sentimientos de miedo y tristeza, que son parte de cualquier diagnóstico, el
esfuerzo, por lo general, no es efectivo. Algunas veces, la energía que toma
contener las emociones negativas puede hacer más difícil enfrentar la situación.
Los pacientes se lamentan por la pérdida de seguridad y poder de previsión de
sus vidas. Muchas personas piensan que ocurre un proceso de lamento con el
diagnóstico de cáncer. Cuando una persona enfrenta estos sentimientos, es mucho
más fácil tratar de pensar positivamente sobre los retos que se avecinan.
Obviamente, nadie quiere actuar histéricamente y alarmar así a sus hijos. Sin
embargo, no hay nada de malo en derramar algunas lágrimas cuando una crisis
sucede en la familia. Los padres pueden decirle a sus hijos que habrá momentos
en los que necesitarán llorar por la situación y que eso los ayudará a sentirse
mejor. Los padres pueden asegurarles que "pararán de llorar" y que ese llanto
no significa que la situación ha empeorado. También le da a los niños
permiso para expresar sus sentimientos de enojo y miedo normales. Todas las
personas se enfrentan a los problemas de forma diferente, y será importante que
los padres se den a sí mismos el permiso y el tiempo para determinar qué es lo
mejor para ellos y sus familias.
En aquellas familias en las que muchas personas hayan muerto de cáncer, los
niños tal vez asuman el peor resultado posible; por lo tanto, es importante que
los padres les expliquen que existen más de 100 tipos diferentes de cáncer, que
todos son diferentes con respecto al tipo de tratamiento que necesitan y que
todos son diferentes con respecto al pronóstico (lo que probablemente pasará en
el futuro). Asegúrese de que entiendan que cada situación es única y que sólo
porque el abuelo se murió hace 5 años no significa que eso sucederá ahora. Cada
persona responde diferente al tratamiento. El tratamiento contra el cáncer
cambia cada año, y todo el tiempo se están creando tratamientos más eficaces.
Nadie puede predecir el futuro y las personas necesitan abordar el cáncer con
tanta esperanza como sea posible.
¿Existen reacciones típicas que yo deba esperar?
La reacción de un niño a la noticia de la enfermedad de uno de sus padres
depende de muchos factores. La edad del niño, su personalidad, su relación con
el padre o la madre y la manera en la que se le presente la información, son
algunos de los factores que pueden influir en el comportamiento del niño. Los
padres conocen mejor a sus hijos y pueden esperar que reaccionen de acuerdo a
sus personalidades. Por ejemplo, un niño que es muy dependiente puede hacerse
mucho más cuando sabe del diagnóstico de cáncer; un niño que siempre se imagina
lo peor también puede hacer eso ahora; un niño que juega rudamente con sus
juguetes cuando está enojado puede hacerse incluso más rudo. Por lo general, los
niños no pueden expresar con palabras cómo se sienten. La mayoría de los padres
obtienen una idea de lo que está pasando con sus hijos al observar sus
comportamientos; por lo tanto, un padre o madre que está observando que ahora
sus hijos están peleando más unos con otros probablemente puede asumir que ésta
es su forma de expresar que están enojados. Los padres tal vez quieran
manifestar esto con palabras diciendo algo como "yo sé que todos estamos más
preocupados ahora, pero vamos a buscar una forma de hablar de esto en vez de
pelear".
En general, los padres pueden esperar que la etapa de desarrollo en la que se
encuentre el niño o la niña determinará su capacidad para entender lo que está
sucediendo. Los niños tienden a "retroceder" o parecen actuar más infantiles
cuando están bajo estrés (los adultos a menudo también hacen lo mismo). Un niño
que acaba de aprender a ir al baño puede empezar a tener accidentes. Un niño que
haya ido al preescolar sin ningún problema puede alterarse ante la posibilidad
de separarse del padre o la madre. En niños que tengan dificultades para prestar
atención en la escuela, estos problemas pueden agravarse por un tiempo.
Generalmente, estos cambios de comportamiento desaparecen cuando se normaliza la
situación.
Se sabe que los niños se culpan a sí mismos cuando algo malo sucede. Esto lo
podemos observar en niños de padres divorciados - los niños asumen que fue algo
que ellos hicieron lo que causó el rompimiento del matrimonio de sus padres. Lo
mismo sucede con la enfermedad - los niños se preguntan si son los culpables. Lo
mejor es enfrentarlo directamente diciendo que nadie puede causar que alguien
contraiga cáncer, porque los niños normalmente no preguntan sobre esto.
El otro asunto que afectará el comportamiento de un niño en este momento es
su capacidad para confiar en sus padres. Generalmente, los niños que son
incluidos en la experiencia desde el principio con información verídica en dosis
manejables experimentarán menos ansiedad que aquellos niños cuyos padres son más
evasivos.
¿Qué sucede si mi hijo me pregunta si voy a morir?
La pregunta sobre la muerte es la que causa más tensión a las familias. Es
buena idea ensayar con otra persona o en su mente cómo va a responder. Existen
algunos factores que debe saber antes de decidir cómo responder a esta pregunta.
Primeramente, esta pregunta le produce mucho miedo a un niño y tal vez nunca
tenga valor para hacerla directamente. Sin embargo, necesita tratarse, ya que
puede ser algo por lo que el niño se preocupe. Generalmente, no hay manera de
saber con certeza al inicio de la experiencia con el cáncer si una persona
morirá. La respuesta a esta pregunta depende de la respuesta del paciente al
tratamiento. Incluso en cánceres con malos pronósticos, la respuesta de una
persona al tratamiento puede variar. El cáncer es una enfermedad crónica, no
necesariamente una enfermedad terminal. Incluso en aquellos cánceres que
eventualmente causarán la muerte, las personas pueden vivir muchos años. Para la
mayoría de las personas, esto significa que se están enfrentando a la
posibilidad de muerte en algún momento futuro. Mientras tanto, la familia
debe concentrarse en cómo vivir con cáncer, no cómo morir con él. Para los
cánceres metastásicos o que se hayan extendido a otras partes del cuerpo antes
del momento del diagnóstico, los padres necesitarán ser directos y darle a los
hijos información diferente.
Por lo tanto, si un niño pregunta si su padre o madre va a morir a causa del
cáncer, existen diferentes formas de responder. A continuación le presentamos
algunos ejemplos de lo que otros padres han dicho:
- Algunas veces las personas mueren de cáncer. No estoy esperando que eso
pase porque el médico me dijo que existen muy buenos tratamientos hoy en
día.
- Los médicos me dijeron que la posibilidad de curarme es muy buena. Voy
a creer esto hasta que se pruebe lo contrario. Quiero que tu también lo
creas. Te diré si esto cambia.
- No hay forma de saber ahora lo que va a pasar. Sabré más después que
complete los primeros tratamientos.
- No se sabe mucho sobre el tipo de cáncer que tengo, entonces yo bien
podría ser de las personas que se salvan o de las que no. Estoy seguro que
voy hacer mi mayor esfuerzo.
- Mi cáncer es difícil de tratar, pero voy a hacer todo lo posible por
mejorarme. Es imposible saber ahora lo que depara el futuro. Puedes estar
seguro de que seré honesto sobre lo que está pasando. Si no puedes dejar
de preocuparte, quiero que me lo digas porque hay cosas que podemos hacer
para sentirnos mejor.
Obviamente, lo que las personas le digan a sus hijos depende de cómo ellas
entienden su cáncer en particular y su pronóstico. Incluso con un futuro muy
incierto, los pacientes seguirán necesitando concentrarse en lo que tienen que
hacer para vivir con la enfermedad. Los niños necesitarán hacer lo mismo. Sin
importar las palabras que use, su deseo de decir la verdad es una de las cosas
más importantes que un padre o madre debe comunicar. Esto no significa
que los padres deben decirle a sus hijos todo lo que saben tan pronto como lo
sepan. Significa que se debe dar a los niños información verídica, cuando
necesitan tenerla, para poder enfrentar con efectividad lo que les está
sucediendo. Una buena manera de decir esto es, por ejemplo, -no quiero que te
preocupes por el futuro en este momento. Vamos a pensar en lo que está
sucediendo ahora. Si eso debe cambiar, te prometo que te lo diré. Siempre
trataré de decirte la verdad. Quiero que me hagas cualquier pregunta que tengas
y haré lo posible por contestarla-.
¿Cómo puedo asegurarle a mi hijo que todo saldrá bien?
Lamentablemente, al principio de sus experiencias con el cáncer, los padres
no podrán ofrecer ningún tipo de seguridad, ya que nadie sabe realmente en ese
momento cómo responderá al tratamiento. A pesar de esto, existen cosas que los
padres pueden hacer para ayudar a que sus hijos a enfrentarse a esta nueva
realidad. Los padres pueden decir que, aunque no pueden ver el futuro, pueden
prometer a los niños que siempre estarán cuidados. Si el padre o la madre se
siente enfermo, se harán los arreglos para que alguien le sustituya. El problema
psicosocial más importante para los niños es su propio sentido de seguridad. Los
niños dependen de sus padres para sus necesidades físicas y emocionales básicas.
Un diagnóstico de cáncer en uno de los padres puede hacer sentir a las familias
que sus vidas están emocionalmente fuera de control.
Durante este tiempo, es importante darse cuenta que es probable que toda la
familia se sienta ansiosa y desarraigada. La persona con cáncer necesitará hacer
viajes al hospital, su pareja quizá tome tiempo libre de su trabajo y, en
general, los miembros de la familia sentirán o mostrarán todo tipo de emociones.
A pesar de esto, los padres deben tratar de mantener la vida de sus hijos lo más
normal posible. Esto puede sonar como algo difícil de cumplir, pero por lo
general es posible reorganizar las rutinas de la familia, al menos temporalmente.
Cuando hable sobre su diagnóstico y tratamiento, es buena idea que prepare a
sus hijos para el hecho de que se necesitarán hacer ciertos cambios en la rutina
de la familia. Los padres necesitarán pedir a otros que les sustituyan durante
períodos de tratamiento activo. Quizá un pariente se mudará por un tiempo para
ayudar, si el padre o la madre necesita ser hospitalizada. Quizá el padre o
madre enferma tiene amigos que se ofrecieron para preparar por turnos las cenas
de la familia. Un pariente o un amigo puede ofrecerse para recoger a los niños
en la escuela y llevarlos a actividades especiales. Cuando se explican estos
cambios en las rutinas de la familia a los niños, se da un fuerte mensaje de que
mamá o papá sigue al mando y que las necesidades del niño serán atendidas. La
vida seguirá lo más normal posible, tomando en cuenta la crisis que la familia
está enfrentando. No se dejará al niño -por su cuenta-. Los padres deben
reconocer que nadie está feliz por que la vida parezca estar de cabeza ahora, lo
que no durará para siempre. Mientras tanto, repítale a sus hijos que usted los
ama y que sus necesidades serán satisfechas.
Algunas veces los niños reaccionan muy intensamente a estos cambios en la
rutina, y los padres se sienten frustrados e incluso enojados al tratar de
satisfacer las necesidades de todos. Tenga presente que nadie tiene la culpa
cuando uno de los padres contrae cáncer y no hay nada que se pueda hacer para
cambiarlo. Las personas tienen opciones sobre cómo manejar la situación. Busque
algo de la situación que los niños puedan escoger, por ejemplo -quién quisieran
ellos que los esperara cuando llega el autobús de la escuela- o -qué les
gustaría vestir cuando van a la casa de un vecino después de la escuela-. No
gaste mucho tiempo negociando, algunas veces esa es la manera como las cosas
tienen que ser en ese momento. No se espera que a los niños les guste que sus
rutinas se alteren, a los adultos tampoco les gusta. Los padres pueden reconocer
esto ante sus hijos junto con el hecho de que ellos tienen derecho a sentirse
enojados y perturbados ahora. Aunque los padres no pueden cambiar la situación,
ellos deben estar interesados en cómo se están sintiendo sus hijos.
Obviamente, lo que se necesite hacer para cuidar a los niños variará
dependiendo de sus edades y de la disponibilidad que tienen de otras personas
para ayudar. Los niños pequeños son evidentemente motivo de mayor preocupación
porque tienen necesidades básicas de supervivencia y son más dependientes de los
padres para sentirse seguros. Los adolescentes presentan retos especiales porque
probarán sus capacidades para ser independientes, pero lógicamente se espera que
ellos también suplan la ausencia o la enfermedad del padre o madre. A veces
puede haber una línea muy fina entre pedirle ayuda a un adolescente y darle
demasiadas responsabilidades para que lleve el funcionamiento diario del hogar.
Puede ser útil que los padres reconozcan el deseo normal de independencia de sus
hijos adolescentes y garantizarles que saben que ellos necesitarán su propio
tiempo y espacio, a pesar de que uno de los padres esté enfermo. También puede
ser útil establecer un momento para "reuniones familiares" en las que los padres
e hijos puedan revisar cómo va todo en la familia y tomar decisiones sobre lo
que debe cambiar o quedarse igual.
Para algunas familias puede ser difícil pedir ayuda. Las familias pudiesen
estar geográficamente separadas o puede haber historia de tensión familiar. Por
experiencia sabemos que las personas que intentan manejar por sí solas los
problemas que el cáncer puede causar tendrán dificultades. Trate de recordar que
la mayoría de las veces las personas realmente quieren ayudar y, si usted les
deja que ayuden, ellas experimentarán mayor satisfacción. Si no hay nadie
disponible para ayudar, los pacientes y sus familiares deben pedir hablar con el
trabajador social del hospital o con la enfermera en la oficina del médico, ya
que pueden haber agencias comunitarias que pueden ayudar.
¿Cómo sabré si mi hijo necesita ayuda?
Decidir si un hijo necesita ayuda puede ser muy confuso, ya que los padres
intentan identificar lo que es una respuesta "normal" a un diagnóstico reciente
de cáncer y lo que no lo es. Este es un nuevo territorio y tomará tiempo
descubrir lo que mejor funciona para su familia en particular. Mientras usted
aprende por primera vez cómo los niños reaccionan al cáncer, usted ya debe tener
experiencia en cómo sus hijos se enfrentan a otras situaciones estresantes. La
mayoría de los padres pueden decir exactamente cómo cada uno de sus hijos se
comporta cuando están alterados. Debido a que los niños, en especial los más
pequeños, por lo general no son capaces de hablar de cómo se sienten, lo
demuestran a través de su comportamiento. Algunos niños se retraerán, mientras
que otros pudieran discutir y quejarse. Lo más importante que debe observar es
qué tan extremo es el cambio en el comportamiento y por cuánto tiempo ha estado
sucediendo. Un niño que con éxito haya ido por sí solo a la cama puede necesitar
más supervisión con esa rutina por cierto tiempo. Una de las señales más comunes
de depresión en un niño consiste en un cambio de comportamiento, tal como que de
repente baje las calificaciones en la escuela o pierda amigos.
Si los métodos usuales para manejar esta situación no están funcionando y el
niño no es capaz de aceptar apoyo extra, la respuesta puede ser buscar ayuda
profesional. Puede ser beneficioso hablar con el pediatra del niño, el consejero
escolar o con el equipo de asesoría en el hospital donde el paciente está
recibiendo tratamiento. Debido a que estas personas tienen experiencia en cómo
otros niños han reaccionado a la enfermedad en la familia, tal vez puedan
ofrecerle una forma útil de ver el problema. También pueden referir a los padres
a un experto que tengan experiencias con niños cuyos padres tienen una
enfermedad crónica.
Lecturas adicionales
Materiales de lectura para los padres
Folletos en español
Después del diagnóstico: una guía para los pacientes y sus familiares
(After Diagnosis: A Guide for Patients and Families)
Folletos en inglés
It Helps To Have Friends When Mom or Dad Has Cancer. Revision 2001.
American Cancer Society, (Booklet, Code #4654)
Kids Worry Too. University of Nebraska Medical Center, Child Life
Promotions, 982455 Nebraska Medical Center, Omaha NE 68198-2455,1-402-559-8349.
Kid to Kid About Cancer. Banner Health Foundation of Arizona. (602)
495-4483.
Once Upon a Hopeful Night (1998) Risa Sacks Yaffe, Oncology Nursing
Press, Pittsburgh, PA.
What About Me? A Booklet For Teenage Children of Cancer Patients.* (1986)
Linda Leopold Strauss. Cancer Family Care, Inc., 7710 Reading Road, Suite 204,
Cincinnati, Ohio 45237. 1-513-731-3346.
When Someone in Your Family Has Cancer. (1995) National Cancer Institute,
1-800-4-Cancer or www.cancer.gov. (Publication #96-2685)
When Your Brother or Sister Has Cancer, American Cancer Society, Booklet,
Code #4510.
Libros
Gelman, Marc & Hartman, Thomas. Lost & Found: A Kid’s Book For Living
Through Loss. New York, Morrow Junior Books, 1999. This is a wonderful book
written for children, dealing with losses of every kind.
Goodman, Michelle B. Vanishing Cookies: Doing Okay When A Parent Has
Cancer. Ontario, Canada: The Benjamin Family Foundation. (Call
1-416-663-9060)
Harpham, W.S. When A Parent Has Cancer: A Guide to Caring for Your
Children. New York: Harper Collins, 1997. * (Includes "Becky and the Worry
Cup", an illustrated children's book that tells the story of a seven-year-old
girl's experience with her mother's cancer. The child can read this book alone
or together with a parent.)
McCue, K. How to Help Children Through A Parent’s Serious Illness. St.
Martin's Press, New York, 1994.
Navarra, Tova. On My Own: Helping Kids Help Themselves.* New York:
Barron's Educational Series, Inc., 1989.
Parkinson, Carolyn Stearns. My Mommy Has Cancer.* New York, NY: Park
Press, 1991.
Cintas de vídeo en inglés
Talking About Your Cancer: A Parent’s Guide to Helping Children Cope. Fox
Chase Cancer Center, 1-215-728-2668, 1996.
*Los niños pueden leer estas publicaciones por ellos mismos. Sin embargo,
recomendamos que los padres las repasen y lean junto con sus hijos, para que
puedan responder a cualquier pregunta o inquietud que ellos tengan. A excepción
del folleto "What About Me? A Booklet for Teenage Children of Cancer
Patients", las publicaciones están escritas para niños entre 7 y 12 años de
edad aproximadamente.
Revised 7-28-03
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