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Tratamiento
Cáncer colorrectal

En esta sección usted encontrará las respuestas a sus preguntas acerca de estos temas: En esta sección:
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¿Cómo se trata el cáncer colorrectal?

Esta información representa las opiniones de los médicos y enfermeras de la Junta Editorial del Banco de Datos de Información de la Sociedad Americana del Cáncer. Estas opiniones están basadas en la interpretación que ellos tienen de los estudios que se publican en las revistas médicas, así como en su propia experiencia profesional.

La información sobre el tratamiento que aparece en este documento no representa la política oficial de la Sociedad ni pretende ser un consejo médico que sustituya la experiencia y el juicio del equipo de profesionales que atiende su cáncer. El objetivo es ayudarle, a usted y a su familia, a tomar decisiones basadas en la información, en conjunto con su médico.

Puede que su médico tenga razones para sugerir un plan de tratamiento distinto a las opciones de tratamiento general. No dude en plantear sus preguntas y dudas sobre sus opciones de tratamiento.

La primera parte de esta sección describe los varios tipos de tratamientos usados para los cánceres del colon y del recto.  Esto es seguido de una descripción de los métodos más comunes usados para estos cánceres según la etapa del cáncer.


Decisiones sobre el tratamiento

Los tipos principales de tratamiento para el cáncer del colon y del recto son:
  • Cirugía.
  • Radioterapia.
  • Quimioterapia.
  • Terapias dirigidas.

Dependiendo de la etapa del cáncer, se pueden combinar simultáneamente dos o más de estos tipos de tratamiento o se pueden proporcionar de manera consecutiva.

Después de encontrar y clasificar el cáncer, el equipo que atiende su cáncer hablará de las opciones de tratamiento con usted. Es importante que dedique tiempo para pensar sobre las opciones posibles. Al seleccionar un plan de tratamiento, uno de los factores más importantes es la etapa del cáncer. Otros factores que hay que considerar incluyen su estado de salud en general; los posibles efectos secundarios del tratamiento; y las probabilidades de curación de la enfermedad, de prolongación de la vida o de alivio de los síntomas.

Al considerar sus opciones de tratamiento frecuentemente es buena idea conseguir una segunda opinión, si es posible. Una segunda opinión puede proporcionarle más información y ayudarle a que se sienta más confiado con el plan de tratamiento que haya seleccionado. También es importante saber que las probabilidades de obtener el mejor resultado posible son mayores cuando usted recibe atención de un equipo de profesionales de la salud con experiencia en el tratamiento del cáncer colorrectal.


Cirugía

Los tipos de cirugía utilizados para tratar los cánceres del colon y del recto son algo diferentes y se describen por separado.


Cirugía del colon

La cirugía a menudo es el principal tratamiento para la etapa inicial del cáncer de colon.

Colectomía: una colectomía (algunas veces llamada hemicolectomía o resección segmentaria) conlleva extirpar parte del colon, así como los ganglios linfáticos adyacentes.

Antes de la cirugía, usted necesita asegurarse de vaciar por completo sus intestinos.  Esto se hace mediante la preparación de los intestinos que puede consistir en el uso de laxantes y enemas. Justo antes de la cirugía, le administrarán anestesia general, lo que le pondrá a dormir profundamente. Durante la cirugía, su cirujano hará una incisión en su abdomen. Él o ella removerá el cáncer y un pequeño segmento del colon normal en cualquier lado de su cáncer. Usualmente se extirpa aproximadamente de un cuarto a una tercera parte del colon, pero es posible que se extirpe más o menos tejido dependiendo de la ubicación y el tamaño exacto del cáncer. Entonces se reconectan las secciones restantes del colon. En este momento, también se extirpan los ganglios linfáticos adyacentes. La mayoría de los expertos creen que es importante la extirpación de tantos ganglios linfáticos cercanos como sea posible (al menos 12 ganglios deben ser extirpados).

Cuando usted despierta después de la cirugía, sentirá algo de dolor y necesitará medicamentos contra el dolor durante dos o tres días. Durante los primeros días, se le administrarán líquidos por vena y no podrá ingerir alimentos, ya que el colon necesita tiempo para recuperarse. No obstante, una resección del colon raramente causa problemas importantes en las funciones digestivas, y usted podrá comer después de unos días (comenzando con líquidos claros).

Si el tumor es grande y ha bloqueado el colon, pudiera ser posible usar un colonoscopio para colocar un tubo o “stent” (tubo hueco de metal o plástico) dentro del colon con el fin de aliviar el bloqueo y ayudar a preparar a la persona para la cirugía en los próximos días.

Si no es posible colocar un tubo o si el tumor ha causado un orificio en el colon, es posible que se necesite una colostomía temporal. Esto conlleva el mismo tipo de cirugía que la anterior, pero en lugar de reconectar los segmentos del colon, el extremo del colon se adhiere a una abertura (estoma) en el abdomen con el propósito de eliminar los residuos fecales del cuerpo. Una bolsa de recolección removible se conecta al estoma para almacenar los desechos. Una vez usted se sienta mejor, se realiza otra operación (conocida como colostomía inversa) para adherir nuevamente los extremos del colon. Raramente, si no se puede extirpar un tumor o colocar un tubo (stent), es posible que necesite una colostomía permanente. Para más información sobre colostomías, refiérase al documento “Colostomía: una guía” de la Sociedad Americana del Cáncer.

Colectomía asistida por laparoscopia: este método más nuevo que se emplea para remover parte del colon y los ganglios linfáticos adyacentes puede ser una opción para algunos cánceres en etapa inicial. En lugar de hacer una incisión grande en el abdomen, el cirujano hace varias incisiones más pequeñas. Luego se insertan instrumentos largos y especiales a través de estas incisiones para extirpar parte del colon y los ganglios linfáticos. Uno de los instrumentos tiene una pequeña cámara de video en el extremo, lo que permite que el cirujano pueda observar dentro del abdomen. Una vez la parte del colon enferma ha sido liberada, se agranda una de las incisiones para que esta parte pueda ser removida.

Por lo general, las incisiones sanan más rápidamente debido a que son más pequeñas que las que se hacen en una colectomía convencional. Los pacientes pueden recuperarse un poco más rápido y presentan menos dolor que aquellos que se someten a una cirugía del colon convencional.

La cirugía asistida por laparoscopia parece tener casi la misma probabilidad de ser curativa que el método convencional para los cánceres en etapa inicial. Sin embargo, la cirugía requiere especialización.   Si está considerando este método, asegúrese de buscar un cirujano adiestrado que haya practicado mucha de estas operaciones.

Polipectomía y escisión local:  es posible extirpar algunos cánceres del colon en sus etapas iniciales (etapa 0 y algunos tumores en la etapa inicial I), o pólipos, mediante cirugía a través de un colonoscopio. Cuando esto se realiza, el cirujano no tiene que hacer un corte en el abdomen. Para una polipectomía, el cáncer se corta a través de la base del tallo del pólipo, que es un área que se parece al tallo de un hongo.  La escisión local extirpa los tumores superficiales y una pequeña cantidad del tejido vecino.


Cirugía rectal

La cirugía normalmente es el tratamiento principal para el cáncer del recto, aunque la radiación y la quimioterapia a menudo son administradas antes o después de la cirugía. Se utilizan varios métodos quirúrgicos para extirpar o destruir los tumores del recto.

Polipectomía y escisión local:  estos procedimientos, descritos en la sección sobre la cirugía del colon, se pueden emplear para remover cánceres superficiales o pólipos. Se hacen con instrumentos que se introducen a través del ano, sin necesidad de hacer una incisión quirúrgica en la piel del abdomen.

Resección transanal local (resección del grosor total): al igual que en la polipectomía y en la escisión local, la resección transanal local se hace con instrumentos que se introducen a través del ano, sin necesidad de hacer una incisión quirúrgica en la piel del abdomen. Esta operación involucra el corte a través de todas las capas del recto para extirpar cánceres invasivos, así como algo del tejido rectal normal circundante. Este procedimiento se puede utilizar para extirpar algunos tumores del recto en la etapa I que son relativamente pequeños y no se encuentran muy distantes del ano.

Resección anterior baja: algunos cánceres rectales en etapa I y la mayoría en etapa II o III en las dos terceras partes superiores del recto (cerca de donde se conecta con el colon) pueden ser extirpados mediante una resección anterior baja.  En este procedimiento, el tumor se extirpa sin afectar el ano. Después de la resección anterior baja, el colon se conectará con el ano y los residuos se eliminarán de la manera usual.

Una resección anterior baja es como la mayoría de las cirugías abdominales. Usted necesitará administrarse laxantes y enemas antes de la cirugía para limpiar completamente los intestinos. Además, se le administrará anestesia general justo antes de la cirugía, lo que le pondrá a dormir profundamente. El cirujano hace una sola incisión en el abdomen, y luego remueve el cáncer y un margen normal de tejido en cualquier lado del cáncer, junto con los ganglios linfáticos adyacentes y una gran cantidad de tejido graso y fibroso que rodea el recto. Entonces, el colon se une otra vez al recto remanente, por lo que una colostomía no es necesaria.

Algunas veces, se puede extirpar el rector en su totalidad, y el colon se adhiere al ano. A esto se le llama anastomosis coloanal (anastomosis significa conexión). Éste es un procedimiento más difícil de llevar a cabo, aunque las técnicas modernas han hecho que sea posible realizarlo. Algunas veces, cuando se realiza la anastomosis coloanal, se hace una pequeña bolsa al doblar hacia atrás un segmento pequeño del colon o al agrandar un segmento. Este pequeño reservorio del colon entonces funciona como el recto lo hacía antes de la cirugía. Cuando técnicas especiales son necesarias para prevenir una colostomía permanente, es posible que necesite una colostomía temporal por alrededor de ocho semanas mientras se cura el intestino. Luego, una segunda operación se lleva a cabo para cerrar la abertura de la colostomía.

Resección abdominoperineal: esta operación es más compleja que la resección anterior baja. Se puede emplear para tratar algunos cánceres en etapa I y la mayoría de los cánceres rectales en etapa II o III en el tercio inferior del recto (la parte más cercana al ano), especialmente si el cáncer ha crecido hacia el músculo del esfínter (el músculo que mantiene el ano cerrado y previene el escape de las heces fecales). En este procedimiento, el cirujano hace una incisión en el abdomen y otra en el área perineal que rodea el ano. Esta incisión permite que el cirujano extirpe el ano y los tejidos alrededor de éste, incluyendo el músculo del esfínter. Debido a la extirpación del ano, usted necesitará una colostomía permanente para permitir la salida de las heces fecales del cuerpo.

La estadía usual en el hospital de la resección anterior baja o la resección abdominoperineal es de cuatro a siete días dependiendo de su estado de salud general. El tiempo de recuperación en la casa puede ser de tres a seis semanas. Si a usted se le hizo una colostomía, necesitará ayuda de una enfermera de ostomía especialmente entrenada o un terapeuta enterostomal, para aprender cómo manejar la colostomía. Por lo general, él/ella le visitarán en el hospital antes de la operación para marcar el lugar donde se realizará la abertura de colostomía, y luego le atenderá en su casa o clínica ambulatoria para ofrecerle más entrenamiento. Para más información sobre colostomías, refiérase al documento “Colostomía: una guía” de la Sociedad Americana del Cáncer.

Exenteración pélvica: si el cáncer rectal está creciendo hacia los órganos adyacentes, una excenteración pélvica pudiera ser recomendada. Ésta es una cirugía compleja. El cirujano no sólo extirpará el recto, sino también los órganos vecinos como la vejiga, la próstata (en hombres) o el útero (en mujeres), cuando el cáncer se haya propagado a estos órganos. Será necesario realizar una colostomía después de una excenteración pélvica. Si se extirpa la vejiga, usted necesitará hacerse una urostomía (abertura para la salida de la orina en la parte frontal del abdomen que se deposita en una bolsa portátil).


Efectos secundarios de la cirugía colorrectal

Los efectos secundarios potenciales de la cirugía dependen de varios factores, incluyendo la extensión de la operación y la salud general de la persona antes de la cirugía. La mayoría de las personas presentarán al menos algo de dolor después de la operación, aunque esto usualmente puede ser controlado con medicamentos de ser necesario. Por lo general, los problemas con la alimentación se resuelven dentro de varios días después de la cirugía.

Además se pueden presentar otros problemas, como sangrado a causa de la cirugía, coágulos sanguíneos en las piernas y daños a los órganos cercanos durante la operación. En raras ocasiones, las conexiones que se hacen entre los extremos de los intestinos pudieran no mantenerse completamente unidos y tener fugas, lo que pueda causar infecciones. También es posible que la incisión se abra causando una herida abierta. Después de la cirugía, usted pudiera presentar tejido cicatricial que causa tejidos en el abdomen para adherirse entre sí.   Estos tejidos son llamados adhesiones y algunas veces causan dolor.  En raras ocasiones, esto puede causar bloqueo intestinal, lo que requeriría una cirugía adicional.

Algunas personas pudieran necesitar una colostomía temporal o permanente después de la cirugía, lo que   puede tomar un tiempo para acostumbrarse y puede requerir ciertos ajustes en el estilo de vida. El equipo de profesionales que realiza la cirugía puede ayudar a que usted conozca lo que debe esperar después de la colostomía.

Impacto sexual de la cirugía colorrectal: si usted es hombre, una resección abdominoperineal puede impedir sus erecciones o la capacidad de llegar al orgasmo. En otros casos, puede que el placer en el orgasmo sea menos intenso. El envejecimiento normal pudiera ocasionar algunos de estos cambios, aunque pueden empeorar debido a la cirugía.

Una resección abdominoperineal también puede causar orgasmos “secos” (sin semen), ya que puede dañar los nervios que controlan la eyaculación. Algunas veces la cirugía sólo causa eyaculación retrógrada, que significa que el semen retrocede hacia la vejiga. Esta diferencia es importante si usted quiere tener hijos. La eyaculación retrógrada es menos grave, ya que los especialistas en infertilidad pueden recuperar las células espermáticas de la orina, las cuales se pueden usar para fertilizar un óvulo. Si no se pueden recuperar las células del semen o de la orina, es posible que especialistas puedan extraerlas directamente de su testículo mediante cirugía menor, y luego usarlas para la fertilización in vitro.
 
En el caso de la mujer, la mayoría de las cirugías colorrectales no deben causar ninguna pérdida de las funciones sexuales. Las adhesiones abdominales (tejido cicatricial) algunas veces pueden causar dolor o molestia durante el acto sexual. Por supuesto, no será posible el embarazo si se extirpa el útero.

Independientemente de su género, una colostomía puede tener un impacto en su imagen corporal y en su nivel de armonía sexual.  Aunque puede que se requieran ciertos cambios, no debe impedir que disfrute de su vida sexual.

Para más información sobre cómo lidiar con el impacto sexual del cáncer y sus tratamientos, la Sociedad Americana del Cáncer tiene a su disposición los documentos "Sexualidad y cáncer: para el hombre que tiene cáncer y su pareja" y "Sexualidad y cáncer: para la mujer que tiene cáncer y su pareja".


Tratamiento quirúrgico de las metástasis de cáncer colorrectal

Algunas veces, la cirugía para el cáncer que se ha propagado (metástasis) a otros órganos puede ayudarle a vivir por más tiempo o, dependiendo de la extensión de la enfermedad, puede incluso curarle. Si solamente un pequeño número de metástasis está presente en el hígado o los pulmones (y en ningún otro lugar), éste se podría extirpar mediante cirugía. Esto dependerá del tamaño, el número y la localización de las metástasis.

En algunos casos donde no es posible extirpar los tumores mediante cirugía, se pueden usar tratamientos no quirúrgicos para destruir (extirpar) los tumores en el hígado.   Sin embargo, hay menos probabilidades de que estos métodos sean curativos. Se pueden emplear varias técnicas diferentes.

La ablación por radiofrecuencia utiliza ondas radiales de alta energía como tratamiento. Una sonda delgada parecida a una aguja y que libera estas ondas radiales se coloca a través de la piel en el tumor. Se utiliza la ecografía o la tomografía computarizada para guiar la colocación de la sonda. La sonda libera corriente de alta frecuencia que calienta el tumor y destruye las células cancerosas.

La ablación con etanol (alcohol), también conocida como inyección percutánea de etanol consiste en inyectar alcohol concentrado directamente en el tumor para destruir las células cancerosas. Esto usualmente se hace a través de la piel usando una aguja que es guiada por ecografía o tomografías computarizadas (CT).

La criocirugía destruye un tumor mediante congelación con una sonda de metal muy fría. La sonda es guiada hacia el tumor usando una ecografía. En comparación con otras técnicas de ablación, este método puede tratar tumores más grandes. Sin embargo, este método a veces requiere de anestesia general (usted está dormido).

Puesto que estos tres tratamientos usualmente no requieren cirugía para extraer cualquier tejido del hígado del paciente, a menudo son excelentes alternativas para los pacientes cuya enfermedad no se puede curar con la cirugía.

Algunas veces, la embolización de la arteria hepática es otra opción para los tumores que no pueden ser extirpados. Esta técnica se usa para reducir el suministro de sangre en la arteria hepática, la arteria que alimenta a la mayoría de las células cancerosas en el hígado. Esto se hace mediante la inyección de materiales que tapan la arteria. La mayoría de las células del hígado sanas no serán afectadas debido a que ellas obtienen el suministro sanguíneo de la vena portal.

Este procedimiento conlleva colocar un catéter en una arteria de la parte interna del muslo y conectarlo hasta el hígado. Por lo general, se inyecta un tinte en el torrente sanguíneo en ese momento para permitirle al médico vigilar el paso del catéter mediante angiografía, un tipo especial de radiografía. Una vez se coloca el catéter, se inyectan pequeñas partículas en la arteria para taparla.

La embolización también reduce en algo el suministro de sangre al tejido normal del hígado. Esto puede ser peligroso para los pacientes con enfermedades como la hepatitis y la cirrosis que están afectando la parte del hígado libre de cáncer.

 

Radioterapia

La radioterapia utiliza rayos de alta energía (por ejemplo, rayos X) o partículas para destruir las células cancerosas. Puede ser parte del tratamiento para el cáncer del colon o el cáncer rectal. La quimioterapia puede mejorar la eficacia de la radioterapia contra el cáncer del colon y del recto, y con frecuencia estos dos tratamientos se usan combinados.

El uso principal de la radioterapia en personas con cáncer del colon ocurre cuando el cáncer está conectado a un órgano interno o a la membrana que recubre el abdomen. Cuando esto ocurre, el cirujano no puede estar seguro de que se haya extirpado todo el cáncer, y la radioterapia se usa para destruir las células cancerosas que queden después de la cirugía. La radioterapia se usa pocas veces para tratar el cáncer del colon metastásico debido a los efectos secundarios, lo que limita la dosis que se puede administrar.

En el caso de cáncer del recto, por lo general, se usa la radiación para ayudar a prevenir que el cáncer regrese a la pelvis donde comenzó el tumor. Se puede administrar antes o después de la cirugía, aunque recientemente los médicos han comenzado a favorecer el tratamiento preoperatorio, junto con la quimioterapia.
Si el tamaño o la posición del tumor rectal dificultan la cirugía, se puede utilizar radiación antes de la cirugía para reducir el tumor. Además, la radioterapia se puede administrar para ayudar a controlar los cánceres rectales en las personas que no están lo suficientemente saludables como para someterse a una cirugía.

La radiación también se puede usar para aliviar (como paliativo) los síntomas en las personas con cáncer avanzado que esté causando bloqueo intestinal, sangrado o dolor.


Tipos de radioterapia

Se pueden usar diferentes tipos de radioterapia para tratar los cánceres del colon y del recto.

La radioterapia externa concentra la radiación en el cáncer desde una máquina que se encuentra en el exterior del cuerpo y que se llama acelerador lineal. Este es el tipo de radioterapia que se recomienda con más frecuencia para las personas que padecen cáncer del colon.

Antes de iniciar el tratamiento, el equipo de radiación cuidadosamente toma medidas para determinar los ángulos correctos para emitir los haces de radiación, y las dosis adecuadas de radiación. La radioterapia externa es muy similar a la radiografía, pero la radiación es más intensa. El procedimiento en sí no causa dolor. Cada tratamiento dura sólo unos minutos, aunque el tiempo de preparación (colocarle en el lugar correcto para el tratamiento) usualmente toma más. Con más frecuencia, los tratamientos de radiación se administran cinco días a la semana por varias semanas.

La radioterapia endocavitaria, al igual que la radioterapia externa, se genera de una fuente de radiación ubicada en el exterior del cuerpo. Consiste en un dispositivo operado manualmente que se coloca en el ano. El dispositivo emite radiación de alta intensidad por varios minutos. Este tratamiento se repite aproximadamente tres veces más en intervalos de alrededor de dos semanas para una dosis completa. La ventaja de este método consiste en que la radiación llega al recto sin pasar a través de la piel y otros tejidos del abdomen, lo que significa que es menos probable que cause efectos secundarios. Esto le permite a algunos pacientes, particularmente personas de edad avanzada, a evitar la cirugía radical y la colostomía. Sólo se usa en caso de tumores pequeños. Algunas veces, también se puede administrar la radiación externa.

La braquiterapia (terapia de radiación interna) utiliza pequeñas pastillas de material radiactivo que se colocan junto o directamente en el cáncer. La radiación sólo viaja una distancia corta, lo que limita los efectos a los tejidos sanos circundantes. Algunas veces la radiación interna se usa para tratar a las personas con cáncer del recto, particularmente personas que no están lo suficientemente saludables como para tolerar la cirugía curativa. Por lo general, éste es un procedimiento que se hace una sola vez y no requiere visitas diarias por varias semanas.


Efectos secundarios de la radioterapia

Si usted va a recibir radioterapia, es importante que hable con su médico con anticipación sobre los posibles efectos secundarios para que sepa qué debe esperar. Los efectos secundarios potenciales de la radioterapia para el cáncer del colon y del recto pueden incluir:
  • Irritación leve de la piel en el lugar donde se dirigieron los rayos de radiación.
  • Náusea.
  • Irritación rectal, lo que puede causar diarrea, evacuaciones dolorosas, o sangre en las heces fecales.
  • Incontinencia intestinal.
  • Irritación de la vejiga, lo que puede causar que orine frecuentemente, ardor al orinar o sangre en la orina.
  • Cansancio.
  • Problemas sexuales (impotencia en los hombres e irritación vaginal en las mujeres).

La mayoría de los efectos secundarios deben aliviarse después de completar los tratamientos, aunque los problemas como la irritación del recto y de la vejiga pueden persistir. Es posible que cierto grado de irritación rectal y/o de la vejiga sea un efecto secundario permanente. Si comienza a padecer de estos u otros efectos secundarios, converse con su médico inmediatamente para que se puedan tomar medidas que reduzcan o alivien estos problemas.
 

Quimioterapia

La quimioterapia (quimio) es el tratamiento con medicamentos contra el cáncer. La quimioterapia sistémica utiliza medicamentos se suministran por una vena o por vía oral. Estos medicamentos ingresan al torrente sanguíneo y llegan a todas las áreas del cuerpo, haciendo que este tratamiento sea útil contra los cánceres que se han propagado (metástasis) más allá del órgano en el cual se originaron. En la quimioterapia regional, los medicamentos se inyectan directamente en una arteria que llega hasta la parte del cuerpo que contiene el tumor. Este método concentra la dosis de quimioterapia alcanzando así las células cancerosas.  Además, reduce los efectos secundarios al limitar la cantidad que alcanza el resto de cuerpo.   La infusión arterial hepática, en donde la quimioterapia se administra directamente en la arteria hepática, es un ejemplo de quimioterapia regional que algunas veces se usa para tratar un cáncer del colon que se haya propagado al hígado.

Existen varias situaciones en las que se puede usar la quimioterapia para tratar los cánceres del colon o el recto.

Quimioterapia adyuvante: el uso de la quimioterapia después de la cirugía, conocida como quimioterapia adyuvante, puede aumentar la tasa de supervivencia de pacientes con cáncer del colon y cáncer del recto en ciertas etapas. Se administra cuando no existe evidencia de cáncer, pero hay una probabilidad de que la enfermedad pueda regresar.   La teoría detrás de la terapia adyuvante consiste en que es posible que un pequeño número de células cancerosas no hayan sido removidas mediante cirugía o que hayan escapado del tumor primario y se hayan alojado en otras partes del cuerpo. La esperanza es que la quimioterapia puede destruir estas células dondequiera que estén.

Quimioterapia neoadyuvante: para algunos cánceres rectales, la quimioterapia se administra (junto con la radiación) antes de la cirugía para tratar de reducir el tamaño del cáncer y así hacer más fácil la cirugía. A esto se le conoce como tratamiento neoadyuvante.

Quimioterapia para los cánceres avanzados: la quimioterapia también se puede usar para ayudar a encoger tumores y a aliviar los síntomas de los cánceres más avanzados. Aunque es menos probable que sea curativa en tales situaciones, puede extender significativamente el tiempo de supervivencia de algunas personas.


Medicamentos para tratar el cáncer colorrectal

Se pueden usar varios medicamentos para tratar el cáncer colorrectal.   A menudo, se combinan dos o más de estos medicamentos para tratar que éstos sean más eficaces.

Fluorouracilo (5-FU): este medicamento ha estado disponible por varias décadas, y es parte de la mayoría de los regímenes de quimioterapia para el cáncer colorrectal. Generalmente se administra junto con otro medicamento, el leucovorín (o ácido folínico), que aumentan su eficacia.

Este medicamento se administra en varios horarios diferentes.  Se puede administrar como una infusión por dos horas, o (más comúnmente) como una inyección rápida seguida de infusión continua por uno o dos días. Para las infusiones continuas, el paciente usa una pequeña bomba operada con baterías que libera 5-FU en un catéter intravenoso.

Para la mayoría de los regímenes de quimioterapia, el tratamiento con 5-FU se repite cada dos semanas por un periodo de seis meses a un año.

Los posibles efectos secundarios con este medicamento incluyen náuseas, pérdida de apetito, llagas en la boca, diarrea, bajos recuentos sanguíneos, sensibilidad de la luz solar y un síndrome de enrojecimiento de las manos y los pies que en algunas ocasiones es acompañado de ampollas o descamación de la piel.

Capecitabina (Xeloda): éste es un medicamento de quimioterapia en forma de pastilla que usualmente se toma dos meses al día por dos semanas, seguido de una semana sin tratamiento. Una vez está en el cuerpo, este medicamento cambia a 5-FU cuando alcanza el lugar del tumor. Este medicamento parece ser casi tan eficaz como el 5-FU que se administra continuamente por vía intravenosa. 

Aunque este medicamento se puede tomar como pastilla en el hogar, sigue siendo una medicina de quimioterapia potente. Los posibles efectos secundarios son similares a los que causa el 5-FU. Aunque la mayoría de los efectos secundarios parecen ser menos comunes con este medicamento que con el 5-FU, los problemas en las manos y los pies son más comunes.

Irinotecán (Camptosar): este medicamento a menudo se combina con el 5-FU y el leucovorín (conocido como régimen FOLFIRI) como un tratamiento de primera línea para el cáncer colorrectal avanzado. En algunos casos puede ser tratado por sí solo como tratamiento de segunda línea si otros medicamentos de quimioterapia ya no surten efecto. Se administra como infusión intravenosa de 30 minutos a dos horas.

Uno de los problemas con el irinotecán consiste en que algunas personas no pueden procesar el medicamento, lo que hace éste permanezca en el cuerpo y cause graves efectos secundarios. Esto se debe a una variación genética heredada que se puede analizar con una prueba. La prueba más simple consiste en medir el nivel sanguíneo de bilirrubina, una sustancia producida en el hígado. Si el nivel está ligeramente elevado, esto puede ser un signo de variación genética que hace a las personas sensibles al irinotecán. Hasta el momento, la mayoría de los médicos no realizan pruebas rutinariamente para variante genética en sí.

Los efectos secundarios principales del irinotecán son diarrea grave y bajos recuentos sanguíneos, aunque también se pueden presentan otros efectos, como náusea. Para ayudar a prevenir la diarrea, su médico probablemente le recetará medicina antes del tratamiento. Usted necesita informar inmediatamente a su médico si presenta diarrea o cualquier otro efecto secundario. Es posible que su médico no le recomiende irinotecán si usted tiene edad avanzada o tiene otros problemas médicos graves. En poco casos, los efectos secundarios graves pueden ser fatales.

Oxaliplatino (Eloxatin): este medicamento usualmente se combina con el 5-FU y el leucovorín (conocido como régimen FOLFOX) o con capecitabina (conocido como régimen CapeOX) como un tratamiento de primera o segunda línea para el cáncer colorrectal avanzado. También puede usarse como terapia adyuvante después de la cirugía para los cánceres en etapas iniciales. El oxaliplatino se administra como infusión intravenosa por dos horas, usualmente una vez cada dos o tres semanas.

El oxaliplatino puede afectar los nervios periféricos, lo que puede causar entumecimiento, hormigueo y sensibilidad intensa a la temperatura en las extremidades, especialmente las manos y los pies. En la mayoría de los pacientes, esto desaparece después de que haya finalizado el tratamiento, pero en algunos casos puede causar daño prolongado a los nervios. Si usted va a recibir oxaliplatino, hable primero con su médico sobre los efectos secundarios e infórmele lo antes posible si padece entumecimiento y hormigueo u otros efectos secundarios.


Efectos secundarios de la quimioterapia

Los medicamentos quimioterapéuticos ejercen su acción atacando a las células que se dividen rápidamente, manera en la cual combaten las células cancerosas. Pero otras células del cuerpo, como las de la médula ósea, las del revestimiento de la boca y los intestinos y las de los folículos pilosos también se dividen rápidamente. Es probable que estas células también resulten afectadas por la quimioterapia, y esto puede producir efectos secundarios.

Los efectos secundarios de la quimioterapia dependen del tipo y la dosis de los medicamentos administrados y el periodo de tiempo que se administran. Los efectos secundarios generales de la quimioterapia pueden incluir:
  • Pérdida del cabello.
  • Llagas en la boca.
  • Pérdida del apetito.
  • Náuseas y vómitos.
  • Aumento del riesgo de infecciones (debido a los bajos niveles de glóbulos blancos).
  • Tendencia a desarrollar moretones o presentar sangrados fácilmente (a causa de bajos niveles de plaquetas).
  • Cansancio (debido a los bajos niveles glóbulos rojos).
Además de estos efectos, ciertas medicinas causan algunos efectos secundarios específicos. Éstos se discutieron anteriormente en las descripciones de los medicamentos individuales.

La mayoría de los efectos secundarios son usualmente temporales y tienden a desaparecer después de finalizar el tratamiento. Muchas veces hay métodos para aminorar los efectos secundarios. Por ejemplo, se pueden administrar medicamentos para ayudar a prevenir o reducir las náuseas y los vómitos. No dude en hacer cualquier pregunta sobre los efectos secundarios al equipo que atiende el cáncer.

Usted debe informarle al equipo de atención médica sobre cualquier efecto secundario o cambios que usted tenga mientras recibe la quimioterapia para que puedan ser tratados con prontitud. Es posible que en algunos casos, las dosis de quimioterapia necesiten ser reducidas o que el tratamiento necesite ser retrazado o suspendido para prevenir que los efectos empeoren.

Las personas de mayor edad parecen ser capaces de tolerar bastante bien la quimioterapia contra el cáncer colorrectal. No hay razón para dejar de ofrecer tratamiento a estas personas (siempre y cuando estén en buen estado de salud general) debido a la edad.

Para más información sobre quimioterapia, por favor remítase al documento de la Sociedad Americana del Cáncer "Quimioterapia: una guía para los pacientes y su familiares”.
 

Terapias dirigidas

A medida que los investigadores aprenden más sobre los cambios en los genes y en las proteínas de las células que causan cáncer, ellos han podido desarrollar medicamentos más recientes diseñados para combatir estos cambios de manera específica. Estos medicamentos dirigidos funcionan de distinta manera que los que se usan comúnmente en la quimioterapia, y tienen diferentes efectos secundarios (y suelen ser menos graves). Actualmente, se usan con más frecuencia junto con quimioterapia o por sí solos si la quimioterapia ya no es eficaz.

Bevacizumab (Avastin): el bevacizumab es una versión artificial de una proteína del sistema inmunológico llamada anticuerpo monoclonal. Este anticuerpo ataca el factor de crecimiento del endotelio vascular (VEGF), una proteína que ayuda a los tumores a desarrollar nuevos vasos sanguíneos para obtener nutrientes (un proceso conocido como angiogenesis). El bevacizumab se usa con más frecuencia junto con los medicamentos de quimioterapia como tratamiento de primera y segunda línea para el cáncer colorrectal metastásico.

El bevacizumab se administra como infusión intravenosa usualmente una vez cada dos o tres semanas. Aunque ha mostrado ayudar a mejor la supervivencia cuando se agrega a la quimioterapia, también puede agregar efectos secundarios. Aunque se presentan pocas veces, los posibles efectos secundarios incluyen coágulos sanguíneos, orificios en el colon (requiere cirugía para corregirse), problemas cardiacos y lenta curación de heridas. Los efectos secundarios más comunes incluyen alta presión arterial, cansancio, sangrado, bajos recuentos de glóbulos blancos, dolores de cabeza, llagas en la boca, pérdida de apetito, y diarrea.

Cetuximab (Erbitux): éste es un anticuerpo monoclonal que ataca específicamente al receptor del factor de crecimiento epidérmico (EGFR), una molécula que a menudo aparece en altas cantidades sobre la superficie de las células cancerosas y las ayuda a crecer.

El cetuximab se usa en el cáncer colorrectal metastásico, usualmente después de haber tratado otros tratamientos. Se puede usar con irinotecán o por sí solo en los pacientes que no pueden tomar irinotecán o cuyo cáncer ya no responde a éste.

El cetuximab se administra por infusión intravenosa usualmente una vez a la semana. Aunque poco común, el efecto secundario más grave del cetuximab es una reacción alérgica durante su primera infusión, lo que pudiera causar problemas con la respiración y bajar la presión arterial. Para ayudar a prevenir esto se pueden administrar medicamentos antes del tratamiento. Otros efectos secundarios menos graves pudieran incluir un sarpullido parecido al acné, dolor de cabeza, cansancio, fiebre y diarrea.

Panitumumab (Vectibix): el panitumumab es otro anticuerpo monoclonal que ataca las células del cáncer colorrectal. Al igual que el cetuximab, este medicamento ataca la proteína EGFR, y se usa por sí solo para tratar el cáncer colorrectal metastásico después de haber tratado otros tratamientos.

El panitumumab se administra por infusión intravenosa usualmente una vez cada dos semanas. La mayoría de las personas presentan problemas en la piel, como un sarpullido, durante el tratamiento, lo que algunas veces puede conducir a infecciones. Otros posibles efectos secundarios graves son la formación de cicatrices en los pulmones y reacciones alérgicas al medicamento. También es posible que el paciente presente sensibilidad a la luz solar, cansancio, diarrea, y cambios en las uñas de los dedos de los pies y de las manos.



Estudios clínicos

Ha tenido que tomar muchas decisiones desde que le dijeron que tenía cáncer. Una de las decisiones más importantes es decidir cuál tratamiento es el más adecuado para tratar su caso. Tal vez haya escuchado hablar acerca de estudios clínicos sobre su tipo de cáncer. O tal vez uno de los miembros de su equipo médico le ha mencionado un estudio clínico. Los estudios clínicos son una manera de recibir la atención más avanzada sobre el cáncer, no obstante, no todos serán adecuados para toda la gente.

A continuación se presenta una breve descripción de lo que son los estudios clínicos. Hablar con su equipo de atención médica, familiares y amigos puede ayudarle a tomar la opción de tratamiento más adecuada para usted.


¿Qué son los estudios clínicos?

Los estudios clínicos son investigaciones cuidadosamente controladas que se realizan con pacientes. Estos estudios prueban si un tratamiento nuevo es seguro y qué tan eficaz es en un paciente, o pueden probar maneras nuevas de diagnosticar o prevenir una enfermedad. Los estudios clínicos suelen derivar en muchos avances en la prevención, diagnóstico y tratamiento contra el cáncer.


Propósito de los estudios clínicos

Los estudios clínicos se llevan a cabo en pacientes para hacer un seguimiento más profundo sobre tratamientos o procedimientos nuevos que parecen ser prometedores. Un estudio clínico sólo se realiza cuando existe una buena razón para pensar que un tratamiento, examen o procedimiento bajo estudio puede ser mejor que el empleado actualmente. Los tratamientos que se usan en los estudios clínicos con frecuencia proporcionan beneficios reales y se convierten en el tratamiento estándar de mañana.

Los estudios clínicos pueden concentrarse en muchos aspectos, entre ellos
  • Nuevos usos de medicamentos que ya han sido aprobados por la Administración de Alimentos y Medicamentos (Food and Drug Administration o FDA por sus siglas en inglés) de EE.UU.
  • Nuevos medicamentos que aún no han sido aprobados por la FDA.
  • Tratamientos sin medicamento (como la radioterapia).
  • Procedimientos médicos (como algún tipo de cirugía).
  • Hierbas y vitaminas.
  • Herramientas para mejorar las formas en que se usan los medicamentos o las pruebas de diagnóstico.
  • Medicinas o procedimientos para aliviar los síntomas o mejorar la calidad de vida.
  • Combinaciones de tratamientos y procedimientos.

Los investigadores realizan estudios sobre nuevos tratamientos para tratar de responder a las siguientes preguntas:
  • ¿Es útil el tratamiento?
  • ¿Cuál es la mejor manera de administrarlo?
  • ¿Funciona mejor que otros tratamientos que ya se encuentran disponibles?
  • ¿Qué efectos secundarios causa el tratamiento?
  • ¿Surgen menos o más efectos secundarios que con el tratamiento convencional actual?
  • ¿Superan los beneficios a los efectos secundarios?
  • ¿En qué pacientes hay más probabilidades de que el tratamiento sea útil?


Fases de los estudios clínicos

Los estudios clínicos consisten en cuatro fases que se numeran I, II, III y IV. A manera de ejemplo, se utilizará la prueba de un nuevo medicamento como tratamiento contra el cáncer para ilustrar cada una de las fases.

Estudios clínicos de fase I: el propósito de un estudio de fase I es determinar la mejor manera de administrar un nuevo tratamiento de manera segura a los pacientes. El equipo de especialistas en cáncer supervisa muy de cerca a los pacientes para detectar efectos secundarios perjudiciales.

Para los pacientes en estudios en fase I, el medicamento ya ha sido probado en estudios de laboratorio y con animales, pero no se sabe por completo los efectos secundarios en humanos. Los doctores comienzan administrando dosis muy reducidas del medicamento a los primeros pacientes, y aumentan gradualmente la dosis en grupos subsiguientes de pacientes, hasta que surjan los efectos secundarios, o bien, hasta que se observe el efecto de alivio deseado. Los doctores esperan poder ayudar a los pacientes, pero el propósito principal de un estudio en fase I es probar la seguridad del medicamento.

Los estudios clínicos de fase I frecuentemente se realizan en pequeños grupos de personas con diferentes tipos de cáncer que no han respondido al tratamiento estándar, o cuyo cáncer recurre después del tratamiento. Si se determina que un medicamento es relativamente seguro en la fase I, éste podrá ser probado en la fase II del estudio clínico.

Estudios clínicos de fase II: estos estudios están diseñados para ver si el medicamento es eficaz. Se administra a los pacientes la dosis ideal que se haya determinado en el estudio fase I. Se observa muy de cerca el efecto del medicamento en el cáncer. Los miembros del equipo de atención del cáncer también estudiarán si hay efectos secundarios.

Los estudios de fase II frecuentemente se realizan en grupos más grandes de pacientes que tienen un tipo específico de cáncer que no responde al tratamiento estándar. Si se determina que un medicamento es razonablemente eficaz en un estudio de fase II, se puede probar en un estudio clínico de fase III.

Estudios clínicos de fase III: los estudios de fase III involucran un mayor número de pacientes, con más frecuencia aquellos que acaban de recibir un diagnóstico de un tipo específico de cáncer. Algunos estudios clínicos de la Fase III pueden inscribir miles de pacientes.

Con frecuencia estos estudios son aleatorios, o sea que los pacientes se asignan al azar en uno de dos (o más grupos). Uno de los grupos (llamado el grupo control) recibirá el tratamiento estándar, que es el más aceptado. Otro(s) grupo(s) recibe(n) el/los nuevo(s) tratamiento(s) bajo estudio. Todos los pacientes de los estudios de fase III son observados muy de cerca. El estudio se suspenderá si los efectos secundarios del tratamiento nuevo son demasiado graves o si un grupo tuvo resultados mucho mejores que los otros.

Generalmente es necesario realizar estudios clínicos de fase III antes de que la FDA apruebe el uso del tratamiento en el público general.

Estudios clínicos de fase IV: una vez que un medicamento ha sido aprobado por la FDA y esté disponible para todos los pacientes, aún se sigue estudiando en otros estudios clínicos (a veces referidos como estudios clínicos en fase IV). De esta forma, es posible obtener más información sobre los efectos secundarios a corto y largo plazo, al igual que su seguridad al usarse en un gran número de pacientes con muchos tipos de enfermedades. Los doctores además pueden descubrir qué tan bien funciona el medicamento, y si podría ser útil al usarse de otras formas (como en combinación con otros medicamentos).


¿En qué consiste la participación en un estudio clínico?

Si usted participa en un estudio clínico, un equipo de expertos se encargará de su atención y vigilará su progreso de manera minuciosa. Dependiendo de la fase del estudio clínico, puede recibir más atención (como más visitas del médico y más pruebas de laboratorio) que si recibiera tratamiento fuera de un estudio clínico. Los estudios clínicos están especialmente diseñados para prestarle una atención muy minuciosa.

Sin embargo, existen algunos riesgos. Ninguna de las personas involucradas en el estudio sabe con anticipación si el tratamiento será eficaz, ni cuáles son exactamente los efectos secundarios que sufrirán. El estudio está diseñado para descubrir precisamente esto. Aunque la mayoría de los efectos secundarios desaparecerán con el tiempo, algunos de ellos pueden ser permanentes o hasta representar un riesgo para la vida. Sin embargo, recuerde que hasta los tratamientos estándar producen efectos secundarios. Dependiendo de muchos factores, usted puede decidir inscribirse en un estudio clínico.


Decisión para inscribirse en un estudio clínico

Si desea participar en un estudio clínico, debe comenzar preguntando a su médico si su clínica u hospital están realizando alguno. Debe reunir ciertos requisitos para participar en cualquier estudio clínico. Pero depende totalmente de usted si desea participar (inscribirse) en un estudio clínico.

Sus médicos y enfermeras le explicarán detalladamente el estudio. Revisarán con usted todos los riesgos y los beneficios posibles y le entregarán un formulario para que lo lea y lo firme. El formulario indica que usted entiende el estudio clínico y que desea participar en el mismo. Este proceso se conoce como su consentimiento fundamentado. Aún después de firmar el formulario y después de que comience el estudio clínico, usted está en libertad de abandonar el estudio en cualquier momento y por cualquier razón. La participación en un estudio clínico no le evita que obtenga cualquier otra atención médica que pueda necesitar.

Si desea más información sobre los estudios clínicos, hable con el equipo de profesionales que le atiende. Las siguientes son algunas de las preguntas que puede formular:
  • ¿Hay algún estudio clínico en el que pudiera participar?
  • ¿Cuál es el propósito del estudio?
  • ¿Qué tipo de pruebas y tratamientos implica el estudio?
  • ¿Qué hace este tratamiento? ¿Se ha usado antes?
  • ¿Sabré cuál tratamiento recibiré?
  • ¿Qué es probable que suceda en mi caso con, o sin, este nuevo tratamiento bajo investigación?
  • ¿Qué otras alternativas tengo y cuáles son sus ventajas y desventajas?
  • ¿Cómo pudiera el estudio afectar mi vida diaria?
  • ¿Qué efectos secundarios puedo esperar del estudio? ¿Se pueden controlar los efectos secundarios?
  • ¿Seré hospitalizado(a)?, Si es así, ¿con qué frecuencia y por cuánto tiempo?
  • ¿Me costará algo el estudio? ¿Será gratuito alguno de los tratamientos?
  • Si resultara perjudicado como consecuencia de la investigación, ¿a qué tratamiento tendría derecho?
  • ¿Qué tipo de cuidado de seguimiento a largo plazo incluye el estudio?
  • ¿Se ha utilizado el tratamiento contra otros tipos de cáncer?


¿Cómo puedo saber más sobre estudios clínicos que puedan ser adecuados para mí?

La Sociedad Americana del Cáncer ofrece servicios para los pacientes, sus familiares y sus amigos en los cuales se relacionan los pacientes con los estudios clínicos. Usted puede acceder a este servicio llamando al 1-800-303-5691 o consultando el sitio en Internet http://clinicaltrials.cancer.org.

Con base en la información que nos proporcione sobre su tipo de cáncer, etapa y tratamientos previos, este servicio puede preparar una lista de estudios clínicos que coincidan con sus necesidades médicas. El servicio también le preguntará dónde vive y si está dispuesto a viajar, para que puedan encontrar un centro de tratamiento al que usted pueda acudir.

También puede obtener una lista de los estudios clínicos actuales llamando a la línea telefónica gratuita de Servicio de Información sobre Cáncer del Instituto Nacional del Cáncer al 1-800-4-CANCER (1-800-4-CANCER) o visitando los sitios en la Web sobre estudios clínicos del NCI, www.cancer.gov/clinicaltrials.

Si desea aún más información sobre los estudios clínicos, la Sociedad Americana del Cáncer tiene un documento llamado Estudios clínicos:  lo que usted necesita saber.  Puede leer este documento en el sitio Web www.cancer.org o pedir que se lo envíen por correo llamando al teléfono 1-800-227-2345.



Terapias complementarias y alternativas

Cuando padece cáncer, es posible que escuche maneras de tratar esta enfermedad o de aliviar los síntomas que son diferentes del tratamiento médico convencional (estándar). Estos tratamientos pueden incluir vitaminas, hierbas y dietas especiales, o métodos como acupuntura y masaje, entre muchos otros. Es posible que tenga muchas preguntas sobre estos tratamientos. A continuación se listan algunas en las que posiblemente ya haya pensado:
  • ¿Cómo sé si un tratamiento no estándar es seguro?
  • ¿Cómo sé si es eficaz?
  • ¿Debo tratar uno o más de estos tratamientos?
  • ¿Qué sabe o piensa mi médico sobre estos tratamientos? ¿Debo decir a mi médico que estoy pensando tratarlos?
  • ¿Causarán estos tratamientos un problema con mi tratamiento médico estándar?
  • ¿Cuál es la diferencia entre tratamientos “complementarios” y “alternativos”?
  • ¿Dónde puedo encontrar más información sobre estos tratamientos?


Términos que pueden ser confusos

No todas las personas usan estos términos de la misma manera, lo cual puede crear confusión. La Sociedad Americana del Cáncer utiliza el término complementario para referirse a medicinas o métodos que se usan junto con la atención médica regular. La medicina alternativa es un tratamiento que se usa en lugar del tratamiento médico estándar.

Métodos complementarios: en su mayor parte los métodos de los tratamientos complementarios no se presentan como curas del cáncer. Con mayor frecuencia se usan para ayudarle a sentirse mejor. Algunos métodos que se pueden usar de manera complementaria son la meditación para reducir el estrés, la acupuntura para aliviar el dolor o el té de menta para aliviar las náuseas. Existen muchos otros. Se sabe que algunos métodos ayudan, pero otros no se han probado. Se ha comprobado que algunos de ellos no son útiles, y se ha descubierto que unos pocos son perjudiciales. Sin embargo, algunos de estos métodos pueden aumentar su comodidad y bienestar.

Existen muchos métodos complementarios que puede usar con seguridad junto con su tratamiento médico para ayudar a aliviar los síntomas o los efectos secundarios, aliviar el dolor o ayudarle a disfrutar más la vida. Por ejemplo, algunas personas descubren que algunos métodos como la aromaterapia, la terapia con masaje, la meditación o el yoga les son de utilidad.

Tratamientos alternativos: los tratamientos alternativos son aquellos que se usan en lugar de la atención médica estándar. No se ha comprobado que estos tratamientos sean seguros ni efectivos mediante estudios clínicos. Algunos de estos métodos hasta pueden ser peligrosos o tener efectos secundarios potencialmente mortales. En la mayoría de los casos el mayor peligro es que se puede perder la oportunidad de beneficiarse de un tratamiento estándar. Las demoras o las interrupciones en su tratamiento médico convencional puede dar al cáncer más tiempo para crecer.



Cómo decidir qué hacer

Es fácil entender por qué las personas con cáncer pueden considerar métodos alternativos. Quieren hacer todo lo posible por combatir el cáncer. Algunas veces los tratamientos convencionales como la quimioterapia pueden ser difíciles de tolerar, o tal vez ya no surtan efecto.

Algunas veces las personas sugieren que su método puede curar su cáncer sin producirle efectos secundarios, y es normal que desee creer en ellos. Pero la verdad es que la mayoría de los métodos no estándar no se han estudiado ni se ha comprobado su eficacia contra el cáncer.

Al considerar sus opciones, hay tres pasos importantes que puede tomar:
  • Hable con su médico o enfermera sobre cualquier método que esté pensando usar.
  • Revise la lista de “signos de advertencia” que aparece a continuación.
  • Comuníquese con la Sociedad Americana del Cáncer al teléfono 1-800-ACS-2345 (1-800-227-2345) para aprender más sobre métodos complementarios o alternativos en general y para aprender más sobre los métodos que está considerando.


Signos de advertencia

Puede utilizar las siguientes preguntas para determinar los tratamientos o los métodos que debe evitar. Una respuesta afirmativa a cualquiera de las siguientes preguntas es un signo de advertencia.
  • ¿Promete el tratamiento una cura para todos o casi todos los tipos de cáncer?
  • ¿Se le dice que no use un tratamiento médico estándar?
  • ¿Es el tratamiento o medicamento un “secreto” que sólo ciertas personas pueden dar?
  • ¿Requiere el tratamiento que viaje a otro país?
  • ¿Atacan los promotores a la comunidad médica o científica?


¡Es su decisión!

Las decisiones sobre cómo tratar o manejar su cáncer siempre serán suyas. Si está pensando en usar un método complementario o alternativo, asegúrese de aprender sobre él y hablar con su médico sobre él. Al contar con información fidedigna y el apoyo del equipo de profesionales que atiende su salud, usted podría utilizar con seguridad los métodos que le pueden ayudar mientras evita aquellos que podrían ser perjudiciales.

 

Tratamiento por etapas

Tratamiento por etapas del cáncer del colon

La cirugía es usualmente el primer tratamiento o el tratamiento primario para los cánceres del colon que no se han propagado a partes distantes. También se puede usar la terapia adyuvante (adicional). En la mayoría de los casos, la terapia adyuvante se administra por aproximadamente seis meses.


Etapa 0

Puesto que estos cánceres no han crecido más allá del revestimiento interno del colon, todo lo que se necesita es cirugía para extirpar el cáncer. Esto se puede lograr en muchos casos con una polipectomía o escisión local a través de un colonoscopio. Si el tumor es demasiado grande para poder extirparlo mediante escisión local, es posible que sea necesario realizar una resección del colon.


Etapa I

Estos cánceres han crecido a través de varias paredes del colon, pero no se han propagado en sí fuera de la pared del colon. La colectomía (cirugía para extirpar la sección del colon que contiene cáncer y los ganglios linfáticos cercanos) es el tratamiento convencional. Usted no necesita ninguna terapia adicional.


Etapa II

Estos cánceres han crecido a través de la pared del colon y se puede extender hacia el tejido vecino. Todavía no se ha propagado a los ganglios linfáticos.

La cirugía (colectomía) es usualmente el único tratamiento que se necesita. Se puede recomendar la quimioterapia adyuvante si su médico cree que es probable que su cáncer regrese debido a la manera en que luce bajo el microscopio u a otros factores. La quimioterapia no es el tratamiento convencional para esta etapa del cáncer de colon, pero muchos médicos la recomiendan si el riesgo de recurrencia parece ser alto, como en la enfermedad de etapa IIB. Se están realizando estudios clínicos sobre este asunto, y usted pudiera considerar la participación en uno de éstos. Los médicos no están seguros qué régimen de quimioterapia pudiera ser mejor en esta situación. Algunos de los tratamientos usados con más frecuencia incluyen FOLFOX (5-FU, leucovorín y oxaliplatino), 5-FU y leucovorín solo, o capecitabina. Su médico puede recomendar uno de estos tratamientos si satisface mejor sus necesidades de salud.

Si su cirujano no está seguro de haber podido extirpar todo el cáncer debido a que ha crecido hacia otros tejidos, se pudiera recomendar radioterapia para tratar de destruir cualquier célula cancerosa remanente. Se puede administrar radioterapia en el área de su abdomen en donde el cáncer estaba creciendo.


Etapa III

En esta etapa, el cáncer se ha propagado a los ganglios linfáticos cercanos, pero todavía no se ha extendido a otras partes del cuerpo.

El tratamiento convencional consiste de cirugía (colectomía) seguida de quimioterapia adyuvante. El régimen FOLFOX es la combinación de quimioterapia más común, aunque algunos médicos pueden preferir 5-FU y leucovorín, capecitabina y oxaliplatino (CapeOX), o capecitabina sola si éstos satisfacen mejor sus necesidades de salud.

Su médico también puede recomendar la radioterapia si sus cirujanos creen que pudo haber quedado cáncer después de la cirugía.


Etapa IV

En esta etapa, el cáncer se ha propagado desde el colon a órganos y tejidos distantes tales como el hígado, los pulmones, el peritoneo o los ovarios.

La cirugía en la enfermedad de etapa IV generalmente no se hace con la expectativa de curar el cáncer del colon. Sin embargo, si sólo hay presentes pocas metástasis pequeñas (generalmente cinco o menos) en el hígado o se pueden extirpar completamente junto con el cáncer de colon, la cirugía puede ayudarle a vivir más y hasta podría llegar a curarle. Por lo general, después de este tratamiento se administra quimioterapia.  En algunos casos, se puede usar la infusión arterial hepática si los tumores se encontraban en el hígado.  Si las metástasis no se pueden extirpar quirúrgicamente debido a que son muy grandes o hay demasiadas, se puede tratar primero quimioterapia para reducir el tamaño de los tumores con el fin de permitir la cirugía.   Entonces, se puede administrar nuevamente quimioterapia después de la cirugía. Otra opción sería destruir los tumores en el hígado con criocirugía, ablación por radiofrecuencia, u otros métodos no quirúrgicos.

Si el cáncer se ha propagado ampliamente y no puede extirparse quirúrgicamente, aún se pueden emplear en algunos casos operaciones como una resección segmentaria o una colostomía de derivación para aliviar o prevenir el bloqueo del colon y prevenir otras complicaciones locales. En algunos pacientes con propagación extensa del cáncer se puede prevenir o manejar un bloqueo al insertar un “stent” (un tubo hueco de metal o plástico) en el colon durante la colonoscopia con el fin de mantenerlo abierto, y así evitar la cirugía. 

La mayoría de los pacientes con cáncer en etapa IV recibirá quimioterapia y/o terapias dirigidas para controlar el cáncer. Los regímenes más comúnmente usados incluyen:
  • FOLFOX (leucovorín [ácido folínico], 5-FU, y oxaliplatino), con o sin bevacizumab.
  • FOLFIRI (leucovorín, 5-FU, y irinotecán), con o sin bevacizumab.
  • CapeOX (capecitabina y oxaliplatino) con o sin bevacizumab.
  • 5-FU y leucovorín con o sin bevacizumab.
  • Capecitabina, con o sin bevacizumab.
  • Irinotecán, con o sin cetuximab.
  • Cetuximab solo.
  • Panitumumab solo.
La selección de los regímenes puede depender de varios factores, incluyendo cualquier tratamiento previo y su salud general. Si uno de estos regímenes ya no surte efecto, se puede tratar otro.


Cáncer recurrente del colon

Cáncer recurrente significa que su cáncer volvió a aparecer después del tratamiento. La recurrencia puede ser local (cerca del área del tumor inicial) o puede involucrar órganos distantes.

Si el cáncer regresa localmente, algunas veces la cirugía (seguida por quimioterapia) puede ayudarle a vivir por más tiempo y puede hasta curarle. Primero, se puede usar quimioterapia si el cáncer no se puede remover mediante cirugía. Si se reduce lo suficiente el tamaño del tumor, en este momento la cirugía podría ser una opción seguida nuevamente por más quimioterapia.

Si el cáncer regresa en un área distante, es muy probable que aparezca primero en el hígado. La cirugía puede ser una opción en algunos casos. De no serlo, se puede tratar primero quimioterapia para reducir el tumor o tumores, seguida de cirugía. Si el cáncer se ha propagado muy ampliamente como para ser tratado mediante cirugía, se puede usar quimioterapia y/o terapias dirigidas.  Los posibles regímenes son los mismos que se usan para la enfermedad en etapa IV.  Las opciones dependen de cuáles medicamentos de quimioterapia recibió (si así fuera) antes de que el cáncer regresara y cuánto tiempo hace que los recibió, así como el estado de su salud. En algún punto puede que aún se requiera cirugía para aliviar o prevenir el bloqueo del colon y para prevenir otras complicaciones locales.

Debido a que estos cánceres a menudo pueden ser difíciles de tratar, puede que también usted quiera consultar con su médico sobre estudios clínicos para los que pueda ser elegible.



Tratamiento por etapas del cáncer del recto

La cirugía es usualmente el primer tratamiento o el tratamiento primario para los cánceres del recto que no se han propagado a partes distantes. También se puede usar la terapia adyuvante (adicional) con radiación y quimioterapia. En la mayoría de los casos, la terapia adyuvante se administra por aproximadamente seis meses.


Etapa 0

En esta etapa el cáncer no ha crecido más allá del revestimiento interno del recto. Todo lo que se necesita es la extirpación o la destrucción del cáncer. Se le puede tratar con una polipectomía, escisión local o resección transanal.  No necesitará tratamientos adicionales.

Si usted está demasiado enfermo como para someterse a una cirugía, puede que sólo reciba radioterapia, como radioterapia endocavitaria (radiación dirigida a través del ano) o braquiterapia (colocación de partículas radiactivas directamente en el cáncer), aunque no está claro si esto es tan eficaz como la cirugía.

Etapa I

En esta etapa, el cáncer ha crecido a través de la primera capa del recto hacia capas más profundas, pero no se ha propagado al exterior de la pared misma del recto.

La cirugía es el principal tratamiento para esta etapa. Se puede hacer una resección anterior baja o una resección abdominoperineal, dependiendo de la ubicación exacta del cáncer dentro del recto. La terapia adyuvante no se necesita después de estas operaciones a menos que el cirujano encuentre que el cáncer es más avanzado de lo que se pensaba antes de la cirugía.

Otra opción para algunos cánceres pequeños en etapa I puede ser la extirpación de ellos a través del ano sin una incisión abdominal (resección transanal).   En la mayoría de los casos se recomienda terapia adyuvante con radiación y quimioterapia (usualmente 5-FU) para los pacientes que se someten a tal cirugía.

Si usted está demasiado enfermo como para someterse a una cirugía, puede que sólo reciba radioterapia, como radioterapia endocavitaria (radiación dirigida a través del ano) o braquiterapia (colocación de partículas radiactivas directamente en el cáncer). Sin embargo, no se ha comprobado que esto sea tan eficaz como la cirugía.


Etapa II

Estos cánceres han crecido a través de la pared del recto y hacia los tejidos adyacentes. Todavía no se han propagado a los ganglios linfáticos.

Los cánceres rectales en etapa II usualmente se tratan con resección anterior baja o resección abdominoperineal (dependiendo de donde se encuentra el cáncer en el recto), junto con quimioterapia y radioterapia. Se puede administrar la radiación antes o después de la cirugía. Actualmente, muchos médicos favorecen la radioterapia junto con quimioterapia antes de la cirugía (tratamiento neoadyuvante), así como administrar quimioterapia adyuvante después de la cirugía. Se puede administra el régimen de quimioterapia FOLFOX (oxaliplatino, 5-FU, y leucovorín), 5-FU y leucovorín, capecitabina and oxaliplatino (CapeOX), o capecitabina sola, según el tratamiento que satisfaga mejor sus necesidades de salud. 

Si la terapia neoadyuvante reduce lo suficiente el tamaño del tumor, en algunos casos se puede hacer una resección transanal del grosor total del recto en lugar de una resección anterior baja o una resección abdominoperineal más invasiva. Esto pude evitar la necesidad de una colostomía. El problema es que no hay manera de saber si el cáncer se ha propagado a los ganglios linfáticos ni de asegurarse de que el cáncer no se haya propagado más en la pelvis. Debido a esto, este procedimiento generalmente no se recomienda.


Etapa III

Estos cánceres se han propagado a los ganglios linfáticos adyacentes, pero no a otras partes de su cuerpo.

Usualmente el tumor del recto se extirpa mediante una resección anterior baja o una resección abdominoperineal. En los pocos casos donde el cáncer ha alcanzado los órganos adyacentes, puede que se necesite una excenteración pélvica. La radioterapia se administrará antes o después de la cirugía. Al igual que en la etapa II, muchos médicos ahora prefieren administrar radioterapia junto con quimioterapia antes de la cirugía ya que reduce la probabilidad de que el cáncer regrese en la pelvis. Para tumores más grandes, este tratamiento también puede hacer que la cirugía sea más eficaz.

Después de la cirugía, se administra quimioterapia. Los regímenes más comunes incluyen FOLFOX (oxaliplatino, 5-FU, y leucovorín), 5-FU y leucovorín, capecitabina and oxaliplatino (CapeOX), o capecitabina sola.  Su médico puede recomendar uno de estos tratamientos si satisface mejor sus necesidades de salud.


Etapa IV

El cáncer se ha propagado a órganos y tejidos distantes, como por ejemplo el hígado o los pulmones. Las opciones de tratamiento para la enfermedad en etapa IV depende hasta cierto grado de cuán propagado está el cáncer.

Si existe una probabilidad de que todo el cáncer pueda ser extirpado (por ejemplo, sólo hay algunos tumores en el hígado o los pulmones), las opciones de tratamiento incluyen:
  • Cirugía para extirpar la lesión rectal y los tumores distantes, seguida de quimioterapia (y radioterapia en algunos casos).

  • Quimioterapia, seguida por cirugía para extirpar la lesión rectal y tumores distantes, usualmente seguida de más quimioterapia y radioterapia.

  • Quimioterapia y radioterapia, seguida por cirugía para extirpar la lesión rectal y tumores distantes, seguida de quimioterapia.


Estos métodos pueden ayudarle a vivir por más tiempo y en algunos casos pueden incluso curarle. La cirugía para extirpar el tumor rectal sería usualmente una resección anterior baja o una resección abdominoperineal, dependiendo de donde esté localizado. Si sólo tiene metástasis en el hígado puede recibir tratamiento con quimioterapia administrada directamente en la arteria que llega al hígado. Esto reducirá los cánceres del hígado más eficazmente que la quimioterapia por vía intravenosa.

Si el cáncer se ha propagado más ampliamente y no puede ser removido por completo mediante cirugía, las opciones de tratamiento pueden depender de si el cáncer está causando cualquier síntoma. Los cánceres que se propagan ampliamente y que no están causando síntomas son usualmente tratados con quimioterapia. Los regímenes más comúnmente usados incluyen:
  • FOLFOX (leucovorín [ácido folínico], 5-FU, y oxaliplatino), con o sin bevacizumab.
  • FOLFIRI (leucovorín, 5-FU, y irinotecán), con o sin bevacizumab.
  • CapeOX (capecitabina y oxaliplatino) con o sin bevacizumab.
  • 5-FU y leucovorín con o sin bevacizumab.
  • Capecitabina, con o sin bevacizumab.
  • Irinotecán, con o sin cetuximab.
  • Cetuximab solo.
  • Panitumumab solo.

La selección de los regímenes puede depender de varios factores, incluyendo cualquier tratamiento previo y su salud general, así como la capacidad para tolerar el tratamiento.

Si la quimioterapia reduce el tamaño de los tumores, en algunos casos puede que se considere la cirugía para tratar de extirpar todo el cáncer en este momento.

Los cánceres que no se reducen con quimioterapia y los cánceres con propagación amplia que están causando síntomas tienen pocas probabilidades de ser curados, y el tratamiento está dirigido a aliviar los síntomas y a evitar las complicaciones a largo plazo, como sangrado o bloqueo de los intestinos. Los tratamientos pueden incluir una o más de las siguientes características:
  • Resección quirúrgica del tumor rectal.
  • Cirugía para crear una colostomía y derivar el tumor rectal.
  • Uso de un rayo láser especial para destruir el tumor dentro del recto.
  • Colocación de un “stent” (tubo hueco de metal o plástico) dentro del recto para mantenerlo abierto; esto no requiere cirugía.
  • Radioterapia y quimioterapia.
  • Quimioterapia sola.
 
Si los tumores en el hígado no se pueden extirpar quirúrgicamente debido a su gran tamaño o gran cantidad, quizá sea posible destruir los tumores por congelación (criocirugía), calentamiento (ablación por radiofrecuencia), vaporización del tumor con un rayo láser (fotocoagulación) o mediante otros métodos no quirúrgicos.


Cáncer recurrente del recto

Cáncer recurrente significa que su cáncer volvió a aparecer después del tratamiento. La recurrencia puede ser local (cerca del área del tumor rectal inicial) o puede involucrar órganos distantes. La mayoría de las recurrencias se originan durante los primeros dos a tres años después de la cirugía. 

Si la recurrencia del cáncer es local, se puede administrar quimioterapia y radioterapia dirigida al tumor, si la radioterapia no se usó anteriormente. Si es posible, se realiza una cirugía para extirpar el cáncer. En algunos casos, se administra radioterapia después de este tratamiento.

Si el cáncer regresa en un lugar distante, el tratamiento depende de si el cáncer se puede remover mediante cirugía.

Si se puede remover el cáncer, la cirugía se hace para extirpar el tumor. A esto le sigue quimioterapia (remítase a la información sobre el tratamiento del cáncer en etapa IV para una lista de posibles regímenes). Si el paciente no ha recibido quimioterapia en el último año (o nunca la ha recibido), también se puede administrar quimioterapia neoadyuvante antes de la cirugía. Cuando el cáncer está en el hígado, se puede administrar quimioterapia a la arteria hepática que conduce al hígado.

Si el cáncer no se puede remover mediante cirugía, la quimioterapia usualmente es la primera opción. El régimen usado dependerá del tratamiento que la persona haya recibido previamente y de su salud general. Si se reduce lo suficiente el tamaño del tumor, en algunos casos la cirugía podría ser una opción seguida por más quimioterapia.

Al igual que con el cáncer en etapa IV, se puede hacer una cirugía o emplear otros métodos en algún punto para aliviar los síntomas y evitar las complicaciones a largo plazo, como sangrado o bloqueo de los intestinos.

Debido a que estos cánceres a menudo pueden ser difíciles de tratar, puede que también usted quiera consultar con su médico sobre estudios clínicos para los que pueda ser elegible.



Información adicional sobre tratamiento

Para más detalles sobre las opciones de tratamiento, incluyendo algunas que no pudieran estar disponibles en este documento, la National Comprehensive Cancer Network (NCCN) y el Instituto Nacional del Cáncer (NCI) son buenas fuentes de información.

La NCCN, formada por expertos de muchos de los centros de cáncer más importantes del país, desarrolla guías de tratamiento del cáncer que los médicos pueden usar cuando tratan a sus pacientes. Estas guías están disponibles en la página Web de la NCCN (www.nccn.org).

La Sociedad Americana del Cáncer colabora con la NCCN para producir una versión de las guías de tratamiento para el cáncer colorrectal, redactadas específicamente para los pacientes y sus familias. Esta versión menos técnica están disponibles en la página Web de la NCCN (www.nccn.org) y en la de la Sociedad Americana del Cáncer (www.cancer.org). Puede solicitarse también una versión impresa través de la Sociedad Americana del Cáncer comunicándose al 1-800-227-2345.

El Instituto Nacional del Cáncer (NCI) provee guías de tratamiento a través de su centro de información (1-800-4-CANCER) y su página Web (www.cancer.gov). Además, ofrece guías detalladas para su uso por los profesionales en la atención contra el cáncer, las cuales también están disponibles en www.cancer.gov.



¿Qué debe preguntarle a su médico sobre el cáncer colorrectal?

Es importante sostener diálogos sinceros y abiertos con el equipo de profesionales que atiende su cáncer. Ellos quieren contestar todas sus preguntas para que usted pueda tomar decisiones sobre el tratamiento y su vida que estén basadas en información.   Por ejemplo, tome en consideración las siguientes preguntas:
  • ¿Dónde está localizado mi cáncer?
  • ¿Se ha propagado mi cáncer más allá de la localización primaria?
  • ¿Cuál es la etapa de mi cáncer y qué significa eso en mi caso?
  • ¿Qué opciones de tratamiento tengo?
  • ¿Qué recomienda y por qué?
  • ¿Qué riesgos o efectos secundarios involucran los tratamientos que sugiere?
  • ¿Necesitaré una colostomía? ¿Será permanente?
  • ¿Cuáles son las probabilidades de que mi cáncer regrese con estos planes de tratamiento? ¿Qué haríamos si esto ocurre?
  • ¿Qué debo hacer para estar listo para el tratamiento?
  • ¿Qué puedo hacer para reducir los efectos secundarios del tratamiento?
  • ¿Debo hacer una dieta especial?
  • ¿Qué tipo de atención médica de seguimiento necesitaré después del tratamiento?

Además de estos ejemplos de preguntas, asegúrese de escribir las que usted desee hacer. Por ejemplo, es posible que usted quiera saber sobre los períodos de recuperación, de manera que pueda preparar su plan para sus actividades laborales. O tal vez desee preguntar acerca de segundas opiniones o sobre estudios clínicos para los cuales puede calificar.



¿Qué sucede después del tratamiento del cáncer colorrectal?

Completar el tratamiento puede causar tanto estrés como entusiasmo. Usted sentirá alivio de haber completado el tratamiento, aunque aún resulte difícil no sentir preocupación sobre el regreso del cáncer, lo que se conoce como recurrencia. Ésta es una preocupación muy común entre las personas que han tenido cáncer.

Es posible que pase un tiempo antes de que la confianza en su propia recuperación comience a sentirse real y que sus miedos sean un tanto aliviados. Incluso sin recurrencias, las personas que han tenido cáncer aprenden a vivir con la incertidumbre.


Atención de seguimiento

Después de completar el tratamiento es muy importante acudir a todas las citas de seguimiento. Durante estas visitas, sus médicos preguntarán si tiene síntomas, harán exámenes físicos y requerirán que se realicen análisis de sangre o estudios por imágenes, tal como CT o PET. La atención de seguimiento es necesaria para determinar si hay recurrencia o propagación del cáncer, así como posibles efectos secundarios de ciertos tratamientos. Éste es el momento de hacerle cualquier pregunta al equipo de atención médica, así como hablarle sobre cualquier inquietud que pudiera tener. Casi todos los tratamientos del cáncer tienen efectos secundarios. Algunos pueden durar de algunas semanas a varios meses, aunque otros pueden ser permanentes. No dude en hablar con el equipo de atención del cáncer sobre cualquier síntoma o efecto secundario que le cause molestia para que le puedan ayudar a tratarlo.

En cierta medida, la frecuencia de las visitas de seguimiento y las pruebas dependerá de la etapa de su cáncer y de la probabilidad de recurrencia.

Antecedentes y examen físico: su médico probablemente recomendará que se obtengan sus antecedentes y que se haga un examen físico cada tres a seis meses por los primeros dos años después del tratamiento, luego cada seis meses por los próximos años. Puede que las personas que fueron tratadas por cánceres en etapa inicial requieran exámenes con menos frecuencia.

Colonoscopia: en la mayoría de los casos, su médico recomendará una colonoscopia dentro de un año después de la cirugía. Si los resultados son normales, debe repetirse en tres años. Luego se puede esperar cinco años para su próxima colonoscopia, si los resultados del examen anterior fueron normales.

Estudios por imágenes: si su médico recomienda o no los estudios por imágenes dependerá de la etapa de su enfermedad. Las tomografías computarizadas pueden hacerse regularmente, por ejemplo una vez al año, para aquellos pacientes en alto riesgo de recurrencia, especialmente en los primeros dos años después de la cirugía. Los estudios se pueden hacer incluso con más frecuencia en las personas a quienes se les extirparon tumores en el hígado o en los pulmones.

Análisis de sangre para los marcadores tumorales: el antígeno carcinoembrionario (CEA) y el CA 19-9 son sustancias encontradas en la sangre de algunas personas con cáncer colorrectal. Las pruebas para una o ambas de estas sustancias algunas veces son útiles si presenta cualquier síntoma que sugiere que el cáncer ha regresado.   Algunos médicos realizan estas pruebas cada tres a seis meses para detectar recurrencias antes de que se presenten los síntomas.  Generalmente estas pruebas son más importantes durante los primeros dos años después del tratamiento, cuando la mayoría de las recurrencias ocurren. Si los niveles del marcador tumoral comienzan a aumentar, se puede realizar una colonoscopia o estudios por imágenes para tratar de localizar una recurrencia.


Para pacientes con una colostomía

Si tiene una colostomía, es posible que se sienta preocupado o aislado de las actividades normales. Independientemente de si su colostomía es temporal o permanente, un enterostomista (un profesional de la salud capacitado para ayudar a las personas con colostomías) puede enseñarle el cuidado de su colostomía. Pregunte a la Sociedad Americana del Cáncer sobre los programas que ofrecen información y apoyo en su área. Para más información, refiérase al documento “Colostomía: una guía” de la Sociedad Americana del Cáncer.


Visita a un médico nuevo

En cierto momento, después del diagnóstico y tratamiento del cáncer, es posible que tenga que visitar a un médico nuevo. Es posible que su médico original se haya mudado o jubilado, o tal vez usted se mudó o cambió de médico por alguna razón. Es importante que proporcione a su médico nuevo los detalles exactos de su diagnóstico y tratamiento. Asegúrese de tener a la mano la siguiente información:
  • Una copia del informe de patología de cualquier biopsia o cirugía.
  • Imágenes por CT y MRI en un DVD trasladable.
  • Si se sometió a una cirugía, una copia del reporte del procedimiento.
  • Si se le admitió en el hospital, una copia del resumen al alta que los médicos tienen que preparar cuando envían al paciente a su casa.
  • Si se sometió a radioterapia, un resumen del tipo y dosis de radiación, y cuando y donde se administró.
  • Si recibió quimioterapia, una lista de sus medicamentos, dosis y el lugar donde se administró.

También es importante mantener un seguro médico. Aunque nadie quiere pensar que su cáncer puede regresar, esto siempre es una posibilidad. Si ocurre, lo que menos necesita es preocuparse sobre el pago del tratamiento.


Cambios del estilo de vida durante y después del tratamiento

El cáncer y su tratamiento pueden requerir mucho de su tiempo y agotarle emocionalmente, pero también es una oportunidad para que vea su vida bajo otra perspectiva. Tal vez piense en maneras de mejorar su salud a largo plazo. Algunas personas comienzan a hacerlo durante el tratamiento del cáncer.


Tome decisiones saludables

Piense en su vida antes de que se enterara que tenía cáncer. ¿Hacía cosas que afectaban negativamente su salud? Quizás usted tomaba mucho alcohol, o comía más de lo que necesitaba, o fumaba, o no hacía ejercicio a menudo. Emocionalmente, tal vez se guardaba sus sentimientos, o permitía que los factores estresantes le afectaran por demasiado tiempo. 

Ahora no es el momento de sentirse culpable o culparse. El día de hoy puede comenzar a hacer cambios que puedan tener buenos efectos durante el resto de su vida. Se sentirá mejor y además estará más sano. ¿Qué mejor momento que ahora para aprovechar la motivación que tiene como resultado de pasar por una experiencia que altera la vida como tener cáncer?

Puede comenzar abordando los problemas que más le preocupan. Busque ayuda en el caso de aquellos que son difíciles para usted. Por ejemplo, si está considerando dejar de fumar y necesita ayuda, llame a nuestra línea para dejar de fumar al 1-800-227-2345.


Alimentación y nutrición

Una buena alimentación puede ser difícil para todos, pero puede volverse aún más difícil durante y después del tratamiento del cáncer. Por ejemplo, el tratamiento puede cambiar su sentido del gusto. Las náuseas pueden convertirse en un problema. Es posible que usted pierda su apetito por un tiempo y también pierda peso sin desearlo. Por otro lado, algunas personas aumentan de peso aunque no coman más. Esto también puede ser frustrante.

Si está perdiendo peso o tiene problemas con el sentido del gusto durante el tratamiento, coma lo mejor que pueda y recuerde que estos problemas se resolverán eventualmente. Puede preguntar a su equipo de atención del cáncer que le refiera un dietista, que es un experto en nutrición que le puede dar ideas para combatir algunos de los efectos secundarios de su tratamiento. También puede descubrir que es útil comer porciones más pequeñas cada 2 o 3 horas hasta que se sienta mejor y pueda reanudar un horario más normal.

Una de las mejores cosas que puede hacer después del tratamiento es adoptar hábitos saludables de alimentación. Se sorprenderá de los beneficios a largo plazo de algunos cambios simples, como el aumento de la variedad de alimentos saludables que consume. Trate de comer cinco o más porciones de vegetales y frutas al día. Seleccione alimentos de granos integrales en lugar de harina blanca y azúcares. Trate de limitar las carnes con alto contenido de grasa. Reduzca el consumo de carnes procesadas como salchichas para perritos calientes, mortadela de Bolonia y tocino. Si puede hacerlo evítelas definitivamente. Si bebe alcohol, limite su consumo a uno o dos tragos al día como máximo. Y no se le olvide hacer algún tipo de ejercicio regular. Una buena alimentación y el ejercicio regular le ayudarán a mantener un peso saludable y le darán más energía.


Descanso, cansancio, trabajo y ejercicio

El cansancio es un síntoma muy común en las personas que están recibiendo tratamiento del cáncer. Éste a menudo no es un tipo de cansancio ordinario, sino un agotamiento que no se alivia con el descanso. En el caso de algunas personas, este cansancio dura mucho tiempo después del tratamiento, y puede obstaculizarles que se vuelvan activos.

Sin embargo, el ejercicio puede ayudarle a reducir la fatiga. Los estudios han mostrado que los pacientes que siguen un programa de ejercicios adecuado a sus necesidades personales se sienten mejor física y emocionalmente y se pueden enfrentar mejor a la enfermedad.

Si está enfermo y necesita guardar cama durante el tratamiento, es normal esperar que su forma física, resistencia y fuerza muscular disminuyan hasta cierto grado. La terapia física puede ayudarle a conservar la fuerza muscular y el rango de movimiento de sus músculos, lo que a su vez puede ayudarle a combatir la fatiga y ese sentimiento de depresión que algunas veces surge al estar tan cansado.

Cualquier programa de actividad física debe ajustarse a su propia situación. Una persona de edad mayor que nunca ha hecho ejercicio no podrá hacer el mismo nivel de ejercicio que una persona de 20 años de edad que juega tenis tres veces a la semana. Si no ha sido activo durante varios años, pero aún le es fácil moverse, puede considerar tomar paseos cortos.

Hable con su equipo de atención médica antes de comenzar y pídales su opinión acerca de planes de ejercicios. Luego, trate de conseguir a alguien que le acompañe a hacer los ejercicios para que no los haga solo. La participación de familiares y amigos en un nuevo programa de ejercicios puede darle ese impulso adicional de apoyo que le permita seguir cuando no tiene la motivación necesaria.

Sin embargo, si se siente muy cansado, debe asegurarse de equilibrar la actividad con el descanso. Está bien descansar cuando lo necesita. Para algunas personas es difícil permitirse descansar cuando acostumbraban a trabajar todo el día o cuidar una familia. (Para más información sobre el cansancio, consulte la publicación, “Cansancio y anemia asociados con el cáncer - Guías de tratamiento para los pacientes”).

El ejercicio puede mejorar su salud física y emocional.
  • Mejora su acondicionamiento cardiovascular (corazón y circulación).
  • Fortalece sus músculos.
  • Reduce la fatiga.
  • Reduce la ansiedad y la depresión.
  • Le hace sentir generalmente más feliz.
  • Le ayuda a sentirse mejor consigo mismo.

Cualquier persona que haya recibido tratamiento del cáncer colorrectal también puede estar en riesgo de un segundo cáncer colorrectal o incluso de otros tipos de cáncer.  Sabemos que el ejercicio desempeña un papel en la prevención de algunos cánceres. La Sociedad Americana del Cáncer, en sus guías de actividades físicas para la prevención del cáncer, recomienda que los adultos participen en al menos una actividad física durante 30 minutos o más cinco días a la semana o más.


¿Puede usted reducir su riesgo de recurrencia de cáncer?

La mayoría de las personas quieren saber si hay algo que pueden hacer para reducir el riesgo de que el cáncer regrese. Desafortunadamente, para la mayoría de los cánceres existe poca evidencia sólida que pueda guiar a las personas en esta dirección. Esto no significa que nada ayudará.  Lo que ocurre es que en su mayor parte ésta es un área que no ha sido bien estudiada. La mayoría de los estudios le han dado prioridad a investigar maneras de prevenir el cáncer, y no a prevenir las recurrencias.

Sin embargo, algunos estudios han identificado cosas que las personas pueden hacer que pudieran ayudar a reducir el riesgo de que el cáncer colorrectal regrese.

Inactividad física: dos estudios recientes en personas con cáncer colorrectal en etapa más temprana (I, II o III) mostraron que el aumento de actividad física recreativa después de haber sido diagnosticadas con cáncer reduce el riesgo de muerte por cáncer colorrectal tanto como a la mitad. El nivel de actividad necesario para reducir el riesgo fue de aproximadamente cuatro a cinco horas de caminata a paso ligero por semana. Se necesitan más estudios para definir más este posible beneficio.

Alimentación: en un estudio abarcador de pacientes con cáncer del colon en etapa III, aquellos que tenían el mayor consumo de carne, grasa, granos refinados (azúcares) y postres tenían una probabilidad de recurrencia aproximadamente tres veces mayor en comparación con aquellos que tenían el menor consumo de éstos.  Se necesitan más investigaciones para confirmar estos resultados y para determinar cuáles de estos factores están asociados más fuertemente con la recurrencia del cáncer.


Su salud emocional

Cuando termine su tratamiento es posible que se sienta abrumado con sus emociones. Muchas personas experimentan esto. Tal vez pasó por tantas cosas durante su tratamiento que sólo se podía enfocar en terminarlo.

Ahora puede descubrir que piensa sobre la posibilidad de su propia muerte o el efecto de su cáncer en su familia, amigos y profesión. Tal vez comience a reevaluar en sus relaciones con su cónyuge o compañero. También pueden preocuparle problemas inesperados, por ejemplo, conforme recupera la salud y visita menos al médico, verá a su equipo médico con menos frecuencia. Para algunas personas esto es una fuente de ansiedad.

Éste es un momento ideal para buscar apoyo emocional y social. Necesita personas a quienes acudir para pedir fuerza y consuelo. Puede recibir apoyo en muchas maneras: familiares, amigos, grupos de apoyo para pacientes de cáncer, la iglesia o grupos espirituales, comunidades de apoyo en línea o consejeros individuales.

Casi todas las personas que han pasado por la experiencia del cáncer pueden beneficiarse de algún tipo de apoyo. Lo que es mejor para usted depende de su situación y de su personalidad. Algunas personas se sienten seguras en grupos de apoyo de compañeros o en grupos educativos. Otras personas pudieran preferir hablar en un entorno informal, tal como en una iglesia, mientras que otras pueden sentirse más cómodos hablando directamente con un amigo de confianza o un consejero. Cualquiera que sea su fuente de fortaleza o consuelo, asegúrese de que tiene un lugar a dónde acudir con sus inquietudes.

La experiencia de enfrentarse al cáncer puede causar que se sienta muy solo. No es necesario ni realista que quiera hacerlo usted solo. Si decide excluir a sus familiares y amigos, es posible que se sientan relegados. Permítales entrar… e incluya a aquellas personas que le pueden ayudar. Si no está seguro quién le puede ayudar, llame a la Sociedad Americana del Cáncer al teléfono 1-800-227-2345 y nosotros le relacionaremos con el grupo o recurso apropiado.

No puede cambiar el hecho de que padece cáncer. Lo que sí puede cambiar es la manera en que vivirá el resto de su vida: tomando decisiones saludables y adoptando sentimientos saludables, física y emocionalmente, tanto como sea posible.


¿Qué sucede si el tratamiento ya no es eficaz?

Si el cáncer continúa creciendo después de un tipo de tratamiento, o si regresa, a menudo es posible probar otro plan de tratamiento que pudiera seguir curando el cáncer, o por lo menos reducir el tamaño de los tumores lo suficiente como para ayudarle a vivir más tiempo y hacerle sentir mejor. Por otro lado, cuando una persona recibe varios tipos de tratamientos médicos y el cáncer no se cura, con el tiempo el cáncer se vuelve resistente a todo tratamiento. En ese momento, resulta importante sopesar el posible beneficio limitado de un nuevo tratamiento y las posibles desventajas, incluyendo las visitas continuas al doctor y los efectos secundarios del tratamiento.

Cada persona tiene su propia manera de pensar respecto a esto. Algunas personas quizás deseen enfocarse en mantenerse cómodas durante el tiempo limitado que les queda.

Posiblemente éste será el momento más difícil en su lucha contra el cáncer, cuando ha intentado todo médicamente dentro de lo razonable, y simplemente nada está dando resultado. Aunque su médico puede ofrecerle un tratamiento médico, necesita considerar que en cierto punto, la continuación del tratamiento probablemente no mejorará su salud ni cambiará su pronóstico ni su supervivencia. 

Si desea continuar su tratamiento para combatir el cáncer tanto como pueda, aún necesita considerar las probabilidades de que un tratamiento adicional le proporcione beneficios. En muchos casos, su médico puede calcular la tasa de respuesta del tratamiento que usted está considerando. Muchas personas se sienten motivadas a intentar más quimioterapia o radiación, aunque los médicos les digan que las probabilidades de recibir beneficios son menores de un 1 %. En esta situación, necesita pensar y entender las razones por las cuales usted está eligiendo este plan.

Independientemente de lo que decida, es importante que esté tan cómodo como sea posible. Asegúrese de pedir y de recibir tratamiento para los síntomas que pueda tener, como dolor. Este tipo de tratamiento se denomina tratamiento “paliativo”.

El tratamiento paliativo ayuda a aliviar estos síntomas, pero no se espera que cure la enfermedad; su principal propósito es mejorar la calidad de su vida. Algunas veces los tratamientos que recibe para controlar sus síntomas son similares a los usados para tratar el cáncer. Por ejemplo, se puede administrar radioterapia para ayudar a aliviar el dolor de huesos provocado por la metástasis ósea. O se le puede administrar quimioterapia para ayudar a reducir el tamaño de un tumor y evitar que cause una obstrucción intestinal. Pero esto no es lo mismo que recibir tratamiento para tratar de curar el cáncer. 

En cierto momento, es posible que se beneficie de la atención para enfermos terminales. La mayoría de las veces esta atención se puede proporcionar en casa. Es posible que su cáncer cause síntomas o problemas que requieren atención, y la atención para enfermos terminales se concentra en su comodidad. Usted debe saber que la atención de hospicio no significa que no pueda recibir tratamiento para los problemas causados por su cáncer u otras condiciones de salud. Sólo significa que el enfoque de su atención es que viva la vida tan plenamente como sea posible y que se sienta tan bien como pueda en esta etapa difícil de su cáncer.

También recuerde que es importante no perder la esperanza. La esperanza de una cura puede que ahora no sea tan profunda, pero sigue habiendo esperanza de que pueda pasar momentos buenos con sus familiares y amigos, momentos que estarán llenos de felicidad y significado. En cierta manera, hacer una pausa en este momento en su tratamiento del cáncer puede darle la oportunidad de reenfocarse en las cosas importantes de su vida.  Éste es el momento para hacer algunas cosas que usted siempre deseaba hacer y dejar de hacer aquéllas que ya no desea.

 

¿Qué hay de nuevo en las investigaciones y el tratamiento del cáncer colorrectal?

Siempre hay investigaciones en curso en el área del cáncer colorrectal. Los científicos están buscando las causas del cáncer colorrectal y las formas de prevenirlo, así como la manera de mejorar los tratamientos.


Genética

Los científicos están aprendiendo más sobre algunos de los cambios en el ADN, tanto heredados y como adquiridos, que causan que las células del colon y del recto se tornen cancerosas. Los descubrimientos recientes de genes heredados que aumentan el riesgo de una persona de padecer de cáncer colorrectal ya se están utilizando en pruebas genéticas para informar a las personas con mayor riesgo.

Se espera que eventualmente los avances en el entendimiento del funcionamiento de estos genes den como resultado nuevos medicamentos y terapias génicas para corregir estos problemas en los genes. Ya se encuentran en progreso las fases iniciales de los estudios de terapia génica.


Quimioprevención

La quimioprevención es el uso de sustancias químicas naturales o sintéticas con el objetivo de reducir los riesgos de una persona de padecer de cáncer. Los investigadores están probando si ciertos suplementos minerales (como el calcio) y las vitaminas (como el ácido fólico o la vitamina D) pueden reducir el riesgo de cáncer colorrectal.

En algunos estudios se ha encontrado que las personas que toman complejos multivitamínicos con ácido fólico (también conocido como folato), suplementos de vitamina D o calcio (a través de dieta o suplementos) puede que tengan un menor riesgo de cáncer colorrectal que las personas que no los toman. Actualmente se están realizando investigaciones para clarificar los posibles beneficios de éstas y otras sustancias, tal como selenio y curcumina.

Aunque la aspirina u otros medicamentos antiinflamatorios no esteroideos (NSAIDS) se asocian con un menor riesgo de cáncer colorrectal, estos medicamentos pueden causar úlceras estomacales y otros efectos secundarios. Por esta razón, no se recomienda que las personas con riesgo promedio de cáncer colorrectal tomen NSAIDS específicamente con este propósito.

Los NSAIDS tales como sulindac y celecoxib (Celebrex) han demostrado reducir la formación de pólipos adenomatosos en aquellas personas que padecen poliposis adenomatosa familiar (FAP). La FDA aprobó el uso de celecoxib para reducir la formación de pólipos en personas que padecen poliposis adenomatosa familiar. Sin embargo, el celecoxib puede causar efectos secundarios, como un aumento potencial en el riesgo de problemas cardiacos. Usted debe consultar con su médico antes de comenzar a tomar aspirina u otro NSAID regularmente.

Algunos estudios indican que una alimentación con alto contenido de frutas y vegetales puede disminuir el riesgo de cáncer colorrectal, así como el riesgo de contraer otras enfermedades. Esto no se ha comprobado en todos los estudios. No obstante, es importante que coma suficientes porciones, al menos cinco diariamente.

Actualmente, la mayoría de los expertos recomienda que las personas no tomen grandes dosis de vitaminas, minerales u otros agentes, a menos que estén participando en un estudio o se encuentren bajo el cuidado y consejo de un médico.


Detección más temprana

El cáncer colorrectal es mucho más fácil de tratar eficazmente si se descubre en una etapa muy temprana. Los estudios continúan analizando la eficacia de los métodos actuales de detección del cáncer colorrectal y evaluando nuevos enfoques para informar al público sobre la importancia de aprovechar estos métodos. Menos de la mitad de los estadounidenses de 50 años o más se someten a exámenes de detección del cáncer colorrectal. Si todas las personas se sometieran a estas pruebas según se recomienda, cada año se salvarían miles de vidas. La Sociedad Americana del Cáncer y otras organizaciones de salud pública están trabajando para aumentar la concienciación sobre la detección del cáncer colorrectal en el público general y los profesionales de la salud.

Mientras tanto, también se están desarrollando y probando nuevas pruebas de laboratorio y estudios por imágenes. Se han estado desarrollando maneras más nuevas y precisas para identificar cambios en las heces fecales que pudieran indicar la presencia de cáncer colorrectal. Éstas incluyen pruebas que pueden detectar mejor sangre en las heces fecales (prueba inmunoquímica fecal) y una prueba que puede detectar cambios en el ADN de las células en las heces fecales. La colonografía CT (también conocida como colonoscopia virtual) es un tipo especial de tomografía computarizada (CT) que puede encontrar pólipos colorrectales y cánceres por lo menos con tanta precisión como lo hace un enema de bario.

Estas pruebas se describe en detalle en la sección "¿Se pueden detectar los pólipos y el cáncer colorrectal en sus etapas iniciales?"


Tratamiento

Quimioterapia: en muchos estudios clínicos se están probando nuevos medicamentos de quimioterapia o medicamentos que ahora se están usando contra otros cánceres (como el cisplatino o la gemcitabina). Otros estudios buscan las maneras para combinar los medicamentos que ya se sabe presentan actividad contra el cáncer colorrectal, como el irinotecán o el oxaliplatino, a fin de aumentar su eficacia. Los nuevos estudios también están analizando agregar las terapias dirigidas, como el cetuximab o el bevacizumab, a la quimioterapia como parte de la terapia adyuvante. En otros estudios todavía se están probando mejores maneras de combinar la quimioterapia con la radioterapia y/o con la inmunoterapia.

Terapias dirigidas: se han aprobado varias terapias dirigidas para el tratamiento del cáncer colorrectal, incluyendo bevacizumab (Avastin), cetuximab (Erbitux) y panitumumab (Vectibix). Los médicos continúan estudiando la mejor manera de administrar estos medicamentos para que sean más eficaces.

También los investigadores están estudiando docenas de terapias dirigidas nuevas para aumentar las opciones de las personas con cáncer colorrectal. Algunas de estas terapias son anticuerpos monoclonales, como los medicamentos mencionados anteriormente, mientras otras se parece más a los medicamentos convencionales que se administran en forma de pastilla.

Inmunoterapia: los investigadores están estudiando varias vacunas para tratar del cáncer colorrectal o prevenir que regrese después del tratamiento. Contrario a las vacunas que previenen las enfermedades infecciones, estas vacunas tienen el fin de reforzar la reacción inmunitaria del paciente para combatir el cáncer colorrectal con más eficacia.

Se están estudiando muchos tipos de vacunas.  Por ejemplo, algunas vacunas conllevan extraer de la sangre algunas células del sistema inmunitario del paciente (llamadas células dendríticas) para exponerlas a una sustancia en el laboratorio que provocaría que ataquen a las células cancerosas, y luego regresarlas al cuerpo. Hasta el momento, tales vacunas sólo están disponibles en estudios clínicos.


Última revisión:  21-Mar.-2008
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