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| Tratamiento |
| Tumores del cerebro y de la médula espinal en adultos |
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¿Cómo se
tratan los tumores del encéfalo y los tumores de la médula espinal?
Esta
información
representa los puntos de vista de los médicos y las enfermeras que
laboran para la Junta Editorial del Centro de Datos de la Sociedad
Americana del Cáncer que provee información sobre el
cáncer. Estos puntos de vista están basados en sus
interpretaciones de los estudios publicados en revistas médicas, así
como de sus propias experiencias profesionales.
La información sobre el
tratamiento en este documento no representa la política oficial de la
Sociedad y no tiene el propósito de ofrecer consejo médico que
reemplace la experiencia y el criterio del equipo de atención contra el
cáncer. Esta información tiene el propósito de ayudarle a
usted y a su familia a tomar decisiones con su médico basadas
en la información.
Su médico puede tener
razones para sugerir un plan de tratamiento diferente a estas opciones
generales de tratamiento. No dude en hacerle preguntas sobre
sus opciones de tratamiento.
La primera parte de esta sección describe los varios tipos de
tratamientos usados para los tumores encefálicos y de la médula
espinal. Esto es seguido de una descripción de los métodos
más comunes usados para estos tumores según el tipo de tumor.
Comentarios generales sobre el tratamiento
Los diversos tipos de tratamiento se pueden emplear para tratar los
tumores del sistema nervioso central, incluyendo cirugía, radioterapia,
quimioterapia y otros tipos de medicamentos. El tratamiento es
diferente para las distintas clases de tumores, y en muchos casos se
usa una combinación de tratamientos. La eficacia del tratamiento
depende de un número de factores, incluyendo el tipo, el tamaño y la
localización del tumor.
Cirugía
Cirugía para extirpar el
tumor
En la mayoría de los casos, el primer paso en el tratamiento de un
tumor encefálico consiste en que el neurocirujano extirpe tanto tumor
como sea seguro sin afectar la función normal del encéfalo.
La cirugía sola o combinada con radioterapia puede curar muchos
tumores, incluyendo algunos astrocitomas, ependimomas,
craneofaringiomas, gangliogliomas y meningiomas de bajo grado.
Los tumores que tienden a propagarse ampliamente en el tejido
encefálico adyacente, tal como los astrocitomas anaplásicos o los
glioblastomas no son curados mediante cirugía. Sin embargo, la cirugía
puede reducir la cantidad de tumor que necesita ser tratado con
radiación o quimioterapia, y esto puede mejorar los resultados de estos
tratamientos, lo que resulta en una vida prolongada incluso si no se
puede extirpar el tumor por completo.
La cirugía también puede mejorar algunos de los síntomas causados por
los tumores encefálicos, particularmente aquellos causados por una
acumulación de presión en el cráneo. Estos síntomas incluyen dolor de
cabeza, náusea, vómito y visión borrosa. Además, la cirugía puede
mejorar los síntomas de epilepsia y hacer que las convulsiones se
puedan controlar mejor con medicamentos.
Es posible que la cirugía no sea una buena opción en algunos casos.
Algunas veces, la cirugía no es una buena opción porque el tumor está
demasiado profundo en el encéfalo, o porque el paciente no puede
tolerar una operación mayor. Otra razón para evitar la cirugía consiste
en que partes vitales del encéfalo serían destruidas. Esto ocurre en
caso de tumores localizados en el tronco encefálico.
La cirugía, salvo la que requiere una biopsia de diagnóstico, no
resulta ser muy eficaz para tratar ciertos tipos de tumores
encefálicos, como por ejemplo, los linfomas.
Craneotomía:
éste es el tipo principal de operación para el tratamiento de los
tumores encefálicos. Una craneotomía es una abertura quirúrgica hecha
en el cráneo. Para esta operación, la persona puede estar bajo
anestesia general (en sueño profundo) o puede estar despierto al menos
durante parte del procedimiento (con el área de la cirugía adormecida)
si la función del encéfalo necesita ser evaluada durante la operación.
Para este procedimiento es necesario afeitar parte de la cabeza.
Primero, el neurocirujano hace una incisión en el cuero cabelludo, y la
piel se retrae. Entonces, el cirujano usa un tipo especial de
sierra para remover la porción de hueso sobre el tumor.
Normalmente, la craneotomía es lo suficientemente grande como para que
el cirujano inserte múltiples instrumentos y observe las partes del
encéfalo que se necesitan operar con seguridad. En caso de tumores
profundos dentro del encéfalo, se hace una pequeña incisión en el
encéfalo en sí para permitirle al cirujano llegar hasta el tumor. Es
posible que el cirujano use imágenes de MRI, CT, o ecografía para
ayudar a localizar el tumor y sus bordes.
El cirujano puede extirpar el tumor de varias maneras dependiendo de
cuán duro o blando sea, y si contiene muchos o pocos vasos sanguíneos.
Una de las maneras sería cortar el tumor con un bisturí o con tijeras.
En otros casos, una sonda adherida a un generador ultrasónico se coloca
en el tumor para reventarlo y licuarlo. Luego se succiona con un
pequeño dispositivo de vacío.
Muchos dispositivos pueden ayudar al cirujano a ver el tumor y el
tejido encefálico que le rodea. El cirujano puede operar mientras
observa el encéfalo a través de un microscopio. Como se mencionó
anteriormente, se puede hacer un MRI, una CT o una ecografía para
trazar un "mapa" del área del tumor, lo que le permite al cirujano
encontrar los tumores que se encuentran en lo profundo del encéfalo.
El cirujano que opera en el encéfalo enfrenta el dilema de extirpar
tanto tumor como sea posible sin destruir tejido importante. Él o ella
quiere evitar que el paciente quede en alguna manera discapacitado. El
cirujano puede "ver" la función del encéfalo mediante la estimulación
eléctrica de partes del encéfalo en el tumor y alrededor del tumor.
Esto mostrará si estas áreas controlan una función importante. Al usar
esta técnica, los cirujanos pueden reducir el riesgo de remover partes
vitales del encéfalo.
En la mayoría de los casos, la porción de hueso removida se coloca
nuevamente en su sitio y se asegura al resto del cráneo con tornillos y
placas, alambres o puntadas especiales. La cicatrización generalmente
toma varias semanas. El tiempo de recuperación en el hospital es
usualmente es de cuatro a seis días, aunque esto puede variar de
acuerdo al tamaño y la localización del tumor y el estado general de
salud del paciente.
Cirugía para derivación
El bloqueo del flujo del líquido cefalorraquídeo por el tumor puede
causar un aumento en la presión dentro del cráneo. Esto puede causar
síntomas, como dolor de cabeza, náusea, y somnolencia e incluso puede
ser fatal. Para drenar el exceso de líquido y bajar la
presión, los neurocirujanos pueden colocar un tubo de silicona, llamado
"shunt" (algunas veces se le conoce como derivación
ventriculoperitoneal o "VP shunt". Un extremo del tubo se coloca en el
ventrículo del encéfalo, el cual contiene el líquido cefalorraquídeo, y
el otro extremo en el abdomen o, con menos frecuencia, en el corazón u
en otras áreas.
La colocación de una derivación normalmente es un procedimiento
sencillo que toma menos de una hora. Al igual que con cualquier
operación, se pueden presentar complicaciones como sangrado o
infección. Algunas veces las derivaciones se "tapan" y necesitan
reemplazarse.
La estadía en el hospital después de los procedimientos de una
derivación es típicamente de uno a tres días dependiendo de la razón
por la que fue colocada y la condición general de salud del paciente.
Posibles riesgos y
efectos secundarios de la cirugía
La cirugía en el encéfalo o la médula espinal es una operación mayor, y
los cirujanos la realizan con mucho cuidado para tratar de limitar
cualquier problema ya sea durante o después de la cirugía. Las
complicaciones durante o después de la cirugía, tal como sangrado,
infecciones o reacciones a la anestesia son poco comunes, pero sí se
pueden presentar. Al remover los tumores encefálicos, una de las
mayores preocupaciones consiste en la posibilidad de perder más
adelante la función del encéfalo. Por esta razón, los médicos
tienen mucho cuidado de remover sólo tanto tejido como sea seguro.
La inflamación en el encéfalo es una preocupación mayor después de la
cirugía. Después de la cirugía, usualmente se administran medicamentos
llamados corticoesteroides por varios días para ayudar a disminuir este
riesgo.
Para más información sobre cirugía como un tratamiento para el cáncer,
remítase a nuestro documento "Cirugía".
Radioterapia
La radioterapia utiliza rayos o partículas de alta energía para
destruir las células cancerosas. La mayoría de los tumores encefálicos
que no se curan mediante cirugía son tratados con radiación de alta
energía para destruir las células cancerosas restantes.
Tipos de radioterapia
En la mayoría de los casos, la radiación se enfoca precisamente en el
tumor por una fuente externa al cuerpo. A esto se le llama radioterapia externa.
La radioterapia externa es muy similar a la radiografía, pero la dosis
de radiación es mucho más intensa. En la mayoría de los casos, la dosis
total de radiación se divide en fracciones diarias (usualmente
administradas de lunes a viernes) por varias semanas. En cada sesión,
usted se acostará en una camilla especial mientras una máquina emite la
radiación de un ángulo preciso. El tratamiento no es doloroso. Cada
sesión dura alrededor de 15 a 30 minutos. La mayor parte del tiempo se
pasa asegurándose de que la radiación se dirige correctamente. El
tiempo que toma el tratamiento en sí cada día es mucho más corto.
Debido a que las altas dosis de radioterapia pueden dañar el tejido
normal del encéfalo, el oncólogo de radiación (un médico especializado
en el tratamiento de tumores con radiación) trata de administrar altas
dosis de radiación al tumor con la dosis más baja posible a las áreas
normales que rodean al encéfalo. En los últimos años, se han
desarrollado varias técnicas nuevas para tratar de mejorar la radiación
externa convencional.
Radioterapia conformal
tridimesional (3D-CRT): la 3D-CRT utiliza los resultados
de estudios por imágenes, tal como el MRI y computadoras especiales
para delinear con exactitud la localización del tumor. Varios rayos son
configurados y dirigidos hacia el tumor desde varias direcciones. Cada
rayo solo es bastante débil, lo que hace menos probable que cause daño
a los tejidos normales. No obstante, los rayos llegan hasta
el tumor para administrar allí una dosis más alta de radiación.
Radioterapia de
intensidad modulada (IMRT): es un tipo avanzado de terapia
tridimensional, en la que se utiliza una máquina computarizada que se
mueve alrededor del paciente mientras emite radiación. Además de
configurar los rayos y dirigirlos al tumor desde varios ángulos, la
intensidad (fuerza) de los rayos puede ser ajustada para minimizar la
dosis que llega a los tejidos normales más sensibles. Esto puede
permitir al médico administrar una dosis más alta al tumor.
Radiación conformal de
rayos de protones: la radiación conformal de rayos de
protones, una técnica relacionada con la radiación conformal
tridimensional (3DCRT), utiliza un método similar, pero en lugar de
usar rayos X, esta técnica enfoca rayos de protones en el cáncer. Los
protones son partículas positivas de átomos. Contrario a los rayos X
que liberan energía tanto antes como después de alcanzar el blanco, los
protones causan poco daño a los tejidos a través de los cuales pasan, y
luego liberan su energía después de alcanzar cierta distancia. Esto
significa que la radiación con rayos de protones es capaz de hacer
llegar más radiación al tumor, y menos daño a los tejidos normales
adyacentes. Las máquinas que necesitan producir los protones son
costosas, y actualmente sólo hay unas cuantas de ellas en uso en los
Estados Unidos.
Radiocirugía
estereotáctica/radioterapia estereotáctica: éste es un
tipo de tratamiento de radiación que suministra una gran dosis precisa
de radiación al área del tumor en una sola sesión. (En realidad, este
tratamiento no conlleva "cirugía"). Este tratamiento podría ser útil
contra algunos tumores encefálicos y de la médula espinal que se
encuentran en lugares donde la cirugía dañaría los tejidos esenciales o
cuando la condición del paciente no permite la cirugía.
Primero, se fija un marco para la cabeza al cráneo para dirigir con
precisión los rayos de radiación. Una vez se conoce la localización
exacta del tumor mediante los estudios por CT o MRI, la radiación se
puede administrar en una de dos maneras.
En un método, los rayos se enfocan al tumor desde cientos de ángulos
distintos durante un periodo de tiempo breve. La máquina que se usa
para administra este tipo de radiación se conoce como bisturí
Gamma.
Un método similar utiliza un acelerador lineal móvil (una máquina que
crea radiación) que es controlado por una computadora. En lugar de
suministrar muchos rayos a la vez, esta máquina se mueve alrededor para
suministrar la radiación al tumor desde diferentes ángulos. Varias
máquinas hacen radiocirugía estereotáctica de esta manera, las cuales
se conocen como bisturí X, ciberbisturí y Clinac.
La radiocirugía estereotáctica típicamente utiliza una sola sesión para
administra toda la dosis de radiación, aunque puede que sea necesario
repetirla. Algunas veces, los médicos administran radiación en varios
tratamientos para suministrar la misma dosis o una ligeramente más
alta. A esto se le llama radiocirugía fraccionada o radioterapia
estereotáctica.
Braquiterapia
(radioterapia intersticial): contrario a los métodos de
radiación externa mencionados anteriormente, la braquiterapia inserta
material radiactivo directamente en o cerca del tumor. La radiación
emitida se desplaza a una distancia muy corta, por lo que sólo afecta
al tumor. Esta técnica, la cual se usa con más frecuencia junto con la
radiación externa, provee una dosis alta de radiación en el
lugar del tumor, mientras que la radiación externa trata las áreas
cercanas con una dosis menor.
Radiación a todo el encéfalo y la médula espinal (radiación
craneoespinal): si los estudios como el MRI o la punción
lumbar indican que el tumor se ha propagado a lo largo del
revestimiento de la médula espinal, las meninges y el líquido
circundante, entonces la radiación se puede administrar a todo el
encéfalo y la médula espinal. Algunos tumores, como los
ependimomas se propagan con más frecuencia de esta manera y debido a
esto, se requiere de radiación craneoespinal más a menudo.
Posibles efectos
secundarios de la radioterapia
La radiación es más dañina para las células tumorales que para las
células normales. Aun así, la radiación también daña el tejido normal
del encéfalo.
Algunas personas pueden sentirse irritables o cansadas durante el curso
de la radioterapia. También es posible que se presente náuseas, vómitos
y dolor de cabeza, aunque éstos son poco comunes. Algunas veces, la
dexametasona (Decadron), un medicamento similar a la cortisona, puede
ayudar a aliviar los síntomas.
Una persona puede perder cierta función encefálica si grandes áreas del
encéfalo reciben radiación. Entre los problemas que se pueden presentar
están la pérdida de memoria, cambios en personalidad y dificultad para
concentrarse. También se pueden presentar otros síntomas dependiendo
del área del encéfalo tratada y la cantidad de radiación administrada.
Estos riesgos tienen que ser balanceados con los riesgos de no usar
radiación y tener menos control del tumor.
En raras ocasiones, se forma una gran masa de tejido muerto (necrótico)
en el sitio donde hay un tumor irradiado.
Esto sucede al cabo de meses, e incluso años, después de administrada
la radiación, y se llama necrosis
de radiación.
Ocasionalmente, se requiere otra operación para eliminar el tejido
necrótico.
La radiación puede causar daño a los genes. Como resultado, la
radioterapia está asociada a un riesgo mínimo de padecer de un segundo
cáncer en el área de la radiación. Por ejemplo, un meningioma
de los revestimientos del encéfalo; o con menos probabilidad, un cáncer
de hueso en el cráneo, usualmente muchos años después de haber recibido
la radiación. Este pequeño riesgo no debe ser
impedimento para que las personas que necesiten radiación reciban
tratamiento.
Para más información sobre radiación, remítase a nuestro documento
"Radioterapia: una guía para los pacientes y su familiares".
Quimioterapia
La quimioterapia (también conocida como "quimio") utiliza medicamentos
contra el cáncer que usualmente se administran en una vena (IV) o por
la boca. Estos medicamentos entran al torrente sanguíneo y llegan a
todas las áreas del cuerpo. Sin embargo, muchos medicamentos
de quimioterapia no pueden penetrar el encéfalo para alcanzar las
células tumorales. Para algunos tumores encefálicos, los medicamentos
se pueden administrar directamente en el líquido cefalorraquídeo o en
el canal espinal debajo de la médula espinal.
La quimioterapia se emplea con más frecuencia junto con otros tipos de
tratamiento tal como cirugía, radioterapia, o ambas. En general, la
quimioterapia se emplea en caso de tumores de grados mayores. Algunos
tipos de tumores encefálicos, como el meduloblastoma y el linfoma,
tienden a responder bien a la quimioterapia.
Algunos de los medicamentos de quimioterapia que se pueden utilizar
para tratar tumores encefálicos incluye:
- Carboplatino.
- Carmustina (BCNU).
- Cisplatino.
- Etopósido.
- Irinotecán.
- Lomustina (CCNU).
- Metotrexato.
- Procarbazina.
- Temozolomida.
- Vincristina.
Estos medicamentos se pueden usar solos o en varias combinaciones,
dependiendo del tipo de tumor encefálico.
Tabletas de carmustina
(Gliadel®): estas tabletas
disolubles contienen el medicamento de quimioterapia carmustina (BCNU).
Durante una craneotomía, estas tabletas se pueden colocar directamente
en o cerca de las partes de tumores encefálicos que no se pueden
remover. A diferencia de la quimioterapia que se administra por vía
intravenosa u oral que llega a todas las áreas del cuerpo, este tipo de
terapia aumenta la concentración del medicamento en la localización del
tumor con efectos secundarios mínimos en otras partes del cuerpo.
Posibles efectos
secundarios de la quimioterapia
Los medicamentos de quimioterapia ejercen su acción atacando a las
células que se dividen rápidamente, manera en la cual a menudo combaten
las células cancerosas. Sin embargo, otras células en el cuerpo, tales
como aquellas en la médula ósea, el revestimiento de la boca y los
intestinos, así como los folículos pilosos, también se dividen
frecuentemente. También estas células son probablemente afectadas por
la quimioterapia, lo que ocasiona efectos secundarios.
Los efectos secundarios de la quimioterapia dependen del tipo de
medicamentos que se usen, la cantidad que se administre y la duración
del tratamiento. Los posibles efectos secundarios pueden incluir:
- Caída del cabello.
- Llagas en la boca.
- Pérdida de apetito.
- Náusea y vómito.
- Aumento en la probabilidad de infecciones (debido a bajos
niveles de glóbulos blancos).
- Tendencia a desarrollar moretones o presentar sangrados
fácilmente (a causa de bajos niveles de plaquetas).
- Cansancio (debido a bajos niveles de glóbulos rojos,
cambios en el metabolismo u otros factores).
Además de los riesgos anteriores, algunos medicamentos de quimioterapia
causan efectos secundarios específicos (aunque estos son relativamente
poco comunes). Por ejemplo, el cisplatino y el carboplatino también
pueden causar daño renal y pérdida de audición. Si a usted le
administran estos medicamentos, su médico revisará la función de sus
riñones y su audición regularmente. Algunos de estos efectos
secundarios pueden persistir después de completar el tratamiento.
Su médico y el equipo de profesionales que le brindan tratamiento le
observarán minuciosamente para identificar efectos secundarios que se
presenten. La mayoría de los efectos secundarios pueden ser tratados
eficazmente o incluso prevenidos por completo. Por ejemplo, se pueden
administrar medicamentos para ayudar a prevenir o reducir las náuseas y
los vómitos. No dude en hacer cualquier pregunta sobre los efectos
secundarios al equipo que atiende el cáncer.
Para más información sobre quimioterapia, remítase al documento
"Quimioterapia: una guía para los pacientes y su familiares".
Terapias dirigidas
A medida que los investigadores aprenden más sobre los cambios
genéticos en células que causan cáncer, ellos han podido desarrollar
medicamentos más recientes diseñados para combatir estos cambios de
manera específica. Estos medicamentos dirigidos funcionan de distinta
manera que los que se usan comúnmente en la quimioterapia. Generalmente
originan menos efectos secundarios y suelen ser menos severos. Aunque
ninguno ha sido aprobado por la FDA específicamente contra los tumores
encefálicos, algunos han mostrado ser promisorias en estudios clínicos
preliminares.
Bevacizumab (Avastin):
el bevacizumab es una versión artificial de una
proteína del sistema inmunitario llamada anticuerpo monoclonal. Este
anticuerpo ataca el factor de crecimiento del endotelio vascular
(VEGF), una proteína que ayuda a los tumores a desarrollar nuevos vasos
sanguíneos para obtener nutrientes (un proceso conocido como
angiogenesis). El bevacizumab se usa con más frecuencia junto con
medicamentos de quimioterapia.
El bevacizumab se administra como infusión intravenosa usualmente una
vez cada dos o tres semanas. Algunos estudios preliminares han
demostrado que puede mejorar la supervivencia cuando se agrega a la
quimioterapia para tumores encefálicos agresivos, pero también puede
agregar efectos secundarios. Los efectos secundarios más comunes
incluyen alta presión arterial, cansancio, sangrado, bajos recuentos de
glóbulos blancos, dolores de cabeza, llagas en la boca, pérdida de
apetito, y diarrea. Los posibles efectos secundarios graves que son
poco comunes incluyen coágulos sanguíneos, hemorragia interna,
problemas cardiacos y lenta cicatrización de heridas.
Otros
tratamientos con medicamentos
Algunos medicamentos que comúnmente se usan en personas con tumores
encefálicos no tratan directamente los tumores, pero pueden ayudar a
aliviar síntomas causados por el tumor o su tratamiento.
Corticosteroides:
a menudo, ciertos medicamentos similares a la cortisona, tales como la dexametasona (Decadron),
se administran para reducir la hinchazón que puede ocurrir alrededor de
los tumores encefálicos. Esto puede ayudar a aliviar los dolores de
cabeza y otros síntomas.
Anticonvulsivos
(medicinas para prevenir convulsiones o ataques epilépticos):
también se pueden recetar medicamentos para prevenir las convulsiones,
que frecuentemente se presentan en las personas con tumores
encefálicos. Muchos medicamentos contra las convulsiones están
disponibles y pueden ser usados dependiendo de las circunstancias del
paciente. Debido a que estos medicamentos pueden interferir con otros
fármacos, como quimioterapia, por lo general no se administran a menos
que el tumor cause convulsiones.
Estudios
clínicos
A partir del momento en que se le informa sobre su diagnóstico de
cáncer, puede que necesite tomar muchas decisiones. Una de las
decisiones más importantes es decidir cuál tratamiento es el más
adecuado para tratar su caso. Puede que se entere sobre estudios
clínicos que se estén llevando a cabo para su tipo de cáncer, o tal vez
alguien de su equipo de atención médica le mencionó alguno. Los
estudios clínicos son una forma de tener acceso a la atención más
novedosa contra el cáncer, aunque no todos serán adecuados para toda la
gente.
A continuación se presenta una breve descripción de lo que son los
estudios clínicos. Hablar con su equipo de atención médica, familiares
y amigos puede ayudarle a tomar la opción de tratamiento más adecuada
para usted.
¿Qué son los estudios
clínicos?
Los estudios clínicos son investigaciones cuidadosamente controladas
que se realizan con pacientes. Estos estudios determinan la seguridad o
eficacia de un tratamiento, o bien, puede que prueben nuevas formas de
diagnosticar o prevenir una enfermedad. Los estudios clínicos suelen
derivar en muchos avances en la prevención, diagnóstico y tratamiento
contra el cáncer.
Propósito de los estudios
clínicos
Los estudios clínicos se llevan a cabo en pacientes para hacer un
seguimiento más profundo sobre tratamientos o procedimientos nuevos que
parecen ser prometedores. Un estudio clínico sólo se realiza cuando
existe una buena razón para pensar que un tratamiento, examen o
procedimiento bajo estudio puede ser mejor que el empleado actualmente.
A menudo, los tratamientos bajo estudio ofrecen beneficios reales y
puede que en el futuro se conviertan en el tratamiento convencional.
Los estudios clínicos pueden concentrarse en muchos aspectos, entre
ellos:
- Nuevos usos de medicamentos que ya han sido aprobados por
la
Administración de Alimentos y Medicamentos (Food and Drug
Administration o FDA por sus siglas en inglés) de EE.UU.
- Nuevos medicamentos que aún no han sido aprobados por la
FDA.
- Tratamientos sin medicamento (como la radioterapia).
- Procedimientos médicos (como algún tipo de cirugía).
- Hierbas y vitaminas.
- Herramientas para mejorar las formas en que se usan los
medicamentos o
las pruebas de diagnóstico.
- Medicinas o procedimientos para aliviar los síntomas o
calidad de vida.
- Combinaciones de tratamientos y procedimientos.
Los investigadores realizan estudios sobre nuevos tratamientos para
tratar de responder a las siguientes preguntas:
- ¿Es útil el tratamiento?
- ¿Cuál es la mejor forma de administrar el tratamiento?
- ¿Funciona mejor que otros tratamientos que ya se encuentran
disponibles?
- ¿Qué efectos secundarios causa el tratamiento?
- ¿Surgen menos o más efectos secundarios que con el
tratamiento
convencional actual?
- ¿Superan los beneficios a los efectos secundarios?
- ¿En qué pacientes hay más probabilidades de que el
tratamiento sea útil?
Fases de los estudios
clínicos
Existen cuatro fases en los estudios clínicos, los cuales se clasifican
en las fases I, II, III y IV. A manera de ejemplo, se utilizará la
prueba de un nuevo medicamento como tratamiento contra el cáncer para
ilustrar cada una de las fases.
Estudios clínicos en fase
I: el propósito de un estudio en fase I es
determinar la mejor forma de administrar a los pacientes un tratamiento
nuevo de manera segura. El equipo de atención contra el cáncer observa
cuidadosamente a los pacientes en busca de efectos secundarios nocivos.
Para los pacientes en estudios en fase I, el medicamento ya ha sido
probado en estudios de laboratorio y con animales, pero no se sabe por
completo los efectos secundarios en humanos. Los doctores comienzan
administrando dosis muy reducidas del medicamento a los primeros
pacientes, y aumentan gradualmente la dosis en grupos subsiguientes de
pacientes, hasta que surjan los efectos secundarios, o bien, hasta que
se observe el efecto de alivio deseado. Los doctores esperan poder
ayudar a los pacientes, pero el propósito principal de un estudio en
fase I es probar la seguridad del medicamento.
Los estudios clínicos en fase I se realizan por lo general sobre
pequeños grupos de personas con diferentes tipos de cáncer que no
respondieron al tratamiento convencional, o cuyo cáncer les regresó
(recurrencia) tras el tratamiento. Si se determina que un medicamento
es relativamente seguro en la fase I, éste podrá ser probado en la fase
II del estudio clínico.
Estudios clínicos de fase
II: estos estudios están diseñados para ver
si el medicamento es eficaz. Se administra a los pacientes la mejor
dosis de acuerdo a como se haya determinado en la fase I del estudio.
Luego son observados cuidadosamente para ver el efecto que surta sobre
el cáncer. Los miembros del equipo de atención del cáncer también
estudiarán si hay efectos secundarios.
Los estudios en fase II a menudo se llevan a cabo en un grupo mayor de
pacientes con un tipo específico de cáncer que no respondió al
tratamiento convencional. Si se determina que un medicamento es eficaz
en la fase II, éste podrá ser probado en la fase III del estudio
clínico.
Estudios clínicos de fase
III: los estudios en esta fase involucran un
gran número de pacientes, generalmente aquéllos que recientemente han
sido diagnosticados con un tipo específico de cáncer. Puede que en
algunos estudios clínicos en fase III se admitan miles de pacientes.
Por lo general estos estudios son aleatorios, esto significa que los
pacientes son asignados a uno de dos (o más) grupos al azar. Un grupo
(el grupo de control) recibe el tratamiento convencional más aceptado.
Otro(s) grupo(s) recibe(n) el/los nuevo(s) tratamiento(s) bajo estudio.
A todos los pacientes que participan en un estudio en fase III se les
observa muy de cerca. El estudio se suspende antes de su finalización
si los efectos secundarios del nuevo tratamiento son muy graves, o si
alguno de los grupos presenta resultados mucho mejores que los demás.
Comúnmente, se requiere que los estudios clínicos estén en la fase III
antes de que la FDA apruebe un tratamiento para su uso por la comunidad
en general.
Estudios clínicos de fase
IV: una vez que un medicamento ha sido
aprobado por la FDA y esté disponible para todos los pacientes, aún se
sigue estudiando en otros estudios clínicos (a veces referidos como
estudios clínicos en fase IV). De esta forma, es posible obtener más
información sobre los efectos secundarios a corto y largo plazo, al
igual que su seguridad al usarse en un gran número de pacientes con
muchos tipos de enfermedades. Los doctores además pueden descubrir qué
tan bien funciona el medicamento, y si podría ser útil al usarse de
otras formas (como en combinación con otros medicamentos).
¿Cómo será la experiencia
de participar en un estudio clínico?
Si usted está participando en un estudio clínico, contará con un equipo
de expertos que vigilará su progreso muy cuidadosamente. Dependiendo de
la fase del estudio clínico, puede que reciba más atención (como tener
más consultas médicas y pruebas de laboratorio) de la que recibiría con
un tratamiento externo o que no formara parte de un estudio clínico.
Los estudios clínicos están diseñados especialmente para prestarle
atención detalladamente.
No obstante, existen algunos riesgos. Ninguna de las personas que
forman parte del estudio puede anticipar si el tratamiento funcionará o
exactamente qué efectos secundarios ocurrirán. Eso es lo que se
pretende descubrir con el estudio. Aunque muchos de los efectos
secundarios desaparecen con el tiempo, algunos pueden ser prolongados o
incluso poner en riesgo la vida. Sin embargo, tenga en cuenta que
incluso los tratamientos convencionales causan efectos secundarios.
Puede que decida inscribirse en un estudio clínico tras haber
considerado muchos factores.
La decisión de participar
en un estudio clínico
Si quisiera formar parte de un estudio clínico, deberá comenzar con
preguntar a su doctor si su clínica u hospital lleva a cabo estudios
clínicos. Existen requisitos que debe cumplir para formar parte de
cualquier estudio clínico, pero ya sea que decida inscribirse o no, la
decisión es completamente de usted.
Los doctores y enfermeras le explicarán detalladamente el estudio,
mencionando los posibles riesgos y beneficios, y le darán un formulario
para que lo lea y firme. En éste se declara que usted entiende el
estudio clínico y que desea participar en él. Este proceso se conoce
como consentimiento informado. Aun después de haber leído y firmado el
formulario, y después de que el tratamiento haya comenzado, usted tiene
total libertad de abandonar el estudio en cualquier momento y por
cualquier motivo. Participar en un estudio clínico no le impide recibir
cualquier otra atención médica que pudiera necesitar.
Para más información sobre los estudios clínicos, consulte al equipo de
profesionales que atiende su cáncer. A continuación se presentan
algunas preguntas que usted pudiera hacer:
- ¿Hay algún estudio clínico en el que pudiera participar?
- ¿Cuál es el propósito del estudio?
- ¿Qué tipo de pruebas y tratamientos implica el estudio?
- ¿Qué hace este tratamiento? ¿Ha sido usado anteriormente?
- ¿Sabré cuál tratamiento recibiré?
- ¿Qué es probable que pase en mi caso con o sin este nuevo
tratamiento bajo investigación?
- ¿Qué otras alternativas tengo y cuáles son sus ventajas y
desventajas?
- ¿Cómo pudiera el estudio afectar mi vida diaria?
- ¿Qué efectos secundarios puedo esperar del estudio? ¿Pueden
controlarse los efectos secundarios?
- ¿Seré hospitalizado (a)? De ser ese el caso, ¿con qué
frecuencia y por cuánto tiempo?
- ¿Me costará algo el estudio? ¿Será gratis el tratamiento o
alguna parte del mismo?
- Si resultara perjudicado(a) como consecuencia de la
investigación, ¿a qué tratamiento tendría derecho?
- ¿Qué tipo de cuidado de seguimiento a largo plazo incluye
el estudio?
- ¿Se ha utilizado el tratamiento contra otros tipos de
cáncer?
¿Cómo puedo saber más
sobre estudios clínicos que puedan ser adecuados para mí?
La Sociedad Americana del Cáncer ofrece servicios para los pacientes,
al igual que para sus familiares y amigos en los que se relacionan a
los pacientes con los estudios clínicos. Usted puede acceder a este
servicio llamando al 1-800-227-2345 o consultando el sitio en Internet
http://clinicaltrials.cancer.org.
Dependiendo de la información que proporcione sobre su tipo de cáncer y
la etapa del mismo, así como de tratamientos que haya recibido
previamente, este servicio podrá consolidar una lista de estudios
clínicos que correspondan con sus necesidades médicas. Este servicio
también le preguntará dónde vive y si tendría disposición de viajar o
de trasladarse al centro de tratamiento al que podría acudir.
También puede obtener una lista de los estudios clínicos actuales
llamando sin costo a la línea de servicio de información sobre cáncer
del Instituto Nacional del Cáncer al 1-800-4-CANCER (1-800-422-6237) o
visitando el sitio en Internet del NCI sobre estudios clínicos:
www.cancer.gov/clinicaltrials.
Si desea aún más información sobre los estudios clínicos, la Sociedad
Americana del Cáncer tiene un documento llamado Estudios
clínicos: lo que necesita saber, el cual puede consultar en
nuestro sitio www.cancer.org o solicitar una copia impresa llamando al
1-800-227-2345.
Terapias
complementarias y alternativas
Cuando padece cáncer, es posible que escuche maneras de tratar esta
enfermedad o de aliviar los síntomas que sean diferentes al tratamiento
médico convencional (estándar). Estos tratamientos pueden incluir
vitaminas, hierbas y dietas especiales, o métodos como acupuntura y
masaje, entre muchos otros. Es probable que usted tenga muchas
preguntas acerca de estos tratamientos. A continuación se presentan
algunas de las preguntas que usted pudiera tener:
- ¿Cómo sé si un tratamiento no convencional es seguro?
- ¿Cómo sé si es eficaz?
- ¿Debo tratar uno o más de estos tratamientos?
- ¿Qué sabe o piensa mi médico sobre estos métodos? ¿Debo
indicarle al médico que estoy considerando tratarlos?
- ¿Causarán algún problema estos tratamientos con mi
tratamiento médico convencional?
- ¿Cuál es la diferencia entre los métodos "complementarios"
y los métodos "alternativos"?
- ¿Dónde puedo obtener más información sobre estos
tratamientos?
Los términos pueden ser
confusos
No todas las personas utilizan estos términos de la misma manera, por
lo que esto puede ser confuso. La Sociedad Americana del Cáncer utiliza
el término complementario
para referirse a medicinas o métodos que se usan junto con la
atención médica regular. La medicina alternativa se usa en lugar del
tratamiento médico convencional.
Métodos complementarios:
estos tratamientos, en su mayoría, no se presentan como curas para el
cáncer. Con más frecuencia, se usan para ayudarle a sentirse mejor.
Algunos métodos que pueden ser usados en una manera complementaria son
la meditación que reduce el estrés, la acupuntura para aliviar el dolor
o el té de menta para aliviar la náusea, Existen muchos otros. Se sabe
que algunos de estos métodos son útiles, mientras otros no han sido
probados. Se ha demostrado que algunos no son útiles y se ha
descubierto que unos pocos son perjudiciales. Sin embargo, algunos de
estos médicos pueden contribuir a su bienestar y comodidad.
Existen muchos métodos complementarios que usted puede utilizar con
seguridad junto con su tratamiento médico para ayudar a aliviar los
síntomas o efectos secundarios, mitigar el dolor y disfrutar más de la
vida. Por ejemplo, algunas personas encuentran útil métodos como la
aromaterapia, la terapia de masajes, la meditación, o el yoga.
Tratamientos alternativos:
estos tratamientos alternativos son los que se usan en lugar del
cuidado médico habitual. La seguridad y la eficacia de estos
tratamientos no han sido probadas en estudios clínicos. Algunos de
estos métodos pueden incluso ser peligrosos y algunas hasta pueden
causar efectos secundarios que atentan contra su vida. En la mayoría de
los casos, el mayor peligro es que usted puede perder la oportunidad de
beneficiarse del tratamiento convencional. Las interrupciones y
retrasos en su tratamiento médico convencional pueden dar al cáncer más
tiempo y oportunidad de que crezca.
Decidir sobre qué hacer
Es fácil darse cuenta por qué las personas con cáncer consideran los
métodos alternativos. Quieren hacer todo lo posible por combatir el
cáncer. Algunas veces los tratamientos convencionales, como la
quimioterapia, pueden ser difíciles de tolerar, o puede que ya no
funcionen.
Algunas personas implican que su método puede curar el cáncer sin
presentar graves efectos secundarios, y resulta normal querer creer
esto. Sin embargo, la verdad es que la mayoría de los métodos
convencionales de tratamiento no han sido investigados y probados para
que sean eficaces en el tratamiento contra el cáncer.
Usted puede tomar los siguientes tres pasos importantes a medida que
considera sus opciones:
- Hable con su médico o enfermera sobre cualquier método que
esté considerando usar.
- Coteje la lista de "señales de advertencia" que se
presentan más adelante.
- Comuníquese con la Sociedad Americana del Cáncer al
1-800-227-2345 para aprender más sobre los métodos complementarios y
alternativos en general y conocer más sobre los métodos específicos que
usted está considerando.
Señales de advertencia
Usted puede utilizar las preguntas que se presentan a continuación para
identificar tratamientos o métodos que debe evitar. Un "sí" como
respuesta a cualquiera de estas preguntas debe representar una señal de
advertencia.
- ¿Promete el tratamiento una cura para todos o para la
mayoría de los tipos de cáncer?
- ¿Se le ha dicho que no utilice el tratamiento médico
convencional?
- ¿Es el tratamiento o medicamento un "secreto" que sólo
ciertas personas pueden revelar?
- ¿Requiere el tratamiento que usted viaje a otro país?
- ¿Atacan los promotores del tratamiento a la comunidad
médica y científica?
La decisión es suya
Las decisiones sobre cómo tratar o manejar su cáncer siempre son suyas.
Si usted está considerando usar un método complementario o alternativo,
asegúrese de informarse sobre el método y consulte con su médico al
respecto. Al contar con información fidedigna y el apoyo del equipo de
profesionales que atiende su salud, usted podría utilizar con seguridad
los métodos que le pueden ayudar mientras evita aquellos que podrían
ser perjudiciales.
Tratamiento
de tipos específicos de tumores del encéfalo y tumores de la médula
espinal
Las opciones de tratamiento para los tumores encefálicos y de la médula
espinal dependen de varios factores, incluyendo el tipo de tumor y cuán
lejos ha crecido o se ha propagado.
Astrocitomas no
infiltrantes
Estos tumores incluyen los astrocitomas pilocíticos juveniles, que se
presentan más comúnmente en el cerebelo de las personas jóvenes, y los
astrocitomas subependimales de células gigantes, que casi siempre están
asociados con la esclerosis tuberosa. Muchos médicos consideran estos
tumores como benignos.
En la mayoría de los casos, estos astrocitomas se curan mediante
cirugía solamente. Sin embargo, los pacientes de mayor edad tienen
menos probabilidad de ser curados. Puede administrarse radioterapia,
particularmente si no se extirpa por completo el tumor, aunque muchos
médicos esperarán hasta que haya signos de que el tumor ha crecido
nuevamente antes de considerar esta terapia. Aun así, la primera opción
puede ser repetir la cirugía. El pronóstico no es tan favorable si el
astrocitoma ocurre en un lugar donde no se puede extirpar
quirúrgicamente, como en el hipotálamo o el tronco encefálico.
Astrocitomas de bajo
grado (astrocitomas infiltrantes o difusos)
El tratamiento principal para estos tumores es cirugía siempre que sea
posible. Resulta difícil curar estos tumores mediante cirugía ya que a
menudo crecen (infiltran) hacia el tejido encefálico normal que está
adyacente. Por lo general, el cirujano tratará de remover tanto cáncer
como sea posible y seguro. Si el cirujano puede remover el tumor por
completo, esto puede ser curativo.
Después de la cirugía, se puede administrar radioterapia, especialmente
si quedan grandes cantidades del tumor. En pacientes jóvenes, este
tratamiento se puede posponer hasta que el tumor muestre signos de
estar creciendo nuevamente. En algunos casos, se puede tratar una
segunda cirugía antes de administrar radiación. Algunos médicos también
pueden considerar quimioterapia después de la cirugía.
También se puede usar radiación o quimioterapia como tratamiento
primario si la cirugía no es una buena opción debido a la localización
del tumor.
Astrocitomas de grado
intermedio y alto (astrocitomas anaplásicos,
glioblastoma multiforme)
Aunque a menudo el primer tratamiento es cirugía cuando se puede hacer,
estos tumores no son curables mediante cirugía. Se remueve la mayor
cantidad de tumor posible y seguro. En este momento, las
tabletas ("wafers")
de quimioterapia se pueden colocar en o cerca de cualquier tumor
remanente. También se administra radioterapia, ya sea junto con o
seguida de quimioterapia.
La temozolimida es el medicamento que se usa con más frecuencia para
tratar estos tumores. A menudo se administra junto con radioterapia, ya
que ésta parece mejorar la eficacia de este medicamento. Entonces se
continúa hasta que se complete el tratamiento con radiación. La
temozolimida es un medicamento que la mayoría de los médicos usa
primero debido a que es una tableta que es conveniente para ser
administrada y muestra buenos resultados al prologar la vida.
El cisplatino, la carmustina (BCNU) y la lamustina (CCNU) son otros
medicamentos que se usan comúnmente. Además, se pueden usar
combinaciones de medicamentos, tal como régimen PCV (procarbazina,
CCNU, y vincristina). Todos estos tratamientos han tenido
algo de éxito, pero ninguno es curativo.
Por lo general es la mejor opción para los tumores que no se pueden
tratar con cirugía, radioterapia (con o sin quimioterapia).
En general, estos tumores son muy difíciles de tratar eficazmente por
periodos de tiempo prolongados. Debido a que estos tumores son tan
difíciles de curar con los tratamientos actuales, los estudios clínicos
de nuevos tratamientos promisorios podrían ser una buena opción.
Oligodendrogliomas y
oligodendrogliomas anaplásicos
De ser posible, la cirugía es la primera opción para los
oligodendrogliomas. Aunque no son usualmente curables mediante cirugía,
este tratamiento puede aliviar los síntomas y prolongar la
supervivencia del paciente. Muchos oligodendrogliomas crecen
lentamente, especialmente en personas más jóvenes, y es posible que no
sea necesario administrar inmediatamente tratamiento adicional. En
muchos casos, se puede repetir la cirugía si vuelve a crecer en el
mismo lugar. La radioterapia, la quimioterapia, o ambas (con más
frecuencia con temozolimida o el régimen PCV) también pueden ser
opciones después de la cirugía, particularmente en casos de
oligodendroglioma anaplásico.
Es posible que estos tumores respondan mejor a la quimioterapia en
comparación con los tumores encefálicos si ciertos cambios cromosómicos
están presentes en las células tumorales. Usted puede preguntarle a su
médico sobre las pruebas para estos cambios.
Para los tumores en los que la cirugía no es una opción, la
quimioterapia con o sin radioterapia puede ser útil.
Sin embargo, los oligodendrogliomas anaplásicos tienden a ser más
agresivos. Son tratados de la misma manera que los astrocitomas
anaplásicos (vea información anterior).
Ependimomas y ependimomas
anaplásicos
Por lo general, estos tumores no penetran el tejido encefálico normal.
En algunos casos, pueden ser curados mediante cirugía sola si se puede
extirpar totalmente el tumor. Sin embargo, a menudo esto no es posible.
No obstante, en los casos donde estos tumores no se puedan curar con
cirugía, la radioterapia se administra después de la cirugía. Si los
estudios por imágenes o la punción lumbar muestran que el cáncer pudo
haber alcanzado la médula espinal, se puede extender la radiación para
incluir la médula espinal.
El uso de quimioterapia después de la cirugía aún se investiga en
estudios clínicos. Puede que se recomiende, aunque su beneficio sigue
siendo incierto, y puede ser más útil si el tumor es un ependimoma
anaplásico.
Meningiomas
Estos tumores pueden usualmente ser curados si se extirpan
quirúrgicamente por completo. Algunos tumores, en particular los que
están situados en la base del encéfalo, no pueden extirparse
totalmente, y un pequeño número de éstos son malignos y reaparecen a
pesar de que aparentemente hayan sido extirpados por completo. La
radioterapia se puede emplear junto con, o en lugar de, cirugía para
tumores que no se pueden extirpar totalmente. También se puede usar
para tratar meningiomas que crecen nuevamente y que recurren después de
la cirugía. Se puede tratar quimioterapia o medicamentos
hormonales si la cirugía y la radiación no son eficaces, aunque no está
claro si estos tratamientos ofrecen algún beneficio.
Debido a la lentitud de su crecimiento, los meningiomas pequeños o
asintomáticos, por lo general pueden ser observados, en lugar de
tratados, particularmente en los ancianos.
Schwannomas (incluyendo
neuromas acústicos)
Estos tumores de crecimiento lento suelen ser benignos y pueden curarse
mediante extirpación quirúrgica. En algunos centros, los neuromas
acústicos de pequeño tamaño se tratan mediante radiocirugía
estereotáctica (remítase a la sección sobre radioterapia). En los casos
de schwannomas donde la extirpación completa es probable que cause
problemas, los tumores pueden ser operados primero para reducir el
tamaño de éstos y luego tratar el resto con radiocirugía. En el caso de
los schwannomas malignos poco comunes, a menudo se administra
radioterapia después de la cirugía.
Tumores de la médula
espinal
Estos tumores se tratan de manera similar a los tumores del encéfalo.
Por lo general, los astrocitomas de la médula espinal no se pueden
extirpar completamente. Pueden ser tratados con cirugía para extirpar
tanto tumor como sea posible, seguida por radioterapia, o con
radioterapia sola. Los meningiomas del canal espinal a menudo se curan
mediante extirpación quirúrgica, al igual que algunos ependimomas. A
menudo se administra radioterapia, si no se extirpa por completo un
ependimoma.
Linfomas
El tratamiento para los linfomas del sistema nervioso central se
discute en nuestro documento "Linfoma no Hodgkin".
Tumores encefálicos que
curren con más frecuencia en niños
Algunos tumores encefálicos se presentan con mayor frecuencia en niños,
pero ocasionalmente aparecen en adultos. Estos tumores incluyen los
gliomas del tronco encefálico, los tumores de células germinativas, los
craneofaringiomas, los tumores del plexo coroideo, los meduloblastomas
y los tumores neuroectodermales primitivos, entre otros. El tratamiento
de estos tumores cancerosos se describe en el documento disponible en
inglés "Brain and
Spinal Cord Tumors in Children".
Tasas de supervivencia para ciertos
tumores del encéfalo y de la médula
espinal
Los números que se presentan a continuación provienen del Central Brain
Tumor Registry of the United States (CBTRUS) y se basan en
personas que
fueron tratadas entre 1973 y 2002. Existen algunos
puntos importantes a señalar sobre estos números:
- La tasa de
supervivencia a
cinco años se refiere al porcentaje de los pacientes que
viven por los
menos cinco años después del diagnóstico. Muchos de estos
pacientes
viven mucho más de cinco años después de su diagnóstico. Las tasas de
supervivencia relativa
a cinco años (como los números que se presentan
más adelante) no incluyen pacientes que mueren de otras causas. Se
consideran una manera más precisa de describir el pronóstico para las
personas con un tipo particular de cáncer.
- Las tasas de supervivencia
para los tumores encefálicos y de la médula espinal varían ampliamente
según la edad del paciente. Las personas más jóvenes por lo
general tienen mejores pronósticos que las personas de edad más
avanzada (como se puede observar en los números que se presentan a
continuación). Por lo general, las tasas de supervivencia para las
personas de 65 años o más son menores que las tasas de las personas con
las edades que se presentan a continuación.
- Aunque estos números están
dentro de los más actuales que tenemos disponibles, ellos representan a
personas que hace muchos años fueron diagnosticadas y tratadas por
primera vez. Los avances en el tratamiento desde entonces se traducen
en tasas de supervivencia más altas para las personas que hoy día son
diagnosticadas con estos cánceres.
- Estos números corresponden
a algunos de los tipos más comunes de tumores malignos del encéfalo y
de la médula espinal. No existen números disponibles para todos los
tipos de tumores, frecuentemente debido a que ellos son poco comunes o
difíciles de clasificar.
- Las estadísticas de
supervivencia algunas veces pueden ser útiles como una guía general,
pero puede que éstas no representen de una forma precisa el pronóstico
de una persona. Un número de otros factores, incluyendo el tamaño y la
localización del tumor y la cantidad que se puede extirpar mediante
cirugía, también puede afectar el pronóstico. Probablemente su médico
sea una buena fuente de información para saber cómo estos números
pueden aplicar en su caso, ya que él o ella está familiarizado con los
aspectos de su situación particular.
| Tipo de tumor |
Tasa de supervivencia
relativa a cinco años |
| 20-44
años |
45-54
años |
55-64
años |
| Astrocitoma de bajo grado (difuso) |
57% |
37% |
10% |
| Astrocitoma anaplásico |
48% |
26% |
5% |
| Glioblastoma multiforme |
13% |
3% |
1% |
| Oligodendroglioma |
81% |
66% |
45% |
| Oligodendroglioma anaplásico |
56% |
46% |
23% |
| Ependimoma/ependimoma anaplásico |
85% |
76% |
69% |
Información adicional sobre tratamiento
Para más detalles sobre las opciones de tratamiento, incluyendo algunas
que no pudieran estar disponibles en este documento, la National
Comprehensive Cancer Network (NCCN) y el Instituto
Nacional del Cáncer
(NCI) son buenas fuentes de información.
La NCCN, compuesta por expertos de los 19 centros de cáncer principales
en el país, redactó las guías de tratamiento del cáncer para los
médicos con el fin de ser usadas para tratar a los pacientes. Estas
guías están disponibles en la página Web de la NCCN (www.nccn.org).
La Sociedad Americana del Cáncer (ACS) colabora con la NCCN para
producir una versión de algunas de estas guías de tratamiento, escritas
específicamente para los pacientes y sus familias. Estas versiones
menos técnicas estás disponibles en la página Web de la NCCN
(www.nccn.org) y en la de la ACS (www.cancer.org). Puede solicitarse
también una versión impresa través de la Sociedad comunicándose al
1-800-227-2345.
El Instituto Nacional del Cáncer (NCI) provee guías de tratamiento a
través de su centro de información (1-800-4-CANCER) y su página Web
(www.cancer.gov). Además, ofrece guías detalladas para su uso por los
profesionales en la atención contra el cáncer, las cuales también están
disponibles en www.cancer.gov.
¿Qué debe
preguntarle a su médico acerca de los tumores del enéfalo y de la
médula espinal?
Es importante que tenga una conversación sincera y abierta con su
equipo de atención del cáncer. Ellos quieren responder todas sus
preguntas, sin importar lo insignificantes que éstas le parezcan. Éstas
son algunas de las preguntas que debe considerar:
- ¿Qué tipo de tumor tengo? ¿Es benigno o maligno?
- ¿En qué parte del encéfalo o de la médula espinal está
ubicado el cáncer y hasta dónde se ha propagado?
- ¿Qué pruebas se necesitan hacer antes de poder decidir el
tratamiento?
- ¿Qué tratamientos pudiesen ser adecuados para mí? ¿Qué
recomienda? ¿Por qué?
- ¿Cuál es el objetivo del tratamiento (cura, prolongación de
vida, alivio de síntomas, etc.)?
- ¿Aliviará el tratamiento cualquiera de los síntomas que
tengo?
- ¿Cuáles son los posibles riesgos o efectos secundarios del
tratamiento? ¿Qué discapacidad pudiera enfrentar?
- ¿Cuánto tiempo durará el tratamiento?, ¿Qué conllevará?
¿Dónde se administrará?
- ¿Cuáles son las probabilidades de que mi cáncer recurra
(regrese) con el tratamiento que hemos discutido? ¿Qué haríamos si eso
sucediera?
- ¿Qué debo hacer para estar listo para el tratamiento?
- ¿Cuál es la expectativa de supervivencia esperada según
cómo se ve mi cáncer?
- ¿Qué tipo de atención médica de seguimiento necesitaré
después del tratamiento?
Además de estas preguntas modelo, asegúrese de escribir las preguntas
que se le ocurran y que quiera hacer. Por ejemplo, es posible que desee
información sobre los tiempos de recuperación para que pueda planear su
programa de trabajo y actividades. Por otra parte, usted tal vez quiera
preguntar sobre las segundas opiniones acerca del diagnóstico y el
tratamiento, así como de los estudios clínicos para los que pueda
resultar elegible.
¿Qué sucede
después del tratamiento de los tumores del encéfalo y de los tumores de
la médula espinal?
Completar el tratamiento puede causar tanto estrés como entusiasmo.
Usted sentirá alivio de haber completado el tratamiento, aunque aún
resulte difícil no sentir preocupación sobre el regreso del cáncer, lo
que se conoce como recurrencia. Ésta es una preocupación muy común
entre las personas que han tenido cáncer.
Es posible que pase un tiempo antes de que la confianza en su propia
recuperación comience a sentirse real y que sus miedos sean un tanto
aliviados. Para más información sobre este tema, y para aprender cómo
lidiar con la posibilidad de que el cáncer regrese, llame al
1-800-227-2345 y solicite el documento "Living With Uncertainty: The
Fear of Cancer Recurrence" (disponible en inglés) de la
Sociedad Americana del Cáncer.
Atención de seguimiento (cuidados
posteriores)
Después de completar el tratamiento es muy importante acudir a todas
las citas de seguimiento. Durante estas visitas, sus médicos
preguntarán si tiene síntomas, harán exámenes físicos y pueden ordenar
pruebas de laboratorio o estudios por imágenes, tal como MRI para saber
si el cáncer ha regresado.
En algunos casos, incluso con tumores de crecimiento lento, algunos de
los tumores pueden estar presentes después del tratamiento. Aun con los
tumores que son tratados exitosamente, resulta importante recordar que
algunos pueden regresar incluso muchos años más tarde.
Independientemente de si existe o no evidencia de la presencia del
tumor, el equipo que atiende su cáncer querrá darle seguimiento
cuidadoso, especialmente los primeros meses y años después del
tratamiento, para asegurarse de que la enfermedad no progrese o
recurra. Dependiendo del tipo y la localización del tumor, así como la
extensión del tratamiento, el equipo decidirá qué pruebas se deben
hacer y con cuánta frecuencia.
Durante este tiempo, resulta importante informar inmediatamente al
médico cualquier síntoma nuevo para que la causa pueda ser determinada
y tratada, de ser necesario. Su médico puede darle una idea sobre los
síntomas a los que debe prestar atención. En caso de que sea necesario
administrar tratamiento adicional en algún momento, el médico explicará
las opciones potenciales de tratamiento para usted.
Recuperación de los efectos del tumor y
su tratamiento
Los posibles efectos del tumor y su tratamiento en la función física y
mental pueden variar de muy leve a bastante grave.
Una vez se haya recuperado del tratamiento, los médicos tratarán de
determinar la extensión de cualquier daño al encéfalo o a otras áreas.
Se pueden hacer exámenes físicos y estudios por imágenes (CT o MRI)
después del tratamiento para determinar la extensión y la localización
de cualquier cambio que haya ocurrido en el encéfalo.
Varios tipos de médicos y otros profesionales de la salud pueden
participar de la evaluación de cualquier daño y pueden ayudarle con la
recuperación.
Un neurólogo (un médico especializado en tratar el sistema nervioso)
puede evaluar la función en áreas como la coordinación físico y la
fortaleza de los músculos. Si existe debilidad o parálisis muscular,
usted visitará a un terapeuta físico y/u ocupacional, y quizás un
fisiatra (un médico especializado en rehabilitación) mientras esté en
el hospital y/o en un centro ambulatorio para recibir terapia física.
Si el centro del habla en el encéfalo se ha visto afectado, un
terapeuta del habla le ayudará a mejor sus destrezas de comunicación.
Mantenga un seguro médico y
guarde copias de sus informes médicos
En algún momento después del diagnóstico y tratamiento del cáncer, es
posible que usted tenga que consultar a un doctor nuevo. Esto puede
deberse a que su doctor que le atendió por primera vez se retiró o se
cambió a otro lugar, o usted pudo haber cambiado de residencia o de
doctor por alguna razón. Es importante que usted le proporcione a su
nuevo doctor los detalles exactos de su diagnóstico y tratamiento.
Asegúrese de que usted tenga disponible lo siguiente:
- Una copia del informe de patología de cualquier biopsia o
cirugía.
- Si ha tenido cirugía, una copia del informe operatorio.
- Copias de los resúmenes de alta que los médicos
preparan cuando envían al paciente del hospital a su casa.
- Una lista de los medicamentos, las dosis de cada
medicamento y cuándo se les administraron, en caso de haber recibido
quimioterapia para el tratamiento del cáncer.
- Si recibió radiación, un resumen del tipo y dosis de
radiación, así como el momento y el lugar en donde se administró.
También es importante mantener un seguro médico. Aunque nadie quiere
pensar que su cáncer puede regresar, esto siempre es una posibilidad.
Si ocurre, lo que menos necesita es preocuparse sobre el pago del
tratamiento. En caso de que su cáncer regrese, el documento When Your Cancer Comes Back:
Cancer Recurrence de la Sociedad Americana del Cáncer
(disponible sólo en inglés) le ofrece información sobre cómo
sobrellevar esta fase de su tratamiento. Puede obtener este documento
llamando al 1-800-227-2345.
Cambios en el estilo de vida que debe
considerar durante y después del
tratamiento
El cáncer y el tratamiento pueden consumir tiempo y causar agotamiento
emocional. No obstante, también puede ser el momento para nuevos
cambios en su vida. Quizás usted está considerando mejorar su estado
general de salud a largo plazo. Algunas personas incluso comienzan este
proceso durante el tratamiento del cáncer.
Tome decisiones saludables
Reflexione acerca de cómo era su vida antes de que usted supiera que
tenía cáncer. ¿Había cosas que usted hacía que no eran tan saludables?
Quizás usted tomaba mucho alcohol, o comía más de lo que necesitaba, o
fumaba, o no hacía ejercicio a menudo. Emocionalmente, quizás usted no
expresaba sus sentimientos, o quizás dejaba que las situaciones
estresantes le afectaran por mucho tiempo.
Ahora no es el momento de sentirse culpable. Sin embargo, usted puede
comenzar a hacer cambios hoy que pueden tener efectos positivos para el
resto de su vida. No sólo se sentirá mejor, pero también estará más
saludable. Qué mejor momento que ahora para aprovechar la motivación
que tiene como resultado de haber pasado por una experiencia que le ha
cambiado la vida como es el tener cáncer.
Usted puede comenzar trabajando en los asuntos que más le preocupan.
Obtenga ayuda en aquéllos que resulten más difíciles para usted. Por
ejemplo, si está considerando dejar de fumar y necesita ayuda, llame a
la línea gratuita de la Sociedad Americana del Cáncer para dejar de
fumar al 1-800-227-2345.
Dieta y nutrición
Alimentarse bien puede ser un reto para cualquier persona, aunque puede
ser aún más difícil durante y después del tratamiento del cáncer. Por
ejemplo, el tratamiento a menudo puede cambiar su sentido del gusto. La
náusea puede ser un problema. Es posible que usted pierda su apetito
por un tiempo y también pierda peso sin desearlo. Por otro lado,
algunas personas aumentan de peso incluso cuando no comen más, lo que
también puede ser frustrante.
Si usted está perdiendo peso o tiene problemas con el sabor de los
alimentos que su sentido del gusto percibe durante el tratamiento, haga
lo mejor que pueda en relación con su alimentación y recuerde que estos
problemas usualmente se van solucionando con el transcurso del tiempo.
Usted puede pedirle al equipo de atención del cáncer que le refiera un
nutricionista, un experto en nutrición que le puede sugerir ideas sobre
cómo combatir algunos de los efectos secundarios de su tratamiento.
Además, usted puede encontrar útil comer porciones pequeñas cada dos a
tres horas hasta que se sienta mejor y pueda regresar a un plan más
normal.
Una de las mejores cosas que puede hacer después del tratamiento
consiste en adoptar hábitos sanos de la alimentación. Usted se
sorprenderá de los beneficios a largo plazo de algunos cambios simples,
como aumentar la variedad de alimentos saludables que consume. Trate de
comer cinco o más porciones de frutas y verduras cada día. Consuma
alimentos de grano integral en vez de azúcares y harinas. Trate de
limitar el consumo de carnes altas en grasa. Disminuya el consumo de
carnes procesadas, como perros calientes (hot dogs), mortadela y
tocino. Si puede, trate de evitar estos alimentos por completo. Además,
si toma alcohol, limítelo a máximo una o dos bebidas por día. No olvide
hacer algún tipo de ejercicio de forma rutinaria. La combinación entre
una buena dieta y el ejercicio de rutina le ayudará a mantener un peso
saludable y hacerle sentir más energético.
Descanso, cansancio,
trabajo y ejercicio
El cansancio es un síntoma muy común en las personas que están
recibiendo tratamiento contra el cáncer. Éste a menudo no es un tipo de
cansancio ordinario, sino un agotamiento que no se alivia con el
descanso. Para algunas personas, este cansancio dura mucho tiempo
después del tratamiento, y puede provocar que no sientan deseos de
estar activas físicamente.
Sin embargo, el ejercicio puede en realidad ayudar a reducir el
cansancio. Los estudios han mostrado que los pacientes que siguen un
programa de ejercicio adaptado a sus necesidades personales se sienten
mejor física y emocionalmente, y pueden lidiar mejor con la situación.
Si usted está enfermo y necesita permanecer en cama durante el
tratamiento, es normal esperar que la fuerza de sus músculos, su estado
físico y su resistencia se deterioren un poco. La terapia física puede
ayudarle a mantenerse fuerte y mantener el movimiento normal de sus
músculos, lo que puede ayudar a combatir el cansancio y la depresión
que algunas veces surge con la sensación de estar tan cansado.
Cualquier programa de actividad física debe ajustarse a su situación
personal. Una persona de edad avanzada que nunca se ha ejercitado no
podrá hacer la misma cantidad de ejercicio que una de 20 años que juega
tenis tres veces a la semana. Si hace varios años que no se ejercita,
pero puede mantenerse activo, usted puede considerar caminar distancias
cortas.
Hable con su equipo de atención médica antes de comenzar los
ejercicios, y consulte su opinión sobre los planes de ejercicio. Luego,
trate de conseguir a alguien que le acompañe a hacer los ejercicios
para que no los haga solo. Cuando los familiares o los amigos se
integran en un programa de ejercicios nuevo, usted obtiene el refuerzo
adicional de apoyo que necesita para mantenerse activo cuando el
entusiasmo simplemente no exista.
Sin embargo, si usted está muy cansado, necesitará balancear la
actividad con el descanso. Es aceptable que descanse cuando se sienta
cansado. Resulta realmente difícil para algunas personas permitirse
hacer esto cuando ellas estaban acostumbradas a trabajar todo el día o
a asumir las responsabilidades del hogar
El ejercicio puede mejorar su salud física y emocional:
- Mejora su condición cardiovascular (corazón y circulación).
- Fortalece sus músculos.
- Reduce el cansancio.
- Reduce la ansiedad y la depresión.
- En general, le hace sentir más feliz.
- Le hace sentir mejor sobre usted mismo.
Además, nosotros sabemos que el ejercicio desempeña un papel en la
prevención de algunos cánceres. La Sociedad Americana del Cáncer
recomienda en sus guías sobre la actividad física para la prevención
del cáncer que los adultos participen en por lo menos una actividad
física por 30 minutos o más durante cinco o más días a la semana. A los
niños y a los adolescentes se les exhorta participar en actividades
energéticas durante 60 minutos al menos cinco días de la semana.
Su salud emocional
Una vez que finalice su tratamiento, es posible que usted se sienta
abrumado por las emociones. Esto les ocurre a muchas personas. Es
posible que usted haya pasado por mucho durante el tratamiento a tal
punto que sólo se pueda enfocar en finalizar con todo su tratamiento.
Ahora usted se encuentra pensando sobre la posibilidad de su propia
muerte, o sobre el efecto de su cáncer en su familia y amigos, al igual
que en su empleo. También es posible que comience a reevaluar la
relación con su cónyuge o pareja. Otros asuntos inesperados también
pueden causar preocupación. Por ejemplo, a medida que usted está más
saludable y acude menos al doctor, consultará con menos frecuencia a su
equipo de atención médica. Esto puede causar ansiedad en algunas
personas.
Éste es el momento ideal para buscar apoyo emocional y social. Usted
necesita personas a quienes acudir para obtener fortaleza y consuelo.
El apoyo puede provenir de muchas formas: familia, amigos, grupos de
apoyo, iglesias o grupos espirituales, comunidades de apoyo en línea u
orientadores individuales.
Casi todas las personas que han pasado por la experiencia del cáncer
pueden beneficiarse de algún tipo de apoyo. Lo que es mejor para usted
depende de su situación y personalidad. Algunas personas se sienten
seguras en grupos de apoyo con personas similares que están
experimentando situaciones semejantes, o en grupos de educación. Otras
personas pudieran preferir hablar en un entorno informal, tal como en
una iglesia, mientras que otras pueden sentirse más cómodos hablando
directamente con un amigo de confianza o un consejero. Cualquiera que
sea su fuente de fortaleza o consuelo, asegúrese de que tiene un lugar
a dónde acudir con sus inquietudes.
La experiencia con el cáncer puede hacerle sentir mucha soledad. No es
necesario ni realista que usted pase por toda esta experiencia solo.
Sus amigos y familiares pueden sentirse excluidos si usted decide que
no participen de esta experiencia. Deje que tanto ellos como cualquier
otra persona que usted considere puedan ayudarle. Si no está seguro
quién puede ayudar, llame a su Sociedad Americana del Cáncer al
1-800-227-2345 y le pondremos en contacto con un grupo o recurso de
apoyo apropiado.
Usted no puede cambiar el hecho de que ha tenido cáncer. Lo que sí
puede cambiar es cómo vive el resto de su vida mediante cambios
saludables y sintiéndose lo mejor posible tanto física como
emocionalmente.
¿Qué ocurre si el tratamiento ya no es
eficaz?
Si el cáncer continúa creciendo después de un tipo de tratamiento, o si
regresa, a menudo es posible probar otro plan de tratamiento que
pudiera seguir curando el cáncer, o por lo menos reducir el tamaño de
los tumores lo suficiente como para ayudarle a vivir más tiempo y
hacerle sentir mejor. Por otro lado, cuando una persona ha recibido
varios tratamientos médicos diferentes y el cáncer no ha sido curado,
con el transcurso del tiempo el cáncer tiende a volverse resistente a
todos los tratamientos. En ese momento resulta importante sopesar el
posible beneficio limitado de un nuevo tratamiento y las posibles
desventajas, incluyendo las visitas continuas al doctor y los efectos
secundarios del tratamiento.
Cada persona tiene su propia manera de considerar esto. Algunas
personas quizás deseen enfocarse en mantenerse cómodas durante el
tiempo limitado que les queda.
Cuando llegue el momento en el que usted ha tratado todos los
tratamientos médicos, pero éstos simplemente ya no son eficaces,
probablemente éste sea el momento más difícil en su lucha contra el
cáncer. Aunque su doctor pueda ofrecerle un tratamiento nuevo, usted
necesita considerar que llegará el momento en que sea poco probable que
continuar el tratamiento mejore su salud o cambie su pronóstico o
supervivencia.
Si usted desea continuar el tratamiento para combatir su cáncer tanto
como pueda, necesitará continuar considerando las probabilidades de que
más tratamiento brinde algún beneficio. En muchos casos, su doctor
puede calcular la tasa de respuesta para el tratamiento que usted
considere. Algunas personas están tentadas a recibir más quimioterapia
o radiación, por ejemplo, incluso cuando sus doctores indican que las
probabilidades de beneficio son menores al 1%. En esta situación, usted
necesita analizar y entender sus razones para optar por este plan.
Independientemente de lo que usted decida hacer, es importante que esté
lo más cómodo posible. Asegúrese de que usted pida y reciba el
tratamiento para cualquier síntoma que pudiese tener, tal como el
dolor. Este tipo de tratamiento se llama tratamiento "paliativo".
El tratamiento paliativo ayuda a aliviar los síntomas, pero no se
espera que cure la enfermedad; su propósito principal es mejorar su
calidad de vida. Algunas veces, los tratamientos que usted recibe para
controlar sus síntomas son similares a los tratamientos usados para
tratar el cáncer. Por ejemplo, la radioterapia pudiera ser administrada
para ayudar a aliviar el dolor de huesos debido a metástasis en los
huesos. Por otro lado, la quimioterapia pudiera ser administrada para
ayudar a reducir el tamaño del tumor y evitar que cause obstrucción
intestinal. Sin embargo, esto no es lo mismo que recibir tratamiento
para tratar de curar el cáncer.
En este momento, es posible que usted se beneficie del cuidado que se
ofrece en las residencias (hospicios) de enfermos crónicos terminales.
En la mayoría de los casos, este cuidado se puede dar en la casa. Es
posible que el cáncer esté causando síntomas o problemas que requieran
atención, y las residencias de enfermos crónicos terminales se enfocan
en su comodidad. Usted debe saber que la atención de hospicio no
significa que no pueda recibir tratamiento para los problemas causados
por su cáncer u otras condiciones de salud. Simplemente significa que
el enfoque de su cuidado consiste en vivir lo más plenamente posible y
sentirse tan bien como pueda en esta difícil etapa de su cáncer.
También recuerde que es importante mantener la esperanza. La esperanza
de una cura puede que ahora no sea tan profunda, pero sigue habiendo
esperanza de que pueda pasar momentos buenos con sus familiares y
amigos, momentos que estarán llenos de felicidad y significado. En
cierta manera, una interrupción de su tratamiento contra el cáncer en
este momento es una oportunidad para reenfocarse en las cosas más
importantes de su vida. Éste es el momento para hacer algunas cosas que
usted siempre deseaba hacer y dejar de hacer aquéllas que ya no desea.
¿Qué hay de
nuevo en la investigación y tratamiento de los tumores del encéfalo y
los tumores de la médula espinal?
Siempre se están llevando a cabo investigaciones en el área de los
tumores encefálicos. Los científicos tratan de encontrar las causas y
las maneras de prevenir estos tumores, y los médicos se esfuerzan por
mejorar los tratamientos.
Técnicas por imágenes y quirúrgicas
Los avances recientes han hecho que la cirugía de tumores encefálicos
sea más segura y eficaz. Entre tales técnicas se encuentran:
- Imágenes por resonancia magnética funcional (fMRI), las
cuales pueden identificar el lugar de áreas importantes del encéfalo y
cuán cerca están del tumor.
- Mapeo cortical, el cual ayuda a identificar áreas
importantes del encéfalo durante el curso de la cirugía.
- Cirugía guiada por imagen, la cual permite que se pueda
hacer una resección más segura y extensa.
Radioterapia
Varios tipos de radioterapia más nuevos ahora permiten que los médicos
administren radiación con más precisión al tumor, lo que ayuda a
conservar el tejido encefálico normal evitando que reciba demasiada
radiación. Las técnicas más nuevas, como la radiocirugía
estereotáctica, la radioterapia conformal tridimesional (3D-CRT), la
radioterapia de intensidad modulada (IMRT) y la terapia de rayo de
protones se describen en la sección "¿Cómo se tratan los tumores del
encéfalo y los tumores de la médula espinal en los adultos?".
Quimioterapia
Los métodos más nuevos pueden ayudar a que la quimioterapia sea más
eficaz.
Además de desarrollar y probar nuevos medicamentos de quimioterapia,
muchos investigadores están probando nuevas maneras de dirigir la
quimioterapia al tumor encefálico. Por ejemplo, un método para hacer
llegar los medicamentos al tumor, llamado administración mejorada por
convección, requiere la colocación directa de tubos diminutos en el
tumor. Esto permite que se administre tratamiento directamente al
tumor, lo que puede evitar problemas con la barrera hematoencefálica y
efectos secundarios en el resto del cuerpo.
Otras estrategias nuevas de tratamiento
Los investigadores también están estudiando algunos métodos más nuevos
de tratamiento que pueden ayudar a los médicos a combatir los tumores
con más precisión. En teoría, esto debe permitir que haya tratamientos
más eficaces que causen menos efectos secundarios. Se están realizando
estudios de varios de estos tratamientos.
Vacunas contra los
tumores: se han estado desarrollando varias vacunas
contra las células tumorales del encéfalo. Contrario a las vacunas
contra las enfermedades infecciosas, estas vacunas ayudan a tratar la
enfermedad en lugar de prevenirla. El objetivo de las vacunas consiste
en estimular el sistema inmunitario del cuerpo para combatir el tumor
encefálico de forma más eficaz.
Entre las más prometedoras se encuentra una vacuna llamada CDX-110, la
cual combate una proteína específica en las células cancerosas llamadas
EGFRvIII. Un pequeño estudio clínico encontró que los pacientes con
glioblastomas que recibieron la vacuna junto con el tratamiento
convencional parecieron vivir alrededor del doble de lo que de otra
manera se hubiese esperado. Actualmente se realiza un estudio más
abarcador para tratar de confirmar estos resultados.
Otras vacunas que combaten las células tumorales del encéfalo en otras
maneras también están bajo estudio. Hasta el momento, todas estas
vacunas sólo están disponibles en estudios clínicos.
Inhibidores de la angiogénesis. Los tumores necesitan
crear vasos
sanguíneos nuevos (un proceso llamada angiogénesis) para mantener
nutridas sus células. Para ayudar a tratar algunos cánceres, se usan
medicamentos nuevos que atacan estos vasos sanguíneos. Varios de estos
medicamentos se están probando actualmente en algunos estudios clínicos
para combatir los tumores encefálicos. Los investigadores han informado
resultados promisorios con el uso del medicamento bevacizumab (Avastin)
junto con quimioterapia en los glioblastomas. Aunque la FDA no lo
aprobó específicamente para tratar tumores encefálicos, ya se está
usando contra algunos otros tipos de cáncer, y algunos médicos ahora lo
usan para tratar glioblastomas.
Inhibidores de factor de crecimiento: las células
tumorales a menudo
son muy sensitivas a proteínas llamadas factores de crecimiento, las
cuales provocan que estas células crezcan y se dividan. Los
medicamentos más nuevos combaten estos factores de crecimiento, lo que
puede disminuir el crecimiento de células tumorales o incluso causar
que éstas mueran. Algunos de estos "medicamentos dirigidos" ya se están
usando para otros tipos de cáncer, y se están realizando estudios para
determinar si funcionarán también contra los tumores encefálicos.
Sensibilizadores de células hipóxicas: se ha encontrado
que algunos
medicamentos pueden hacer que las células tumorales sean más propensas
a ser eliminadas mediante radioterapia si se administran antes del
tratamiento. Se están realizando estudios para saber si esto afecta el
resultado del tratamiento.
Última
revisión médica: 17-Oct.-2008
Última actualización completa: 17-Oct.-2008
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