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Tratamiento
Linfoma No Hodgkin

En esta sección del Centro de Recursos contra el cáncer encontrará las respuestas a sus preguntas acerca de estos temas: En esta sección:
tratamiento
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¿Cómo se trata el linfoma no Hodgkin?

Esta información representa las opiniones de los médicos y enfermeras de la Junta Editorial del Banco de Datos de Información de la Sociedad Americana del Cáncer. Estas opiniones están basadas en la interpretación que ellos tienen de los estudios que se publican en las revistas médicas, así como en su propia experiencia profesional.

La información sobre el tratamiento que aparece en este documento no representa la política oficial de la Sociedad ni pretende ser un consejo médico que sustituya la experiencia y el juicio del equipo de profesionales que atiende su cáncer. El objetivo es ayudarle, a usted y a su familia, a tomar decisiones basadas en la información, en conjunto con su médico.

Puede que su médico tenga razones para sugerir un plan de tratamiento distinto a las opciones de tratamiento general. No dude en plantear sus preguntas y dudas sobre sus opciones de tratamiento.

Esta sección comienza describiendo los tipos de tratamientos usados para el linfoma no Hodgkin. A esto le sigue información de las típicas opciones de tratamiento basadas en el tipo de linfoma, así como la etapa (extensión) y otros factores de pronóstico cuando éstos son importantes.


Algunos comentarios generales sobre el tratamiento


En los años recientes, se han logrado avances importantes en el tratamiento del linfoma no Hodgkin. Las opciones de tratamiento para las personas con linfoma dependen del tipo de linfoma y de su etapa, así como de otros factores de pronóstico del linfoma. Por supuesto, cada paciente es único y las opciones de tratamiento convencional muchas veces se acomodan a la situación de cada paciente.

Es importante entender todas sus opciones de tratamiento. Cuando el tiempo lo permita, a menudo es buena idea buscar una segunda opinión. Una segunda opinión puede proveerle más información y ayudarle a sentirse más confiado respecto al plan de tratamiento que se seleccione.

Varios tipos diferentes de tratamiento pueden ser usados contra el linfoma no Hodgkin.



Cirugía

La cirugía se utiliza frecuentemente para obtener una muestra de biopsia y así diagnosticar y clasificar un linfoma, pero se usa pocas veces como opción de tratamiento.

En pocas ocasiones, la cirugía se utiliza para tratar los linfomas que se originan en ciertos órganos fuera del sistema linfático, tales como la glándula tiroides o el estómago, y que no se han propagado más allá de éstos. Sin embargo, cuando el linfoma está completamente contenido en una sola área, generalmente el tratamiento preferido es la radioterapia en lugar de la cirugía.


Radioterapia

En la radioterapia se usan rayos de alta energía para destruir las células cancerosas. La radiación que utiliza una fuente de energía externa al cuerpo se denomina radioterapia externa. Este es el tipo de radioterapia que más se utiliza como tratamiento del linfoma no Hodgkin. El tratamiento es muy similar a la radiografía, pero la radiación es más intensa. El procedimiento en sí no causa dolor. Antes de iniciar el tratamiento, el equipo de radiación cuidadosamente toma medidas para determinar los ángulos correctos para emitir los haces de radiación, y las dosis adecuadas de radiación. Cada tratamiento dura sólo unos minutos, aunque el tiempo de preparación (colocarle en el lugar correcto para el tratamiento) usualmente toma más. Con más frecuencia, los tratamientos de radiación se administran cinco días a la semana por varias semanas.

En algunos casos, la radiación también se puede administrar en forma de un medicamento (remítase la sección “Inmunoterapia” para más detalles).

La radioterapia pudiera emplearse como el tratamiento principal (primario) para algunos tipos de linfomas si se encuentran temprano (etapa I o II), ya que estos tumores responden muy bien a la radiación. Algunas veces, se usa la radiación junco con la quimioterapia para tratar los linfomas más avanzados y algunos linfomas que son más agresivos.

La radioterapia también se puede utilizar para aliviar (paliar) los síntomas causados por un linfoma que se ha propagado a órganos internos como el cerebro o la médula espinal, o cuando un tumor está causando dolor porque ejerce presión sobre los nervios.

Posibles efectos secundarios

Los efectos secundarios inmediatos de la radioterapia pueden incluir problemas en la piel, parecidos a quemaduras por el sol, o cansancio. Además, la radiación al abdomen puede causar náuseas, vómitos o diarrea. Con frecuencia estos efectos desaparecen después de un período corto de tiempo.

Los posibles efectos secundarios a largo plazo de la radioterapia pueden ser más graves:
  • La radioterapia al tórax puede causar daño a los pulmones y provocar dificultad respiratoria. También podría afectar el corazón. A la larga, la radiación puede aumentar el riesgo de cáncer de pulmón (especialmente en fumadores) y de cáncer de seno, aunque esto no es común.

  • Los efectos secundarios de la radioterapia al cerebro usualmente se tornan menos graves de uno o dos años después del tratamiento y pueden incluir dolores de cabeza y problemas, tal como pérdida de memoria, cambios en la personalidad y problemas de concentración.

  • Otros tipos de cáncer se pueden formar en el área que recibió la radiación. Aunque el riesgo de una persona de que esto ocurra no es alto, porque muchas personas con linfoma son curadas, esto no deja de ser un problema mayor.

La radiación también puede empeorar sus efectos secundarios de la quimioterapia.



Quimioterapia

La quimioterapia es el uso de medicamentos contra el cáncer que se inyectan usualmente en una vena o se administran por vía oral. Estos medicamentos entran al torrente sanguíneo y llegan a casi todas las áreas del organismo, lo cual hace que este tratamiento sea muy útil para tratar los linfomas. En algunos casos donde el linfoma pudiera haber alcanzado el cerebro o la médula espinal, también se puede administrar quimioterapia en el líquido cefalorraquídeo.  

Dependiendo del tipo y de la etapa del linfoma, se puede administrar la quimioterapia sola o en combinación con la radioterapia.

Los doctores administran la quimioterapia en ciclos, con un período de tratamiento seguido de un período de descanso para permitir que su cuerpo se recupere. Por lo general, cada ciclo de quimioterapia dura varias semanas. La mayoría de los tratamientos de quimioterapia son ambulatorios (se administran en el consultorio del médico, una clínica o departamento de servicios ambulatorios de un hospital), pero algunos pueden requerir hospitalización.

Existen muchos medicamentos que son útiles para tratar a los pacientes de linfoma. A menudo se combinan varios medicamentos. El número de medicamentos, sus dosis y la duración del tratamiento depende del tipo y la etapa del linfoma. Algunos de los medicamentos comúnmente usados para tratar el linfoma incluyen:
  • Ciclofosfamida.
  • Vincristina.
  • Doxorrubicina (Adriamicina).
  • Prednisona.
  • Fludarabina.
  • Citarabina (ara-C).
  • Clorambucil.
  • Mitoxantrona.
  • Metotrexato.
  • Etopósido.
  • Dexametasona.
  • Cisplatino.
  • Carboplatino.
  • Ifosfamida.
  • Bleomicina.
  • Bendamustina.

Una de las combinaciones de medicamentos más común se llama CHOP. Ésta incluye los medicamentos ciclofosfamida (Cytoxan), doxorrubicina (Adriamicina), vincristina (Oncovin) y prednisona. Otra combinación común no incluye doxorrubicina, y se llama CVP.

En ocasiones, se le puede administrar al paciente una combinación de medicamentos de quimioterapia por varios ciclos y, si no funciona, más tarde se puede cambiar por otra combinación diferente si la primera combinación no parece ser eficaz.


Posibles efectos secundarios

Los medicamentos de quimioterapia ejercen su acción atacando a las células que se dividen rápidamente, manera en la cual combaten las células del linfoma. Sin embargo, otras células en el cuerpo, tales como aquellas en la médula ósea, el revestimiento de la boca y los intestinos, así como los folículos pilosos, también se dividen rápidamente. También estas células son probablemente afectadas por la quimioterapia, lo que puede ocasionar efectos secundarios.

Los efectos secundarios de la quimioterapia dependen del tipo y dosis de los medicamentos administrados, así como de la duración del tiempo que se administran. Estos efectos secundarios pueden incluir:
  • Caída de pelo.
  • Llagas en la boca.
  • Pérdida de apetito.
  • Náusea y vómito.
  • Aumento de la probabilidad de infecciones (debido a los bajos niveles de glóbulos blancos).
  • Tendencia a desarrollar moretones o presentar sangrados fácilmente (a causa de bajos niveles de plaquetas).
  • Cansancio (debido a bajos niveles de glóbulos rojos).

Estos efectos secundarios son usualmente temporales y desaparecen después de finalizar el tratamiento. Si ocurren efectos secundarios graves, la quimioterapia puede ser reducida o suspendida.

Muchas veces hay métodos para aminorar los efectos secundarios. Por ejemplo, usualmente se administran medicamentos para ayudar a prevenir o reducir las náuseas y los vómitos.

En ocasiones se administran medicamentos conocidos como factores de crecimiento (por ejemplo, G-CSF o GM-CSF) para ayudar a los glóbulos blancos a recuperarse de los efectos de la quimioterapia y, por lo tanto, reducir la probabilidad de infecciones. También se administran antibióticos al primer signo de una infección, tal como una fiebre.

Si su cuenta de glóbulos blancos es muy baja durante el tratamiento, usted puede ayudar a reducir su riesgo de infecciones evitando cuidadosamente la exposición a gérmenes. Durante este tiempo, su médico puede recomendarle que:
  • Se lave frecuentemente las manos.
  • Evite las frutas y los vegetales frescos y crudos, así como otros alimentos, pues pueden portar gérmenes.
  • Evite flores frescas y plantas porque pueden portar moho.
  • Se asegure de que otras personas se laven las manos antes de tener contacto con usted.
  • Evite lugares con muchas personas y a enfermos (el uso de una mascarilla quirúrgica frecuentemente ofrece algo de protección en estas situaciones).

Muchos de los efectos secundarios de la quimioterapia son causados por las cuentas bajas de glóbulos blancos.  Algunas personas encuentran de utilidad hacer el seguimiento de estas cuentas. Si está interesado en esto, pregúntele a su médico o enfermera acerca de sus recuentos sanguíneos y lo que significa estos números.

Si sus plaquetas están muy bajas, se le pueden administrar medicamentos o transfusiones de plaquetas para ayudar a evitar el sangrado. De igual forma, el cansancio causado por la anemia (recuentos muy bajos de glóbulos rojos) se puede tratar con medicamentos o con transfusiones de glóbulos rojos.

Algunos efectos secundarios posibles se deben a ciertos medicamentos. Por ejemplo, algunos medicamentos pueden causar daños al corazón. Algunas veces, otros medicamentos pueden causar daño a los riñones o a los nervios. Su médico o enfermera puede informarle sobre los posibles efectos secundarios de los medicamentos específicos que usted pudiera recibir.

El síndrome de lisis tumoral es otro efecto secundario posible de la quimioterapia. Se puede observar en pacientes que tienen un gran número de células de linfoma en el cuerpo antes del tratamiento. Cuando se destruyen las células, éstas liberan sus contenidos al torrente sanguíneo. Esto puede afectar a los riñones, los cuales no pueden eliminar todas estas sustancias al mismo tiempo. Las cantidades excesivas de ciertos minerales también pueden afectar el corazón y el sistema nervioso. Esto se puede prevenir por medio de la administración de mucho líquido y de ciertos medicamentos, tales como bicarbonato de sodio, alopurinol y rasburicasa.

Otros órganos que pudieran resultar dañados por ciertos medicamentos de quimioterapia incluyen los riñones, el hígado, los testículos, los ovarios, el cerebro, el corazón y los pulmones. Si ocurren efectos secundarios graves, la quimioterapia puede ser reducida o suspendida, al menos por un corto periodo de tiempo. La supervisión y ajuste cuidadosos de las dosis de medicamentos es importante porque algunos efectos secundarios que afectan a los órganos pueden ser permanentes. Sin embargo, estos efectos secundarios ocurren en pocas ocasiones si el paciente es vigilado cuidadosamente.

La quimioterapia también puede causar efectos secundarios que pudieran no ocurrir sino hasta años después del tratamiento. Por ejemplo, en raras ocasiones, las personas pueden desarrollar leucemia varios años después del tratamiento.




Inmunoterapia

Las inmunoterapias utilizan versiones artificiales de sustancias que normalmente son producidas por el sistema inmunitario. Estas sustancias pueden destruir las células de un linfoma, retardar su crecimiento o activar el propio sistema inmunitario del paciente para que combata en forma más efectiva la enfermedad.

Anticuerpos monoclonales

Los anticuerpos son proteínas que el sistema inmunitario del cuerpo produce para ayudar a combatir las infecciones. Las versiones artificiales, llamadas anticuerpos monoclonales, pueden ser diseñadas para atacar a un blanco específico, tal como una sustancia en la superficie de linfocitos (las células donde se originan los linfomas).

Actualmente se están usando varios anticuerpos monoclonales para tratar el linfoma.

Rituximab (Rituxan): éste es un anticuerpo que ataca a una sustancia llamada CD20 encontrada en algunos tipos de células de linfoma, lo cual parece causar la muerte de dichas células. Los tratamientos se administran como infusiones intravenosas en el consultorio del médico o clínica. Los efectos secundarios frecuentes por lo general son leves, pero pudieran incluir escalofríos, fiebre, náusea, erupciones en la piel, cansancio y dolores de cabeza. Aun cuando ocurran estos síntomas durante la primera infusión de rituximab, resulta muy poco inusual que recurran con dosis siguientes. El rituximab también puede aumentar el riesgo de una persona de contraer infecciones.

Ibritumomab (Zevalin) y el tositumomab (Bexxar): las nuevas formas de anticuerpos monoclonales son parecidas al rituximab, pero tienen moléculas radioactivas adheridas a ellos. Los anticuerpos administran directamente radiación a las células de linfoma, lo que puede ayudarlos a funcionar mejor. Estos medicamentos se administran mediante infusiones intravenosas (IV).

Estos medicamentos pueden probar que son más poderosos que el rituximab, pero éstos son un poco más difíciles de administrar por los médicos (debido a la dosis de radiación que conllevan). No pueden ser utilizados con quimioterapia ya que también reducen los recuentos sanguíneos, lo que puede aumentar el riesgo de infecciones, sangrado u otros problemas. En este momento, estos medicamentos se utilizan con más frecuencia si la quimioterapia y/o el rituximab ya no surten efecto.

Alemtuzumab (Campath): este anticuerpo está dirigido al antígeno CD52. Resulta útil en algunos casos de leucemia linfocítica crónica (CLL) y en algunos tipos de linfomas periféricos de células T. El alemtuzumab se administra por una inyección debajo de la piel (vía subcutánea) o en una vena (vía intravenosa o IV), generalmente varias veces a la semana. Los efectos secundarios más comunes son fiebre, escalofríos, náusea y sarpullidos. También puede ocasionar cuentas muy bajas de glóbulos blancos, lo cual puede aumentar el riesgo de infecciones, por lo que frecuentemente se administra con antibióticos y medicamentos antivirales.


Interferón

El interferón es una proteína parecida a una hormona que es producida por los glóbulos blancos de la sangre para ayudar al sistema inmunitario a combatir las infecciones. Algunos estudios han indicado que el interferón artificial puede disminuir el tamaño del tumor de algunos tipos de linfoma no Hodgkin o detener su crecimiento.

Los efectos secundarios comunes de este tratamiento incluyen cansancio, fiebre, escalofríos, dolores de cabeza, dolores musculares y de las articulaciones y cambios en el estado de ánimo. Debido a estos efectos secundarios, el interferón no se usa muy a menudo. Además de la quimioterapia, el interferón se puede usar en algunos pacientes.


Trasplante de médula ósea o de células madre de la sangre periférica

Los trasplantes de células madre algunas veces se usan para tratar a los pacientes de linfoma que se encuentran en remisión o que tienen una recaída durante o después del tratamiento. Aunque sólo un pequeño número de pacientes con linfoma son tratados con esta terapia, este número de pacientes está aumentado.

Los trasplantes de células madre permiten a los médicos usar dosis de quimioterapia más altas que normalmente no serían toleradas. La quimioterapia en altas dosis destruye la médula ósea, lo que previene que se formen nuevas células sanguíneas. Esto podría causar infecciones potencialmente fatales, sangrado, y otros problemas debido a las cuentas bajas de células sanguíneas.

Los médicos tratan de resolver este problema administrando una infusión de células madre hematopoyéticas después del tratamiento. Las células madre son células muy primitivas que pueden crear nuevas células sanguíneas.

Las células madre productoras de sangre que se usan para un trasplante se obtienen ya sea de la sangre (un trasplante de células madre de sangre periférica) o de la médula ósea (para un trasplante de médula ósea). Las células madre de sangre periférica se obtienen de un procedimiento similar a la donación de sangre, mientras que la donación de médula ósea usualmente se hace en una sala de operaciones bajo anestesia general (mientras el donante está dormido). En el pasado eran más comunes los trasplantes de médula ósea, pero han sido sustituidos ampliamente por el trasplante de células madre de sangre periférica.


Tipos de trasplantes

Hay dos tipos principales de trasplantes de células madre. Ellos se diferencian en la fuente de células madre productoras de sangre.

Alotrasplante de células madre (trasplante alogénico): en este tipo de trasplante, las células madre provienen de otra persona. El tipo de tejido del donante (también conocido como el tipo HLA) debe ser casi idéntico al tipo de tejido del paciente para ayudar a evitar el riesgo de que surjan problemas importantes con el trasplante. Usualmente este donante es el hermano o la hermana, si tiene el mismo tipo de tejido que el paciente. Si no hay hermanos compatibles, las células pueden provenir de un donante no relacionado que tiene un tipo HLA compatible (un extraño que voluntariamente dona sus células).

Las células madre de un trasplante alogénico provienen de una de tres fuentes:
  • Médula ósea: las células madre se recolectan de un donante durante varias aspiraciones de médula ósea.

  • Sangre periférica (circulante): las células madre se toman de la sangre durante una aféresis. Este procedimiento es similar a la donación de sangre, pero en lugar de colocarla en una bolsa de recolección, la sangre pasa a una máquina especial que filtra las células madre y devuelve los otros componentes de la sangre al cuerpo de la persona. Ahora esto es más común que la recolección de células de la médula ósea. 

  • Sangre de cordón umbilical: estas células madre se toman del cordón umbilical aún unido a la placenta después del nacimiento de un bebé y después de que se corta el cordón umbilical. (Esta sangre es rica en células madre). Entonces la sangre se congela y se almacena hasta que la necesita alguien que tiene el mismo tipo de tejido. La sangre del cordón umbilical se está convirtiendo en una fuente más común de células madre, aunque hay un número limitado de muestras disponibles.

Los alotrasplantes tienen una utilidad limitada en el tratamiento de linfoma porque a menudo es difícil encontrar un donante compatible. Otra desventaja es que sus efectos secundarios de este tratamiento a menudo son demasiado graves para la mayoría de las personas mayores de 55 años de edad. Aproximadamente uno de cada cuatro trasplantes que se hacen en caso de linfoma es de este tipo.

Autotrasplante de células madre (trasplante autólogo): en este tipo de trasplante, las propias células madre del paciente se extraen de su médula ósea o de la sangre periférica. Estas células se obtienen en varias ocasiones durante las semanas previas al tratamiento. Las células se congelan y se almacenan mientras la persona recibe tratamiento (quimioterapia y/o radiación en altas dosis) y luego se vuelven a infundir en la sangre del paciente.

Algunos tipos de linfoma tienden a propagarse a la médula ósea o a la sangre.  Por lo tanto, un autotrasplante pudiera no ser posible debido a que puede ser difícil obtener una muestra de células madre que no tengan células del linfoma. Incluso después de purificarlas (tratamiento de las células madre en el laboratorio para destruir o extraer las células del linfoma), es posible regresar algunas células del linfoma con el trasplante de células madre.


El procedimiento de trasplante

Dependiendo de diversos factores, el paciente que va a ser sometido a un trasplante de células madre puede ser admitido a la unidad de trasplante de médula ósea del hospital o recibir tratamiento en forma ambulatoria.

Si se trata en un hospital, el paciente es usualmente admitido al hospital el día antes de comenzar la quimioterapia. Por lo general, él o ella permanecerá en el hospital hasta después de administrar la quimioterapia y las células madre, y hasta que las células madre han comenzado otra vez a producir nuevas células sanguíneas (vea información más adelante).

Si se realiza como procedimiento ambulatorio, los pacientes y los familiares necesitan estar dispuestos a identificar complicaciones que requieran la atención de sus médicos. A menos que vivan cerca del centro de trasplante, se les pedirá a los pacientes que se queden en un hotel cercano.

El tratamiento comienza con altas dosis de quimioterapia y puede incluir altas dosis de radioterapia en todo el cuerpo. Los tratamientos de quimioterapia y radiación tienen como objetivo destruir todas las células cancerosas remanentes; sin embargo, también destruyen células normales de la médula ósea y del sistema inmunitario. Esto evita que el trasplante de células madre (injerto) sea rechazado por el organismo. Una vez finaliza el tratamiento, se administran las células madre (autólogos o alogénicos) en una vena al igual que una transfusión de sangre. Las células madre migran hacia la médula ósea.

En un trasplante alogénico de células madre, a la persona que recibe el trasplante se le pueden administrar medicamentos para prevenir que el nuevo sistema inmunitario ataque el cuerpo (conocida como la enfermedad injerto-contra-huésped). Durante las próximas semanas, al paciente se le proporciona toda la terapia de apoyo que requiera. Esto puede incluir antibióticos, transfusiones de glóbulos rojos o plaquetas, otras medicinas, y ayuda con nutrición.

Por lo general, alrededor de dos a tres semanas después de que se han administrado las células madre, éstas empiezan a producir nuevos glóbulos blancos. En seguida comienza la producción de plaquetas nuevas, y varias semanas después comienza la producción de glóbulos rojos. Debido al alto riesgo de infecciones graves inmediatamente después del tratamiento, los pacientes se mantienen aislados para su protección (donde la exposición a gérmenes se mantiene en lo mínimo) hasta que una medida de glóbulos blancos (nivel absoluto de neutrófilos) aumente a más de 500. Por lo general, los pacientes pueden abandonar el hospital cuando este nivel alcanza cerca de 1,000.

Por lo general, los pacientes realizan visitas regularmente a la clínica ambulatoria de trasplantes por alrededor de seis meses, continuando después sus cuidados con su médico regular. Llegado ese momento, los pacientes puede que sólo regresen a la clínica para sus exámenes periódicos o si presentan síntomas que requieran ser atendidos por sus médicos.


Puntos prácticos

El trasplante de células madre de la sangre periférica o de la médula ósea es un tratamiento complejo. Si los médicos piensan que un paciente se puede beneficiar de un trasplante, éste debe hacerse en un hospital en el que el personal tenga experiencia en el procedimiento y en el tratamiento de la fase de recuperación. Algunos programas de trasplante de células madre pueden no tener experiencia en ciertos tipos de transplantes, especialmente los trasplantes de donantes no relacionados.

El trasplante de células madre es muy costoso (a menudo cuesta más de $100,000) y con frecuencia requiere una estadía hospitalaria prolongada. Como algunas compañías de seguros lo pueden considerar un tratamiento experimental, es posible que no paguen este procedimiento. Averigüe lo que el seguro médico cubrirá antes de decidirse por un transplante para que tenga una idea de lo que tendría que pagar.


Posibles efectos secundarios

Los efectos secundarios de un trasplante de células madre se dividen por lo general en efectos iniciales y a largo plazo.

Las complicaciones y los efectos secundarios tempranos son básicamente los mismos causados por cualquier otro tipo de quimioterapia de alta dosis (consulte la sección “Quimioterapia” de este documento), y se deben al daño que se causa a la médula ósea y otros tejidos de rápido crecimiento del cuerpo. Pueden incluir cuentas bajas de células sanguíneas (con cansancio y un aumento de los riesgos de infección y de sangrado), náuseas, vómitos, pérdida de apetito, llagas en la boca y pérdida de pelo.

Uno de los efectos secundarios a corto plazo más comunes y graves es el aumento del riesgo de infecciones con bacterias, virus u hongos. Frecuentemente se administran antibióticos para evitar que esto suceda. Otros efectos secundarios, como cuentas bajas de glóbulos rojos y plaquetas, pueden requerir la transfusión de productos sanguíneos u otros tratamientos.

Algunas complicaciones y efectos secundarios pueden persistir por largo tiempo, o pueden no ocurrir sino hasta meses o años después del trasplante. Éstos incluyen:
  • Enfermedad de injerto contra huésped (GVHD), que ocurre sólo en los trasplantes alogenéicos (remítase a la información que aparece más adelante).
  • Infertilidad y síntomas de menopausia temprana en pacientes del sexo femenino (causado por daño a los ovarios).
  • Infertilidad en los pacientes masculinos.
  • Daño a la glándula tiroides que puede causar problemas con el metabolismo.
  • Cataratas (daño a los lentes del ojo que puede afectar la vista).
  • Daño provocado a los pulmones que ocasiona dificultad para respirar.
  • Daño a los huesos, llamado necrosis aséptica (si el daño es grave, será necesario reemplazar parte del hueso afectado y de la articulación del paciente).
  • Posible surgimiento de leucemia varios años después.

Enfermedad de injerto-contra-huésped (GVHD): ésta es una de las complicaciones más graves de los alotrasplantes de células madre (transplante de un donante). Ocurre porque el sistema inmunitario del paciente es atacado por el del donante. El sistema inmunitario del donante entonces pudiera reconocer los tejidos propios del paciente como extraños y pudiera reaccionar contra estos tejidos. Los síntomas pueden incluir erupciones graves en la piel con picor, llagas en la boca (lo que puede afectar consumir alimentos), náusea y diarrea grave. El daño al hígado puede causar coloración amarillenta de la piel y los ojos (ictericia). También pueden resultar dañados los pulmones. Además, el paciente se puede cansar con facilidad y sentir dolor muscular.

Frecuentemente la GVHD se describe como aguda o crónica, dependiendo de qué tan pronto comience después del trasplante. Algunas veces esta enfermedad puede causar incapacidad, y si es lo suficientemente grave, puede ser fatal. Por lo general, se pueden administrar medicamentos que suprimen el sistema inmunitario para controlar la enfermedad injerto-contra-huésped.

Por otra parte, un efecto positivo de la enfermedad del injerto contra huésped es que resulta en “injerto contra linfoma”. Cualquier célula de linfoma que haya permanecido después de la quimioterapia y la radioterapia es a menudo destruida por las reacciones inmunológicas de las células del donante, ya que las células del linfoma también son vistas como extrañas por el sistema inmunitario del donante. Cierto grado leve de la enfermedad de injerto contra huésped podría ser beneficioso.


Trasplante no mieloablativo (minitrasplante)

La mayoría de los pacientes mayores de 55 años de edad no pueden tolerar el alotrasplante convencional que usa altas dosis de quimioterapia. Algunos, sin embargo, podrán someterse a un trasplante no mieloablativo (también conocido como minitrasplante o trasplante de intensidad reducida), en el que reciben menores dosis de quimioterapia y radiación que no destruyen completamente las células de la médula ósea. Estos pacientes reciben las células madre alogénicas (de un donante). Estas células entran al cuerpo y establecen un nuevo sistema inmunitario, que considera a las células del linfoma como extrañas y las ataca (un efecto “injerto contra linfoma”).

Los médicos han descubierto que si usan dosis pequeñas de ciertos medicamentos de quimioterapia y dosis bajas de radiación total del cuerpo, un alotrasplante aún puede algunas veces ser eficaz con mucha menos toxicidad. De hecho, un paciente puede recibir un trasplante no mieloablativo como paciente externo (ambulatorio).

La complicación principal es la enfermedad injerto contra huésped que puede causar daño al tejido corporal del paciente.

Para más información sobre estos procedimientos, consulte nuestro documento "Trasplantes de células madre de médula ósea y sangre periférica".



Estudios clínicos

A partir del momento en que se le informa sobre su diagnóstico de cáncer, puede que necesite tomar muchas decisiones. Una de las decisiones más importantes es seleccionar cuál tratamiento es el más adecuado para tratar su caso. Puede que se entere sobre estudios clínicos que se estén llevando a cabo para su tipo de cáncer, O tal vez alguien de su equipo de atención médica le mencionó alguno.

Los estudios clínicos son investigaciones cuidadosamente controladas que se realizan con pacientes que participan voluntariamente. Los estudios clínicos se llevan a cabo para hacer un seguimiento de nuevos tratamientos o procedimientos promisorios.

Si quisiera formar parte de un estudio clínico, deberá comenzar con preguntar a su médico si su clínica u hospital lleva a cabo estudios clínicos. Para una lista de estudios clínicos que cumplan con sus necesidades médicas, usted puede llamar a nuestro servicio de estudios clínicos para ayudarle a encontrar un estudio adecuado para usted. Usted puede acceder a este servicio llamando al 1-800-227-2345 o consultando el sitio en Internet http://clinicaltrials.cancer.org. También puede obtener una lista de los estudios clínicos actuales llamando a la línea telefónica sin costo del Servicio de Información sobre Cáncer de Instituto Nacional del Cáncer al 1-800-422-6237 o visitando el sitio Web sobre estudios clínicos del NCI, www.cancer.gov/clinicaltrials.

Existen requisitos que debe cumplir para formar parte de cualquier estudio clínico. Si califica para un estudio clínico, es su decisión inscribirse o no al mismo.

Los estudios clínicos son una forma de tener acceso a la atención más novedosa contra el cáncer. Sólo a través de estos estudios los médicos aprenden sobre mejores métodos para tratar la enfermedad, aunque no todos serán adecuados para toda la gente.

Puede obtener mucha más información sobre este tema en nuestro documento Estudios clínicos: lo que usted necesita saber, cual encontrará en nuestro sitio Web o puede solicitarlo a través de nuestra línea sin costo.
 

Terapias complementarias y alternativas

Al tener cáncer, es probable que usted se entere de maneras que su médico no ha mencionado para tratar su tipo de cáncer o aliviar los síntomas. Todos, desde familiares y amigos, hasta foros de usuarios en Internet, ofrecen ideas que podrían serle útiles. Estos tratamientos pueden incluir vitaminas, hierbas, dietas especiales u otros métodos, como acupuntura o masaje, entre otros.

¿Qué son exactamente las terapias complementarias y alternativas?

No todos utilizan estos términos de la misma manera que a su vez se usan para referirse a muchos métodos diferentes, lo cual puede resultar confuso. Aquí, utilizamos el término complementario para referirnos a los tratamientos que se utilizan junto con la atención médica. El término alternativo lo utilizamos para referirnos al tratamiento que se usa en lugar del tratamiento indicado por el médico.

Métodos complementarios: la mayoría de los métodos de tratamiento complementarios no se ofrecen como curas para el cáncer. Principalmente, se emplean para ayudarle a sentirse mejor. Algunos métodos que se usan de manera conjunta con el tratamiento convencional son la meditación para reducir el estrés, la acupuntura para aliviar el dolor o el té de menta para aliviar las náuseas. Se sabe que algunos de estos métodos complementarios son útiles, mientras que otros no han sido probados. Se ha demostrado que algunos de estos métodos no son útiles, y algunos cuántos incluso han demostrado ser perjudiciales.

Tratamientos alternativos: puede que éstos sean ofrecidos como curas para el cáncer. La seguridad y la eficacia no han sido probadas para estos tratamientos en estudios clínicos. Algunos de estos métodos puede que representen un peligro o que produzcan efectos secundarios que atenten contra la vida. Pero el mayor peligro en la mayoría de los casos, es que usted pierda la oportunidad de beneficiarse de un tratamiento convencional. Las demoras o interrupciones en sus tratamientos médicos puede que permitan más tiempo para que el cáncer se desarrolle y sea menos propenso a responder al tratamiento estándar.


Cómo obtener más información

Es fácil darse cuenta por qué puede que las personas con cáncer quieran considerar los métodos alternativos. Uno siempre desea hacer todo lo posible para combatir el cáncer, y la idea de un tratamiento sin efectos secundarios resulta atractiva. Algunas veces los tratamientos médicos, como la quimioterapia, pueden ser difíciles de tolerar o puede que ya no funcionen. Sin embargo, la verdad es que la mayoría de estos métodos alternativos no han sido investigados, ni han probado ser eficaces en el tratamiento contra el cáncer.

Usted puede tomar los siguientes tres pasos importantes a medida que considera sus opciones:

  • Esté atento de las señales de advertencia que sugieran que pueda tratarse de algún fraude. ¿Promete el método ser una cura para todos o la mayoría de los tipos de cáncer? ¿Se le ha dicho que no se someta a los tratamientos médicos convencionales? ¿Hay algún "secreto" del tratamiento que hace que requiera acudir con ciertos proveedores o viajar a otro país?

  • Hable con su médico o enfermera sobre cualquier método que esté considerando usar.

  • Póngase en contacto con nosotros llamando al 1-800-227-2345 para informarse más sobre los métodos complementarios y alternativos en general, así como para saber más sobre los métodos específicos que esté considerando.


La decisión es suya

Las decisiones sobre cómo tratar o manejar su cáncer siempre son suyas. Si desea emplear un tratamiento no convencional, infórmese todo lo que pueda sobre dicho método y hable al respecto con su médico. Al contar con información adecuada y con el apoyo del equipo de profesionales que atiende su salud, puede que logre emplear con seguridad los métodos que puedan beneficiarle mientras evita aquellos que podrían ser perjudiciales.


Tratamiento para linfomas específicos

Por lo general, el tratamiento depende del tipo de linfoma y la extensión de la enfermedad en el cuerpo. Otros factores también pueden ser importantes.


Linfomas de células B

Linfoma difuso de células B grandes: en la mayoría de los casos, el tratamiento para el linfoma difuso de células B grandes es quimioterapia, por lo general con un régimen de cuatro medicamentos que se conocen como CHOP (ciclofosfamida, doxorrubicina, vincristina y prednisona), más el anticuerpo monoclonal rituximab (Rituxan). Este régimen, conocido como R-CHOP, usualmente se administra por alrededor de seis meses.

Si el linfoma está en etapa I o II (es decir, si está limitado a uno o dos grupos de ganglios linfáticos en el mismo lado del abdomen), se pudiera añadir radioterapia a las áreas de los ganglios linfáticos junto con el tratamiento R-CHOP. Si se administra radiación, entonces el tiempo del tratamiento con el R-CHOP puede ser reducido a aproximadamente tres meses. Algunas veces si hay la masa del linfoma es grande, se pudiera agregar radiación después de un ciclo completo (alrededor de seis meses) de tratamiento con R-CHOP.

Para los linfomas en la etapa III o IV, la mayoría de los médicos administrarán R-CHOP por alrededor de seis meses como tratamiento de primera línea, aunque algunos médicos pudieran preferir administrar otros regimenes de quimioterapia. Las personas con linfoma en ciertas localizaciones (como los senos o los testículos) a menudo también se les administran quimioterapia al cerebro y a la médula espinal.

Algunos estudios han sugerido que para los pacientes más jóvenes con una puntuación alta en el índice internacional de pronóstico, parece ser mejor administrar altas dosis de quimioterapia seguido de un trasplante autólogo de células madre en lugar de sólo quimioterapia. Sin embargo, todavía no está claro si los transplantes son mejores que el tratamiento inicial. Los médicos creen que si un transplante se hace como parte del tratamiento inicial, se debe hacer en un estudio clínico.

Si el linfoma no desaparece completamente con el tratamiento o si recurre (regresa) después del tratamiento, los médicos usualmente recomendarán otro régimen de quimioterapia. Se han estado utilizando varios regimenes diferentes, y puede o no que incluyan rituximab. Si el linfoma se reduce con este tratamiento, se recomienda a menudo un trasplante de células madre si es posible, ya que ofrece la mejor oportunidad de curar el linfoma. Los trasplantes de células madre no son eficaces a menos que el linfoma responda a la quimioterapia. Desafortunadamente, no toda persona es un buen candidato para un transplante de células madre. Los estudios clínicos de nuevos tratamiento pudieran ser otra buena opción para algunas personas.

El linfoma difuso de células B grandes (DLBCL) se puede curar en casi la mitad de todos los pacientes, pero la etapa de la enfermedad y la puntuación IPI pueden tener un gran efecto en estos números. Los pacientes en enfermedad en etapas menos avanzadas tienen mejores tasas de supervivencias que los pacientes con un mejor índice internacional de pronóstico (IPI).

Linfoma folicular: este tipo de linfoma a menudo es de crecimiento lento y responde bien al tratamiento, aunque es muy difícil de curar. Para algunos casos, no está claro si resulta útil tratar inmediatamente el linfoma. Debido a esto, algunos médicos no recomiendan tratamiento hasta que el linfoma haya comenzado a causar síntomas o anomalías en los órganos. En estos pacientes, el tratamiento a menudo es necesario después de un tiempo promedio de aproximadamente tres años.

Si se necesita tratamiento y el linfoma está localizado en un grupo de ganglios linfáticos o en dos grupos adyacentes en el mismo lado del abdomen (etapa I o etapa II temprana), a menudo se puede tratar con radioterapia a las áreas de los ganglios linfáticos. También se puede administrar radioterapia en las zonas grandes de linfoma para reducir los síntomas aún si no se encuentra en la etapa I o II.

Una vez se necesite tratamiento, por lo general existen varias opciones, independientemente de la etapa del linfoma. Muchos médicos tratarán primero rituximab (Rituxan) combinado con quimioterapia, administrando un solo medicamento (por ejemplo, fludarabina o clorambucil) o una combinación de medicamentos, tal como regimenes de CHOP o CVP (ciclofosfamida, vincristina, y prednisona). También se puede usar quimioterapia sola (uno o varios medicamentos) o rituximab solo.

Además, los anticuerpos monoclonales radioactivos más recientes, el ibritumomab (Zevalin) y el tositumomab (Bexxar), son opciones de tratamiento posibles, aunque son usados con más frecuencia como tratamientos se segunda opción que en pacientes recientemente diagnosticados.   Por lo general, se administran solos, pero en algunos casos la quimioterapia se puede administrar primero.

Para los pacientes que pudieran no tolerar regimenes de quimioterapia más intensivos, el rituximab solo o medicamentos de quimioterapia más leves (tal como chlorambucil o cyclophosphamida) pudieran ser buenas opciones.

Si el linfoma folicular no desaparece después del tratamiento inicial o si regresa luego, se pueden tratar otros métodos de tratamiento, como medicamentos de quimioterapia diferentes, anticuerpos monoclonales, o cierta combinación de éstos. Si el linfoma responde a este tratamiento, un trasplante de células madre pudiera ser una opción. Esto puede ayudar a algunos pacientes, pero la mayoría de los médicos cree que es mejor hacerlo en un estudio clínico. Un trasplante no mieloablativo (mini) puede ser otra opción.

En algunos casos, el linfoma folicular puede cambiar (transformar) a o regresar como linfoma difuso de células B grandes. Cuando esto ocurre, el tratamiento es el mismo que el que se utiliza contra la enfermedad más agresiva.

Leucemia linfocítica crónica (CLL)/linfoma linfocítico pequeño (SLL): al igual que el linfoma folicular, estos tipos de linfoma a menudo son de crecimiento lento, pero son muy difíciles de curar. El tratamiento de la leucemia linfocítica crónica se describe en nuestro documento “Leucemia linfocítica crónica”.

El tratamiento contra la leucemia linfocítica crónica y el linfoma linfocítico pequeño   usualmente es similar al del linfoma folicular. Para la enfermedad en etapa temprana que no está causando ningún síntoma o creciendo rápidamente, la observación minuciosa sin tratamiento inmediato pudiera ser una opción. Cuando se necesite el tratamiento, la quimioterapia, con o sin rituximab, es el tratamiento usual de primera línea.

Algunas veces se usa un anticuerpo monoclonal, conocido como alemtuzumab (Campath), para pacientes cuyos linfomas linfocíticos pequeños tienen cambios genéticos específicos. También puede ser usado como tratamiento de segunda línea si la enfermedad no responde o regresa después del tratamiento inicial.

Linfoma de células del manto: aunque no es un linfoma de rápido crecimiento, esta enfermedad requiere tratamiento intensivo ya que a menudo puede ser mortal dentro de varios años. Los tratamientos actuales para este tipo de linfoma pueden ser útiles, pero es poco probable que cure la enfermedad.  Por lo tanto, los pacientes tal vez quieran considerar participar en un estudio clínico.

Los casos en etapa temprana (etapas I o II), los cuales son muy pocos, algunas veces pueden ser tratados con radioterapia. De no ser así, el tratamiento usual es quimioterapia más rituximab. Las combinaciones de quimioterapia comunes tienen nombres tales como hyper-CVAD, CHOP, y EPOCH. Ningún régimen específico es mejor que otro, aunque existen informes que indican que las dosis más elevadas de quimioterapia pudieran ser más eficaces. Por esta razón, los estudios clínicos están analizando el uso de altas dosis de quimioterapia (algunas veces con radiación) y el trasplante de células madre para aquellos pacientes que han tenido una buena respuesta al tratamiento inicial. Otra opción bajo estudio es la quimioterapia seguida de ibritumomab (Zevalin), un anticuerpo radioactivo.

Para los linfomas de células del manto que no responden o que regresan después del tratamiento inicial, la quimioterapia con medicamentos como fludarabina, cladribina, o pentostatin se pueden usar, algunas veces junto con otros medicamentos de quimioterapia o con rituximab. Los medicamentos más recientes, llamados bortezomib (Velcade) y talidomida (Thalomid), lenalidomide (Revlimid), y temsirolimus (Torisel) también han ayudado a algunos pacientes que no respondieron a otros medicamentos. La función exacta de estos medicamentos para tratar el linfoma de células del manto se sigue investigando en estudios clínicos.

Linfoma extraglandular de zona marginal de células B o linfomas de tejido linfático asociado con la mucosa (MALT): el más común de estos, el linfoma gástrico (estómago), se cree ocurre como resultado de una infección crónica con H. pilori. Debido a esto, el tratamiento es distinto para los linfomas gástricos que para los demás linfomas de este grupo.

Para los linfomas gástricos MALT en sus etapas iniciales (etapas I y II) en personas que dieron positivo a H.pilori, el tratamiento a menudo consiste en antibióticos junto con inhibidores de la bomba de protones, los cuales son medicamentos que bloquean las secreciones ácidas estomacales.  Por lo general, los medicamentos se administran por 10 a 14 días, y puede repetirse después de varias semanas. Luego, se repite en ciertos intervalos el examen del revestimiento del estómago usando una gastroscopia (un tubo flexible que tiene lentes se pasa por la garganta) para determinar si la H. pilori ha desaparecido y si el linfoma ha disminuido en tamaño. Aproximadamente dos de cada tres de estos linfomas responden completamente al tratamiento de antibióticos, pero algunas veces toma varios meses para que sea eficaz. En los casos donde sea necesario aliviar los síntomas antes de que los antibióticos comiencen a surtir efecto o donde los antibióticos no reducen el linfoma, a menudo la radioterapia al área es el tratamiento preferido. Otra opción puede ser el anticuerpo monoclonal rituximab.

Para los linfomas gástricos MALT en sus etapas iniciales (etapas I y II) en personas que dieron negativo a H.pilori, el tratamiento usualmente consiste en radioterapia al estómago o rituximab.

Para los linfomas gástricos MALT más avanzados (etapa III o IV), los cuales son poco comunes, el tratamiento a menudo es similar al que se emplea para el linfoma folicular (vea información anterior). A los linfomas que no están creciendo rápidamente se les puede dar seguimiento sin   tratamiento inmediato. Si el linfoma es grande, causa síntomas o está creciendo, se puede administrar radioterapia al estómago o quimioterapia. Los medicamentos que se utilizan son los mismos que los que se usan contra el linfoma folicular, y puede incluir agentes sencillos como el clorambucilo o la fludarabina, o combinaciones como CVP (ciclofosfamida, vincristina y prednisona). El rituximab también es eficaz en muchos pacientes.

Para los linfomas MALT que se presenta en otras partes del cuerpo aparte del estómago (linfomas no gástricos), el tratamiento depende del lugar del linfoma y cuán extenso éste se encuentra. Los linfomas en etapa temprana a menudo pueden ser tratados con radiación local. La cirugía puede ser una opción en ciertos lugares (como los pulmones, el seno o la tiroides). Para la enfermedad más avanzada (etapa III o IV), el tratamiento, por lo general, es el mismo que se emplea para el linfoma folicular.

Linfoma nodal de zona marginal de células B: este tipo de linfoma poco común por lo general es de crecimiento lento. Se trata usualmente como un linfoma folicular (vea información anterior) ya sea con seguimiento minucioso o con quimioterapia de baja intensidad. También puede cambiar a un linfoma de células grandes de rápido crecimiento, lo que requeriría una quimioterapia más intensa, como la CHOP.

Linfoma esplénico de zona marginal de células B: este linfoma también crece lentamente. Si no está causando síntomas, a menudo se le da seguimiento minucioso sin tratamiento inmediato. Si el bazo está agrandado, los médicos pueden decidir extirparlo quirúrgicamente, especialmente si el paciente presenta síntomas. Esto, por sí sólo, algunas veces puede causar una remisión de la enfermedad a largo plazo. La radioterapia dirigida al bazo es ocasionalmente una alternativa a la cirugía. Otra opción puede ser tratamiento con anticuerpo monoclonal rituximab. Los pacientes que presenta una infección crónica con el virus de la hepatitis C también se pueden beneficiar de un tratamiento con un medicamento antiviral.

Si la enfermedad es más avanzada o progresa, usualmente se trata de la misma manera que un linfoma folicular, lo que pudiera incluir quimioterapia u otras opciones.

En algunos casos, este linfoma se puede convertir en un linfoma de células grandes agresivo, lo que requiere quimioterapia más intensa.

Linfoma primario mediastínico de células B: este linfoma se trata igual que el linfoma difuso de células B grandes localizado. El tratamiento principal es alrededor de seis cursos de quimioterapia CHOP más rituximab. También se puede administrar radiación al área del tórax si el paciente tiene un tumor grande.

Linfoma de Burkitt: éste es un linfoma de muy rápido crecimiento que usualmente tiene que ser tratado en el hospital con quimioterapia intensiva. La mayoría de los regimenes para esta enfermedad incluyen al menos cinco medicamentos de quimioterapia. Muchos regímenes también incluyen un medicamento esteroide, tal como prednisona o dexametasona. También se puede añadir rituximab. Debido a que este linfoma tiende a invadir el líquido cefalorraquídeo, se administra quimioterapia con metotrexato en el líquido cefalorraquídeo.

Una parte importante del tratamiento inicial de esta enfermedad es asegurarse que estos pacientes, quienes están en riesgo de síndrome de lisis tumoral (descrito en la sección “Quimioterapia”), tomen mucho líquido y reciban medicamentos como el alopurinol.  

Más de la mitad de todos los pacientes con linfoma Burkitt pueden ser curados con tratamientos modernos.

Linfoma linfoplasmacítico (macroglobulinemia de Waldenstrom): el tratamiento principal de este linfoma es usualmente la quimioterapia o rituximab. Para información más detallada, vea nuestro documento Waldenstrom Macroglobulinemia.

Leucemia de células peludas: éste es otro linfoma de crecimiento lento que tiende a invadir tanto al bazo como a los ganglios linfáticos y la sangre. Los pacientes sin síntomas frecuentemente no necesitan tratamiento inmediato, pero se deben someter a exámenes de seguimiento minuciosos. Estos exámenes se hacen cada pocos meses para verificar el progreso de la enfermedad y la aparición de síntomas. Algunos pacientes con leucemia de células pilosas (HCL) viven por muchos años sin tener síntomas ni recibir tratamiento.

Puede ser recomendable el tratamiento para aquellos pacientes con HCL que tienen cuentas bajas de células sanguíneas, padecen infecciones recurrentes o tienen el bazo o los ganglios linfáticos agrandados. El tratamiento que se usa con más frecuencia es uno de los medicamentos análogos de la purina, cladribina (2CdA) o pentostatina. Hasta 80 a 90% de los pacientes responden a estos medicamentos, y las respuestas duran más de cinco años en la mayoría de los pacientes. Aún si recurre la HCL, muchos pacientes responden a un segundo tratamiento con estos medicamentos.

La administración de rituximab después de estos medicamentos puede eliminar cualquier enfermedad remanente en las personas que no han respondido totalmente. Como ésta es una enfermedad bastante rara, muy pocas personas han recibido tratamiento con rituximab para saber si hace la diferencia a largo plazo.

En pocos casos la HCL puede no responder a la quimioterapia. Puede ser de utilidad la administración de rituximab o de interferón-alfa, un tipo de inmunoterapia. Si un paciente tiene molestias debido al agrandamiento del bazo, la extirpación quirúrgica del bazo (esplenectomía) frecuentemente puede ayudar a aliviar el dolor u otros síntomas.


Linfomas de células T

Linfoma/leucemia linfoblástico de células T precursoras: esta enfermedad puede ocurrir tanto en los niños como en los adultos. El tratamiento de la forma leucémica de esta enfermedad se discute con más detalles en los documentos “Leucemia linfocítica aguda” y “Leucemia en niños”.

Se llama linfoma cuando hay masas tumorales y si la cantidad de células de linfoma componen menos del 25% de la médula ósea. Esta enfermedad es de crecimiento rápido que se trata con quimioterapia intensiva cuando es posible.

Se utilizan muchas combinaciones de medicamentos. Entre los medicamentos que se usan están la ciclofosfamida (Cytoxan), doxorrubicina (Adryamicin), vincristina (Oncovin), L-asparaginasa, metotrexato, prednisona y, a veces, citarabina (Cytosar). Debido al riesgo de propagación al cerebro y a la médula espinal, también se administra quimioterapia con metotrexato en el líquido cefalorraquídeo. Algunos médicos sugieren mantener la quimioterapia hasta dos años después del tratamiento inicial para reducir el riesgo de recurrencia. Otra opción puede ser altas dosis de quimioterapia seguidas de un trasplante de células madre.

Una parte importante del tratamiento inicial de esta enfermedad es asegurarse que estos pacientes, quienes están en riesgo de síndrome de lisis tumoral (descrito en la sección “Quimioterapia”), tomen mucho líquido y reciban medicamentos como el alopurinol.  

Aunque este linfoma es de crecimiento rápido, si no se ha propagado a la médula ósea al momento del diagnóstico, las probabilidades de curación con quimioterapia son muy buenas. Una vez se ha propagado a la médula ósea, solo el 40% al 50% de los pacientes se pueden curar.

Linfoma cutáneo de células T (micosis fungoide, síndrome de Sézary): el tratamiento para estos linfomas se discute en nuestro documento “Lymphoma of the Skin”.

Linfoma angioinmunoblástico de células T: este linfoma de rápido crecimiento a menudo se trata primero sólo con esteroides (como la prednisona o la dexametasona). Este tratamiento puede reducir la fiebre y la pérdida de peso, pero el efecto a menudo es temporal, y usualmente se necesita alguna forma de quimioterapia. En pocos casos, la quimioterapia resulta en remisiones a largo plazo, por lo que a menudo se sugiere un autotrasplante de células madre después de la quimioterapia inicial si una persona puede tolerarla.  

Linfoma extraglandular de células T agresoras naturales, de tipo nasal: debido a que este linfoma generalmente se limita a los conductos nasales, usualmente se puede tratar con radioterapia más quimioterapia, usando un régimen tal como CHOP (ciclofosfamida, doxorrubicina, vincristina, y prednisona). También se administra quimioterapia en el líquido cefalorraquídeo. Si el linfoma se ha propagado, el régimen de quimioterapia puede ser más intenso. Si es posible, se pueden utilizar altas dosis de múltiples medicamentos y un trasplante de células madre.
 
Linfoma de células T de tipo enteropático: este linfoma es resultado de la hipersensibilidad al gluten, y casi siempre se encuentra en los intestinos. Si los síntomas de hipersensibilidad se detectan a tiempo, entonces una alimentación libre de gluten puede ayudar a evitar que ocurra el linfoma. Este tipo de linfoma es muy difícil de tratar, aunque se pudiera recomendar un estudio clínico de quimioterapia. Un trasplante de célula madre puede ser otra opción.

Linfoma anaplásico de células grandes: este linfoma de rápido crecimiento principalmente afecta a los ganglios linfáticos y se trata con CHOP o regimenes similares de quimioterapia. En algunos casos, los médicos también pueden recomendar radioterapia. Los índices de respuesta al tratamiento son generalmente altos y la tasa de supervivencia a largo plazo es común, especialmente si las células del linfoma son positivas a la proteína ALK-1. Si las células carecen de la proteína ALK-1 o si el linfoma regresa después del tratamiento inicial, un autotrasplante de células madre puede ser una opción.

Linfoma periférico de células T no especificado: por lo general, se tratan de la misma manera que los linfomas difusos de células B grandes. Se utiliza la quimioterapia con CHOP u otras combinaciones de medicamentos. Para la enfermedad en etapa temprana, se puede añadir radioterapia. Si es posible, se puede recomendar el trasplante de células madre como parte del tratamiento. Si otros tratamientos ya no surten efecto, se pueden tratar medicamentos de inmunoterapia, como el alemtuzumab (Campath) y el denileukin diftitox (Ontak).  Por lo general, el pronóstico no es tan favorable como lo es en el linfoma difuso de células B. Por lo tanto, la participación en un estudio clínico de tratamientos nuevos a menudo es una buena opción.


Tipos especiales de linfoma

Algunos tipos de linfoma son tratados de una manera tan diferente que merecen ser discutidos por separado.

Linfoma primario del sistema nervioso central: este linfoma comienza en el cerebro o en la médula espinal. A menudo les ocurre a las personas de edad avanzada o que tienen problemas con el sistema inmunitario causados por el sida o por medicamentos administrados para evitar el rechazo de órganos trasplantados.

La mayoría de los pacientes son tratados con quimioterapia y/o radiación. Uno de los problemas con el tratamiento de esta enfermedad consiste en que la mayoría de los medicamentos de quimioterapia comúnmente usados para tratar el linfoma no alcanza el cerebro cuando se administran por vía intravenosa (IV). Para aquellas personas en un estado de salud bastante favorable, las altas dosis intravenosas de metotrexato han mostrado ser el tratamiento más eficaz. Esto se administra junto con el medicamento leucovorín y líquidos por vía intravenosa, lo que ayuda a limitar los efectos secundarios graves. Se pueden añadir otros medicamentos de quimioterapia, por ejemplo la citarabina. Para aquellos pacientes que no pueden tolerar este tratamiento, se pueden tratar otros regímenes de quimioterapia menos intensiva.

A menudo se emplea radiación al cerebro (sola o con quimioterapia), aunque algunos médicos tratan de evitarla siempre que sea posible, ya que a menudo causa cambios mentales especialmente en pacientes de edad avanzada. Se están llevando a cabo estudios que están analizando esto.

Históricamente, el pronóstico para los pacientes con linfoma del sistema nervioso central no ha sido tan favorable como en otros linfomas, pero esto está relacionado, al menos en parte, al hecho de que ellos tienden a ser de mayor edad o presentar graves problemas de salud.

Linfoma asociado con VIH: las personas infectadas con VIH tienen un riesgo aumentado de linfoma. Aunque las personas con VIH a menudo padecen de formas agresivas de linfoma, como el linfoma Burkitt o el linfoma difuso de células B grandes, sus pronósticos han mejorado considerablemente en años recientes. El uso de terapia antiretroviral altamente activa (HAART) para tratar el VIH ha permitido que los pacientes toleren  mejor la quimioterapia.

El problema principal en el pasado consistió en que los pacientes infectados con VIH tienden a presentar bajos recuentos sanguíneos, lo que hace difícil tratarlos con ciclos completos de quimioterapia. Este problema se ha estado resolviendo en algo mediante el uso de HAART y por el uso de medicamentos para ayudar al organismo del paciente a producir nuevas células sanguíneas.   Aun así, los médicos administran quimioterapia cuidadosamente, y vigilan minuciosamente los recuentos sanguíneos.

La mayoría de los expertos cree que el pronóstico para la persona con linfoma asociado con VIH se relaciona más con la infección por VIH que con el linfoma. Debido a que la terapia moderna contra el VIH puede a menudo controlar la deficiencia inmunológica en los pacientes de sida, el pronóstico para esos pacientes que padecen linfoma ha mejorado considerablemente. El tratamiento del linfoma en sí depende del tipo específico de linfoma.

Información adicional sobre el tratamiento

Para más detalles sobre las opciones de tratamiento, incluyendo algunas que no pudieran estar disponibles en este documento, la National Comprehensive Cancer Network (NCCN) y el Instituto Nacional del Cáncer (NCI) son buenas fuentes de información.

La NCCN, compuesta por expertos de muchos centros de cáncer principales en el país, redactó las guías de tratamiento del cáncer para los doctores con el fin de ser usadas para tratar a los pacientes. Estas guías están disponibles en la página Web de la NCCN (www.nccn.org).

El Instituto Nacional del Cáncer (NCI) provee guías de tratamiento a través de su centro de información (1-800-4-CANCER) y su página Web (www.cancer.gov). También están disponibles guías detalladas preparadas para los profesionales de atención del cáncer en www.cancer.gov.



¿Qué debe preguntar a su médico acerca del linfoma no Hodgkin?

Es importante sostener diálogos sinceros y abiertos con el equipo de profesionales que atiende su cáncer. Ellos desean contestar todas sus preguntas, no importa lo insignificantes que puedan parecer. Por ejemplo, tome en consideración las siguientes preguntas:
  • ¿Qué tipo de linfoma no-Hodgkin tengo?
  • ¿Un patólogo experto en linfoma ha revisado mi biopsia?
  • ¿Se utilizaron marcadores de superficie celular para confirmar mi diagnóstico?
  • ¿Se necesitan hacer otras pruebas antes de decidir sobre el tratamiento?
  • ¿Cuál es la etapa (extensión) del linfoma y qué significa eso en mi caso?
  • ¿Cuál es mi puntuación del índice internacional de pronóstico (IPI)? ¿Afecta esta puntuación mis opciones?
  • ¿Cuánta experiencia tiene con el tratamiento de este tipo de linfoma?
  • ¿Debo pedir una segunda opinión? ¿Me puede sugerir a alguien?
  • ¿Qué opciones de tratamiento tengo? ¿Necesito tratar inmediatamente el linfoma?
  • ¿Qué recomienda, y por qué?
  • ¿Cuáles son los riesgos o efectos secundarios de los tratamientos que usted sugiere?
  • ¿Qué debo hacer para prepararme para el tratamiento?
  • ¿Cuánto tiempo durará el tratamiento? ¿Qué conllevará? ¿Dónde se administrará?
  • ¿Cómo afectará el tratamiento mis actividades diarias?
  • ¿Cuál es mi pronóstico de supervivencia?
  • ¿Cuáles son las probabilidades de recaída con estos planes de tratamiento?
  • ¿Qué se haría si el tratamiento no surte efecto o si el linfoma regresa?
  • ¿Qué tipo de atención médica de seguimiento necesitaré después del tratamiento?

Además de estos ejemplos de preguntas, asegúrese de escribir las que usted desee hacer. Por ejemplo, usted podría desear más información acerca del tiempo de recuperación para poder planificar su esquema de trabajo. Por otra parte, usted tal vez quiera preguntar sobre los estudios clínicos para los que pueda resultar elegible.


¿Qué pasa después del tratamiento del linfoma no Hodgkin?

Completar el tratamiento puede causar tanto estrés como entusiasmo. Usted sentirá alivio de haber completado el tratamiento, aunque aún resulte difícil no sentir preocupación sobre el regreso del cáncer, lo que se conoce como recurrencia. Ésta es una preocupación muy común entre las personas que han tenido cáncer.

Es posible que pase un tiempo antes de que la confianza en su propia recuperación comience a sentirse real y que sus miedos sean un tanto aliviados. Puede obtener más información sobre qué es de lo que tiene que estar al pendiente y cómo aprender a vivir con la posibilidad de que el cáncer regrese en el documento (disponible en inglés) Living with Uncertainty: The Fear of Cancer Recurrence de la Sociedad Americana del Cáncer, llamando al 1-800-227-2345.


Cuidados posteriores

Los linfomas son un grupo diverso de enfermedades que requieren tratamientos diferentes y que pueden tener pronósticos muy distintos. Su atención después del tratamiento dependerá en gran medida del tipo de linfoma que padezca, el tipo de tratamiento recibido y cuán eficaz fue el tratamiento.

Pruebas de seguimiento

Es probable que su médico quiera verle regularmente para discutir cualquier síntoma que usted presente y para hacer exámenes físicos, usualmente cada varios meses durante el primer año y con menos frecuencia gradualmente después del año. Su examen físico incluirá atención cuidadosa al tamaño y consistencia de los ganglios linfáticos.

Se pueden hacer estudios por imágenes, dependiendo del tipo, la localización y la etapa del linfoma. Si está o estuvo afectado algún ganglio linfático u otro órgano interno, se puede hacer una CT y/o una PET para medir el tamaño de cualquier masa tumoral remanente. La PET es particularmente útil para aclararles a los médicos si una masa vista en el CT es un linfoma activo o un tejido cicatrizal.

Puede que usted necesite hacerse análisis de sangre con frecuencia para verificar que se ha recuperado del tratamiento y para determinar si hay posibles signos de problemas, tal como la enfermedad recurrente. Los resultados de los recuentos sanguíneos algunas veces también pueden ser anormales debido a una enfermedad llamada mielodisplasia, la cual es un defecto de la médula ósea que puede causar leucemia. Algunos medicamentos de quimioterapia pueden causar esta enfermedad. Para más información, consulte nuestro documento "Síndromes Mielodisplásicos”. También es posible que se origine leucemia en una persona varios años después de ser tratada por linfoma.

Si el linfoma recurre en algún momento, el tratamiento adicional dependerá de qué tratamientos ha recibido anteriormente, cuánto tiempo ha pasado desde el tratamiento y su salud. Para más información, vea la sección “¿Qué sucede si el linfoma no responde al tratamiento o regresa después de que termine el tratamiento?” Para obtener más información general sobre cómo lidiar con la recurrencia, usted puede consultar nuestro documento (disponible en inglés) “When Your Cancer Comes Back: Cancer Recurrence”. Puede obtener este documento llamando al 1-800-227-2345.


Consultas con un nuevo médico

En algún momento después del diagnóstico y tratamiento del cáncer, es posible que usted tenga que consultar a un médico nuevo. Esto puede deberse a que su doctor que le atendió por primera vez se retiró o se cambió a otro lugar, o usted pudo haber cambiado de residencia o de doctor por alguna razón. Es importante que usted le proporcione a su nuevo médico los detalles exactos de su diagnóstico y tratamiento. Asegúrese de conservar lo siguiente:

  • Una copia del informe de patología de cualquier biopsia o cirugía.
  • Si se sometió a una cirugía, una copia del reporte del procedimiento.
  • Si se le admitió en el hospital, una copia del resumen al alta que los médicos tienen que preparar cuando envían al paciente a su casa.
  • Si recibió radioterapia, un resumen del tipo y dosis de radiación, así como el momento y el lugar en donde se administró.
  • Si ha recibido quimioterapia u otras medicinas, una lista de sus medicamentos, las dosis de los medicamentos y cuándo los tomó.


También es importante mantener su cubierta de seguro médico. Aunque nadie quiere pensar que su cáncer puede regresar, esto siempre es una posibilidad. Si ocurre, lo que menos necesita es preocuparse sobre el pago del tratamiento.

Cambios en el estilo de vida que debe considerar durante y después del tratamiento

El cáncer y el tratamiento pueden consumir tiempo y causar desgaste emocional. No obstante, también puede ser el momento para nuevos cambios en su vida. Quizás usted está considerando mejorar su estado general de salud a largo plazo. Algunas personas incluso comienzan este proceso durante el tratamiento del cáncer.


Tome decisiones saludables

Reflexione acerca de cómo era su vida antes de que usted supiera que tenía cáncer. ¿Había cosas que usted hacía que no eran tan saludables? Quizás usted consumía muchas bebidas con alcohol, o comía más de lo que necesitaba, o fumaba, o no hacía ejercicio a menudo. Emocionalmente, quizás usted no expresaba sus sentimientos, o quizás dejaba que las situaciones estresantes le afectaran por mucho tiempo.

Ahora no es el momento de sentirse culpable o culparse a sí mismo. El día de hoy puede comenzar a hacer cambios que puedan tener buenos efectos durante el resto de su vida. No sólo se sentirá mejor, pero también estará más saludable. Qué mejor momento que ahora para aprovechar la motivación que tiene como resultado de haber pasado por una experiencia que le ha cambiado la vida como es el tener cáncer.

Usted puede comenzar a trabajar los aspectos que más le preocupan. Obtenga ayuda en aquéllos que le resulten más difíciles. Por ejemplo, si está considerando dejar de fumar y necesita ayuda, llame a nuestra línea para dejar de fumar al 1-800-227-2345.


Alimentación y nutrición

Alimentarse bien puede ser un reto para cualquier persona, aunque puede ser aún más difícil durante y después del tratamiento del cáncer. Por ejemplo, el tratamiento a menudo puede cambiar su sentido del gusto. La náusea puede ser un problema. Es posible que usted pierda su apetito por un tiempo y también pierda peso sin desearlo. Por otro lado, algunas personas aumentan de peso incluso cuando no comen más, lo que también puede ser frustrante.

Si usted está perdiendo peso o tiene problemas con el sabor de los alimentos que su sentido del gusto percibe durante el tratamiento, haga lo mejor que pueda en relación con su alimentación y recuerde que estos problemas usualmente se van solucionando con el transcurso del tiempo. Usted puede pedirle al equipo de atención del cáncer que le refiera a un especialista en nutrición que le puede sugerir ideas sobre cómo combatir algunos de los efectos secundarios de su tratamiento. Además, usted puede encontrar útil comer porciones pequeñas cada dos a tres horas hasta que se sienta mejor y pueda regresar a un plan más normal.

Una de las mejores cosas que puede hacer después del tratamiento consiste en adoptar hábitos sanos de la alimentación. Usted se sorprenderá de los beneficios a largo plazo de algunos cambios simples, como aumentar la variedad de alimentos saludables que consume. Trate de comer cinco o más porciones de frutas y verduras cada día. Consuma alimentos de grano integral en vez de azúcares y harinas. Trate de limitar el consumo de carnes altas en grasa. Disminuya el consumo de carnes procesadas, como perros calientes (hot dogs), mortadela (bologna) y tocino. Si puede, trate de evitar estos alimentos por completo. Además, si toma alcohol, limítelo a máximo una o dos bebidas por día. No olvide hacer algún tipo de ejercicio de forma habitual. La combinación entre una buena dieta y el ejercicio de rutina le ayudará a mantener un peso saludable y hacerle sentir más energía.


Descanso, cansancio, trabajo y ejercicio

El cansancio es un síntoma muy común entre las personas que están recibiendo tratamiento contra el cáncer. Éste a menudo no es un tipo de cansancio ordinario, sino un agotamiento que no se alivia con el descanso. Para algunas personas, este cansancio dura mucho tiempo después del tratamiento, y puede provocar que no sientan deseos de mantenerse físicamente activas.

Sin embargo, el ejercicio puede en realidad ayudar a reducir el cansancio. Los estudios han mostrado que los pacientes que siguen un programa de ejercicio adaptado a sus necesidades personales se sienten mejor física y emocionalmente, y pueden lidiar mejor con la situación.

Si usted padece de una enfermedad y necesita permanecer en cama durante el tratamiento, es normal esperar que la fuerza de sus músculos, su estado físico y su resistencia se deterioren un poco. La terapia física puede ayudarle a mantenerse fuerte y mantener el movimiento normal de sus músculos, lo que puede ayudar a combatir el cansancio y la depresión que algunas veces surge al sentir tanto cansancio.

Cualquier programa de actividad física debe ajustarse a su situación personal. Una persona de edad avanzada que nunca se ha ejercitado no podrá hacer la misma cantidad de ejercicio que una de 20 años que juega tenis tres veces a la semana. Si hace varios años que no se ejercita, pero puede mantenerse activo, usted puede considerar caminar distancias cortas.

Hable con su equipo de atención médica antes de comenzar los ejercicios, y consulte su opinión sobre los planes de ejercicio. Luego, trate de conseguir a alguien que le acompañe a hacer los ejercicios para que no los haga solo. Cuando los familiares o los amigos se integran en un programa de ejercicios nuevo, usted obtiene el refuerzo adicional de apoyo que necesita para mantenerse activos cuando el entusiasmo simplemente no exista.

Sin embargo, si usted siente demasiado cansancio, necesitará balancear la actividad con el descanso. Es aceptable que descanse cuando sienta agotamiento. Resulta realmente difícil para algunas personas permitirse hacer esto cuando estaban acostumbradas a trabajar todo el día o a asumir las responsabilidades del hogar

El ejercicio puede mejorar su salud física y emocional:
  • Mejora su condición cardiovascular (corazón y circulación).
  • Fortalece sus músculos.
  • Reduce el cansancio.
  • Reduce la ansiedad y la depresión.
  • En general, le hace sentir más feliz.
  • Le hace sentir mejor sobre sí mismo.

Además, sabemos que el ejercicio desempeña un papel en la prevención de algunos cánceres. La Sociedad Americana del Cáncer recomienda en sus guías sobre la actividad física para la prevención del cáncer que los adultos participen en por lo menos una actividad física por 30 minutos o más durante cinco o más días a la semana.


Su salud emocional

Una vez que finalice su tratamiento, es posible que las emociones le sean abrumadoras. Esto ocurre a muchas personas. Es posible que usted haya pasado por mucho durante el tratamiento a tal punto que sólo se pueda enfocar en finalizar con todo su tratamiento.

Ahora usted se encuentra pensando sobre la posibilidad de su propia muerte, o sobre el efecto de su cáncer en su familia y amigos, al igual que en su empleo. También es posible que comience a reevaluar la relación con su cónyuge o pareja. Otros asuntos inesperados también pueden causar preocupación. Por ejemplo, a medida que usted está más saludable y acuda menos al médico, consultará con menos frecuencia a su equipo de atención médica. Esto puede causar ansiedad en algunas personas.

Éste es el momento ideal para buscar apoyo emocional y social. Usted necesita personas a quienes acudir para obtener fortaleza y consuelo. El apoyo puede provenir de muchas fuentes: familia, amigos, grupos de apoyo, iglesias o grupos espirituales, comunidades de apoyo en línea u orientadores individuales.

Casi todas las personas que han pasado por la experiencia del cáncer pueden beneficiarse de algún tipo de apoyo. Lo que es mejor para usted depende de su situación y personalidad. Algunas personas se sienten seguras en grupos de apoyo con personas similares que están experimentando situaciones semejantes, o en grupos de educación. Otras personas pudieran preferir hablar en un entorno informal, tal como en una iglesia, mientras que otras pueden sentirse más cómodos hablando directamente con un amigo de confianza o un consejero. Cualquiera que sea su fuente de fortaleza o consuelo, asegúrese de que tiene un lugar a dónde acudir con sus inquietudes.

La experiencia con el cáncer puede hacerle sentir mucha soledad. No es necesario ni realista que usted pase por toda esta experiencia solo. Sus amigos y familiares pueden sentirse excluidos si usted decide que no participen de esta experiencia. Deje que tanto ellos como cualquier otra persona que usted considere puedan ayudarle. Si no está seguro quién puede ayudar, llame a su Sociedad Americana del Cáncer al 1-800-227-2345 y le pondremos en contacto con un grupo o recurso de apoyo apropiado.

Usted no puede cambiar el hecho de que ha tenido cáncer, Lo que sí puede cambiar es cómo vive el resto de su vida mediante cambios saludables y sintiéndose lo mejor posible tanto física como emocionalmente.

¿Qué sucede si el linfoma no responde al tratamiento o regresa después de que termine el tratamiento?

Los linfomas son un grupo diverso de enfermedades, y la probabilidad que la enfermedad progrese o recurra después del tratamiento varía entre los tipos.

Por lo general, cuando los linfomas regresan, tienden a hacerlo en la misma parte del cuerpo donde comenzaron. Por ejemplo, si comenzó en los ganglios linfáticos del abdomen, es en ese lugar donde probablemente recurrirá. Si se afectó la médula ósea, muy probablemente regrese ahí. En muchos casos, el linfoma responderá a nuevos tipos de quimioterapia o a otros medicamentos. Si se puede lograr una remisión con una segunda ronda de tratamiento, los médicos a menudo recomiendan altas dosis de quimioterapia con un trasplante de células madre o un trasplante no mieloablativo con bajas dosis.

Si varias rondas de tratamiento han fallado, es mucho menos probable que el linfoma responda a una quimioterapia adicional o nueva. Si el linfoma responde, puede que la respuesta sea breve. Con el tiempo, la quimioterapia provee usualmente menos beneficios, aunque la inmunoterapia y otros nuevos enfoques de tratamiento disponibles por medio de estudios clínicos, pudieran ser eficaces.

En el futuro, se torna evidente que es poco probable que administrar más tratamiento sea útil. En ese momento resulta importante sopesar el posible beneficio limitado de un nuevo tratamiento y las posibles desventajas, incluyendo las visitas continuas al médico y los efectos secundarios del tratamiento. Cada persona tiene su propia manera de considerar esto. Tal vez algunas personas quieran continuar el tratamiento tanto como sea posible, mientras que otras desearán concentrarse en estar cómodas durante el tiempo de vida que les queda.

Cuando llegue el momento en el que usted ha tratado todos los tratamientos médicos, pero éstos simplemente ya no son eficaces, probablemente éste sea el momento más difícil en su lucha contra el cáncer. Aunque su médico pueda ofrecerle un tratamiento nuevo, usted necesita considerar que llegará el momento en que sea poco probable que continuar el tratamiento mejore su salud o cambie su pronóstico o supervivencia. 

Si usted desea continuar el tratamiento para combatir su cáncer tanto como pueda, necesitará continuar considerando las probabilidades de que más tratamiento brinde algún beneficio. En muchos casos, su médico puede calcular la tasa de respuesta para el tratamiento que usted considere. Algunas personas están tentadas a recibir más quimioterapia o radiación, por ejemplo, incluso cuando sus médicos indican que las probabilidades de beneficio son menores al 1%. En esta situación, usted necesita analizar y entender sus razones para optar por este plan.

Independientemente de lo que usted decida hacer, es importante que tenga la mayor comodidad posible. Asegúrese de que usted pida y reciba el tratamiento para cualquier síntoma que pudiese tener, tal como el dolor. Este tipo de tratamiento se llama tratamiento paliativo.

El tratamiento paliativo ayuda a aliviar estos síntomas, pero no se espera que cure la enfermedad; su propósito principal es mejorar su calidad de vida. Algunas veces, los tratamientos que usted recibe para controlar sus síntomas son similares a los tratamientos usados para tratar el cáncer. Por ejemplo, cuando los ganglios linfáticos se agrandan, pueden ejercer presión contra los nervios y causar dolor. La radioterapia a estas áreas puede ayudar a aliviar el dolor. Se deben administrar medicamentos contra el dolor adecuados. En esta situación, está bien usar medicamentos más potentes como los opioides, si los medicamentos no opioides no alivian el dolor.

Otros síntomas, como el cansancio y una baja resistencia a las infecciones pueden ser causados por bajos recuentos sanguíneos. A veces se necesitan transfusiones de sangre o tratamiento con medicamentos que estimulen la producción de nuevas células sanguíneas. Las náuseas y la pérdida de apetito se pueden tratar con medicamentos y suplementos alimentarios de alto contenido calórico. Si el linfoma se ha propagado a los pulmones, los pacientes pudieran tener dificultad respiratoria.  Se puede usar oxígeno para tratar este síntoma.

En este momento, es posible que usted se beneficie de la atención de hospicio. En la mayoría de los casos, este cuidado se puede dar en la casa. Es posible que el cáncer esté causando síntomas o problemas que requieran atención, y las residencias de enfermos crónicos terminales se enfocan en su comodidad. Usted debe saber que la atención de hospicio no significa que no pueda recibir tratamiento para los problemas causados por su cáncer u otras condiciones de salud. Simplemente significa que el enfoque de su cuidado consiste en vivir lo más plenamente posible y sentirse tan bien como pueda en esta difícil etapa de su cáncer.

También recuerde que es importante mantener la esperanza. La esperanza de una cura puede que ahora no sea tan profunda, pero sigue habiendo esperanza de que pueda pasar momentos buenos con sus familiares y amigos, momentos que estarán llenos de felicidad y significado. En cierta manera, una interrupción de su tratamiento contra el cáncer en este momento es una oportunidad para reenfocarse en las cosas más importantes de su vida. Éste es el momento para hacer algunas cosas que usted siempre deseaba hacer y dejar de hacer aquéllas que ya no desea.



¿Qué hay de nuevo en la investigación y tratamiento del linfoma no Hodgkin?

En muchos centros médicos alrededor del mundo se han estado realizando investigaciones sobre las causas, la prevención y el tratamiento del linfoma no Hodgkin.


Genética

Los científicos están progresando en gran manera al comprender mejor cómo los cambios en el ADN pueden causar que los linfocitos normales se tornen en células de linfoma. Esto está proporcionando una idea de la razón por la cual estas células pueden llegar a crecer tan rápidamente, vivir por tiempo prolongado y no convertirse en células maduras que participen en las reacciones inmunológicas normales. Una vez se comprenda esto, se pueden desarrollar medicamentos que bloqueen este proceso.

Los avances logrados en la comprensión de los cambios del ADN en el linfoma han tenido como resultado la disponibilidad de pruebas mejores y más sensibles para detectar la enfermedad. Dichas pruebas pueden identificar células del linfoma a base de cambios genéticos, tal como translocaciones o reordenamientos. Por ejemplo, la prueba de reacción en cadena de la polimerasa (PCR) puede detectar una célula de linfoma entre un millón de células normales. Además de usarse para detectar y clasificar linfomas, la prueba es útil para ayudar a determinar si el linfoma ha sido destruido con el tratamiento y si es posible que haya ocurrido una recaída.

Uno de los adelantos más importantes en años recientes es la creación de micromatrices del ADN. Éstas son pruebas de patrones genéticos en el ADN de un tumor que puede ayudar a localizar a los genes anormales en el tumor. Esto puede resultar en nuevas clasificaciones de estas enfermedades. Estas pruebas también pueden ser útiles en identificar a esos pacientes que pueden necesitar tratamiento temprano con altas dosis de quimioterapia y trasplantes de células madre. La utilidad y confiabilidad de estas pruebas se esta estudiando actualmente.


Tratamiento

La mayor parte de la investigación sobre el linfoma no Hodgkin se enfoca en buscar nuevas y mejores maneras de tratar esta enfermedad.

Quimioterapia

En los estudios clínicos se están estudiando muchos medicamentos nuevos de quimioterapia. En años recientes, estos estudios han conducido a la aprobación de nuevos medicamentos, tal como el bendamustine (Treanda), contra ciertos tipos de linfoma. Otros están estudiando nuevas maneras de combinar medicamentos usando diferentes dosis o diferentes secuencias de administración de medicamentos.


Trasplantes de médula ósea y de células madre de sangre periférica

Los investigadores están mejorando continuamente los métodos de trasplante de células madre de la médula ósea y de la sangre periférica, incluyendo nuevos métodos para recolectar estas células antes del trasplante.

Los autotrasplantes (tomados del paciente en vez de alguna otra persona) tienen el riesgo de volver a introducirle células del linfoma al paciente después del tratamiento. Los investigadores están estudiando actualmente nuevos y mejores métodos para remover de estas muestras celulares los últimos rastros de linfoma antes de transplantárselas al paciente. Algunos de los nuevos anticuerpos monoclonales diseñados para tratar los linfomas pueden ayudar a extraer estas células restantes.

Muchas de las investigaciones están centradas en cómo eliminar la enfermedad del injerto contra huésped en los alotrasplantes (de donantes). El enfoque que se está utilizando en estos trabajos es manipular las células T trasplantadas para que no reaccionen ante las células normales del recipiente, pero que sí destruyan las células del linfoma.

Los investigadores también estudian la efectividad de los transplantes no mieloablativo de células madre (intensidad reducida) en personas con linfoma.  Puede que este método permita a más personas beneficiarse de los transplantes de célula madre.


Terapias dirigidas

A medida que los investigadores aprenden más sobre las células cancerosas, ellos han podido desarrollar medicamentos más recientes que atacan las partes específicas de estas células. Estos medicamentos son distintos a los que se usan en la quimioterapia convencional, los cuales atacan a las células de rápido crecimiento. Los medicamentos más nuevos tienen menos efectos secundarios graves.  Además, puede que en algunos casos funcionan cuando la quimioterapia no es eficaz. Los medicamentos dirigidos tal como bortezomib (Velcade), talidomida (Thalomid), lenalidomida (Revlimid), y temsirolimus (Torisel) han mostrado cierta esperanza en el tratamiento de ciertos linfomas.  . Actualmente, tanto estos medicamentos, como otros similares se están estudiando en ensayos clínicos.


Inmunoterapia

La superficie de las células de los linfomas contiene ciertos químicos. Los anticuerpos monoclonales que reconocen estas sustancias pueden ser dirigidas para destruir las células del linfoma sin causarle mucho daño a los tejidos normales del cuerpo. Esta estrategia de tratamiento ya ha probado ser eficaz. Varios de estos medicamentos, incluyendo el rituximab (Rituxan), ya está disponible y se describe en la sección "¿Cómo se trata el linfoma no Hodgkin?"

A menudo, se administra el rituximab por un periodo limitado de tiempo durante el tratamiento. Debido a que causa pocos efectos secundarios, los estudios nuevos están probando su utilidad a largo plazo para determinar si ayuda a prevenir el regreso de los linfomas. El uso de rituximab en este tipo de “terapia de mantenimiento” se sigue considerando experimental por la mayoría de los médicos.

Debido al éxito del rituximab y los medicamentos similares, tal como ibritumomab y tositumomab, nuevos anticuerpos monoclonales se están desarrollando. Algunos se unen a sustancias que pueden envenenar las células cancerosas, y que se conocen como inmunotoxinas. Estas sustancias actúan como dispositivos buscadores de blancos que llevan las toxinas directamente a las células cancerosas. Un ejemplo es una inmunotoxina conocida como BL22 que ha mostrados ser bastante promisoria en el tratamiento de la leucemia de células pilosas en estudios clínicos.


Vacunas contra linfomas

Por algún tiempo, los médicos han sabido que los sistemas inmunitarios de las personas pueden ayudar a combatir sus cánceres. En raros casos, el sistema inmunitario de estas personas ha rechazado sus cánceres y se han curado. En la actualidad, los científicos están tratando de crear nuevas maneras para motivar esta reacción inmunológica mediante el uso de vacunas.

Contrario a las vacunas contra las infecciones, como el sarampión y las paperas, estas vacunas están diseñadas para ayudar a tratar, no prevenir, linfomas. El objetivo es crear una reacción inmunológica contra las células de linfoma en los pacientes cuya enfermedad está en sus primeras etapas o en pacientes cuya enfermedad está en remisión. Una de las posibles ventajas de estos tipos de tratamientos consiste en que parecen tener efectos secundarios muy limitados. Hasta ahora, este enfoque ha tenido éxito en varias ocasiones y se ha convertido en un área de investigación importante en el tratamiento de los linfomas. Hasta el momento, las vacunas contra linfomas sólo están disponibles en estudios clínicos.

La vacuna BiovaxIDTM está basada en la composición genética única de un paciente de linfoma no Hodgkin de células B. La vacuna utiliza una proteína única (parte de un anticuerpo llamado un idiotípico) tomada de las células del linfoma del propio paciente, la cual se obtiene durante una biopsia. Ésta es combinada con sustancias que refuerzan la respuesta inmunológica del cuerpo cuando la combinación es inyectada en el paciente. Un estudio clínico de fase final encontró que en las personas con linfomas foliculares que desaparecieron después de la quimioterapia, la vacuna alargó el tiempo antes de que el linfoma regresara por más de un año. Todavía la vacuna no está disponible en el mercado. Sólo se ha estado usando en estudios clínicos.


Última revisión / cambio realizado: 7-Ago.-2009
Última actualización completa: 7-Ago.-2009
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