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| Detección y síntomas |
| Leucemia mieloide aguda (mielógena) |
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¿Se puede
detectar la leucemia mieloide aguda en sus etapas tempranas?
Para muchos tipos de cáncer el diagnóstico en las etapas más tempranas
posibles hace que el tratamiento sea más eficaz. La Sociedad Americana
del Cáncer recomienda pruebas de detección para el diagnóstico de
ciertos tipos de cáncer en sus primeras etapas en personas que no
presentan síntomas.
Pero hasta estos momentos no hay exámenes especiales que se recomienden
para detectar la leucemia mieloide aguda (AML) en sus etapas tempranas.
La mejor forma de detectar la leucemia en sus inicios es reportando
cualquier signo o síntoma posible de leucemia (consulte la sección
“¿Cómo se diagnostica la leucemia mieloide aguda?”) al médico de
inmediato.
Se sabe que algunas personas están en riesgo aumentado de AML debido a
ciertos trastornos sanguíneos (tal como síndrome mielodisplásico) o
trastornos hereditarios (tal como síndrome de Down), o debido a que
fueron tratadas con ciertos medicamentos de quimioterapia o radiación.
La mayoría de los médicos recomienda que a estas personas se les hagan
regularmente revisiones médicas minuciosas. Por lo general, estas
personas no padecen leucemia, pero tanto ellas como sus médicos deben
estar familiarizados con los posibles síntomas de la AML.
¿Cómo se
diagnostica la leucemia mieloide aguda?
Ciertos signos y síntomas pudieran sugerir que una persona puede tener
leucemia mieloide aguda (AML), aunque se necesitan realizar pruebas
para confirmar el diagnóstico.
Signos y síntomas de la leucemia mieloide
aguda
La leucemia mieloide aguda (AML) puede causar muchos signos y síntomas
diferentes. Algunos ocurren más frecuentemente con ciertos subtipos.
Síntomas generales:
los pacientes con AML con frecuencia presentan varios síntomas no
específicos (generales). Éstos pueden incluir pérdida de peso,
cansancio, fiebre, sudoraciones nocturnas, y pérdida del apetito. Por
supuesto que estos síntomas no son específicos para la AML y son
causados con más frecuencia por condiciones no relacionadas con
leucemia.
Carencia de células
sanguíneas: la mayoría de los signos y síntomas de la AML
son el resultado de la carencia de células sanguíneas normales, lo que
sucede cuando las células leucémicas desplazan las células productoras
de sangre normales en la médula ósea. En consecuencia, las personas no
tienen suficientes glóbulos rojos, glóbulos blancos ni plaquetas
normales. Estas carencias se manifiestan en las pruebas de sangre, pero
también pueden causar síntomas.
- La anemia
es la carencia de glóbulos rojos. Puede causar que una persona sienta
cansancio, debilidad, mareos, frío, aturdimiento, y puede causar
dolores de cabeza y dificultad respiratoria.
- Una carencia de glóbulos blancos normales (leucopenia)
aumenta el riesgo de sufrir infecciones. Un término común que puede
escuchar es neutropenia,
que se refiere específicamente a bajos niveles de neutrófilos (un tipo
de granulocito). Los pacientes con AML pueden tener un recuento alto de
glóbulos blancos debido al número excesivo de células leucémicas, pero
estas células no protegen contra las infecciones de la manera en que lo
hacen los glóbulos blancos normales. Las fiebres y las infecciones
recurrentes son algunos de los síntomas más comunes de la AML.
- Una carencia de plaquetas sanguíneas (trombocitopenia)
puede producir exceso de hematomas, sangrado, sangrado nasal frecuente
o grave y sangrado en las encías.
Dolor de huesos o de
articulaciones: algunos pacientes presentan dolores en los
huesos o en las articulaciones causados por la acumulación de las
células leucémicas en estas áreas.
Inflamación en el abdomen:
las células leucémicas se pueden acumular en el hígado y el bazo y
causar que estos órganos aumenten de tamaño. Esto puede notarse como
llenura o inflamación del estómago. Generalmente las costillas
inferiores cubren estos órganos, pero cuando están agrandados es
posible que el médico los sienta.
Propagación a la piel:
si las células de la leucemia se propagan a la piel, pueden causar
protuberancias o manchas que pueden parecer una
erupción común. Una acumulación parecida a un tumor de células de la
leucemia mieloide aguda debajo de la piel o en otras partes del cuerpo
recibe el nombre de cloroma o sarcoma granulocítico.
Propagación a las encías:
ciertos tipos de AML se pueden propagar a las encías, causando
inflamación, dolor y sangrado.
Propagación a otros
órganos: algunas veces, las células leucémicas se pueden
propagar a otros órganos. La propagación al sistema nervioso central
(cerebro y a la médula espinal) puede causar dolores de cabeza,
debilidad, convulsiones, vómitos, problemas de equilibrio,
adormecimiento facial o visión borrosa. En raras ocasiones,
la AML se puede propagar a los ojos, los testículos, los riñones u
otros órganos.
Inflamación de los
ganglios linfáticos: en raras ocasiones, la AML se puede
propagar a los ganglios linfáticos. Los ganglios afectados en
el cuello, en la ingle, en el área de las axilas, o sobre la clavícula,
se pueden sentir como protuberancias debajo de la piel
Aunque los síntomas y signos mencionados pueden ser causados por la
AML, también pueden ser causados por otras condiciones. No obstante, si
tiene cualquiera de estos problemas, es importante que consulte con su
médico de inmediato para que se pueda determinar la causa y recibir
tratamiento de ser necesario.
Historial médico y examen físico
Si los signos y los síntomas sugieren la posibilidad de leucemia, el
médico querrá realizar un historial clínico exhaustivo, incluyendo
cuánto tiempo se han experimentado los síntomas y si hay o no hay
antecedentes de exposición a factores de riesgo.
Durante el examen físico, el médico probablemente prestará atención a
los ojos, la boca, la piel, los ganglios linfáticos, el hígado y el
bazo, y el sistema nervioso. Además, buscará áreas de
sangrado o hematomas o posibles signos de infección.
Si existe alguna razón para creer que pudiera haber problemas causados
por células sanguíneas anormales (como anemia, infecciones, sangrado o
hematomas, etc.), el médico analizará sus cuentas sanguíneas. Si los
resultados sugieren que la leucemia puede ser la causa, el médico puede
referirle a un médico especialista en cáncer, quien puede realizar una
o más de las pruebas que se describen a continuación.
Tipos de muestras que se usan en los
exámenes de detección de la
leucemia mieloide aguda
Si los síntomas, signos y/o los resultados del examen físico sugieren
que usted pudiera tener leucemia, el médico necesitará analizar
muestras de células de sangre y médula ósea para estar seguro de este
diagnóstico. También se pueden tomar muestras de otros tejidos y
células para ayudar a planificar el tratamiento.
Muestras de sangre
Generalmente las muestras de sangre para las pruebas de detección de
AML se toman de una vena del brazo.
Muestras de médula ósea
Las muestras de médula ósea se obtienen mediante dos pruebas que
generalmente se hacen al mismo tiempo:
- Aspiración de la médula ósea.
- Biopsia.
Generalmente las muestras se toman de la parte posterior del hueso de
la pelvis (cadera), aunque en algunos casos se pueden tomar del
esternón o de otros huesos.
En el procedimiento de aspiración
de médula ósea, usted se acuesta en una mesa (ya sea sobre su costado o
su barriga). El médico limpiará la piel sobre la cadera y adormecerá el
área y la superficie del hueso con un anestésico local. Esto puede
causar una breve sensación de escozor o ardor. Luego se inserta una
aguja delgada y hueca en el hueso, y se usa una jeringa para aspirar
una pequeña cantidad de médula ósea líquida (aproximadamente una
cucharada). Hasta con el uso de un anestésico, la mayoría de los
pacientes experimentan un dolor breve cuando se extrae la médula ósea.
Generalmente se realiza una biopsia
de médula ósea inmediatamente después de la aspiración. Se extrae un
pequeño trozo de hueso y de médula (aproximadamente 1/16 de pulgada de
diámetro y 1/2 pulgada de largo) con una aguja ligeramente más grande
que se hace girar al empujarse en el hueso. La biopsia también puede
causar algo de dolor brevemente. Una vez que se hace la biopsia, se
aplica presión en el sitio para ayudar a prevenir el sangrado.
Estas pruebas de médula ósea se usan para ayudar a diagnosticar la
leucemia. También se pueden repetir posteriormente para determinar si
la leucemia está respondiendo al tratamiento.
Punción lumbar
Esta prueba se usa para buscar células leucémicas en el líquido
cefalorraquídeo (cerebrospinal fluid, CSF), que es el líquido que rodea
el cerebro y la médula espinal.
Para esta prueba, el paciente puede sentarse o acostarse de lado. El
médico primero adormece un área en la parte baja de la espalda sobre la
columna vertebral. Entonces se introduce una pequeña aguja hueca entre
los huesos de la columna vertebral para extraer algo de líquido.
La punción lumbar no se usa frecuentemente para detectar la AML, a
menos que el paciente tenga síntomas que podrían ser causados por la
propagación de células leucémicas en el sistema nervioso
central.
Algunas veces, una punción lumbar se usa para administrar medicamentos
de quimioterapia en el CSF a fin de prevenir o tratar la propagación de
la leucemia a la médula espinal y al cerebro.
Pruebas de laboratorio usadas para
diagnosticar y clasificar la
leucemia mieloide aguda
Se puede usar una o más de las siguientes pruebas de laboratorio en las
muestras para diagnosticar AML y/o determinar el subtipo específico de
AML.
Cuentas y examen de células sanguíneas
(frotis de la sangre periférica)
A través de estas pruebas se analiza con un microscopio la apariencia
de los diferentes tipos de células en la sangre, y cuántas de ellas
están presentes. Los cambios en los números y en la apariencia de estas
células a menudo ayudan a diagnosticar la leucemia.
La mayoría de los pacientes con AML tienen demasiados glóbulos blancos
inmaduros en la sangre e insuficientes glóbulos rojos o plaquetas.
Muchos de los glóbulos blancos pueden ser mieloblastos (blastos), los
cuales son células inmaduras formadoras de sangre que no se encuentran
normalmente en el torrente sanguíneo. Estas células inmaduras no
funcionan como los glóbulos blancos maduros normales. Estos hallazgos
pueden sugerir leucemia, pero usualmente la enfermedad no se
diagnostica hasta que se analiza una muestra de células de la médula
ósea.
Química sanguínea y pruebas de
coagulación
Estas pruebas miden las cantidades de ciertos químicos y la capacidad
de coagulación de la sangre. Estas pruebas no se usan para diagnosticar
leucemia, pero pueden ayudar a detectar problemas en el hígado o los
riñones, niveles anormales de ciertos minerales en la sangre, o
problemas con la capacidad de coagulación de la sangre.
Exámenes microscópicos rutinarios
Un patólogo (un médico que se especializa en pruebas de laboratorio)
observa las muestras de sangre, médula ósea o líquido cefalorraquídeo
con un microscopio, y el hematólogo/oncólogo (un médico que se
especializa en cáncer y enfermedades de la sangre) del paciente pueden
revisarlas.
Los médicos observarán el tamaño, la forma y otras características de
los glóbulos blancos en las muestras para clasificarlos en tipos
específicos.
Un factor elemental es si las células lucen maduras (como las células
sanguíneas normales) o inmaduras (carentes de las características de
estas células normales). Las células más inmaduras se llaman
mieloblastos (o “blastos” en su versión abreviada).
El porcentaje de células en la médula ósea o la sangre que son blastos
es particularmente importante. Para un diagnóstico de la AML por lo
general se requiere tener al menos un 20% de blastos en la médula o la
sangre. También puede ser diagnosticada si los blastos contienen un
cambio cromosómico que ocurre solamente en un tipo específico de AML,
aun cuando el porcentaje no alcanza el 20%. Algunas veces los blastos
se parecen a las células inmaduras normales en la médula ósea. Pero en
circunstancias normales, los blastos nunca son más del 5% de las
células de la médula ósea. Para considerar que un paciente está en
remisión después del tratamiento, el porcentaje de blastos no debe ser
superior al 5%.
Algunas veces simplemente el recuento y el examen de las células no
proporcionan un diagnóstico definitivo. Se pueden usar pruebas
adicionales para confirmar el diagnóstico de AML.
Citoquímica
Para las pruebas de citoquímica, las células se exponen a tinciones
(colorantes) químicas que reaccionan solamente con algunos tipos de
células leucémicas. Estas tinciones causan cambios de color que se
pueden observar con un microscopio y que pueden ayudar al médico a
determinar los tipos de células presentes. Por ejemplo, un colorante
puede ayudar a distinguir las células de AML de la leucemia linfocítica
aguda (ALL). El colorante hace que los gránulos de la mayoría de las
células de la AML aparezcan como puntos negros en el microscopio, pero
no hace que las células de la ALL cambien de color.
Citometría de flujo e inmunohistoquímica
La citometría de flujo se usa con frecuencia para analizar las células
de las muestras de médula ósea y sangre. Es muy útil para determinar el
tipo exacto de leucemia.
La prueba busca ciertas sustancias en la superficie de las células, lo
cual ayuda a identificar el tipo a que pertenecen. Una muestra de
células se trata con anticuerpos especiales (proteínas inmunitarias
sintéticas) que se adhieren sólo a las células si estas sustancias
están presentes en su superficie. Las células son luego pasadas por
delante de un rayo láser. Si se han adherido anticuerpos a las células,
el rayo láser causa que reflejen luz, y esto se puede medir y analizar
por medio de una computadora. Los grupos de células se pueden separar y
contar mediante estos métodos.
En las pruebas de inmunohistoquímica,
las células de las muestras de la sangre o de la médula ósea son
tratadas con anticuerpos especiales. Pero en lugar de usar un rayo
láser y una computadora, la muestra se trata para que ciertos tipos de
células cambien de color cuando se observan con un microscopio.
Estas pruebas se usan para determinar el inmunofenotipo de
las células; esto es, la clasificación de las células leucémicas de
acuerdo con las sustancias (antígenos) presentes en su superficie. Los
tipos específicos de células leucémicas tienen diferentes antígenos,
dependiendo de su célula de origen y cuán maduras son, y esta
información puede ser útil en la clasificación de AML.
Citogenética
Para esta prueba, se observan los cromosomas (cadenas largas de ADN) de
una célula con un microscopio. Las células humanas normales
contienen 23 pares de cromosomas, cada una de las cuales tiene cierto
tamaño y se tiñe de cierta manera. En algunos casos de AML, las células
han sufrido cambios cromosómicos que se pueden observar con un
microscopio.
Por ejemplo, es posible que dos cromosomas intercambien algo de su ADN,
de manera que parte de un cromosoma se adhiere a parte de un cromosoma
diferente. Este cambio, llamado translocación, se puede observar
usualmente con un microscopio. También son posibles otros cambios en
los cromosomas (vea información más adelante). El reconocimiento de
estos cambios puede ayudar a identificar ciertos tipos de AML, y puede
ser importante para determinar el pronóstico del paciente.
Esta prueba normalmente tardan de dos a tres semanas, esto se debe a
que las células leucémicas deben crecer en cajas de Petri durante un
par de semanas antes de que sus cromosomas se puedan observar con un
microscopio.
Los resultados de las pruebas citogenéticas se escriben en una forma
abreviada que describe cuáles cambios en los cromosomas están presentes:
- Una translocación,
escrita como t(8;21), por ejemplo, significa que una parte del
cromosoma 8 está ubicada ahora en el cromosoma 21 y viceversa.
- Una inversión,
escrita
como inv (16), por ejemplo, significa que parte del cromosoma 16 está
volteada y se encuentra en orden inverso, pero se mantiene unida al
cromosoma de origen.
- Una supresión,
escrita
como del(7) o -7, por ejemplo, indica que se ha perdido parte del
cromosoma 7.
- Una adición,
+8, por
ejemplo, significa que todo o parte del cromosoma 8 se ha duplicado, y
se encuentran demasiadas copias de él dentro de la célula.
No todos los cambios cromosómicos se pueden ver en un microscopio. A
menudo, otras pruebas de laboratorio pueden detectar estos cambios.
Hibridización fluorescente in situ (fluorescent in situ
hybridization,
FISH)
Éste es un procedimiento similar a la prueba citogenética. Utiliza
tintes fluorescentes especiales que sólo se adhieren a ciertas partes
de cromosomas particulares. La prueba de FISH puede encontrar la
mayoría de los cambios cromosómicos (como translocaciones) que son
visibles bajo un microscopio en las pruebas citogenéticas
convencionales, así como algunos cambios que son demasiado pequeños
para verlos con la prueba citogenética usual.
La prueba de FISH se puede usar para detectar cambios específicos en
los cromosomas. Se puede usar en muestras regulares de sangre y médula
ósea. Es muy precisa y generalmente se obtienen los resultados en un
par de días, razón por la cual esta prueba se usa ahora en muchos
centros médicos.
Reacción en cadena de la polimerasa (Polymerase chain reaction,
PCR)
Ésta es una prueba de ADN de alta sensibilidad que también puede
encontrar algunos cambios cromosómicos tan pequeños que no se pueden
ver bajo el microscopio, aunque la muestra tenga muy pocas células
leucémicas.
Estas pruebas también se pueden usar después del tratamiento para
encontrar pequeños números de células leucémicas que pueden no ser
visibles con un microscopio.
Estudios por imágenes
Los estudios por imágenes utilizan rayos X, ondas sonoras, campos
magnéticos o partículas radioactivas para obtener imágenes del interior
del cuerpo. La leucemia por lo general no forma tumores visibles, por
lo que los estudios por imágenes son de valor limitado. Hay varios
estudios por imágenes que se pueden hacer en las personas con AML, pero
ellos se hacen con más frecuencia para determinar si hay infecciones u
otros problemas, en vez de diagnosticar leucemia de por sí. En algunos
casos se pueden hacer los estudios por imágenes para ayudar a
determinar el grado de la enfermedad, si se piensa que puede haberse
propagado más allá de la médula ósea y la sangre.
Rayos X
Las radiografías del tórax pudieran hacerse si se sospecha que hay una
infección pulmonar.
Tomografía computarizada
La tomografía computarizada (computed tomography, CT) es un tipo de
radiografía que produce imágenes transversales detalladas de su cuerpo.
Contrario a una radiografía regular, las CT pueden mostrar el detalle
en tejidos blandos (tal como órganos internos).
Esta prueba puede ayudar a decir si cualquiera de sus ganglios
linfáticos u órganos están agrandados. Generalmente no se necesita para
diagnosticar la AML, pero puede hacerse si su médico sospecha que la
leucemia se está desarrollando en un órgano, como su bazo.
En vez de tomar una fotografía, como lo hace la radiografía regular, la
tomografía computarizada toma muchas fotografías al tiempo que rota a
su alrededor. Luego una computadora combina estas fotografías en
imágenes detalladas de la parte de su cuerpo bajo estudio.
Antes del estudio, puede que le pidan que toma una solución de contrate
y/o reciba una inyección intravenosa (IV) de un tinte de contraste que
ayuda a delinear mejor las áreas anormales en el cuerpo. Usted pudiera
necesitar una línea intravenosa (IV) para inyectarle el material de
contraste. La inyección del tinte de contraste puede causar una
sensación de sonrojo o calor en el rostro o en otras áreas del cuerpo.
Algunas personas presentan ronchas o raras veces reacciones alérgicas
más graves como dificultad para respirar y presión arterial baja.
Asegúrese de decirle al médico si alguna vez ha tenido una reacción a
cualquier material de contraste utilizado para los rayos X.
Una CT toma más tiempo que las radiografías comunes. Necesita acostarse
inmóvil sobre una camilla mientras se realiza el estudio. Durante el
estudio, la camilla se mueve hacia adentro y hacia afuera del escáner,
una máquina en forma de anillo que rodea completamente la camilla. Es
posible que se sienta un poco confinado por el anillo bajo el cual
permanece acostado durante la toma de imágenes.
Actualmente, la CT
espiral (también conocida como CT helicoidal) está
disponible en muchos centros médicos. Este tipo de CT usa una máquina
más rápida. La parte del escáner de la máquina gira alrededor del
cuerpo continuamente, permitiéndoles a los médicos obtener imágenes con
mucha más rapidez que con la CT convencional. Esto reduce la
probabilidad de tomar imágenes borrosas como resultado del movimiento
del cuerpo. Además, reduce la dosis de radiación recibida durante el
estudio. Las secciones que se presentan en las imágenes son más finas,
lo que resulta en fotografías más detalladas.
En algunos casos se puede usar una CT para guiar con precisión una
aguja de biopsia hacia la anormalidad sospechada, como un absceso. Para
este procedimiento, llamado biopsia
por aguja guiada por tomografía computarizada, usted
permanece en la camilla de la CT, mientras un radiólogo mueve una aguja
de biopsia a través de la piel y hacia la localización de la masa. Las
tomografías computarizadas se repiten hasta que la aguja esté dentro de
la masa. Entonces, se extrae una muestra y se observa con un
microscopio.
Recientemente se han desarrollado nuevos dispositivos que combinan la
CT con la CT (PET/CT scan). Para la tomografía por emisión de
positrones (positron emission tomography, PET) se inyecta glucosa (una
forma de azúcar), la cual contiene un átomo radioactivo, en la sangre.
Debido a que las células cancerosas en el cuerpo crecen rápidamente,
éstas absorben grandes cantidades de azúcar radiactivo. Entonces, una
cámara especial puede crear una imagen de las áreas de radioactividad
en el cuerpo. La PET/CT permite al médico comparar las áreas de mayor
radioactividad en la PET con la apariencia más detallada de esa área en
la CT.
Imágenes por resonancia magnética
Al igual que la CT, las imágenes por resonancia magnética (magnetic
resonance imaging, MRI) proveen imágenes detalladas de los tejidos
blandos del cuerpo. Sin embargo, el MRI utiliza ondas de radio e imanes
potentes en lugar de rayos X. La energía de las ondas radiales es
absorbida por el cuerpo y luego liberada en un patrón formado por el
tipo de tejido del cuerpo y por ciertas enfermedades. Una computadora
traduce el patrón en una imagen muy detallada de las partes del cuerpo.
Un material de contraste, llamado gadolinio, a menudo se inyecta en una
vena antes de realizar el estudio para mostrar mejor los detalles. El
material de contraste usualmente no causa reacciones alérgicas.
Las imágenes por resonancia magnética son muy útiles para examinar el
cerebro y la médula espinal, pero a menudo no se necesitan en personas
con AML.
En comparación con la CT, el MRI toma más tiempo, a menudo hasta una
hora. Puede que durante la realización del estudio, permanezca acostado
dentro de tubo estrecho lo cual puede resultar incómodo y confinante
para algunas personas. Las nuevas máquinas de MRI más abiertas pueden
ser otra opción. La máquina de MRI produce un zumbido fuerte y
martillante que puede resultar incómodo. En algunos lugares se ofrecen
audífonos o tapones para los oídos con el fin de ayudar a bloquear este
ruido.
Ecografía (ultrasonido)
La ecografía usa ondas sonoras y sus ecos para producir una imagen de
los órganos internos o masas. Para esta prueba, se coloca sobre la piel
un pequeño instrumento que parece un micrófono y que se llama
transductor (que primero se lubrica con gel). Un transductor emite las
ondas sonoras y detecta los ecos a medida que rebotan de los órganos.
Una computadora convierte el eco en una imagen que aparece en la
pantalla.
Se puede usar para observar los ganglios linfáticos cercanos a la
superficie del cuerpo o para observar órganos inflamados dentro de su
abdomen, como los riñones, el hígado y el bazo.
Esta prueba es fácil y en ella no se utiliza radiación. Simplemente el
paciente se acuesta sobre una mesa, y el técnico pasa el transductor
sobre la parte del cuerpo que se está examinando.
Gammagrafía con galio y gammagrafía ósea
Estos estudios no se utilizan con frecuencia para AML, pero pueden ser
útiles si el paciente tiene dolor de huesos que pudiera deberse ya sea
a una infección o a cáncer que involucre los huesos.
Durante estos procedimientos, el radiólogo inyecta una sustancia
química ligeramente radioactiva en el torrente sanguíneo que se
deposita en áreas del cáncer o de infección en el cuerpo. Luego se
observan estas áreas con un tipo especial de cámara. Las imágenes de
estos estudios se ven como “puntos radioactivos” en el cuerpo, pero no
proveen muchos detalles. Si un área se ilumina en el estudio, se pueden
hacer otros estudios por imágenes, tal como radiografías, CT o MRI para
obtener una imagen más detallada del área. Si existe la posibilidad de
que haya leucemia, es posible que sea necesario confirmarlo mediante
una biopsia del área.
¿Cómo se
clasifica la leucemia mieloide aguda?
A la mayoría de los tipos de cánceres se les asignan etapas (estadios)
con números para describir la extensión en el cuerpo, según el tamaño
del tumor y cuánto se ha propagado el cáncer.
Por otro lado, la leucemia mieloide aguda (AML) generalmente no forma
masas tumorales. Generalmente afecta toda la médula ósea del cuerpo, y
en algunos casos, ya se ha propagado a otros órganos como el hígado y
el bazo. Por lo tanto, el pronóstico de un paciente con AML depende de
otra información, como el subtipo de AML (determinado por pruebas de
laboratorio), la edad del paciente y otros resultados de pruebas de
laboratorio.
Se han estado usando dos sistemas para clasificar la AML en subtipos:
la clasificación francesa-americana-británica (FAB) y la clasificación
más reciente de la Organización
Mundial de la Salud.
Clasificación
Francesa-Americana-Británica (FAB) de la leucemia
mieloide aguda (AML)
En los años ’70 un grupo de expertos franceses, estadounidenses y
británicos decidió dividir las leucemias mieloides agudas en subtipos,
del M0 al M7, según en el tipo de célula del cual la leucemia se ha
desarrollado y cuán maduras son las células. Esto se basó
principalmente en la apariencia de las células leucémicas bajo el
microscopio después de una tinción de rutina.
Clasificación
Francesa-Americana-Británica (FAB) de la leucemia
mieloide aguda (AML)
|
Subtipo
de FAB
|
Nombre
|
Porcentaje de pacientes adultos con leucemia mieloide
aguda
|
Pronóstico
comparado con el promedio para la leucemia mieloide aguda
|
|
M0
|
Leucemia
mieloblástica aguda
indiferenciada
|
5%
|
Peor
|
|
M1
|
Leucemia
mieloblástica aguda con
maduración mínima
|
15%
|
Promedio
|
|
M2
|
Leucemia
mieloblástica aguda con
maduración
|
25%
|
Mejor
|
|
M3
|
Leucemia
promielocítica aguda
|
10%
|
Superior
|
|
M4
|
Leucemia
mielomonocítica aguda
|
20%
|
Promedio
|
|
M4
eos
|
Leucemia
mielomonocítica aguda con
eosinofilia
|
5%
|
Mejor
|
|
M5
|
Leucemia
monocítica aguda
|
10%
|
Promedio
|
|
M6
|
Leucemia
eritroide aguda
|
5%
|
Peor
|
|
M7
|
Leucemia
megacarioblástica aguda
|
5%
|
Peor
|
Los subtipos M0 al M5 comienzan todos en los precursores de los
glóbulos blancos. La AML M6 comienza en formas muy tempranas de
glóbulos rojos, mientras que la AML M7 se inicia en formas tempranas de
células que producen plaquetas.
Algunos subtipos de AML, definidos en el sistema FAB se asocian con
ciertos síntomas. Por ejemplo, los problemas de sangrado o de
coagulación de la sangre se presentan con frecuencia en los pacientes
con el subtipo M3 de AML, conocido también como leucemia promielocítica
aguda (APL).
La identificación de la APL es muy importante por dos razones. Primero,
se pueden prevenir a menudo ciertas complicaciones de APL mediante un
tratamiento adecuado. Segundo, la APL se trata de manera diferente a la
mayoría de las otras formas de AML, pues usualmente responde a
retinoides (medicamentos relacionados con la vitamina A).
Factores pronósticos
El tratamiento de la leucemia ha mejorado con el pasar de los años, por
lo que las investigaciones se han concentrado en determinar por qué
algunos pacientes tienen una mejor probabilidad de curación que otros.
Ciertamente, el subtipo de AML desempeña una función en esto. Otras
diferencias entre pacientes que afectan la respuesta al tratamiento se
llaman factores
pronósticos. Estos factores ayudan a los médicos a decidir
si las personas con cierto tipo de leucemia deben recibir más o menos
tratamiento.
Estos factores pronósticos incluyen los resultados de pruebas
citogenéticas (mostrando cambios en los cromosomas o los genes), la
edad del paciente, y el recuento de glóbulos blancos. Otros factores
importantes incluyen trastornos sanguíneos previos (tal como síndrome
mielodisplásico) y un historial de tratamiento con quimioterapia y/o
radioterapia para un cáncer anterior.
Anomalías de los cromosomas
Los cambios en los cromosomas ofrecen una clave para el pronóstico. No
todos los pacientes tienen estas anomalías. Las que se presentan a
continuación son las más frecuentes, pero hay muchas otras. Los
pacientes sin ninguna de estas anomalías usualmente tienen un
pronóstico de entre favorable y no favorable.
Anomalías favorables:
- Translocación entre los cromosomas 8 y 21 (visto con más
frecuencia en pacientes con M2).
- Inversión de cromosoma 16 (visto en con más frecuencia en
pacientes con M4 eos).
- Translocación entre los cromosomas 15 y 17 (visto con más
frecuencia en pacientes con M3).
Anomalías desfavorables:
- Eliminación (pérdida) de parte de cromosoma 5 ó 7 (no tipo
específico de AML).
- Cambios complejos que afectan varios cromosomas (ningún
tipo específico de AML).
Mutaciones genéticas
Las pruebas más recientes les permiten a los médicos encontrar cambios
dentro de los genes específicos en cromosomas. Las personas que
presentan ciertas mutaciones genéticas puede que tengan un mejor o peor
pronóstico.
Por ejemplo, aproximadamente un paciente de cada tres con AML tienen
una mutación en el gen FLT3. Estas personas tienden a tener un peor
pronóstico, pero los medicamentos nuevos que atacan a este gen anormal
están bajo estudio actualmente, lo que puede conducir a mejores
resultados.
Por otro lado, las personas con cambios en el gen NPM1 (y no otras
anomalías) parecen tener un mejor pronóstico que las personas sin este
cambio.
Edad
Por lo general a los pacientes mayores de 60 años no les va tan bien
como a los pacientes más jóvenes. Esto puede deberse en parte a que son
más propensos a tener anomalías cromosómicas desfavorables. Además, es
más difícil tratar a estos pacientes con regimenes de quimioterapia más
intensos.
Recuento de glóbulos blancos
Un recuento alto de glóbulos blancos (>100,000) al momento del
diagnóstico está asociado a un peor pronóstico.
Trastornos sanguíneos o cánceres previos
Tener un trastorno sanguíneo previo, tal como síndrome mielodisplásico,
o tener AML que se originó después del tratamiento para otro cáncer
tiende a conducir a un peor pronóstico, ya que estos tipos de AML con
frecuencia son más difíciles de tratar.
Clasificación de la Organización Mundial
de la Salud para la leucemia mieloide aguda
El sistema de clasificación FAB es útil y se sigue usándose comúnmente
para agrupar la AML en subtipos. Sin embargo, este sistema no toma en
consideración muchos de los factores de pronóstico mencionados
anteriormente. La Organización Mundial de la Salud (WHO) ha propuesto
un sistema más nuevo que incluye algunos de estos factores para tratar
de ayudar a clasificar mejor los casos de AML basándose en el
pronóstico del paciente. No todos los médicos usan este nuevo sistema.
El sistema de clasificación WHO divide la AML en varios grupos amplios:
AML con ciertas anomalías genéticas
- AML con una translocación entre el cromosomas 8 y 21.
- AML con una translocación o inversión en el cromosoma 16.
- AML con cambios en el cromosoma 11.
- APL (M3), que usualmente tiene translocación entre los
cromosomas 15 y 17.
AML con displasia multilinaje (está involucrado más
de un tipo de
célula mieloide anormal)
AML relacionado con quimioterapia o
radiación previa
AML no especificada de otra manera (incluye casos de
AML que no
corresponde a uno de los grupos anteriores; similar a la clasificación
FAB)
- AML indiferenciada (M0).
- AML con maduración mínima (M1).
- AML con maduración (M2).
- Leucemia mielomonocítica aguda (M4).
- Leucemia monocítica aguda (M5).
- Leucemia eritroide aguda (M6).
- Leucemia megacarioblástica aguda (M7).
- Leucemia basófila aguda.
- Panmielosis con fribrosis aguda.
- Sarcoma mieloide (también conocido como cloroma o sarcoma granulocítico).
Leucemias agudas
indiferenciadas o bifenotípicas (leucemias que tienen
características linfocíticas y mieloides. Algunas veces llamada ALL con
marcadores mieloides, AML con marcadores linfoides o leucemias de
linaje mixto.
En los próximos años, los médicos usarán nuevas pruebas de laboratorio
para aprender más sobre los defectos genéticos subyacentes que causan
la AML, y cómo estas pruebas se pueden usar para predecir el pronóstico
de un paciente. Estos defectos genéticos pudieran formar también la
base para tratar las leucemias.
Estado de la leucemia mieloide aguda
después del tratamiento
No es de sorprender que la respuesta de la leucemia al tratamiento
también tenga un efecto en el pronóstico a largo plazo.
Una remisión (remisión
completa) generalmente se define como ausencia de
evidencia de la enfermedad después del tratamiento. Esto significa que
la médula ósea tiene menos de un 5% de células blásticas, las cuentas
de células sanguíneas están dentro del intervalo normal, y no hay otros
signos o síntomas de la enfermedad. Una remisión molecular completa
significa que no hay evidencia de células leucémicas en la médula ósea
aun cuando se usan pruebas muy sensibles como la prueba de la reacción
en cadena de la polimerasa.
Enfermedad residual
mínima es un término que se usa después del tratamiento
cuando no se pueden encontrar células leucémicas en la médula ósea con
pruebas convencionales (como la observación de las células con un
microscopio, pero pruebas más sensibles (como citometría de flujo o
reacción en cadena de la polimerasa) detectan evidencia de células
leucémicas en la médula ósea.
Enfermedad activa
significa que, o hay evidencia de que la leucemia aún está presente
durante el tratamiento, o que la enfermedad ha regresado (recaída)
después del tratamiento. Para que un paciente esté en recurrencia debe
tener más del 5% de células blásticas presentes en la médula ósea.
Última
revisión / cambio realizado: 30-Sep.-2009
Última actualización completa: 30-Sep.-2009
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