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¿Qué es?
Leucemia linfocítica crónica
Aquí usted encontrará las respuestas a sus preguntas acerca de estos temas: el cáncer
la leucemia linfocítica crónica
las estadísticas claves


¿Qué es la leucemia linfocítica crónica?

La leucemia linfocítica crónica (chronic lymphocytic leukemia, CLL) es un tipo de cáncer que se inicia en los glóbulos blancos (llamados linfocitos) en la médula ósea. A partir de ahí, invade la sangre. Con el tiempo las células leucémicas tienden a acumularse en el cuerpo, pero en muchos casos las personas que padecen esta enfermedad no presentan síntomas durante al menos algunos años. Al transcurso del tiempo también puede invadir otras partes del cuerpo, inclusive los ganglios linfáticos, el hígado y el bazo. En comparación con otros tipos de leucemia, la CLL por lo general se desarrolla lentamente.

Los médicos han descubierto que al parecer existen dos clases diferentes de CLL:
  • Una clase de CLL se desarrolla con mucha lentitud y raramente necesita tratamiento. Las personas con este tipo de CLL sobreviven un promedio de 15 años o más.

  • Otra clase de CLL se desarrolla más rápidamente y es una enfermedad más grave. Las personas con este tipo de CLL sobreviven un promedio de aproximadamente 8 años.

Las células de estos dos tipos de leucemia tienen una apariencia similar, pero nuevas pruebas de laboratorio pueden indicar la diferencia entre ellas. En estas pruebas se busca la presencia de proteínas llamadas ZAP-70 y CD38. Los pacientes cuyas células CLL contienen bajas cantidades de ZAP-70 y CD38 tienen un mejor pronóstico.

La leucemia es diferente a otros tipos de cáncer que comienzan en órganos tales como los pulmones, el colon o el seno y luego se propagan a la médula ósea. Los cánceres que comienzan en otro lugar y luego se propagan a la médula ósea no son leucemias.

 

Médula ósea, sangre y tejido linfático normales

Para entender los diferentes tipos de leucemia, es de utilidad tener algunos conocimientos básicos sobre los sistemas sanguíneo y linfático.

Médula ósea

La médula ósea es la porción suave interior de algunos huesos como el cráneo, los omóplatos, las costillas, la pelvis y la columna vertebral. La médula ósea consiste en un pequeño número de células madre sanguíneas, células productoras de sangre más maduras, células adiposas y tejidos de apoyo que ayudan al crecimiento celular.

Las células madre sanguíneas experimentan una serie de cambios para producir nuevas células sanguíneas. Durante este proceso, las células se desarrollan hasta convertirse en linfocitos (un tipo de glóbulo blanco) o en otras células productoras de sangre. Las células productoras de sangre se pueden desarrollar en uno de los tres principales tipos de células sanguíneas:
  • Glóbulos rojos.
  • Glóbulos blancos (además de los linfocitos).
  • Plaquetas.

Glóbulos rojos

Los glóbulos rojos transportan oxígeno desde los pulmones a todos los demás tejidos del cuerpo, y llevan el dióxido de carbono hasta los pulmones para su eliminación. Usualmente, la anemia (una cantidad insuficiente de glóbulos rojos en el cuerpo) causa que una persona se sienta cansada, débil y tenga dificultad para respirar debido a que los tejidos del cuerpo no reciben suficiente oxígeno.

Plaquetas

Las plaquetas en realidad son fragmentos celulares producidos por un tipo de célula de la médula ósea que se llama megacariocito. Las plaquetas son importantes para tapar los orificios de los vasos sanguíneos causados por cortaduras y hematomas. Un número disminuido de plaquetas se llama trombocitopenia. Una persona con trombocitopenia puede sangrar y formar hematomas fácilmente.

Glóbulos blancos

Los glóbulos blancos ayudan al cuerpo a combatir las infecciones. Los linfocitos son un tipo de glóbulo blanco. Los otros tipos de glóbulos blancos son los granulocitos (neutrófilos, basófilos y eosinófilos) y los monocitos.

Linfocitos: son las principales células que forman el tejido linfático, que es una parte importante del sistema inmunitario. El tejido linfático se encuentra en los ganglios linfáticos, el timo, el bazo, las amígdalas y las glándulas adenoides, y se encuentra diseminado a través de los sistemas digestivo y respiratorio y la médula ósea.

Los linfocitos se desarrollan a partir de células llamadas linfoblastos hasta convertirse en células maduras que combaten las infecciones. Los dos tipos principales de linfocitos son los linfocitos B (o células B) y los linfocitos T (o células T).
  • Los linfocitos B protegen al cuerpo contra gérmenes invasores al desarrollarse (madurar) para formar células plasmáticas, que producen proteínas llamadas anticuerpos. Estos anticuerpos se adhieren a los gérmenes (bacteria, virus y hongos), lo que ayuda a los otros glóbulos blancos llamados granulocitos a reconocerlos y destruirlos. Los linfocitos B son las células que con más frecuencia se transforman en células de la leucemia linfocítica crónica (CLL).

  • Los linfocitos T pueden reconocer las células infectadas con virus y destruirlas directamente.

Granulocitos: éstos son glóbulos blancos que contienen gránulos. Los gránulos son puntos que se pueden observar con un microscopio. Estos gránulos contienen enzimas y otras sustancias que pueden destruir gérmenes como las bacterias. Los tres tipos de granulocitos, neutrófilos, basófilos y eosinófilos, se distinguen por el tamaño y el color de los gránulos. Los granulocitos se desarrollan a partir de células productoras de sangre llamadas mieloblastos hasta convertirse en células maduras que combaten las infecciones.

Monocitos: estos glóbulos blancos, que están relacionados con los granulocitos, también son importantes para proteger al cuerpo contra las bacterias. Se generan en la médula ósea como monoblastos productores de sangre y se desarrollan hasta convertirse en monocitos maduros. Después de circular en el torrente sanguíneo por aproximadamente un día, los monocitos ingresan en los tejidos corporales para convertirse en macrófagos, que pueden destruir algunos gérmenes rodeándolos y digiriéndolos. Los macrófagos también ayudan a los linfocitos a reconocer gérmenes y comenzar a producir anticuerpos para combatirlos.

Cualquiera de las células formadoras de sangre o linfoides de la médula ósea puede convertirse en una célula leucémica. Una vez ocurre este cambio, las células de leucemia no pasan por el proceso normal de maduración. Aunque las células leucémicas se pueden reproducir rápidamente, en la mayoría de los casos el problema es que no mueren cuando debería hacerlo, sino que sobreviven y se acumulan en la médula ósea. Al transcurso del tiempo estas células entran en el torrente sanguíneo y se propagan a otros órganos, en donde pueden evitar el funcionamiento normal de otras células corporales.
 

Tipos de leucemias

No todas las leucemias son iguales. Las leucemias se dividen en cuatro tipos principales. Cuando los médicos saben el tipo de leucemia específico que padece el paciente, pueden hacer un mejor pronóstico (tener una mejor perspectiva) y seleccionar el mejor tratamiento.

Leucemia aguda versus leucemia crónica

El primer factor al clasificar la leucemia es si la mayoría de las células anormales son maduras (parecen glóbulos blancos normales) o inmaduras (más bien parecen células madre).

En la leucemia aguda las células de la médula ósea no pueden madurar apropiadamente. Las células leucémicas inmaduras continúan reproduciéndose y acumulándose. Sin tratamiento, la mayoría de los pacientes con leucemia aguda vivirían sólo unos meses. Algunos tipos de leucemia aguda responden bien al tratamiento, y muchos pacientes se pueden curar. Otros tipos de leucemia aguda tienen una perspectiva menos favorable.

En la leucemia crónica, las células pueden madurar parcialmente, pero no por completo. Estas células no son normales, aunque parezcan ser bastante normales.    Por lo general, no combaten las infecciones tan bien como los glóbulos blancos normales y, sobreviven por más tiempo, se acumulan y desplazan a las células normales. La leucemia crónica tiende a desarrollarse por un periodo de tiempo más prolongado, y la mayoría de los pacientes viven muchos años. Sin embargo, las leucemias crónicas son generalmente más difíciles de curar que las leucemias agudas.


Leucemia mieloide versus leucemia linfocítica

El segundo factor al clasificar la leucemia es el tipo de células de la médula ósea que están afectadas.

Las leucemias que se inician como células mieloides en etapa temprana, glóbulos blancos (que no sean linfocitos), glóbulos rojos o células productoras de plaquetas (megacariocitos), son leucemias mieloides (también conocida como leucemias mielocíticas, mielógenas o no linfocíticas).

Si el cáncer comienza en los linfocitos, se llama leucemia linfocítica (también conocida como leucemia linfoide o linfoblástica). Los linfomas también son cánceres que se originan en los linfocitos. No obstante, a diferencia de las leucemias linfocíticas que se desarrollan en la médula ósea, los linfomas se desarrollan de células en los ganglios linfáticos o en otros órganos.

Dependiendo de si las leucemias son agudas o crónicas, y si son mieloides o linfocíticas, se pueden dividir en cuatro grupos principales:
  • Leucemia mieloide aguda (acute myeloid leucemia, AML) o mielógena.
  • Leucemia mieloide crónica (chronic myeloid leucemia, CML) o mielógena.
  • Leucemia linfocítica aguda (acute lymphocytic leucemia, ALL), o linfoblástica.
  • Leucemia linfocítica crónica (CLL).

Formas poco comunes de leucemia linfocítica

Además del tipo común de CLL (que se inicia en los linfocitos B), hay algunos tipos poco comunes de leucemia que comparten algunas de sus características con la CLL.

Leucemia prolinfocítica (Prolymphocytic leukemia, PLL): éste es un tipo poco común de leucemia en la que las células cancerosas son similares a unas células normales llamadas prolinfocitos, que son formas inmaduras de los linfocitos B (PPL-B) o de los linfocitos T (PLL-T). Tanto la PLL-B como la PLL-T tienden a ser más agresivas que el tipo usual de CLL. La mayoría de los casos responden a cierto tipo de tratamiento, pero con el tiempo tienden a recurrir. La PLL se puede desarrollar en alguien que ya tienen CLL (en cuyo caso tiende a ser más agresiva), aunque también puede ocurrir en personas que nunca han tenido CLL.

Leucemia de linfocitos grandes granulares (Large granular lymphocyte (LGL) leukemia): ésta es otra forma poco común de la leucemia crónica. Las células cancerosas son grandes y tienen características de linfocitos T o de células citolíticas naturales (otro tipo de linfocitos). La mayoría de las leucemias LGL son de crecimiento lento, pero un pequeño número son más agresivas. Los medicamentos que suprimen el sistema inmunitario pueden ser útiles, aunque los casos agresivos son muy difíciles de tratar.

Leucemia de células peludas (Hairy cell leukemia, HCL): éste es otro cáncer de los linfocitos que tiende a progresar lentamente. Representa aproximadamente un 2% de todas las leucemias. Las células cancerosas son un tipo de linfocito B, pero son diferentes a las que se observan en la CLL. También existen diferencias importantes en los síntomas y el tratamiento. Este tipo de leucemia recibe su nombre de la apariencia de las células bajo el microscopio, ya que tienen finas proyecciones en la superficie que les confiere un aspecto “peludo”. El tratamiento de la HCL puede ser muy eficaz y se describe en la sección “¿Cómo se trata la leucemia linfocítica crónica?”

El resto de este documento se enfoca principalmente en la CLL en adultos, y contiene información limitada sobre la leucemia de células peludas. Si desea información sobre otros tipos de leucemia en adultos y niños, consulte los documentos de la Sociedad Americana del Cáncer que tratan de estos temas.


¿Qué indican las estadísticas clave sobre la leucemia linfocítica crónica?

La Sociedad Americana del Cáncer calcula que en los Estados Unidos se reportará lo siguiente en cuanto a leucemia para el 2009:
  • Alrededor de 44,790 nuevos casos de leucemia y 21,870 muertes a causa de leucemia (todos los tipos). 
  • Alrededor de 15,490 nuevos casos de CLL.
  • Alrededor de 4,390 muertes a causa de CLL.

La leucemia linfocítica crónica representa aproximadamente una tercera parte de todas las leucemias. El riesgo que una persona tiene durante su vida de desarrollar CLL es de aproximadamente 1/2 a 1% (aproximadamente 1 de cada 200 personas). El riesgo es ligeramente mayor en los hombres que en las mujeres. Factores tales como antecedentes familiares de CLL pueden aumentar el riesgo.

La CLL afecta principalmente a los adultos de más edad. La edad media en el momento del diagnóstico es de aproximadamente 72 años. Esta enfermedad raramente se observa en personas menores de 40 años de edad, y es extremadamente rara en los niños.



Última revisión / cambio realizado: 10-Sep.-2009
Última actualización completa:  10-Sep.-2009
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