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| Tratamiento |
| Leucemia linfocítica crónica |
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¿Cómo se
trata la leucemia linfocítica crónica?
Esta información representa las opiniones de los médicos y
enfermeras de la Junta Editorial del Banco de Datos de Información de
la Sociedad Americana del Cáncer. Estas opiniones están basadas en la
interpretación que ellos tienen de los estudios que se publican en las
revistas médicas, así como en su propia experiencia profesional.
La información sobre el tratamiento que aparece en este documento no
representa la política oficial de la Sociedad ni pretende ser un
consejo médico que sustituya la experiencia y el juicio del equipo de
profesionales que atiende su cáncer. El objetivo es ayudarle, a usted y
a su familia, a tomar decisiones basadas en la información, en conjunto
con su médico.
Puede que su médico tenga razones para sugerir un plan de tratamiento
distinto a las opciones de tratamiento general. No dude en plantear sus
preguntas y dudas sobre sus opciones de tratamiento.
Esta sección comienza con comentarios generales sobre los tipos de
tratamiento que se usan para la leucemia linfocítica crónica. A
continuación se encuentra una discusión de las opciones de tratamiento
de la CLL con base en los grupos de riesgo.
Decisiones sobre el tratamiento
Después de encontrar y clasificar la leucemia, el equipo que atiende su
cáncer hablará con usted sobre las opciones de tratamiento. Por lo
general, el tratamiento principal es quimioterapia, pero debido a que
la CLL a menudo crece lentamente, no todas las personas necesitan ser
tratadas inmediatamente.
Es importante que dedique tiempo para pensar sobre las opciones
posibles. Para seleccionar un plan de tratamiento, la etapa de la
leucemia y otros factores de pronóstico son importantes (remítase a la
sección “¿Cómo se clasifica por etapas la leucemia linfocítica
crónica?”). Otros factores que hay que considerar incluyen si usted
presenta síntomas, su edad y su estado de salud en general, así como
los posibles beneficios y efectos secundarios del
tratamiento.
Al considerar sus opciones de tratamiento frecuentemente es buena idea
conseguir una segunda opinión, si es posible. Una segunda opinión puede
proporcionarle más información y ayudarle a que se sienta más confiado
con el plan de tratamiento que haya seleccionado.
Quimioterapia
La quimioterapia es el uso de medicamentos contra el cáncer que se
inyectan en una vena o en el líquido cefalorraquídeo, o que se toman
por vía oral para destruir o controlar las células del cáncer. Excepto
cuando se administran en el líquido cefalorraquídeo, estos medicamentos
entran en el torrente sanguíneo y llegan a todas las áreas del cuerpo,
lo que hace que este tratamiento sea útil para cánceres tales como la
leucemia, que se propaga por todo el cuerpo.
Los doctores administran la quimioterapia en ciclos, con cada período
de tratamiento seguido de un período de descanso para permitir que su
cuerpo se recupere. Los ciclos de quimioterapia generalmente durante
aproximadamente de tres a cuatro semanas. A menudo, la quimioterapia se
recomienda en pacientes que están en mal estado de salud, aunque la
edad avanzada en sí no es una barrera para recibir quimioterapia.
Se emplean dos grupos principales de medicamentos de quimioterapia para
tratar la CLL.
Los análogos de la purina incluyen fludarabina (Fludara), pentostatina
(Nipent) y cladribina (2-CdA, Leustatina). A menudo, la fludarabina es
uno de los primeros medicamentos que se usa contra la CLL. Estos
medicamentos pueden tener efectos secundarios importantes, inclusive un
mayor riesgo de infección.
Los agentes alquilantes, que incluyen clorambucil (Leukeran) y
ciclofosfamida (Cytoxan), se han usado durante más tiempo.
Frecuentemente se usan junto con un análogo de la purina o con otros
medicamentos quimioterapéuticos. También pueden usarse solos (o junto
con un medicamento esteroide), especialmente en personas que no pueden
tolerar un tratamiento más agresivo.
Un medicamento más reciente llamado bendamustina (Treanda) tiene
propiedades tanto de los análogos de purina como de los agentes
alquilantes.
Otros medicamentos que algunas veces se usan para tratar la CLL
incluyen doxorrubicina, vincristina, etopósido, citarabina (ara-C) y
prednisona.
Posibles efectos secundarios
Los medicamentos de quimioterapia funcionan al atacar las células que
se están dividiendo rápidamente, razón por la cual funcionan contra las
células cancerosas. Sin embargo, otras células en el cuerpo, tales como
las de la médula ósea, el revestimiento de la boca y los intestinos,
así como los folículos pilosos, también se dividen rápidamente. También
estas células son probablemente afectadas por la quimioterapia, lo que
puede ocasionar efectos secundarios.
Los efectos secundarios de la quimioterapia dependen del tipo y dosis
de los medicamentos administrados, así como de la duración del tiempo
que se administran. Estos efectos secundarios pudieran incluir:
- Caída de pelo.
- Llagas en la boca.
- Pérdida de apetito.
- Náusea y vómito.
- Aumento del riesgo de infecciones (debido a los bajos
niveles de glóbulos blancos).
- Facilidad para que se formen moretones o surjan sangrados
(debido al bajo nivel de plaquetas).
- Cansancio (debido al bajo nivel de glóbulos rojos).
Estos efectos secundarios son usualmente temporales y desaparecen
después de finalizar el tratamiento. Muchas veces hay métodos para
aminorar los efectos secundarios. Por ejemplo, hay medicamentos para
ayudar a prevenir o reducir las náuseas y los vómitos. Asegúrese de
preguntarle a su médico o enfermera sobre los medicamentos que ayudan a
reducir los efectos secundarios. También avíseles cuando
usted experimente los efectos secundarios para que puedan ser tratados
eficazmente.
Algunas veces se administran medicamentos conocidos como factores de
crecimiento (por ejemplo, G-CSF o GM-CSF), a fin de aumentar la cuenta
de glóbulos blancos y así reducir las probabilidades de infección.
Si su cuenta de glóbulos blancos es muy baja durante el tratamiento,
puede reducir su riesgo a infecciones evitando cuidadosamente la
exposición a gérmenes. Durante este tiempo, su médico puede
recomendarle que:
- Se lave frecuentemente las manos.
- Evite las frutas y los vegetales frescos y crudos, así como
otros alimentos, pues pueden portar gérmenes.
- Evite flores frescas y plantas porque pueden portar moho.
- Asegurarse que las personas se laven las manos cuando hacen
contacto con usted.
- Evite lugares con muchas personas y a enfermos (el uso de
una mascarilla quirúrgica frecuentemente ofrece algo de protección en
estas situaciones).
Si se observan signos de una infección, o al primer signo de que se
está desarrollando una infección, se pueden administrar antibióticos.
También se pueden administrar medicamentos que ayudan a prevenir
infecciones virales y fúngicas.
Debido a que muchos de los efectos secundarios de la quimioterapia son
causados por las cuentas bajas de glóbulos blancos, algunas personas
encuentran de utilidad hacer el seguimiento de estas cuentas. Si le
interesa esto, pregunte a su médico o enfermera sobre su cuenta de
células sanguíneas o sobre los resultados de otros análisis de sangre y
qué significan estos números.
Si la cuenta de plaquetas es baja, se le pueden administrar
medicamentos o transfusiones de plaquetas para ayudar a evitar el
sangrado. De igual forma, la dificultad para respirar y el cansancio
extremo causados por los bajos niveles de glóbulos rojos pueden ser
tratados con medicamentos o con transfusiones de glóbulos rojos.
Anticuerpos
monoclonales
Los anticuerpos monoclonales son versiones sintéticas de las proteínas
del sistema inmunitario (anticuerpos) que están diseñados para atacar
un objetivo específico (en este caso, las sustancias que se encuentran
en la superficie de las células cancerosas). Estos medicamentos pueden
ayudar a que el sistema inmunitario de una persona reaccione y destruya
las células cancerosas.
Rituximab (Rituxan)
El rituximab es un anticuerpo monoclonal que se dirige contra el
antígeno CD20, que se encuentra en la superficie de los linfocitos B.
Se usa principalmente para tratar ciertos tipos de linfoma no Hodgkin,
pero se ha determinado que también es útil en el tratamiento de
pacientes con CLL. Se usa más frecuentemente junto con quimioterapia,
ya sea como parte del tratamiento inicial o como parte de un régimen de
segunda opción, aunque también se puede emplear solo.
El rituximab se administra por inyección en la vena (IV) usualmente una
vez a la semana. Además del riesgo de una reacción alérgica cuando se
administra, este medicamento produce pocos efectos secundarios. En
casos raros de pacientes con cuentas muy altas de glóbulos blancos, el
medicamento puede causar una afección denominada síndrome de lisis tumoral.
El medicamento destruye las células tumorales tan rápidamente que el
cuerpo tiene problemas para eliminar los productos de descomposición de
las células muertas. Estas sustancias se pueden acumular y causar
problemas en los pulmones. Para prevenir esto se pueden administrar
medicamentos.
Alemtuzumab (Campath)
El alemtuzumab es un anticuerpo monoclonal que se dirige contra el
antígeno CD52, que se encuentra en la superficie de los linfocitos B y
T. Se usa principalmente en pacientes con CLL que ya no responden a los
tratamientos quimioterapéuticos estándar. Ahora algunos estudios están
analizando su uso en las primeras etapas del curso de la enfermedad. Es
posible que se determine que son especialmente útiles en casos de CLL
con eliminación del cromosoma 17, que frecuentemente es resistente a
los tratamientos estándar.
El alemtuzumab se administra mediante una inyección debajo de la piel
(vía subcutánea) o en una vena (vía intravenosa o IV), generalmente
varias veces a la semana. Los efectos secundarios más comunes son
fiebre, escalofríos, náuseas y erupciones dérmicas durante la inyección
aunque estos efectos parecen ser menos problemáticos con la
administración subcutánea. También puede ocasionar cuentas muy bajas de
glóbulos blancos, lo cual aumenta el riesgo de infecciones bacterianas
y virales, por lo que frecuentemente se administra con antibióticos y
medicamentos antivirales. También puede ocasionar cuentas bajas de
glóbulos rojos y de plaquetas.
Ofatumumab (Arzerra)
El ofatumumab es otro anticuerpo monoclonal dirigido al antígeno CD20.
Se usa principalmente en pacientes con CLL que ya no responden a los
otros tratamientos como la quimioterapia o al tratamiento con
alemtuzumab.
El ofatumumab se administra por vía intravenosa (inyección en una vena)
durante varias horas. El curso de administración estándar es de una vez
a la semana durante ocho semanas, seguido de una vez al mes durante
cuatro meses. Las reacciones a la infusión, incluyendo fiebre,
escalofríos, náusea, inflamación, cambios en la presión arterial e
irritaciones cutáneas son comunes durante la infusión, por lo que se
administran medicamentos con antelación para tratar de aminorar los
riesgos. Este medicamento puede aumentar el riesgo de contraer
infecciones en una persona. Otros efectos secundarios son menos
comunes, pero potencialmente graves incluyendo un recuento bajo de
plaquetas (que conlleva un aumento de riesgo de hemorragia) y bloqueo
(obstrucción) de los intestinos.
Cirugía
La cirugía tiene una función muy limitada en el tratamiento de CLL.
Debido a que las células de la CLL se propagan extensamente en toda la
médula ósea y en muchos órganos, la cirugía no puede curar este tipo de
cáncer. En pocas ocasiones, este procedimiento desempeña algún papel,
ni siquiera en el diagnóstico de la CLL que con frecuencia se puede
hacer con una muestra de sangre. Algunas veces es necesario realizar
una cirugía menor para extirpar un ganglio linfático con el fin de
auxiliar en el diagnóstico o en la clasificación de la etapa del cáncer.
Esplenectomía
En pocos casos, se extirpa el bazo (esplenectomía), aunque no se espera
que esto cure la CLL. La propagación de la CLL al bazo puede ocasionar
que este órgano aumente de tamaño tanto que puede comprimir los órganos
adyacentes y causar síntomas. Si la radiación o la quimioterapia no
ayuda a reducir el tamaño del bazo y a reducir los síntomas, la
esplenectomía puede ser una opción.
Este procedimiento también puede mejorar la cuenta de células
sanguíneas y reducir la necesidad de transfusiones de productos
sanguíneos. Una de las funciones normales del bazo es eliminar las
células sanguíneas viejas del torrente sanguíneo. Si la leucemia u otra
enfermedad causa que el bazo aumente mucho de tamaño, puede volverse
demasiado activo para eliminar las células sanguíneas y ocasionar una
escasez de glóbulos blancos y plaquetas. La extirpación del bazo puede
ayudar a evitar esto.
La mayoría de las personas no tienen problemas viviendo sin el bazo. El
riesgo de ciertas infecciones bacterianas aumenta, razón por la cual
los médicos recomiendan ciertas vacunas para las personas que se han
sometido a una esplenectomía.
Radioterapia
La radioterapia es un tratamiento con rayos o partículas de alta
energía que destruyen las células cancerosas. Generalmente la
radioterapia no forma parte del tratamiento principal de personas con
CLL, pero se usa en ciertas situaciones.
Los pacientes pueden experimentar síntomas si los órganos internos
hinchados (como un bazo de mayor tamaño) presionan otros órganos. Por
ejemplo, la presión ejercida contra el estómago puede afectar el
apetito. Si estos síntomas no mejoran con quimioterapia, la
radioterapia para ayudar a reducir el tamaño del órgano frecuentemente
es una buena opción.
La radioterapia también puede ser útil en el tratamiento del dolor
causado por el daño óseo resultante del crecimiento de las células
leucémicas en la médula ósea.
Algunas veces la radioterapia se administra en bajas dosis en todo el
cuerpo inmediatamente antes de un trasplante de células madre (consulte
la sección “Trasplante de médula ósea o de células madre de sangre
periférica”).
El tipo de radiación que se usa con más frecuencia en la CLL es la
radioterapia externa, en la que una máquina administra un rayo de
radiación a una parte específica del cuerpo. Antes de iniciar el
tratamiento, el equipo de radiación cuidadosamente tomará medidas para
determinar los ángulos correctos para emitir los haces de radiación, y
las dosis adecuadas de radiación. La radioterapia es muy similar a la
radiografía, pero la radiación es más intensa. El procedimiento en sí
no causa dolor. Cada tratamiento dura sólo unos minutos, aunque el
tiempo de preparación (colocarle en el lugar correcto para el
tratamiento) usualmente toma más.
Los principales efectos secundarios a corto plazo de la radioterapia
dependen del área en la que se aplique la radiación. Es posible que se
ocasionen cambios similares a los de una quemadura por el sol en el
área tratada. Algunas veces, la radiación al abdomen puede causar
náuseas, vómitos o diarrea. Cuando la radiación incluye grandes partes
del cuerpo, los efectos pueden incluir cansancio y un mayor riesgo de
infección.
Trasplante
de médula ósea o de células madre de sangre periférica
Las dosis usuales de medicamentos quimioterapéuticos pueden causa
efectos secundarios graves en tejidos de división rápida como la médula
ósea. Aunque es posible que una dosis mayor de estos medicamentos sea
más eficaz, no se administra debido a que podrían causar daño grave a
la médula ósea, lugar donde se producen las nuevas células sanguíneas.
Esto podría causar infecciones potencialmente fatales, sangrado, y
otros problemas debido a las cuentas bajas de células sanguíneas.
Un trasplante de células madre (stem cell transplant, SCT) permite que
los médicos usen dosis más altas de quimioterapia, y algunas veces
radioterapia. Cuando termina el tratamiento, el paciente recibe un
trasplante de células madre productoras de sangre para restablecer la
médula ósea.
Las células madre productoras de sangre que se usan para un trasplante
se obtienen ya sea de la sangre (un trasplante de células madre de
sangre periférica) o de la médula ósea (para un trasplante de médula
ósea). En el pasado eran más comunes los trasplantes de médula ósea,
pero recientemente han sido sustituidos por el trasplante de células
madre de sangre periférica).
Aún no es clara la utilidad de los trasplantes de células madre en
pacientes con CLL. Estos tratamientos se usan con más frecuencia en
ensayos clínicos cuyo objetivo es examinar su eficacia.
Tipos de trasplantes
Hay dos tipos principales de trasplantes de células madre: el
alotrasplante y el autotrasplante. Su diferencia consiste en
la fuente de las células madre productoras de sangre.
Alotrasplante de células madre (trasplante alogénico):
en un
alotrasplante, las células madre provienen de otra persona,
generalmente un donador cuyo tipo de tejido es casi idéntico al del
paciente. El tipo de tejido se basa en ciertas sustancias en la
superficie de las células del cuerpo. Estas sustancias pueden causar
que el sistema inmunitario reaccione contra las células. Por lo tanto,
cuanto más compatibles sean los tejidos del donante y del receptor,
mejor es la probabilidad de que las células trasplantadas sean
aceptadas y comiencen a producir nuevas células sanguíneas.
El donante puede ser un hermano o una hermana si son compatibles. Con
menos frecuencia, se puede encontrar un donante no relacionado
compatible. Las células madre de un donante no relacionado provienen de
voluntarios cuyo tipo de tejido se ha almacenado en un registro central
y comparado con el del paciente. Algunas veces se usan células madre
del cordón umbilical. Estas células madre provienen de la sangre del
cordón umbilical y de la placenta después del nacimiento de un bebé y
después de que se corta el cordón umbilical.
Los alotrasplantes se están estudiando en pacientes con CLL, aunque aún
no es claro qué tan eficaces son. Como este tipo de trasplante puede
causar complicaciones y efectos secundarios graves y hasta
potencialmente mortales, tal vez no sea una buena opción para personas
de edad mayor o que tengan otros problemas médicos.
Autotrasplante de células madre (trasplante autólogo):
en un
autotrasplante, las propias células madre del paciente se extraen de su
médula ósea o de su sangre periférica. Las células se congelan y se
almacenan mientras la persona recibe tratamiento (quimioterapia y/o
radiación en altas dosis). Se puede usar un procedimiento llamado
“purga” para tratar de extirpar cualquier célula leucémica de las
muestras. Entonces las células madre se vuelven a infundir en la sangre
del paciente después del tratamiento.
Por lo general los autotrasplantes son más fáciles de tolerar que los
alotrasplantes. El paciente está recibiendo sus propias células de
manera que el riesgo de complicaciones es menor. Este tipo de
trasplante se puede hacer en personas que de otra manera sean sanas,
aunque puede no ser recomendable para pacientes de edad avanzada.
Se está estudiando el uso de los autotrasplantes de células madre en la
CLL, pero hasta ahora no está claro si mejoran la supervivencia en
comparación con el tratamiento convencional.
El procedimiento de trasplante
Las células madre productoras de sangre se recolectan de la médula ósea
o de la sangre periférica, se congelan y se almacenan. El paciente
recibe altas dosis de quimioterapia, y algunas veces también
tratamiento con radiación en todo el cuerpo. (Se utilizan protectores
contra la radiación para evitar el daño a los pulmones, el corazón y
los riñones durante la radioterapia).
Estos tratamientos tienen como objetivo destruir todas las células
cancerosas en el cuerpo, pero también destruyen células normales de la
médula ósea y del sistema inmunitario. Después de estos tratamientos,
las células madre congeladas se descongelan y se administran como una
transfusión sanguínea. Las células madre se establecen en la médula
ósea del paciente en los siguientes días y comienzan a crecer y a
producir nuevas células sanguíneas.
En un alotrasplante de células madre, a la persona que recibe el
trasplante se le pueden administrar medicamentos para mantener el nuevo
sistema inmunitario bajo control. En las semanas subsiguientes el
paciente se somete a pruebas sanguíneas regulares y a terapias de apoyo
según sea necesario, lo que puede incluir antibióticos, transfusiones
de glóbulos rojos o plaquetas, otras medicinas y ayuda en la nutrición.
Usualmente en un lapso de dos semanas después de la infusión de las
células madre, éstas comienzan a producir nuevos glóbulos blancos. En
seguida comienza la producción de plaquetas nuevas, y varias semanas
después comienza la producción de glóbulos rojos.
Por lo general, los pacientes se mantienen aislados en el hospital para
su protección (para protegerlos contra la exposición a los gérmenes)
hasta que el recuento de glóbulos blancos se eleve y esté por encima de
500. Generalmente pueden abandonar el hospital cuando sus
recuentos de glóbulos blancos se aproximen a 1,000. Como la cuenta de
plaquetas tarda más tiempo para llegar hasta un nivel seguro, los
pacientes pueden recibir transfusiones de plaquetas en un entorno
ambulatorio.
Típicamente los pacientes hacen visitas regulares a la clínica
ambulatoria durante aproximadamente seis meses, después de los cuales
el médico encargado de su cáncer prosigue con su cuidado.
Puntos prácticos
El trasplante de células madre de la sangre periférica o de la médula
ósea es un tratamiento complejo. Si los médicos piensan que un paciente
se puede beneficiar de un trasplante, éste debe hacerse en un hospital
en el que el personal tenga experiencia en el procedimiento y en el
tratamiento de la fase de recuperación. Algunos programas de trasplante
de médula ósea pudieran no tener experiencia en ciertos tipos de
trasplantes, en especial los trasplantes de donantes no relacionados.
El trasplante de células madre es muy caro (más de $100,000) y con
frecuencia requiere una estadía hospitalaria prolongada. Como algunas
compañías de seguros lo pueden considerar un tratamiento experimental,
es posible que no paguen este procedimiento. Es importante que se
entere si su asegurador cubre transplantes antes de decidirse a este
procedimiento, y tener una idea de lo que tendrá que pagar.
Posibles efectos secundarios
Los efectos secundarios de un trasplante de células madre generalmente
se dividen en efectos tempranos y efectos a largo plazo.
Las primeras complicaciones y los efectos secundarios son básicamente
los mismos causados por cualquier otro tipo de quimioterapia de alta
dosis (consulte la sección “Quimioterapia” de este documento), y son
causados por el daño a la médula ósea y otros tejidos de división
rápida del cuerpo. Pueden incluir cuentas bajas de células sanguíneas
(con cansancio y un aumento del riesgo de infección y de sangrado),
náuseas, vómitos, pérdida de apetito, llagas en la boca y pérdida de
pelo.
Uno de los efectos secundarios a corto plazo más común y grave es el
aumento del riesgo de infecciones por bacterias, virus u hongos.
Frecuentemente se administran antibióticos para evitar que esto suceda.
Otros efectos secundarios, como cuentas bajas de glóbulos rojos y
plaquetas, pueden requerir la transfusión de productos sanguíneos u
otros tratamientos.
Algunas complicaciones y efectos secundarios pueden persistir por largo
tiempo, o pueden no ocurrir sino hasta meses o años después del
trasplante. Éstos incluyen:
- Enfermedad injerto contra
huésped (Graft-versus-host disease, GVHD), que ocurre sólo en los
alotrasplantes (de un donante). Esto sucede cuando las células del
sistema inmunitario del donante atacan los tejidos de la piel, hígado y
tracto digestivo del paciente. Los síntomas pueden incluir debilidad,
cansancio, resequedad de la boca, erupciones dérmicas, náuseas,
diarrea, amarillamiento de la piel y los ojos (ictericia) y dolores
musculares. En casos graves, la enfermedad de injerto contra huésped
puede poner en riesgo la vida. Frecuentemente la GVHD se describe como
aguda o crónica, dependiendo de qué tan pronto comience después del
trasplante. Con frecuencia se administran medicamentos que debilitan el
sistema inmunitario para mantener el control de la GVHD.
- Daño provocado a los
pulmones por la radiación, que ocasiona dificultad para respirar.
- Daño a los ovarios que
puede causar infertilidad y pérdida de los periodos menstruales
- Daño a la glándula tiroides
que puede causar problemas en el metabolismo.
- Cataratas (daño al
cristalino del ojo, que puede afectar la visión).
- Daño a los huesos, llamado
necrosis aséptica (cuando el hueso muere debido a falta de suministro
de sangre). Si el daño es grave, será necesario reemplazar parte del
hueso y de la articulación del paciente.
Trasplante no mieloablativo
(minitrasplante)
Muchas personas mayores de 55 años de edad no pueden tolerar el
alotrasplante convencional que usa altas dosis de quimioterapia.
Algunos podrán someterse a un trasplante no mieloablativo (también
conocido como minitrasplante o trasplante de intensidad reducida), en
el que reciben menores dosis de quimioterapia y radiación que no
destruyen completamente las células de la médula ósea. Estos pacientes
reciben las células madre alogénicas (de un donante). Estas células
entran al cuerpo y establecen un nuevo sistema inmunitario, que
considera a las células leucémicas como extrañas y las ataca (un efecto
injerto contra leucemia).
Los médicos han descubierto que si usan dosis pequeñas de ciertos
medicamentos de quimioterapia y dosis bajas de radiación total del
cuerpo, un alotrasplante aún puede algunas veces ser eficaz con mucha
menos toxicidad. De hecho, un paciente puede recibir un trasplante no
mieloablativo como paciente externo (ambulatorio). La complicación más
importante es la enfermedad de injerto contra huésped.
Muchos médicos aún consideran este procedimiento experimental, y se
están llevando a cabo estudios para determinar su utilidad contra la
CLL.
Si desea más información sobre los trasplantes de células madre,
consulte el documento Trasplantes de médula ósea y de células madre de
sangre periférica de la Sociedad Americana del Cáncer.
Estudios
clínicos
A partir del momento en que se le informa sobre su diagnóstico de
cáncer, puede que necesite tomar muchas decisiones. Una de las
decisiones más importantes es seleccionar cuál tratamiento es el más
adecuado para tratar su caso. Puede que se entere sobre estudios
clínicos que se estén llevando a cabo para su tipo de cáncer, O tal vez
alguien de su equipo de atención médica le mencionó alguno.
Los estudios clínicos son investigaciones cuidadosamente controladas
que se realizan con pacientes que participan voluntariamente. Los
estudios clínicos se llevan a cabo para hacer un seguimiento de nuevos
tratamientos o procedimientos promisorios.
Si quisiera formar parte de un estudio clínico, deberá comenzar con
preguntar a su médico si su clínica u hospital lleva a cabo estudios
clínicos. Para una lista de estudios clínicos que cumplan con sus
necesidades médicas, usted puede llamar a nuestro servicio de estudios
clínicos para ayudarle a encontrar un estudio adecuado para usted.
Usted puede acceder a este servicio llamando al 1-800-227-2345 o
consultando el sitio en Internet http://clinicaltrials.cancer.org.
También puede obtener una lista de los estudios clínicos actuales
llamando a la línea telefónica sin costo del Servicio de Información
sobre Cáncer de Instituto Nacional del Cáncer al 1-800-422-6237 o
visitando el sitio Web sobre estudios clínicos del NCI,
www.cancer.gov/clinicaltrials.
Existen requisitos que debe cumplir para formar parte de cualquier
estudio clínico. Si califica para un estudio clínico, es su decisión
inscribirse o no al mismo.
Los estudios clínicos son una forma de tener acceso a la atención más
novedosa contra el cáncer. Sólo a través de estos estudios los médicos
aprenden sobre mejores métodos para tratar la enfermedad, aunque no
todos serán adecuados para toda la gente.
Puede obtener mucha más información sobre este tema en nuestro
documento Estudios Clínicos: lo que
necesita saber. Usted puede leer este documento
en nuestro sitio Web o solicitarlo a través de nuestra línea sin costo
1-800-227-2345.
Terapias
complementarias y alternativas
Al tener cáncer, es probable que usted escuche de maneras de tratar el
cáncer o aliviar sus síntomas que su médico no le ha mencionado. Todos,
desde familiares y amigos, hasta foros de usuarios en Internet, ofrecen
ideas que podrían serle útiles. Estos tratamientos pueden incluir
vitaminas, hierbas, dietas especiales u otros métodos, como acupuntura
o masaje, entre otros.
¿Qué son exactamente las terapias
complementarias y alternativas?
No todos utilizan estos términos de la misma manera que a su vez se
usan para referirse a muchos métodos diferentes, lo cual puede resultar
confuso. Aquí, utilizamos el término complementario para
referirnos a los tratamientos que se utilizan junto con la
atención médica. El término alternativo
lo utilizamos para referirnos al tratamiento que se usa en lugar del
tratamiento indicado por el médico.
Métodos complementarios:
la mayoría de los métodos de tratamiento complementarios no se ofrecen
como curas para el cáncer. Principalmente, se emplean para ayudarle a
sentirse mejor. Algunos métodos que se usan de manera conjunta con el
tratamiento convencional son la meditación para reducir el estrés, la
acupuntura para aliviar el dolor o el té de menta para aliviar las
náuseas. Se sabe que algunos de estos métodos complementarios son
útiles, mientras que otros no han sido probados. Se ha demostrado que
algunos de estos métodos no son útiles, y algunos cuántos incluso han
demostrado ser perjudiciales.
Tratamientos alternativos:
puede que éstos sean ofrecidos como curas para el cáncer. La seguridad
y la eficacia no han sido probadas para estos tratamientos en estudios
clínicos. Algunos de estos métodos puede que representen un peligro o
que produzcan efectos secundarios que atenten contra la vida. Pero el
mayor peligro en la mayoría de los casos, es que usted pierda la
oportunidad de beneficiarse de un tratamiento convencional. Las demoras
o interrupciones en sus tratamientos médicos puede que permitan más
tiempo para que el cáncer se desarrolle y sea menos propenso a
responder al tratamiento estándar.
Cómo obtener más información
Es fácil darse cuenta por qué puede que las personas con cáncer quieran
considerar los métodos alternativos. Uno siempre desea hacer todo lo
posible para combatir el cáncer, y la idea de un tratamiento sin
efectos secundarios resulta atractiva. Algunas veces los tratamientos
médicos, como la quimioterapia, pueden ser difíciles de tolerar o puede
que ya no funcionen. Sin embargo, la verdad es que la mayoría de estos
métodos alternativos no han sido investigados, ni han probado ser
eficaces en el tratamiento contra el cáncer.
Usted puede tomar los siguientes tres pasos importantes a medida que
considera sus opciones:
- Esté atento de las señales
de advertencia que sugieran que pueda tratarse de algún fraude.
¿Promete el método ser una cura para todos o la mayoría de los tipos de
cáncer? ¿Se le ha dicho que no se someta a los tratamientos médicos
convencionales? ¿Hay algún "secreto" del tratamiento que hace que
requiera acudir con ciertos proveedores o viajar a otro país?
- Hable con su médico o
enfermera sobre cualquier método que esté considerando usar.
- Póngase en contacto con
nosotros llamando al 1-800-227-2345 para informarse más sobre los
métodos complementarios y alternativos en general, así como para saber
más sobre los métodos específicos que esté considerando.
La decisión es suya
Las decisiones sobre cómo tratar o manejar su cáncer siempre son suyas.
Si desea emplear un tratamiento no convencional, infórmese todo lo que
pueda sobre dicho método y hable al respecto con su médico. Al contar
con información adecuada y con el apoyo del equipo de profesionales que
atiende su salud, puede que logre emplear con seguridad los métodos que
puedan beneficiarle mientras evita aquellos que podrían ser
perjudiciales.
Tratamiento
de la leucemia linfocítica crónica por grupo de riesgo
Las opciones de tratamiento para las personas con CLL varían en gran
medida, y dependen del grupo de riesgo de la enfermedad y de si la
leucemia está causando algún síntoma. Aunque muchas personas viven por
mucho tiempo con CLL, en general resulta muy difícil curar esta
leucemia, y el tratamiento temprano no ha mostrado cambiar el resultado
de la enfermedad. Debido a esto y como el tratamiento puede causar
efectos secundarios, con frecuencia los médicos recomiendan esperar
hasta que la enfermedad progrese o los síntomas aparezcan antes de
comenzar el tratamiento.
El grupo de riesgo, basado en el sistema de clasificación por etapas
Rai, (remítase a la sección “¿Cómo se clasifica por etapas la leucemia
linfocítica crónica?) es uno de los factores que se consideran para
escoger la opción de tratamiento. La edad de una persona, su salud
general y otros factores de pronóstico también son importantes. Pruebas
más recientes de laboratorio que determinan los cambios en los
cromosomas y los marcadores moleculares también pueden ofrecer
información importante sobre el pronóstico de un paciente. Por ejemplo,
las personas cuyas células de CLL tienen supresiones del cromosoma 17 o
altos niveles de ZAP-70 y CD38 son más propensas a tener formas de
crecimiento más rápida de CLL y puede que necesiten ser tratadas más
agresivamente. Las pruebas para estos cambios apenas se comienzan a
incluir cuando se consideran las opciones de tratamiento.
CLL de bajo riesgo
A menudo, las personas en este grupo son diagnosticadas basándose en
una cuenta alta de linfocitos en la sangre, pero que de otro modo
tienen cuentas sanguíneas normales y no presentan ganglios linfáticos u
órganos agrandados. El pronóstico (perspectiva) para las personas en
este grupo frecuentemente es muy bueno, y se espera una larga
supervivencia.
La mayoría de las personas se pueden observar con exámenes de
seguimiento minuciosos y frecuentes. Se debe considerar el tratamiento
si hay signos de que la leucemia está progresando o si una persona
desarrolla síntomas molestos. Cuando es necesario, el tratamiento
inicial generalmente es la quimioterapia, como se describe en la
siguiente sección.
CLL de riesgo intermedio y de riesgo alto
Puede que algunos pacientes con CLL de riesgo intermedio (etapas I y
II) no presenten síntomas y que no necesiten un tratamiento
inmediatamente. Con frecuencia se pueden vigilar para detectar signos
de progresión de la enfermedad y el inicio de síntomas nuevos. Los
pacientes con CLL de alto riesgo (etapas III y IV) tienden a necesitar
tratamiento inmediato.
Cuando se necesita tratamiento existen varias opciones. La mayoría de
los médicos usan fludarabina como el primer tratamiento, principalmente
entre los jóvenes. Se puede administrar junto un agente alquilante
(ciclofosfamida o clorambucil), con el anticuerpo monoclonal rituximab
(Rituxan), o como una combinación de los tres medicamentos.
Aunque la fludarabina es muy activa contra la CLL, puede tener efectos
secundarios tales como el aumento del riesgo de infecciones. Para las
personas que puedan tener problemas con los efectos secundarios, como
las personas de edad mayor o las que tienen otros problemas médicos, se
puede usar un agente alquilante (clorambucil o ciclofosfamida), ya sea
solo o con un medicamento esteroidal (como prednisona).
Ahora los médicos están estudiando el uso de los anticuerpos
monoclonales como rituximab, ofatumumab (Arzerra) o alemtuzumab
(Campath) como parte del tratamiento de primera línea, ya sea
administrados por sí solos o en conjunto con otros medicamentos.
También se pueden usar otros medicamentos o combinaciones de
medicamentos. Por ejemplo, la bendamustina es un medicamento más
reciente que tiene propiedades tanto de los análogos de purina como de
los agentes alquilantes. Actualmente, los médicos están tratando de
determinar cómo se va a usar en el tratamiento de primera línea de CLL.
Algunos médicos combinan la ciclofosfamida con otros medicamentos como
vincristina y prednisona. Esta combinación se conoce como régimen CVP.
Si también se incluye doxorubicina, se conoce como régimen CHOP.
Si el único problema es un bazo agrandado y ganglios linfáticos
hinchados en una región del cuerpo, se puede usar un tratamiento
localizado con dosis bajas de radioterapia. La esplenectomía (cirugía
para extirpar el bazo) es otra opción cuando el agrandamiento del bazo
causa síntomas.
Algunas personas que tienen una enfermedad de alto riesgo pueden ser
recibir un mejor tratamiento temprano con algún tipo de trasplante de
células madre. Como aún no es claro qué tan eficaz es este tratamiento
para la CLL, la mayoría de los trasplantes de células madre se hacen
como parte de estudios clínicos. Es posible que las personas más
jóvenes sean elegibles para un autotrasplante o un alotrasplante de
células madre. Es posible que algunas personas de edad avanzada que
pudieran tener problemas para tolerar tales transplantes pudieran aún
ser elegibles para un trasplante no mieloablativo (minitransplante).
Tratamiento de segunda línea de la CLL
Si el tratamiento inicial ya no es eficaz o la enfermedad recurre, otro
tipo de tratamiento puede ayudar. Si la respuesta inicial al
tratamiento tomó mucho tiempo (usualmente al menos algunos años) a
menudo se puede usar nuevamente el mismo tratamiento. Si la respuesta
inicial no duró, es probable que no sea útil usar el mismo tratamiento
otra vez. Las opciones dependerán del tratamiento de primera opción y
su eficacia, así como de la salud de la persona.
Muchos de los medicamentos y de las combinaciones listados arriba
pueden considerarse en el tratamiento de segunda opción. Para muchas
personas que ya han recibido fludarabina, el alemtuzumab parece ser
útil como tratamiento de segunda opción, aunque conlleva un mayor
riesgo de infecciones. También se pueden tratar otros medicamentos
análogos de la purina como pentostatina o cladribina (2-CdA).
El ofatumumab puede ser otra opción en caso de que otros
tratamientos de segunda línea dejen de ser eficaces.
Algunas personas pueden tener una buena respuesta al tratamiento de
primera opción (como fludarabina) pero aún pueden presentar evidencia
de la presencia de un pequeño número de células leucémicas en la
sangre, la médula ósea o los ganglios linfáticos. Esto se conoce como enfermedad mínima residual.
Como la CLL no se puede curar, los médicos no están seguros si será
útil emplear inmediatamente tratamientos adicionales. Algunos pequeños
estudios han mostrado que algunas veces el alemtuzumab puede ayudar a
eliminar estas células residuales, pero aún no se sabe si esto mejora
la supervivencia.
Tratamiento de las complicaciones de la
CLL
La CLL puede causar problemas graves con la sangre y algunos de sus
componentes. También puede (raramente) transformarse en otro tipo de
cáncer más agresivo. El tratamiento mismo de la CLL puede provocar el
desarrollo de otro cáncer.
Algunas veces, los números muy altos de células leucémicas en la sangre
causan problemas con la circulación normal. Puede que la
quimioterapia no reduzca el número de células sino hasta algunos días
después de la primera dosis. Mientras tanto se puede usar leucoféresis
antes de la quimioterapia. Para este procedimiento, se coloca una aguja
en una vena del brazo. La sangre del paciente se pasa a través de una
máquina especial que extrae los glóbulos blancos (inclusive las células
leucémicas) y regresa el resto de las células sanguíneas y el plasma al
paciente. Este tratamiento reduce inmediatamente las cuentas
sanguíneas. El efecto es solamente a corto plazo, pero puede ayudar
hasta que la quimioterapia tenga la oportunidad de surtir efecto.
Las personas con CLL a menudo tienen sistemas inmunitarios debilitados
y tienen un alto riesgo de ciertas clases de infecciones. Los médicos
pueden sugerir vacunas para prevenir algunas de estas infecciones.
Encontrar y tratar las infecciones temprano es una parte importante del
seguimiento para las personas con CLL, aún en aquellas no que están
recibiendo tratamiento con quimioterapia.
Algunas veces la CLL altera el sistema inmunitario de una persona en
una manera que causa que ataque sus propios glóbulos rojos (anemia hemolítica autoinmunitaria)
o las plaquetas (trombocitopenia
mediada por el sistema inmunitario). Estas afecciones son
tratadas con medicamentos que debilitan la respuesta inmunitaria. Los
esteroides como la prednisona son útiles con frecuencia, al igual que
otros medicamentos como la ciclosporina. Los anticuerpos monoclonales
como rituximab también pueden ayudar en algunos casos.
Una de las complicaciones más graves de la CLL es un cambio
(transformación) de la leucemia a un linfoma no Hodgkin de alto grado o
de tipo agresivo que se llama linfoma difuso de células grandes. Esto
sucede en aproximadamente un 5 % de los casos de CLL y se conoce como síndrome de Richter.
El tratamiento frecuentemente es el mismo que se usa para el linfoma
(consulte el documento Linfoma
no Hodgkin de la Sociedad Americana del Cáncer para
obtener más información), pero con frecuencia estos casos son difíciles
de tratar.
Menos comúnmente la CLL puede transformarse en leucemia prolinfocítica
(prolymphocytic leucemia). Al igual que el síndrome de
Richter, estos casos pueden ser difíciles de tratar. Algunos estudios
han sugerido que ciertos medicamentos como cladribina (2-DdA) y
alemtuzumab pueden ser útiles.
En raros casos, los pacientes con CLL pueden sufrir la transformación
de esta leucemia en leucemia linfocítica aguda (acute lymphocytic
leucemia, ALL). Si esto sucede, es muy probable que el tratamiento sea
similar al usado para los pacientes con ALL (consulte el documento Leucemia linfocítica
aguda de la Sociedad Americana del Cáncer).
La leucemia mieloide aguda (acute myeloid leukemia, AML) es otra
complicación rara de los pacientes que han recibido tratamiento para la
CLL. Los medicamentos tales como clorambucil pueden dañar el ADN de las
células productoras de sangre. Estas células dañadas pueden
transformarse en células cancerosas y provocar AML, que es muy agresiva
y frecuentemente difícil de tratar (consulte el documento Leucemia mieloide aguda
de la Sociedad Americana del Cáncer).
Tratamiento de la leucemia de células
peludas
La leucemia de células peludas tiende a crecer lentamente. Los
pacientes sin síntomas frecuentemente no necesitan tratamiento
inmediato, pero se deben someter a exámenes de seguimiento minuciosos.
Estos exámenes se hacen cada pocos meses para ver la progresión de la
enfermedad y la aparición de síntomas. Algunos pacientes con HCL viven
por muchos años sin tener síntomas ni recibir tratamiento.
Puede ser recomendable el tratamiento para aquellos pacientes con HCL
que tienen cuentas bajas de células sanguíneas, padecen infecciones
recurrentes o tienen el bazo o los ganglios linfáticos agrandados. El
tratamiento que se usa con más frecuencia es uno de los medicamentos
análogos de la purina, cladribina (2CdA) o pentostatina. Hasta 80 a 90%
de los pacientes responden a estos medicamentos, y las respuestas duran
más de cinco años en la mayoría de los pacientes. Aún si recurre la
HCL, muchos casos responden a un segundo tratamiento con estos
medicamentos.
La administración de rituximab después de estos medicamentos puede
eliminar cualquier enfermedad remanente en las personas que no han
respondido totalmente. Como ésta es una enfermedad bastante rara, muy
pocas personas han recibido tratamiento con rituximab para saber si
hace la diferencia a largo plazo.
En pocos casos la HCL puede no responder a la quimioterapia. Puede ser
de utilidad la administración de rituximab o de interferón-alfa, un
tipo de terapia biológica. Si un paciente tiene molestias debido al
agrandamiento del bazo, la extirpación quirúrgica del bazo
(esplenectomía) frecuentemente puede ayudar a aliviar el dolor u otros
síntomas.
Información adicional sobre tratamiento
Para más detalles sobre las opciones de tratamiento, incluyendo algunas
que no pudieran estar disponibles en este documento, la National Comprehensive Cancer
Network (NCCN) y el Instituto Nacional del Cáncer (NCI)
son buenas fuentes de información.
La NCCN, compuesta por expertos de muchos centros de cáncer principales
en el país, redactó las guías de tratamiento del cáncer para los
doctores con el fin de ser usadas para tratar a los pacientes. Estas
guías están disponibles en la página Web de la NCCN (www.nccn.org). Las
guías de tratamiento para la leucemia linfocítica crónica (CLL) se
incluyen en las guías del “Linfoma no Hodgkin” (porque la CLL está
íntimamente relacionada con algunas formas de
linfoma).
El Instituto Nacional del Cáncer (NCI) provee guías de tratamiento a
través de su centro de información (1-800-4-CANCER) y su página Web
(www.cancer.gov). También están disponibles guías detalladas preparadas
para los profesionales de atención del cáncer en www.cancer.gov.
¿Qué debe
preguntar a su médico sobre la leucemia linfocítica crónica?
A medida que usted se enfrente al cáncer y su tratamiento, necesita
tener conversaciones sinceras y abiertas con su médico. Debe sentirse
en la libertad de preguntar cualquier cosa que le venga a la mente, sin
importar cuán insignificante parezca. A continuación le presentamos
algunas preguntas que usted quisiera hacer. Las enfermeras, los
trabajadores sociales y demás participantes del tratamiento podrán
también responder a muchas de sus preguntas.
- ¿Cuál es la etapa (grupo de riesgo) de la leucemia y qué
significa eso en mi caso?
- ¿Se necesitan hacer otras pruebas antes de decidir sobre el
tratamiento?
- ¿Cuánta experiencia tiene con el tratamiento de este tipo
de cáncer?
- ¿Debo pedir una segunda opinión?
- ¿Debo recibir tratamiento en este momento? ¿Por qué sí o
por qué no?
- ¿Cuáles son mis opciones de tratamiento?
- ¿Qué recomienda, y por qué?
- ¿Cuáles son los riesgos y los efectos secundarios de los
tratamientos que usted recomienda?
- ¿Qué debo hacer para prepararme para el tratamiento?
- ¿Cuánto tiempo durará el tratamiento? ¿Qué conllevará?
¿Dónde se administrará?
- ¿Cómo afectará el tratamiento mis actividades diarias?
- ¿Cuál es el pronóstico para mi supervivencia?
- ¿Qué se haría si el tratamiento no surte efecto o si la
leucemia regresa?
- ¿Qué tipo de atención médica de seguimiento necesitaré
después del tratamiento?
Asegúrese de escribir cualquier pregunta que se le ocurra y que no se
encuentre en la lista. Por ejemplo, es posible que desee información
sobre los tiempos de recuperación para que pueda planear su programa de
trabajo. Por otra parte, usted tal vez quiera preguntar sobre los
estudios clínicos para los que pueda resultar elegible.
Puede ser útil que le acompañe otra persona y/o que grabe su
conversación con el médico. También puede ser de utilidad que saque
copias de su historia médica, informes patológicos y radiológicos en
caso de que desee buscar una segunda opinión posteriormente.
¿Qué sucede
después del tratamiento contra la leucemia linfocítica
crónica?
Generalmente se piensa que la leucemia linfocítica crónica no es
curable, aunque la mayoría de los pacientes viven muchos años con la
enfermedad y el tratamiento puede extender su vida mucho más.
Cuidados posteriores
Probablemente va a necesitar exámenes de seguimiento frecuentes durante
muchos años después del tratamiento, aunque no muestre signos de la
enfermedad. Estas visitas de seguimiento son muy importantes. Su médico
continuará vigilándole para detectar signos de recurrencia de la
enfermedad y para ver si hay efectos secundarios a corto y a largo
plazo del tratamiento. Es importante que reporte inmediatamente a su
médico cualquier síntoma nuevo, para que se pueda encontrar su causa y
tratarla, si es necesario.
Los exámenes generales pueden incluir exámenes físicos minuciosos,
pruebas de sangre y otros tipos de pruebas según sea necesario. Un
beneficio de la atención de seguimiento es que le da a usted una
oportunidad para discutir las preguntas y preocupaciones que puedan
surgir durante y después de su recuperación.
Si la leucemia recurre en algún momento, el tratamiento adicional
dependerá de qué tratamientos ha recibido anteriormente, cuánto tiempo
ha pasado desde el tratamiento y su salud. Para más información sobre
cómo se trata la CLL recurrente, remítase a la sección, "¿Cómo se trata
la leucemia linfocítica crónica?" Para obtener más información general
sobre cómo lidiar con la recurrencia, usted puede consultar el
documento (disponible en inglés) “When Your Cancer Comes Back: Cancer
Recurrence” de la Sociedad Americana del Cáncer. Puede obtener este
documento llamando al 1-800-227-2345.
La mayoría de las personas con CLL no tienen un sistema inmunitario que
funcione normalmente, lo que puede aumentar sus riesgos de contraer
ciertas infecciones. Algunos tratamientos para la CLL, tal como
alemtuzumab y muchos medicamentos de quimioterapia, también pueden
aumentar este riesgo. Su médico puede recomendar vacunas u otras
medicinas para ayudar a prevenir o controlar ciertas infecciones.
Las personas con CLL también tienen un riesgo aumentado de desarrollar
un segundo cáncer. Al menos algo de este mayor riesgo se puede deber a
los efectos de la CLL sobre el sistema inmunitario. Los tratamientos
para la CLL también pueden aumentar el riesgo de algunos tipos de
cáncer. Los segundos cánceres más comunes para las personas con CLL son
cánceres de la piel y de los pulmones, aunque también es posible que
desarrollen otros tipos de leucemia, linfoma y otros cánceres de la
sangre. Es importante estar conciente de este aumento del riesgo y
reportar inmediatamente a su médico cualquier síntoma posible.
Consulta con un nuevo médico
En algún momento después del diagnóstico y tratamiento del cáncer, es
posible que usted tenga que consultar a un médico nuevo. Esto puede
deberse a que su doctor que le atendió por primera vez se retiró o se
cambió a otro lugar, o usted pudo haber cambiado de residencia o de
doctor por alguna razón. Es importante que usted le proporcione a su
nuevo médico los detalles exactos de su diagnóstico y tratamiento.
Asegúrese de conservar lo siguiente:
- Una copia del informe de patología de cualquier biopsia o
cirugía.
- Si se sometió a una cirugía, una copia del reporte del
procedimiento.
- Si se le admitió en el hospital, una copia del resumen al
alta que los médicos tienen que preparar cuando envían al paciente a su
casa.
- Si recibió radioterapia, un resumen del tipo y dosis de
radiación, así como el momento y el lugar en donde se administró.
- Si ha recibido quimioterapia u otras medicinas, una lista
de sus medicamentos, las dosis de los medicamentos y cuándo los tomó.
Cambios en el estilo de vida que debe
considerar durante y
después del tratamiento
El cáncer y el tratamiento pueden consumir tiempo y causar desgaste
emocional. No obstante, también puede ser el momento para nuevos
cambios en su vida. Quizás usted está considerando mejorar su estado
general de salud a largo plazo. Algunas personas incluso comienzan este
proceso durante el tratamiento del cáncer.
Tome decisiones saludables
Reflexione acerca de cómo era su vida antes de que usted supiera que
tenía cáncer. ¿Había cosas que usted hacía que no eran tan saludables?
Quizás usted consumía muchas bebidas con alcohol, o comía más de lo que
necesitaba, o fumaba, o no hacía ejercicio a menudo. Emocionalmente,
quizás usted no expresaba sus sentimientos, o quizás dejaba que las
situaciones estresantes le afectaran por mucho tiempo.
Ahora no es el momento de sentirse culpable o culparse a sí mismo. El
día de hoy puede comenzar a hacer cambios que puedan tener buenos
efectos durante el resto de su vida. No sólo se sentirá mejor, pero
también estará más saludable. Qué mejor momento que ahora para
aprovechar la motivación que tiene como resultado de haber pasado por
una experiencia que le ha cambiado la vida como es el tener cáncer.
Usted puede comenzar a trabajar los aspectos que más le preocupan.
Obtenga ayuda en aquéllos que le resulten más difíciles. Por ejemplo,
si está considerando dejar de fumar y necesita ayuda, llame a nuestra
línea para dejar de fumar al 1-800-227-2345.
Alimentación y nutrición
Alimentarse bien puede ser un reto para cualquier persona, aunque puede
ser aún más difícil durante y después del tratamiento del cáncer. Por
ejemplo, el tratamiento a menudo puede cambiar su sentido del gusto. La
náusea puede ser un problema. Es posible que usted pierda su apetito
por un tiempo y también pierda peso sin desearlo. Por otro lado,
algunas personas aumentan de peso incluso cuando no comen más, lo que
también puede ser frustrante.
Si usted está perdiendo peso o tiene problemas con el sabor de los
alimentos que su sentido del gusto percibe durante el tratamiento, haga
lo mejor que pueda en relación con su alimentación y recuerde que estos
problemas usualmente se van solucionando con el transcurso del tiempo.
Usted puede pedirle al equipo de atención del cáncer que le refiera a
un especialista en nutrición que le puede sugerir ideas sobre cómo
combatir algunos de los efectos secundarios de su tratamiento. Además,
usted puede encontrar útil comer porciones pequeñas cada dos a tres
horas hasta que se sienta mejor y pueda regresar a un plan más normal.
Una de las mejores cosas que puede hacer después del tratamiento
consiste en adoptar hábitos sanos de la alimentación. Usted se
sorprenderá de los beneficios a largo plazo de algunos cambios simples,
como aumentar la variedad de alimentos saludables que consume. Trate de
comer cinco o más porciones de frutas y verduras cada día. Consuma
alimentos de grano integral en vez de azúcares y harinas. Trate de
limitar el consumo de carnes altas en grasa. Disminuya el consumo de
carnes procesadas, como perros calientes (hot dogs),
mortadela (bologna)
y tocino. Si puede, trate de evitar estos alimentos por completo.
Además, si toma alcohol, limítelo a máximo una o dos bebidas por día.
No olvide hacer algún tipo de ejercicio de forma habitual. La
combinación entre una buena dieta y el ejercicio de rutina le ayudará a
mantener un peso saludable y hacerle sentir más energía.
Descanso, cansancio, trabajo y ejercicio
El cansancio es un síntoma muy común entre las personas que están
recibiendo tratamiento contra el cáncer. Éste a menudo no es un tipo de
cansancio ordinario, sino un agotamiento que no se alivia con el
descanso. Para algunas personas, este cansancio dura mucho tiempo
después del tratamiento, y puede provocar que no sientan deseos de
mantenerse físicamente activas.
Sin embargo, el ejercicio puede en realidad ayudar a reducir el
cansancio. Los estudios han mostrado que los pacientes que siguen un
programa de ejercicio adaptado a sus necesidades personales se sienten
mejor física y emocionalmente, y pueden lidiar mejor con la situación.
Si usted padece de una enfermedad y necesita permanecer en cama durante
el tratamiento, es normal esperar que la fuerza de sus músculos, su
estado físico y su resistencia se deterioren un poco. La terapia física
puede ayudarle a mantenerse fuerte y mantener el movimiento normal de
sus músculos, lo que puede ayudar a combatir el cansancio y la
depresión que algunas veces surge al sentir tanto cansancio.
Cualquier programa de actividad física debe ajustarse a su situación
personal. Una persona de edad avanzada que nunca se ha ejercitado no
podrá hacer la misma cantidad de ejercicio que una de 20 años que juega
tenis tres veces a la semana. Si hace varios años que no se ejercita,
pero puede mantenerse activo, usted puede considerar caminar distancias
cortas.
Hable con su equipo de atención médica antes de comenzar los
ejercicios, y consulte su opinión sobre los planes de ejercicio. Luego,
trate de conseguir a alguien que le acompañe a hacer los ejercicios
para que no los haga solo. Cuando los familiares o los amigos se
integran en un programa de ejercicios nuevo, usted obtiene el refuerzo
adicional de apoyo que necesita para mantenerse activos cuando el
entusiasmo simplemente no exista.
Sin embargo, si usted siente demasiado cansancio, necesitará balancear
la actividad con el descanso. Es aceptable que descanse cuando sienta
agotamiento. Resulta realmente difícil para algunas personas permitirse
hacer esto cuando estaban acostumbradas a trabajar todo el día o a
asumir las responsabilidades del hogar
El ejercicio puede mejorar su salud física y emocional:
- Mejora su condición
cardiovascular (corazón y circulación).
- Fortalece sus músculos.
- Reduce el cansancio.
- Reduce la ansiedad y la
depresión.
- En general, le hace sentir
más feliz.
- Le hace sentir mejor sobre
sí mismo.
Además, sabemos que el ejercicio desempeña un papel en la prevención de
algunos cánceres. La Sociedad Americana del Cáncer recomienda en sus
guías sobre la actividad física para la prevención del cáncer que los
adultos participen en por lo menos una actividad física por 30 minutos
o más durante cinco o más días a la semana. A los niños y a los
adolescentes se les exhorta participar en actividades energéticas
durante 60 minutos al menos cinco días de la semana.
Su salud emocional
Una vez que finalice su tratamiento, es posible que las emociones le
sean abrumadoras. Esto ocurre a muchas personas. Es posible que usted
haya pasado por mucho durante el tratamiento a tal punto que sólo se
pueda enfocar en finalizar con todo su tratamiento.
Ahora usted se encuentra pensando sobre la posibilidad de su propia
muerte, o sobre el efecto de su cáncer en su familia y amigos, al igual
que en su empleo. También es posible que comience a reevaluar la
relación con su cónyuge o pareja. Otros asuntos inesperados también
pueden causar preocupación. Por ejemplo, a medida que usted está más
saludable y acuda menos al médico, consultará con menos frecuencia a su
equipo de atención médica. Esto puede causar ansiedad en algunas
personas.
Éste es el momento ideal para buscar apoyo emocional y social. Usted
necesita personas a quienes acudir para obtener fortaleza y consuelo.
El apoyo puede provenir de muchas fuentes: familia, amigos, grupos de
apoyo, iglesias o grupos espirituales, comunidades de apoyo en línea u
orientadores individuales.
Casi todas las personas que han pasado por la experiencia del cáncer
pueden beneficiarse de algún tipo de apoyo. Lo que es mejor para usted
depende de su situación y personalidad. Algunas personas se sienten
seguras en grupos de apoyo con personas similares que están
experimentando situaciones semejantes, o en grupos de educación. Otras
personas pudieran preferir hablar en un entorno informal, tal como en
una iglesia, mientras que otras pueden sentirse más cómodos hablando
directamente con un amigo de confianza o un consejero. Cualquiera que
sea su fuente de fortaleza o consuelo, asegúrese de que tiene un lugar
a dónde acudir con sus inquietudes.
La experiencia con el cáncer puede hacerle sentir mucha soledad. No es
necesario ni realista que usted pase por toda esta experiencia solo.
Sus amigos y familiares pueden sentirse excluidos si usted decide que
no participen de esta experiencia. Deje que tanto ellos como cualquier
otra persona que usted considere puedan ayudarle. Si no está seguro
quién puede ayudar, llame a su Sociedad Americana del Cáncer al
1-800-227-2345 y le pondremos en contacto con un grupo o recurso de
apoyo apropiado.
Usted no puede cambiar el hecho de que ha tenido cáncer, Lo que sí
puede cambiar es cómo vive el resto de su vida mediante cambios
saludables y sintiéndose lo mejor posible tanto física como
emocionalmente.
¿Qué sucede si el tratamiento ya no es
eficaz?
Si el cáncer continúa creciendo después de un tipo de tratamiento, o si
recurre, con frecuencia es posible tratar otro plan de tratamiento que
tal vez cure el cáncer, o que al menos lo controle lo suficiente para
prolongar su vida y hacer que se sienta mejor. Por otro lado, cuando
una persona ha recibido varios tratamientos médicos diferentes y el
cáncer no ha sido curado, con el transcurso del tiempo el cáncer tiende
a volverse resistente a todos los tratamientos. En ese momento resulta
importante sopesar el posible beneficio limitado de un nuevo
tratamiento y las posibles desventajas, incluyendo las visitas
continuas al médico y los efectos secundarios del tratamiento.
Cada persona tiene su propia manera de considerar esto. Tal vez algunas
personas quieran intentar todo lo que sea posible, mientras que otras
desearán concentrarse en estar cómodas durante el tiempo que les queda.
Cuando llegue el momento en el que usted ha tratado todos los
tratamientos médicos, pero éstos simplemente ya no son eficaces,
probablemente éste sea el momento más difícil en su lucha contra el
cáncer. Aunque su médico pueda ofrecerle un tratamiento nuevo, usted
necesita considerar que llegará el momento en que sea poco probable que
continuar el tratamiento mejore su salud o cambie su pronóstico o
supervivencia.
Si usted desea continuar el tratamiento para combatir su cáncer tanto
como pueda, necesitará continuar considerando las probabilidades de que
más tratamiento brinde algún beneficio. En muchos casos, su médico
puede calcular la tasa de respuesta para el tratamiento que usted
considere. Algunas personas están tentadas a recibir más quimioterapia
o radiación, por ejemplo, incluso cuando sus médicos indican que las
probabilidades de beneficio son menores al 1%. En esta situación, usted
necesita analizar y entender sus razones para optar por este plan.
Independientemente de lo que usted decida hacer, es importante que
tenga la mayor comodidad posible. Asegúrese de que usted pida y reciba
el tratamiento para cualquier síntoma que pudiese tener, tal como el
dolor. Este tipo de tratamiento se llama tratamiento paliativo.
El tratamiento paliativo ayuda a aliviar los síntomas, pero no se
espera que cure la enfermedad; su propósito principal es mejorar su
calidad de vida. Algunas veces, los tratamientos que usted recibe para
controlar sus síntomas son similares a los tratamientos usados para
tratar el cáncer. Por ejemplo, la radioterapia pudiera ser administrada
para ayudar a aliviar el dolor de huesos debido a metástasis en los
huesos. Por otro lado, la quimioterapia pudiera ser administrada para
ayudar a reducir el tamaño del tumor y evitar que cause obstrucción
intestinal. Sin embargo, esto no es lo mismo que recibir tratamiento
para tratar de curar el cáncer.
En este momento, es posible que usted se beneficie de la atención de
hospicio. En la mayoría de los casos, este cuidado se puede dar en la
casa. Es posible que el cáncer esté causando síntomas o problemas que
requieran atención, y las residencias de enfermos crónicos terminales
se enfocan en su comodidad. Usted debe saber que la atención de
hospicio no significa que no pueda recibir tratamiento para los
problemas causados por su cáncer u otras condiciones de salud.
Simplemente significa que el enfoque de su cuidado consiste en vivir lo
más plenamente posible y sentirse tan bien como pueda en esta difícil
etapa de su cáncer.
También recuerde que es importante mantener la esperanza. Tal vez la
esperanza de una cura no sea tan realista, pero aún hay esperanzas de
pasar buenos momentos con su familia y amigos, momentos que pueden
darle felicidad y ser significativos. En cierta manera, una
interrupción de su tratamiento contra el cáncer en este momento es una
oportunidad para reenfocarse en las cosas más importantes de su vida.
Éste es el momento para hacer algunas cosas que usted siempre deseaba
hacer y dejar de hacer aquéllas que ya no desea.
¿Qué hay de
nuevo en las investigaciones y tratamiento de la leucemia
linfocítica crónica?
Se están haciendo muchos estudios de leucemia linfocítica crónica en
laboratorios y estudios clínicos de todo el mundo.
Aspectos genéticos de la leucemia
linfocítica crónica
Los científicos están realizando un excelente progreso en el
entendimiento de cómo los cambios en el ADN de una persona pueden
causar que las células normales de la médula ósea se conviertan en
células leucémicas. El entendimiento de los cambios en los genes
(regiones del ADN) que ocurren frecuentemente en la CLL está
proporcionando información sobre la razón del crecimiento tan acelerado
de estas células, su larga vida y la incapacidad de convertirse en
células sanguíneas normales. Los médicos también están aprendiendo cómo
usar estos cambios para ayudarles a determinar el pronóstico de una
persona y si éstos necesitarán recibir tratamiento.
En años recientes, los investigadores han descubierto que la CLL se
puede dividir en dos grupos grandes, con base en si tienen o no
mutaciones en el gen VH. El estado de este gen proporciona información
sobre la madurez de las células leucémicas, y sobre la rapidez del
tratamiento de la leucemia. Las células que tienen cambios en el gen VH
son más maduras, y las personas que tienen esta forma de CLL parecen
tener un mejor pronóstico que aquellas personas que no tienen estos
cambios. Esto puede ser importante al decidir si las personas necesitan
tratamiento. Aún no están ampliamente disponibles las pruebas para
detectar los cambios en el gen VH, pero es posible que esto suceda en
los próximos años. Mientras tanto, las pruebas para detectar ZAP-7- y
CD38 parecen proporcionar información similar, aunque no exactamente la
misma, referente al pronóstico.
Nuevas combinaciones de tratamiento
Ahora se utilizan muchos medicamentos diferentes para tratar la CLL.
Los médicos están buscando cuáles combinaciones de estos medicamentos
son más eficaces y ofrecen la mejor probabilidad de supervivencia a
largo plazo con los menos efectos secundarios.
El papel que los trasplantes de células madre desempeñan en la CLL aún
no está bien definido. Los médicos no están seguros qué tipo de
trasplante (autólogo, alogénico o minitrasplante) puede ser más eficaz
o qué tipo de medicamentos se deben usar con el trasplante. Ahora se
están realizando estudios para tratar de contestar estas preguntas.
Medicamentos nuevos para la leucemia
linfocítica crónica
Existen docenas de medicamentos nuevos que se están probando contra la
CLL. Muchos de estos medicamentos se dirigen a partes específicas de
las células cancerosas, mientras que otros son medicamentos
quimioterapéuticos estándar. El flavopiridol y la lenalidomida son dos
medicamentos que parecen promisorios, de acuerdo a estudios anteriores,
contra ciertos casos de CLL de difícil tratamiento.
Ahora se están estudiando varios anticuerpos monoclonales (versiones
sintéticas de las proteínas del sistema inmunitario) nuevos para usarse
en el tratamiento de la CLL. Algunos de estos anticuerpos, tal como
lumiliximab y ofatumumab, se usan para tratar de activar la respuesta
del sistema inmunitario contra las células leucémicas. Se han estado
probando solos o en combinación con quimioterapia.
Otros anticuerpos se unen a sustancias que pueden envenenar las células
cancerosas y que se conocen como inmunotoxinas. Estas sustancias actúan
como dispositivos buscadores de blancos que llevan las toxinas
directamente a las células cancerosas. Una inmunotoxina conocida como
BL22 ha mostrado ser bastante promisoria en el tratamiento de la
leucemia de células peludas (HCL) en estudios clínicos. Actualmente, se
está probando una versión más nueva de este medicamento, conocida como
HA22 (CAT-8015) para usarse contra la CLL.
Última
revisión / cambio realizado:
20-Nov.-2009
Última actualización completa: 10-Sep.-2009
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