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| Tratamiento |
| Leucemia mieloide aguda (mielógena) |
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¿Cómo se
trata la leucemia mieloide aguda?
Esta información representa las opiniones de los médicos y
enfermeras de la Junta Editorial del Banco de Datos de Información de
la Sociedad Americana del Cáncer. Estas opiniones están basadas en la
interpretación que ellos tienen de los estudios que se publican en las
revistas médicas, así como en su propia experiencia profesional.
La información sobre el tratamiento que aparece en este documento no
representa la política oficial de la Sociedad ni pretende ser un
consejo médico que sustituya la experiencia y el juicio del equipo de
profesionales que atiende su cáncer. El objetivo es ayudarle, a usted y
a su familia, a tomar decisiones basadas en la información, en conjunto
con su médico.
Puede que su médico tenga razones para sugerir un plan de tratamiento
distinto a las opciones de tratamiento general. No dude en plantear sus
preguntas y dudas sobre sus opciones de tratamiento.
Esta sección comienza con comentarios generales sobre los tipos de
tratamiento que se usan para la leucemia mieloide aguda (AML).
Posteriormente encontrará un análisis de la estrategia típica de
tratamiento para la AML. El tratamiento de la leucemia promielocítica
aguda (APL) es diferente al de otros subtipos, y se discute por
separado.
Cómo se indicó anteriormente, la AML en los adultos no es una
enfermedad simple. Realmente es un grupo de enfermedades relacionadas,
y los pacientes con diferentes subtipos de AML tienen diferentes
pronósticos y respuestas al tratamiento. Las opciones de tratamiento de
cada paciente se basan en el subtipo de leucemia y las pruebas de
laboratorio, así como en ciertas características del pronóstico (que se
describen en la sección “¿Cómo se clasifica la leucemia mieloide
aguda?”).
Se pueden usar varios tipos de tratamiento para las personas con AML.
La quimioterapia es el tratamiento principal para la AML. En
circunstancias especiales se puede usar cirugía y radioterapia.
En la mayoría de los casos, la AML puede progresar rápidamente, por lo
que es importante comenzar el tratamiento tan pronto como sea posible
después de hacer el diagnóstico.
Quimioterapia
La quimioterapia es el uso de medicamentos contra el cáncer que se
inyectan en una vena, debajo de la piel, o en el líquido
cefalorraquídeo, o que se toman por vía oral para destruir o controlar
las células del cáncer. Excepto cuando se administran en el líquido
cefalorraquídeo, estos medicamentos entran en el torrente sanguíneo y
llegan a todas las áreas del cuerpo, lo que hace que este tratamiento
sea útil para cánceres tales como la leucemia, que se propaga por todo
el cuerpo.
Los doctores administran la quimioterapia en ciclos, con cada período
de tratamiento seguido de un período de descanso para permitir que su
cuerpo se recupere. A menudo, la quimioterapia se recomienda en
pacientes que están en mal estado de salud, aunque la edad avanzada en
sí no es una barrera para recibir quimioterapia.
Por lo general, la quimioterapia para la AML conlleva una combinación
de dos o tres medicamentos contra el cáncer. Los medicamentos que se
usan más comúnmente incluyen:
- Citarabina, también conocida como arabinósido de citosina o
ara-C.
- Medicamentos de la clase de antraciclina, tal como
daunorubicina (también conocida como daunomicina) idarubicina, o
mitoxantrona.
- 6-tioguanina, también conocida como 6-TG.
- Hidroxiurea.
- Prednisona.
El régimen más común es una combinación de dos medicamentos de
quimioterapia, la citarabina (ara-C) y un medicamento de la familia de
las antraciclinas tal como la daunorrubicina o la idarrubicina
(daunomycin, idamycin). En ciertas situaciones, también se pueden usar
otros medicamentos.
Posibles efectos secundarios
Los medicamentos de quimioterapia funcionan al atacar las células que
se están dividiendo rápidamente, razón por la cual funcionan contra las
células cancerosas. Sin embargo, otras células en el cuerpo, tales como
aquellas en la médula ósea, el revestimiento de la boca y los
intestinos, así como los folículos pilosos, también se dividen
rápidamente. También estas células son probablemente afectadas por la
quimioterapia, lo que puede ocasionar efectos secundarios.
Los efectos secundarios de la quimioterapia dependen del tipo y dosis
de los medicamentos administrados, así como el tiempo que se
administran. Estos efectos secundarios pudieran incluir:
- Caída de pelo.
- Llagas en la boca.
- Pérdida de apetito.
- Náusea y vómito.
- Aumento del riesgo de infecciones (debido a los bajos
niveles de glóbulos blancos).
- Facilidad para que se formen moretones o surjan sangrados
(debido al bajo nivel de plaquetas).
- Cansancio (debido al bajo nivel de glóbulos rojos).
Estos efectos secundarios son usualmente temporales y desaparecen
después de finalizar el tratamiento. Muchas veces hay métodos para
aminorar los efectos secundarios. Por ejemplo, existen medicamentos que
se pueden administrar para ayudar a prevenir o reducir las náuseas y
los vómitos. Asegúrese de preguntarle a su médico o enfermera sobre los
medicamentos que ayudan a reducir los efectos secundarios.
También avíseles cuando usted experimente los efectos secundarios para
que puedan ser tratados eficazmente.
Algunas veces se administran medicamentos conocidos como factores de
crecimiento, tal como G-CSF (filgrastim, Neupogen), y GM-CSF
(sargramostim, Leukine) a fin de aumentar la cuenta de glóbulos blancos
durante la quimioterapia y así reducir las probabilidades de infección.
Sin embargo, no está claro si éstos tienen un efecto en el éxito del
tratamiento.
Si su cuenta de glóbulos blancos es muy baja durante el tratamiento,
usted puede ayudar a reducir su riesgo de infecciones evitando
cuidadosamente la exposición a gérmenes. Durante este tiempo, su médico
puede recomendarle que:
- Se lave frecuentemente las manos.
- Evite las frutas y los vegetales frescos y crudos, así como
otros alimentos, pues pueden portar gérmenes.
- Evite flores frescas y plantas porque pueden portar moho.
- Asegurarse que las personas se laven las manos cuando hacen
contacto con usted.
- Evitar las multitudes y las personas que estén enfermas (el
uso de una mascarilla quirúrgica a menudo protege en estas situaciones).
Si se observan signos de una infección, o al primer signo de que se
está desarrollando una infección, se pueden administrar antibióticos.
También se pueden administrar medicamentos que ayudan a prevenir
infecciones virales y fúngicas.
Muchos de los efectos secundarios de la quimioterapia son causados por
las cuentas bajas de glóbulos blancos. Las decisiones sobre
cuándo un paciente puede salir del hospital a menudo son influenciadas
por sus recuentos sanguíneos. Algunas personas encuentran de utilidad
hacer el seguimiento de estas cuentas. Si le interesa esto, pregunte a
su médico o enfermera cuál es su cuenta de células sanguíneas y qué
significan estos números.
Si el número de plaquetas es bajo, se le pueden administrar
medicamentos o transfusiones de plaquetas para ayudar a evitar el
sangrado. De igual forma, la dificultad para respirar y el cansancio
extremo causados por los bajos niveles de glóbulos rojos pueden ser
tratados con medicamentos o con transfusiones de glóbulos rojos.
El síndrome de lisis
tumoral es otro efecto secundario posible de la
quimioterapia. Este síndrome se puede observar en pacientes que tienen
un gran número de células leucémicas en el cuerpo antes del
tratamiento. Cuando la quimioterapia destruye estas células, éstas se
abren y liberan sus contenidos al torrente sanguíneo. Esto puede
afectar a los riñones, los cuales no pueden eliminar todas estas
sustancias al mismo tiempo. Las cantidades excesivas de ciertos
minerales también pueden afectar el corazón y el sistema nervioso. Esta
afección se puede evitar administrando líquidos adicionales durante el
tratamiento y ciertos medicamentos, tales como bicarbonato, alopurinol
y rasburicasa, que ayudan al cuerpo a eliminar estas sustancias.
Algunos efectos secundarios posibles se deben a ciertos medicamentos.
Por ejemplo, la citarabina (ara-C) puede causar ciertos problemas,
especialmente cuando se usa en altas dosis. Estos problemas pueden
incluir resequedad en los ojos y efectos en ciertas partes del cerebro,
lo que puede provocar problemas de coordinación y equilibrio. Si estos
efectos secundarios aparecen, es posible que sea necesario reducir o
suspender la dosis del medicamento.
Otros órganos que pudieran resultar directamente dañados por ciertos
medicamentos de quimioterapia incluyen los riñones, el hígado, los
testículos, los ovarios, el corazón y los pulmones. Los médicos y las
enfermeras supervisan minuciosamente el tratamiento para reducir el
riesgo de estos efectos secundarios tanto como sea posible.
Si ocurren efectos secundarios graves, es posible que sea necesario
reducir o suspender la quimioterapia, al menos durante un periodo
breve. La supervisión y ajuste cuidadosos de las dosis de medicamentos
es importante porque algunos efectos secundarios que afectan a los
órganos pueden ser permanentes.
Anticuerpos
monoclonales
Los anticuerpos monoclonales son versiones sintéticas de las proteínas
del sistema inmunitario (anticuerpos) que están diseñados para atacar
objetivos específicos, tal como sustancias que se encuentran en la
superficie de las células leucémicas. Algunos anticuerpos monoclonales
funcionan al reforzar la respuesta del sistema inmunitario contra las
células leucémicas. Otros anticuerpos monoclonales contienen químicos
radioactivos o venenos celulares unidos a ellos. Cuando son inyectados
en el paciente, los anticuerpos actúan como un dispositivo de búsqueda
que lleva la radioactividad o el veneno directamente a las células
leucémicas, lo que destruye las células.
La ozogamicina gemtuzumab (Mylotarg) es un anticuerpo monoclonal con un
veneno celular adherido que en ocasiones se utiliza para tratar la AML.
Este anticuerpo se une a una molécula en las células de la AML, llamada
CD33, y se usa principalmente en adultos de edad avanzada con AML que
han tenido una recurrencia después del tratamiento inicial de
quimioterapia y que pudiesen no tolerar los efectos secundarios de otra
quimioterapia.
Los efectos secundarios más comunes son fiebre, escalofríos, baja
presión arterial, y sarpullidos durante la inyección. También puede
causar bajos niveles de glóbulos blancos y plaquetas, ya que, al igual
que la quimioterapia, puede destruir las células normales productoras
de sangre. También podría afectar el hígado.
Todavía se está estudiando este medicamento para determinar cómo se
puede usar mejor. Actualmente, los médicos lo están probando junto con
quimioterapia como tratamiento inicial en pacientes con
leucemia. También lo están probando en pacientes más jóvenes.
Cirugía
La cirugía tiene una función muy limitada en el tratamiento de AML.
Como las células leucémicas se propagan ampliamente por toda la médula
ósea y a muchos otros órganos, no es posible curar este tipo de cáncer
con cirugía. La cirugía raramente desempeña un papel, ni siquiera en el
diagnóstico, ya que la aspiración y biopsia de médula ósea pueden
usualmente diagnosticar esta enfermedad. En raras ocasiones, un tumor
aislado de células leucémicas (conocido como cloroma o sarcoma
granulocítico) puede ser tratado con cirugía.
Con frecuencia, antes de que comience la quimioterapia se necesita una
cirugía para introducir un pequeño tubo de plástico, llamado catéter
venoso central o dispositivo de acceso venoso (venous access device,
VAD) en una vena grande. El extremo del tubo se encuentra
inmediatamente debajo de la piel o sale ligeramente del área del pecho
o de la sección superior del brazo. El VAD se deja en el área durante
el tratamiento para administrar medicamentos intravenosos (IV), como
los medicamentos de la quimioterapia, y tomar muestras de sangre. Esto
reduce el número de pinchazos de aguja necesarios durante el
tratamiento. Es muy importante que el paciente aprenda cómo cuidar el
VAD para evitar que se infecte.
Radioterapia
La radioterapia usa radiación de alta energía para destruir las células
cancerosas. Generalmente la radioterapia no forma parte del tratamiento
principal de personas con AML, pero se usa en ciertas situaciones.
El tipo de radiación que se usa con más frecuencia en la AML es la
radioterapia externa, en la que una máquina administra un rayo de
radiación a una parte específica del cuerpo. Antes de iniciar el
tratamiento, el equipo de radiación cuidadosamente tomará medidas para
determinar los ángulos correctos para emitir los haces de radiación, y
las dosis adecuadas de radiación. La radioterapia es muy similar a la
radiografía, pero la radiación es más intensa. El procedimiento en sí
no causa dolor. Cada tratamiento dura sólo unos minutos, aunque el
tiempo de preparación (colocarle en el lugar correcto para el
tratamiento) usualmente toma más.
En pocos casos se puede usar la radioterapia para ayudar a tratar la
leucemia:
- Algunas veces se usa radiación para tratar una leucemia que
se ha propagado al cerebro y al líquido espinal o a los testículos.
- Con frecuencia la radiación en todo el cuerpo es parte
importante del tratamiento antes de un trasplante de médula ósea o de
células madre de sangre periférica (consulte la sección “Trasplante de
células madre de médula ósea o de sangre periférica”.
- Se usa radiación (raramente) para ayudar a reducir el
tamaño de un tumor si éste está presionando la tráquea y causando
problemas en la respiración. Pero con frecuencia en lugar de ella se
usa quimioterapia ya que puede actuar más rápidamente.
- También se puede usar radiación para ayudar a reducir el
dolor en un área del cuerpo invadida por leucemia cuando la
quimioterapia no ha ayudado.
Los posibles efectos secundarios de la radioterapia dependen del lugar
donde se aplique la radiación. Es posible que se ocasionen cambios
similares a los de una quemadura por el sol en el área tratada. Algunas
veces, la radiación al abdomen puede causar náuseas, vómitos o diarrea.
Cuando la radiación incluye grandes partes del cuerpo, los efectos
pueden incluir cansancio y un mayor riesgo de infección.
Trasplante
de médula ósea o de células madre de la sangre periférica
Las dosis usuales de medicamentos quimioterapéuticos pueden causa
efectos secundarios graves en tejidos de división rápida como la médula
ósea. Aunque es posible que una dosis mayor de estos medicamentos sea
más eficaz, no se administra debido a que podrían causar daño grave a
la médula ósea, lugar donde se producen las nuevas células sanguíneas.
Esto podría causar infecciones potencialmente fatales, sangrado, y
otros problemas debido a las cuentas bajas de células sanguíneas.
Un trasplante de células madre (stem cell transplant, SCT) permite que
los médicos usen dosis más altas de quimioterapia, y algunas veces
radioterapia. Cuando termina el tratamiento, el paciente recibe un
trasplante de células madre productoras de sangre para restablecer la
médula ósea.
Las células madre productoras de sangre que se usan para un trasplante
se obtienen ya sea de la sangre (un trasplante de células madre de
sangre periférica) o de la médula ósea (para un trasplante de médula
ósea). En el pasado eran más comunes los trasplantes de médula ósea,
pero recientemente han sido sustituidos por el trasplante de células
madre de sangre periférica.
Tipos de trasplantes
Hay dos tipos principales de trasplantes de células madre: el
alotrasplante y el autotrasplante. Ellos se diferencian en la
fuente de células madre productoras de sangre.
Alotrasplante de células
madre (trasplante alogénico): en un alotrasplante, las
células madre provienen de otra persona, generalmente un donador cuyo
tipo de tejido es casi idéntico al del paciente. El tipo de tejido se
basa en ciertas sustancias en la superficie de las células del cuerpo.
Estas sustancias pueden causar que el sistema inmunitario reaccione
contra las células. Por lo tanto, cuanto más compatibles sean los
tejidos del donante y del receptor, mejor es la probabilidad de que las
células trasplantadas sean aceptadas y comiencen a producir nuevas
células sanguíneas.
El donante puede ser un hermano o una hermana si son compatibles. Con
menos frecuencia, se puede encontrar un donante no relacionado
compatible. Las células madre de un donante no relacionado provienen de
voluntarios cuyo tipo de tejido se ha almacenado en un registro central
y comparado con el del paciente. Algunas veces se usan células madre
del cordón umbilical. Estas células madre provienen de la sangre del
cordón umbilical y de la placenta después del nacimiento de un bebé y
después de que se corta el cordón umbilical.
Un alotrasplante de células madre pudiera ser más eficaz que el
autotrasplante debido al efecto de “injerto contra leucemia”. Cuando
las células inmunitarias del donante se administran en el organismo por
infusión, puede que ellas reconozcan cualquier célula leucémica
remanente como extrañas y procesan a atacarlas. Este efecto no ocurre
con el autotrasplante de células madre.
Aunque un trasplante alogénico es a menudo el tipo de trasplante
preferido para la AML, cuando es posible hacerlo, su uso está limitado
por la necesidad de un donante compatible. También está limitado por
sus efectos secundarios, que son demasiado graves para las personas
entre más de 55 y 60 años de edad.
Autotrasplante de células
madre (trasplante autólogo): en un autotrasplante, las
propias células madre del paciente se extraen de su médula ósea o de su
sangre periférica. Las células se congelan y se almacenan mientras la
persona recibe tratamiento (quimioterapia y/o radiación en altas
dosis). Se puede usar un procedimiento llamado “purga” para tratar de
extirpar cualquier célula leucémica de las muestras. Entonces las
células madre se vuelven a infundir en la sangre del paciente después
del tratamiento.
Los autotrasplantes algunas veces se usan para personas cuya AML se
encuentra en remisión después del tratamiento inicial. Algunos médicos
consideran que es mejor que la quimioterapia de “consolidación”
convencional (remítase a “Tratamiento típico de la leucemia mieloide
aguda”) para estas personas, pero no todos los médicos están de acuerdo
con esto.
Por lo general, los autotrasplantes son más fáciles de tolerar que los
trasplantes alogénicos, aunque las altas dosis de quimioterapia aún
pueden causar graves efectos secundarios. El paciente recibe nuevamente
sus células, por lo que el riesgo de algunas complicaciones es menor.
Este tipo de trasplante se puede hacer en personas que de otra manera
sean sanas, aunque puede no ser recomendable para pacientes de mayor
edad.
Un problema con los autotrasplantes es que es difícil separar las
células madre normales de las células leucémicas en las muestras de
médula ósea o de sangre. Aun después de la purga (tratamiento de las
células madre en el laboratorio para tratar de destruir o eliminar
todas las células leucémicas remanentes), existe el riesgo de regresar
algunas células leucémicas con el trasplante de células madre.
El procedimiento del trasplante
Las células madre productoras de sangre se recolectan de la médula ósea
o de la sangre periférica, se congelan y se almacenan. El paciente
recibe altas dosis de quimioterapia, y algunas veces también
tratamiento con radiación en todo el cuerpo. (Se utilizan protectores
contra la radiación para evitar el daño a los pulmones, el corazón y
los riñones durante la radioterapia).
Estos tratamientos tienen como objetivo destruir todas las células
cancerosas en el cuerpo. También destruyen células normales de la
médula ósea y del sistema inmunitario. Después de estos tratamientos,
las células madre congeladas se descongelan y se administran como una
transfusión sanguínea. Las células madre se establecen en la médula
ósea del paciente en los siguientes días y comienzan a crecer y a
producir nuevas células sanguíneas.
En un alotrasplante de células madre, a la persona que recibe el
trasplante se le pueden administrar medicamentos para mantener el nuevo
sistema inmunitario bajo control. En las semanas subsiguientes el
paciente se someterá a pruebas sanguíneas regulares y a terapias de
apoyo según sea necesario, lo que puede incluir antibióticos,
transfusiones de glóbulos rojos o plaquetas, otras medicinas y ayuda en
la nutrición.
Usualmente en un lapso de dos semanas después de la infusión de las
células madre, éstas comienzan a producir nuevos glóbulos blancos. En
seguida comienza la producción de plaquetas nuevas, y varias semanas
después comienza la producción de glóbulos rojos.
Por lo general, los pacientes se mantienen aislados en el hospital para
su protección (para protegerlos contra la exposición a los gérmenes)
hasta que el recuento de glóbulos blancos se eleve y esté por encima de
500. Generalmente pueden abandonar el hospital cuando sus
recuentos de glóbulos blancos se aproximen a 1,000. Luego al paciente
se le examina casi diariamente por varias semanas en la clínica para
pacientes ambulatorios. Como la cuenta de plaquetas tarda más tiempo
para llegar hasta un nivel seguro, los pacientes pueden recibir
transfusiones de plaquetas en un entorno ambulatorio.
Puntos prácticos
El trasplante de células madre de la sangre periférica o de la médula
ósea es un tratamiento complejo. Si los médicos piensan que un paciente
se puede beneficiar de un trasplante, éste debe hacerse en un hospital
en el que el personal tenga experiencia en el procedimiento y en el
tratamiento de la fase de recuperación. Algunos programas de trasplante
de médula ósea pudieran no tener experiencia en ciertos tipos de
trasplantes, en especial los trasplantes de donantes no relacionados.
El trasplante de células madre es muy caro (más de $100,000) y con
frecuencia requiere una estadía hospitalaria prolongada. Como algunas
compañías de seguros lo pueden considerar un tratamiento experimental,
es posible que no paguen este procedimiento. Es importante que se
entere si su asegurador cubre transplantes antes de decidirse a este
procedimiento, y tener una idea de lo que tendrá que pagar.
Posibles efectos secundarios
Los efectos secundarios de un trasplante de células madre generalmente
se dividen en efectos tempranos y efectos a largo plazo.
Las complicaciones y los efectos secundarios tempranos son básicamente
los mismos causados por cualquier otro tipo de quimioterapia de alta
dosis (consulte la sección “Quimioterapia” de este documento), y se
deben al daño que se causa a la médula ósea y otros tejidos de división
rápida del cuerpo. Pueden incluir cuentas bajas de células sanguíneas
(con cansancio y un aumento del riesgo de infección y de sangrado),
náuseas, vómitos, pérdida de apetito, llagas en la boca y pérdida del
pelo.
Uno de los efectos secundarios a corto plazo más comunes y graves es el
aumento del riesgo de infecciones con bacterias, virus u hongos.
Frecuentemente se administran antibióticos para evitar que esto suceda.
Otros efectos secundarios, como cuentas bajas de glóbulos rojos y
plaquetas, pueden requerir la transfusión de productos sanguíneos u
otros tratamientos.
Algunas complicaciones y efectos secundarios pueden persistir por largo
tiempo, o pueden no ocurrir sino hasta meses o años después del
trasplante. Éstos incluyen:
- Enfermedad
injerto contra huésped (Graft-versus-host disease,
GVHD), que ocurre sólo en los alotrasplantes (de un donante). Esto
sucede cuando las células del sistema inmunitario del donante atacan
los tejidos de la piel, hígado y tracto digestivo del paciente. Los
síntomas pueden incluir debilidad, cansancio, resequedad de la boca,
erupciones dérmicas, náuseas, diarrea, amarillamiento de la piel y los
ojos (ictericia) y dolores musculares. En casos graves, la enfermedad
de injerto contra huésped puede poner en riesgo la vida. Frecuentemente
la GVHD se describe como aguda o crónica, dependiendo de qué tan pronto
comience después del trasplante. Con frecuencia se administran
medicamentos que debilitan el sistema inmunitario para mantener el
control de la GVHD.
- Daño provocado a los pulmones, que ocasiona dificultad para
respirar.
- Daño a los ovarios que puede causar infertilidad y pérdida
de los periodos menstruales.
- Daño a la glándula tiroides que puede causar problemas en
el metabolismo.
- Cataratas (daño al cristalino del ojo que puede afectar la
vista).
- Daño a los huesos, llamado necrosis aséptica (cuando el
hueso muere debido a falta de suministro de sangre). Si el daño es
grave, será necesario reemplazar parte del hueso y de la articulación
del paciente.
La enfermedad de injerto contra huésped es la complicación más grave de
los alotrasplantes de células madre (de donantes). Los síntomas más
comunes son erupciones dérmicas graves y diarrea grave. También pueden
resultar dañados el hígado y los pulmones. El paciente puede cansarse
fácilmente y tener dolores musculares. A veces la enfermedad de injerto
contra huésped se vuelve crónica e incapacitante y, si es lo
suficientemente grave, puede poner en riesgo la vida. Se pueden
administrar medicamentos que afectan el sistema inmune para tratar de
controlar la enfermedad de injerto contra huésped.
Desde un punto de vista positivo, la enfermedad de injerto contra
huésped también ocasiona una actividad “injerto contra leucemia”. Todas
las células leucémicas que quedan después de quimioterapia y
radioterapia pueden ser destruidas por la reacción inmunitaria de las
células del donante.
Trasplante no mieloablativo
(minitrasplante)
Muchas personas mayores de 55 años de edad no pueden tolerar el
alotrasplante convencional que usa altas dosis de quimioterapia.
Algunos podrán someterse a un trasplante no mieloablativo (también
conocido como minitrasplante o trasplante de intensidad reducida), en
el que reciben menores dosis de quimioterapia y radiación que no
destruyen completamente las células de la médula ósea. Estos pacientes
reciben las células madre alogénicas (de un donante). Estas células
entran al cuerpo y establecen un nuevo sistema inmunitario, que
considera a las células leucémicas como extrañas y las ataca (un efecto
“injerto contra leucemia”).
Los médicos han descubierto que si usan dosis pequeñas de ciertos
medicamentos de quimioterapia y dosis bajas de radiación total del
cuerpo, un alotrasplante aún puede algunas veces ser eficaz con mucha
menos toxicidad. De hecho, un paciente puede recibir un trasplante no
mieloablativo como paciente externo (ambulatorio). La complicación más
importante es la enfermedad de injerto contra huésped.
Muchos médicos aún consideran este procedimiento experimental, y se
están llevando a cabo estudios para determinar su utilidad contra la
AML.
Para más información sobre los trasplantes de células madre, consulte
nuestro documento “Trasplantes de células madre de médula ósea y sangre
periférica".
Estudios
clínicos
A partir del momento en que se le informa sobre su diagnóstico de
cáncer, puede que necesite tomar muchas decisiones. Una de las
decisiones más importantes es seleccionar cuál tratamiento es el más
adecuado para tratar su caso. Puede que se entere sobre estudios
clínicos que se estén llevando a cabo para su tipo de cáncer, O tal vez
alguien de su equipo de atención médica le mencionó alguno.
Los estudios clínicos son investigaciones cuidadosamente controladas
que se realizan con pacientes que participan voluntariamente. Los
estudios clínicos se llevan a cabo para hacer un seguimiento de nuevos
tratamientos o procedimientos promisorios.
Si quisiera formar parte de un estudio clínico, deberá comenzar con
preguntar a su médico si su clínica u hospital lleva a cabo estudios
clínicos. Para una lista de estudios clínicos que cumplan con sus
necesidades médicas, usted puede llamar a nuestro servicio de estudios
clínicos para ayudarle a encontrar un estudio adecuado para usted.
Usted puede acceder a este servicio llamando al 1-800-227-2345 o
consultando el sitio en Internet http://clinicaltrials.cancer.org.
También puede obtener una lista de los estudios clínicos actuales
llamando a la línea telefónica sin costo del Servicio de Información
sobre Cáncer de Instituto Nacional del Cáncer al 1-800-422-6237 o
visitando el sitio Web sobre estudios clínicos del NCI,
www.cancer.gov/clinicaltrials.
Existen requisitos que debe cumplir para formar parte de cualquier
estudio clínico. Si califica para un estudio clínico, es su decisión
inscribirse o no al mismo.
Los estudios clínicos son una forma de tener acceso a la atención más
novedosa contra el cáncer. Sólo a través de estos estudios los médicos
aprenden sobre mejores métodos para tratar la enfermedad, aunque no
todos serán adecuados para toda la gente.
Usted puede obtener más información sobre los estudios clínicos en
nuestro documento Estudios
clínicos: lo que necesita saber, el cual puede leer en
nuestro sitio Web o puede solicitar a través de nuestro número de
teléfono gratuito.
Terapias
complementarias y alternativas
Al tener cáncer, es probable que usted se entere de maneras que su
médico no ha mencionado para tratar su tipo de cáncer o aliviar los
síntomas. Todos, desde familiares y amigos, hasta foros de usuarios en
Internet, ofrecen ideas que podrían serle útiles. Estos tratamientos
pueden incluir vitaminas, hierbas, dietas especiales u otros métodos,
como acupuntura o masaje, entre otros.
¿Qué son exactamente las terapias
complementarias y alternativas?
No todos utilizan estos términos de la misma manera que a su vez se
usan para referirse a muchos métodos diferentes, lo cual puede resultar
confuso. Aquí, utilizamos el término complementario para
referirnos a
los tratamientos que se utilizan junto
con la atención médica. El
término alternativo
lo utilizamos para referirnos al tratamiento que se
usa en lugar del
tratamiento indicado por el médico.
Métodos complementarios:
la mayoría de los métodos de tratamiento
complementarios no se ofrecen como curas para el cáncer. Estos
tratamientos se usan principalmente para ayudarle a sentirse mejor.
Algunos métodos que se usan de manera conjunta con el tratamiento
convencional son la meditación para reducir el estrés, la acupuntura
para aliviar el dolor o el té de menta para aliviar las náuseas. Se
sabe que algunos de estos métodos complementarios son útiles, mientras
que otros no han sido probados. Se ha demostrado que algunos de estos
métodos no son útiles, y algunos cuántos incluso han demostrado ser
perjudiciales.
Tratamientos alternativos:
puede que éstos sean ofrecidos como curas
para el cáncer. La seguridad y la eficacia no han sido probadas para
estos tratamientos en estudios clínicos. Algunos de estos métodos puede
que representen un peligro o que produzcan efectos secundarios que
atenten contra la vida. Pero el mayor peligro en la mayoría de los
casos, es que usted pierda la oportunidad de beneficiarse de un
tratamiento convencional. Las demoras o interrupciones en sus
tratamientos médicos puede que permitan más tiempo para que el cáncer
se desarrolle y sea menos propenso a responder al tratamiento estándar.
Cómo obtener más información
Es fácil darse cuenta por qué puede que las personas con cáncer quieran
considerar los métodos alternativos. Uno siempre desea hacer todo lo
posible para combatir el cáncer, y la idea de un tratamiento sin
efectos secundarios resulta atractiva. Algunas veces los tratamientos
médicos, como la quimioterapia, pueden ser difíciles de tolerar o puede
que ya no funcionen. Sin embargo, la verdad es que la mayoría de estos
métodos alternativos no han sido investigados, ni han probado ser
eficaces en el tratamiento contra el cáncer.
Usted puede tomar los siguientes tres pasos importantes a medida que
considera sus opciones:
- Esté atento de las señales de advertencia que sugieran que
pueda tratarse de algún fraude. ¿Promete el método ser una cura para
todos o la mayoría de los tipos de cáncer? ¿Se le ha dicho que no se
someta a los tratamientos médicos convencionales? ¿Hay algún "secreto"
del tratamiento que hace que requiera acudir con ciertos proveedores o
viajar a otro país?
- Hable con su médico o enfermera sobre cualquier método que
esté considerando usar.
- Póngase en contacto con nosotros llamando al 1-800-227-2345
para informarse más sobre los métodos complementarios y alternativos en
general, así como para saber más sobre los métodos específicos que esté
considerando.
La decisión es suya
Las decisiones sobre cómo tratar o manejar su cáncer siempre son suyas.
Si desea emplear un tratamiento no convencional, infórmese todo lo que
pueda sobre dicho método y hable al respecto con su médico. Al contar
con información adecuada y con el apoyo del equipo de profesionales que
atiende su salud, puede que logre emplear con seguridad los métodos que
puedan beneficiarle mientras evita aquellos que podrían ser
perjudiciales.
Tratamiento
por grupo de riesgo
Tratamiento típico contra la leucemia
mielode aguda (excepto
promielocítica M3)
Por lo general, el tratamiento de la AML se divide en dos fases de
quimioterapia:
- Inducción de la remisión.
- Consolidación (terapia después de la remisión).
En algunos casos, las personas con AML pueden tener números muy altos
de células leucémicas en la sangre cuando son diagnosticadas, lo que
puede causar problemas con la circulación normal. Puede que la
quimioterapia no reduzca el número de células sino hasta algunos días
después de la primera dosis. Mientras tanto se puede usar leucoféresis
antes de la quimioterapia. Para este procedimiento, se coloca una aguja
en una vena del brazo. La sangre del paciente se pasa a través de una
máquina especial que extrae los glóbulos blancos (inclusive las células
leucémicas) y regresa el resto de las células sanguíneas y el plasma al
paciente. Este tratamiento reduce inmediatamente las cuentas
sanguíneas. El efecto es solamente a corto plazo, pero puede ayudar
hasta que la quimioterapia tenga la oportunidad de surtir efecto.
Inducción de la remisión
La primera parte del tratamiento está dirigida a deshacerse de toda la
leucemia visible. En pacientes más jóvenes, esto por lo general incluye
el tratamiento con dos medicamentos de quimioterapia, la citarabina
(ara-C) y un medicamento de la familia de las antraciclinas tal como la
daunorrubicina o la idarrubicina (daunomycin, idamycin). Algunas veces
se agrega un tercer medicamento, 6-tioguanina. Esta terapia intensiva,
que por lo general se realiza en el hospital, dura típicamente
alrededor de una semana.
La intensidad del tratamiento puede depender de la edad de la persona y
de otros factores pronósticos. A menudo, los médicos administran
quimioterapia más intensiva para las personas menores de 60 años.
Algunos pacientes de edad más avanzada que tiene buena salud pueden
beneficiarse de un tratamiento similar o ligeramente menos intensivo.
Las personas que tienen mucha más edad o no tienen buena salud puede
que no toleren bien la quimioterapia. En algunos casos, los médicos
pueden recomendar quimioterapia de baja intensidad con un solo
medicamento. También pueden recomendar cuidado de apoyo, el cual se
enfoca en tratar cualquier síntoma o complicación que surja, y mantener
a la persona tan cómoda como sea posible.
La edad, la salud y otros factores se necesitan tomar en cuenta al
momento de considerar las opciones de tratamiento. Los médicos también
tratan de determinar si las personas con ciertos genes o cambios
cromosómicos son más propensas a beneficiarse de tratamiento más
intensivo.
En raras ocasiones donde la leucemia se ha propagado al cerebro o la
médula espinal, también se puede administrar quimioterapia en el
líquido cefalorraquídeo.
El tratamiento destruirá la mayoría de las células normales de la
médula ósea así como las células leucémicas. Durante la quimioterapia y
las siguientes dos o tres semanas, los recuentos de células sanguíneas
del paciente estarán probablemente peligrosamente bajos, por lo que se
necesitarán medicamentos para aumentar los niveles de glóbulos blancos,
anticuerpos, y transfusiones de productos sanguíneos para protegerle
contra complicaciones. Usualmente, el paciente permanece en el hospital
durante este tiempo.
Si la inducción es exitosa, no se encontrarán células leucémicas en la
sangre, y el número de células blásticas en la médula ósea será menor
de 5% dentro de una o dos semanas. Las células normales de la
médula ósea regresarán en varias semanas y comenzarán a producir nuevas
células sanguíneas.
Si una semana de tratamiento no induce la remisión, el proceso se puede
repetir.
La inducción tiene éxito en alrededor del 40% al 80% de todos los
pacientes con AML. Esto depende en gran parte de los factores
pronósticos específicos de la persona. Por ejemplo, las personas de
edad más avanzada tienen una probabilidad mayor de presentar resultados
desfavorables de la prueba citogenética, tienen una probabilidad mayor
de tener un trastorno sanguíneo previo, y menos probabilidad de tolerar
terapia intensiva en comparación con pacientes más jóvenes, por lo que
generalmente la enfermedad en estas personas no responde tan bien al
tratamiento.
La inducción de la remisión usualmente no destruye todas las células
leucémicas, y a menudo persiste un número pequeño de éstas. Sin
tratamiento adicional, llamado consolidación, es probable que la
leucemia regrese en varios meses.
Consolidación (terapia después de la
remisión)
Si la inducción de la remisión es exitosa, se puede administrar más
tratamiento para tratar de destruir las células leucémicas remanentes y
ayudar a prevenir una recurrencia.
En los pacientes más jóvenes, las opciones principales para la terapia
de consolidación de la AML son:
- Varios ciclos de quimioterapia con altas dosis de
citarabina (ara-C).
- Alotrasplante (de un donante) de células madre.
- Autotrasplante de células madre.
La consolidación de quimioterapia en dosis altas difiere de la terapia
de inducción en que, por lo general, sólo se usa la citarabina (ara-C).
El medicamento se administra en dosis muy altas, usualmente durante
cinco días. Esto se repite alrededor de cada cuatro semanas, usualmente
por un total de tres o cuatro ciclos. Cuatro años después de este
tratamiento, alrededor del 40% de los pacientes menores de 60 años no
mostrará signos de leucemia. No obstante, este número es afectado por
ciertos factores de pronóstico, tal como si las células leucémicas
tienen ciertos genes o cambios cromosómicos.
Después de haber tenido éxito con la terapia de inducción, otro método
es trasplante de células madre. Los pacientes primero reciben dosis muy
altas de quimioterapia para destruir todas las células de la médula
ósea. Esto es seguido por un alotrasplante (de un donante) o un
autotrasplante (del propio paciente) de células madre para restaurar la
producción de células sanguíneas. Se ha encontrado que los trasplantes
de células madre reducen más el riesgo de que la leucemia regrese en
comparación con la quimioterapia convencional, aunque también son más
propensos a causar graves complicaciones, incluyendo un riesgo
aumentado de muerte debido al tratamiento.
Puede que los pacientes de edad avanzada o aquellos que no cuentan con
una buena salud no puedan tolerar tal tratamiento de consolidación
intensivo. Las opciones comunes de tratamiento incluyen:
- Uno o dos ciclos de altas dosis de ara-C (por lo general,
no tan alta como en los pacientes más jóvenes).
- Uno o dos ciclos de dosis convencional de ara-C,
posiblemente junto con idarubicina o daunorrubicina.
- Trasplante no mieloablativo de células madre
(minitrasplante).
Por lo general a los pacientes de edad más avanzada no les va tan bien
como a los pacientes menores de 60 años. Desafortunadamente, los
estudios han encontrado que administrarles una terapia más intensiva
aumenta el riesgo de graves efectos secundarios (incluyendo muerte
asociada al tratamiento) sin proveer mucho beneficio. En general,
alrededor del 15% al 20% de los pacientes de edad más avanzada siguen
sin leucemia por varios años después del tratamiento.
No siempre está claro qué opción de tratamiento es mejor para la
consolidación. Cada una de ellas tiene sus ventajas y sus desventajas.
Los médicos consideran varios factores diferentes al recomendar qué
tipo de terapia de posremisión debe recibir un paciente. Éstos incluyen:
- Cuántas
sesiones (ciclos) de tratamiento de quimioterapia se necesitaron para
obtener una remisión. Si se necesitaron más de una sesión
de tratamiento, algunos médicos recomiendan que el paciente reciba un
programa más intensivo, que pudiese incluir un trasplante de células
madre.
- La
disponibilidad de un hermano, hermana, o un donante no relacionado que
sea compatible con el tipo de tejido del paciente. Si se
encuentra una compatibilidad de tejido bastante cercana, entonces el
alotrasplante (de un donante) de células madre pudiera ser una opción,
especialmente para los pacientes más jóvenes.
- La
posibilidad de obtener células libres de leucemia de la médula ósea del
paciente. Si las pruebas de laboratorio muestran que un
paciente está en remisión, la obtención de células madre de la médula
ósea o de la sangre del paciente para un autotrasplante de células
madre pudiera ser una opción. Las células madre obtenidas del paciente
se purgarían (se tratarán en el laboratorio para tratar de extraer o
destruir cualquier célula leucémica remanente) a fin de reducir las
probabilidades de recurrencia.
- La presencia
de uno o más factores de pronóstico adversos, tales como
ciertos cambios cromosómicos, un nivel inicial de glóbulos blancos muy
alto, AML que se origina de un síndrome mielodisplásico o
después del tratamiento contra un cáncer previo o propagación al
sistema nervioso central. Estos factores pudiesen conducir a que los
médicos recomienden una terapia más agresiva, como un trasplante de
células madre. Por otro lado, para las personas con buenos factores de
pronóstico, tal como cambios cromosómicos favorables, muchos médicos
pudieran recomendar postergar un trasplante de células madre a menos
que la enfermedad recurra.
- La edad del
paciente. Es posible que los pacientes de edad avanzada no
puedan tolerar algunos efectos secundarios graves que pueden ocurrir
con las altas dosis de quimioterapia o los trasplantes de células
madre.
- Los deseos
del paciente. Hay muchos aspectos relacionados a la
calidad de vida que se deben discutir. Un factor importante es la mayor
probabilidad de que ocurra una muerte prematura como consecuencia de
las altas dosis de quimioterapia o un trasplante de células madre. Éste
y otros asuntos tienen que ser discutidos entre el paciente y el médico.
Los trasplantes de células madre son tratamientos intensivos con
riesgos reales de graves complicaciones, incluyendo muerte, y su
función exacta en el tratamiento de la AML no está clara. Algunos
médicos opinan que si el paciente tiene salud suficiente para resistir
el procedimiento y se dispone de un donante compatible, el
alotrasplante ofrece la mejor probabilidad de supervivencia a largo
plazo. Otros médicos creen que aún los estudios no han demostrado que
esto sea concluyente, y que en algunos casos un trasplante debe ser
reservado en caso de que la leucemia regrese después del tratamiento
convencional. Debido a que la mayoría de los estudios de los
trasplantes de células madre ha involucrado a pacientes que tienden a
ser más jóvenes y a tener mejor salud, la supervivencia mejorada
pudiera no deberse al procedimiento, pues podría
obtener los mismos resultados con la quimioterapia convencional de
dosis altas. Las investigaciones sobre el tema continúan.
Tratamiento de la leucemia promielocítica
aguda (M3)
El diagnóstico y tratamiento temprano de la leucemia promielocítica
aguda (APL), el subtipo M3 de la AML, es importante ya que los
pacientes con leucemia promielocítica aguda pudieran presentar graves
problemas de coagulación o de sangrado. A menudo, esto se puede
prevenir o tratar con medicamentos diluyentes de la sangre.
Otros tratamientos pudieran incluir transfusiones de plaquetas u otros
productos de la sangre. Con las terapias modernas, el sangrado es un
problema menos frecuente una vez que comienza el tratamiento de la
leucemia promielocítica aguda.
El tratamiento de la mayoría de los casos de ALP es diferente al
tratamiento habitual de la AML. Por lo general, el
tratamiento inicial conlleva un medicamento de la clase de antraciclina
(daunorrubicina o idarubicina) más un medicamento que no es
quimioterapia, ácido transretinoico total (ATRA), el cual es familia de
la vitamina A.
Este tratamiento induce la remisión en aproximadamente del 80% al 90%
de los pacientes.
Los pacientes que no pueden tolerar un medicamento de la clase de
antraciclina pueden recibir ATRA más otro medicamento llamado trióxido
de arsénico (Trisenox). El efecto secundario más posible de este
medicamento es un cambio en el ritmo cardiaco.
Al igual que con otros subtipos de AML, los pacientes con APL reciben
tratamiento después de la remisión
La terapia de consolidación por lo general consta de dos o más cursos
de quimioterapia (con una antraciclina), usualmente con ATRA. Aquellos
pacientes que no pueden recibir antraciclina usualmente reciben ATRA
más trióxido de arsénico por varios ciclos.
A menudo, la consolidación es seguida por terapia de mantenimiento con
ATRA al menos por un año. Algunos médicos también pueden agregar bajas
dosis de quimioterapia, usualmente con los medicamentos
6-mercaptopurina (6-MP) y metotrexato.
Los posibles efectos secundarios de la parte de la quimioterapia de
este tratamiento son generalmente los mismos que para aquellos de la
quimioterapia de inducción convencional de la AML. No obstante, ATRA puede causar
un problema llamado síndrome del ácido retinoico. Los
síntomas incluyen problemas respiratorios debidos a la acumulación de
líquidos en los pulmones, presión arterial baja, daño a los riñones, y
acumulación grave de líquidos en otras partes del cuerpo. Con
frecuencia se puede tratar suspendiendo la administración de ATRA por
un tiempo y administrando un esteroide como la dexametasona.
Aproximadamente del 70% al 90% de los pacientes con APL son curados con
tratamiento.
¿Qué sucede si la leucemia no responde al
tratamiento o regresa después
de que termine el tratamiento?
Si la AML no desaparece con el tratamiento inicial, se pueden intentar
nuevos medicamentos o dosis más intensivas de quimioterapia, si pueden
ser toleradas. Se puede intentar un trasplante de células madre en
pacientes más jóvenes si se puede encontrar un donante de células madre
compatible. También pueden ser una opción los estudios clínicos de
nuevos métodos de tratamiento.
Si la leucemia desaparece y ahora ha regresado, las opciones de
tratamiento pueden depender de la edad y salud del paciente, y por
cuánto tiempo la leucemia estuvo en remisión. Con más frecuencia, la
AML recurre en la médula ósea y la sangre. El cerebro o el líquido
cefalorraquídeo rara vez será el primer lugar donde recurra, pero si lo
hace, se trata con quimioterapia administrada directamente en el
líquido.
Para aquellos pacientes cuya remisión duró más de seis meses, algunas
veces es posible poner la leucemia en remisión otra vez con más
quimioterapia, aunque es posible que no dure por mucho tiempo. Para los
pacientes más jóvenes (generalmente menores de 60 años), la mayoría de
los médicos recomendarían un trasplante de células madre si se
encuentra un donante compatible. El gemtuzumab (Mylotarg) también puede
ser una opción, particularmente en pacientes de edad más avanzada.
También se pueden considerar estudios clínicos de nuevos métodos de
tratamiento.
Si la AML regresa antes de los seis meses, la mayoría de los médicos
recomendará un trasplante de células madre para los pacientes más
jóvenes, si es posible. El gemtuzumab (Mylotarg) se ha estado usando en
algunos pacientes que han tenido recaída, particularmente de edad
avanzada. También se ha estado estudiando en pacientes más jóvenes. La
participación en un estudio clínico también es otra opción.
Para el 20% al 30% de los pacientes con leucemia promielocítica aguda
(APL) que no responden al tratamiento inicial o quienes tienen una
recaída, el trióxido de arsénico es a menudo muy eficaz. Un trasplante
de célula madre puede ser otra opción si se encuentra un donante.
Si se logra una remisión mediante el tratamiento con el trióxido de
arsénico, se puede recomendar un autotrasplante de células madre, si es
posible. Si no se logra una segunda remisión, las opciones de
tratamiento pueden incluir gemtuzumab, un alotrasplante de células
madre, o participar en un estudio clínico.
En caso de que la leucemia sigua regresando o no desaparezca, el
tratamiento de quimioterapia adicional probablemente no será muy útil.
Si un trasplante de células madre no es una opción, el paciente puede
considerar participar en un estudio clínico de tratamientos más nuevos.
Los pacientes que quieran continuar tanto como sea posible el
tratamiento para combatir la leucemia necesitan sopesar el posible
beneficio limitado de un nuevo tratamiento y las posibles desventajas,
incluyendo las visitas continuas al médico y los efectos secundarios
del tratamiento. Cada persona tiene su propia manera de considerar
esto. En muchos casos, el médico puede calcular la tasa de respuesta
del tratamiento que se está considerando. Algunas personas se sienten
motivadas a intentar más quimioterapia, aunque los médicos les digan
que las probabilidades de recibir beneficios son menores de un 1%. En
esta situación, es importante pensar y entender las razones por las
cuales se está eligiendo este plan.
Tratamiento paliativo
Si un estudio clínico no es una opción, es importante que en este
momento el paciente se concentre en aliviar los síntomas de la
leucemia. A esto se le llama tratamiento paliativo. Por ejemplo, el
médico puede recomendar una quimioterapia menos intensiva con el
objetivo de retrasar el crecimiento de la leucemia en lugar de tratar
de curarla.
A medida que la leucemia crece en la médula ósea puede causar dolor. Es
importante que usted esté tan cómodo como sea posible. Los tratamientos
que pueden ser útiles incluyen radiación y medicinas apropiadas contra
el dolor. Si las medicinas como aspirina e ibuprofeno no ayudan,
medicamentos opiáceos más fuertes como la morfina pueden ser útiles.
Los otros síntomas de la leucemia son recuentos sanguíneos bajos y
cansancio. Se pueden necesitar medicinas o transfusiones de sangre para
ayudar a corregir estos problemas. Las náuseas y la pérdida del apetito
se pueden tratar con medicamentos y complementos alimenticios altos en
calorías. Pueden ocurrir infecciones que se pueden tratar con
antibióticos.
En este momento, es posible que usted se beneficie de la atención de
hospicio. En la mayoría de los casos, este cuidado se puede dar en la
casa. La leucemia puede estar causando síntomas o problemas que
requieran atención, y la atención de hospicio se enfocan en su
comodidad. Recibir atención para enfermos terminales no significa que
no se puede dar tratamiento a los problemas causados por el cáncer o
por otras afecciones médicas. Sólo significa que el enfoque de la
atención es que el paciente viva la vida tan plenamente como sea
posible y que se sienta tan bien como es posible en esta etapa difícil.
También recuerde que es importante mantener la esperanza. Tal vez la
esperanza de una cura no sea tan realista, pero aún hay esperanzas de
pasar buenos momentos con la familia y amigos, momentos que pueden dar
al paciente felicidad y ser significativos. En cierta manera, una
interrupción de su tratamiento contra el cáncer en este momento es una
oportunidad para reenfocarse en las cosas más importantes de su vida.
Éste es el momento para hacer algunas cosas que usted siempre deseaba
hacer y dejar de hacer aquéllas que ya no desea.
Información adicional sobre el tratamiento
Para más detalles sobre las opciones de tratamiento, incluyendo algunas
que no pudieran estar disponibles en este documento, la National Comprehensive Cancer
Network (NCCN) y el Instituto Nacional del Cáncer (NCI)
son buenas fuentes de información.
La NCCN, compuesta por expertos de muchos centros de cáncer principales
en el país, redactó las guías de tratamiento del cáncer para los
doctores con el fin de ser usadas para tratar a los pacientes. Estas
guías están disponibles en la página Web de la NCCN (www.nccn.org).
El Instituto Nacional del Cáncer (NCI) provee guías de tratamiento a
través de su centro de información (1-800-4-CANCER) y su página Web
(www.cancer.gov). Además, ofrece guías detalladas para su uso por los
profesionales en la atención contra el cáncer, las cuales también están
disponibles en www.cancer.gov.
¿Qué debe
preguntar a su médico sobre la leucemia mieloide aguda?
Es importante tener una comunicación franca, abierta y sincera con su
médico acerca de su condición. Su médico y el resto del equipo que
atiende su cáncer quieren responder todas sus preguntas. Por ejemplo,
considere las siguientes:
- ¿Qué tipo de leucemia mieloide aguda (AML) tengo?
- ¿Hay algún factor específico que pudiese afectar mi
pronóstico?
- ¿Se necesitan hacer otras pruebas antes de decidir sobre el
tratamiento?
- ¿Cuánta experiencia tiene con el tratamiento de este tipo
de cáncer?
- ¿Debo pedir una segunda opinión?
- ¿Cuáles son mis opciones de tratamiento?
- ¿Debemos considerar un trasplante de células madre? ¿Cuándo?
- ¿Qué tratamiento recomienda usted? ¿Por qué lo recomienda?
- ¿Cuáles son los riesgos y los efectos secundarios de los
tratamientos que usted recomienda?
- ¿Qué debo hacer para prepararme para el tratamiento?
- ¿Cuánto tiempo durará el tratamiento? ¿Qué conllevará?
¿Dónde se administrará?
- ¿Cómo afectará el tratamiento mis actividades diarias?
- ¿Cuál es el pronóstico para mi supervivencia?
- ¿Qué se haría si el tratamiento no surte efecto o si la
leucemia regresa?
- ¿Qué tipo de atención médica de seguimiento necesitaré
después del tratamiento?
Asegúrese de escribir cualquier pregunta que pueda tener y que no se
encuentre en la lista. Por ejemplo, usted pudiera necesitar información
específica acerca del tiempo de recuperación previsto para poder
planificar su programa de trabajo. Por otra parte, usted tal vez quiera
preguntar sobre los estudios clínicos para los que pueda resultar
elegible. Puede ser útil que le acompañe otra persona o que grabe su
conversación con el médico.
¿Qué sucede
después del tratamiento contra la leucemia mieloide aguda?
Cuidados posteriores
Necesitará exámenes de seguimiento frecuentes, probablemente cada
varios meses por algunos años después de que concluya el tratamiento de
la leucemia mieloide aguda (AML). Es muy importante acudir a todas las
citas de seguimiento. Durante estas visitas, sus médicos preguntarán
probablemente si tiene síntomas, harán exámenes físicos y requerirán
que se realicen análisis de sangre o exámenes de la médula ósea. La
atención de seguimiento es necesaria para determinar si hay recurrencia
o propagación del cáncer, así como posibles efectos secundarios de
ciertos tratamientos. También éste es un buen momento de hacerle
cualquier pregunta al equipo de atención médica, así como hablarle
sobre cualquier inquietud que pudiera tener.
Casi todos los tratamientos del cáncer tienen efectos secundarios.
Algunos pueden durar de algunas semanas a varios meses, aunque otros
pueden ser permanentes. Es importante que reporte inmediatamente a su
médico cualquier síntoma nuevo, para que se pueda encontrar su causa y
tratarla, si es necesario.
Si hay una recurrencia, usualmente ocurre mientras el paciente está
siendo tratado o poco después de haber terminado la quimioterapia. Si
esto sucede, el tratamiento será según se describe en la sección ¿Qué
pasa si la leucemia no responde o si recurre después del tratamiento?
Es poco usual que una AML recurra si dentro de varios años después del
tratamiento aún no hay signos de la enfermedad.
Para obtener más información general sobre cómo lidiar con la
recurrencia, usted puede consultar nuestro documento (disponible en
inglés) “When Your Cancer Comes Back: Cancer Recurrence”. Puede obtener
este documento llamando al 1-800-227-2345.
Consultas con un nuevo médico
En algún momento después del diagnóstico y tratamiento del cáncer, es
posible que usted tenga que consultar a un médico nuevo. Esto puede
deberse a que su doctor que le atendió por primera vez se retiró o se
cambió a otro lugar, o usted pudo haber cambiado de residencia o de
doctor por alguna razón. Es importante que usted le proporcione a su
nuevo médico los detalles exactos de su diagnóstico y tratamiento.
Asegúrese de conservar lo siguiente:
- Una copia del informe de patología de cualquier biopsia o
cirugía.
- Si se sometió a una cirugía, una copia del reporte del
procedimiento.
- Si se le admitió en el hospital, una copia del resumen al
alta que los médicos tienen que preparar cuando envían al paciente a su
casa.
- Si recibió radioterapia, un resumen del tipo y dosis de
radiación, así como el momento y el lugar en donde se administró.
- Si ha recibido quimioterapia u otras medicinas, una lista
de sus medicamentos, las dosis de los medicamentos y cuándo los tomó.
También es importante mantener un seguro médico. Aunque nadie quiere
pensar que su cáncer puede regresar, esto siempre es una posibilidad.
Si ocurre, lo que menos necesita es preocuparse sobre el pago del
tratamiento.
Cambios en el estilo de vida que debe
considerar durante y después del
tratamiento
El cáncer y el tratamiento pueden consumir tiempo y causar desgaste
emocional. No obstante, también puede ser el momento para nuevos
cambios en su vida. Quizás usted está considerando mejorar su estado
general de salud a largo plazo. Algunas personas incluso comienzan este
proceso durante el tratamiento del cáncer.
Tome decisiones saludables
Reflexione acerca de cómo era su vida antes de que usted supiera que
tenía cáncer. ¿Había cosas que usted hacía que no eran tan saludables?
Quizás usted consumía demasiadas bebidas con alcohol, comía más de lo
que necesitaba, fumaba o no hacía ejercicio a menudo. Emocionalmente,
quizás usted no expresaba sus sentimientos, o quizás dejaba que las
situaciones estresantes le afectaran por mucho tiempo.
Ahora no es el momento de sentirse culpable o culparse a sí mismo. Sin
embargo, usted puede comenzar a hacer cambios hoy
que pueden tener
efectos positivos para el resto de su vida. No sólo se sentirá mejor,
pero también estará más saludable. Qué mejor momento que ahora para
aprovechar la motivación que tiene como resultado de haber pasado por
una experiencia que le ha cambiado la vida como es el tener cáncer.
Usted puede comenzar a trabajar los aspectos que más le preocupan.
Obtenga ayuda en aquéllos que le resulten más difíciles. Por ejemplo,
si está considerando dejar de fumar y necesita ayuda, llame a nuestra
línea para dejar de fumar al 1-800-227-2345.
Alimentación y nutrición
Alimentarse bien puede ser un reto para cualquier persona, aunque puede
ser aún más difícil durante y después del tratamiento del cáncer. Por
ejemplo, el tratamiento a menudo puede cambiar su sentido del gusto. La
náusea puede ser un problema. Es posible que usted pierda su apetito
por un tiempo y también pierda peso sin desearlo. Por otro lado,
algunas personas aumentan de peso incluso cuando no comen más, lo que
también puede ser frustrante.
Si usted está perdiendo peso o tiene problemas con el sabor de los
alimentos que su sentido del gusto percibe durante el tratamiento, haga
lo mejor que pueda en relación con su alimentación y recuerde que estos
problemas usualmente se van solucionando con el transcurso del tiempo.
Usted puede pedirle al equipo de atención del cáncer que le refiera a
un especialista en nutrición que le puede sugerir ideas sobre cómo
combatir algunos de los efectos secundarios de su tratamiento. Además,
usted puede encontrar útil comer porciones pequeñas cada dos a tres
horas hasta que se sienta mejor y pueda regresar a un plan más normal.
Una de las mejores cosas que puede hacer después del tratamiento
consiste en adoptar hábitos sanos de la alimentación. Usted se
sorprenderá de los beneficios a largo plazo de algunos cambios simples,
como aumentar la variedad de alimentos saludables que consume. Trate de
comer cinco o más porciones de frutas y verduras cada día. Consuma
alimentos de grano integral en vez de azúcares y harinas. Trate de
limitar el consumo de carnes altas en grasa. Disminuya el consumo de
carnes procesadas, como perros calientes (hot dogs),
mortadela
(bologna) y tocino. Si puede, trate de evitar estos
alimentos por
completo. Además, si toma alcohol, limítelo a máximo una o dos bebidas
por día. No olvide hacer algún tipo de ejercicio de forma habitual. La
combinación entre una buena dieta y el ejercicio de rutina le ayudará a
mantener un peso saludable y hacerle sentir más energía.
Descanso, cansancio, trabajo y ejercicio
El cansancio es un síntoma muy común entre las personas que están
recibiendo tratamiento contra el cáncer. Éste a menudo no es un tipo de
cansancio ordinario, sino un agotamiento que no se alivia con el
descanso. Para algunas personas, este cansancio dura mucho tiempo
después del tratamiento, y puede provocar que no sientan deseos de
mantenerse físicamente activas.
Sin embargo, el ejercicio puede en realidad ayudar a reducir el
cansancio. Los estudios han mostrado que los pacientes que siguen un
programa de ejercicio adaptado a sus necesidades personales se sienten
mejor física y emocionalmente, y pueden lidiar mejor con la situación.
Si usted padece de una enfermedad y necesita permanecer en cama durante
el tratamiento, es normal esperar que la fuerza de sus músculos, su
estado físico y su resistencia se deterioren. La terapia física puede
ayudarle a mantenerse fuerte y mantener el movimiento normal de sus
músculos, lo que puede ayudar a combatir el cansancio y la depresión
que algunas veces surge al sentir tanto cansancio.
Cualquier programa de actividad física debe ajustarse a su situación
personal. Una persona de edad avanzada que nunca se ha ejercitado no
podrá hacer la misma cantidad de ejercicio que una de 20 años que juega
tenis tres veces a la semana. Si hace varios años que no se ejercita,
pero puede mantenerse activo, usted puede considerar caminar distancias
cortas.
Hable con su equipo de atención médica antes de comenzar los
ejercicios, y consulte su opinión sobre los planes de ejercicio. Luego,
trate de conseguir a alguien que le acompañe a hacer los ejercicios
para que no los haga solo. Cuando los familiares o los amigos se
integran en un nuevo programa de ejercicio, usted obtiene el refuerzo
de apoyo adicional que necesita para mantenerse activo cuando el
entusiasmo simplemente no exista.
Sin embargo, si usted siente demasiado cansancio, necesitará balancear
la actividad con el descanso. Es aceptable que descanse cuando sienta
agotamiento. Resulta realmente difícil para algunas personas permitirse
hacer esto cuando estaban acostumbradas a trabajar todo el día o a
asumir las responsabilidades del hogar
El ejercicio puede mejorar su salud física y emocional:
- Mejora su condición cardiovascular (corazón y circulación).
- Fortalece sus músculos.
- Reduce el cansancio.
- Reduce la ansiedad y la depresión.
- En general, le hace sentir más feliz.
- Le hace sentir mejor sobre sí mismo.
Además, sabemos que el ejercicio desempeña un papel en la prevención de
algunos cánceres. La Sociedad Americana del Cáncer recomienda en sus
guías sobre la actividad física para la prevención del cáncer que los
adultos participen en por lo menos una actividad física por 30 minutos
o más durante cinco o más días a la semana. A los niños y a los
adolescentes se les exhorta participar en actividades energéticas
durante 60 minutos al menos cinco días de la semana.
Su salud emocional
Una vez que finalice su tratamiento, es posible que las emociones le
sean abrumadoras. Esto ocurre a muchas personas. Es posible que usted
haya pasado por mucho durante el tratamiento a tal punto que sólo se
pueda enfocar en finalizar con todo su tratamiento.
Ahora usted se encuentra pensando sobre la posibilidad de su propia
muerte, o sobre el efecto de su cáncer en su familia, amigos, y su
empleo. También es posible que comience a reevaluar la relación con su
cónyuge o pareja. Otros asuntos inesperados también pueden causar
preocupación. Por ejemplo, a medida que usted está más saludable y
acuda menos al médico, consultará con menos frecuencia a su equipo de
atención médica. Esto puede causar ansiedad en algunas personas.
Éste es el momento ideal para buscar apoyo emocional y social. Usted
necesita personas a quienes acudir para obtener fortaleza y consuelo.
El apoyo puede provenir de muchas fuentes: familia, amigos, grupos de
apoyo, iglesias o grupos espirituales, comunidades de apoyo en línea u
orientadores individuales.
Casi todas las personas que han pasado por la experiencia del cáncer
pueden beneficiarse de algún tipo de apoyo. Lo que es mejor para usted
depende de su situación y personalidad. Algunas personas se sienten
seguras en grupos de apoyo con personas similares que están
experimentando situaciones semejantes, o en grupos de educación. Otras
personas pudieran preferir hablar en un entorno informal, tal como en
una iglesia, mientras que otras pueden sentirse más cómodos hablando
directamente con un amigo de confianza o un consejero. Cualquiera que
sea su fuente de fortaleza o consuelo, asegúrese de que tiene un lugar
a dónde acudir con sus inquietudes.
La experiencia con el cáncer puede hacerle sentir mucha soledad. No es
necesario ni realista que usted pase por toda esta experiencia solo.
Sus amigos y familiares pueden sentirse excluidos si usted decide que
no participen de esta experiencia. Deje que tanto ellos como cualquier
otra persona que usted considere puedan ayudarle. Si no está seguro
quién puede ayudar, llame a su Sociedad Americana del Cáncer al
1-800-227-2345 y le pondremos en contacto con un grupo o recurso de
apoyo apropiado.
Usted no puede cambiar el hecho de que ha tenido cáncer, Lo que sí
puede cambiar es cómo vive el resto de su vida mediante cambios
saludables y sintiéndose lo mejor posible tanto física como
emocionalmente.
¿Qué hay de
nuevo en las investigaciones y el tratamiento de la
leucemia
mieloide aguda?
Actualmente, los investigadores están estudiando las causas,
diagnóstico, atención de apoyo y tratamiento de la leucemia mieloide
aguda (AML) en muchos centros médicos, hospitales universitarios y
otras instituciones.
Genética de la leucemia
Los científicos están realizando un excelente progreso para entender
cómo los cambios en el ADN de una persona pueden causar que las células
normales de la médula ósea se conviertan en células leucémicas. Una
mejor comprensión de los genes (regiones del ADN) involucrados en
ciertas translocaciones u otros cambios cromosómicos que ocurren con
frecuencia en la leucemia mieloide aguda está proporcionando un mejor
conocimiento de por qué estas células se convierten en células
anormales. Actualmente, los médicos aprenden cómo usar estos cambios
para ayudarles a determinar el pronóstico de una persona y si éstos
deben recibir más o menos tratamiento intensivo.
En el futuro, esta información también se puede utilizar para ayudar a
desarrollar nuevas terapias dirigidas contra la AML (vea información
más adelante).
Perfiles de expresión genética
Esta nueva técnica de laboratorio se está estudiando para ayudar a
identificar y clasificar diferentes tipos de cáncer. En lugar de
analizar genes sencillos, en esta prueba se examina al mismo tiempo los
patrones de muchos genes diferentes en las células del cáncer. Esto
puede enriquecer la información que se obtiene en las pruebas de
laboratorio usadas actualmente.
Detección de la enfermedad residual mínima
Los avances en el conocimiento de los cambios del ADN en la AML ya han
permitido el desarrollo de una prueba altamente sensible para detectar
la cantidad más pequeña de leucemia después del tratamiento (enfermedad
residual mínima), aun cuando hay presentes tan pocas células leucémicas
que no pueden ser detectadas por las pruebas de médula ósea de rutina.
La prueba de la reacción en cadena de polimerasa puede identificar las
células de la AML basándose en las translocaciones o reordenamientos de
los genes. Con esta prueba se puede encontrar una célula leucémica
entre un millón de células normales. La prueba de la reacción en cadena
de la polimerasa puede ser útil para determinar qué tan completamente
el tratamiento ha destruido las células de la AML.
Ahora los médicos están tratando de determinar el efecto que la
enfermedad residual mínima tiene en el pronóstico de un paciente, y
cómo esto puede afectar la necesidad de un tratamiento adicional o uno
más intensivo.
Mejoramiento de la quimioterapia
Se están realizando estudios para encontrar la combinación más eficaz
de medicamentos de quimioterapia y evitar los efectos secundarios
indeseados. Esto es especialmente importante en pacientes de edad
avanzada, quienes tienen menos probabilidad de beneficiarse de los
tratamientos actuales.
Algunos medicamentos más nuevos, como la clofarabina (Clolar) la
azacitidina (Vidaza), decitabina (Decogen) y el vorinostat (Zolinza)
han sido aprobados durante los últimos años para tratar otros tipos de
leucemias y trastornos sanguíneos. Los estudios de estos medicamentos,
ya sea solos o combinados con otros medicamentos de quimioterapia, han
mostrado algunos resultados preliminares que son promisorios.
El tipifarnib, un tipo más nuevo de medicamento conocido como inhibidor
de la farnesil transferasa, también ha mostrado resultados promisorios
en estudios preliminares. Los inhibidores de la farnesil transferasa
son medicamentos que evitan el funcionamiento de una proteína que muy
activa en el cáncer. Estos medicamentos se están probando
actualmente en estudios clínicos más abarcadores.
La eficacia de la quimioterapia puede estar limitada en algunos casos
debido a que las células leucémicas se pueden volver resistentes a
ella. Ahora los investigadores están buscando maneras de prevenir o
revertir esta resistencia usando otros medicamentos con la
quimioterapia.
Trasplantes de células madre
Los científicos continúan refinando los trasplantes de células madre
para tratar de aumentar su eficacia, reducir las complicaciones y
determinar qué pacientes probablemente se beneficiarían con este
tratamiento. Se están realizando muchos estudios para tratar de ayudar
a determinar exactamente cuándo se podrían usar mejor los
autotrasplantes, los alotrasplantes y los minitrasplantes.
Terapias dirigidas
Actualmente se están desarrollando nuevos medicamentos dirigidos que
atacan específicamente a algunos cambios genéticos vistos en la AML.
Aproximadamente un paciente de cada tres con AML tiene una mutación en
el gen FLT3. Varios medicamentos nuevos, llamados inhibidores FLT3,
atacan a este gen. En estudios preliminares, han mostrado actividad
contra la AML, especialmente cuando se combina con quimioterapia. Hasta
el momento, sólo están disponibles en estudios clínicos.
Otras mutaciones genéticas, tales como cambios en el gen c-KIT, también
parecen ser importantes en algunos casos de AML, y pudieran volverse
importantes en terapias nuevas. Los medicamentos que atacan este gen,
tal como imatinib (Gleevec) y desatinib (Sprycel) ya se han usado
contra otros tipos de leucemia, y ahora se están estudiando contra la
AML.
La ozogamicina gemtuzumab (Mylotarg) es un anticuerpo monoclonal que a
menudo se usa en pacientes de edad avanzada si la AML no responde a la
quimioterapia o regresa después del tratamiento. Actualmente, los
médicos están estudiando si este medicamento pudiera ser útil si se
administra con quimioterapia temprano en el curso de la enfermedad.
Última
revisión / cambio realizado:
30-Sep.-2009
Última actualización completa: 30-Sep.-2009
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