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Detección y síntomas

En esta sección encontrará las respuestas a sus preguntas acerca de estos temas: En esta sección:
la detección
el diagnóstico
la clasificación por etapas

¿Se pueden encontrar en sus inicios los tumores del encéfalo y los tumores de la médula espinal en los adultos?

Actualmente, no existen pruebas de sangre u otros exámenes de detección que puedan ser utilizados rutinariamente para detectar tumores encefálicos antes de que comiencen a causar síntomas. Estos tumores usualmente se descubren cuando la persona presenta signos o síntomas. En la mayoría de los casos, la supervivencia del paciente se determina según su edad, el tipo de tumor y la ubicación del mismo, no por la precocidad con que se detecte. Sin embargo, al igual que cualquier enfermedad, es probable que la detección y el tratamiento temprano sean útiles.


¿Cómo se diagnostican los tumores del encéfalo y los tumores de la médula espinal en los adultos?

Por lo general, los tumores encefálicos y los tumores de la médula espinal son encontrados cuando una persona presenta signos o síntomas.


Síntomas de los tumores del encéfalo y tumores de la médula espinal

Un tumor encefálico o de la médula espinal usualmente se descubre debido a los síntomas que éste causa. Los síntomas pueden ser bastante generales, o pueden ser más específicos dependiendo de la localización del tumor. Además, los síntomas pueden presentarse gradualmente y empeorarse con el tiempo, o pueden presentarse repentinamente, tal como con una convulsión.

Los síntomas generales se presentan debido al aumento de la presión dentro del cráneo. Los tumores en cualquier parte del encéfalo podrían causar presión dentro del cráneo, lo que puede producir dolores de cabeza, náuseas, vómitos, visión borrosa, problemas con el equilibrio o incluso cambios en la personalidad. En casos graves, se puede presentar como letargo (somnolencia) o incluso coma. El dolor de cabeza es un síntoma común del tumor encefálico y se presenta en aproximadamente la mitad de los pacientes. (Por supuesto, la mayoría de los dolores de cabeza no son causados por tumores).

Tanto los tumores encefálicos como los tumores de la médula espinal ocasionan síntomas específicos si irritan o dañan ciertas partes del encéfalo o la médula espinal, por ejemplo:
  • Alrededor de la mitad de las personas con tumores encefálicos presentarán convulsiones epilépticas en algún momento. Algunas veces, éste es el primer signo de un tumor encefálico, pero menos de una en 10 convulsiones primero son causadas por tumores del encéfalo.

  • Los tumores en partes del encéfalo que controlan los movimientos o las sensaciones pueden causar debilidad o adormecimiento en parte del cuerpo.

  • Los tumores en o cerca de las partes del encéfalo responsables del lenguaje pueden causar problemas con el habla o incluso con la compresión de palabras.

  • Algunas veces los tumores en la parte delantera del encéfalo pueden afectar el pensamiento y la personalidad.

  • Los tumores en el área del encéfalo llamada ganglios basales típicamente causan movimientos anormales y una posición anormal del cuerpo. 

  • Si el tumor está en el cerebelo, donde se controla la coordinación, una persona puede tener problemas al caminar o con otras funciones diarias, incluso al comer.

  • Los tumores que se encuentran en la parte trasera del encéfalo, o alrededor de la glándula pituitaria, el nervio óptico, u ciertos pares craneales pueden causar problemas con la visión.

  • Los tumores en otros pares craneales puede conducir a pérdida de audición, problemas con el equilibrio, o debilidad de algunos músculos faciales.

  • A menudo, los tumores de la médula espinal causan adormecimiento, debilidad de las piernas, o ambos.

Debido a que el encéfalo controla las funciones de algunos órganos, incluyendo la producción de hormonas, pueden presentarse muchos otros síntomas que ni siquiera se mencionan aquí.

Resulta importante indicar que ninguno de los síntomas mencionados anteriormente es específico para tumores encefálicos o de la médula espinal, y todos ellos pueden tener otras causas. A pesar de esto, si usted tiene síntomas que sugieren la presencia de un tumor encefálico o de la médula espinal, consulte con su médico para que la causa se pueda evaluar y tratar, de ser necesario.


Historial médico y examen físico

Si los síntomas sugieren la presencia de un tumor en el sistema nervioso central, su médico querrá preparar una historia clínica completa y realizar un examen físico para evaluar la función del encéfalo y de la médula espinal (examen neurológico). Este tipo especial de examen físico puede ser llevado a cabo por un médico general. Comúnmente, el examen conlleva evaluar los reflejos, la fortaleza de los músculos, los movimientos de los ojos y la boca, la coordinación y el estado de alerta, entre otras funciones. Si los resultados son anormales, su médico le puede referir a un neurólogo (un médico especializado en el diagnóstico y el tratamiento médico de las enfermedades del sistema nervioso) o un neurocirujano (un cirujano especializado en operaciones para tratar enfermedades del sistema nervioso) para realizar un examen más detallado.


Estudios por imágenes

Si su médico piensa que existe un problema en el encéfalo, probablemente ordenará que se haga uno o varios estudios por imágenes. Estos estudios proporcionan diferentes tipos de imágenes de los órganos internos, tales como el encéfalo y de la médula espinal. Los mismos son examinados e interpretados por los radiólogos (médicos especializados en radiografías y otros estudios de diagnóstico por imágenes), así como por su médico.

Las imágenes por resonancia magnética (MRI, por sus siglas en inglés) y las tomografías computarizadas (CT) son utilizadas con más frecuencia para el diagnóstico de las enfermedades del encéfalo. Si hay un tumor encefálico, estos exámenes lo mostrarán en casi todos los casos, y pueden a menudo indicarles a los médicos dónde se encuentra exactamente el tumor dentro del encéfalo.

Tomografía computarizada: la tomografía computarizada (CT, por sus siglas en inglés) es un examen de radiografía que puede producir imágenes transversales detalladas de su encéfalo y de su médula espinal (u otras partes del cuerpo). En vez de tomar una fotografía, como la radiografía regular, la tomografía computarizada toma muchas fotografías al tiempo que un dispositivo rota a su alrededor mientras usted se encuentra acostado. Luego una computadora combina éstas en imágenes de las secciones de la parte de su cuerpo bajo estudio. A diferencia de los rayos X regulares, las CT crean imágenes con detalles de los tejidos blandos del cuerpo.

Es posible que usted reciba una inyección de un medio de contraste a través de una línea intravenosa, el cual  ayuda a delinear cualquier tumor que pueda estar presente. El contraste puede causar cierto enrojecimiento o bochorno (sensación de calor, especialmente en la cara). Algunas personas son alérgicas y presentan erupciones. Raramente, se presentan reacciones más graves como dificultad para respirar y baja presión sanguínea. Asegúrese de decirle al médico si alguna vez ha tenido una reacción a cualquier material de contraste utilizado para los rayos X.

La tomografía computarizada toma más tiempo que las radiografías comunes. Usted necesitará acostarse inmóvil sobre una camilla mientras se realiza el examen. Durante la realización, la camilla se mueve hacia adentro y hacia afuera del escáner, una máquina en forma de anillo que rodea completamente la camilla. Algunas personas se sienten un poco confinadas por el anillo bajo el cual permanece acostado durante la toma de imágenes.

En años recientes, la CT espiral (también conocida como CT helicoidal) ha estado disponible en muchos centros médicos. Este tipo de CT usa una máquina más rápida. La parte del escáner de la máquina gira alrededor del cuerpo continuamente, permitiendo obtener imágenes con mucha más rapidez que con la CT convencional. Esto reduce la probabilidad de tomar imágenes borrosas como resultado del movimiento. Además, reduce la dosis de radiación recibida durante el examen. La ventaja mayor puede ser que las "secciones" que se presentan en las imágenes son más finas, lo que resulta en fotografías más detalladas que les permiten a los médicos observar áreas sospechosas de diferentes ángulos.

Imágenes por resonancia magnética: las imágenes por resonancia magnética (MRI) son particularmente útiles para examinar el encéfalo y la médula espinal.  Además se consideran la mejor manera para detectar tumores en estas áreas. En algunos casos, se puede hacer una forma especial de este estudio, conocida como angiografía por resonancia magnética (MRA), para examinar los vasos sanguíneos en el encéfalo. Esta prueba resulta muy útil antes de la cirugía para ayudar al cirujano a planear la operación.

El MRI provee imágenes detalladas de los tejidos blandos del cuerpo. Las imágenes del encéfalo y de la médula espinal obtenidas por un MRI son generalmente superiores a las imágenes de la CT. Sin embargo, el MRI utiliza ondas de radio e imanes potentes en lugar de rayos X. Se absorbe la energía de las ondas de radio y luego se libera en un patrón específico que depende del tipo de tejido corporal y de ciertas enfermedades. Una computadora traduce el patrón en una imagen muy detallada de las partes del cuerpo. Para mostrar mejor los detalles, es posible que un material de contraste, llamado gadolinio, se inyecte en una vena antes de realizar el estudio.

El procedimiento para obtener el MRI es un poco más incómodo que las pruebas de CT. En primer lugar, toman más tiempo, con frecuencia hasta una hora. Segundo, usted permanece acostado dentro de tubo estrecho lo cual puede resultar confinante para algunas personas. Las máquinas de imágenes por resonancia magnética más recientes son más "abiertas" y pueden aliviar esta inquietud. La máquina también produce un zumbido y ruidos de chasquido que puede resultar incómodo.

Espectroscopia de resonancia magnética: esta prueba (también conocida como espectroscopia por MRI) es como un MRI, salvo que las ondas radiales interaccionan con diferentes átomos dentro de los tejidos, de tal manera que las imágenes podrían resaltar algunas características de los tumores cerebrales que no se pueden ver claramente en la prueba de MRI. Ciertos tumores emiten señales específicas que pueden ayudar a indicar el posible tipo de tumor presente, pero esta prueba raras veces hace que la biopsia resulte innecesaria.

Tomografía por emisión de positrones: esta prueba, conocida como PET, involucra la inyección al torrente sanguíneo de glucosa (una forma de azúcar) que contiene un átomo radiactivo. La cantidad de radiactividad usada es muy poca. Debido a que las células cancerosas crecen rápidamente en el cuerpo, éstas absorben grandes cantidades del azúcar radiactivo. Entonces, una cámara especial puede crear una imagen de las áreas de radiactividad en el cuerpo. La imagen no es muy detallada como en una CT o un MRI, pero puede proveer información útil sobre si es probable que áreas anormales vistas en otras pruebas (como un MRI) sean cancerosas o no.

Esta prueba también es útil después del tratamiento, ya que puede ayudar a indicar si las células de un tumor han sido destruidas. (Las células muertas no usan glucosa). Cuando los resultados del MRI son confusos, la PET resulta particularmente útil para determinar si una anomalía hallada en un MRI después de concluido el tratamiento es tejido cicatricial o un tumor que ha reaparecido.

Radiografía de tórax: ésta es una radiografía simple de su tórax que puede hacerse en el consultorio de su médico, en un centro para pacientes ambulatorios o en un hospital. Se puede hacer una vez se encuentra el tumor en el encéfalo, ya que la mayoría de los tumores en el encéfalo en realidad comenzaron en otro órgano (con más frecuencia los pulmones) y se propagaron al encéfalo.

Angiografía: ésta es otra prueba por imágenes que a veces se utiliza para evaluar los tumores del encéfalo y de la médula espinal. Conlleva inyectar un tinte especial en los vasos sanguíneos cercanos al tumor para luego observar el área con radiografías. Este procedimiento ayuda a los médicos a observar el suministro sanguíneo de un tumor.

En los últimos años, esta prueba ha sido reemplazada ampliamente por otros estudios que pueden observar los vasos sanguíneos, tal como la angiografía por tomografía computarizada (CTA) o la angiografía por resonancia magnética (MRA).


Biopsia

Los estudios por imágenes, tales como las imágenes por resonancia magnética y la tomografía computarizada, pueden mostrar la existencia (o muy probable) de un tumor encefálico. No obstante, en la mayoría de los casos estos estudios no pueden ofrecer un diagnóstico definitivo de cáncer del encéfalo. Esto sólo se logra mediante la extracción de parte del tejido del tumor para examinarlo, lo que se conoce como biopsia. Una vez extraído el tejido, un patólogo (un médico especializado en el diagnóstico de enfermedades mediante pruebas de laboratorio) o un neuropatólogo (un patólogo especializado en enfermedades del sistema nervioso) lo examina bajo el microscopio. El patólogo determina si el tumor es benigno o maligno (canceroso) y exactamente qué tipo de tumor está presente.

En pocos casos, la aparición de un astrocitoma en un MRI es tan característica que una biopsia resulta innecesaria, especialmente cuando el tumor está localizado en una parte del encéfalo en donde es difícil hacer la biopsia (como el tronco encefálico). En pocos casos, una biopsia no es necesaria si una PET o una espectroscopia por MRI ofrece suficiente información.

Existen dos tipos de biopsias principales para los tumores encefálicos.

Biopsia estereotáctica con aguja: este tipo de biopsia se puede usar en casos donde los riesgos de la cirugía pudieran ser muy altos (tal como algunos tumores en áreas vitales, aquellos tumores que están muy profundos dentro del encéfalo, u otros tumores que probablemente no se puedan tratar con cirugía), pero donde una muestra sigue siendo necesaria para hacer un diagnóstico.

Para este procedimiento, el paciente puede estar dormido (bajo anestesia general) o despierto. Si el paciente está despierto durante la biopsia, el neurocirujano inyecta un anestésico local en las áreas de la piel sobre el cráneo para adormecerlas. Luego se coloca un armazón rígido en la cabeza que ayuda a asegurar que el cirujano localice el tumor con precisión. Se hace un corte (incisión) en el cuero cabelludo y se taladra un orificio pequeño en el cráneo.  Un MRI o una CT a menudo se usa junto con el armazón para ayudar al neurocirujano a guiar la aguja hueca en el tumor y remover un pequeño trozo de tejido. Otro método consiste en sujetar marcadores al cuero cabelludo, hacer un MRI o una CT, y luego usar un sistema de guía por imagen para dirigir la aguja dentro del tumor.  

Una vez que se extirpa el tejido, un patólogo lo observa con un microscopio para determinar qué tipo de tumor está presente. Esta información es muy importante para ayudar a determinar las probabilidades de supervivencia y el mejor curso de tratamiento.

Biopsia quirúrgica (abierta): es posible que el neurocirujano no haga una biopsia con aguja si, según los estudios por imágenes, parece que el tumor se puede tratar con cirugía. En lugar de esto, él o ella puede hacer una operación llamada craneotomía (descrita en la sección "¿Cómo se tratan los tumores encefálicos y los tumores de la médula espinal?") para remover todo o la mayor parte del tumor. La extirpación de la mayor parte del tumor se conoce como exéresis máxima.

En este caso, las pequeñas muestras del tumor se examinan inmediatamente por el patólogo, mientras el paciente se encuentra en la sala de operaciones, para obtener un diagnóstico preliminar. Esto puede ayudar a guiar el tratamiento, incluyendo si se debe hacer cirugía adicional en ese momento. En la mayoría de los casos, se obtiene un diagnóstico final tres o cuatro días después.


Punción pulmonar

Este procedimiento se usa para buscar células cancerosas en el líquido cefalorraquídeo, que es el líquido que rodea el encéfalo y la médula espinal. Para esta prueba, usted se acuesta sobre un costado en una cama o una camilla con sus rodillas hacia su pecho. El médico primero adormece un área en la parte baja de la espalda cerca de la médula espinal. Entonces se introduce una pequeña aguja hueca entre los huesos de la médula espinal para extraer algo de fluido.

Este líquido se examina por medio del microscopio para ver si contiene células cancerosas. Otras pruebas también se pueden hacer en el líquido.

Por lo general, las punciones lumbares son muy seguras, pero los médicos tienen que asegurarse que la prueba no cause un cambio dramático en la presión de líquido, lo que podría causar problemas graves. Por esta razón, los estudios por imágenes, como el MRI, se hacen con antelación.

Las punciones lumbares usualmente no se hacen para diagnosticar tumores encefálicos, pero se pueden realizar después del diagnóstico de ciertos tipos de tumores encefálicos que comúnmente se pueden propagar a través del líquido cefalorraquídeo (como los ependimomas). Este procedimiento resulta particularmente importante para aquellas personas que aparentemente pudieran tener un linfoma encefálico, ya que a menudo las células del linfoma se propagan al líquido cefalorraquídeo. Se requiere de tratamiento adicional si hay células de linfoma en el líquido cefalorraquídeo.


Pruebas de la orina y la sangre

Estas pruebas de laboratorio rara vez son parte del diagnóstico real de tumores encefálicos y de la médula espinal, pero se pueden hacer si usted se ha sentido enfermo por algún tiempo para saber cuán bien están funcionando el hígado, los riñones y algunos otros órganos.  También puede ser necesario realizar recuentos sanguíneos rutinarios, especialmente antes de la cirugía que se ha planeado.




¿Cómo se clasifican por etapas los tumores del encéfalo y los tumores de la médula espinal en los adultos?

La clasificación por etapas es el proceso de recopilación de información de los exámenes y los estudios por imágenes para determinar qué tan lejos se propagó el cáncer. Un sistema de clasificación por etapas es un método convencional mediante el cual el equipo de atención del cáncer describe la extensión del cáncer. Para la mayoría de los cánceres, la etapa (extensión) del cáncer es uno de los factores más importantes en la selección de las opciones de tratamiento y en determinar el pronóstico.

No obstante, los tumores malignos (cancerosos) del sistema nervioso central (CNS) difieren en varias formas importantes de los tumores situados en otras partes del cuerpo. Para la mayoría de los cánceres que comienzan en otras partes del cuerpo, el aspecto más maligno es su capacidad para extenderse por todo el cuerpo. En contraste, los tumores que se originan en el encéfalo o en la médula espinal pueden propagarse a otras partes del sistema nervioso central, pero casi nunca se propagan a otros órganos. El aspecto peligroso de estos tumores es que pueden interferir en ciertas funciones normales del encéfalo que son esenciales para la vida.

Debido a que los tumores encefálicos casi nunca se propagan a otras partes del cuerpo, no existe un sistema formal de clasificación por etapas para los tumores en el encéfalo o en la médula espinal. Algunos de los factores más importantes que ayudan a determinar el pronóstico incluyen:
  • El tipo de tumor (como astrocitoma, ependimoma, etc.).
  • El grado del tumor (cuán rápidamente el tumor es probable que crezca, según lucen las células bajo un microscopio).
  • El tamaño y la localización del tumor.
  • La cantidad de tumor que se puede extirpar mediante cirugía (si se puede hacer).
  • La edad de la persona.
  • El nivel funcional de la persona (si el tumor ha comenzado a interferir con las funciones encefálicas normales).
  • Si el tumor se ha propagado o no a través del líquido cefalorraquídeo a otras partes del encéfalo y/o de la médula espinal.
  • Si las células del tumor se han propagado o no más allá del sistema nervioso central.



Última revisión médica: 17-Oct.-2008
Última actualización completa: 17-Oct.-2008
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