Cáncer de hígado

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¿Qué es Cáncer de hígado? TEMAS

¿Qué es el cáncer?

Cáncer de hígado

¿Qué es el cáncer?

El cuerpo está compuesto por millones de células vivas. Las células normales del cuerpo crecen, se dividen y mueren de manera ordenada. Durante los primeros años de vida de una persona, las células normales se dividen más rápidamente para permitirle a la persona crecer. Una vez la persona llega a la edad adulta, la mayoría de las células sólo se dividen para reemplazar las células desgastadas o que están muriendo, y para reparar lesiones.

El cáncer se origina cuando las células en alguna parte del cuerpo comienzan a crecer sin control. Existen muchas clases de cáncer, pero todos ellos comienzan debido al crecimiento sin control de células anormales.

El crecimiento de las células cancerosas es diferente al crecimiento de las células normales. En lugar de morir, las células cancerosas continúan creciendo y forman nuevas células anormales. Además, las células cancerosas pueden invadir (crecer hacia) otros tejidos, algo que las células normales no pueden hacer. El crecimiento sin control y la invasión a otros tejidos es lo que hace que una célula sea cancerosa.

Las células se transforman en células cancerosas debido a un daño en el ADN. El ADN se encuentra en todas las células y dirige todas sus acciones. En una célula normal, cuando el ADN se afecta, la célula repara el daño o muere. Por el contrario, en las células cancerosas el ADN dañado no se repara, y la célula no muere como debería. En lugar de esto, la célula continúa produciendo nuevas células que el cuerpo no necesita. Todas estas nuevas células tendrán el mismo ADN dañado que tuvo la primera célula.

Las personas pueden heredar un ADN dañado, pero la mayor parte del ADN dañado es causado por errores que ocurren mientras la célula normal se está reproduciendo o por alguna otra cosa en nuestro ambiente. Algunas veces, la causa del daño al ADN es algo obvio, como fumar cigarrillos. A menudo, sin embargo no se encuentra una causa clara.

En la mayoría de los casos, las células cancerosas forman un tumor. Algunos cánceres, como la leucemia, rara vez forman tumores. En este caso, las células cancerosas afectan la sangre y los órganos hematopoyéticos (productores de sangre) y circulan a través de otros tejidos en los cuales crecen.

Por otro lado, las células cancerosas a menudo se trasladan a otras partes del cuerpo donde comienzan a crecer y a formar nuevos tumores que reemplazan el tejido normal. Este proceso se llama metástasis, el cual ocurre cuando las células cancerosas entran al torrente sanguíneo o a los vasos linfáticos de nuestro cuerpo.

Independientemente del lugar hacia el cual se propague el cáncer, siempre recibe el nombre del lugar donde se originó. Por ejemplo, el cáncer de seno que se propagó al hígado sigue siendo cáncer de seno, y no cáncer de hígado. Asimismo, el cáncer de próstata que se propagó a los huesos es referido como cáncer de próstata metastásico, y no cáncer de huesos.

Los diferentes tipos de cáncer se pueden comportar de manera muy diferente. Por ejemplo, el cáncer de pulmón y el cáncer de seno son enfermedades muy diferentes, Crecen a una tasa diferente y responden a diferentes tratamientos. Por esta razón las personas que padecen cáncer necesitan un tratamiento que sea específico a la clase particular del cáncer que les afecta.

No todos los tumores son cancerosos. A los tumores que no son cancerosos se les llama tumores benignos. Los tumores benignos pueden causar problemas, ya que pueden crecer mucho y ocasionar presión en los tejidos y órganos sanos. Sin embargo, estos tumores no pueden crecer (invadir) hacia otros tejidos. Debido a que no pueden invadir otros tejidos, tampoco se pueden propagar a otras partes del cuerpo (hacer metástasis). Estos tumores casi nunca ponen en riesgo la vida de una persona.

¿Qué es cáncer de hígado?

El cáncer de hígado es un cáncer que se origina en este órgano. Para entender el cáncer de hígado, resulta útil conocer sobre la estructura normal y la función del hígado.

Información sobre el hígado

El hígado es el órgano interno más grande de su cuerpo. Se encuentra debajo de las costillas de su lado derecho justo bajo el pulmón derecho. Si usted hundiera sus dedos bajo sus costillas derechas hacia arriba, casi lo podría tocar.

El hígado tiene forma de pirámide y se divide en dos lóbulos: el derecho y el izquierdo. Los lóbulos se subdividen en segmentos. A diferencia de la mayoría de los demás órganos, el hígado obtiene su suministro de sangre de dos fuentes: la arteria hepática suple al hígado con sangre rica en oxígeno desde el corazón y la vena porta transporta sangre rica en nutrientes desde los intestinos.

Usted no puede vivir sin el hígado. Éste realiza varias funciones importantes:

  • Descompone y almacena muchos de los nutrientes que su intestino absorbe y que su cuerpo necesita para funcionar. Algunos nutrientes tienen que cambiarse (metabolizarse) en el hígado antes de que el resto del cuerpo los use como fuente de energía o para crear y reparar el tejido.
  • Produce la mayoría de los factores de coagulación que evitan que usted sangre demasiado cuando se corta o se lastima.
  • Segrega bilis a los intestinos para ayudar a absorber los nutrientes (especialmente grasas).
  • Desempeña una función muy importante en la eliminación de los desechos tóxicos del cuerpo.

El hígado está compuesto de diferentes tipos de célula. Por esto, se pueden formar varios tipos de tumores malignos (cancerosos) y benignos (no cancerosos) en el hígado. Estos tumores tienen causas diferentes, se tratan de maneras distintas y tienen un pronóstico diferente.

Tumores benignos

Algunas veces, los tumores benignos crecen tanto como para causar problemas, aunque ellos no invaden los tejidos cercanos o se propagan a partes distantes del cuerpo. Si requieren tratarse, por lo general el paciente puede curarse con cirugía.

Hemangiomas

El tipo más común de tumor benigno del hígado se origina en los vasos sanguíneos y se conoce como hemangioma. La mayoría de los hemangiomas del hígado no produce síntomas y no requiere tratamiento. Sin embargo, algunos pueden sangrar y requerir que se extirpen quirúrgicamente.

Adenomas hepáticos

Éstos son tumores benignos que surgen de los hepatocitos (el tipo principal de célula del hígado). La mayoría no causa síntomas y no requiere tratamiento. Sin embargo, algunos causan síntomas, como dolor o una masa en el abdomen (en el área del estómago), o pérdida de sangre. Debido a que hay un riesgo de que el tumor se reviente (lo que causaría una hemorragia grave) y un riesgo leve de que se convierta en cáncer de hígado en el futuro, la mayoría de los expertos usualmente aconsejan la extirpación quirúrgica, si es posible.

El uso de ciertos medicamentos puede aumentar el riesgo de tener estos tumores. Las mujeres tienen una mayor probabilidad de tener uno de estos tumores si toman pastillas anticonceptivas, aunque ésta es una complicación que ocurre raras veces. El dejar de tomar las pastillas puede algunas veces hacer que el tumor se reduzca. Los hombres que usan esteroides anabólicos también pueden padecer estos tumores. Los adenomas pueden reducirse en tamaño cuando se suspenden los medicamentos.

Hiperplasia nodular focal

La hiperplasia nodular focal es un crecimiento de varios tipos de célula (hepatocitos, células del conducto biliar y tejido conectivo) parecido a un tumor. Aunque este tumor es benigno, puede ser difícil separarlo de los tumores que realmente son cánceres del hígado. Por lo tanto, los médicos algunas veces extirpan este tumor cuando no hay un diagnóstico claro. Si hay síntomas, se puede extirpar quirúrgicamente este tumor y el paciente se curará.

Tanto los FNH como los adenomas hepáticos son más comunes en las mujeres que en los hombres.

Tumores malignos que se originan en el hígado

Varios tipos de cáncer pueden comenzar en el hígado.

Carcinoma hepatocelular o cáncer hepatocelular

Ésta es la forma más común del cáncer de hígado en adultos. Algunas veces también se le llama hepatoma porque proviene de los hepatocitos (el tipo principal de células del hígado). Alrededor de tres de cada cuatro cánceres originados en el hígado son de esta clase.

El cáncer hepatocelular tiene distintos patrones de crecimiento:

  • Algunos comienzan como un tumor sencillo que va creciendo. Sólo cuando la enfermedad es avanzada es cuando se propaga a otras partes del hígado.
  • Un segundo tipo parece comenzar con muchas manchas pequeñas a través del hígado, y no como un tumor solo. Éste se ve con mayor frecuencia en las personas que tienen cirrosis del hígado y es el patrón más común visto en los Estados Unidos.

Los médicos pueden distinguir en un microscopio varios subtipos de cáncer hepatocelular. La mayoría de estos subtipos no afecta el tratamiento o el pronóstico. No obstante, es importante reconocer uno de estos subtipos, el fibrolamelar. Este tipo es poco común, pues representa menos del 1% de los cánceres hepatocelulares. El paciente que tiene este tipo generalmente es de menor edad (menores de 35), y el resto del hígado no está enfermo. Este subtipo tiene un pronóstico mucho mejor que otras formas de cáncer hepatocelular.

Colangiocarcinomas intrahepáticos (cánceres de los conductos biliares)

Alrededor del 10% al 20% de los cánceres originados en el hígado son colangiocarcinomas intrahepáticos. Comienzan en los conductos biliares pequeños (conductos que llevan bilis a la vesícula biliar) dentro del hígado. (La mayoría de los colangiocarcinomas en realidad se originan en los conductos biliares que están fuera del hígado).

Aunque el resto de este documento trata principalmente sobre los cánceres hepatocelulares, el tratamiento de los colangiocarcinomas a menudo es el mismo. Para más información sobre este tipo de cáncer, vea nuestro documento sobre "Cáncer de los conductos biliares (colangiocarcinomas)".

Angiosarcomas y hemangiosarcomas

Éstos son tipos de cáncer poco comunes que comienzan en los vasos sanguíneos del hígado. Las personas que han estado expuestas al cloruro de vinilo o al dióxido de torio (Thorotrast) tienen más probabilidad de padecer estos tipos de cáncer. (Consulte la sección "¿Cuáles son los factores de riesgo del cáncer de hígado?"). Se cree que los otros casos se deben a la exposición de arsénico o radio, o a una condición hereditaria conocida como hemocromatosis. En alrededor de la mitad de todos los casos, no ha podido ser identificada una causa probable.

Estos tumores crecen rápidamente y por lo general, para el momento en que se detectan, se han propagado demasiado como para extirparlos quirúrgicamente. La quimioterapia y la radioterapia pueden ayudar a desacelerar el progreso de la enfermedad, pero la mayoría de los pacientes no vive más de un año después del diagnóstico.

Hepatoblastoma

Éste es un tipo de cáncer de hígado poco común que se origina en niños, generalmente los menores de cuatro años de edad. Las células del hepatoblastoma son similares a las células fetales del hígado. Alrededor del 70% de los niños con esta enfermedad tienen un tratamiento exitoso con cirugía y quimioterapia. La tasa de supervivencia es mayor de 90% para los hepatoblastomas en etapa temprana.

Cáncer secundario del hígado

La mayoría de las veces en que se detecta el cáncer en el hígado, no comenzó allí, sino que se propagó (hizo metástasis) desde otra parte del cuerpo, como el páncreas, el colon, el estómago, el seno, o el pulmón. A estos tumores se les nombra y trata según el lugar primario (donde se originaron). Por ejemplo, el cáncer que comenzó en los pulmones y se propagó al hígado se llama cáncer del pulmón con propagación al hígado, no cáncer de hígado. En los Estados Unidos y Europa, los tumores secundarios del hígado (metastásicos) son más comunes que el cáncer primario del hígado. Lo contrario resulta cierto para muchos lugares de Asia y África.

Para más información sobre las metástasis del hígado de los diferentes tipos de cáncer, comuníquese con la Sociedad Americana del Cáncer y solicite los documentos sobre estos tipos de cánceres y el documento “Cáncer avanzado”.

La mayor parte del contenido restante de este documento se refiere sólo al cáncer hepatocelular.

¿Qué indican las estadísticas clave sobre el cáncer de hígado?

Los cálculos más recientes de la Sociedad Americana del Cáncer indican lo siguiente en cuanto al cáncer primario de hígado y al cáncer intrahepático de los conductos biliares en los Estados Unidos para el 2010:

  • Alrededor de 24,120 nuevos casos (17,430 en hombres y 6,690 en mujeres) serán diagnosticados.
  • Aproximadamente 18,910 personas (12,720 hombres y 6,190 mujeres) morirán a causa de estos cánceres.

El porcentaje de estadounidenses que padece cáncer de hígado ha estado aumentando en la segunda mitad del siglo 20, aunque la tasa parece haberse mantenido estable en los años recientes. El número de casos actuales ha subido, pero esto se debe en parte al aumento en la población.

El cáncer de hígado es más común en los hombres que en las mujeres, aunque este cáncer es relativamente poco común en ambos grupos de este país. El riesgo promedio de un hombre de padecer cáncer de hígado o cáncer intrahepático de los conductos biliares durante su vida es de alrededor de 1 en 100, mientras que el riesgo promedio de la mujer es alrededor de 1 en 217). La mayoría de los casos ocurre en personas con ciertos factores de riesgo (consulte la sección "¿Cuáles son los factores de riesgo en el cáncer de hígado?").

La edad promedio en el momento del diagnóstico de cáncer de hígado es de 64 años. Más del 90% de las personas diagnosticadas con cáncer de hígado tienen más de 45 años de edad. Aproximadamente 4% de esas personas tienen entre 35 y 44 años de edad, y menos del 3% tienen menos de 35 años.

Este cáncer es muchas veces más común en países de África al sur del Sahara y sureste de Asia que en los Estados Unidos. En muchos de estos países el cáncer de hígado es el tipo más común de cáncer. Más de 500,000 personas son diagnosticadas con este cáncer cada año en el mundo.

¿Cuáles son los factores de riesgo del cáncer de hígado?

Un factor de riesgo es todo aquello que afecta la probabilidad de que usted padezca una enfermedad, como por ejemplo el cáncer. Los distintos tipos de cáncer conllevan diferentes factores de riesgo. Por ejemplo, la exposición a los rayos intensos del sol es un factor de riesgo para el cáncer de piel, mientras que el hábito de fumar es un factor de riesgo para varios tipos de cáncer.

Sin embargo, los factores de riesgo no lo indican todo. Presentar uno o incluso varios factores de riesgo no significa que dicha persona tendrá la enfermedad. Además, muchas personas que adquieren la enfermedad pueden no tener factores de riesgo conocidos.

Los científicos han encontrado varios factores de riesgo que hacen que las personas tengan mayores probabilidades de padecer el carcinoma hepatocelular (HCC).

Sexo

El carcinoma hepatocelular es muchas veces más común en los hombres que en las mujeres, aunque gran parte de esto se debe probablemente a comportamientos que afectan los factores de riesgo descritos anteriormente. El subtipo de HCC fibrolamelar ocurre aproximadamente en igual número en ambos sexos.

Raza/grupo étnico

En los Estados Unidos, los asiáticoamericanas y los isleños del Pacífico tienen las tasas más altas de cáncer de hígado, seguidos por los indios americanos/oriundos de Alaska y los hispanos/latinos, los afroamericanos y los blancos.

Hepatitis viral crónica

El factor de riesgo más común del cáncer de hígado es la infección crónica (a largo plazo) con el virus de la hepatitis B y el virus de la hepatitis C (HBV y HCV, por sus siglas en inglés). Estas infecciones causan cirrosis del hígado (vea información más adelante) y son las responsables de que el cáncer de hígado sea el tipo de cáncer más común en muchas partes del mundo.

En los Estados Unidos, las infecciones con hepatitis C es la causa más común de cáncer hepatocelular, mientras que en Asia y en los países en desarrollo, la hepatitis B es más común. Las personas infectadas con ambos virus tienen un riesgo muy alto de padecer hepatitis crónica, cirrosis y cáncer de hígado.

El HBV y el HCV se propagan de persona a persona por compartir agujas contaminadas (entre usuarios de drogas), sexo sin protección, o en nacimiento. Ellos también pueden ser pasados a través de transfusiones de sangre, aunque esto ha ocurrido pocas veces en los Estados Unidos desde que comenzó las pruebas de productos sanguíneos para estos virus. En los países en desarrollo, los niños algunas veces contraen infecciones de hepatitis B debido al contacto prolongado con familiares que están infectados.

De los dos virus, la infección con HBV es más probable que cause síntomas, como enfermedades parecidas a la gripe, y una pigmentación amarilla de los ojos (ictericia). No obstante, la mayoría de las personas se recuperan completamente de la infección con HBV dentro de pocos meses. Sólo un porcentaje muy pequeño de adultos se vuelven portadores crónicos (y tienen un riesgo mayor de cáncer de hígado). El riesgo es mayor en los infantes y los niños pequeños que se infectan.

Por otro lado, es menos probable que el HCV cause síntomas. Sin embargo, la mayoría de las personas con HCV contraen infecciones crónicas, las cuales con más probabilidad causen daño hepático o incluso cáncer.

Otros virus también pueden causar hepatitis, tal como el virus de la hepatitis A y el de la hepatitis E. Sin embargo, las personas infectadas con estos virus no contraen hepatitis crónica, ni cirrosis, y tampoco tienen un riesgo aumentado de cáncer de hígado.

Cirrosis

La cirrosis es una enfermedad en la que las células del hígado se han dañado y reemplazado por tejido cicatricial. Las personas con cirrosis tienen un riesgo aumentado de cáncer de hígado. La mayoría (no todas) de las personas que padecen cáncer de hígado ya tienen cierta evidencia de cirrosis.

Existen varias posibles causas para la cirrosis. En los Estados Unidos, la mayoría de los casos ocurre en personas que abusan del alcohol o que tienen infecciones crónicas con HBV o HCV. El hígado graso no debido a consumo de alcohol, una enfermedad en la que las personas que no consumen alcohol desarrollan un hígado graso, es bastante común (a menudo se observa en persona obesas). Las personas con un tipo de esta enfermedad conocida como esteatohepatitis no alcohólica pueden desarrollar cirrosis.

Ciertos tipos de enfermedades metabólicas hereditarias (vea información más adelante) pueden ocasionar problemas en el hígado, lo que conduce a cirrosis. Algunos tipos de enfermedades autoinmunes que afectan el hígado también pueden causar cirrosis.

Enfermedades metabólicas hereditarias

Ciertas enfermedades metabólicas hereditarias pueden causar cirrosis. Las personas con hemocromatosis absorben demasiado hierro del alimento que consumen. El hierro se asienta en tejidos por todo el cuerpo, incluyendo el hígado. Si se acumula suficiente hierro en el hígado, puede originarse cirrosis y cáncer de hígado. Otras enfermedades poco comunes que aumentan el riesgo de cáncer de hígado incluyen:

  • Tirosinemia.
  • Deficiencia de antitripsina alfa-1.
  • Porfiria cutánea tarda.
  • Enfermedad por almacenamiento de glucógeno.
  • Enfermedad de Wilson.

Diabetes

La diabetes también puede aumentar el riesgo de cáncer de hígado, usualmente en los pacientes que tienen otros factores de riesgo, tales como consumo exagerado de alcohol y/o hepatitis crónica viral.

Obesidad

La obesidad puede aumentar el riesgo de padecer cáncer de hígado, probablemente debido a que puede causar enfermedad del hígado graso y cirrosis.

Aflatoxinas

Estas sustancias que causan cáncer son producidas por un hongo que contamina al maní, el trigo, la soya, las nueces molidas, el maíz y el arroz. Almacenar estos productos en un ambiente húmedo caliente puede causar el crecimiento de este hongo. Aunque esto puede ocurrir en casi cualquier parte del mundo, es más común en países tropicales y más calientes. Los países desarrollados en Europa y los Estados Unidos realizan pruebas para regular el contenido de aflatoxinas en los alimentos. La exposición prolongada a estas sustancias es un factor de riesgo principal para el cáncer de hígado. El riesgo aumenta aún más en las personas con infecciones de hepatitis B o C.

Cloruro de vinilo y dióxido de torio (Thorotrast)

La exposición a estos químicos aumenta el riesgo de angiosarcoma del hígado (vea la sección "¿Qué es el cáncer de hígado?"). También aumentan el riesgo de padecer colangiocarcionma y cáncer hepatocelular, pero a un grado mucho menor. El cloruro de vinilo es un químico que se usa en la fabricación de algunos tipos de plástico. El Thorotrast es un químico que se les inyectaba antes a algunos pacientes como parte de ciertas pruebas radiológicas. Cuando se identificaron las propiedades cancerígenas de estos químicos, se tomaron medidas para eliminarlos o para reducir la exposición a éstos. El Thorotrast ya no se usa y la exposición de los trabajadores al cloruro de vinilo está regulada estrictamente.

Esteroides anabólicos

Los esteroides anabólicos son hormonas masculinas que algunos atletas utilizan para aumentar su fuerza y masa muscular. El uso prolongado de los esteroides anabólicos puede aumentar levemente el riesgo de cáncer hepatocelular. Los esteroides parecidos a la cortisona, como la hidrocortisona, la prednisona y la dexametasona, no conllevan este mismo riesgo.

Arsénico

La exposición crónica al agua potable contaminada naturalmente con arsénico, como la obtenida de algunos pozos, aumenta el riesgo de algunos tipos de cáncer de hígado. Esto es más común en el este de Asia, aunque también puede ser un asunto de preocupación en algunas áreas de los Estados Unidos.

Factores con efectos inciertos, controversiales o no comprobados en el riesgo de cáncer de hígado

Píldoras anticonceptivas

Las pastillas anticonceptivas, también conocidas como contraceptivos orales, son una causa de los tumores benignos llamados adenomas hepáticos. Sin embargo, se desconoce si aumentan el riesgo de cáncer hepatocelular. Algunos de los estudios que han analizado este asunto han sugerido que pudiera haber una asociación, aunque la mayoría de los estudios no fueron de alta calidad y evaluaron tipos de pastillas que ya no se usan. Las pastillas anticonceptivas modernas tienen diferentes tipos de estrógeno, diferentes dosis de estrógeno y diferentes combinaciones de estrógenos con otras hormonas. No se conoce si las pastillas nuevas aumentan el riesgo de cáncer de hígado.

Consumo de tabaco

Algunos estudios han encontrado una asociación entre el hábito de fumar y el cáncer de hígado, pero se desconoce qué tan cierta sea esta relación. Esta asociación parece ser mayor entre las personas con hepatitis viral o que beben mucho alcohol.

¿Conocemos las causas del cáncer de hígado?

Aunque conocemos varios de los riesgos del cáncer hepatocelular, sólo se entiende parcialmente la manera en que estos factores hacen que las células normales del hígado se tornen cancerosas.

El cáncer se origina cuando ocurre daño al ADN de las células. El ADN es el químico en cada una de nuestras células que porta nuestros genes (las instrucciones sobre cómo funcionan nuestras células). Por lo general, nos parecemos a nuestros padres porque ellos son la fuente de nuestro ADN. Sin embargo, el ADN afecta más que nuestra apariencia externa, pues puede influir nuestro riesgo de padecer ciertas enfermedades, como lo son algunos tipos de cáncer.

Algunos genes contienen instrucciones para controlar cuándo las células deben crecer y dividirse. Los genes que promueven la división celular son llamados oncogenes. Los genes que desaceleran la división celular o que causan que las células mueran en el momento oportuno se llaman genes supresores de tumores. El cáncer puede ser causado por cambios en el ADN que activan los oncogenes o desactivan los genes supresores de tumores.

Se sabe que ciertos químicos que causan el cáncer de hígado, tales como las aflatoxinas, dañan el ADN de las células del hígado. Por ejemplo, se ha demostrado en algunos estudios que las aflatoxinas pueden dañar al gen supresor p53, que normalmente tiene como función evitar que las células crezcan demasiado. El daño al ADN p53 puede resultar en un crecimiento aumentado de células anormales y la formación del cáncer.

La infección de las células del hígado con los virus de la hepatitis también puede dañar al ADN. Estos virus tienen su propio ADN, que porta las instrucciones sobre cómo infectar a las células y producir más virus. En algunos pacientes, este ADN viral puede introducirse en el ADN de una célula del hígado, donde puede afectar los genes de la célula. Sin embargo, los científicos aún no saben exactamente cómo esto resulta en cáncer.

Aunque los científicos están comenzando a entender cómo se origina el cáncer de hígado, aún queda mucho por aprender. El cáncer de hígado claramente tiene muchas causas diferentes, y existen sin duda muchos genes diferentes involucrados en su desarrollo. En años recientes, los científicos han creado nuevos recursos que les permiten analizar la actividad de miles de genes al mismo tiempo en una muestra de tumor hepático. Esto probablemente tenga un efecto importante en el estudio de cáncer de hígado en un futuro cercano. Se espera que una mejor comprensión de la enfermedad contribuya a que los médicos desarrollen mejores maneras de prevenir y tratar el cáncer de hígado.

¿Se puede prevenir el cáncer de hígado?

Muchos tipos de cáncer de hígado se pueden prevenir con medidas de salud pública que reduzcan la exposición a los factores de riesgo conocidos de esta enfermedad.

Evitar y tratar las infecciones de hepatitis

En todo el mundo, el factor de riesgo más significativo para el cáncer de hígado es la infección crónica con el virus de la hepatitis B (HBV) y el virus de la hepatitis C (HCV).

Desde principios de los años 80’, ha estado disponible una vacuna para ayudar a prevenir la infección con hepatitis B. Los Centros para el Control y Prevención de las Enfermedades (CDC) recomiendan que todos los niños, así como los adultos, en riesgo (profesionales de la salud, personas cuyo comportamiento pueden ponerlos en riesgo, etc.), reciban esta vacuna para reducir el riesgo de hepatitis y cáncer de hígado.

No existe vacuna alguna contra la hepatitis C. El prevenir la infección con HCV y HBV en las personas que no están inmunizadas se basa en comprender cómo estas infecciones ocurren. Estos virus se propagan por compartir agujas contaminadas (entre usuarios de drogas), sexo sin protección, o a través del nacimiento.

En el pasado, las transfusiones de sangre también eran una fuente principal de infección, pero esto ocurre en muy raras ocasiones. En los Estados Unidos, los bancos de sangre realizan pruebas en la sangre donada para detectar estos virus. Toda la sangre infectada se desecha. Gracias a las pruebas de detección, el riesgo de contraer una infección de hepatitis por una transfusión de sangre es extremadamente bajo.

Se les debe hacer pruebas a las personas en alto riesgo de hepatitis B o C para determinar si tienen estas infecciones, de tal manera que pueda ser monitoreado el desarrollado de una enfermedad del hígado, y ser tratada si es necesario. Se pueden usar varios medicamentos para tratar la hepatitis B y C.

Para tratar la hepatitis C crónica, a menudo se usan dos medicamentos, el interferón alfa y el ribavirin. El interferón se puede administrar solo o con ribavirin. El tratamiento combinado usando una forma más nueva de interferón (peg-interferón) y ribavirin parece ser el tratamiento más eficaz en estos momentos. Por lo general, el tratamiento dura de seis meses a un año y puede eliminar el virus de hepatitis C en muchas personas. Uno de los problemas con este tratamiento consiste en que puede causar efectos secundarios graves, incluyendo síntomas parecidos a la gripe, cansancio, depresión, y bajos recuentos sanguíneos, lo que puede ser difícil para el paciente.

Un número de medicamentos puede ser usado para tratar la hepatitis B crónica, incluyendo el interferón (y peg-interferón), lamivudina (Epivir-HBV), adefovir (Hepsera), entecavir (Baraclude) y telbivudine (Tyzeka) y tenofovir (Viread). Estos medicamentos han mostrado que reducen el número de virus en la sangre y disminuyen el daño al hígado. Aunque no curan la enfermedad, estos medicamentos reducen el riesgo de cirrosis y pueden disminuir el riesgo de cáncer de hígado.

Limitar el alcohol y el uso de tabaco

En los Estados Unidos, el abuso del alcohol continúa siendo la causa principal de la cirrosis que causa cáncer de hígado. La prevención de los tipos de cáncer de hígado asociados con el abuso del alcohol sigue siendo un desafío. Dejar de fumar también puede reducir ligeramente el riesgo de cáncer de hígado, así como reducir el riesgo de muchas otras enfermedades que pueden amenazar la vida.

Limitar la exposición de químicos que causan cáncer

El cambiar la manera en que se almacenan ciertos granos en los países tropicales y subtropicales puede reducir la exposición a las sustancias causantes de cáncer como las aflatoxinas. Muchos países desarrollados ya tienen leyes para prevenir y vigilar la contaminación de los granos.

La mayoría de los países desarrollados también tienen reglamentos para proteger a los consumidores y los trabajadores de los químicos que causan cáncer. Estos reglamentos han descartado ciertos químicos como causa de cáncer de hígado. La Agencia para la Protección Ambiental (EPA) recientemente redujo el nivel permitido de arsénico en el agua potable en los Estados Unidos. Sin embargo, esto puede seguir siendo un problema en áreas del mundo donde el arsénico llega naturalmente hasta el agua potable.

Tratamiento de enfermedades que aumentan el riesgo del cáncer de hígado

Ciertas enfermedades hereditarias pueden causar cirrosis hepática y aumentar el riesgo del cáncer de hígado. El detectar y tratar estas enfermedades a tiempo en la vida puede reducir este riesgo. Por ejemplo, a todos los niños en familias con hemocromatosis se les debe hacer las pruebas para detectar la enfermedad y tratarla si la tienen. El tratamiento disminuye el consumo de hierro y extrae pequeñas cantidades de sangre para utilizar el exceso de almacenamiento de hierro en el cuerpo.

¿Se puede encontrar temprano el cáncer de hígado?

Debido a que los signos y los síntomas del cáncer de hígado generalmente no aparecen hasta que se encuentra en sus etapas avanzadas, raras veces se diagnostica temprano. Los tumores pequeños del hígado son difíciles de detectar mediante un examen físico porque las costillas derechas cubren la mayor parte del hígado. Para cuando un tumor puede ser palpado, puede que ya sea bastante grande.

Muchos pacientes que padecen cáncer de hígado tienen cirrosis (formación de tejido cicatricial causada por el daño a las células hepáticas) desde hace tiempo. Si un paciente de cirrosis empeora sin razón aparente, los médicos deben sospechar que la causa pudiera ser el cáncer de hígado y deben realizar las pruebas correspondientes.

Si se conoce que la persona tiene cirrosis, independientemente de la causa, la mayoría de los médicos recomiendan pruebas de detección para el cáncer de hígado cada seis meses con pruebas de alfafetoproteína (AFP) y ecografía. Sin embargo, aún no está claro si las pruebas de detección darán como resultado un tratamiento más eficaz contra el cáncer de hígado.

Análisis de sangre de la alfafetoproteína

La alfafetoproteína (AFP) es una proteína que normalmente se encuentra en altos niveles en la sangre de los fetos, pero que desaparece poco después del nacimiento. Si se encuentra en la sangre de los adultos, esto sugiere que ellos pudieran tener cáncer de hígado o algunos tipos de tumores de células germinales de los testículos (en hombres) o de los ovarios (en las mujeres). También puede ser encontrada en la sangre de las mujeres embarazadas y puede ser usaba para ayudar a diagnosticar algunos defectos de nacimiento y otros problemas con el feto antes del parto.

Las pruebas de la AFP se usan para detectar tumores iniciales en las personas que tienen un alto riesgo de padecer cáncer de hígado. Sin embargo, por lo general no se recomienda como prueba de rutina para detectar el cáncer de hígado en las personas en riesgo promedio ya que hay problemas potenciales con su uso.

Algunos tumores del hígado no producen mucha cantidad de esta proteína.

  • Con frecuencia, para cuando el nivel de AFP está elevado, el tumor es demasiado grande como para que se pueda extirpar o se ha propagado fuera del hígado.
  • Algunas enfermedades no cancerosas del hígado también pueden aumentar los niveles de la AFP.

En los lugares en los que el cáncer de hígado es muy común, el uso del análisis de sangre de la AFP para detectar este cáncer ha resultado en la detección de muchos tumores en una etapa más temprana. Aun así, muchos expertos creen que las pruebas de la AFP no son lo suficientemente sensibles para las personas que viven en los Estados Unidos y en Europa, por lo que recomiendan la ecografía (vea información más adelante) como prueba principal, y se sigue midiendo el nivel de AFP.

Ecografía

La ecografía es una prueba que usa ondas sonoras y sus ecos para crear una imagen de los órganos internos o masas. Un pequeño instrumento llamado transductor emite ondas sonoras y recoge los ecos cuando rebotan en los órganos. Una computadora convierte los ecos en una imagen en blanco y negro que aparece en un monitor. Este estudio puede mostrar masas (tumores) que están creciendo en el hígado, las cuales entonces pueden someterse a prueba para determinar si son cancerosas, si es necesario.

Éste es un procedimiento muy fácil de realizar. No usa radiación, razón por la que a menudo se usa para examinar fetos en desarrollo. En la mayoría de los exámenes de ecografía, usted simplemente se acuesta en una mesa mientras el transductor (en forma de varita) se coloca en la piel sobre la parte del cuerpo bajo estudio. Generalmente, se lubrica primero la piel con gel.

Esta prueba se usa en las personas que tienen ciertos factores de riesgo de cáncer de hígado para ayudar a detectarlo más temprano. Muchos expertos recomiendan que la prueba debe hacerse cada seis a doce meses. Sin embargo, nadie sabe con certeza con cuanta frecuencia se debe hacer.

¿Quién debe hacerse las pruebas de detección?

Las pruebas de detección del cáncer de hígado no se recomiendan para las personas que no tienen un riesgo aumentado. Actualmente, no existen pruebas de detección que los médicos consideren lo suficientemente precisas como para hacérselas a la población general.

Las personas con un riesgo más alto de cáncer de hígado pueden beneficiarse de las pruebas de detección. Muchos doctores recomiendan las pruebas para ciertos grupos. Esto incluye a las personas con cirrosis (por cualquier causa), especialmente si la cirrosis es tan grave que el paciente está en una lista de espera para un trasplante de hígado. Sin pruebas de detección, mientras la persona espera por un trasplante, un cáncer puede ocurrir y volverse tan avanzado que sea incurable. Por lo general, encontrar el cáncer temprano aumenta la probabilidad de que el paciente sobreviva por más tiempo. El cáncer detectado temprano también hará que la persona adquiera prioridad en la lista de espera para el trasplante.

La mayoría de los médicos también recomienda que ciertas personas con infecciones crónicas de HBV o HCV se hagan las pruebas, especialmente las que tienen un antecedente en la familia de cáncer de hígado. En otros grupos con riesgo aumentado, los beneficios de las pruebas puede que no sean tan claros. Si cree que está en riesgo aumentado para el cáncer de hígado, pregúntele a su médico si las pruebas son una buena opción para usted.

¿Cómo se diagnostica el cáncer de hígado?

Muchos cánceres de hígado no son encontrados sino hasta que comienzan a causar síntomas. En este punto ya pudieran estar en una etapa avanzada.

Signos y síntomas del cáncer de hígado

Aunque los signos y los síntomas generalmente no se presentan hasta las etapas avanzadas del cáncer de hígado, a veces pueden presentarse temprano y resultar en un diagnóstico más temprano. Si acude al médico cuando comienza a notar los síntomas, es posible que el cáncer se diagnostique y trate cuando aún es curable. O al menos, podría vivir más tiempo con una mejor calidad de vida. Algunos de los síntomas más comunes del cáncer de hígado son:

  • Pérdida de peso (cuando no está tratando de perder peso).
  • Pérdida de apetito.
  • Sensación de llenura tras comer poco.
  • Náuseas o vómitos.
  • Fiebre.
  • Agrandamiento del hígado (se siente como una masa debajo de las costillas del lado derecho).
  • Agrandamiento del bazo (se siente como una masa debajo de las costillas del lado izquierdo).
  • Dolor persistente en el abdomen.
  • Hinchazón o acumulación de líquido en el abdomen.
  • Picazón, comezón.
  • Coloración amarillenta de la piel y los ojos (ictericia).
  • Venas agrandadas en el abdomen que se vuelven visibles a través de la piel.
  • Deterioro en su condición si usted tiene hepatitis crónica o cirrosis.

Muchos de los signos y síntomas de cáncer de hígado también pueden ser causados por otras condiciones. No obstante, si tiene cualquiera de estos problemas, es importante que consulte con su doctor de inmediato para que se pueda determinar la causa y recibir tratamiento de ser necesario.

Algunos tumores del hígado producen hormonas que actúan en otros órganos aparte del hígado. Estas hormonas pueden causar:

  • Altos niveles de calcio en la sangre (hipercalcemia), lo que puede causar nausea, confusión, estreñimiento, debilidad o problemas musculares.
  • Bajos niveles de azúcar en la sangre (hipoglucemia), lo que puede causar cansancio o debilidad.
  • Aumento del tamaño de los senos (ginecomastia) y/o reducción del tamaño de los testículos en los hombres.
  • Altos niveles de glóbulos rojos (eritrocitosis), lo que puede causar enrojecimiento y sensación de rubor.

Estos raros hallazgos pueden hacer que los médicos sospechen que la persona tiene una enfermedad del sistema nervioso o de las glándulas endocrinas (productoras de hormonas), en lugar de cáncer de hígado.

Si usted presenta uno o más de estos síntomas, su médico tratará de determinar si se deben a cáncer de hígado o a alguna otra causa.

Historial médico y examen físico

Su médico analizará la historia médica completa para determinar los factores de riesgo y los síntomas. Su médico también le hará un examen para detectar signos de cáncer de hígado y otros problemas médicos. El médico prestará probablemente atención especial a su abdomen.

Si los síntomas y/o los resultados del examen físico sugieren la presencia de cáncer de hígado, probablemente se realizarán más pruebas. Estas pruebas pudieran incluir estudios por imágenes, pruebas de laboratorio y otros procedimientos.

Estudios por imágenes

Los estudios por imágenes utilizan rayos X, campos magnéticos u ondas sonoras para obtener imágenes del interior de su cuerpo. Los estudios por imágenes se pueden hacer por un número de razones, incluyendo ayudar a encontrar un área sospechosa que pudiera ser cancerosas, saber cuán lejos se ha propagado el cáncer y ayudar a determinar si el tratamiento ha sido eficaz.

Ecografía

Este estudio se usa para encontrar masas en el hígado. Se describe en la sección "¿Se puede detectar el cáncer de hígado en sus etapas iniciales?"

Tomografía computarizada

La tomografía computarizada (computed tomography, CT) es un procedimiento radiológico que produce imágenes transversales detalladas de su cuerpo. Este estudio es muy útil para identificar muchos tipos de tumores del hígado. Puede proporcionar información precisa sobre el tamaño, forma y posición de cualquier tumor que se encuentre en el hígado o en cualquier lugar en el abdomen.

En lugar de tomar una sola imagen, como se hace en una radiografía convencional, una tomografía computarizada toma muchas imágenes mientras rota a su alrededor. Luego una computadora combina éstas en imágenes de las secciones de la parte de su cuerpo bajo estudio.

Antes de tomar cualquier imagen, se le podrá solicitar que beba aproximadamente entre una y dos pintas de un contraste oral. Esto ayuda a delinear el intestino para que no se vayan a pasar por alto los tumores. También es posible que le apliquen una línea intravenosa mediante la cual se le inyecte una clase diferente de contraste (contraste IV). Esto ayuda a delinear mejor las estructuras en su cuerpo.

La inyección puede causar cierto enrojecimiento y sensación de calor. Algunas personas son alérgicas y les da urticaria o raras veces otras reacciones más graves como dificultad para respirar y baja presión arterial. Asegúrese de decirle al médico si alguna vez ha tenido alergias o una reacción a cualquier material de contraste utilizado para los rayos X.

Una CT toma más tiempo que las radiografías comunes. Necesita acostarse inmóvil sobre una camilla mientras se realiza el estudio. Durante el estudio, la camilla se mueve hacia adentro y hacia afuera del escáner, una máquina en forma de anillo que rodea completamente la camilla. Es posible que se sienta un poco confinado por el anillo dentro del cual permanece acostado durante la captura de las imágenes.

Para la CT espiral con portografías (imágenes de la vena porta, la cual es la vena grande que conduce al hígado desde el intestino), el material de contraste se inyecta en las venas que llegan al hígado, para ayudar a encontrar tumores en el área.

Imágenes por resonancia magnética

Al igual que la CT, las imágenes por resonancia magnética (magnetic resonance imaging, MRI) proveen imágenes detalladas de los tejidos blandos del cuerpo. Sin embargo, el MRI utiliza ondas de radio e imanes potentes en lugar de rayos X. Se absorbe la energía de las ondas de radio y luego se libera en un patrón específico que depende del tipo de tejido corporal y de ciertas enfermedades. Una computadora traduce el patrón en una imagen muy detallada de las partes del cuerpo. Un material de contraste, llamado gadolinio, a menudo se inyecta en una vena antes de realizar el estudio para mostrar con más claridad los detalles.

Las imágenes por resonancia magnética pueden ser muy útiles para observar los cánceres de hígado. En ocasiones se puede distinguir un tumor benigno de uno maligno.

Las imágenes por resonancia magnética pueden ser un tanto más incómodas que la tomografía computarizada. A menudo pueden tomar hasta una hora. A usted lo pueden introducir en un tubo grande y cilíndrico que lo restringe y puede afectar a las personas que temen a los lugares encerrados. Hay equipo de MRI más nuevo, abierto, que se puede usar si es necesario. La máquina de MRI produce un zumbido y ruidos de chasquido que puede resultar incómodo. En algunos lugares se ofrecen tapones para los oídos con el fin de bloquear este ruido.

Angiografía

La angiografía es un procedimiento radiológico para examinar los vasos sanguíneos. Se inyecta un medio de contraste en una arteria antes de que se tomen las radiografías. El tinte delinea los vasos sanguíneos en las imágenes radiográficas. La angiografía puede ser útil para mostrar las arterias que le suplen sangre a un cáncer de hígado. Esta información puede ayudar a los cirujanos a decidir si un cáncer se puede extirpar y, de ser así, puede ayudar a planificar la operación.

Este procedimiento puede ser incómodo porque usted tiene que permanecer inmóvil mientras el médico coloca un pequeño catéter (un tubo hueco y flexible) en la arteria que conduce al hígado para inyectar el tinte. Usualmente el catéter se coloca en una arteria en la parte interna del muslo y se guía hasta la arteria del hígado. Se suele administrar un anestésico local para adormecer el área antes de realizar la inserción. Luego se inyecta rápidamente el tinte para delinear todos los vasos mientras se toman las radiografías.

La angiografía también se puede hacer con un explorador de CT (angiografía por CT) o un explorador MRI (angiografía por MRI). Estas técnicas proveen información sobre los vasos sanguíneos en el hígado sin la necesidad de un catéter, aunque usted aún necesitará una línea intravenosa para que el tinte de contraste pueda ser inyectado en el torrente sanguíneo durante el estudio por imágenes.

Para más información sobre estos procedimientos por imágenes remítase al documento "Estudios de imágenes (radiológicos)".

Otros procedimientos

Laparoscopia

En este procedimiento, un médico usa un tubo delgado con una fuente de luz conectado a una cámara de vídeo para observar el hígado y otros órganos internos. El tubo se inserta a través de una pequeña incisión en el frente del abdomen. La laparoscopia provee una perspectiva de los órganos, que puede ayudar en la planificación de la cirugía o de otros tratamientos. Además, los médicos pueden usar pequeños instrumentos a través de este tubo para extraer muestras de tejido (biopsias) para observarlas en un microscopio.

La laparoscopia se practica generalmente en un centro ambulatorio, pero sigue siendo una operación. A usted se le sedará (ponerle a dormir), y el área donde se hará la incisión estará adormecida. Debido a que el cirujano sólo hace una pequeña incisión para introducir los tubos, usted no debe sentir mucho dolor después de la cirugía. Usted podrá regresar a casa después de que se recupere de la anestesia.

Biopsia

En la mayoría de los casos, la única manera de confirmar la presencia de cáncer de hígado es haciendo una biopsia (muestra del tejido del tumor) y observando la muestra en un microscopio. Sin embargo, en algunos casos, si los estudios por imágenes (la tomografía computarizada o las imágenes por resonancia magnética) muestran un tumor en el hígado que probablemente sea canceroso y los análisis de sangre revelan un nivel de AFP muy alto, es posible que no sea necesaria una biopsia.

Se pueden usar varios métodos de biopsia para tomar muestras del tejido del hígado.

Biopsia quirúrgica: en algunos casos, no se obtiene una muestra de biopsia hasta que se hace la cirugía para tratar el tumor. Durante una operación quirúrgica se puede hacer una biopsia incisional (extracción de un pedazo del tumor) o se puede hacer una biopsia escisional (extracción del tumor en su totalidad con algo de tejido normal del hígado adyacente). No obstante, puesto que los médicos generalmente prefieren conocer el tipo exacto de tumor antes de la cirugía, se usan con frecuencia otros tipos de métodos de biopsia.

Biopsia con aguja: si el tumor es grande, o se ha propagado por todo el hígado, se puede colocar una aguja hueca a través de la piel en el abdomen hasta llegar al hígado. Antes de introducir la aguja, se adormece primero la piel con anestesia local.

Se pueden usar agujas de diferentes tamaños. Para realizar una biopsia por aspiración con aguja fina (FNA), se succionan células tumores en una aguja muy delgada con una jeringa. Por lo general, esto confirma el cáncer, pero no provee mucha información sobre cómo están agrupadas las células cancerosas. Por esta razón, los médicos a menudo usan una aguja ligeramente más grande para obtener una muestra mayor. Esto se conoce como biopsia por punción con aguja gruesa.

Si el tumor es más pequeño, el médico puede utilizar la ecografía o la tomografía computarizada para guiar la aguja. En este método el médico va avanzando lentamente la aguja mientras verifica su posición con uno de estos estudios por imágenes. Cuando las imágenes muestran que la aguja se encuentra en el tumor, se extrae una muestra y se envía al laboratorio para analizarla con un microscopio.

Biopsia laparoscópica: las muestras de la biopsia también se pueden tomar durante una laparoscopia. Esto le permite al médico observar la superficie del hígado y tomar muestras de áreas que parezcan anormales.

Análisis de laboratorio

Es posible que su médico ordene pruebas de laboratorio por un número de razones:

  • Para ayudar a diagnosticar el cáncer de hígado.
  • Para determinar cuán bien el hígado está funcionando, lo que puede afectar qué tipos de tratamientos usted puede recibir.
  • Para obtener una idea de su estado de salud general y cuán bien están funcionando sus otros órganos, lo que también puede afectar qué tipos de tratamientos usted puede recibir.
  • Para saber cuán bien está funcionando el tratamiento.
  • Para identificar signos de que el cáncer ha vuelto a aparecer después de un tratamiento.

Análisis de sangre de la alfafetoproteína

Esta prueba se describe en la sección "¿Se puede detectar el cáncer de hígado en sus etapas iniciales?" Puede ser útil en determinar si una masa del hígado pudiera ser cáncer, aunque no es preciso en cada caso. Un nivel bajo o normal en esta prueba no significa que hay cáncer, aunque un nivel muy alto sí puede indicar que se trata de cáncer de hígado. También puede ser útil en las personas diagnosticadas con cáncer de hígado. Además, el nivel de alfafetoproteína (AFP) puede ayudar a determinar qué opciones de tratamiento pudieran ser adecuadas. La prueba también puede usarse para ayudar a dar una idea de cuán bien está funcionando el tratamiento, ya que el nivel de AFP debe bajar después del tratamiento. También puede ser usada después del tratamiento para identificar posibles signos de que el cáncer ha regresado (recurrido).

Otros análisis de sangre

Pruebas de la función hepática (LFTs): debido a que el cáncer de hígado a menudo surge en los hígados que han sufrido daños, los médicos necesitan saber en qué estado se encuentra su hígado antes de comenzar con su tratamiento. Una serie de análisis de sangre puede ayudar con esto. Estas pruebas pueden evaluar el estado de la parte de su hígado no afectado por el cáncer. Las pruebas miden los niveles de ciertas sustancias en su sangre, tal como la bilirrubina, la albúmina, la fosfatasa alcalina, AST, ALT, y GGT. Si su hígado no está saludable, es posible que usted no pueda someterse a una cirugía curativa ya que la cirugía pudiera requerir que el médico extirpe una buena parte de su hígado. Éste es un problema común en las personas con cáncer de hígado.

Pruebas de coagulación de la sangre: el hígado también produce proteínas que ayudan a que la sangre se coagule cuando usted tiene sangrado. Un hígado dañado puede que no produzca suficientes de estos factores de coagulación, lo que pudiera aumentar su riesgo de hemorragia. Es posible que su médico ordene análisis de sangre, tales como tiempo de protrombina (PT) para evaluar este riesgo.

Pruebas de hepatitis viral: si aún no se ha diagnosticado el cáncer de hígado, su médico también pudiera ordenar otros análisis de sangre, como pruebas para detectar hepatitis B y C. Si los resultados muestran que usted ha sido infectado con cualquiera de estos virus, hay una probabilidad mayor de que se trate de cáncer de hígado.

Pruebas de la función renal: a menudo se realizan pruebas para medir la cantidad del nitrógeno de urea en la sangre (BUN) y los niveles de creatinina para evaluar cuán bien funcionan sus riñones.

Recuento sanguíneo completo (CBC): esta prueba mide los niveles de glóbulos rojos, glóbulos blancos (los cuales combaten infecciones) y las plaquetas (las cuales ayudan con la coagulación de la sangre). Además, provee una idea de cómo está funcionando la médula ósea, una sustancia que se encuentra en el interior de ciertos huesos donde se producen nuevas células sanguíneas.

Electrolitos y análisis químicos de la sangre: se puede verificar el nivel de calcio en la sangre, ya que el cáncer de hígado puede elevar este nivel. A veces, el cáncer de hígado puede aumentar el nivel de colesterol. Por lo tanto, también se verificará el nivel de colesterol en la sangre.

¿Cómo se clasifica por etapas el cáncer de hígado?

La clasificación por etapas (estadios) es el proceso de descubrir cuánto se ha propagado el cáncer. La etapa de un cáncer de hígado es uno de los factores más importantes para considerar las opciones de tratamiento.

El sistema de clasificación por etapas es una manera estandarizada que tiene su equipo de profesionales de atención del cáncer para resumir la información sobre cuánto se ha propagado un cáncer. Los médicos usan sistemas de clasificación por etapas para obtener una idea del pronóstico del paciente y para tratar de determinar el tratamiento más apropiado.

Existen varios sistemas de clasificación por etapas para el cáncer de hígado, y no todos los médicos utilizan el mismo sistema.

Sistema TNM de la American Joint Committee on Cancer (AJCC)

El sistema principal de clasificación por etapas utilizado para describir las etapas del cáncer de hígado es el sistema TNM de la American Joint Committee on Cancer (AJCC). Este sistema se basa en los resultados del examen físico, los estudios por imágenes (ecografía, CT, MRI, etc.) y otras pruebas que se describen en la sección “¿Cómo se diagnostica el cáncer de hígado?”.

El sistema TNM de clasificación por etapas contiene tres piezas clave de información:

  • La letra T describe el número y el tamaño del tumor(s) primario, medido en centímetros (cm), y si el cáncer ha crecido hacia los órganos adyacentes al tumor.
  • La N describe la extensión de la propagación a los ganglios linfáticos adyacentes (nódulos).
  • La M indica si el cáncer ha hecho metástasis (se ha propagado) a otros órganos del cuerpo (El cáncer de hígado se propaga con más frecuencia a los pulmones y a los huesos).

Los números y las letras que aparecen después de la T, N y M proporcionan más detalles sobre cada uno de estos factores:

  • Los números del 0 al 4 indican gravedad en orden ascendente.
  • La letra X significa que “no puede ser evaluado” debido a que la información no está disponible.

Grupos T

  • TX: no se puede evaluar el tumor primario.
  • T0: no existe evidencia de tumor primario.
  • T1: un solo tumor (de cualquier tamaño) que no ha crecido hacia los vasos sanguíneos.
  • T2: un solo tumor (de cualquier tamaño) que ha crecido hacia los vasos sanguíneos, O más de un tumor sin que ninguno mida más de 5 cm (aproximadamente dos pulgadas) de ancho.
  • T3a: muchos tumores con por lo menos uno que mide más de 5 cm (alrededor de dos pulgadas) de ancho.
  • T3b: por lo menos un tumor ha crecido hacia una rama principal de las venas grandes del hígado (venas hepáticas y la vena porta).
  • T4: el tumor creció hacia un órgano adyacente (además de la vesícula biliar), O el tumor crece hacia la capa delgada de tejido que cubre y rodea el hígado (llamada peritoneo visceral).

Grupos N

  • NX: no se pueden evaluar los ganglios linfáticos regionales.
  • N0: no hay propagación a los ganglios linfáticos regionales (cercanos).
  • N1: propagación a los ganglios linfáticos regionales

Grupos M

  • MX: no se puede evaluar la presencia de propagación a distancia.
  • M0: no hay propagación a los ganglios linfáticos distantes ni a otros órganos.
  • M1: el cáncer se ha propagado a ganglios linfáticos distantes o a otros órganos.

Agrupación de las etapas

Los grupos T, N y M son entonces combinados para proporcionar una etapa general:

Etapa I: T1, N0, M0: hay un solo tumor (de cualquier tamaño) que no ha crecido hacia ningún vaso sanguíneo. El cáncer no se propagó a los ganglios linfáticos cercanos ni a sitios distantes.

Etapa II: T2, N0, M0: hay un solo tumor (cualquier tamaño) que crece hacia los vasos sanguíneos; O hay varios tumores, y todos miden menos de 5 cm (2 pulgadas) de diámetro. El cáncer no se propagó a los ganglios linfáticos cercanos ni a sitios distantes.

Etapa IIIA: T3a, N0, M0: hay varios tumores, y por lo menos uno mide más de 5 cm (dos pulgadas) de ancho. El cáncer no se propagó a los ganglios linfáticos cercanos ni a sitios distantes.

Etapa IIIB: T3b, N0, M0: por lo menos un tumor está creciendo hacia una rama de los vasos sanguíneos principales del hígado (vena hepática o vena porta). El cáncer no se propagó a los ganglios linfáticos cercanos ni a sitios distantes.

Etapa IIIC: T4, N0, M0: un tumor crece hacia un órgano adyacente (a parte de la vesícula biliar); O un tumor ha crecido hacia la capa exterior del hígado. El cáncer no se propagó a los ganglios linfáticos cercanos ni a sitios distantes.

Etapa IVA: cualquier T, N1, M0: tumores en el hígado de cualquier tamaño o número que pudieron haber crecido hacia los vasos sanguíneos u órganos cercanos. El cáncer ha invadido a los ganglios linfáticos adyacentes. El cáncer no se propagó a localizaciones distantes.

Etapa IVB: cualquier T, cualquier N, M1: el cáncer se ha propagado a otras partes del cuerpo. (Tumores pueden ser de cualquier tamaño o número, y los ganglios linfáticos adyacentes pueden estar afectados o tal vez no).

Otros sistemas de clasificación del cáncer de hígado

Los sistemas de clasificación para la mayoría de los tipos de cáncer dependen únicamente de la extensión de la enfermedad. Sin embargo, el cáncer de hígado es complicado por el hecho de que, además del cáncer, la mayoría de los pacientes presentan daño al hígado. Esto también tiene un efecto en las opciones de tratamiento y el pronóstico.

Aunque el sistema TNM define la extensión del cáncer de hígado con cierto detalle, no toma en consideración la función hepática. Se han desarrollado otros sistemas de clasificación que incluyen ambos factores:

  • El sistema “Barcelona-Clinic Liver Cancer” (BCLC).
  • El sistema “Cancer of the Liver Italian Program” (CLIP).
  • El sistema Okuda.

Estos sistemas de clasificación por etapas no han sido comparados entre sí, y actualmente no existe un sólo sistema de clasificación que todos los médicos usen. Si tiene preguntas sobre la etapa de su cáncer o sobre qué sistema usa su médico, asegúrese de preguntar.

Puntuación “Child-Pugh” (sistema de clasificación de la cirrosis)

La puntuación “Child-Pugh” es una medida de la función hepática, especialmente en personas con cirrosis. Debido a que las personas con cáncer de hígado a menudo tienen dos enfermedades, cáncer y cirrosis, los médicos que tratan el cáncer de hígado necesitan saber la extensión de la función hepática. Este sistema toma en consideración cinco factores, los primeros tres de éstos son pruebas de sangre:

  • Niveles sanguíneos de bilirrubina (sustancia que puede causar que los ojos y la piel se torne amarillenta).
  • Niveles sanguíneos de albúmina (una proteína principal que normalmente es producida por el hígado).
  • Tiempo de protrombina (mide cuán bien el hígado está produciendo factores de coagulación sanguínea).
  • Si hay líquido en el abdomen (ascitis).
  • Si la enfermedad del hígado está afectando las funciones cerebrales.

Según esta puntuación, la función del hígado se divide en tres clases. Si todos estos factores son normales, entonces a la función del hígado se le llama clase A. Las anomalías leves le clasifican como clase B, mientras que las graves como clase C. Las personas con cáncer de hígado y cirrosis de clase C usualmente están demasiado enfermas como para recibir tratamiento.

En realidad, la puntuación “Child-Pugh” es una puntuación que es parte de los sistemas de clasificación por etapas BCLC y CLIP mencionados anteriormente.

Cáncer de hígado localizado resecable, localizado irresecable y avanzado

Para propósitos de tratamiento, los médicos a menudo clasifican a los cánceres del hígado basándose en si pueden o no extirparlos completamente (resecable). Resecable es el término médico que significa "que se puede extirpar mediante cirugía".

Cánceres localizados resecables: sólo un pequeño número de pacientes con cáncer de hígado tienen tumores que se pueden extirpar completamente mediante cirugía. Esto incluiría a la mayoría de las etapas I y algunos cánceres en etapa II del sistema TNM, en pacientes que no presentan cirrosis.

Cánceres localizados irresecables: los cánceres que no se hayan propagado a los ganglios linfáticos o a órganos distantes, pero que no se puedan extirpar completamente mediante cirugía, se clasifican como localizados irresecables. Esto incluiría a algunos cánceres en etapa temprana, así como cánceres en etapa IIIA y IIIB del sistema TNM. Hay varias razones por las cuales pudiera no ser posible extirpar de manera segura un cáncer localizado del hígado. Si la parte de su hígado que no tiene cáncer no está saludable (debido a cirrosis, por ejemplo), es posible que la cirugía no deje suficiente tejido hepático como para que funcione adecuadamente. Además, es posible que la cirugía curativa no sea viable si su cáncer se ha propagado por todo el hígado o está cerca del área donde se une a las arterias, las venas y los conductos biliares principales.

Cánceres avanzados: el cáncer que se ha propagado a los ganglios linfáticos o a otros órganos se clasifica como avanzado. Éstos incluirán a los cánceres en etapa IIIC y en etapa IV del sistema TNM. La mayoría de los cánceres del hígado avanzados no pueden ser tratados mediante cirugía.

Tasas de supervivencia para el cáncer de hígado

Los número que se presentan a continuación provienen del centro de datos del National Cancer Institute's Surveillance, Epidemiology, and End Results (SEER), y se basan en pacientes que fueron diagnosticados con cáncer de hígado entre 1996 y 2001. Existen algunos puntos importantes a señalar sobre estos números:

  • La tasa de supervivencia a cinco años se refiere al porcentaje de los pacientes que viven al menos cinco años después del diagnóstico de cáncer. Muchos de estos pacientes viven mucho más de cinco años después de su diagnóstico. Las tasas de supervivencia relativa a cinco años asumen que algunas personas morirán de otras causas y compara la supervivencia observada con la esperada para las personas sin cáncer. Ésta es una manera más precisa de describir el pronóstico para los pacientes con un tipo y etapa particular de cáncer.
  • El centro de datos de SEER no divide las tasas de supervivencia del cáncer de hígado por etapas AJCC, sino que agrupa los casos de cáncer en etapas resumidas. Localizado significa que hay uno o dos tumores en un lóbulo del hígado, e incluye la etapa I y algunos cánceres en etapa II. Regional significa que hay muchos tumores, propagación a otros lóbulos o partes del hígado, y/o propagación a ganglios linfáticos (incluye algunos cánceres en etapa II y todos en etapa III). Distante significa que el cáncer se ha propagado a órganos o tejidos distantes, y es lo mismo que etapa IV.
  • Estos números se obtuvieron de pacientes que fueron tratados hace varios años. Aunque están entre los números más actuales que tenemos disponibles, las mejoras en el tratamiento desde entonces se traduce en que las tasas de supervivencia para las personas que son diagnosticadas hoy día con estos cánceres puede ser mayores.
  • Aunque las estadísticas de supervivencia algunas veces pueden ser útiles como una guía general, puede que éstas no representen de una forma precisa el pronóstico de una persona. Un número de otros factores, incluyendo las características de otro tumor, la edad y el estado de salud general de una persona también pueden afectar el pronóstico. Su médico puede indicarle cómo estos números aplican en su caso, ya que él o ella está familiarizado con los aspectos de su situación particular.

    Etapa

    Tasa de supervivencia relativa a cinco años

    Localizada

    21%

    Regional

    6%

    Distante

    2%

Para todas las etapas combinadas, la tasa de supervivencia relativa a cinco años para el cáncer de hígado es de aproximadamente 10%. Parte de la razón para esta tasa de supervivencia baja consiste en que la mayoría de los pacientes con cáncer de hígado también tienen otros problemas del hígado, como cirrosis, la cual por sí sola puede ser fatal.

Los estudios han demostrado que los pacientes con pequeños tumores resecables que no presentan cirrosis u otros problemas graves de salud, tienen una probabilidad de responder bien si sus cánceres son removidos. La tasa de supervivencia general a cinco años para estos pacientes es 50%.

¿Cómo se trata el cáncer de hígado?

Esta información representa las opiniones de los médicos y enfermeras de la Junta Editorial del Banco de Datos de Información de la Sociedad Americana del Cáncer. Estas opiniones están basadas en la interpretación que ellos tienen de los estudios que se publican en las revistas médicas, así como en su propia experiencia profesional.
La información sobre el tratamiento que aparece en este documento no representa la política oficial de la Sociedad ni pretende ser un consejo médico que sustituya la experiencia y el juicio del equipo de profesionales que atiende su cáncer. El objetivo es ayudarle, a usted y a su familia, a tomar decisiones basadas en la información, en conjunto con su médico.
Puede que su médico tenga razones para sugerir un plan de tratamiento distinto a las opciones de tratamiento general. No dude en plantear sus preguntas y dudas sobre sus opciones de tratamiento.

Información general sobre el tratamiento

La primera parte de esta sección describe los varios tipos de tratamientos usados para el cáncer de hígado. Esto es seguido de una descripción de los métodos más comunes usados para estos cánceres según sus etapas.

Decisiones sobre el tratamiento

Después de que el cáncer de hígado se diagnostica y se clasifica por etapas, el equipo de profesionales que atiende el cáncer puede recomendar sus opciones de tratamiento. La elección de un plan de tratamiento es una decisión de gran importancia, por lo que es importante que se tome el tiempo para analizar sus opciones.

Al diseñar su plan de tratamiento, un factor importante que debe tomar en cuenta es la etapa (la extensión) del cáncer. Sin embargo, usted y el equipo de profesionales que atiende su cáncer también querrán tomar en consideración su edad, estado general de salud y las preferencias personales.

Si el tiempo lo permite, puede ser buena idea buscar una segunda opinión, especialmente por parte de médicos con experiencia en el tratamiento del cáncer de hígado. Una segunda opinión podría proporcionarle más información y ayudarle a sentir más confianza sobre el plan de tratamiento que está siendo considerado.

Cirugía

Actualmente, la cirugía, ya sea con resección (extirpación del tumor) o un trasplante de hígado, ofrece la única posibilidad razonable de curar un cáncer de hígado. Si la extirpación de todo el cáncer conocido en el hígado es exitosa, usted tendrá el mejor pronóstico de supervivencia.

Hepatectomía parcial

A la cirugía que se realiza para extirpar parte del hígado se le llama hepatectomía parcial. Esta operación sólo se intenta si todo el tumor puede ser removido mientras se deja suficiente hígado saludable para que ejerza su función. Lamentablemente, la extirpación total de la mayoría de los cánceres del hígado no es posible. A menudo el cáncer se ha propagado fuera del hígado, ha crecido demasiado o está presente en demasiadas partes del hígado; o la persona no es lo suficientemente saludable como para someterse a cirugía.

En Estados Unidos, más de cuatro de cinco personas con cáncer de hígado también tiene cirrosis. Si usted tiene cirrosis grave, la extirpación de incluso una pequeña cantidad de tejido del hígado en los bordes de su cáncer, pudiera no dejar suficiente hígado como para desempeñar las funciones esenciales. Las personas con cirrosis son elegibles para cirugía sólo si su cáncer es pequeño, y siguen teniendo una cantidad razonable de la función del hígado. Los médicos a menudo evalúan esta función al asignar la puntuación “Child-Pugh” (remítase a la sección “¿Cómo se clasifica por etapas el cáncer de hígado?”), lo que mide la cirrosis según ciertas pruebas de laboratorio y síntomas. Los pacientes clasificados como clase A tienen más probabilidad de tener suficiente función hepática para someterse a una cirugía. Los pacientes en clase B tienen menos probabilidad de ser elegibles para cirugía. Por lo general, la cirugía no es una opción para pacientes en clase C.

Posibles riesgos y efectos secundarios: la resección del hígado es una operación mayor que sólo debe ser realizada por cirujanos con experiencia y entrenamiento. Debido a que las personas con cáncer de hígado usualmente presentan daño a otras partes de su hígado, los cirujanos tienen que remover suficiente hígado para tratar de eliminar todo el cáncer y a la vez dejar suficiente hígado para su función adecuada.

Una gran cantidad de sangre pasa a través del hígado en un determinado momento, y una hemorragia después de la cirugía es una preocupación mayor. Además de esto, el hígado normalmente produce sustancias que fomentan la coagulación sanguínea (mecanismo del cuerpo para detener un sangrado). El daño al hígado (tanto antes de la cirugía como durante la cirugía en sí) puede contribuir a problemas potenciales de sangrado.

Otros posibles problemas son similares a los que se observan en otras cirugías mayores y puede incluir infecciones, complicaciones a causa de la anestesia, y pulmonía.

Otra preocupación consiste en que algunas veces se puede presentar otro cáncer de hígado después, debido a que el hígado aún contiene la enfermedad subyacente que condujo al primer cáncer.

Trasplante de hígado

Cuando está disponible, un trasplante de hígado se ha convertido en la mejor opción para algunas personas con cánceres pequeños del hígado. Actualmente, el trasplante de hígado se reserva para los pacientes con tumores pequeños (ya sea un tumor que mide menos de 5cm o uno a tres tumores que miden menos de 3 cm) que no se pueden extirpar por completo debido a la localización de los tumores o porque el hígado está muy enfermo como para que el paciente soporte la extirpación de una de sus partes.

Según el Organ Procurement and Transplantation Nertwork, alrededor de 6,000 trasplantes de hígado se hacen cada año en los Estados Unidos. Aproximadamente el 10% de éstos se hacen en personas con cáncer de hígado. La supervivencia a cinco años para esos pacientes es de alrededor de 60%. No sólo se reduce significativamente el riesgo de un segundo cáncer de hígado, sino que el hígado nuevo funcionará normalmente.

Desafortunadamente, las oportunidades para un trasplante de hígado son limitadas. No existen muchos hígados para los pacientes con cáncer debido a que generalmente son usados para pacientes con enfermedades más curables. El aumento en el conocimiento sobre la importancia de la donación de órganos es una meta de salud pública esencial que puede hacer que este tratamiento esté disponible a más pacientes de cáncer de hígado y de otras enfermedades graves del hígado.

Una opción que se ha vuelto más popular en los años recientes consiste en que un donante vivo ofrezca una parte de su hígado para trasplante a un familiar cercano. Esto puede dar buenos resultados, pero conlleva riesgos para el donante. En los Estados Unidos, cada año se realizan alrededor de 300 trasplantes de donantes vivos. Sólo un pequeño por ciento de ellos es para pacientes con cáncer de hígado.

Las personas que necesitan un trasplante tienen que esperar hasta que un hígado esté disponible, y esto puede tomar mucho tiempo para algunas personas con cáncer de hígado. Algunos médicos sugieren primero una resección limitada u otros tratamientos y luego un trasplante si el cáncer regresa.

Posibles riesgos y efectos secundarios: al igual que la hepatectomía parcial, el trasplante de hígado es una operación mayor con riesgos potenciales (hemorragia, infección, complicaciones a causa de la anestesia, etc.). No obstante, existen algunos otros riesgos después de la cirugía.

Las personas que reciben un trasplante de hígado reciben medicamentos que ayudan a suprimir la función del sistema inmunitario para prevenir que el cuerpo rechace el nuevo órgano. Estos medicamentos conllevan sus propios riesgos y efectos secundarios, especialmente el riesgo de contraer una infección grave. Al suprimir el sistema inmunitario, estos medicamentos también pueden permitir que cualquier cáncer remanente crezca aún más rápidamente que antes. Algunos de los medicamentos usados para prevenir el rechazo del nuevo órgano también pueden causar presión arterial elevada, colesterol alto, diabetes, y puede debilitar los huesos y los riñones. Después del trasplante de hígado, es importante verificar regularmente los análisis de sangre para saber si hay signos de rechazo del órgano. Algunas veces, también se toman biopsias del hígado para saber si está ocurriendo el rechazo y si son necesarios cambios en los medicamentos contra el rechazo. Se espera que en el futuro haya avances para reducir el riesgo de rechazo del hígado y la gravedad de los efectos secundarios causados por estos medicamentos.

Ablación del tumor

La ablación se refiere a los métodos locales que destruyen el tumor sin extirparlo. Estas técnicas se usan a menudo en pacientes con sólo algunos tumores pequeños que no se pueden extraer con cirugía. No se consideran usualmente curativas, pero pueden producir tasas de supervivencia igual a la cirugía en las personas con tumores pequeños. A menudo, estos tratamientos son buenas opciones para los pacientes con enfermedad que no se puede curar mediante cirugía. También se usan para tratar los cánceres en pacientes que esperan por un trasplante de hígado. La ablación no se usa para tumores grandes. Su uso es mejor para tumores que miden menos de 2 cm (un poco menos de una pulgada) de ancho.

Ablación por radiofrecuencia

En ese procedimiento se utilizan ondas radiales de alta energía como tratamiento. Una sonda delgada parecida a una aguja se coloca a través de la piel en el tumor. Se utiliza la ecografía o la tomografía computarizada para guiar la colocación de la sonda. El extremo de la sonda libera corriente de alta frecuencia que calienta el tumor y destruye las células cancerosas. Este método se ha convertido en el tratamiento principal para los tumores pequeños.

Ablación con etanol (alcohol)

También se le conoce como inyección percutánea de etanol. En este procedimiento, se inyecta alcohol concentrado directamente en el tumor para destruir las células cancerosas. Esto usualmente se hace a través de la piel usando una aguja que es guiada por ecografía o tomografías computarizadas (CT).

Termoterapia por microondas

En este procedimiento se usan microondas para calentar y destruir el tejido anormal.

Criocirugía (crioterapia)

Este procedimiento destruye un tumor mediante congelación con una sonda de metal. La sonda es guiada por la piel hasta alcanzar el tumor usando una ecografía. Luego se pasan gases muy fríos a través de la sonda para congelar el tumor, lo que destruye las células cancerosas. En comparación con otras técnicas de ablación, este método puede ser usado para tratar tumores más grandes. Sin embargo, este método a veces requiere de anestesia general (usted está dormido).

Terapia de embolización

Embolización arterial

La embolización de la arteria, también conocida como embolización transarterial (o TAE) es otra opción para los tumores que no se pueden extirpar. En comparación con los métodos de ablación, la embolización se puede usar para tumores más grandes (hasta de 5 cm [dos pulgadas]. Esta técnica se usa para reducir el flujo sanguíneo a las células cancerosas mediante el bloqueo de la arteria que alimenta el área del hígado que contiene el tumor. Esta arteria es una rama de la arteria hepática, la arteria que alimenta el hígado. El flujo sanguíneo es bloqueado (o reducido) mediante la inyección de materiales que tapan la arteria. La mayoría de las células del hígado sanas no serán afectadas debido a que ellas obtienen el suministro sanguíneo de la vena portal.

En este procedimiento, se coloca un catéter en una arteria en la parte interna del muslo y se guía hasta el hígado. Por lo general, se inyecta un tinte en el torrente sanguíneo en ese momento para permitirle al médico vigilar el paso del catéter mediante angiografía, un tipo especial de radiografía. Una vez se coloca el catéter, se inyectan pequeñas partículas llamadas microesferas en la arteria para taparla.

La embolización también reduce en algo el suministro de sangre al tejido normal del hígado. Esto puede ser peligroso para los pacientes con enfermedades como la hepatitis y la cirrosis en partes del hígado que no están afectas por el cáncer.

Quimioembolización

Este método, también conocido como quimioembolización transarterial (O TACE) combina la embolización con la quimioterapia. Este procedimiento se realiza cubriendo las microesferas con medicamentos de quimioterapia antes de la inyección, o administrando quimioterapia a través de un catéter directamente en la arteria, y luego tapando la arteria. Actualmente los estudios determinan si la quimioembolización es más eficaz que la embolización sola.

Radioembolización

Esta técnica combina la embolización con la radioterapia. En los Estados Unidos, esto se realiza al inyectar pequeños gránulos radioactivos en la arteria hepática. Éstos se transportan hasta el tumor y emiten pequeñas cantidades de radiación sólo en las localizaciones del tumor. Estas técnicas siguen siendo bastante nuevas y aún se estudian las mejores maneras de realizarlas.

Un método usa microesferas que son adheridas a un elemento radioactivo (yttrium-90). Una vez se hace la infusión, estas partículas se alojan en los vasos sanguíneos cercanos al tumor donde administran radioactividad por un período corto de tiempo. Este tratamiento ha sido aprobado por la FDA y está disponible a través de varios centros de tratamiento contra el cáncer. Aún no está disponible información sobre su uso a largo plazo, aunque en un estudio a más del 40% de los pacientes tratados se les redujeron los tamaños de los tumores.

Otra manera de administrar radiación al tumor consiste en una forma de un aceite que contiene yodo-131 radioactivo. Esta sustancia, conocida como lipiodol I-131, también se infunde directamente en la arteria hepática. Un estudio clínico encontró que este tipo de radioembolización puede ser eficaz, pero se necesitan más estudios para confirmar esto. Actualmente no está disponible en los Estados Unidos.

Radioterapia

En la radioterapia se usan rayos de alta energía para destruir las células cancerosas. Existen diferentes clases de radioterapia.

Radioterapia con haces externos

Este tipo de radioterapia enfoca la radiación desde fuera del cuerpo hacia el cáncer. Este tipo de radioterapia puede usarse con el cáncer de hígado para reducir el cáncer y así aliviar los síntomas como el dolor. Sin embargo, no ha mostrado que mejore la supervivencia. Aunque las células del cáncer de hígado son sensibles a la radiación, este tratamiento no puede usarse en muy altas dosis porque el tejido normal del hígado también puede ser dañado por la radiación.

La radioterapia es muy similar a la radiografía, pero la radiación es más intensa. El procedimiento en sí no causa dolor. Cada tratamiento dura sólo unos minutos, aunque el tiempo de preparación (colocarle en el lugar correcto para el tratamiento) usualmente toma más. Con más frecuencia, los tratamientos de radiación se administran cinco días a la semana por varias semanas.

La radioterapia conformacional tridimensional (3D-CRT) es una forma más nueva de radioterapia externa en la que se usan computadoras sofisticadas para delinear con precisión la localización de un tumor. Al paciente le miden un molde de plástico, parecido a un yeso para el cuerpo, que lo mantendrá inmóvil de manera que la radiación se pueda dirigir con mayor precisión. Los rayos son configurados y dirigidos hacia el tumor desde varias direcciones. Esto les permite a los médicos reducir el daño que la radiación causa al tejido normal del hígado, y por lo tanto pueden dirigir dosis más altas de radiación a los tumores. Cuando está disponible, la terapia de radiación conformal usualmente se prefiere sobre la radioterapia convencional.

Radioembolización

Como se mencionó en la sección “Terapia de ablación”, una técnica de tratamiento más nueva inyecta pequeñas partículas radioactivas en la arteria hepática. Éstos se alojan en el hígado cerca de los tumores y emiten pequeñas cantidades de radiación que sólo se desplazan a una distancia corta.

Posibles efectos secundarios de la radioterapia

Los efectos secundarios de la radioterapia externa pudieran incluir problemas en la piel, parecidos a quemaduras por el sol, en el área donde se dirige la radiación al cuerpo, náusea, vómitos y cansancio. A menudo éstos desaparecen después del tratamiento. La radiación también puede empeorar sus efectos secundarios de la quimioterapia.

Terapia dirigida

A medida que los investigadores aprenden más sobre los cambios en células que causan cáncer, ellos han podido desarrollar medicamentos más recientes diseñados para combatir estos cambios de manera específica. Los medicamentos dirigidos funcionan de manera diferente a los medicamentos empleados en la quimioterapia convencional (lo que se describe en la próxima sección). A menudo causan diferentes efectos secundarios que suelen ser menos severos.

Al igual que la quimioterapia, estos medicamentos funcionan sistémicamente, lo que significan que ellos entran en el torrente sanguíneo y alcanzan todas las áreas del cuerpo, haciendo que sean potencialmente útiles contra el cáncer que se ha propagado a órganos distantes. Debido a que la quimioterapia convencional no ha sido eficaz en la mayoría de los pacientes con cáncer de hígado, los médicos han estado considerando más las terapias dirigidas.

Sorafenib (Nexavar)

El sorafenib es un medicamento dirigido que funciona al bloquear ambos angiogénesis (crecimiento de nuevos vasos sanguíneos en los tumores) y moléculas estimuladoras del crecimiento de las células cancerosas. Este medicamento ha mostrado desacelerar el progreso del cáncer de hígado avanzado y a ayudar a algunos pacientes con esta enfermedad avanzada a vivir por más tiempo (por un promedio de alrededor de tres meses). Sin embargo, no ha sido estudiado en personas que ya tienen una pobre función hepática.

El sorafenib se toma diariamente como tableta. Los efectos secundarios más comunes vistos con este medicamento incluyen irritaciones de la piel, diarrea, alta presión arterial y enrojecimiento, dolor, inflamación y ampollas en las palmas de las manos o en las plantas de los pies.

Quimioterapia

La quimioterapia consiste en el tratamiento con medicamentos que destruyen las células cancerosas. La quimioterapia sistémica (todo el cuerpo) usa medicamentos contra el cáncer que se inyectan en una vena o se administran por la boca. Estos medicamentos entran en el torrente sanguíneo y alcanzan todas las áreas del cuerpo, haciendo que este tratamiento sea potencialmente útil contra el cáncer que se ha propagado a órganos distantes.

Lamentablemente, el cáncer de hígado resiste la mayoría de los medicamentos de quimioterapia. Los medicamentos que han sido más eficaces en reducir el tamaño de los tumores son doxorrubicin (Adriamycin), fluoroucilo 5, y cisplatino. Pero incluso estos medicamentos encogen menos de uno de cinco tumores, y la respuesta a menudo no dura mucho tiempo. Los investigadores continúan estudiando el uso de combinaciones de medicamentos, pero en la mayoría de los estudios, la quimioterapia sistémica no ha ayudado a los pacientes a vivir más tiempo.

Infusión de la arteria hepática

Debido a la pobre respuesta que ofrece la quimioterapia sistémica, los médicos han estudiado administrar medicamentos de quimioterapia directamente en la arteria hepática para determinar si pudiera ser más eficaz. Esta técnica se conoce como infusión de la arteria hepática (HAI). La quimioterapia llega hasta todo el hígado a través de la arteria hepática, pero el hígado saludable descompone la mayor parte del medicamento antes de ser alcanzado por el resto del cuerpo. Esto lleva más quimioterapia al tumor que la quimioterapia sistémica sin aumentar los efectos secundarios. Los medicamentos que se usan con más frecuencia son el floxuridino (FUDR), el cisplatino, la mitomicina C y la doxorrubicina.

Aunque los estudios preliminares han encontrado que la infusión de la arteria hepática es eficaz encogiendo un número de tumores, aún se necesita más investigación sobre este procedimiento. Es posible que esta técnica no sea útil en todos los pacientes ya que a menudo requiere cirugía para insertar un catéter en la arteria hepática, una operación que muchos pacientes de cáncer de hígado no toleran bien.

Posibles efectos secundarios de la quimioterapia

Los medicamentos de quimioterapia funcionan al atacar las células que se están dividiendo rápidamente, razón por la cual funcionan contra las células cancerosas. Sin embargo, otras células en el cuerpo, tales como aquellas en la médula ósea, las células superficiales de la boca y los intestinos, así como los folículos pilosos, también se dividen rápidamente. También estas células son probablemente afectadas por la quimioterapia, lo que puede ocasionar efectos secundarios.

Los efectos secundarios de la quimioterapia dependen del tipo y dosis de los medicamentos administrados, así como de la duración del tiempo que se administran. Los efectos secundarios incluyen:

  • Caída de pelo.
  • Llagas en la boca.
  • Pérdida de apetito.
  • Náusea y vómito.
  • Aumento de la probabilidad de infecciones (debido a los bajos niveles de glóbulos blancos).
  • Tendencia a desarrollar moretones o presentar sangrados fácilmente (a causa de bajos niveles de plaquetas en la sangre).
  • Cansancio (debido a bajos niveles de glóbulos rojos).

Estos efectos secundarios son usualmente temporales y desaparecen después de finalizar el tratamiento. Muchas veces hay métodos para aminorar estos efectos secundarios. Por ejemplo, existen medicamentos que se pueden administrar para ayudar a prevenir o reducir las náuseas y los vómitos. Asegúrese de preguntarle a su médico o enfermera sobre los medicamentos que ayudan a reducir los efectos secundarios. También avíseles cuando usted experimente los efectos secundarios para que puedan ser tratados eficazmente.

Estudios clínicos

A partir del momento en que se le informa sobre su diagnóstico de cáncer, puede que necesite tomar muchas decisiones. Una de las decisiones más importantes es seleccionar cuál tratamiento es el más adecuado para tratar su caso. Puede que se entere sobre estudios clínicos que se estén llevando a cabo para su tipo de cáncer, O tal vez alguien de su equipo de atención médica le mencionó alguno.

Los estudios clínicos son investigaciones cuidadosamente controladas que se realizan con pacientes que participan voluntariamente. Los estudios clínicos se llevan a cabo para hacer un seguimiento de nuevos tratamientos o procedimientos promisorios.

Si quisiera formar parte de un estudio clínico, deberá comenzar con preguntar a su médico si su clínica u hospital lleva a cabo estudios clínicos. Para una lista de estudios clínicos que cumplan con sus necesidades médicas, usted puede llamar a nuestro servicio de estudios clínicos para ayudarle a encontrar un estudio adecuado para usted. Usted puede acceder a este servicio llamando al 1-800-227-2345 o consultando el sitio en Internet http://clinicaltrials.cancer.org. También puede obtener una lista de los estudios clínicos actuales llamando a la línea telefónica sin costo del Servicio de Información sobre Cáncer de Instituto Nacional del Cáncer al 1-800-422-6237 o visitando el sitio Web sobre estudios clínicos del NCI, www.cancer.gov/clinicaltrials.

Existen requisitos que debe cumplir para formar parte de cualquier estudio clínico. Si califica para un estudio clínico, es su decisión inscribirse o no al mismo.

Los estudios clínicos son una forma de tener acceso a la atención más novedosa contra el cáncer. Sólo a través de estos estudios los médicos aprenden sobre mejores métodos para tratar la enfermedad, aunque no todos serán adecuados para toda la gente.

Puede obtener mucha más información sobre este tema en nuestro documento Estudios Clínicos: lo que usted necesita saber, el cual puede acceder en nuestro sitio Web o solicitarlo a través de nuestra línea sin costo llamando al 1-800-227-2345.

Terapias complementarias y alternativas

Al tener cáncer, es probable que usted se entere de maneras que su médico no ha mencionado para tratar su tipo de cáncer o aliviar los síntomas. Todos, desde familiares y amigos, hasta foros de usuarios en Internet, ofrecen ideas que podrían serle útiles. Estos tratamientos pueden incluir vitaminas, hierbas, dietas especiales u otros métodos, como acupuntura o masaje, entre otros.

¿Qué son exactamente las terapias complementarias y alternativas?

No todos utilizan estos términos de la misma manera que a su vez se usan para referirse a muchos métodos diferentes, lo cual puede resultar confuso. Aquí, utilizamos el término complementario para referirnos a los tratamientos que se utilizan junto con la atención médica. El término alternativo lo utilizamos para referirnos al tratamiento que se usa en lugar del tratamiento indicado por el médico.

Métodos complementarios: la mayoría de los métodos de tratamiento complementarios no se ofrecen como curas para el cáncer. Estos tratamientos se usan principalmente para ayudarle a sentirse mejor. Algunos métodos que se usan de manera conjunta con el tratamiento convencional son la meditación para reducir el estrés, la acupuntura para aliviar el dolor o el té de menta para aliviar las náuseas. Se sabe que algunos de estos métodos complementarios son útiles, mientras que otros no han sido probados. Se ha demostrado que algunos de estos métodos no son útiles, y algunos cuántos incluso han demostrado ser perjudiciales.

Tratamientos alternativos: puede que éstos sean ofrecidos como curas para el cáncer. La seguridad y la eficacia no han sido probadas para estos tratamientos en estudios clínicos. Algunos de estos métodos puede que representen un peligro o que produzcan efectos secundarios que atenten contra la vida. Pero el mayor peligro en la mayoría de los casos, es que usted pierda la oportunidad de beneficiarse de un tratamiento convencional. Las demoras o interrupciones en sus tratamientos médicos puede que permitan más tiempo para que el cáncer se desarrolle y sea menos propenso a responder al tratamiento estándar.

Cómo obtener más información

Es fácil darse cuenta por qué puede que las personas con cáncer quieran considerar los métodos alternativos. Uno siempre desea hacer todo lo posible para combatir el cáncer, y la idea de un tratamiento sin efectos secundarios resulta atractiva. Algunas veces los tratamientos médicos, como la quimioterapia, pueden ser difíciles de tolerar o puede que ya no funcionen. Sin embargo, la verdad es que la mayoría de estos métodos alternativos no han sido investigados, ni han probado ser eficaces en el tratamiento contra el cáncer.

Usted puede tomar los siguientes tres pasos importantes a medida que considera sus opciones:

  • Esté atento de las señales de advertencia que sugieran que pueda tratarse de algún fraude. ¿Promete el método ser una cura para todos o la mayoría de los tipos de cáncer? ¿Se le ha dicho que no se someta a los tratamientos médicos convencionales? ¿Hay algún "secreto" del tratamiento que hace que requiera acudir con ciertos proveedores o viajar a otro país?
  • Hable con su médico o enfermera sobre cualquier método que esté considerando usar.
  • Póngase en contacto con nosotros llamando al 1-800-227-2345 para informarse más sobre los métodos complementarios y alternativos en general, así como para saber más sobre los métodos específicos que esté considerando.

La decisión es suya

Las decisiones sobre cómo tratar o manejar su cáncer siempre son suyas. Si desea emplear un tratamiento no convencional, infórmese todo lo que pueda sobre dicho método y hable al respecto con su médico. Al contar con información adecuada y con el apoyo del equipo de profesionales que atiende su salud, puede que logre emplear con seguridad los métodos que puedan beneficiarle mientras evita aquellos que podrían ser perjudiciales.

Tratamiento del cáncer de hígado según la etapa

Aunque el sistema de clasificación por etapas (TNM) de la AJCC se usa con frecuencia para describir con precisión la propagación de un cáncer de hígado, los médicos utilizan un sistema más práctico para determinar las opciones de tratamiento. Los cánceres de hígado se dividen en tres categorías: localizado resecable, localizado irresecable y avanzado.

Cáncer de hígado localizado resecable (algunos tumores T1 o T2, N0, M0)

Si su cáncer está en una etapa temprana y el resto de su hígado es saludable, la cirugía (hepatectomía parcial) pudiera curarle. Lamentablemente, sólo una pequeña cantidad de personas con cáncer de hígado cae bajo esta categoría. Un factor importante que afecta el resultado es el tamaño del tumor y si ha crecido hacia los vasos sanguíneos. Un tumor grande (más de dos pulgadas de ancho) o una que invade a los vasos sanguíneos tiene más probabilidad de regresar en el hígado o propagarse a otra parte del cuerpo después de la cirugía. La función del resto del hígado y la salud general de la persona también son importantes.

Actualmente, los estudios clínicos investigan si los pacientes que se someten a cirugía se beneficiarían de otros tratamientos además de la operación. Un estudio mostró que la quimioembolización antes de la cirugía ayudó a algunos pacientes a vivir por más tiempo después de la operación. Otro estudio encontró que los pacientes que recibieron interferón después de la cirugía tenían más probabilidades de estar vivos un año después de la operación. Aun así, no todos los estudios concuerdan y se necesitan más estudios para saber el valor (si alguno) de agregar otros tratamientos a la cirugía.

Cáncer de hígado localizado e irresecable (algunos tumores T1 a T4, N0, M0)

Los cánceres localizados e irresecables incluyen los tumores que no se han propagado, pero que son tan grandes que no se pueden extirpar con seguridad. Esto también incluye a los cánceres que se encuentran en ciertas áreas donde es difícil extirparlos, cánceres con dos o más tumores, o cánceres en pacientes con hígados que no están saludables. El tratamiento de estos pacientes con una hepatectomía parcial a menudo no es una buena opción. En lugar de eso, estos pacientes pueden ser tratados con un trasplante de hígado, si es posible. Ésta es una operación muy seria en la que se le extirpa su hígado y se reemplaza con uno que proviene de un donante. Aunque esta operación es muy difícil, ha ayudado a muchas personas. El transplante puede curar el cáncer y cualquier enfermedad subyacente del hígado. La tasa de supervivencia a cinco años para los pacientes que se someten a un trasplante de hígado debido al cáncer de hígado es de aproximadamente 60%.

Si usted no es candidato para un trasplante, su médico puede recomendar la ablación del tumor o tumores usando uno de los métodos discutidos anteriormente. Otras opciones pueden incluir la embolización (con o sin quimioterapia o radiación), terapia dirigida con sorafenib, quimioterapia (sistémica o por infusión de la arteria hepática) y/o radioterapia conformacional.

Aunque es muy poco probable que el tratamiento a parte del transplante cure el cáncer, esto puede reducir los síntomas y puede prolongar la vida. Debido a que estos tratamientos no se conocen como curativos, la participación en un estudio clínico sigue siendo una buena opción.

Cáncer de hígado avanzado (incluye todos los tumores N1 o M1)

El cáncer avanzado se ha propagado por todo el hígado o fuera de este órgano (a los ganglios linfáticos o a otros órganos). Debido a que estos cánceres se propagan ampliamente, no se pueden tratar mediante cirugía.

Si su hígado está funcionando lo suficientemente bien (Clase A o B de Child-Pugh), la terapia dirigida con sorafenib puede ayudar a controlar el crecimiento del cáncer por un tiempo y puede ayudarle a vivir por más tiempo.

Al igual que con el cáncer de hígado localizado resecable, los estudios clínicos de terapias dirigidas, nuevos métodos de quimioterapia (nuevos medicamentos y quimioterapia regional), nuevas formas de radioterapia (con radiosensibilizadores o dirigir el tratamiento mediante anticuerpos), así como otros tratamientos nuevos (inmunoterapia y terapia génica) pudieran ayudarle. Estos estudios clínicos también son importantes para mejorar el pronóstico de los pacientes futuros.

Los tratamientos, tal como radiación o quimioterapia, pueden ser usados para ayudar a aliviar el dolor y otros síntomas. Por favor, asegúrese de hablar con el equipo de profesionales de la salud que atiende su cáncer sobre cualquier síntoma que presente para que ellos puedan tratarlo eficazmente.

Cáncer de hígado recurrente

Al cáncer se le llama recurrente cuando reaparece después del tratamiento. La recurrencia puede ser local (en o cerca del mismo lugar donde comenzó) o distante (propagación a órganos tal como los pulmones o los huesos). El tratamiento del cáncer de hígado que regresa después de la terapia inicial depende de muchos factores, incluyendo la localización de la recurrencia, el tipo de tratamiento inicial, y cuán bien está funcionando el hígado. Los pacientes con la enfermedad localizada resecable que regresa en el mismo lugar pueden ser elegibles para someterse a otra cirugía u otros tratamientos locales, como ablación o embolización. Si el cáncer se propaga ampliamente, la terapia dirigida (sorafenib) o quimioterapia pueden ser opciones. Es posible que los pacientes también deseen preguntarles a sus doctores si un estudio clínico puede ser adecuado para ellos.

Es posible que también se ofrezca tratamiento para aliviar el dolor y otros síntomas. Por favor, asegúrese de hablar con el equipo de profesionales de la salud que atiende su cáncer sobre cualquier síntoma que presente para que ellos puedan tratarlo eficazmente.

Información adicional sobre tratamiento

Para más detalles sobre las opciones de tratamiento, incluyendo algunas que no pudieran estar disponibles en este documento, la National Comprehensive Cancer Network (NCCN) y el Instituto Nacional del Cáncer (NCI) son buenas fuentes de información.

La NCCN, compuesta por expertos de muchos centros de cáncer principales en el país, redactó las guías de tratamiento del cáncer para los doctores con el fin de ser usadas para tratar a los pacientes. Estas guías están disponibles en la página Web de la NCCN (www.nccn.org).

El Instituto Nacional del Cáncer (NCI) provee guías de tratamiento a través de su centro de información (1-800-4-CANCER) y su página Web (www.cancer.gov). También están disponibles guías detalladas preparadas para los profesionales de atención del cáncer en www.cancer.gov.

¿Qué debe preguntarle a su médico sobre el cáncer de hígado?

A medida que usted se va enfrentando al cáncer y al tratamiento contra el cáncer, le animamos a que mantenga conversaciones honestas y abiertas con su médico. Siéntase en libertad de formular cualquier pregunta que tenga en su mente, sin importar lo insignificante que parezca. A continuación le presentamos algunas preguntas que usted quisiera hacer. Asegúrese de añadir sus propias preguntas conforme se le ocurran. Las enfermeras, los trabajadores sociales y demás participantes del tratamiento podrán también responder a muchas de sus preguntas.

  • ¿Qué tipo de cáncer de hígado tengo? (Hay diferentes tipos de cáncer de hígado. Además, hay ciertos subtipos de carcinoma hepatocelular, tales como la variedad fibrolamelar, que conlleva un mejor pronóstico que otros.)
  • ¿Se ha propagado mi cáncer fuera de mi hígado?
  • ¿Cuál es la etapa de mi cáncer y qué significa eso en mi caso?
  • ¿Se necesitan hacer otras pruebas antes de decidir sobre el tratamiento?
  • ¿Puede mi cáncer extirparse con cirugía?
  • ¿Cuán bien está funcionando mi hígado?
  • ¿Cuáles son mis opciones de tratamiento?
  • ¿Qué tratamiento me recomienda usted y por qué?
  • ¿Cuáles son los riesgos o efectos secundarios de los tratamientos que usted sugiere?
  • ¿Qué debo hacer para prepararme para el tratamiento?
  • ¿Cuánto tiempo durará el tratamiento? ¿Qué conllevará? ¿Dónde se administrará?
  • ¿Cómo afectará el tratamiento mis actividades diarias?
  • ¿Cuáles son las probabilidades de que mi cáncer recurra con estos planes de tratamiento?
  • ¿Qué se haría si el tratamiento no surte efecto o si el cáncer regresa?
  • ¿Qué tipo de atención médica de seguimiento necesitaría después del tratamiento?

Además de estas preguntas modelo, es posible que usted quiera anotar algunas que usted tenga. Por ejemplo, a usted quizás le pudiera interesar obtener información sobre una segunda opinión o sobre los estudios clínicos a los que pudiera ser elegible.

¿Qué sucede después del tratamiento del cáncer de hígado?

Completar el tratamiento puede causar tanto estrés como entusiasmo. Usted sentirá alivio de haber completado el tratamiento, aunque aún resulte difícil no sentir preocupación sobre el regreso del cáncer, lo que se conoce como recurrencia. Ésta es una preocupación muy común entre las personas que han tenido cáncer.

Es posible que pase un tiempo antes de que la confianza en su propia recuperación comience a sentirse real y que sus miedos sean un tanto aliviados. Incluso sin recurrencias, las personas que han tenido cáncer aprenden a vivir con la incertidumbre.

Cuidados posteriores

Después de completar el tratamiento es muy importante acudir a todas las citas de seguimiento. Durante estas visitas, sus médicos preguntarán si tiene síntomas, harán exámenes físicos y es posible que requieran que se realicen análisis de sangre (tal como análisis de los niveles de alfafetoproteina [AFP] o pruebas para evaluar la función del hígado) o estudios por imágenes, tal ecografía, CT o MRI.

Si usted ha sido tratado con una resección quirúrgica o un trasplante de hígado, la mayoría de los médicos recomiendan atención de seguimiento con estudios por imágenes y análisis de sangre cada tres a seis meses durante los primeros dos años, y luego pruebas cada seis a 12 meses. La atención de seguimiento es necesaria para determinar si hay recurrencia o propagación del cáncer, así como posibles efectos secundarios de ciertos tratamientos.

Éste es el momento de hacerle cualquier pregunta al equipo de atención médica, así como hablarle sobre cualquier inquietud que pudiera tener.

Casi todos los tratamientos del cáncer tienen efectos secundarios. Algunos pueden durar de algunas semanas a varios meses, aunque otros pueden ser permanentes. No dude en hablar con el equipo de atención del cáncer sobre cualquier síntoma o efecto secundario que le cause molestia para que le puedan ayudar a tratarlo eficazmente.

Si el cáncer recurre, el tratamiento dependerá de la localización del cáncer, qué tratamientos ha recibido anteriormente, su salud, y la función del hígado. Para más información sobre cómo se trata el cáncer recurrente, remítase a la sección, "¿Cómo se trata el cáncer de hígado?" Para obtener más información general sobre cómo lidiar con la recurrencia, usted puede consultar el documento (disponible en inglés) “When Your Cancer Comes Back: Cancer Recurrence” de la Sociedad Americana del Cáncer. Puede obtener este documento llamando al 1-800-227-2345.

Tratamiento antiviral

Si usted padece hepatitis B o C que ha contribuido al cáncer de hígado, es posible que su médico quiera que tome medicinas para tratar o ayudar a controlar la infección.

Consultas con un nuevo médico

En algún momento después del diagnóstico y tratamiento del cáncer, es posible que usted tenga que consultar a un médico nuevo. Esto puede deberse a que su doctor que le atendió por primera vez se retiró o se cambió a otro lugar, o usted pudo haber cambiado de residencia o de doctor por alguna razón. Es importante que usted le proporcione a su nuevo médico los detalles exactos de su diagnóstico y tratamiento. Asegúrese de conservar lo siguiente:

  • Una copia del informe de patología de cualquier biopsia o cirugía.
  • Si se sometió a una cirugía, una copia del reporte del procedimiento.
  • Si se le admitió en el hospital, una copia del resumen al alta que los médicos tienen que preparar cuando envían al paciente a su casa.
  • Si recibió radioterapia, un resumen del tipo y dosis de radiación, así como el momento y el lugar en donde se administró.
  • Si ha recibido quimioterapia, o terapias dirigidas, una lista de sus medicamentos, las dosis de los medicamentos y cuándo los tomó.

También es importante mantener su seguro médico. Aunque nadie quiere pensar que su cáncer puede regresar, esto siempre es una posibilidad. Si ocurre, lo que menos necesita es preocuparse sobre el pago del tratamiento.

Cambios en el estilo de vida que debe considerar durante y después del tratamiento

El cáncer y el tratamiento pueden consumir tiempo y causar desgaste emocional. No obstante, también puede ser el momento para nuevos cambios en su vida. Quizás usted está considerando mejorar su estado general de salud a largo plazo. Algunas personas incluso comienzan este proceso durante el tratamiento del cáncer.

Tome decisiones saludables

Reflexione acerca de cómo era su vida antes de que usted supiera que tenía cáncer. ¿Había cosas que usted hacía que no eran tan saludables? Quizás usted consumía demasiadas bebidas con alcohol, comía más de lo que necesitaba, fumaba o no hacía ejercicio a menudo. Emocionalmente, quizás usted no expresaba sus sentimientos, o quizás dejaba que las situaciones estresantes le afectaran por mucho tiempo.

Ahora no es el momento de sentirse culpable o culparse a sí mismo. El día de hoy puede comenzar a hacer cambios que puedan tener buenos efectos durante el resto de su vida. No sólo se sentirá mejor, pero también estará más saludable. Qué mejor momento que ahora para aprovechar la motivación que tiene como resultado de haber pasado por una experiencia que le ha cambiado la vida como es el tener cáncer.

Usted puede comenzar a trabajar los aspectos que más le preocupan. Obtenga ayuda en aquéllos que le resulten más difíciles. Por ejemplo, si está considerando dejar de fumar y necesita ayuda, llame a nuestra línea para dejar de fumar al 1-800-227-2345.

Alimentación y nutrición

Alimentarse bien puede ser un reto para cualquier persona, aunque puede ser aún más difícil durante y después del tratamiento del cáncer. Por ejemplo, el tratamiento a menudo puede cambiar su sentido del gusto. La náusea puede ser un problema. Es posible que usted pierda su apetito por un tiempo y también pierda peso sin desearlo. Por otro lado, algunas personas aumentan de peso incluso cuando no comen más, lo que también puede ser frustrante.

Si usted está perdiendo peso o tiene problemas con el sabor de los alimentos que su sentido del gusto percibe durante el tratamiento, haga lo mejor que pueda en relación con su alimentación y recuerde que estos problemas usualmente se van solucionando con el transcurso del tiempo. Usted puede pedirle al equipo de atención del cáncer que le refiera a un especialista en nutrición que le puede sugerir ideas sobre cómo combatir algunos de los efectos secundarios de su tratamiento. Además, usted puede encontrar útil comer porciones pequeñas cada dos a tres horas hasta que se sienta mejor y pueda regresar a un plan más normal.

Una de las mejores cosas que puede hacer después del tratamiento consiste en adoptar hábitos sanos de la alimentación. Usted se sorprenderá de los beneficios a largo plazo de algunos cambios simples, como aumentar la variedad de alimentos saludables que consume. Trate de comer cinco o más porciones de frutas y verduras cada día. Consuma alimentos de grano integral en vez de azúcares y harinas. Trate de limitar el consumo de carnes altas en grasa. Disminuya el consumo de carnes procesadas, como perros calientes (hot dogs), mortadela (bologna) y tocino. Si puede, trate de evitar estos alimentos por completo. Además, si toma alcohol, limítelo a máximo una o dos bebidas por día. No olvide hacer algún tipo de ejercicio de forma habitual. La combinación entre una buena dieta y el ejercicio de rutina le ayudará a mantener un peso saludable y hacerle sentir más energía.

Descanso, cansancio, trabajo y ejercicio

El cansancio es un síntoma muy común entre las personas que están recibiendo tratamiento contra el cáncer. Éste a menudo no es un tipo de cansancio ordinario, sino un agotamiento que no se alivia con el descanso. Para algunas personas, este cansancio dura mucho tiempo después del tratamiento, y puede provocar que no sientan deseos de mantenerse físicamente activas.

Sin embargo, el ejercicio puede en realidad ayudar a reducir el cansancio. Los estudios han mostrado que los pacientes que siguen un programa de ejercicio adaptado a sus necesidades personales se sienten mejor física y emocionalmente, y pueden lidiar mejor con la situación.

Si usted padece de una enfermedad y necesita permanecer en cama durante el tratamiento, es normal esperar que la fuerza de sus músculos, su estado físico y su resistencia se deterioren un poco. La terapia física puede ayudarle a mantenerse fuerte y mantener el movimiento normal de sus músculos, lo que puede ayudar a combatir el cansancio y la depresión que algunas veces surge al sentir tanto cansancio. Para obtener más información, remítase a nuestro documento disponible en inglés Fatigue in People with Cancer.

Cualquier programa de actividad física debe ajustarse a su situación personal. Una persona de edad avanzada que nunca se ha ejercitado no podrá hacer la misma cantidad de ejercicio que una de 20 años que juega tenis tres veces a la semana. Si hace varios años que no se ejercita, pero puede mantenerse activo, usted puede considerar caminar distancias cortas.

Hable con su equipo de atención médica antes de comenzar los ejercicios, y consulte su opinión sobre los planes de ejercicio. Luego, puede procurar que alguien le acompañe a hacer los ejercicios para que mutuamente se motiven al no hacerlos solos. Cuando los familiares o los amigos se integran en un programa de ejercicios nuevo, usted obtiene el refuerzo adicional de apoyo que necesita para mantenerse activos cuando el entusiasmo simplemente no exista.

Sin embargo, si usted siente demasiado cansancio, necesitará balancear la actividad con el descanso. Es aceptable que descanse cuando sienta agotamiento. Resulta realmente difícil para algunas personas permitirse hacer esto cuando estaban acostumbradas a trabajar todo el día o a asumir las responsabilidades del hogar

El ejercicio puede mejorar su salud física y emocional:

  • Mejora su condición cardiovascular (corazón y circulación).
  • Fortalece sus músculos.
  • Reduce el cansancio.
  • Reduce la ansiedad y la depresión.
  • En general, le hace sentir más feliz.
  • Le hace sentir mejor sobre sí mismo.

Además, sabemos que el ejercicio desempeña un papel en la prevención de algunos cánceres. La Sociedad Americana del Cáncer recomienda en sus guías sobre la actividad física para la prevención del cáncer que los adultos participen en una actividad física de moderada a vigorosa, más allá de las actividades usuales, por lo menos 30 minutos durante cinco o más días a la semana; 45 a 60 minutos de actividad física intencional es preferible. A los niños y a los adolescentes se les exhorta participar en actividades energéticas durante 60 minutos al menos cinco días de la semana.

Su salud emocional

Una vez que finalice su tratamiento, es posible que las emociones le sean abrumadoras. Esto ocurre a muchas personas. Es posible que usted haya pasado por mucho durante el tratamiento a tal punto que sólo se pueda enfocar en finalizar con todo su tratamiento.

Ahora usted se encuentra pensando sobre la posibilidad de su propia muerte, o sobre el efecto de su cáncer en su familia y amigos, al igual que en su empleo. También es posible que comience a reevaluar la relación con su cónyuge o pareja. Otros asuntos inesperados también pueden causar preocupación. Por ejemplo, a medida que usted está más saludable y acuda menos al médico, consultará con menos frecuencia a su equipo de atención médica. Esto puede causar ansiedad en algunas personas.

Éste es el momento ideal para buscar apoyo emocional y social. Usted necesita personas a quienes acudir para obtener fortaleza y consuelo. El apoyo puede provenir de muchas fuentes: familia, amigos, grupos de apoyo, iglesias o grupos espirituales, comunidades de apoyo en línea u orientadores individuales.

Casi todas las personas que han pasado por la experiencia del cáncer pueden beneficiarse de algún tipo de apoyo. Lo que es mejor para usted depende de su situación y personalidad. Algunas personas se sienten seguras en grupos de apoyo con personas similares que están experimentando situaciones semejantes, o en grupos de educación. Otras personas pudieran preferir hablar en un entorno informal, tal como en una iglesia, mientras que otras pueden sentirse más cómodos hablando directamente con un amigo de confianza o un consejero. Cualquiera que sea su fuente de fortaleza o consuelo, asegúrese de que tiene un lugar a dónde acudir con sus inquietudes.

La experiencia con el cáncer puede hacerle sentir mucha soledad. No es necesario ni realista que usted pase por toda esta experiencia solo. Sus amigos y familiares pueden sentirse excluidos si usted decide que no participen de esta experiencia. Deje que tanto ellos como cualquier otra persona que usted considere puedan ayudarle. Si no está seguro quién puede ayudar, llame a su Sociedad Americana del Cáncer al 1-800-227-2345 y le pondremos en contacto con un grupo o recurso de apoyo apropiado.

Usted no puede cambiar el hecho de que ha tenido cáncer. Lo que sí puede cambiar es cómo vive el resto de su vida mediante cambios saludables y sintiéndose lo mejor posible tanto física como emocionalmente.

Qué ocurre si el tratamiento ya no es eficaz?

Si el cáncer continúa creciendo después de un tipo de tratamiento, o si regresa, a menudo es posible probar otro plan de tratamiento que pudiera seguir curando el cáncer, o por lo menos reducir el tamaño de los tumores lo suficiente como para ayudarle a vivir más tiempo y hacerle sentir mejor. Por otro lado, cuando una persona ha recibido varios tratamientos médicos diferentes y el cáncer no ha sido curado, con el transcurso del tiempo el cáncer tiende a volverse resistente a todos los tratamientos. En ese momento resulta importante sopesar el posible beneficio limitado de un nuevo tratamiento y las posibles desventajas, incluyendo las visitas continuas al doctor y los efectos secundarios del tratamiento.

Cada persona tiene su propia manera de considerar esto. Algunas personas quizás deseen enfocarse en mantenerse cómodas durante el tiempo limitado que les queda.

Cuando llegue el momento en el que usted ha tratado todos los tratamientos médicos, pero éstos simplemente ya no son eficaces, probablemente éste sea el momento más difícil en su lucha contra el cáncer. Aunque su doctor pueda ofrecerle un tratamiento nuevo, usted necesita considerar que llegará el momento en que sea poco probable que continuar el tratamiento mejore su salud o cambie su pronóstico o supervivencia.

Si usted desea continuar el tratamiento para combatir su cáncer tanto como pueda, necesitará continuar considerando las probabilidades de que más tratamiento brinde algún beneficio. En muchos casos, su doctor puede calcular la tasa de respuesta para el tratamiento que usted considere. Algunas personas están tentadas a recibir más quimioterapia o radiación, por ejemplo, incluso cuando sus doctores indican que las probabilidades de beneficio son menores al 1%. En esta situación, usted necesita analizar y entender sus razones para optar por este plan.

Independientemente de lo que usted decida hacer, es importante que tenga la mayor comodidad posible. Asegúrese de que usted pida y reciba el tratamiento para cualquier síntoma que pudiese tener, tal como el dolor. Este tipo de tratamiento se llama tratamiento paliativo.

El tratamiento paliativo ayuda a aliviar los síntomas, pero no se espera que cure la enfermedad; su propósito principal es mejorar su calidad de vida. Algunas veces, los tratamientos que usted recibe para controlar sus síntomas son similares a los tratamientos usados para tratar el cáncer. Por ejemplo, la radioterapia pudiera ser administrada para ayudar a aliviar el dolor de huesos debido a metástasis en los huesos. Por otro lado, la quimioterapia pudiera ser administrada para ayudar a reducir el tamaño del tumor y evitar que cause obstrucción intestinal. Sin embargo, esto no es lo mismo que recibir tratamiento para tratar de curar el cáncer.

En este momento, es posible que usted se beneficie de la atención de hospicio. La mayoría de las veces esta atención se proporcionar en casa. Es posible que el cáncer esté causando síntomas o problemas que requieran atención, y las residencias de enfermos crónicos terminales se enfocan en su comodidad. Usted debe saber que la atención de hospicio no significa que no pueda recibir tratamiento para los problemas causados por su cáncer u otras condiciones de salud. Simplemente significa que el enfoque de su cuidado consiste en vivir lo más plenamente posible y sentirse tan bien como pueda en esta difícil etapa de su cáncer.

También recuerde que es importante mantener la esperanza. La esperanza de una cura puede que ahora no sea tan profunda, pero sigue habiendo esperanza de que pueda pasar momentos buenos con sus familiares y amigos, momentos que estarán llenos de felicidad y significado. En cierta manera, una interrupción de su tratamiento contra el cáncer en este momento es una oportunidad para reenfocarse en las cosas más importantes de su vida. Éste es el momento para hacer algunas cosas que usted siempre deseaba hacer y dejar de hacer aquéllas que ya no desea.

¿Qué hay de nuevo en las investigaciones y el tratamiento del cáncer de hígado?

Siempre se están llevando a cabo investigaciones en el campo del cáncer de hígado debido a que sólo hay pocas maneras eficaces de prevenir o tratar este cáncer en la actualidad. Los científicos están buscando las causas y maneras para prevenir el cáncer de hígado y los médicos están trabajando para mejorar los tratamientos.

Prevención

El método más eficaz para reducir la carga mundial del cáncer de hígado es previniendo que ocurra en primer lugar. Algunos científicos creen que las vacunas y los tratamientos mejorados contra la hepatitis pueden prevenir alrededor de la mitad de los casos de cáncer de hígado en todo el mundo. Los investigadores están estudiando métodos para prevenir o tratar las infecciones de hepatitis antes de que causen cáncer de hígado. Actualmente se están llevando a cabo investigaciones para prevenir la hepatitis C. Se ha logrado progresar en el tratamiento de la hepatitis crónica con medicamentos que refuerzan el sistema inmunitario del paciente.

Pruebas de detección

Varias pruebas sanguíneas nuevas se han estado estudiando para determinar si pueden detectar el cáncer de hígado más temprano en comparación con la prueba AFP y la ecografía. Hasta el momento, ninguna de éstas ha probado ser más útil que las pruebas ya utilizadas.

Cirugía

Se han estado desarrollando nuevas técnicas para que la hepatectomía parcial y el trasplante de hígado sean más seguros y eficaces.

Agregar otros tratamientos a la cirugía

Los médicos están estudiando maneras para que más cánceres del hígado sean resecables al tratar de encogerlos antes de la cirugía. Actualmente se están realizando estudios para investigar diferentes tipos de terapias neoadyuvantes (terapias administradas antes de la cirugía), incluyendo la quimioterapia, la inmunoterapia, la embolización, y la terapia de radiación. Los resultados preliminares han sido promisorios, pero los estudios sólo se han realizado en pocos pacientes.

Otra área activa de investigación usa terapias adyuvantes (administradas justo después de la cirugía para tratar de reducir las probabilidades de que el cáncer regrese). Lamentablemente, la mayoría de los estudios en los que se usa quimioterapia o quimioembolización después de la cirugía no ha demostrado que ayudan a las personas a vivir por más tiempo. Se han visto algunos resultados promisorios con la radioembolización, pero estos resultados necesitan ser confirmados en estudios más abarcadores.

Cirugía laparoscópica

Los médicos también han comenzado a estudiar una técnica llamada cirugía laparoscópica. En este procedimiento se hacen varias incisiones pequeñas en el abdomen a través de las cuales se insertan instrumentos diseñados especialmente para ver y extirpar la porción del hígado que contiene cáncer. No requiere una incisión grande en el abdomen, lo que significa que hay menos pérdida de sangre, menos dolor después de la cirugía, y una recuperación más rápida. En este momento, la laparoscopia sigue siendo considerada una forma experimental de tratamiento contra el cáncer de hígado. Esta técnica se ha estudiado principalmente en pacientes que tienen tumores pequeños en ciertas partes del hígado que pueden ser alcanzados fácilmente a través del laparoscopio.

Determinación del riesgo de recurrencia después de la cirugía

Después de una hepatectomía parcial, una de las preocupaciones mayores consiste en que el cáncer regresará (recurrencia). Conocer el riesgo de recurrencia de una persona después de la cirugía pudiera proveerle a los médicos una mejor idea sobre el cuidado de seguimiento adecuado para él o ella. Además, esto puede ayudar algún día a determinar quién necesita tratamiento adicional para reducir este riesgo.

Puede que los investigadores hayan encontrado una manera de lograr esto al someter a prueba las células de una muestra extraída durante la cirugía. En un estudio reciente, los investigadores analizaron el patrón de los genes en las células del hígado cercanas al tumor (no las mismas células del tumor) y pudieron predecir qué pacientes estaban en un riesgo mayor de recurrencia. Este es un hallazgo reciente que requerirá confirmarse con otros estudios antes de que pueda usarse ampliamente.

Radioterapia

El problema principal con el uso de la radioterapia contra el cáncer de hígado consiste en que ésta también daña el tejido saludable del hígado. Los investigadores están trabajando actualmente en métodos para enfocar la radioterapia con mayor precisión al cáncer, sin dañar el tejido del hígado normal adyacente. Varios métodos nuevos de radioterapia se han estado tratando, incluyendo los radiosensibilizantes (medicamentos que pueden hacer los cánceres más vulnerables a la radiación).

Terapia dirigida

Se han estado desarrollando medicamentos más nuevos que funcionan de maneras distintas a la quimioterapia convencional. Estos nuevos medicamentos atacan partes específicas de las células cancerosas o sus ambientes circundantes.

Los vasos sanguíneos de los tumores son un objetivo de varios de los medicamentos recientes. Los tumores de hígado necesitan nuevos vasos sanguíneos para poder crecer más allá de cierto tamaño. El medicamento sorafenib (Nexavar®), el cual ya se usa para algunos cánceres de hígado que no pueden ser extirpados quirúrgicamente, funciona en parte al dificultar el crecimiento de nuevos vasos sanguíneos (angiogénesis). El bevacizumab (Avastin®) también funciona al bloquear el crecimiento de nuevos vasos sanguíneos. Ha mostrado resultados promisorios contra el cáncer de hígado cuando se usa solo o en combinación con el medicamento erlotinib (vea información más adelante).

Los otros medicamentos nuevos tienen diferentes objetivos. Por ejemplo, un medicamento llamado erlotinib (Tarceva®), el cual se dirige a la proteína EGFR en las células cancerosas, ha mostrado cierto beneficio en personas con cáncer avanzado de hígado en estudios preliminares. También, actualmente se están haciendo estudios de otros medicamentos de terapia dirigida.

Quimioterapia

En los estudios clínicos se están probando nuevos métodos de quimioterapia sistémica y regional combinados con otros tratamientos. Un pequeño número de tumores responde a la quimioterapia, aunque no ha demostrado que prolonga la supervivencia.

Los agentes más nuevos de quimioterapia, tales como el oxaliplatino, la capecitabina, la gemcitabina y el docetaxel, se han estado probando en estudios clínicos. El medicamento oxaliplatino ha mostrado resultados promisorios cuando se administra en combinación con doxorrubicina y también cuando se administra con gemcitabina y el medicamento dirigido cetuximab (Erbitux®).

Terapia génica

Los científicos están aprendiendo más sobre muchos de los genes que se dañan cuando las células normales del hígado se convierten en cáncer. Esperan poder usar esta información para crear terapias genéticas dirigidas para reemplazar estas secuencias defectuosas de ADN.

El gen p53 es un gen supresor de tumores que a menudo se altera con el cáncer de hígado. En las células normales del hígado, previene el crecimiento excesivo, ayuda a reparar el daño causado a su ADN y promueve la muerte de las células cuando el daño a su ADN se vuelve tan extenso que no tiene reparación. Podría ser que el devolverle el ADN normal del p53 a las células del cáncer de hígado suprima el crecimiento del tumor y haga que las células del cáncer mueran. Se han estado realizando estudios clínicos para investigar la eficacia de este tipo de terapia, incluyendo los posibles efectos secundarios a corto y a largo plazo.

Recursos adicionales

Más información de su Sociedad Americana del Cáncer

La información a continuación puede también serle de utilidad. Estos materiales pueden ser solicitados llamando gratis al 1-800-227-2345:

Después del diagnóstico: una guía para los pacientes y sus familiares

La atención del paciente con cáncer en el hogar

Imaging (Radiology) Tests

Control del dolor: una guía para pacientes y familiares.

Cirugía

Quimioterapia

Radioterapia

When Your Cancer Comes Back: Cancer Recurrence

Los siguientes libros también están disponibles de la Sociedad Americana del Cáncer. Llámenos al 1-800-227-2345 para peguntar sobre los costos o para hacer un pedido.

American Cancer Society's Guide to Pain Control, Second Edition

Cancer in the Family: Helping Children Cope with a Parent’s Illness

Caregiving: A Step-By-Step Resource for Caring for the Person With Cancer at Home

What Helped Me Get Through: Cancer Patients Share Wisdom and Hope

What to Eat During Cancer Treatment

Organizaciones nacionales y sitios Web*

Además de la Sociedad Americana del Cáncer, otras fuentes de información y de apoyo para pacientes incluyen:

American Liver Foundation
Teléfono sin cargo: 1-800-GO-LIVER (1-800-465-4837)
Sitio Web: www.liverfoundation.org

Instituto Nacional del Cáncer
Teléfono sin cargo: 1-800-4-CANCER (1-800-422-6237)
Sitio Web: www.cancer.gov

United Network for Organ Sharing
Teléfono sin cargo: 1-888-894-6361
Sitio Web: www.unos.org

*La inclusión en esta lista no implica respaldo por parte de la Sociedad Americana del Cáncer.

Independientemente de quién sea, podemos ayudarle. Llámenos a cualquier hora del día o de la noche, para obtener información y apoyo. Llámenos al 1-800-227-2345, o visítenos en www.cancer.org.

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Fecha de última actualización: 02/09/2010
Fecha de último cambio o revisión: 07/06/2010