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Cirugía para cáncer de hígado
Actualmente, la cirugía, ya sea con resección (extirpación del tumor) o un trasplante de hígado, ofrece la única posibilidad razonable de curar un cáncer de hígado. Si la extirpación de todo el cáncer detectado en el hígado es exitosa, usted tendrá el mejor pronóstico de supervivencia.
Hepatectomía parcial
A la cirugía que se realiza para extirpar parte del hígado se le llama hepatectomía parcial. Esta operación sólo se intenta si la persona está lo suficientemente saludable y el tumor se puede extraer totalmente dejando suficiente hígado saludable. Desafortunadamente, la mayoría de los cánceres de hígado no pueden ser extirpados completamente. A menudo el cáncer se ha propagado fuera del hígado, ha crecido mucho o está presente en muchas partes del hígado.
En Estados Unidos, más de cuatro de cinco personas con cáncer de hígado también tiene cirrosis. Si usted tiene cirrosis grave, la extirpación de incluso una pequeña cantidad de tejido del hígado en los bordes de su cáncer, pudiera no dejar suficiente hígado como para desempeñar las funciones esenciales. Las personas con cirrosis cumplen los requisitos para cirugía sólo si su cáncer es pequeño, y siguen teniendo una cantidad razonable de la función del hígado. Los médicos a menudo evalúan esta función al asignar la puntuación “Child-Pugh” (lea la sección “¿Cómo se clasifica por etapas el cáncer de hígado?”) que mide la cirrosis según ciertas pruebas de laboratorio y síntomas. Los pacientes clasificados como clase A tienen más probabilidad de tener suficiente función hepática para someterse a una cirugía. Los pacientes en clase B tienen menos probabilidad de poder someterse a cirugía. Por lo general, la cirugía no es una opción para pacientes en clase C.
Posibles riesgos y efectos secundarios: la resección del hígado es una operación mayor que sólo debe ser realizada por cirujanos con experiencia y entrenamiento. Debido a que las personas con cáncer de hígado usualmente presentan daño a otras partes de su hígado, los cirujanos tienen que remover suficiente hígado para tratar de eliminar todo el cáncer y a la vez dejar suficiente hígado para su función adecuada.
Una gran cantidad de sangre pasa a través del hígado en un determinado momento, y una hemorragia después de la cirugía es una preocupación mayor. Además de esto, el hígado normalmente produce sustancias que fomentan la coagulación sanguínea. El daño al hígado (tanto antes de la cirugía como durante la cirugía en sí) puede contribuir a problemas potenciales de sangrado.
Otros posibles problemas son similares a los que se observan en otras cirugías mayores y puede incluir infecciones, complicaciones a causa de la anestesia, coágulos sanguíneos y pulmonía.
Otra preocupación consiste en que algunas veces se puede presentar otro cáncer de hígado después, debido a que el hígado aún contiene la enfermedad subyacente que condujo al primer cáncer.
Trasplante de hígado
Cuando está disponible, un trasplante de hígado puede ser la mejor opción para algunas personas con cánceres pequeños del hígado. Actualmente, los trasplantes de hígado se reservan para los pacientes con tumores pequeños (ya sea un tumor que mide menos de 5 cm de diámetro o de dos a tres tumores que miden menos de 3 cm) que no han invadido los vasos sanguíneos adyacentes. En la mayoría de los casos, el trasplante se usa para tumores que no pueden ser extirpados totalmente, ya sea debido a la localización de los tumores o debido a que el hígado está tan enfermo como para que el paciente soporte la extirpación de parte del mismo.
De acuerdo con la Organ Procurement and Transplantation Network, alrededor de 1,100 trasplantes de hígado se realizaron en personas con cáncer de hígado en los Estados Unidos en 2009, año con las cifras más recientes disponibles. La supervivencia a 5 años para esos pacientes es de alrededor de 60% a 70%. No sólo se reduce significativamente el riesgo de un segundo cáncer de hígado, sino que el hígado nuevo funcionará normalmente.
Desafortunadamente, las oportunidades para un trasplante de hígado son limitadas. Sólo alrededor de 6,000 hígados están disponibles para trasplante cada año, y la mayoría de éstos se usan en pacientes con enfermedades distintas a cáncer de hígado. El aumento en el conocimiento sobre la importancia de la donación de órganos es una meta de salud pública esencial que puede hacer que este tratamiento esté disponible a más pacientes de cáncer de hígado y de otras enfermedades graves del hígado.
La mayoría de los hígados para trasplantes provienen de personas que han acabado de fallecer. Sin embargo, en años recientes, un pequeño número de pacientes ha recibido parte de un hígado para trasplante proveniente de un donante vivo (usualmente un familiar cercano). El hígado puede regenerar algo de su función perdida con el pasado del tiempo si parte del mismo se ha extraído. Aun así, la cirugía conlleva algunos riesgos para el donante. En los Estados Unidos, cada año se realizan alrededor de 200 a 250 trasplantes de donantes vivos. Sólo un pequeño número de ellos es para pacientes con cáncer de hígado.
Las personas que necesitan un trasplante tienen que esperar hasta que un hígado esté disponible, y esto puede tomar mucho tiempo para algunas personas con cáncer de hígado. En muchos casos, una persona puede recibir otros tratamientos, tal como embolización o ablación (descritas en las siguientes secciones), mientras espera por un trasplante de hígado. Los médicos pueden sugerir una resección limitada del cáncer u otros tratamientos primero y luego un trasplante si el cáncer regresa.
Posibles riesgos y efectos secundarios: al igual que la hepatectomía parcial, el trasplante de hígado es una operación mayor con graves riesgos potenciales (hemorragia, infección, coágulos sanguíneos, complicaciones a causa de la anestesia, etc.). No obstante, existen algunos otros riesgos después de la cirugía.
Las personas que reciben un trasplante de hígado reciben medicamentos que ayudan a suprimir sus sistemas inmunológicos para prevenir que sus cuerpos rechacen un nuevo órgano. Estos medicamentos conllevan sus propios riesgos y efectos secundarios, especialmente el riesgo de contraer una infección grave. Al suprimir el sistema inmunológico, estos medicamentos también pueden permitir que cualquier cáncer remanente crezca aún más rápidamente que antes. Algunos de los medicamentos usados para prevenir el rechazo del nuevo órgano también pueden causar presión arterial elevada, colesterol alto, diabetes, y pueden debilitar los huesos y los riñones.
Después del trasplante de hígado, es importante verificar regularmente los análisis de sangre para saber si hay signos de que el organismo está rechazando el nuevo órgano. Algunas veces, también se toman biopsias del hígado para saber si está ocurriendo el rechazo y si son necesarios cambios en los medicamentos contra el rechazo.
Fecha de última actualización: 07/30/2012
Fecha de último cambio o revisión: 01/25/2013
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