Cáncer de seno

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Causas, factores de riesgo y prevención TEMAS

¿Cuáles son los factores de riesgo del cáncer de seno?

La mayoría de las mujeres que tienen uno o más factores de riesgo de cáncer de seno nunca padece este cáncer, mientras que muchas mujeres que lo padecen no tienen factores de riesgo conocidos (excluyendo el ser mujer y de edad avanzada). Aun cuando una mujer con factores de riesgo padezca este cáncer, resulta difícil saber cuánto pudieron haber contribuido estos factores.

Algunos factores de riesgo, como la edad o raza de una persona, no se pueden cambiar. Otros factores de riesgo están relacionados con factores causantes de cáncer en el medio ambiente o conductas personales, tales como fumar, tomar bebidas alcohólicas, y la alimentación. Algunos factores afectan el riesgo más que otros, y el riesgo de cáncer de seno cambia con el transcurso del tiempo debido a factores como el envejecimiento o el estilo de vida.

Factores de riesgo del cáncer de seno que usted no puede cambiar

Los principales factores de riesgo para el cáncer de seno no se pueden cambiar: ser mujer, envejecer y tener ciertos cambios genéticos. Estos factores aumentan el riesgo de padecer cáncer de seno. No obstante, si se tiene uno, o hasta muchos factores de riesgo, esto no significa que seguramente se padecerá la enfermedad.

Ser una mujer

El simple hecho de ser mujer es el principal riesgo de padecer cáncer de seno. Los hombres también pueden padecer cáncer de seno, pero esta enfermedad es aproximadamente 100 veces más común en las mujeres que en los hombres. Esto podría deberse a que los hombres tienen menos de las hormonas femeninas estrógeno y progesterona, las cuales pueden promover el crecimiento de células cancerosas de los senos.

Envejecimiento

A medida que envejece, su riesgo de padecer cáncer de seno se incrementa. Los cánceres de seno más invasivos (aquellos que se han propagado del lugar donde se originaron) se descubren en mujeres de 55 años o más.

Ciertos genes hereditarios

Se cree que alrededor del 5 al 10 por ciento de los casos de cáncer de seno son hereditarios, lo que significa que se originan directamente de defectos genéticos (llamados mutaciones) que se adquieren de uno de los padres.

BRCA1 y BRCA2: la causa más común de cáncer de seno hereditario es una mutación hereditaria en los genes BRCA1 y BRCA2. En las células normales, estos genes ayudan a prevenir el cáncer al producir proteínas que ayudan a evitar el crecimiento anormal de las células. Las versiones mutantes de estos genes no pueden detener el crecimiento anormal, y pueden ocasionar el cáncer.

  • Si heredó una copia mutada de uno de estos dos genes de cualquiera de sus padres, usted tiene un mayor riesgo de cáncer de seno.
  • En algunas familias con mutaciones BRCA1, el riesgo de padecer cáncer de seno durante la vida es tan alto como 80%, pero en promedio este riesgo parece estar entre 55% a 65%. Para las mutaciones BRCA2, el riesgo es menor, alrededor de 45%.
  • Frecuentemente, los cánceres de seno asociados con estas mutaciones se descubren en mujeres más jóvenes y con más frecuencia en ambos senos que en los cánceres que no están asociados con estas mutaciones. Las mujeres con estas mutaciones hereditarias también tienen un mayor riesgo de padecer otros tipos de cánceres, principalmente cáncer de ovario.
  • En los Estados Unidos, las mutaciones BRCA son más comunes en las personas judías asquenazí (Europa oriental) que en otros grupos raciales y étnicos, aunque se pueden presentar en cualquier persona.

Cambios en otros genes: otras mutaciones genéticas podrían también conducir a cánceres de seno hereditarios. Estas mutaciones genéticas se presentan con mucha menos frecuencia y la mayoría no aumenta el riesgo de padecer cáncer de seno tanto como los genes BRCA. Estos cambios no son causas comunes de cáncer de seno hereditario.

  • ATM: el gen ATM ayuda normalmente a reparar el ADN dañado. Heredar dos copias anormales de este gen causa la enfermedad ataxia-telangiectasia. Por otro lado, heredar una copia anormal de este gen ha sido asociado a una alta tasa de cáncer de seno en algunas familias.
  • TP53: el gen TP53 provee instrucciones para producir una proteína llamada p53 que ayuda a detener el crecimiento de las células anormales. Las mutaciones hereditarias de este gen causan el síndrome Li-Fraumeni. Las personas con este síndrome tienen un riesgo aumentado de padecer cáncer de seno, al igual que algunos otros cánceres, como leucemia, tumores encefálicos y sarcomas (cáncer en los huesos o en el tejido conectivo). Esta mutación es una causa poco común de cáncer de seno.
  • CHEK2: el síndrome de Li-Fraumeni también puede ser causado por mutaciones hereditarias en el gen CHEK2. Una mutación CHEK2, aun cuando no cause este síndrome, puede aumentar el riesgo de cáncer de seno aproximadamente el doble.
  • PTEN: el gen PTEN ayuda normalmente a regular el crecimiento celular. Las mutaciones hereditarias en este gen causan el síndrome de Cowden, un trastorno poco común que provoca que las personas tengan un mayor riesgo de padecer tumores cancerosos y no cancerosos en los senos, así como crecimientos en el tracto digestivo, la tiroides, el útero y los ovarios. Los defectos en este gen también pueden causar un síndrome diferente llamado síndrome de Bannayan-Riley-Ruvalcaba que no se cree que esté asociado con el riesgo de cáncer de seno. Los síndromes causados por mutaciones en el gen PTEN pueden ser agrupados juntos como síndrome de hamartoma tumoral PTEN.
  • CDH1: las mutaciones hereditarias en este gen causan cáncer gástrico difuso hereditario, éste es un síndrome en el cual las personas padecen un tipo poco común de cáncer de estómago. Las mujeres con mutaciones en este gen también tienen un riesgo aumentado de padecer cáncer de seno lobulillar invasivo.
  • STK11: los defectos en este gen pueden causar el síndrome Peutz-Jeghers. Las personas afectadas con este trastorno presentan puntos pigmentados en sus labios y en sus bocas, pólipos en los tractos urinarios y gastrointestinales, y un mayor riesgo de padecer muchos tipos de cáncer, incluyendo cáncer de seno.
  • PALB2: el gen PALB2 produce una proteína que interactúa con la proteína producida por el gen BRCA2. Las mutaciones en este gen pueden llevar a un mayor riesgo de padecer cáncer de seno. Aún no está claro si las mutaciones del gen PALB2 también aumentan el riesgo de padecer cáncer de ovario y cáncer de seno en los hombres.

Para más información, consulte Síndromes de cáncer en las familias.

Prueba genética: se pueden hacer pruebas genéticas para identificar mutaciones en los genes BRCA1 y BRCA2 (o con menos frecuencia en otros genes tal como PTEN o TP53). Aunque las pruebas pueden ser útiles en algunos casos, se deben considerar cuidadosamente las ventajas y las desventajas.

Si está considerando someterse a pruebas genéticas, se recomienda enfáticamente que consulte primero con un consejero genético, una enfermera o un médico que pueda explicar e interpretar los resultados de estas pruebas. Es muy importante que entienda lo que las pruebas genéticas pueden y no pueden indicar, y considerar cuidadosamente los beneficios y los riesgos de las pruebas genéticas antes de someterse a ellas. Las pruebas son muy costosas y puede que no sean cubiertas por algunos planes de seguro médico.

Para más información, lea nuestro documento (disponible en inglés) Genetic Testing: What You Need to Know. Además usted puede visitar la página Web del National Cancer Institute.

Antecedente familiar de cáncer de seno

Es importante señalar que la mayoría de las mujeres (alrededor de 8 de cada 10) que padecen cáncer de seno no tiene antecedentes familiares de esta enfermedad, pero:

  • Las mujeres que tienen parientes consanguíneos cercanos con cáncer de seno tienen un mayor riesgo de padecer la enfermedad.
  • El que un familiar de primer grado (madre, hermana o hija) padezca cáncer de seno casi duplica el riesgo de una mujer. El riesgo aumenta aproximadamente tres veces, si dos familiares de primer grado padecen la enfermedad.
  • Las mujeres con un hermano o padre que haya tenido cáncer de seno también tienen un mayor riesgo de padecer cáncer de seno.

En general, menos del 15% de las mujeres con cáncer de seno tiene un familiar con esta enfermedad.

Antecedente personal de cáncer de seno

Una mujer con cáncer en un seno tiene un mayor riesgo de padecer un nuevo cáncer en el otro seno o en otra parte del mismo seno. (Esto es diferente a la recurrencia o regreso del primer cáncer). Este riesgo es aún mayor para las mujeres jóvenes con cáncer de seno.

Su raza y origen étnico

En general, las mujeres de raza blanca tienen una probabilidad ligeramente mayor de padecer cáncer de seno que las mujeres de raza negra, aunque éstas últimas tienen una mayor probabilidad de morir de este cáncer. En las mujeres menores de 45 años de edad, el cáncer de seno es más común en las mujeres de raza negra. Las mujeres asiáticas, hispanas e indias americanas tienen un menor riesgo de padecer y morir de cáncer de seno.

Si tiene tejido mamario denso

Los senos están formados por tejido adiposo, tejido fibroso y tejido glandular. Se dice que una mujer tiene senos densos (en un mamograma) cuando tiene más tejido glandular y fibroso y menos tejido adiposo. Las mujeres cuyos senos aparecen densos en los mamogramas tienen un riesgo de padecer cáncer de seno de 1.2 a 2 veces mayor que las mujeres con una densidad promedio en sus senos. Desafortunadamente, el tejido mamario denso también puede causar que los mamogramas sean menos precisos.

Un cierto número de factores puede afectar la densidad de los senos, tales como la edad, la menopausia, el uso de ciertos medicamentos (incluyendo terapia hormonal en la menopausia), el embarazo y la genética.

Para más información sobre este tema, lea Breast Density and Your Mammogram Report.

Si tiene ciertas afecciones benignas de los senos

Las mujeres diagnosticadas con ciertas afecciones benignas (no cancerosas) pueden tener un mayor riesgo de padecer cáncer de seno. Algunas de estas afecciones están más asociadas al riesgo de cáncer de seno que otras. Los doctores a menudo dividen las afecciones benignas del seno en tres grupos generales, dependiendo de cómo ellas afectan este riesgo.

Lesiones no proliferativas: estas afecciones están asociadas con el sobrecrecimiento del tejido mamario. No parecen afectar el riesgo de padecer cáncer de seno y de hacerlo, es en muy poca extensión. Éstas incluyen:

  • Fibrosis y/o quistes simples (algunas veces llamada enfermedad fibroquística o cambios friboquísticos)
  • Hiperplasia leve
  • Adenosis (no esclerosante)
  • Tumor filoide (benigno)
  • Un solo papiloma
  • Necrosis adiposa
  • Ectasia ductal
  • Fibrosis periductal
  • Metaplasia apocrina y escamosa
  • Calcificaciones relacionadas con el epitelio
  • Otros tumores benignos (lipoma, hamartoma, hemangioma, neurofibroma, adenomioepitelioma)

La mastitis (infección del seno) no es un tumor, y no aumenta el riesgo de padecer cáncer de seno.

Lesiones proliferativas sin atipia (anomalías celulares): en estas afecciones, hay un crecimiento excesivo de células en los conductos o lobulillos del seno. Parecen aumentar ligeramente el riesgo de padecer cáncer de seno en una mujer (de una y media a dos veces respecto al riesgo normal). Éstas incluyen:

  • Hiperplasia ductal usual (sin atipia)
  • Fibroadenoma
  • Adenosis esclerosante
  • Varios papilomas (papilomatosis)
  • Cicatriz radial

Lesiones proliferativas con atipia: en estas afecciones, las células en los conductos o lobulillos del tejido del seno crecen excesivamente, y algunas ya no lucen normales. Estos tipos de lesiones incluyen:

  • Hiperplasia ductal atípica (atypical ductal hyperplasia, ADH)
  • Hiperplasia lobulillar atípica (atypical lobular hyperplasia, ALH)

El cáncer de seno es de 3½ a 5 veces superior al normal en las mujeres con estos cambios. Si una mujer tiene un antecedente familiar de cáncer de seno e hiperplasia o hiperplasia atípica, ella tiene un riesgo aún mayor de padecer cáncer de seno.

Para más información sobre estas afecciones, consulte Afecciones no cancerosas de los senos.

Carcinoma lobulillar in situ: en el carcinoma lobulillar in situ (LCIS, por sus siglas en inglés), las células con aspecto de células cancerosas crecen en los lobulillos de las glándulas productoras de leche del seno, pero no atraviesan la pared de los lobulillos. Al LCIS también se le llama neoplasia lobulillar. Algunas veces, el LCIS y el carcinoma ductal in situ (DCIS) son catalogados juntos como cánceres no invasivos de seno. Sin embargo, a diferencia del DCIS, el LCIS no parece convertirse en cáncer invasivo si no se trata.

Las mujeres con carcinoma lobulillar in situ (LCIS) tienen un riesgo de siete a once veces mayor de padecer cáncer en cualquiera de los senos.

Comienzo de la menstruación (períodos) antes de los 12 años

Las mujeres que hayan tenido más ciclos menstruales debido a que comenzaron la menstruación a una edad temprana (antes de los 12 años) presentan un riesgo ligeramente mayor de padecer cáncer de seno. Este aumento en el riesgo podría deberse a una exposición más prolongada a las hormonas estrógeno y progesterona durante la vida.

Menopausia después de los 55 años de edad

Las mujeres que han tenido más ciclos menstruales debido a que experimentaron tarde la menopausia (después de los 55 años) tienen un riesgo ligeramente mayor de padecer cáncer de seno. Este aumento en el riesgo podría deberse a una exposición más prolongada a las hormonas estrógeno y progesterona durante la vida.

Tratamiento con radiación al pecho

Las mujeres que siendo niñas o jóvenes fueron tratadas con radioterapia en el tórax para otro tipo de cáncer (como la enfermedad de Hodgkin o el linfoma no Hodgkin) tienen un riesgo significativamente mayor de padecer cáncer de seno. Esto varía con la edad de la paciente al momento de recibir la radiación. Además, si a usted se le administró quimioterapia con radiación, esto pudo haber detenido por un tiempo la producción de hormonas ováricas, reduciendo el riesgo. El riesgo de padecer un cáncer de seno debido a radiación administrada al tórax es la mayor si usted recibió la radiación durante la adolescencia, cuando los senos aún estaban en desarrollo. La radioterapia después de los 40 años no parece aumentar el riesgo de padecer cáncer de seno.

Para obtener más información, lea Second Cancers Caused by Cancer Treatment.

Exposición al dietilestilbestrol (DES)

Desde los años 40 a los 70, a algunas mujeres embarazadas se le administraba un medicamento parecido al estrógeno llamado dietilestilbestrol (DES), ya que se pensaba que éste disminuía las probabilidades de perder el bebé (aborto espontáneo). Estas mujeres tienen un riesgo ligeramente mayor de padecer cáncer de seno. Las mujeres cuyas madres tomaron dietilestilbestrol durante el embarazo también pudieran tener un riesgo ligeramente mayor de cáncer de seno.

Para más información sobre el DES, consulte DES Exposure: Questions and Answers.

Factores de riesgo para el cáncer de seno relacionados con el estilo de vida

Ciertos factores de riesgo del cáncer de seno están relacionados con conductas personales, tales como la alimentación y el ejercicio. Otros factores de riesgo relacionados con el estilo de vida incluyen decisiones acerca de tener hijos y tomar anticonceptivos.

Consumo de bebidas alcohólicas

El consumo de bebidas alcohólicas está claramente asociado a un aumento en el riesgo de padecer cáncer de seno. El riesgo aumenta con la cantidad de alcohol consumido. En comparación con las mujeres que no ingieren alcohol, las que consumen una bebida alcohólica diaria tienen un aumento muy ligero en el riesgo. Aquéllas que toman de dos a cinco bebidas al día tienen alrededor de 1 ½ veces más riesgo que las mujeres que no toman alcohol. Se sabe que el consumo excesivo de bebidas alcohólicas también aumenta el riesgo de padecer otros tipos de cáncer. La Sociedad Americana Contra El Cáncer recomienda que las mujeres no beban más de un trago por día. Una bebida con alcohol se define como una cerveza común de 235 ml (12 oz), una copa de vino de 150 ml (5 oz), o un trago de 50 ml (1.5 oz) de licores destilados con alcohol al 40% (graduación etílica de 80).

Sobrepeso u obesidad

El sobrepeso o la obesidad después de la menopausia aumentan el riesgo de cáncer de seno. Antes de la menopausia, sus ovarios producen la mayor cantidad de estrógeno, y el tejido adiposo produce solamente una pequeña cantidad. Por otro lado, después de la menopausia (cuando los ovarios dejan de producir estrógeno), la mayor parte del estrógeno de una mujer proviene del tejido adiposo. Un exceso de tejido adiposo después de la menopausia puede elevar los niveles de estrógeno y aumenta su probabilidad de padecer cáncer de seno. Además, las mujeres que tienen sobrepeso tienden a presentar niveles de insulina en la sangre más elevados. Los niveles de insulina más elevados están asociados a algunos tipos de cánceres, incluyendo el cáncer de seno.

Sin embargo, la relación entre el peso y el riesgo de cáncer de seno es compleja. Por ejemplo, el riesgo parece ser mayor en las mujeres que aumentan de peso en su vida adulta, pero es posible que no aumente en aquellas mujeres que han tenido exceso de peso desde la infancia. Además, un exceso de grasa en el área de la cintura afecta el riesgo más que la misma cantidad de grasa en las caderas y en los muslos. Los investigadores creen que las células grasas de varias partes del cuerpo tienen diferencias sutiles que pueden explicar esta observación.

La Sociedad Americana Contra el Cáncer recomienda mantener un peso saludable durante toda su vida mediante el consumo balanceado de alimentos, la actividad física y evitar el exceso de peso.

Actividad física

La evidencia que indica que la actividad física en forma de ejercicio reduce el riesgo de cáncer de seno está aumentando. La pregunta principal es determinar cuánto ejercicio es necesario. En un estudio de la Women’s Health Initiative, caminar a paso ligero tan poco como 1¼ a 2½ horas por semana redujo a 18% el riesgo de una mujer. Con diez horas de caminata a la semana se redujo el riesgo aún un poco más.

Para reducir su riesgo de cáncer de seno, la Sociedad Americana Contra El Cáncer recomienda que los adultos hagan al menos 150 minutos de actividad física de intensidad moderada o 75 minutos de intensidad vigorosa por semana (o una combinación de ambas), preferiblemente repartidos a través de la semana.

Las actividades de intensidad moderada son aquellas que le hacen respirar tan fuerte como lo haría en una caminata enérgica. Durante las actividades de intensidad moderada, notará un leve incremento en su ritmo cardiaco y respiración. Deberá poder hablar, mas no necesariamente podría cantar al estar haciendo este tipo de actividades. Las actividades de intensidad vigorosa son de una intensidad mayor. Éstas causan un ritmo cardiaco elevado, la sudoración y una respiración rápida. Las actividades que fomentan la fuerza y flexibilidad, como el levantamiento de pesas, los ejercicios de estiramiento o la práctica de yoga, también son benéficos.

Tener hijos

Las mujeres que no han tenido hijos o aquellas que tuvieron su primer hijo después de los 30 años tienen en general un riesgo ligeramente mayor de padecer cáncer de seno. Los embarazos múltiples y quedar embarazada a una edad temprana reducen el riesgo del cáncer de seno en general. Aun así, el efecto del embarazo es diferente para los distintos tipos de cáncer de seno. Para cierto tipo de cáncer de seno conocido como triple negativo, el embarazo parece aumentar el riesgo.

Control de la natalidad

Píldoras anticonceptivas: los estudios han reportado que las mujeres que usan anticonceptivos orales tienen un riesgo ligeramente mayor de tener cáncer de seno que aquellas mujeres que nunca los han usado. Una vez que se suspenden las pastillas, este riesgo parece regresar a la normalidad con el paso del tiempo. Las mujeres que dejaron de usar los anticonceptivos orales hace más de 10 años no parecen tener aumento del riesgo de padecer cáncer de seno. Al considerar el uso de anticonceptivos orales, las mujeres deben examinar sus otros factores de riesgo de cáncer de seno con sus médicos.

El acetato de medroxiprogesterona de depósito (DMPA; Depo-Provera) es una forma inyectable de progesterona que se administra una vez cada 3 meses como método anticonceptivo. Unos pocos estudios han estudiado el efecto del DMPA sobre el riesgo de cáncer de seno. Las mujeres que actualmente usan el DMPA parecen tener un aumento en el riesgo, pero el riesgo no parece aumentado si este medicamento se usó hace más de 5 años.

Terapia hormonal después de la menopausia

La terapia hormonal que usa estrógeno (a menudo combinada con progesterona) ha sido empleada por muchos años para ayudar a aliviar los síntomas de la menopausia y para ayudar a prevenir la osteoporosis (adelgazamiento de los huesos). Este tratamiento es conocido con distintos nombres como terapia hormonal postmenopáusica, terapia de restitución hormonal y terapia hormonal menopáusica.

Existen dos tipos principales de terapia hormonal. Para las mujeres que siguen teniendo el útero (matriz), los doctores generalmente recetan estrógeno y progesterona (conocida como terapia hormonal combinada). La progesterona es necesaria ya que el estrógeno solo puede aumentar el riesgo de padecer cáncer de útero. Por otro lado, se puede usar solo estrógeno en las mujeres que han sido sometidas a una histerectomía (mujeres que ya no tienen útero). A esto se le conoce como terapia de restitución de estrógeno (estrogen replacement therapy, ERT) o simplemente terapia de estrógeno (estrogen therapy, ET).

Terapia hormonal combinada (HT): el uso de terapia hormonal combinada después de la menopausia aumenta el riesgo de padecer cáncer de seno. Además, es posible que aumente las probabilidades de morir de cáncer de seno. Este aumento en el riesgo se puede observar con tan poco como dos años de uso. La terapia hormonal combinada también aumenta la probabilidad de que el cáncer sea detectado en una etapa más avanzada. (Esto significa que al momento se descubrirlo ya se había propagado desde el lugar donde se originó).

El riesgo aumentado debido a la terapia hormonal combinada parece aplicarse sólo a las usuarias actuales y recientes. El riesgo de padecer cáncer de seno en la mujer aparenta igualarse con el de la población general 5 años después de suspender el tratamiento.

Terapia hormonal bioidéntica: el término bioidénticas a veces se usa para describir versiones de estrógeno y progesterona con la misma estructura química que las encontradas de forma natural en las personas. El uso de estas hormonas ha sido promocionado en el mercado como una manera segura de tratar los síntomas de la menopausia. Es importante tener en cuenta que debido a que no hay muchos estudios que comparen las hormonas “bioidénticas” o “naturales” con las versiones sintéticas, no existe evidencia de que sean más seguras o eficaces. Se necesitan más estudios para saber con certeza. Se debe considerar que el uso de estas hormonas bioidénticas tiene los mismos riesgos a la salud que cualquier otro tipo de terapia hormonal.

Terapia de estrógeno (ET): el uso de sólo estrógeno después de la menopausia no parece aumentar mucho el riesgo de cáncer de seno, si es que acaso lo aumenta. Sin embargo, en algunos estudios se ha descubierto que la terapia de estrógenos aumenta el riesgo de cáncer de ovario y de seno cuando se usa por mucho tiempo (por más de 10 años).

Actualmente existen pocas razones contundentes para usar la terapia hormonal posmenopáusica (ya sea HT combinada o ET) que no sea tal vez para el alivio de los síntomas de la menopausia por un corto periodo de tiempo. Además de aumentar el riesgo de cáncer de seno, la terapia hormonal combinada parece aumentar el riesgo de enfermedad cardiaca, coágulos sanguíneos y apoplejía (derrame cerebral o ataque al cerebro). Esta terapia reduce el riesgo de cáncer colorrectal y osteoporosis, pero estos beneficios y los posibles daños deben sopesarse, especialmente debido a que existen otros métodos para prevenir y tratar la osteoporosis, y las pruebas de detección pueden a veces prevenir el cáncer de colon. La terapia de estrógeno no parece aumentar el riesgo de padecer cáncer de seno, pero aumenta el riesgo de accidente cerebrovascular.

La decisión de usar la terapia hormonal debe tomarla la mujer y su médico después de analizar los posibles riesgos y beneficios (incluyendo la gravedad de los síntomas de la menopausia), y considerar los otros factores de riesgo de enfermedad cardiaca, cáncer de seno y osteoporosis. Si deciden emplear la terapia hormonal como tratamiento de los síntomas menopáusicos, por lo general es mejor usar la menor dosis posible y por el tiempo más breve que sea eficaz para ella.

Lactancia

Algunos estudios sugieren que la lactancia podría disminuir ligeramente el riesgo de cáncer de seno, especialmente si se prolonga por 1½ a 2 años. Pero esto ha sido algo muy difícil de estudiar, especialmente en lugares como los Estados Unidos, donde la lactancia por un periodo tan prolongado como éste no es común.

La explicación para este posible efecto puede ser que la lactancia reduce el número total de ciclos menstruales en la vida de una mujer (lo mismo que comenzar los periodos menstruales a una edad mayor o experimentar la menopausia temprano).

Factores con un efecto no bien definido sobre el riesgo de padecer cáncer de seno

Hay algunos factores, como la exposición al humo de tabaco y trabajar durante la noche, que podrían ser factores de riesgo para el cáncer de seno. Sin embargo, las investigaciones aún no indican con claridad si realmente hay un vínculo.

Alimentación y vitaminas

Se han realizado muchos estudios para identificar un vínculo entre ciertos planes de alimentación y el riesgo de padecer cáncer de seno, pero hasta ahora los resultados han sido contradictorios. Los resultados de algunos estudios han demostrado que la alimentación puede desempeñar un rol en el riesgo, mientras que otros no han encontrado evidencia que demuestre que la alimentación afecta el riesgo de padecer este cáncer.

Los estudios que han analizado los niveles vitamínicos han dado resultados inconsistentes. Además, algunos estudios han descubierto que los niveles más altos de ciertos nutrientes aumentaron el riesgo de padecer cáncer de seno en las mujeres. Hasta el momento, ningún estudio ha demostrado que consumir vitaminas reduce el riesgo de padecer cáncer de seno. Esto no quiere decir que no sea beneficioso adoptar una dieta saludable. Una alimentación baja en grasa, con poca carne roja o carne procesada, y alta en frutas y verduras podría proporcionar otros beneficios a la salud.

Muchos estudios realizados en las mujeres de los Estados Unidos no han vinculado el riesgo del cáncer de seno con el consumo de grasas en la alimentación. Aun así, los estudios han descubierto que el cáncer de seno es menos común en aquellos países cuya dieta típica tiene un bajo contenido total de grasas, bajo contenido de grasas poliinsaturadas y bajo contenido de grasas saturadas. Los investigadores todavía no están seguros de cómo explicar esto. Puede que se deba por lo menos en parte al efecto de la alimentación en el peso del cuerpo (vea información más adelante). También, los estudios en los que se compara la alimentación y el riesgo de cáncer de seno en diferentes países se complican con otras diferencias (como por ejemplo el nivel de actividad, la ingestión de otros nutrientes y los factores genéticos), que también podrían afectar el riesgo de padecer cáncer de seno.

Es necesario realizar más investigaciones para entender mejor el efecto de los tipos de grasa consumidos sobre el riesgo de cáncer de seno. Se ha demostrado que las calorías son un factor que cuenta, y la grasa es una fuente principal de calorías. Los alimentos con altos contenidos de grasa pueden causar obesidad o sobrepeso, lo que se sabe es un factor de riesgo para el cáncer de seno. Una alimentación con un alto consumo de grasa también es un factor de riesgo para algunos otros tipos de cáncer. Además, el consumo de ciertos tipos de grasa claramente se relaciona con un mayor riesgo de enfermedad cardíaca.

Químicos en el ambiente

Se han reportado numerosas investigaciones, y se están realizando aún más, para entender las posibles influencias del medio ambiente en el riesgo de cáncer de seno.

Existe un interés especial en los compuestos del ambiente que contienen propiedades semejantes a las del estrógeno. Por ejemplo, las sustancias encontradas en algunos plásticos, ciertos cosméticos y productos del cuidado personal, pesticidas y PCBs (bifenilos policlorinados) parecen tener tales propiedades. En teoría, estos podrían afectar el riesgo de padecer cáncer de seno.

Este asunto causa una gran preocupación en el público, pero actualmente ninguna investigación muestra una clara asociación entre el riesgo de cáncer de seno y la exposición a estas sustancias. El estudio de tales efectos en los humanos es difícil. Se necesitan más estudios para definir mejor los posibles efectos a la salud de éstas y otras sustancias similares.

Humo del tabaco

Durante mucho tiempo, los estudios indicaban que no había una relación entre fumar cigarrillos y el cáncer de seno. Sin embargo, en los últimos años, más estudios han demostrado que fumar por mucho tiempo está relacionado con un mayor riesgo de padecer cáncer de seno. En algunos estudios, el riesgo fue el mayor en ciertos grupos, como las mujeres que comenzaron a fumar antes de tener su primero hijo. El Informe del Director General de Salud Pública de los Estados Unidos emitido en 2014 concluyó que la evidencia es “sugestiva, pero no suficiente” para establecer el vínculo entre el hábito de fumar y el riesgo de cáncer de seno.

Los investigadores también evalúan si el humo de segunda mano aumenta el riesgo de padecer cáncer de seno. Tanto el humo directo que aspira el fumador como el humo de segunda mano contienen químicos que, en altas concentraciones, causan cáncer de seno en roedores. Los estudios han mostrado que los químicos en el humo del tabaco alcanzan el tejido del seno. Además, se han encontrado estos químicos en la leche materna de roedores.

En los estudios con humanos, la evidencia relacionada con el humo de segunda mano y el riesgo de padecer cáncer de seno no es muy clara, por lo menos en parte, porque el vínculo entre fumar y el cáncer de seno tampoco está claro. Una razón para esto podría ser que el humo del tabaco puede tener diferentes efectos en el riesgo de padecer cáncer de seno de las fumadoras en comparación con aquellas que sólo están expuestas al humo de segunda mano.

Un informe de la Agencia de Protección Ambiental de California concluyó en 2005 que la evidencia asociada al humo de segunda mano y el cáncer de seno es “consistente con una asociación causal” en mujeres jóvenes, principalmente premenopáusicas. El Informe del Director General de Salud Pública de los Estados Unidos emitido en 2014, concluyó que en este momento la evidencia es “sugestiva, pero no suficiente” para establecer el vínculo. De todas maneras, este posible vínculo con el cáncer de seno es una razón más para evitar el humo de segunda mano.

Trabajo nocturno

Algunos estudios han sugerido que las mujeres que trabajan durante la noche, por ejemplo las enfermeras del turno de la noche, podrían tener un mayor riesgo de padecer cáncer de seno. Éste es un hallazgo bastante reciente, y se están realizando más estudios para analizar este asunto. Algunos investigadores creen que el efecto puede deberse a cambios en los niveles de melatonina, una hormona que es afectada por la exposición del cuerpo a la luz, aunque también se están estudiando otras hormonas.

Factores de riesgo para el cáncer de seno que son controversiales o que han sido desmentidos

Las investigaciones han demostrado que hay muchos factores no relacionados con el cáncer de seno. Es posible que usted lea información en Internet o escuche hablar acerca de estos factores de riesgo que son controversiales o que han sido desmentidos. No obstante, es importante conocer la verdad.

Desodorantes

Los rumores difundidos por correo electrónico e Internet han sugerido que las sustancias químicas que se encuentran en los desodorantes axilares son absorbidas a través de la piel, interfieren con la circulación linfática, y causan la acumulación de toxinas en el seno, y finalmente producen cáncer de seno.

Según la evidencia disponible (incluyendo lo que sabemos sobre cómo funciona el cuerpo), existe poca, si es que hay alguna, razón para creer que los desodorantes aumenten el riesgo de cáncer de seno. Para más información, lea Antiperspirants and Breast Cancer Risk.

Sostenes

Los rumores difundidos mediante correos electrónicos y por Internet, así como al menos un libro, han sugerido que los sostenes causan cáncer de seno al obstruir el flujo linfático. No existe una buena base clínica o científica para este reclamo, y un estudio reciente que incluyó a más de 1,500 mujeres no encontró vínculo entre el uso del sostén y el riesgo de padecer cáncer de seno.

Aborto provocado

Varios estudios han provisto datos bastantes significativos que indican que los abortos provocados o espontáneos no tienen un efecto general en el riesgo de padecer cáncer de seno. Para más detalles, lea Is Abortion Linked to Breast Cancer?

Implantes de seno

Varios estudios han descubierto que los implantes de seno no aumentan el riesgo de padecer cáncer de seno, aunque los implantes de seno de silicona pueden causar la formación de tejido cicatricial en el seno. Los implantes dificultan la visualización del tejido mamario en los mamogramas convencionales, aunque se pueden obtener radiografías adicionales, llamadas vistas con desplazamiento de implantes, para hacer un examen más completo del tejido del seno.

Los implantes de seno podrían estar relacionados con un tipo de linfoma poco común llamado linfoma anaplásico de células grandes. Este linfoma rara vez ha sido encontrado en el tejido del seno que rodea a los implantes. Hasta el momento, sin embargo, existen muy pocos casos para saber si el riesgo de este linfoma es realmente mayor en las mujeres con implantes.


Fecha de última actualización: 09/25/2014
Fecha de último cambio o revisión: 05/24/2016