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¿Cuáles son los factores de riesgo del cáncer de seno?
Ciertos cambios en el ADN pueden causar que las células normales del seno se conviertan en cáncer. El ADN es la sustancia en cada una de nuestras células que contiene nuestros genes (las instrucciones sobre cómo funcionan nuestras células). Ciertos cambios hereditarios en el ADN (mutaciones) pueden incrementar el riesgo de cáncer. Estos cambios causan que los cánceres abunden en algunas familias. Por ejemplo, los genes BRCA1 y BRCA2 son genes supresores de tumores al evitar que algunos cánceres puedan formarse. Cuando estos genes sufren cambios, éstos ya no pueden hacer que las células mueran en su momento indicado, haciendo más probable que se desarrolle un cáncer.
Pero la mayoría de los cambios en el ADN del cáncer de seno ocurren de forma independiente en las células del seno durante la vida de una mujer en lugar de que dichos cambios hayan sido hereditarios. Por lo pronto, todavía no se sabe las causas de la mayoría de las mutaciones del ADN que podrían resultar en cáncer.
Factores de riesgo
Aunque aún no sabemos exactamente qué causa el cáncer de seno, sí sabemos que existen ciertos factores de riesgo asociados con la enfermedad. Un factor de riesgo es todo aquello que aumenta las probabilidades de que una persona padezca una enfermedad, como por ejemplo el cáncer. Los distintos tipos de cáncer tienen distintos factores de riesgo. Algunos factores de riesgo, tal como fumar, consumir alcohol y la alimentación están asociados con cosas que una persona hace. Otros, como la edad de la persona, la raza o sus antecedentes familiares, no se pueden cambiar.
Sin embargo, los factores de riesgo no lo indican todo. El tener un factor de riesgo, o incluso varios, no significa que una mujer tendrá cáncer de seno. Algunas mujeres que tienen uno o más factores de riesgo nunca padecen la enfermedad, y la mayoría de las mujeres que lo padecen no tienen ningún factor de riesgo (que no sea ser mujer y estar envejeciendo). Algunos factores tienen un mayor peso sobre el riesgo que otros, y su riesgo de cáncer de seno puede cambiar con el transcurso del tiempo debido al envejecimiento o el estilo de vida.
Aunque muchos factores de riesgo pudieran aumentar las probabilidades de llegar a tener cáncer de seno, todavía no se sabe bien cómo algunos de estos factores de riesgo causan que las células se conviertan en cáncer. Las hormonas parecen desempañar un papel en muchos casos del cáncer de seno, aunque no se conoce totalmente cómo esto ocurre.
Factores de riesgo que usted no puede cambiar
Incidencia según el sexo: el hecho de ser mujer es el factor de riesgo principal del cáncer de seno. Aun cuando los hombres también padecen la enfermedad, resulta 100 veces más común entre las mujeres.
Edad: las probabilidades de padecer cáncer de seno incrementan a medida en que la edad de la mujer aumenta. Alrededor de dos de cada tres mujeres con cáncer invasivo de seno tienen 55 años o más cuando se les encontró el cáncer.
Factores de riesgo genéticos: se cree que aproximadamente de 5 a 10 por ciento de los casos del cáncer de seno está relacionado con cambios (mutaciones) hereditarios en ciertos genes. Los cambios más comunes son los de los genes BRCA1 y BRCA2. Las mujeres con estos cambios genéticos presentan hasta un 80 por ciento de probabilidad de padecer cáncer de seno durante sus vidas. Otros cambios genéticos pudieran también aumentar el riesgo del cáncer de seno.
Historial familiar: el riesgo de cáncer de seno es mayor entre las mujeres cuyos familiares directos (consanguíneos) tienen esta enfermedad. Estos parientes pueden ser tanto del lado de la familia de la madre como de la del padre. El que su madre, hermana o hija padezca de cáncer de seno casi duplica el riesgo de una mujer. Es importante señalar que la mayoría (más del 85 por ciento) de las mujeres que padecen cáncer de seno no tienen antecedentes familiares de esta enfermedad. Por lo tanto, el no tener un familiar con cáncer de seno no significa que usted no padecerá esta enfermedad.
Antecedentes personales del cáncer de seno: una mujer que tenga cáncer en un seno tiene mayores probabilidades de tener un nuevo cáncer en el otro seno o en otra parte del mismo seno. Esto es diferente a un regreso del primer cáncer (conocido como recurrencia).
Raza: en general, las mujeres de raza blanca tienen ligeramente mayores probabilidades de tener cáncer de seno que las mujeres de raza negra. Las mujeres de raza negra tienen mayores probabilidades de morir de este tipo de cáncer. Además, en las mujeres menores de 45 años de edad, el cáncer de seno es más común en las mujeres de raza negra. Las mujeres asiáticas, hispanas e amerindias (indígenas de Estados Unidos) tienen un menor riesgo de padecer y morir de cáncer de seno.
Tejido denso del seno: el tejido denso del seno significa que hay más tejido glandular y menos tejido adiposo. Las mujeres con tejido del seno más denso tienen un riesgo más elevado del cáncer de seno. El tejido denso del seno puede también dificultar a los médicos la detección de problemas en los mamogramas.
Ciertos problemas benignos (que no son cáncer) en el seno: las mujeres con ciertos cambios benignos en los senos pueden estar en un riesgo aumentado de padecer cáncer de seno. Algunos de estos cambios son más probables a convertirse en cáncer de seno que otros. Para más detalles sobre este tema, lea nuestro documento Afecciones no cancerosas de los senos.
Carcinoma lobulillar in situ: en esta afección, las células que lucen como células cancerosas se encuentran en las glándulas productoras de leche (lobulillos), pero éstas no crecen a través de la pared de los lobulillos, y no se puede propagar a otras partes del cuerpo. Este no es un verdadero cáncer o un precáncer, pero el carcinoma lobulillar in situ (lobular carcinoma in situ, LCIS) aumenta el riesgo de que una mujer padezca cáncer en cualquiera de los senos más adelante. Por este motivo, es importante que las mujeres con LCIS no dejen de someterse regularmente a sus mamogramas ni falten a sus citas médicas. Las mujeres con carcinoma lobulillar in situ (LCIS) tienen un riesgo de siete a 11 veces mayor de padecer cáncer en cualquiera de los senos que las mujeres sin esta condición.
Menstruaciones: las mujeres que comenzaron a menstruar a una edad temprana (antes de los 12 años), o que experimentaron la menopausia después de los 55 años de edad, tienen un riesgo ligeramente más alto de padecer cáncer de seno. Este aumento en el riesgo pudiera deberse a una exposición mayor a las hormonas estrógeno y progesterona durante toda la vida.
Radiación al seno a temprana edad: las mujeres que recibieron tratamiento con radiación en el área del tórax (pecho), como parte de su tratamiento contra algún otro cáncer durante su infancia o adolescencia, tienen un riesgo significativamente más alto del cáncer de seno. El riesgo varía con la edad de la paciente al momento de recibir la radiación. El riesgo de la radiación a la región del pecho es el mayor si la radiación se administró durante la adolescencia, cuando los senos estaban aún en desarrollo. La radioterapia después de los 40 años no parece aumentar el riesgo de cáncer de seno.
Tratamiento con dietilestilbestrol (DES): en el pasado, se administró a algunas mujeres embarazadas el medicamento dietilestilbestrol, ya que se pensaba que éste disminuía las probabilidades de perder el bebé (aborto). Los estudios han mostrado que estas mujeres tienen un riesgo ligeramente mayor de padecer cáncer de seno. El efecto en los niños expuestos en el vientre no es tan claro, pero ellos también pueden presentar un riesgo ligeramente mayor de cáncer de seno. Para más información sobre este tema, lea nuestro documento DES Exposure: Questions and Answers.
Riesgo del cáncer de seno y decisiones en el estilo de vida
No tener hijos o tenerlos a una mayor edad en la vida: las mujeres que no han tenido hijos o aquéllas que tuvieron su primer hijo después de los 30 años, tienen un riesgo ligeramente mayor de tener cáncer de seno. El haber tenido varios embarazos a una edad joven reduce el riesgo. El embarazo reduce el número total de ciclos menstruales en la vida de una mujer, lo cual puede que sea una razón de este efecto.
Uso reciente de pastillas para prevenir el embarazo (anticonceptivos orales): los estudios han reportado que las mujeres que están usando anticonceptivos orales en la actualidad tienen un riesgo ligeramente mayor de tener cáncer de seno que aquellas mujeres que nunca los han usado. El riesgo parece bajar a lo normal con el paso del tiempo una vez se dejan de tomar las pastillas anticonceptivas. Las mujeres que dejaron de usar la píldora hace más de diez años no aparentan tener un mayor riesgo. Es recomendable consultar los riesgos y beneficios de las pastillas anticonceptivas con su doctor.
El acetato de medroxiprogesterona de depósito (DMPA o Depo-Provera®) es una forma inyectable de progesterona que se administra una vez cada 3 meses como inyección para el control de la natalidad. Las mujeres que actualmente usan el DMPA parecen tener un aumento en el riesgo de cáncer de seno, pero el riesgo no parece haber aumentado si este medicamento se dejó de usar hace más de 5 años.
Terapia hormonal después de la menopausia: la terapia hormonal posmenopáusica (post-menopausal hormone therapy, PHT), ha sido usada por muchos años para ayudar a aliviar los síntomas de la menopausia y para ayudar a prevenir el adelgazamiento de los huesos (osteoporosis). Este tratamiento tiene otros nombres, tal como terapia de reemplazo hormonal (hormone replacement therapy, HRT) y terapia hormonal para la menopausia (menopausal hormone therapy, MHT).
Existen dos tipos principales de terapia hormonal posmenopáusica. Para las mujeres a quienes no se les ha extirpado la matriz (el útero), los doctores con más frecuencia recetan estrógeno y progesterona (conocida como terapia hormonal combinada o HT combinada). El estrógeno por sí solo puede aumentar el riesgo de cáncer de útero, por lo tanto se necesita progesterona para ayudar a prevenir dicho riesgo. Por otro lado, a las mujeres a quienes se les extirpó el útero (aquellas que se sometieron a una histerectomía) se les puede recetar sólo estrógeno. A esto se le conoce como terapia de restitución de estrógeno (estrogen replacement therapy, ERT) o simplemente terapia de estrógeno (estrogen therapy, ET).
- Terapia hormonal combinada: el uso de esta terapia después de la menopausia aumenta el riesgo de tener cáncer de seno. Además, es posible que aumente las probabilidades de morir de cáncer de seno. El cáncer de seno en mujeres que reciben hormonas también puede ser encontrado en una etapa más avanzada, posiblemente porque reduce la eficacia de los mamogramas al aumentar la densidad de los senos. El riesgo del cáncer de seno parece regresar a la normalidad 5 años después de haber terminado la terapia hormonal. El término bioidénticas a veces se usa para describir versiones de estrógeno y progesterona con la misma estructura química que las encontradas de forma natural en las personas. El uso de estas hormonas ha sido mercadeado como una manera segura de tratar los síntomas de la menopausia. Es importante recordar que aunque existen pocos estudios que comparan las hormonas “bioidénticas” o “naturales” con las versiones de hormonas artificiales, no existe evidencia de que sean más seguras o eficaces. Se debe asumir que el uso de estas hormonas bioidénticas tiene los mismos riesgos a la salud que cualquier otro tipo de terapia hormonal.
- Terapia de estrógeno: el uso de estrógeno solamente no parece aumentar el riesgo de cáncer de seno. De hecho, algunas investigaciones parecen mostrar que las mujeres a quienes se les han extraído sus úteros y que toman estrógeno en realidad tienen un menor riesgo de cáncer de seno. Sin embargo, las mujeres que toman estrógeno parecen tener más problemas con ataques al cerebro y otros coágulos sanguíneos. Además, en algunos estudios se ha descubierto que la terapia de estrógeno aumenta el riesgo de cáncer de ovario cuando se usa por mucho tiempo (por más de 10 años).
Actualmente, parece que existen pocas razones contundentes para usar la terapia hormonal posmenopáusica, que no sean para aliviar los síntomas de la menopausia a corto plazo. No obstante, existen otros factores a considerar, por lo que usted debe consultar con su doctor las ventajas y desventajas de usar la PHT. Si usted y su médico deciden emplear la terapia hormonal posmenopáusica como tratamiento de los síntomas menopáusicos, por lo general es mejor usar la menor dosis posible y por el tiempo más breve que sea efectiva para usted.
No lactar a sus bebés: algunos estudios indican que la lactancia materna reduce ligeramente el riesgo de cáncer de seno, especialmente si el período de lactancia es de 1½ a 2 años. La razón podría ser que la lactancia, al igual que el embarazo, disminuye el número total de períodos menstruales. No obstante, ésta ha sido un área difícil de estudiar, ya que en países como Estados Unidos, la lactancia por un periodo tan prolongado como éste no es común.
Alcohol: el consumo de bebidas alcohólicas está claramente asociado con un aumento en el riesgo de padecer cáncer de seno. Las mujeres que toman una bebida al día tienen un riesgo ligeramente más alto. Aquéllas que toman de dos a cinco bebidas al día tienen alrededor de 1 ½ veces más riesgo que las mujeres que no toman alcohol. Se sabe también que un gran consumo de bebidas que contienen alcohol incrementa el riesgo de desarrollar otros varios tipos de cáncer.
Sobrepeso u obesidad: el sobrepeso o la obesidad después de la menopausia (o porque el aumento de peso ocurrió durante la edad adulta) está asociado con un mayor riesgo de cáncer de seno. Sin embargo, la relación entre el peso y el riesgo de cáncer de seno es compleja. El riesgo parece ser mayor si la grasa adicional se encuentra alrededor de la cintura.
Falta de ejercicio: hay estudios que han demostrado que el ejercicio reduce el riesgo del cáncer de seno. La única pregunta es determinar cuánto ejercicio es necesario. Un estudio reveló que con tan sólo 1 ¼ a 2 ½ horas de caminata a la semana se puede reducir el riesgo en un 18%. Con diez horas de caminata a la semana se redujo el riesgo aún un poco más.
Factores de riesgo inciertos o que no se han probado
Alimentación y consumo de vitaminas: muchos estudios han analizado la relación entre lo que una mujer come y su riesgo de cáncer de seno, pero hasta el momento no hay respuestas claras. Algunos estudios parecen indicar que la alimentación pudiera desempeñar un papel en el riesgo, mientras que otros no han encontrado evidencia que demuestre que la alimentación tiene un efecto en el riesgo de este cáncer. Los estudios han analizado la cantidad de grasa en la alimentación, consumo de frutas y verduras, y la ingesta de carne. No se ha encontrado una relación clara entre la alimentación y el riesgo de cáncer de seno. Además, los estudios han analizado los niveles vitamínicos, pero una vez más los resultados no son claros. Hasta el momento, ningún estudio ha demostrado que consumir vitaminas reduce el riesgo de cáncer de seno. Esto no quiere decir que no sea beneficioso adoptar una dieta saludable. Una alimentación baja en grasa, con poca carne roja y procesada, y alta en frutas y verduras puede proporcionar muchos beneficios a la salud.
La mayoría de los estudios han encontrado que el cáncer de seno es menos común en países donde la dieta típica es baja en grasa. Por otro lado, muchos estudios realizados en las mujeres de los Estados Unidos no han encontrado que exista una relación entre el riesgo del cáncer de seno y la cantidad de grasa que consumen. Los investigadores todavía no están seguros de cómo explicar esta diferencia. Es necesario realizar más investigaciones para entender mejor el efecto de los tipos de grasa consumidos y el peso corporal sobre el riesgo del cáncer de seno.
Desodorantes y sostenes: rumores que circulan por medios electrónicos (Internet, correo electrónico, etc.) sugieren que los desodorantes (antitranspirantes) pueden causar cáncer de seno. Existe muy poca evidencia que apoye esta idea. Un estudio abarcador sobre las causas del cáncer de seno encontró que no hay aumento de riesgo de cáncer de seno en las mujeres que usaron desodorantes. Tampoco hay evidencia que respalda la declaración de que los sostenes pueden causar cáncer de seno.
Abortos provocados: varios estudios indican que los abortos inducidos no aumentan el riesgo de cáncer de seno. Además, no existe evidencia que muestre una relación directa entre los abortos naturales y el cáncer de seno. Para más información, lea nuestro documento Is Abortion Linked to Breast Cancer?
Implantes de seno: los implantes de seno hechos de silicona pueden hacer que se forme tejido cicatricial en el seno. Pero hay estudios que reportan que esto no aumenta el riesgo del cáncer de seno. Si usted tiene implantes de seno, pudiera requerir una radiografía especial durante la mamografía.
Contaminación: se está llevando a cabo mucha investigación para determinar cómo el ambiente podría afectar el riesgo del cáncer de seno. Se comprende que este asunto causa una gran preocupación en el público, pero actualmente ninguna investigación muestra una clara asociación entre el riesgo de cáncer de seno y la exposición a estas cosas, tal como plásticos, ciertos cosméticos y productos del cuidado personal, así como pesticidas (como DDE). Se necesitan más estudios para definir mejor los posibles efectos a la salud de éstas y otros compuestos similares.
Hábito de fumar: por mucho tiempo, estudios no han encontrado una relación entre fumar cigarrillos y el cáncer de seno. Aunque en años recientes, más estudios han reportado que fumar puede que aumente el riesgo de cáncer de seno. Un riesgo incrementado parece afectar a ciertos grupos, como las mujeres que comenzaron a fumar cuando eran jóvenes. En 2009, la Agencia Internacional para la Investigación del Cáncer concluyó que la evidencia es limitada sobre el cáncer ocasionado por el hábito de fumar tabaco.
Un tema que continúa siendo un punto de investigación es si el humo de segunda mano (el humo que sale del cigarrillo de otra persona) pudiera aumentar el riesgo del cáncer de seno. Sin embargo, la evidencia sobre el humo de segunda mano y el riesgo del cáncer de seno en los estudios realizados con humanos no se ha aclarado. De todas maneras, el que haya una pequeña posibilidad con el cáncer de seno es otra razón para evitar rodearse del humo de segunda mano.
Trabajo nocturno: algunos estudios han sugerido que las mujeres que trabajan durante la noche (como enfermeras en horario nocturno, por ejemplo) presentan un mayor riesgo del cáncer de seno. Este hallazgo es bastante reciente, y se están realizando más investigaciones para analizar esta relación.
Fecha de última actualización: 10/02/2012
Fecha de último cambio o revisión: 02/22/2013
