Leucemia linfocítica aguda (adultos)

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¿Qué es Leucemia linfocítica aguda (adultos)? TEMAS

¿Qué es el cáncer?

Leucemia linfocítica aguda (adultos)

¿Qué es el cáncer?

El cáncer se origina cuando una célula de una parte del cuerpo comienza a crecer sin control. Aunque hay muchas clases de cáncer, todos ellos comienzan debido al crecimiento sin control de células anormales.

Las células normales del cuerpo crecen, se dividen y mueren de manera ordenada. Durante los primeros años de vida de una persona, las células normales se dividen más rápidamente, hasta que la persona llega a la edad adulta. Entonces, las células de la mayor parte del cuerpo sólo se dividen para reemplazar células desgastadas o que están muriendo, y para reparar lesiones.

Debido a que las células del cáncer continúan creciendo y dividiéndose, son diferentes a las células normales. En lugar de morir, viven más que las células normales y continúan formando nuevas células anormales.

Las células cancerosas se desarrollan debido a un daño en el ADN. El ADN se encuentra en todas las células y dirige todas sus actividades. La mayoría de las veces, cuando el ADN sufre un daño el cuerpo puede repararlo. En las células cancerosas el ADN dañado no se puede reparar. Las personas pueden heredar ADN dañado, lo cual explica los tipos de cáncer hereditarios. Sin embargo, muchas veces el ADN de una persona sufre daños por exposición a algún factor ambiental, como por ejemplo el humo de los cigarrillos.

Generalmente el cáncer forma un tumor. Otros tipos de cáncer, como por ejemplo la leucemia, no forman tumores. En este caso, las células cancerosas afectan la sangre y los órganos hematopoyéticos (productores de sangre) y circulan a través de otros tejidos en los cuales crecen.

Las células del cáncer muchas veces se desplazan hacia otras partes del cuerpo, en donde comienzan a crecer y a reemplazar el tejido normal. Este proceso se llama metástasis. Sin embargo, independientemente del lugar hacia el cual se propague el cáncer, siempre recibe el nombre del lugar en el que se originó. Por ejemplo, el cáncer de seno que se propaga al hígado es aún cáncer de seno, no cáncer de hígado.

No todos los tumores son cancerosos. Los tumores benignos (no cancerosos) no se propagan hacia otras partes del cuerpo (metástasis) y, con raras excepciones, no constituyen una amenaza para la vida.

Los diferentes tipos de cáncer se pueden comportar de manera muy diferente. Por ejemplo, el cáncer de pulmón y el cáncer de seno son enfermedades muy diferentes. Crecen a una tasa diferente y responden a diferentes tratamientos. Por esta razón las personas que padecen cáncer necesitan un tratamiento que sea específico a la clase particular del cáncer que les afecta.

El cáncer es la segunda causa principal de fallecimientos en los Estados Unidos. Casi la mitad de todos los hombres y un poco más de la tercera parte de todas las mujeres en los Estados Unidos padecerá cáncer en el transcurso de su vida. En la actualidad, millones de personas están viviendo con cáncer o han padecido cáncer. El riesgo de padecer la mayoría de los tipos de cáncer se puede reducir mediante cambios en el estilo de vida de las personas, por ejemplo dejando de fumar y alimentándose mejor. Cuanto más pronto se detecte un cáncer y se inicie el tratamiento, mejores son las probabilidades de vivir por muchos años.

¿Qué es la leucemia linfocítica aguda?

La leucemia linfocítica aguda (acute lymphocytic leukemia, ALL) también se denomina leucemia linfoblástica aguda, y es un cáncer que se inicia en un tipo de glóbulo blanco llamado linfocito en la médula ósea (la parte suave del interior de los huesos en donde se forman las nuevas células de la sangre).

En la mayoría de los casos la leucemia invade la sangre muy rápidamente. Se puede propagar a otras partes del cuerpo, como a los ganglios linfáticos, el hígado, el bazo, el sistema nervioso central (el cerebro y la médula espinal) y los testículos (en los hombres). Otros tipos de cánceres que se inician en estos órganos y luego se propagan a la médula ósea no son leucemias.

El término “agudo” significa que la leucemia puede progresar rápidamente, y que si no se trata, podría ser fatal en unos meses. “Linfocítica” o “linfoblástica” significa que se desarrolla en células llamadas linfocitos o linfoblastos. Esto es diferente de la leucemia mieloide aguda (acute myeloid leukemia, AML), que se desarrolla en otros tipos de células sanguíneas que se encuentran en la médula ósea. Si desea más información sobre la AML, consulte nuestro documento Leucemia mieloide aguda.

Los tipos de cáncer que se inician en los linfocitos se denominan linfomas (linfoma no Hodgkin o enfermedad de Hodgkin). La principal diferencia entre estos tipos de cáncer es que la ALL se inicia en la médula ósea y se puede propagar a otras partes del cuerpo, mientras que los linfomas se inician en los ganglios linfáticos o en otros órganos y luego se propagan a la médula ósea. Algunas veces, cuando se diagnostica por primera vez el cáncer, se encuentran linfocitos cancerosos tanto en la médula ósea como en los ganglios linfáticos, y esto dificulta saber si se trata de una leucemia o de un linfoma. Si más del 25% de la médula ósea es reemplazada por linfocitos cancerosos, usualmente la enfermedad se considera una leucemia. También es importante el tamaño de los ganglios linfáticos. Cuanto más grandes sean, existen más probabilidades de que la enfermedad sea un linfoma. Si desea más información sobre los linfomas, consulte nuestro documento Linfoma no Hodgkin y Enfermedad de Hodgkin.

Médula ósea, sangre y tejido linfático normales

Para entender los diferentes tipos de leucemia, ayuda saber sobre los sistemas sanguíneo y linfático.

Médula ósea

La médula ósea es la porción suave interior de algunos huesos como el cráneo, los omóplatos, las costillas, la pelvis y la columna vertebral. La médula ósea consiste en un pequeño número de células madre sanguíneas, células productoras de sangre más maduras, células adiposas y tejidos de apoyo que ayudan al crecimiento celular.

Las células madre sanguíneas experimentan una serie de cambios para producir nuevas células sanguíneas. Durante este proceso, las células se desarrollan hasta convertirse en linfocitos (un tipo de glóbulo blanco) o en otras células productoras de sangre. Las células productoras de sangre se pueden desarrollar en uno de los tres principales tipos de células sanguíneas:

  • Glóbulos rojos.
  • Glóbulos blancos (que no son linfocitos).
  • Plaquetas.

Glóbulos rojos

Los glóbulos rojos transportan oxígeno desde los pulmones a todos los demás tejidos del cuerpo, y llevan el dióxido de carbono hasta los pulmones para su eliminación. Usualmente, la anemia (una cantidad insuficiente de glóbulos rojos en el cuerpo) causa que una persona se sienta cansada, débil y tenga dificultad para respirar debido a que los tejidos del cuerpo no reciben suficiente oxígeno.

Plaquetas

Las plaquetas en realidad son fragmentos celulares producidos por un tipo de célula de la médula ósea que se llama megacariocito. Las plaquetas son importantes para tapar los orificios de los vasos sanguíneos causados por cortaduras y hematomas. Un número disminuido de plaquetas se llama trombocitopenia. Una persona con trombocitopenia puede sangrar y formar hematomas fácilmente.

Glóbulos blancos

Los glóbulos blancos ayudan al cuerpo a combatir las infecciones. Los linfocitos son un tipo de glóbulo blanco. Los otros tipos de glóbulos blancos son los granulocitos (neutrófilos, basófilos y eosinófilos) y los monocitos.

Linfocitos: son las principales células que forman el tejido linfático, que es una parte importante del sistema inmunitario (inmune). El tejido linfático se encuentra en los ganglios linfáticos, el timo, el bazo, las amígdalas y las glándulas adenoides, y se encuentra diseminado a través de los sistemas digestivo y respiratorio y la médula ósea.

Los linfocitos se desarrollan a partir de células llamadas linfoblastos hasta convertirse en células maduras que combaten las infecciones. Existen dos tipos principales de linfocitos, denominados linfocitos B (células B) y linfocitos T (células T).

  • Los linfocitos B: los linfocitos B protegen al cuerpo contra gérmenes invasores al desarrollarse (madurar) para formar células plasmáticas, que producen proteínas llamadas anticuerpos. Estos anticuerpos se adhieren a los gérmenes (bacteria, virus y hongos), lo que ayuda a los otros glóbulos blancos llamados granulocitos a reconocerlos y destruirlos.
  • Los linfocitos T: los linfocitos T pueden reconocer las células infectadas con virus y destruirlas directamente.

Granulocitos: glóbulos blancos que tienen gránulos, o sea manchas que se pueden ver a través del microscopio. Estos gránulos contienen enzimas y otras sustancias que pueden destruir gérmenes como las bacterias. Los tres tipos de granulocitos, neutrófilos, basófilos y eosinófilos, se distinguen por el tamaño y el color de los gránulos. Los granulocitos se desarrollan a partir de células productoras de sangre llamadas mieloblastos hasta convertirse en células maduras que combaten las infecciones.

Monocitos: estos glóbulos blancos, que están relacionados con los granulocitos, también ayudan a proteger al cuerpo contra las bacterias. Se generan en la médula ósea como monoblastos productores de sangre y se desarrollan hasta convertirse en monocitos maduros. Después de circular en el torrente sanguíneo por aproximadamente un día, los monocitos ingresan en los tejidos corporales para convertirse en macrófagos, que pueden destruir algunos gérmenes rodeándolos y digiriéndolos. Los macrófagos también ayudan a los linfocitos a reconocer gérmenes y comenzar a producir anticuerpos para combatirlos.

Cualquiera de las células formadoras de sangre o células linfoides de la médula ósea puede convertirse en una célula leucémica. Una vez que ocurre este cambio, las células de leucemia no pasan por el proceso normal de maduración. Las células leucémicas se pueden reproducir rápidamente, pero en la mayoría de los casos no mueren cuando debería hacerlo, sino que sobreviven y se acumulan en la médula ósea. Con el paso del tiempo, estas células entran en el torrente sanguíneo y se propagan a otros órganos, en donde pueden evitar el funcionamiento normal de otras células corporales.

Tipos de leucemia

No todas las leucemias son iguales. Las leucemias se dividen en cuatro tipos principales. Cuando los médicos saben el tipo de leucemia específico que padece el paciente, pueden hacer un mejor pronóstico (tener una mejor perspectiva) y seleccionar el mejor tratamiento.

Leucemia aguda versus leucemia crónica

El primer factor al clasificar la leucemia de un paciente es si la mayoría de las células anormales son maduras (parecen glóbulos blancos normales) o inmaduras (más bien parecen células madre).

Leucemia aguda: en la leucemia aguda las células de la médula ósea no pueden madurar apropiadamente. Las células leucémicas inmaduras continúan reproduciéndose y acumulándose. Sin tratamiento, la mayoría de los pacientes con leucemia aguda vivirían sólo unos meses. Algunos tipos de leucemia aguda responden bien al tratamiento, y muchos pacientes se pueden curar. Otros tipos de leucemia aguda tienen una perspectiva menos favorable.

Leucemia crónica: en la leucemia crónica, las células pueden madurar parcialmente, pero no por completo. Estas células no son normales, aunque parezcan ser bastante normales. Por lo general, no combaten las infecciones tan bien como los glóbulos blancos normales, y sobreviven más tiempo, se acumulan y desplazan a las células normales. La leucemia crónica tiende a progresar por un periodo de tiempo más prolongado, y la mayoría de los pacientes puede vivir por muchos años. Sin embargo, las leucemias crónicas son generalmente más difíciles de curar que las leucemias agudas.

Leucemia mieloide versus leucemia linfocítica

El segundo factor al clasificar la leucemia es el tipo de células de la médula ósea que están afectadas.

Leucemia mieloide: las leucemias que se inician como células mieloides en etapa temprana, glóbulos blancos (que no sean linfocitos), glóbulos rojos o células productoras de plaquetas (megacariocitos), son leucemias mieloides (también conocida como leucemias mielocíticas, mielógenas o no linfocíticas).

Leucemia linfocítica: si el cáncer comienza en las primeras etapas de los linfocitos, se llama leucemia linfocítica (también conocida como leucemia linfoide o linfoblástica). Los linfomas también son cánceres que se originan en los linfocitos. A diferencia de las leucemias linfocíticas que se desarrollan en la médula ósea, los linfomas se desarrollan de células en los ganglios linfáticos o en otros órganos.

Las leucemias se pueden dividir en cuatro tipos principales dependiendo de si las leucemias son agudas o crónicas, y si son mieloides o linfáticas. Los cuatro tipos principales son:

  • Leucemia mieloide aguda (acute myeloid leucemia, AML) o mielógena.
  • Leucemia mieloide crónica (chronic myeloid leucemia, CML) o mielógena.
  • Leucemia linfocítica aguda (acute lymphocytic leucemia, ALL), o linfoblástica.
  • Leucemia linfocítica crónica (chronic lymphocytic leukemia, CLL).

Aunque la ALL es la más común de los cuatro tipos principales de leucemia entre los niños, en realidad es el tipo menos común entre los adultos.

El resto de este documento se concentra en la leucemia linfocítica aguda (ALL) en los adultos. Si desea información sobre la ALL en niños, consulte el documento Leucemias infantiles. Las leucemias crónicas y la leucemia mieloide aguda en los adultos se tratan en otros documentos de la Sociedad Americana del Cáncer.

¿Qué indican las estadísticas clave sobre la leucemia linfocítica aguda?

La Sociedad Americana del Cáncer calcula que durante el 2010 se reportará lo siguiente en cuanto a la leucemia en los Estados Unidos:

  • Alrededor de 43,050 nuevos casos de leucemia (todos los tipos) y 21,840 muertes a causa de leucemia (todos los tipos).
  • Alrededor de 5,330 nuevos casos de leucemia linfocítica aguda (ALL), de los cuales aproximadamente uno de cada tres será en adultos.
  • Alrededor de 1,420 muertes a causa de ALL, aproximadamente tres de cada cuatro será en adultos.

El riesgo de ALL es el mayor en los niños de dos a cuatro años de edad. Luego el riesgo se reduce lentamente hasta la mitad de los años veinte, y vuelve a elevarse otra vez lentamente después de los 50 años de edad.

Por otro lado, el riesgo que una persona promedio tiene durante su vida de desarrollar ALL es de aproximadamente 1/10 del 1% (aproximadamente 1 de cada 1,000 personas). El riesgo es ligeramente mayor entre los hombres que entre las mujeres, y es mayor en los blancos que en los afroamericanos.

En la sección ¿Cómo se trata la leucemia linfocítica aguda? puede encontrar algo de información sobre las tasas de éxito del tratamiento de las ALL en adultos.

¿Cuáles son los factores de riesgo de la leucemia linfocítica aguda?

Un factor de riesgo es cualquier cosa que aumenta las probabilidades de que una persona contraiga una enfermedad, como por ejemplo el cáncer. Por ejemplo, mientras la exposición a los rayos intensos del sol es un factor de riesgo para el cáncer de piel, mientras el fumar es un factor de riesgo para un número de cánceres.

Pero los factores de riesgo no lo indican todo. Presentar uno o incluso varios factores de riesgo no significa que usted definitivamente tendrá la enfermedad. Además, muchas personas que adquieren la enfermedad pueden no tener factores de riesgo conocidos. Aun cuando una persona tiene un factor de riesgo y desarrolla cáncer, a menudo es muy difícil saber cuánto pudo haber contribuido ese factor de riesgo al cáncer.

Hay muy pocos factores de riesgo conocidos para la leucemia linfocítica aguda (ALL).

Exposición a la radiación

La exposición a altos niveles de radiación es un factor de riesgo para la leucemia aguda (tanto para la ALL como para la AML). Los sobrevivientes japoneses de la bomba atómica tenían un riesgo significativamente mayor de desarrollar leucemia aguda, generalmente en un lapso de seis a ocho años después de la exposición.

Los posibles riesgos de leucemia por la exposición a niveles bajos de radiación, como la producida por radioterapia, rayos X o por CT no están bien definidos. La exposición del feto a la radiación durante los primeros meses de su desarrollo puede conllevar un mayor riesgo de leucemia, aunque no está claro el grado de este riesgo. Si hay un mayor riesgo, posiblemente es pequeño, pero para propósitos de seguridad la mayoría de los médicos tratan de limitar la exposición de una persona a la radiación tanto como es posible.

Ciertas exposiciones a sustancias químicas

El riesgo de ALL puede aumentar con una mayor exposición a ciertos medicamentos de quimioterapia y ciertas sustancias químicas, incluyendo el benceno. El benceno es un solvente usado en la industria de hule (goma), refinerías, plantas químicas, fabricantes de zapatos e industrias relacionadas con la gasolina, y también está presente en el humo del cigarrillo, y en algunos pegamentos, productos de limpieza, detergentes, materiales de arte y disolvente de pintura. La exposición a sustancias químicas está más relacionada con un aumento en el riesgo de AML que de ALL.

Ciertas infecciones virales

La infección con el virus 1 de la leucemia/linfoma de células T (HTLV-1) puede causar un tipo raro de leucemia linfocítica aguda de células T. La mayoría de los casos ocurren en Japón y en el área del Caribe. Esta enfermedad no es común en Estados Unidos.

Con más frecuencia, el virus de Epstein-Barr (EBV) causa mononucleosis infecciosa ("mono") en los Estados Unidos. En África el virus se ha relacionado con el linfoma de Burkitt, y también a una forma de leucemia linfocítica aguda.

Síndromes hereditarios

La leucemia linfocítica aguda no parece ser una enfermedad heredada. No parece pasarse en las familias, así que el riesgo de una persona no aumenta si uno de sus familiares tiene la enfermedad. Pero existen algunos síndromes hereditarios con cambios genéticos que parecen elevar el riesgo de ALL. Éstos incluyen:

  • Síndrome de Down.
  • Síndrome de Klinefelter.
  • Anemia de Fanconi.
  • Síndrome de Bloom.
  • Ataxia-telangiectasia.
  • Neurofibromatosis.

Raza/grupo étnico

La ALL es más común entre los blancos que entre los afroamericanos, aunque no son claras las razones.

Sexo

La ALL es ligeramente más común entre los hombres que entre las mujeres. Se desconoce la razón de esto.

Gemelo idéntico con ALL

El riesgo se confina principalmente al primer año de vida. Como se mencionó antes, se piensa que la mayoría de los casos de ALL no tienen una relación genética fuerte. Muchos médicos piensan que el mayor riesgo entre gemelos idénticos puede deberse a que las células de la leucemia pasan de un feto al otro mientras aún están en la matriz.

Factores de riesgo inciertos, no comprobados o controversiales

Otros factores que se han estudiado para tratar de determinar si tienen una relación posible con la ALL incluyen:

  • Exposición a campos electromagnéticos (como vivir cerca de líneas eléctricas).
  • Exposición laboral a diesel, gasolina, pesticidas y ciertas otras sustancias químicas.
  • Fumar
  • Exposición a colorantes del cabello.

Hasta ahora, ninguno de estos factores se ha relacionado de manera conclusiva con la ALL. Se continúan realizando investigaciones en estas áreas.

¿Sabemos cuáles son las causas de la leucemia linfocítica aguda?

Algunas personas que padecen leucemia linfocítica aguda (ALL) tienen uno o más de los factores de riesgo conocidos (consulte la sección “¿Cuáles son los factores de riesgo de la leucemia linfocítica aguda?”, aunque la mayoría de ellas no los tiene. La causa de su cáncer continúa siendo desconocida hasta el momento. Aun cuando una persona tenga uno o más de los factores de riesgo, no hay forma de saber si realmente causaron el cáncer.

Durante los últimos años, los científicos han realizado grandes avances en la comprensión de cómo ciertos cambios en el ADN pueden causar que las células normales de la médula ósea se transformen en células leucémicas. Las células humanas normales crecen y funcionan basándose principalmente en la información contenida en los cromosomas de cada célula. Los cromosomas son grandes moléculas de ADN contenidas en cada célula. El ADN es la sustancia química que porta nuestros genes, las instrucciones sobre el funcionamiento de nuestras células. Nos parecemos a nuestros padres porque ellos son la fuente de nuestro ADN. Pero nuestros genes afectan algo más que nuestra apariencia.

Algunos genes contienen instrucciones para controlar cuándo las células crecen y se dividen. Ciertos genes que promueven la división celular se denominan oncogenes. Otros que enlentecen la división celular o que causan que las células mueran en el momento oportuno se llaman genes supresores de tumores.

Cada vez que una célula se prepara para dividirse en dos células nuevas, debe hacer una copia nueva de ADN en sus cromosomas. Este proceso no es perfecto y pueden ocurrir errores que afectan los genes del ADN. El cáncer puede ser causado por mutaciones (cambios) en el ADN que activan los oncogenes o desactivan los genes supresores de tumores.

Las translocaciones son el tipo más común de anomalía del ADN que puede dar lugar a la leucemia. El ADN humano está empacado en 23 pares de cromosomas. Una translocación significa que el ADN de un cromosoma se desprende y se une a un cromosoma diferente. El punto en el cual ocurre el desprendimiento puede afectar los genes, por ejemplo, puede activar los oncogenes o desactivar los genes que ayudarían normalmente a una célula a madurar.

La translocación más común en la ALL de adultos se conoce como cromosoma Filadelfia, que es el intercambio de ADN (translocación) entre los cromosomas 9 y 22 y se abrevia como t (9; 22). Se presenta en alrededor del 25% al 30% de los casos de ALL en adultos. Otras translocaciones menos comunes son las que ocurren entre los cromosomas 4 y 11, abreviadas como t (4; 11), o entre los cromosomas 8 y 14, abreviadas t (8; 14).

Otros cambios cromosómicos como las supresiones (pérdida de una parte de un cromosoma) y las inversiones (el rearreglo del ADN dentro de una parte del cromosoma) también puede afectar el desarrollo de la ALL, aunque son menos comunes. En muchos casos de ALL, no se conocen los cambios genéticos que causan la leucemia.

Los médicos están tratando de determinar la razón por la cual estos cambios ocurren y cómo cada uno de ellos pudiera conducir a leucemia. No todos los casos de ALL tienen los mismos cambios cromosómicos. Algunos cambios son más comunes que otros, y algunos parecen tener más de un efecto en el pronóstico de una persona que otros.

Algunas personas con ciertos tipos de cáncer han heredado las mutaciones en el ADN de uno de los padres. Estos cambios aumentan su riesgo para la enfermedad. Pero la ALL raramente es causada por una de estas mutaciones heredadas.

Usualmente las mutaciones del ADN relacionadas con la ALL ocurren durante la vida de la persona, no es que se hereden antes de su nacimiento. Estas mutaciones pueden resultar de la exposición a radiaciones o a productos químicos causantes de cáncer, pero en la mayoría de los casos, no se conocen las razones por las que ocurren.

¿Se puede prevenir la leucemia linfocítica aguda?

Muchos tipos de cánceres se pueden prevenir haciendo cambios en el estilo de vida para evitar ciertos factores de riesgo, pero en estos momentos no se conoce una manera de prevenir la mayoría de los casos de leucemia. La mayoría de los pacientes con leucemia linfocítica aguda no tiene factores de riesgo conocidos. Por lo tanto, no existe una forma de prevenir el desarrollo de estas leucemias.

¿Se puede detectar la leucemia linfocítica aguda en sus etapas tempranas?

Para muchos tipos de cáncer el diagnóstico en las etapas más tempranas posibles hace que el tratamiento sea más eficaz. La Sociedad Americana del Cáncer recomienda pruebas de detección para el diagnóstico de ciertos tipos de cáncer en sus primeras etapas en personas que no presentan síntomas.

Pero hasta estos momentos no hay exámenes especiales que se recomienden para detectar la leucemia linfocítica aguda (ALL) en sus etapas tempranas. La mejor forma de detectar la leucemia en sus inicios es reportando cualquier signo o síntoma posible de leucemia (consulte la sección “¿Cómo se diagnostica la leucemia linfocítica aguda?”) al médico de inmediato.

Se sabe que algunas personas tienen un riesgo aumentado de padecer ALL debido a un trastorno hereditario, tal como síndrome Down. La mayoría de los médicos recomienda que estas personas se hagan regularmente revisiones médicas minuciosas. El desarrollo de leucemia en las personas que padecen estos síndromes ocurre muy raramente, aunque ocurre con mayor frecuencia en la población general.

¿Cómo se diagnostica la leucemia linfocítica aguda?

Ciertos signos y síntomas pudieran sugerir que una persona puede tener leucemia linfocítica aguda (ALL), aunque se necesitan realizar pruebas para confirmar el diagnóstico.

Signos y síntomas de la leucemia linfocítica aguda

La leucemia linfocítica aguda puede causar muchos signos y síntomas diferentes. La mayoría de ellos se presenta en todos los tipos de ALL, pero algunos son más comunes en ciertos subtipos.

Síntomas generalizados

Los pacientes con ALL con frecuencia presentan varios síntomas no específicos. Éstos pueden incluir pérdida de peso, fiebre, sudoraciones nocturnas, cansancio y pérdida del apetito. Por supuesto, estos síntomas no sólo son causados por la ALL, y con más frecuencia son causados por otra afección que no es leucemia.

Carencia de células sanguíneas

La mayoría de los signos y síntomas de la ALL son el resultado de la carencia de células sanguíneas normales, lo que sucede cuando las células leucémicas desplazan las células productoras de sangre normales en la médula ósea. En consecuencia, las personas no tienen suficientes glóbulos rojos, glóbulos blancos ni plaquetas normales. Estas carencias se manifiestan en las pruebas de sangre, pero también pueden causar síntomas.

  • La anemia es la carencia de glóbulos rojos. Puede causar que una persona sienta cansancio, debilidad, mareos, frío, aturdimiento o dificultad respiratoria.
  • Una carencia de glóbulos blancos normales (leucopenia) aumenta el riesgo de sufrir infecciones. Un término común que puede escuchar es neutropenia, que se refiere específicamente bajos niveles de neutrófilos (un tipo de granulocito). Los pacientes con ALL pueden tener un recuento alto de glóbulos blancos debido al número excesivo de células leucémicas, pero estas células no protegen contra las infecciones de la manera en que lo hacen los glóbulos blancos normales. Las fiebres y las infecciones recurrentes son algunos de los síntomas más comunes de la ALL.
  • Una carencia de plaquetas sanguíneas (trombocitopenia) puede producir exceso de hematomas, sangrado, sangrado nasal frecuente o grave y sangrado en las encías.

Inflamación en el abdomen

Las células leucémicas se pueden acumular en el hígado y el bazo y causar que estos órganos aumenten de tamaño. Esto puede notarse como llenura o hinchazón del estómago. Generalmente las costillas inferiores cubren estos órganos, pero cuando están agrandados es posible que el médico los sienta.

Inflamación de los ganglios linfáticos

La leucemia linfocítica aguda se puede propagar a los ganglios linfáticos. Si los ganglios linfáticos están cerca de la superficie del cuerpo (a los lados del cuello, en la ingle, en las axilas, sobre la clavícula, etc.), se pueden notar como masas debajo de la piel. Los ganglios linfáticos que se encuentran en el interior del pecho o del abdomen también pueden hincharse, pero sólo pueden detectarse mediante estudios por imágenes, como los de tomografía computarizada (computed tomography, CT) o imágenes por resonancia magnética (magnetic resonance imaging, MRI).

Propagación a otros órganos

Con menos frecuencia la ALL se puede propagar a otros órganos. Si se propaga al cerebro y a la médula espinal (sistema nervioso central o CNS) puede causar dolores de cabeza, debilidad, convulsiones, vómitos, problemas de equilibrio, adormecimiento facial o visión borrosa. La ALL también se puede propagar a la cavidad torácica, donde puede causar acumulación de líquido y problemas para respirar. En raras ocasiones se puede propagar a la piel, ojos, testículos, riñones u otros órganos.

Dolor de huesos o de articulaciones

Algunas personas sienten dolores en los huesos o en las articulaciones debido a la acumulación de las células leucémicas en la superficie del hueso o en el interior de la articulación.

Inflamación del timo

El subtipo de células T de la ALL con frecuencia afecta al timo, que es una glándula pequeña ubicada en medio del pecho, detrás del esternón (hueso torácico) y enfrente de la tráquea. El timo inflamado puede comprimir la tráquea, causando tos o dificultad para respirar.

La vena cava superior (SVC), una vena grande que transporta sangre desde la cabeza y los brazos de nuevo hacia el corazón, pasa cerca del timo. El crecimiento del timo debido a un número excesivo de células leucémicas puede presionar la SVC causando que la sangre retroceda en las venas. A esto se le llama síndrome de la VCS, y puede causar inflamación en el rostro, cuello, brazos y la parte superior del tórax (algunas veces con una coloración roja azulada). También puede causar dolores de cabeza, mareos y, si afecta el cerebro, un cambio en el conocimiento. Este síndrome puede ser potencialmente mortal y requiere tratamiento inmediato.

Historial médico y examen físico

Si cualquiera de los signos y síntomas sugiere la posibilidad de leucemia, el médico realizará un historial clínico exhaustivo, incluyendo cuánto tiempo se han experimentado los síntomas y si hay o no hay antecedentes de exposición a factores de riesgo.

Durante el examen físico, el médico probablemente se concentrará en cualquier ganglio linfático agrandado, áreas de sangrado o hematomas o posibles signos de infección. Se examinará detenidamente los ojos, la boca y la piel, y se realizará un examen minucioso del sistema nervioso. Se palpará el abdomen para tratar de detectar signos de inflamación del bazo o del hígado.

Si existe alguna razón para creer que los problemas pudieran ser causados por números anormales de células sanguíneas (como anemia, infecciones, sangrado o hematomas, etc.), el médico probablemente analizará sus cuentas sanguíneas. Si los resultados sugieren que la leucemia puede ser la causa, el médico puede referirle a un médico especialista en cáncer, quien puede realizar una o más de las pruebas que se describen a continuación.

Tipos de muestras que se usan en los exámenes de detección de leucemia linfocítica aguda

Si los síntomas, signos y/o los resultados del examen físico sugieren que usted pudiera tener leucemia, el médico necesitará analizar muestras de células de sangre y médula ósea para estar seguro de este diagnóstico. También se pueden tomar otras pruebas de tejidos y células para ayudar a guiar el tratamiento.

Muestras de sangre

Generalmente las muestras de sangre para las pruebas de detección de ALL se toman de una vena del brazo.

Muestras de médula ósea

Las muestras de médula ósea se obtienen por aspiración y biopsia de la médula ósea, dos pruebas que generalmente se hacen al mismo tiempo. Generalmente las muestras se toman de la parte posterior del hueso de la pelvis (cadera), aunque en algunos casos se pueden tomar del esternón o de otros huesos.

En el procedimiento de aspiración de médula ósea, usted se acuesta en una mesa (ya sea sobre su costado o su barriga). Después de limpiar la piel que se encuentra sobre la cadera, el médico adormece la piel y la superficie del hueso con un anestésico local, que puede causar una breve sensación de escozor o ardor. Luego se inserta una aguja delgada y hueca en el hueso, y se usa una jeringa para aspirar una pequeña cantidad de médula ósea líquida (aproximadamente una cucharada). Hasta con el uso de un anestésico, la mayoría de los pacientes experimentan un dolor breve cuando se extrae la médula ósea.

Generalmente se realiza una biopsia de médula ósea inmediatamente después de la aspiración. Se extrae un pequeño trozo de hueso y de médula (aproximadamente 1/16 de pulgada de diámetro y 1/2 pulgada de largo) con una aguja ligeramente más grande que se hace girar al empujarse en el hueso. La biopsia también puede causar brevemente algo de dolor. Una vez que se hace la biopsia, se aplica presión en el sitio para ayudar a prevenir el sangrado.

Estas pruebas de médula ósea se usan para ayudar a diagnosticar la leucemia. También se pueden repetir posteriormente para determinar si la leucemia está respondiendo al tratamiento.

Punción lumbar

Esta importante prueba se usa para buscar células leucémicas en el líquido cefalorraquídeo (cerebrospinal fluid, CSF), que es el líquido que rodea el cerebro y la médula espinal. Una punción lumbar también se puede usar para administrar medicamentos de quimioterapia en el CSF a fin de evitar o tratar la propagación de la leucemia a la médula espinal o al cerebro.

En esta prueba, el paciente puede acostarse sobre su costado o sentarse. El médico primero adormece un área en la parte baja de la espalda sobre la columna vertebral. Entonces se introduce una pequeña aguja hueca entre los huesos de la columna vertebral para extraer algo de líquido.

Biopsia escisional de ganglios linfáticos

A menudo, éste es un procedimiento importante cuando se diagnostican linfomas, pero se necesita raramente en las leucemias.

En este procedimiento un cirujano corta la piel para extirpar un ganglio linfático completo. Si el ganglio se encuentra cerca de la superficie de la piel, ésta es una operación sencilla que puede hacerse a menudo con anestesia local, pero si el ganglio se encuentra dentro del pecho o del abdomen, se usa anestesia general (el paciente se pone a dormir).

Pruebas de laboratorio usadas para diagnosticar y clasificar la leucemia linfocítica aguda

Se puede usar una o más de las siguientes pruebas de laboratorio en las muestras para diagnosticar la ALL a fin de determinar su subtipo y/o ayudar a determinar lo avanzado que está la enfermedad.

Cuentas y examen de células sanguíneas (frotis de la sangre periférica)

En estas pruebas se determina el número de células sanguíneas diferentes y su apariencia bajo el microscopio. Los cambios en los números y en la apariencia de estas células a menudo ayudan a diagnosticar la leucemia.

La mayoría de los pacientes con ALL tienen demasiados glóbulos blancos inmaduros en la sangre e insuficientes glóbulos rojos o plaquetas. Muchos de los glóbulos blancos serán linfoblastos (blastos), los cuales son linfocitos inmaduros que no se encuentran normalmente en el torrente sanguíneo. Estas células inmaduras no funcionan como los glóbulos blancos maduros normales. Aunque estos resultados pueden sugerir leucemia, usualmente la enfermedad no se diagnostica hasta que se analiza una muestra de células de la médula ósea.

Química sanguínea y pruebas de coagulación

Las pruebas de química sanguínea miden la cantidad de ciertas sustancias químicas en la sangre, pero no se usan para diagnosticar leucemia. En pacientes que ya se sabe que tienen ALL, estas pruebas ayudan a detectar problemas del hígado o de los riñones causados por la propagación de las células leucémicas o debidos a los efectos secundarios de ciertos medicamentos quimioterapéuticos. Estas pruebas también ayudan a determinar si se necesita un tratamiento para corregir los niveles bajos o altos de ciertos minerales en sangre.

También se pueden hacer pruebas de coagulación sanguínea para asegurarse de que la sangre coagula adecuadamente.

Exámenes microscópicos rutinarios

Un patólogo (un médico que se especializa en pruebas de laboratorio) observa las muestras tomadas (de sangre, médula ósea, tejido de los ganglios linfáticos o líquido cefalorraquídeo) bajo el microscopio, y el hematólogo/oncólogo (un médico que se especializa en cáncer y enfermedades de la sangre) del paciente pueden revisarlas.

Los médicos observarán el tamaño, la forma y otras características de los glóbulos blancos en las muestras para clasificarlos en tipos específicos.

Un factor elemental es si las células lucen maduras (como las células sanguíneas normales) o inmaduras (carentes de las características de estas células normales). Las células más inmaduras se llaman linfoblastos (o “blastos” en su versión abreviada).

La determinación del porcentaje de células de la médula ósea que son blastos es particularmente importante. Un diagnóstico de ALL generalmente requiere que al menos de 20 a 30% de las células de la médula ósea sean blastos. En circunstancias normales, los blastos nunca son más del 5% de las células de la médula ósea.

Algunas veces simplemente el recuento y el examen de las células no proporcionan un diagnóstico definitivo y es necesario realizar otras pruebas de laboratorio.

Citoquímica

En las pruebas de citoquímica, las células se exponen a tinciones (colorantes) químicas que reaccionan solamente con algunos tipos de células leucémicas. Estas tinciones causan cambios de color que se pueden observar bajo un microscopio y que pueden ayudar al médico a determinar los tipos de células presentes. Por ejemplo, un colorante puede ayudar a distinguir ALL de la leucemia mieloide aguda (AML). El colorante hace que los gránulos de la mayoría de las células de la leucemia mieloide aguda aparezcan como puntos negros en el microscopio, pero no hace que las células de la leucemia linfocítica aguda cambien de color.

Citometría de flujo e inmunohistoquímica

La citometría de flujo se usa con frecuencia para analizar las células de las muestras de médula ósea, ganglios linfáticos y sangre. Es muy útil para determinar el tipo exacto de leucemia.

La prueba busca ciertas sustancias en la superficie de las células, lo cual ayuda a identificar el tipo a que pertenecen. Una muestra de células se trata con anticuerpos especiales (versiones de proteínas inmunitarias sintéticas) que se adhieren sólo a las células si estas sustancias están presentes en sus superficies. Las células son luego pasadas por delante de un rayo láser. Si se han adherido anticuerpos a las células, el rayo láser causa que reflejen luz, y esto se puede medir y analizar por medio de una computadora. Los grupos de células se pueden separar y contar mediante estos métodos.

En las pruebas de inmunohistoquímica, las células de las muestras de la sangre o de la médula ósea son tratadas con anticuerpos especiales. Pero en lugar de usar un rayo láser y una computadora, la muestra se trata para que ciertos tipos de células cambien de color cuando se observan con un microscopio.

Estas pruebas se usan para determinar el inmunofenotipo de las células; esto es, la clasificación de las células leucémicas de acuerdo con las sustancias (antígenos) presentes en su superficie. Los diferentes tipos de linfocitos tienen diferentes antígenos en su superficie. Estos antígenos también pueden cambiar conforme cada célula madura. Cada célula leucémica del paciente debe tener el mismo antígeno porque todas ellas se derivan de la misma célula. Las pruebas de laboratorio de los antígenos son una manera muy sensible de diagnosticar la ALL. Como las células de los diferentes subtipos de la ALL tienen diferentes conjuntos de antígenos, esta prueba algunas veces es útil para la clasificación de las ALL, aunque en la mayoría de los casos no es necesaria.

Citogenética

Para esta prueba se observan los cromosomas (cadenas largas de ADN) con un microscopio para detectar cualquier cambio. Las células humanas normales contienen 23 pares de cromosomas, cada una de las cuales tiene cierto tamaño y se tiñe de cierta manera. En algunos casos de leucemia, las células han sufrido cambios cromosómicos que se pueden observar bajo un microscopio.

Por ejemplo, es posible que dos cromosomas intercambien algo de su ADN, de manera que parte de un cromosoma se adhiere a parte de un cromosoma diferente. Este cambio, llamado translocación, usualmente se puede observar bajo el microscopio. El reconocimiento de estos cambios puede ayudar a identificar ciertos tipos de ALL, y puede ser importante para determinar el pronóstico del paciente.

La mayoría de los cambios cromosómicos en la ALL de adultos son translocaciones. La más común es la translocación entre los cromosomas 9 y 22, que da como resultado un cromosoma 22 más corto (llamado cromosoma Filadelfia). Aproximadamente de 25% a 30% de los adultos con ALL tienen esta anormalidad en sus células leucémicas.

La información acerca de estas y otras translocaciones puede ser útil para pronosticar la respuesta al tratamiento. Por esta razón la mayoría de los médicos buscan cambios genéticos en las células leucémicas de todos los pacientes con ALL.

Las pruebas citogenéticas normalmente tardan de dos a tres semanas, esto se debe a que las células leucémicas deben crecer en cajas de Petri durante un par de semanas antes de que sus cromosomas puedan verse bajo el microscopio.

No todos los cambios cromosómicos se pueden ver en el microscopio. A menudo, otras pruebas de laboratorio pueden ayudar a encontrar estos cambios.

Hibridización fluorescente in situ (fluorescent in situ hybridization, FISH)

Éste es un procedimiento similar a la prueba citogenética. Utiliza tintes fluorescentes especiales que sólo se adhieren a ciertas partes de cromosomas particulares. La prueba de FISH puede encontrar la mayoría de los cambios cromosómicos (como translocaciones) que son visibles bajo un microscopio en las pruebas citogenéticas convencionales, así como algunos cambios que son demasiado pequeños para verlos con la prueba citogenética usual.

La prueba de FISH se puede usar para detectar cambios específicos en los cromosomas. Se puede usar en muestras regulares de sangre y médula ósea. Es muy precisa y generalmente se obtienen los resultados en un par de días, razón por la cual esta prueba se usa ahora en muchos centros médicos.

Reacción en cadena de la polimerasa (Polymerase chain reaction, PCR)

Ésta es una prueba de ADN de alta sensibilidad que también puede encontrar algunos cambios cromosómicos tan pequeños que no se pueden ver bajo el microscopio, aunque la muestra tenga muy pocas células leucémicas.

Además, esta prueba se puede usar después del tratamiento para tratar de encontrar pequeños números de células leucémicas que pueden no ser visibles bajo el microscopio.

Estudios por imágenes

Los estudios por imágenes utilizan ondas sonoras, rayos X, campos magnéticos o partículas radiactivas para obtener imágenes del interior del cuerpo. Debido a que la leucemia por lo general no forma tumores visibles, los estudios por imágenes son de valor limitado. Se pueden hacer estudios por imágenes en los pacientes con ALL, pero con más frecuencia se hacen para detectar infecciones u otros problemas, no para la leucemia misma. En algunos casos se pueden hacer para ayudar a determinar el grado de la enfermedad, si se piensa que puede haberse propagado más allá de la médula ósea y la sangre.

Rayos X

Se pueden hacer rayos X torácicos de rutina si el médico sospecha una infección pulmonar. También se pueden hacer para ver si los ganglios linfáticos del pecho están inflamados.

Tomografía computarizada

La tomografía computarizada (computed tomography, CT) es un tipo de estudio radiológico que produce una imagen detallada, transversal de su cuerpo. Contrario a una radiografía regular, las CT pueden mostrar el detalle en tejidos blandos (tal como órganos internos).

Esta prueba puede ayudar a decir si cualquiera de sus ganglios linfáticos u órganos están agrandados. Generalmente no se necesita para diagnosticar la ALL, pero puede hacerse si su médico sospecha que están creciendo células leucémicas en un órgano, como su bazo.

En lugar de tomar una fotografía, como se hace la radiografía regular, en este procedimiento se toman muchas fotografías mientras la máquina rota a su alrededor. Luego una computadora combina estas fotografías en imágenes detalladas de la parte de su cuerpo bajo estudio.

Antes del estudio, puede que le pidan que toma una solución de contrate y/o reciba una inyección intravenosa (IV) de un tinte de contraste que ayuda a delinear mejor las áreas anormales en el cuerpo. Usted pudiera necesitar una línea intravenosa (IV) para inyectarle el material de contraste. La inyección IV del tinte de contraste puede causar una sensación de sonrojo o calor en el rostro o en otras áreas del cuerpo. Algunas personas son alérgicas y les da urticaria o raras veces otras reacciones más graves como dificultad para respirar y baja presión arterial. Asegúrese de decirle al médico si alguna vez ha tenido una reacción a cualquier material de contraste utilizado para los rayos X.

Una CT toma más tiempo que las radiografías comunes. Necesita acostarse inmóvil sobre una camilla mientras se realiza el estudio. Durante el estudio, la camilla se mueve hacia adentro y hacia afuera del escáner, una máquina en forma de anillo que rodea completamente la camilla. Es posible que se sienta un poco confinado por el anillo bajo el cual permanece acostado durante la toma de imágenes.

Actualmente, la CT espiral (también conocida como CT helicoidal) está disponible en muchos centros médicos. Este tipo de CT usa una máquina más rápida. La parte del escáner de la máquina gira alrededor del cuerpo continuamente, permitiéndoles a los médicos obtener imágenes con mucha más rapidez que con la CT convencional. Esto reduce la probabilidad de tomar imágenes borrosas como resultado del movimiento del cuerpo. Además, reduce la dosis de radiación recibida durante el estudio. Las secciones que se presentan en las imágenes son más finas, lo que resulta en fotografías más detalladas.

En algunos casos se puede usar una CT para guiar con precisión una aguja de biopsia hacia la anormalidad sospechada, como un absceso. Para este procedimiento, llamado biopsia por aguja guiada por tomografía computarizada, usted permanece en la camilla de la CT, mientras un radiólogo mueve una aguja de biopsia a través de la piel y hacia la localización de la masa. Las tomografías computarizadas se repiten hasta que la aguja esté dentro de la masa. Entonces, se extrae una muestra de biopsia y se observa con un microscopio.

Recientemente se han desarrollado nuevos dispositivos que combinan la CT con la CT (PET/CT scan). Para la tomografía por emisión de positrones (positron emission tomography, PET) se inyecta glucosa (una forma de azúcar), la cual contiene un átomo radioactivo, en la sangre. Debido a que las células cancerosas en el cuerpo crecen rápidamente, éstas absorben grandes cantidades de azúcar radiactivo. Entonces, una cámara especial puede crear una imagen de las áreas de radioactividad en el cuerpo. La PET/CT permite al médico comparar las áreas de mayor radioactividad en la PET con la apariencia más detallada de esa área en la CT.

Imágenes por resonancia magnética

Al igual que la CT, las imágenes por resonancia magnética (magnetic resonance imaging, MRI) proveen imágenes detalladas de los tejidos blandos del cuerpo. Sin embargo, el MRI utiliza ondas de radio e imanes potentes en lugar de rayos X. La energía de las ondas radiales es absorbida por el cuerpo y luego liberada en un patrón formado por el tipo de tejido del cuerpo y por ciertas enfermedades. Una computadora traduce el patrón en una imagen muy detallada de las partes del cuerpo. Un material de contraste, llamado gadolinio, a menudo se inyecta en una vena antes de realizar el estudio para mostrar mejor los detalles. El material de contraste usualmente no causa reacciones alérgicas.

Las imágenes por resonancia magnética son particularmente útiles para examinar el cerebro y la médula espinal.

En comparación con la CT, el MRI toma más tiempo, a menudo hasta una hora. Puede que durante la realización del estudio, permanezca acostado dentro de tubo estrecho lo cual puede resultar incómodo y confinante para algunas personas. Las nuevas máquinas de MRI más abiertas pueden ser otra opción. La máquina de MRI produce un zumbido fuerte y martillante que puede resultar incómodo. En algunos lugares se ofrecen audífonos o tapones para los oídos con el fin de ayudar a bloquear este ruido.

Ecografía

La ecografía usa ondas sonoras y sus ecos para producir una imagen de los órganos internos o masas. Para esta prueba, se coloca sobre la piel un pequeño instrumento que parece un micrófono y que se llama transductor (que primero se lubrica con gel). Este instrumento emite ondas de sonido y recoge el eco que rebota en los órganos. Una computadora convierte el eco en una imagen que aparece en la pantalla.

Se puede usar para observar los ganglios linfáticos cercanos a la superficie del cuerpo o para observar órganos inflamados dentro de su abdomen, como los riñones, el hígado y el bazo.

Esta prueba es fácil y en ella no se utiliza radiación. Simplemente el paciente se acuesta sobre una mesa, y el técnico pasa el transductor sobre el área del cuerpo que se está examinando.

Gammagrafía con galio y gammagrafía ósea

Estos estudios no se utilizan con frecuencia para ALL, pero pueden ser útiles si el paciente tiene dolor de huesos que puede deberse ya sea a una infección del hueso o a cáncer que involucre los huesos.

Para estos estudios, el médico o la enfermera inyecta una sustancia química ligeramente radioactiva en el torrente sanguíneo que se deposita en áreas del cáncer o de infección en el cuerpo. Luego se observan estas áreas con un tipo especial de cámara. Las imágenes de estos estudios se ven como “puntos radioactivos” en el cuerpo, pero no proveen muchos detalles. Si un área se ilumina en el estudio, se pueden hacer otros estudios por imágenes, tal como radiografías, CT o MRI para obtener una imagen más detallada del área. Si existe la posibilidad de que haya leucemia, es posible que sea necesario confirmarlo mediante una biopsia del área.

¿Cómo se clasifica la leucemia linfocítica aguda?

A la mayoría de los tipos de cánceres se les asignan etapas con números para describir la extensión en el cuerpo, según el tamaño del tumor y cuánto se ha propagado el cáncer.

Por otro lado, la leucemia linfocítica aguda generalmente no forma masas tumorales. Generalmente afecta toda la médula ósea del cuerpo, y en muchos casos, ya se ha propagado a otros órganos como el hígado, el bazo y los ganglios linfáticos. Por lo tanto, el pronóstico de un paciente con ALL depende de otra información, como el subtipo de ALL (determinado por pruebas de laboratorio), la edad del paciente y otros resultados de pruebas de laboratorio.

Se han usado diferentes sistemas para clasificar los subtipos de ALL.

La clasificación Francesa-Americana-Británica (FAB)

En los años ’70, un grupo de franceses, estadounidenses y británicos (FAB) expertos en leucemia dividieron la ALL en tres subtipos. El sistema FAB se basó únicamente en la apariencia de las células leucémicas bajo el microscopio después de una tinción de rutina.

La clasificación francesa-americana-británica (FAB) de ALL

    Subtipo de FAB

    Porcentaje aproximado de pacientes adultos con ALL

    Tipo inmunitario

    Comentarios

    L1

    30%

    Célula T o de célula pre-B

 

    L2

    65%

    Célula T o de célula pre-B

 

    L3

    5%

    Célula B

    Pronóstico desfavorable con terapia convencional También llamada leucemia de Burkitt

Este sistema ha sido reemplazado ampliamente a medida las nuevas pruebas de laboratorio ahora permiten a los médicos clasificar la ALL con más precisión.

Clasificación basada en el inmunofenotipo

Más recientemente los médicos han descubierto que las pruebas citogenéticas, la citometría de flujo y otras pruebas de laboratorio proporcionan información más detallada sobre el subtipo de la ALL y el pronóstico del paciente. Estas pruebas ayudan a dividir la ALL en grupos con base en el inmunofenotipo de la leucemia, que toma en cuenta el tipo de linfocito (células B o células T) de donde las células leucémicas provienen y cuán maduras son estas células. Estos grupos han reemplazado en gran medida la clasificación FAB. Ahora los subtipos de la ALL se designan de la siguiente manera:

ALL de células B

  • ALL pre-B temprana (también llamada ALL pro-B) – aproximadamente un 10% de los casos.
  • ALL común – aproximadamente un 50% de los casos.
  • ALL pre-B – aproximadamente un 10% de los casos.
  • ALL de células B maduras (leucemia de Burkitt) – aproximadamente un 4% de los casos.

ALL de células T

  • ALL pre-T - aproximadamente 5 a 10% de los casos.
  • ALL de células T maduras - aproximadamente 15 a 20% de los casos.

Los subtipos de ALL conllevan pronósticos ligeramente diferentes, pero otros factores (como cambios genéticos en las células leucémicas) también pueden tener un impacto en ellos. En la siguiente sección se listan algunos de estos factores para el pronóstico.

Leucemias agudas de linaje mixto

En años recientes nuevas pruebas de laboratorio han mostrado que un pequeño número de casos de ALL en realidad tienen características tanto linfocíticas como mieloides. Algunas veces las células leucémicas tienen rasgos mieloides y linfocíticos en las mismas células. En otros casos, un paciente con leucemia puede tener algunas células con características mieloides y otras con características linfocíticas. Estos tipos de leucemia se pueden llamar leucemias de linaje mixto, ALL con marcadores mieloides (My+ ALL), AML con marcadores linfoides, o leucemia aguda bifenotípica (BAL).

La mayoría de los estudios sugiere que estas leucemias tienden a tener un pronóstico más desfavorable que los subtipos convencionales de ALL o de AML. No existe un tratamiento convencional para estas leucemias. Con frecuencia se utiliza un tratamiento intensivo (como un trasplante de células madre) cuando es posible, ya que tienen un alto riesgo de recurrencia después del tratamiento.

Factores pronósticos

Conforme mejora el tratamiento de la leucemia al transcurso de los años, las investigaciones se han concentrado en determinar por qué algunos pacientes tienen más probabilidades de curación que otros. Las diferencias entre pacientes que afectan la respuesta al tratamiento se llaman factores pronósticos. Estos factores ayudan a los médicos a decidir si las personas con cierto tipo de leucemia deben recibir más o menos tratamiento. Los factores pronósticos incluyen la edad del paciente, la cuenta de glóbulos blancos, el subtipo de ALL, los resultados de las pruebas citogenéticas y la respuesta a la terapia.

Factores pronósticos de la leucemia linfocítica aguda en adultos

  • Edad: los pacientes jóvenes tienden a tener un mejor pronóstico que los pacientes de más edad. No existe un límite para esto, pero generalmente las personas menores de 50 años de edad tienen un mejor pronóstico que las personas en sus años cincuenta, y estos tienen un mejor pronóstico que las personas en sus años sesenta o mayores.
  • Cuenta inicial de glóbulos blancos: las personas con cuentas menores de glóbulos blancos (menos de 30,000 para ALL de células B y menos de 100,00 para ALL de células T) en el momento del diagnóstico tienden a tener un mejor pronóstico.
  • Subtipo de ALL: en general, la ALL de células T tiene un mejor pronóstico, mientras que la ALL de células B maduras (leucemia de Burkitt) tiene un pronóstico más desfavorable. Otros subtipos de ALL de células B caen en medio. Es importante notar que esto no aplica para todos los casos. Por ejemplo, algunos subtipos de ALL de células T tienen mejores pronósticos que otros.
  • Translocaciones cromosómicas: la presencia del cromosoma Filadelfia (una translocación entre los cromosomas 9 y 22), que se encuentra en 25 a 30% de todos los casos de ALL predice un diagnóstico más desfavorable. Lo mismo es cierto para una translocación entre los cromosomas 4 y 11, que se encuentra en aproximadamente un 5% de los casos.
  • Respuesta a la quimioterapia: los pacientes que logran una remisión completa (no queda evidencia de leucemia) en cuatro o cinco semanas a partir del inicio del tratamiento, tienden a tener un mejor pronóstico que aquellas cuya remisión tarda más. Todos los pacientes que no logran una remisión completa tienen un pronóstico más desfavorable. Aún se está estudiando el valor pronóstico de la enfermedad residual mínima, que se describe abajo.

Estado de la leucemia linfocítica aguda después del tratamiento

La respuesta de la leucemia al tratamiento tiene un efecto en el pronóstico a largo plazo.

Una remisión (remisión completa) generalmente se define como ausencia de evidencia de la enfermedad después del tratamiento. Esto significa que la médula ósea tiene menos de un 5% de células blásticas, las cuentas de células sanguíneas están dentro del intervalo normal, y no hay otros signos o síntomas de la enfermedad. Una remisión molecular completa significa que no hay evidencia de células leucémicas en la médula ósea aún cuando se usan pruebas de laboratorio muy sensibles como la prueba de la reacción en cadena de la polimerasa.

Enfermedad residual mínima es un término que se usa después del tratamiento cuando no se pueden encontrar células leucémicas en la médula ósea con pruebas de laboratorio convencionales (como la observación de las células bajo el microscopio, pero pruebas más sensibles (como citometría de flujo o reacción en cadena de la polimerasa) detectan evidencia de células leucémicas en la médula ósea.

Enfermedad activa significa que, o hay evidencia de que la leucemia aún está presente durante el tratamiento, o que la enfermedad ha recurrido (regresado) después del tratamiento. Para que un paciente esté en recurrencia debe tener más del 5% de células blásticas presentes en la médula ósea.

¿Cómo se trata la leucemia linfocítica aguda?

Esta información representa las opiniones de los médicos y enfermeras de la Junta Editorial del Banco de Datos de Información de la Sociedad Americana del Cáncer. Estas opiniones están basadas en la interpretación que ellos tienen de los estudios que se publican en las revistas médicas, así como en su propia experiencia profesional.
La información sobre el tratamiento que aparece en este documento no representa la política oficial de la Sociedad ni pretende ser un consejo médico que sustituya la experiencia y el juicio del equipo de profesionales que atiende su cáncer. El objetivo es ayudarle, a usted y a su familia, a tomar decisiones basadas en la información, en conjunto con su médico.
Puede que su médico tenga razones para sugerir un plan de tratamiento distinto a las opciones de tratamiento general. No dude en plantear sus preguntas y dudas sobre sus opciones de tratamiento.

Información general

Esta sección comienza con comentarios generales sobre los tipos de tratamiento que se usan para la leucemia linfocítica aguda. Posteriormente encontrará un análisis de la estrategia típica de tratamiento para la ALL en adultos.

La leucemia linfocítica aguda en los adultos no es una enfermedad simple. Realmente es un grupo de enfermedades relacionadas, y los pacientes con diferentes subtipos de ALL tienen diferentes pronósticos y respuestas al tratamiento. Las opciones de tratamiento de cada paciente se basan en el subtipo de leucemia y en ciertas características del pronóstico (que se describen en la sección “¿Cómo se clasifica la leucemia linfocítica aguda?”).

Se pueden usar varios tipos de tratamiento para las personas con ALL. La quimioterapia es el tratamiento principal para la ALL. En circunstancias especiales se puede usar cirugía y radioterapia.

Quimioterapia

La quimioterapia es el uso de medicamentos contra el cáncer que se inyectan en una vena, un músculo, debajo de la piel o en el interior del líquido cefalorraquídeo (cerebrospinal fluid, CSF), o que se toman por vía oral para destruir o controlar las células del cáncer. Excepto cuando se administran en el líquido cefalorraquídeo, estos medicamentos entran en el torrente sanguíneo y llegan a todas las áreas del cuerpo, lo que hace que este tratamiento sea útil para cánceres tales como la leucemia, que se ha propagado por todo el cuerpo.

Los doctores administran la quimioterapia en ciclos, con cada período de tratamiento seguido de un período de descanso para permitir que su cuerpo se recupere. Debido a sus efectos secundarios potenciales, la quimioterapia algunas veces no se recomienda en pacientes que están en mal estado de salud, aunque la edad avanzada en sí no es una barrera para recibir quimioterapia.

La quimioterapia para la ALL utiliza una combinación de varios medicamentos contra el cáncer que se administran durante un periodo de tiempo prolongado (usualmente alrededor de dos años). Los medicamentos que se usan más comúnmente incluyen:

  • Vincristina (Oncovin).
  • Daunorubicina, también conocida como daunomicina (Cerubidina).
  • Doxorrubicina (Adriamicina).
  • Citarabina, también conocida como arabinósido de citosina o ara-C (Citosar).
  • L-asparaginasa (Elspar), PEG-L-asparaginasa (pegaspargasa, Oncaspar).
  • Etopósido (VePesid, otros).
  • Tenipósido (Vumon).
  • 6-mercaptopurina (Purinetol).
  • Metotrexato.
  • Ciclofosfamida (Cytoxan).
  • Prednisona (numerosos nombres de marca).
  • Dexametasona (Decadron, otros).

Posibles efectos secundarios

Los medicamentos de quimioterapia funcionan al atacar las células que se están dividiendo rápidamente, razón por la cual funcionan contra las células cancerosas. Sin embargo, otras células en el cuerpo, tales como aquellas en la médula ósea, el revestimiento de la boca y los intestinos, así como los folículos pilosos, también se dividen rápidamente. También estas células son probablemente afectadas por la quimioterapia, lo que puede ocasionar efectos secundarios.

Los efectos secundarios de la quimioterapia dependen del tipo y dosis de los medicamentos administrados, así como de la duración del tiempo que se administran. Estos efectos secundarios pudieran incluir:

  • Caída de pelo.
  • Llagas en la boca.
  • Pérdida de apetito.
  • Náusea y vómito.
  • Aumento del riesgo de infecciones (debido a los bajos niveles de glóbulos blancos).
  • Facilidad para que se formen moretones o surjan sangrados (debido al bajo nivel de plaquetas).
  • Cansancio (debido al bajo nivel de glóbulos rojos).

Estos efectos secundarios son usualmente temporales y desaparecen después de finalizar el tratamiento. Muchas veces hay métodos para aminorar los efectos secundarios. Por ejemplo, se pueden administrar medicamentos para ayudar a prevenir o reducir las náuseas y los vómitos. Asegúrese de preguntarle a su médico o enfermera sobre los medicamentos que ayudan a reducir los efectos secundarios. También avíseles cuando usted experimente los efectos secundarios para que puedan ser tratados eficazmente.

Algunas veces se administran medicamentos conocidos como factores de crecimiento (por ejemplo, G-CSF o GM-CSF), a fin de aumentar la cuenta de glóbulos blancos durante la quimioterapia y así reducir las probabilidades de infección. Como pueden acelerar la recuperación de las cuentas de glóbulos blancos y no parecen causar ningún daño, frecuentemente se usan durante la quimioterapia de pacientes con ALL.

Si su cuenta de glóbulos blancos es muy baja durante el tratamiento, usted puede ayudar a reducir su riesgo de infecciones evitando cuidadosamente la exposición a gérmenes. Durante este tiempo, su médico puede recomendarle que:

  • Se lave frecuentemente las manos.
  • Evite las frutas y los vegetales frescos y crudos, así como otros alimentos, pues pueden portar gérmenes.
  • Evite flores frescas y plantas porque pueden portar moho.
  • Asegurarse que las personas se laven las manos cuando hacen contacto con usted.
  • Evitar las multitudes y las personas que estén enfermas (el uso de una mascarilla quirúrgica a menudo protege en estas situaciones).

Si se observan signos de una infección, o al primer signo de que se está desarrollando una infección, se pueden administrar antibióticos. También se pueden administrar medicamentos que ayudan a prevenir infecciones virales y fúngicas.

Muchos de los efectos secundarios de la quimioterapia son causados por las cuentas bajas de glóbulos blancos. Algunas personas encuentran de utilidad hacer el seguimiento de estas cuentas. Si le interesa esto, pregunte a su médico o enfermera cuál es su cuenta de células sanguíneas y qué significan estos números.

Si el número de plaquetas es bajo, se le pueden administrar medicamentos o transfusiones de plaquetas para ayudar a evitar el sangrado. De igual forma, la dificultad para respirar y el cansancio extremo causados por los bajos niveles de glóbulos rojos pueden ser tratados con medicamentos o con transfusiones de glóbulos rojos.

El síndrome de lisis tumoral es otro efecto secundario posible de la quimioterapia. Se puede observar en pacientes que tienen un gran número de células leucémicas en el cuerpo antes del tratamiento. Cuando la quimioterapia destruye estas células, éstas se abren y liberan sus contenidos al torrente sanguíneo. Esto puede afectar a los riñones, los cuales no pueden eliminar todas estas sustancias al mismo tiempo. Las cantidades excesivas de ciertos minerales también pueden afectar el corazón y el sistema nervioso. Esta afección se puede evitar administrando líquidos adicionales durante el tratamiento y ciertos medicamentos, tales como bicarbonato, alopurinol y rasburicasa, que ayudan al cuerpo a eliminar estas sustancias.

Algunos efectos secundarios posibles se deben a ciertos medicamentos. Por ejemplo, la citarabina (ara-C) puede causar ciertos problemas, especialmente cuando se usa en altas dosis. Estos problemas pueden incluir resequedad en los ojos y efectos en ciertas partes del cerebro, lo que puede provocar problemas de coordinación y equilibrio.

Otros órganos que pudieran resultar directamente dañados por ciertos medicamentos de quimioterapia incluyen los riñones, el hígado, los testículos, los ovarios, el cerebro, el corazón y los pulmones. Los médicos y las enfermeras supervisan minuciosamente el tratamiento para reducir el riesgo de estos efectos secundarios tanto como sea posible.

Si ocurren efectos secundarios graves, es posible que sea necesario reducir o suspender la quimioterapia, al menos durante un periodo breve. La supervisión minuciosa y el ajuste de las dosis de los medicamentos son importantes debido a que algunos efectos secundarios pueden ser permanentes.

Uno de los efectos secundarios más graves de la terapia para la ALL es el mayor riesgo de adquirir leucemia mielógena aguda (AML) posteriormente. Esto ocurre en aproximadamente un 5% de los pacientes después de que han recibido los medicamentos quimioterapéuticos llamados epipodofilotoxinas (etopósido, tenipósido) o agentes alquilantes (ciclofosfamida, clorambucilo). Con menos frecuencia, las personas que se curan de leucemia posteriormente desarrollan linfomas no Hodgkin u otros tipos de cáncer. Por supuesto, el riesgo de desarrollar estos segundos cánceres se debe sopesar con el beneficio obvio de tratar con quimioterapia una enfermedad potencialmente mortal como la leucemia.

Terapia dirigida

En años recientes, se han desarrollado nuevos medicamentos que se dirigen a partes específicas de las células cancerosas. Estos medicamentos dirigidos funcionan de distinta manera que los que se usan comúnmente en la quimioterapia. Generalmente originan diferentes efectos secundarios y suelen ser menos severos. Algunos de estos medicamentos pueden ser útiles en ciertos casos de ALL.

Por ejemplo, los medicamentos como imatinib (Gleevec) y dasatinib (Sprycel) atacan específicamente las células que tienen el cromosoma Filadelfia (un cromosoma 22 corto que resulta de una translocación con el cromosoma 9).

Aproximadamente de 25 a 30% de los pacientes adultos con ALL tienen células leucémicas con este cromosoma anormal. Ahora se están haciendo estudios para determinar si estos medicamentos se pueden combinar con la quimioterapia para obtener mejores resultados. Los informes recientes han encontrado que pueden ayudar a más pacientes a lograr una remisión después del tratamiento y pueden ayudar a evitar que la leucemia regrese, aunque se necesitan más estudios para confirmar esto.

Estos medicamentos se toman diariamente en forma de pastillas. Los efectos secundarios posibles incluyen diarrea, náuseas, dolores musculares, cansancio y erupciones en la piel, los cuales son habitualmente leves. Un efecto secundario común es la inflamación alrededor de los ojos, en las manos o en los pies. Algunos estudios sugieren que la acumulación de líquidos puede deberse al efecto de los medicamentos en el corazón. Otros efectos secundarios posibles incluyen una cuenta más baja de glóbulos rojos y de plaquetas al inicio del tratamiento. Todos estos efectos secundarios empeoran a dosis mayores que las normales del medicamento.

Cirugía

La cirugía tiene una función muy limitada en el tratamiento de ALL. Como las células leucémicas se propagan ampliamente por toda la médula ósea y a muchos otros órganos, no es posible curar este tipo de cáncer con cirugía. Además de una posible biopsia de los ganglios linfáticos, la cirugía raramente tiene ningún papel, ni siquiera en el diagnóstico, ya que un aspirado y una biopsia de médula ósea usualmente diagnostican la leucemia.

Con frecuencia, antes de que comience la quimioterapia se necesita una cirugía para introducir un pequeño tubo de plástico, llamado catéter venoso central o dispositivo de acceso venoso (venous access device, VAD) en una vena grande. El extremo del tubo se encuentra inmediatamente debajo de la piel o sale ligeramente del área del pecho o de la sección superior del brazo. El VAD se deja en el área durante el tratamiento para administrar medicamentos intravenosos (IV) como los medicamentos de la quimioterapia y tomar muestras de sangre. Esto reduce el número de pinchazos de aguja necesarios durante el tratamiento. Es muy importante aprender cómo cuidar el dispositivo para evitar que se infecte.

Radioterapia

La radioterapia usa radiación de alta energía para destruir las células cancerosas. Generalmente la radioterapia no forma parte del tratamiento principal para personas con ALL, aunque se usa en ciertas situaciones.

El tipo de radiación que se usa con más frecuencia en la ALL es la radioterapia externa, en la que una máquina administra un rayo de radiación a una parte específica del cuerpo. Antes de iniciar el tratamiento, el equipo de radiación cuidadosamente tomará medidas para determinar los ángulos correctos para emitir los haces de radiación, y las dosis adecuadas de radiación. La radioterapia es muy similar a la radiografía, pero la radiación es más intensa. El procedimiento en sí no causa dolor. Cada tratamiento dura sólo unos minutos, aunque el tiempo de preparación (colocarle en el lugar correcto para el tratamiento) usualmente toma más.

En pocos casos se puede usar la radioterapia para ayudar a tratar la leucemia:

  • Algunas veces se usa radiación para tratar una leucemia que se ha propagado al cerebro y al líquido espinal o a los testículos.
  • Con frecuencia la radiación en todo el cuerpo es parte importante del tratamiento antes de un trasplante de médula ósea o de células madre de sangre periférica (consulte la sección “Trasplante de células madre de médula ósea o de sangre periférica”.
  • Se usa radiación (raramente) para ayudar a reducir el tamaño de un tumor si éste está presionando la tráquea y causando problemas en la respiración. Pero con frecuencia en lugar de ella se usa quimioterapia ya que puede actuar más rápidamente.
  • También se puede usar radiación para ayudar a reducir el dolor en un área del cuerpo invadida por leucemia cuando la quimioterapia no ha ayudado.

Los posibles efectos secundarios de la radioterapia dependen del lugar donde se aplique la radiación. Es posible que se ocasionen cambios similares a los de una quemadura por el sol en el área tratada. Algunas veces, la radiación al abdomen puede causar náuseas, vómitos o diarrea. Cuando la radiación incluye grandes partes del cuerpo, los efectos pueden incluir cansancio y un mayor riesgo de infección.

Trasplante de médula ósea o de células madre de sangre periférica

Las dosis usuales de medicamentos quimioterapéuticos pueden causa efectos secundarios graves en tejidos de división rápida como la médula ósea. Desafortunadamente, en muchos casos las dosis convencionales de quimioterapia no pueden curar la ALL. Aunque es posible que una dosis mayor de estos medicamentos sea más eficaz, no se administra debido a que podrían causar daño grave a la médula ósea, lugar donde se producen las nuevas células sanguíneas. Esto podría causar infecciones potencialmente fatales, sangrado, y otros problemas debido a las cuentas bajas de células sanguíneas.

Un trasplante de células madre (stem cell transplant, SCT) permite que los médicos usen dosis más altas de quimioterapia, y algunas veces radioterapia. Cuando termina el tratamiento, el paciente recibe un trasplante de células madre productoras de sangre para restablecer la médula ósea.

Las células madre productoras de sangre que se usan para un trasplante se obtienen ya sea de la sangre (un trasplante de células madre de sangre periférica) o de la médula ósea (para un trasplante de médula ósea). En el pasado eran más comunes los trasplantes de médula ósea, pero han sido sustituidos por el trasplante de células madre de sangre periférica.

Tipos de trasplantes

Hay dos tipos principales de trasplantes de células madre: el alotrasplante y el autotrasplante. Su diferencia consiste en la fuente de las células madre productoras de sangre.

Alotrasplante de células madre (trasplante alogénico): en un alotrasplante, las células madre provienen de otra persona, generalmente un donador cuyo tipo de tejido es casi idéntico al del paciente. El tipo de tejido se basa en ciertas sustancias en la superficie de las células del cuerpo. Estas sustancias pueden causar que el sistema inmunitario reaccione contra las células. Por lo tanto, cuanto más compatibles sean los tejidos del donante y del receptor, mejor es la probabilidad de que las células trasplantadas sean aceptadas y comiencen a producir nuevas células sanguíneas.

El donante puede ser un hermano o una hermana si son compatibles. Con menos frecuencia, se puede encontrar un donante no relacionado compatible. Las células madre de un donante no relacionado provienen de voluntarios cuyo tipo de tejido se ha almacenado en un registro central y comparado con el tipo de tejido del paciente. Algunas veces se usan células madre del cordón umbilical. Estas células madre provienen de la sangre del cordón umbilical y de la placenta después del nacimiento de un bebé y después de que se corta el cordón umbilical.

Un alotrasplante de células madre pudiera ser más eficaz que el autotrasplante debido al efecto de “injerto contra leucemia”. Cuando las células inmunitarias del donante se administran en el organismo por infusión, puede que ellas reconozcan cualquier célula leucémica remanente como extrañas y procesan a atacarlas. Este efecto no ocurre con el autotrasplante de células madre.

Un alotrasplante es el tipo de trasplante preferido para la ALL, cuando es posible hacerlo, pero su uso está limitado debido a la necesidad de un donante compatible. Su uso también está limitado por sus efectos secundarios, que son demasiado graves para las personas entre más de 55 y 60 años de edad.

Autotrasplante de células madre (trasplante autólogo): en un autotrasplante, las propias células madre del paciente se extraen de su médula ósea o de su sangre periférica. Las células se congelan y se almacenan mientras la persona recibe tratamiento (quimioterapia y/o radiación en altas dosis). Se puede usar un procedimiento llamado “purga” para tratar de extirpar cualquier célula leucémica de las muestras. Entonces las células madre se vuelven a infundir en la sangre del paciente después del tratamiento.

Los autotrasplantes algunas veces se usan para personas cuya ALL se encuentra en remisión después del tratamiento inicial. Algunos médicos consideran que es mejor que la quimioterapia de consolidación convencional (remítase a “Tratamiento típico de la leucemia linfocítica aguda”), pero no todos los médicos están de acuerdo con esto.

Un problema con los trasplantes autólogos es que es difícil separar las células madre normales de las células leucémicas en las muestras de médula ósea o de sangre. Aún después de la purga (tratamiento de las células madre en el laboratorio para tratar de destruir o eliminar todas las células leucémicas remanentes), existe el riesgo de regresar algunas células leucémicas con el trasplante de células madre.

El procedimiento del trasplante

Las células madre productoras de sangre se recolectan de la médula ósea o de la sangre periférica, se congelan y se almacenan. El paciente recibe altas dosis de quimioterapia, y algunas veces también tratamiento con radiación en todo el cuerpo. (Se utilizan protectores contra la radiación para evitar el daño a los pulmones, el corazón y los riñones durante la radioterapia).

Estos tratamientos tienen como objetivo destruir todas las células cancerosas en el cuerpo. También destruyen células normales de la médula ósea y del sistema inmunitario. Después de estos tratamientos, las células madre congeladas se descongelan y se administran como una transfusión sanguínea. Las células madre se establecen en la médula ósea del paciente en los siguientes días y comienzan a crecer y a producir nuevas células sanguíneas.

En un alotrasplante de células madre, a la persona que recibe el trasplante se le pueden administrar medicamentos para mantener el nuevo sistema inmunitario bajo control. En las semanas subsiguientes el paciente se somete a pruebas sanguíneas regulares y a terapias de apoyo según sea necesario, lo que puede incluir antibióticos, transfusiones de glóbulos rojos o plaquetas, otras medicinas y ayuda en la nutrición.

Usualmente en un lapso de dos semanas después de la infusión de las células madre, éstas comienzan a producir nuevos glóbulos blancos. En seguida comienza la producción de plaquetas nuevas, y varias semanas después comienza la producción de glóbulos rojos.

Por lo general, los pacientes se mantienen aislados en el hospital para su protección (para protegerlos contra la exposición a los gérmenes) hasta que el recuento de glóbulos blancos se eleve y esté por encima de 500. Generalmente pueden abandonar el hospital cuando sus recuentos de glóbulos blancos se aproximen a 1,000. Luego al paciente se le examina casi diariamente por varias semanas en una clínica para pacientes ambulatorios. Como la cuenta de plaquetas tarda más tiempo para llegar hasta un nivel seguro, los pacientes pueden recibir transfusiones de plaquetas en un entorno ambulatorio.

Puntos prácticos

El trasplante de células madre de la sangre periférica o de la médula ósea es un tratamiento complejo. Si los médicos piensan que un paciente se puede beneficiar de un trasplante, éste debe hacerse en un hospital en el que el personal tenga experiencia en el procedimiento y en el tratamiento de la fase de recuperación. Algunos programas de trasplante de médula ósea pudieran no tener experiencia en ciertos tipos de trasplantes, en especial los trasplantes de donantes no relacionados.

El trasplante de células madre es muy caro (más de $100,000) y con frecuencia requiere una estadía hospitalaria prolongada. Como algunas compañías de seguros lo pueden considerar un tratamiento experimental, es posible que no paguen este procedimiento. Es importante que se entere si su asegurador cubre transplantes antes de decidirse a este procedimiento, y tener una idea de lo que tendrá que pagar.

Posibles efectos secundarios

Los efectos secundarios de un trasplante de células madre generalmente se dividen en efectos tempranos y efectos a largo plazo.

Las complicaciones y los efectos secundarios tempranos son básicamente los mismos causados por cualquier otro tipo de quimioterapia de alta dosis (consulte la sección “Quimioterapia” de este documento), y se deben al daño que se causa a la médula ósea y otros tejidos de división rápida del cuerpo. Pueden incluir cuentas bajas de células sanguíneas (con cansancio y un aumento del riesgo de infección y de sangrado), náuseas, vómitos, pérdida de apetito, llagas en la boca y pérdida del pelo.

Uno de los efectos secundarios a corto plazo más comunes y graves es el aumento del riesgo de infecciones con bacterias, virus u hongos. Frecuentemente se administran antibióticos para prevenir infecciones. Otros efectos secundarios, como cuentas bajas de glóbulos rojos y plaquetas, pueden requerir la transfusión de productos sanguíneos u otros tratamientos.

Algunas complicaciones y efectos secundarios pueden persistir por largo tiempo, o pueden no ocurrir sino hasta meses o años después del trasplante. Éstos incluyen:

  • Enfermedad injerto contra huésped (Graft-versus-host disease, GVHD), que ocurre sólo en los alotrasplantes (de un donante). Esto sucede cuando las células del sistema inmunitario del donante atacan los tejidos de la piel, hígado y tracto digestivo del paciente. Los síntomas pueden incluir debilidad, cansancio, resequedad de la boca, erupciones dérmicas, náuseas, diarrea, amarillamiento de la piel y los ojos (ictericia) y dolores musculares. En casos graves, la enfermedad de injerto contra huésped puede poner en riesgo la vida. Frecuentemente la GVHD se describe como aguda o crónica, dependiendo de qué tan pronto comience después del trasplante. Con frecuencia se administran medicamentos que debilitan el sistema inmunitario para mantener el control de la GVHD.
  • Daño provocado a los pulmones que ocasiona dificultad para respirar.
  • Daño a los ovarios que puede causar infertilidad y pérdida de los periodos menstruales.
  • Daño a la glándula tiroides que puede causar problemas en el metabolismo.
  • Cataratas (daño al lente del ojo que puede afectar la vista).
  • Daño a los huesos, llamado necrosis aséptica (cuando el hueso muere debido a falta de suministro de sangre). Si el daño es grave, será necesario reemplazar parte del hueso y de la articulación del paciente.

La enfermedad de injerto contra huésped es la complicación más grave de los alotrasplantes de células madre (de donantes). Ocurre porque el sistema inmunitario del paciente es atacado por el del donante. El sistema inmune del donante comienza entonces a reaccionar contra los otros órganos y tejidos del paciente.

Los síntomas más comunes son erupciones dérmicas graves y diarrea grave. También pueden resultar dañados el hígado y los pulmones. El paciente puede cansarse fácilmente y tener dolores musculares. Algunas veces la GVHD se vuelve crónica y discapacitante, y si es lo suficiente grave, puede poner en riesgo la vida. Se pueden administrar medicamentos que afectan el sistema inmune para tratar de controlar la enfermedad de injerto contra huésped.

Desde un punto de vista positivo, la enfermedad de injerto contra huésped también ocasiona una actividad “injerto contra leucemia”. Todas las células leucémicas que quedan después de la quimioterapia y la radioterapia pueden ser destruidas por la reacción inmunitaria de las células del donante.

Trasplante no mieloablativo (minitrasplante)

Muchas personas mayores de 55 años de edad no podrán tolerar alotrasplantes convencionales en los que se usan altas dosis de quimioterapia. Algunos, sin embargo, podrán someterse a un trasplante no mieloablativo (también conocido como minitrasplante o trasplante de intensidad reducida), en el que reciben menores dosis de quimioterapia y radiación que no destruyen completamente las células de la médula ósea. Estos pacientes reciben las células madre alogénicas (de un donante). Estas células entran al cuerpo y establecen un nuevo sistema inmunitario, que considera a las células leucémicas como extrañas y las ataca (un efecto “injerto contra leucemia”).

Los médicos han descubierto que si usan dosis más pequeñas de ciertos medicamentos de quimioterapia y dosis más bajas de radiación total del cuerpo, un alotrasplante aún puede algunas veces ser eficaz con mucha menos toxicidad. De hecho, un paciente puede recibir un trasplante no mieloablativo como paciente externo (ambulatorio). La complicación más importante es la enfermedad de injerto contra huésped.

Muchos médicos aún consideran este procedimiento experimental, y se están llevando a cabo estudios para determinar su utilidad contra la ALL.

Para más información sobre los trasplantes de células madre, consulte nuestro documento “Trasplantes de células madre de médula ósea y sangre periférica".

Estudios clínicos

A partir del momento en que se le informa sobre su diagnóstico de cáncer, puede que necesite tomar muchas decisiones. Una de las decisiones más importantes es seleccionar cuál tratamiento es el más adecuado para tratar su caso. Puede que se entere sobre estudios clínicos que se estén llevando a cabo para su tipo de cáncer, O tal vez alguien de su equipo de atención médica le mencionó alguno.

Los estudios clínicos son investigaciones cuidadosamente controladas que se realizan con pacientes que participan voluntariamente. Los estudios clínicos se llevan a cabo para hacer un seguimiento de nuevos tratamientos o procedimientos promisorios.

Si quisiera formar parte de un estudio clínico, deberá comenzar con preguntar a su médico si su clínica u hospital lleva a cabo estudios clínicos. Para una lista de estudios clínicos que cumplan con sus necesidades médicas, usted puede llamar a nuestro servicio de estudios clínicos para ayudarle a encontrar un estudio adecuado para usted. Usted puede acceder a este servicio llamando al 1-800-227-2345 o consultando el sitio en Internet http://clinicaltrials.cancer.org. También puede obtener una lista de los estudios clínicos actuales llamando a la línea telefónica sin costo del Servicio de Información sobre Cáncer de Instituto Nacional del Cáncer al 1-800-422-6237 o visitando el sitio Web sobre estudios clínicos del NCI, www.cancer.gov/clinicaltrials.

Existen requisitos que debe cumplir para formar parte de cualquier estudio clínico. Si califica para un estudio clínico, es su decisión inscribirse o no al mismo.

Los estudios clínicos son una forma de tener acceso a la atención más novedosa contra el cáncer. Sólo a través de estos estudios los médicos aprenden sobre mejores métodos para tratar la enfermedad, aunque no todos serán adecuados para toda la gente.

Puede obtener mucha más información sobre este tema en nuestro documento Estudios Clínicos: lo que necesita saber, el cual encontrará en nuestro sitio Web o puede solicitarlo a través de nuestra línea sin costo.

Terapias complementarias y alternativas

Al tener cáncer, es probable que usted se entere de maneras que su médico no ha mencionado para tratar su tipo de cáncer o aliviar los síntomas. Todos, desde familiares y amigos, hasta foros de usuarios en Internet, ofrecen ideas que podrían serle útiles. Estos tratamientos pueden incluir vitaminas, hierbas, dietas especiales u otros métodos, como acupuntura o masaje, entre otros.

¿Qué son exactamente las terapias complementarias y alternativas?

No todos utilizan estos términos de la misma manera que a su vez se usan para referirse a muchos métodos diferentes, lo cual puede resultar confuso. Aquí, utilizamos el término complementario para referirnos a los tratamientos que se utilizan junto con la atención médica. El término alternativo lo utilizamos para referirnos al tratamiento que se usa en lugar del tratamiento indicado por el médico.

Métodos complementarios: la mayoría de los métodos de tratamiento complementarios no se ofrecen como curas para el cáncer. Estos tratamientos se usan principalmente para ayudarle a sentirse mejor. Algunos métodos que se usan de manera conjunta con el tratamiento convencional son la meditación para reducir el estrés, la acupuntura para aliviar el dolor o el té de menta para aliviar las náuseas. Se sabe que algunos de estos métodos complementarios son útiles, mientras que otros no han sido probados. Se ha demostrado que algunos de estos métodos no son útiles, y algunos cuántos incluso han demostrado ser perjudiciales.

Tratamientos alternativos: puede que éstos sean ofrecidos como curas para el cáncer. La seguridad y la eficacia no han sido probadas para estos tratamientos en estudios clínicos. Algunos de estos métodos puede que representen un peligro o que produzcan efectos secundarios que atenten contra la vida. Pero el mayor peligro en la mayoría de los casos, es que usted pierda la oportunidad de beneficiarse de un tratamiento convencional. Las demoras o interrupciones en sus tratamientos médicos puede que permitan más tiempo para que el cáncer se desarrolle y sea menos propenso a responder al tratamiento estándar.

Cómo obtener más información

Es fácil darse cuenta por qué puede que las personas con cáncer quieran considerar los métodos alternativos. Uno siempre desea hacer todo lo posible para combatir el cáncer, y la idea de un tratamiento sin efectos secundarios resulta atractiva. Algunas veces los tratamientos médicos, como la quimioterapia, pueden ser difíciles de tolerar o puede que ya no funcionen. Sin embargo, la verdad es que la mayoría de estos métodos alternativos no han sido investigados, ni han probado ser eficaces en el tratamiento contra el cáncer.

Usted puede tomar los siguientes tres pasos importantes a medida que considera sus opciones:

  • Esté atento de las señales de advertencia que sugieran que pueda tratarse de algún fraude. ¿Promete el método ser una cura para todos o la mayoría de los tipos de cáncer? ¿Se le ha dicho que no se someta a los tratamientos médicos convencionales? ¿Hay algún "secreto" del tratamiento que hace que requiera acudir con ciertos proveedores o viajar a otro país?
  • Hable con su médico o enfermera sobre cualquier método que esté considerando usar.
  • Póngase en contacto con nosotros llamando al 1-800-227-2345 para informarse más sobre los métodos complementarios y alternativos en general, así como para saber más sobre los métodos específicos que esté considerando.

La decisión es suya

Las decisiones sobre cómo tratar o manejar su cáncer siempre son suyas. Si desea emplear un tratamiento no convencional, infórmese todo lo que pueda sobre dicho método y hable al respecto con su médico. Al contar con información adecuada y con el apoyo del equipo de profesionales que atiende su salud, puede que logre emplear con seguridad los métodos que puedan beneficiarle mientras evita aquellos que podrían ser perjudiciales.

Tratamiento típico de la leucemia linfocítica aguda

El principal tratamiento de la leucemia linfocítica aguda en adultos es el uso de quimioterapia a largo plazo. En los últimos años los médicos han comenzado a utilizar regímenes de quimioterapia más intensivos, lo que ha conducido a más respuestas al tratamiento. Pero estos regímenes también tienen más probabilidades de causar efectos secundarios, como cuentas bajas de glóbulos blancos. Es posible que los pacientes necesiten tomar otros medicamentos para prevenir o tratar estos efectos secundarios.

Típicamente el tratamiento se realiza en tres fases:

  • Inducción de la remisión.
  • Consolidación (intensificación).
  • Mantenimiento.

El tratamiento total usualmente tarda aproximadamente dos años, siendo la fase de mantenimiento la que requiere más tiempo. El tratamiento puede ser más o menos intenso, dependiendo del subtipo de ALL y de otros factores pronósticos.

Una parte importante del tratamiento de la ALL es la profilaxis del sistema nervioso central, un tratamiento que tiene como objetivo asegurar que la leucemia no se propague (o permanezca) en el cerebro o la médula espinal. Esto se describe con más detalle a continuación.

Inducción de la remisión.

La fase inicial de la quimioterapia usualmente dura un mes más o menos. Puede que se usen diferentes combinaciones, aunque típicamente incluye los siguientes medicamentos:

  • Vincristina.
  • Dexametasona o prednisona.
  • Doxorubicina (Adriamycin) o daunorubicina.

Con base en los factores pronósticos del paciente, algunos regímenes también pueden incluir ciclofosfamida, L asparaginasa, etopósido y/o altas dosis de metotrexato o citarabina (ara-C) como parte de la fase de inducción. Para aquellos pacientes con ALL que tienen el cromosoma Filadelfia, con frecuencia también se incluyen medicamentos dirigidos tales como imatinib (Gleevec).

Frecuentemente en estos momentos también se inicia el tratamiento para evitar que las células leucémicas se propaguen al sistema nervioso central. Esto puede incluir uno o más de los siguientes tratamientos:

  • Quimioterapia intratecal (inyectada directamente en el líquido espinal) con metrotexato y algunas veces citarabina o un esteroide como prednisona.
  • Altas dosis de metotrexato por vía IV.
  • Radioterapia dirigida a la región del cerebro

A menudo, la inducción de quimioterapia puede causar graves efectos secundarios, incluyendo infecciones que pueden poner en riesgo la vida. Por esta razón, es importante la supervisión minuciosa y la atención de apoyo con otros medicamentos, tal como antibióticos.

Consolidación (intensificación)

Si el paciente entra en remisión, la siguiente fase con frecuencia consiste en un curso bastante corto de quimioterapia, usando muchos de los mismos medicamentos que se utilizaron en la terapia de inducción. Esto usualmente dura varios meses. Usualmente los medicamentos se administran en dosis altas, por lo que el tratamiento es bastante intenso. En estos momentos se puede continuar la profilaxis del CNS.

Algunos pacientes que están en remisión aún corren un riesgo alto de recurrencia, como aquellos que tienen ciertos subtipos de ALL u otros factores pronósticos desfavorables. Los médicos pueden sugerir en estos momentos un alotrasplante de células madre (SCT), especialmente para aquellos que tienen un hermano o hermana que podría ser un buen donante compatible. Un autotrasplante de células madre puede ser otra opción. Es necesario que se evalúen detenidamente los riesgos y beneficios posibles de los trasplantes de células madre, ya que aún no es claro qué tan útiles son. Los pacientes que consideren este procedimiento pueden recibir mejor servicio si lo reciben en el contexto de un estudio clínico en un centro que haya realizado muchos trasplantes de células madre.

Mantenimiento

Después de la consolidación, generalmente se pone al paciente en un programa de mantenimiento con quimioterapia que consiste en metotrexato y 6-mercaptopurina (6-MP). En algunos casos esto se puede combinar con otros medicamentos como vincristina y prednisona. Para aquellos pacientes con ALL que tienen el cromosoma Filadelfia, con frecuencia también se incluyen medicamentos dirigidos tales como imatinib (Gleevec). Usualmente el mantenimiento dura aproximadamente dos años. En estos momentos se puede continuar la profilaxis del CNS.

Algunos médicos consideran que la terapia de mantenimiento puede no ser necesaria para algunas leucemias como la ALL de células T y la ALL de células B maduras (leucemia de Burkitt).

Tasas de respuesta al tratamiento

Por lo general, aproximadamente de 80 a 90% de los adultos tendrá remisiones completas después de estos tratamientos. Esto significa que ya no se observará la presencia de células leucémicas en la médula ósea. Desafortunadamente, aproximadamente la mitad de estos pacientes sufren un relapso, por lo que la tasa general de curación es de 30 a 40%. Una vez más, estas tasas varían dependiendo del subtipo de ALL y de otros factores pronósticos. Por ejemplo, las tasas de remisión a largo plazo tienden a ser más bajas en pacientes de mayor edad y aquellos cuyas células de ALL contienen el cromosoma Filadelfia.

¿Qué sucede si la leucemia no responde al tratamiento o regresa después de que termine el tratamiento?

Si la leucemia es refractaria, esto es, si no desaparece con el primer tratamiento (lo cual sucede en aproximadamente 10 a 20% de los casos), entonces se pueden tratar dosis más intensivas o medicamentos nuevos, aunque es menos probable que surtan efecto. Se puede intentar un trasplante de médula ósea si la leucemia se puede poner al menos en remisión parcial. También se pueden considerar estudios clínicos de nuevas estrategias de tratamiento.

Si la leucemia regresa (recurre) después del tratamiento inicial, con mayor frecuencia lo hará en la médula ósea y la sangre. Ocasionalmente, el cerebro o el líquido cefalorraquídeo será el primer lugar donde recurran.

En estos casos, algunas veces es posible poner la leucemia en remisión otra vez con más quimioterapia, aunque es posible que esta remisión no dure. En el caso de los pacientes que padecen ALL con el cromosoma Filadelfia, el cambio a un medicamento dirigido más reciente, o su adición a la terapia, como dasatinib (Sprycel) puede ser de utilidad. Si se puede lograr una segunda remisión, la mayoría de los médicos recomendarán algún tipo de trasplante de células madre, si es posible.

Si la leucemia no desaparece o continúa recurriendo, eventualmente el tratamiento con quimioterapia no será muy útil. Si un trasplante de células madre no es una opción, el paciente puede considerar participar en un estudio clínico de tratamientos más nuevos.

Los pacientes que quieran continuar tanto como sea posible el tratamiento para combatir la leucemia necesitan sopesar el posible beneficio limitado de un nuevo tratamiento y las posibles desventajas, incluyendo las visitas continuas al médico y los efectos secundarios del tratamiento. Cada persona tiene su propia manera de considerar esto. En muchos casos, el médico puede calcular la tasa de respuesta del tratamiento que se está considerando. Algunas personas se sienten motivadas a intentar más quimioterapia, aunque los médicos les digan que las probabilidades de recibir beneficios son menores de un 1%. En esta situación, es importante pensar y entender las razones por las cuales se está eligiendo este plan.

Tratamiento paliativo

Si un estudio clínico no es una opción, es importante que en este momento el paciente se concentre en aliviar los síntomas de la leucemia. A esto se le llama tratamiento paliativo. Por ejemplo, el médico puede recomendar una terapia menos intensiva para tratar de retrasar el crecimiento de la leucemia en lugar de tratar de curarla.

A medida que la leucemia crece en la médula ósea puede causar dolor. Es importante que usted esté tan cómodo como sea posible. Los tratamientos que pueden ser útiles incluyen radiación y medicinas apropiadas contra el dolor. Si las medicinas como aspirina e ibuprofeno no ayudan, medicamentos opiáceos más fuertes como la morfina pueden ser útiles.

Los otros síntomas de la leucemia son recuentos sanguíneos bajos y cansancio. Se pueden necesitar medicinas o transfusiones de sangre para ayudar a corregir estos problemas. Las náuseas y la pérdida del apetito se pueden tratar con medicamentos y suplementos alimenticios altos en calorías. Pueden ocurrir infecciones que se pueden tratar con antibióticos.

En este momento, es posible que usted se beneficie de la atención de hospicio. En la mayoría de los casos, este cuidado se puede dar en la casa. La leucemia puede estar causando síntomas o problemas que requieran atención, y la atención de hospicio se enfocan en su comodidad. Recibir atención para enfermos terminales no significa que no se puede dar tratamiento a los problemas causados por el cáncer o por otras afecciones médicas. Sólo significa que el enfoque de la atención es que el paciente viva la vida tan plenamente como sea posible y que se sienta tan bien como es posible en esta etapa difícil.

También recuerde que es importante mantener la esperanza. Tal vez la esperanza de una cura no sea tan realista, pero aún hay esperanzas de pasar buenos momentos con la familia y amigos, momentos que pueden dar al paciente felicidad y ser significativos. En cierta manera, una interrupción de su tratamiento contra el cáncer en este momento es una oportunidad para reenfocarse en las cosas más importantes de su vida. Éste es el momento para hacer algunas cosas que usted siempre deseaba hacer y dejar de hacer aquéllas que ya no desea.

Información adicional sobre tratamiento

Si desea encontrar información más detallada sobre las opciones de tratamiento, inclusive algunas que no se mencionan en este documento, el National Cancer Institute (NCI) es una buena fuente de información.

El Instituto Nacional del Cáncer (NCI) provee guías de tratamiento a través de su centro de información (1-800-4-CANCER) y su página Web (www.cancer.gov). También están disponibles guías detalladas preparadas para los profesionales de atención del cáncer en www.cancer.gov.

¿Qué debe preguntar a su médico sobre la leucemia linfocítica aguda?

Es importante sostener diálogos sinceros, honestos y abiertos con su médico. Debe sentirse en la libertad de preguntar cualquier cosa que le venga a la mente, sin importar cuán insignificante parezca. A continuación le presentamos algunas preguntas que usted quisiera hacer. Las enfermeras, los trabajadores sociales y demás participantes del tratamiento podrán también responder a muchas de sus preguntas.

  • ¿Qué clase de leucemia linfocítica aguda (ALL) padezco?
  • ¿Hay cualquier factor específico que pudiese afectar mi pronóstico?
  • ¿Se necesitan hacer otras pruebas antes de decidir sobre el tratamiento?
  • ¿Cuánta experiencia tiene con el tratamiento de este tipo de leucemia?
  • ¿Debo pedir una segunda opinión?
  • ¿Cuáles son mis opciones de tratamiento?
  • ¿Debemos considerar un trasplante de células madre? ¿Cuándo?
  • ¿Qué tratamiento recomienda usted? ¿Por qué lo recomienda?
  • ¿Cuáles son los riesgos y los efectos secundarios de los tratamientos que usted recomienda?
  • ¿Qué debo hacer para prepararme para el tratamiento?
  • ¿Cuánto tiempo durará el tratamiento? ¿Qué conllevará? ¿Dónde se administrará?
  • ¿Cómo afectará el tratamiento mis actividades diarias?
  • ¿Cuál es el pronóstico para mi supervivencia?
  • ¿Qué se haría si el tratamiento no surte efecto o si la leucemia regresa?
  • ¿Qué tipo de atención médica de seguimiento necesitaré después del tratamiento?

Asegúrese de escribir cualquier pregunta que pueda tener y que no se encuentre en la lista. Por ejemplo, usted podría desear información específica acerca del tiempo de recuperación para poder planificar su esquema de trabajo. Por otra parte, usted tal vez quiera preguntar sobre los estudios clínicos para los que pueda resultar elegible. Puede ser útil que le acompañe otra persona o que grabe su conversación con el médico.

¿Qué sucede después del tratamiento de la leucemia linfocítica aguda?

Completar el tratamiento puede causar tanto estrés como entusiasmo. Se sentirá aliviado de haber terminado el tratamiento, pero a la vez es difícil no preocuparse por la posibilidad de que recurra la leucemia. Ésta es una preocupación muy común entre las personas que han tenido cáncer.

Es posible que pase un tiempo antes de que la confianza en su propia recuperación comience a sentirse real y que sus miedos sean un tanto aliviados. Para más información sobre este tema, y para aprender cómo lidiar con la posibilidad de que el cáncer regrese, llame al 1-800-227-2345 y solicite el documento “Living With Uncertainty: The Fear of Cancer Recurrence” (disponible en inglés) de la Sociedad Americana del Cáncer.

Cuidados posteriores

Necesitará exámenes de seguimiento frecuentes durante varios años después de que concluya el tratamiento de la leucemia linfocítica aguda. Los exámenes médicos probablemente incluirán exámenes físicos minuciosos, pruebas de laboratorio y estudios de imágenes cuando sea necesario. Un beneficio de la atención de seguimiento es que le da a usted una oportunidad para discutir las preguntas y preocupaciones que puedan surgir durante y después de su recuperación.

Estas visitas de seguimiento son muy importantes. Su médico continuará vigilándole para detectar signos de recurrencia de la enfermedad y para ver si hay efectos secundarios del tratamiento. Casi todos los tratamientos del cáncer tienen efectos secundarios. Algunos pueden durar de algunas semanas a varios meses, aunque otros pueden ser permanentes. Es importante que reporte inmediatamente a su médico cualquier síntoma nuevo, para que se pueda determinar su causa y tratar, si es necesario.

Si hay una recurrencia, usualmente ocurre mientras el paciente está siendo tratado o poco después de haber terminado la quimioterapia. Si esto sucede, el tratamiento será según se describe en la sección ¿Qué pasa si la leucemia no responde o si recurre después del tratamiento? Es poco usual que una ALL recurra si dentro de cinco años de tratamiento aún no hay signos de la enfermedad.

También es importante mantener un seguro médico. Aunque nadie quiere pensar que su cáncer puede regresar, esto siempre es una posibilidad. Si ocurre, lo que menos necesita es preocuparse sobre el pago del tratamiento. En caso de que el cáncer regrese, nuestro documento When Your Cancer Comes Back: Cancer Recurrence (disponible sólo en inglés) le ofrece información sobre cómo sobrellevar esta fase de su tratamiento. Puede obtener este documento llamando al 1-800-227-2345.

Consultas con un nuevo médico

En algún momento después del diagnóstico y tratamiento del cáncer, es posible que usted tenga que consultar a un médico nuevo. Esto puede deberse a que su doctor que le atendió por primera vez se retiró o se cambió a otro lugar, o usted pudo haber cambiado de residencia o de doctor por alguna razón. Es importante que usted le proporcione a su nuevo médico los detalles exactos de su diagnóstico y tratamiento. Asegúrese de conservar lo siguiente:

  • Una copia del informe de patología de cualquier biopsia o cirugía.
  • Si se sometió a una cirugía, una copia del reporte del procedimiento.
  • Si se le admitió en el hospital, una copia del resumen al alta que los médicos tienen que preparar cuando envían al paciente a su casa.
  • Si recibió radioterapia, un resumen del tipo y dosis de radiación, así como el momento y el lugar en donde se administró.
  • Si ha recibido quimioterapia u otras medicinas, una lista de sus medicamentos, las dosis de los medicamentos y cuándo los tomó.

Cambios en el estilo de vida que debe considerar durante y después del tratamiento

El cáncer y el tratamiento pueden consumir tiempo y causar desgaste emocional. No obstante, también puede ser el momento para nuevos cambios en su vida. Quizás usted está considerando mejorar su estado general de salud a largo plazo. Algunas personas incluso comienzan este proceso durante el tratamiento del cáncer.

Tome decisiones saludables

Reflexione acerca de cómo era su vida antes de que usted supiera que tenía cáncer. ¿Había cosas que usted hacía que no eran tan saludables? Quizás usted consumía muchas bebidas con alcohol, o comía más de lo que necesitaba, o fumaba, o no hacía ejercicio a menudo. Emocionalmente, quizás usted no expresaba sus sentimientos, o quizás dejaba que las situaciones estresantes le afectaran por mucho tiempo.

Ahora no es el momento de sentirse culpable o culparse a sí mismo. El día de hoy puede comenzar a hacer cambios que puedan tener buenos efectos durante el resto de su vida. No sólo se sentirá mejor, pero también estará más saludable. Qué mejor momento que ahora para aprovechar la motivación que tiene como resultado de haber pasado por una experiencia que le ha cambiado la vida como es el tener cáncer.

Usted puede comenzar a trabajar los aspectos que más le preocupan. Obtenga ayuda en aquéllos que le resulten más difíciles. Por ejemplo, si está considerando dejar de fumar y necesita ayuda, llame a nuestra línea para dejar de fumar al 1-800-227-2345.

Alimentación y nutrición

Alimentarse bien puede ser un reto para cualquier persona, aunque puede ser aún más difícil durante y después del tratamiento del cáncer. Por ejemplo, el tratamiento a menudo puede cambiar su sentido del gusto. La náusea puede ser un problema. Es posible que usted pierda su apetito por un tiempo y también pierda peso sin desearlo. Por otro lado, algunas personas aumentan de peso incluso cuando no comen más, lo que también puede ser frustrante.

Si usted está perdiendo peso o tiene problemas con el sabor de los alimentos que su sentido del gusto percibe durante el tratamiento, haga lo mejor que pueda en relación con su alimentación y recuerde que estos problemas usualmente se van solucionando con el transcurso del tiempo. Usted puede pedirle al equipo de atención del cáncer que le refiera a un especialista en nutrición que le puede sugerir ideas sobre cómo combatir algunos de los efectos secundarios de su tratamiento. Además, usted puede encontrar útil comer porciones pequeñas cada dos a tres horas hasta que se sienta mejor y pueda regresar a un plan más normal.

Una de las mejores cosas que puede hacer después del tratamiento consiste en adoptar hábitos sanos de la alimentación. Usted se sorprenderá de los beneficios a largo plazo de algunos cambios simples, como aumentar la variedad de alimentos saludables que consume. Trate de comer cinco o más porciones de frutas y verduras cada día. Consuma alimentos de grano integral en vez de azúcares y harinas. Trate de limitar el consumo de carnes altas en grasa. Disminuya el consumo de carnes procesadas, como perros calientes (hot dogs), mortadela (bologna) y tocino. Si puede, trate de evitar estos alimentos por completo. Además, si toma alcohol, limítelo a máximo una o dos bebidas por día. No olvide hacer algún tipo de ejercicio de forma habitual. La combinación entre una buena dieta y el ejercicio de rutina le ayudará a mantener un peso saludable y hacerle sentir más energía.

Descanso, cansancio, trabajo y ejercicio

El cansancio es un síntoma muy común entre las personas que están recibiendo tratamiento contra el cáncer. Éste a menudo no es un tipo de cansancio ordinario, sino un agotamiento que no se alivia con el descanso. Para algunas personas, este cansancio dura mucho tiempo después del tratamiento, y puede provocar que no sientan deseos de mantenerse físicamente activas.

Sin embargo, el ejercicio puede en realidad ayudar a reducir el cansancio. Los estudios han mostrado que los pacientes que siguen un programa de ejercicio adaptado a sus necesidades personales se sienten mejor física y emocionalmente, y pueden lidiar mejor con la situación.

Si usted padece de una enfermedad y necesita permanecer en cama durante el tratamiento, es normal esperar que la fuerza de sus músculos, su estado físico y su resistencia se deterioren un poco. La terapia física puede ayudarle a mantenerse fuerte y mantener el movimiento normal de sus músculos, lo que puede ayudar a combatir el cansancio y la depresión que algunas veces surge al sentir tanto cansancio.

Cualquier programa de actividad física debe ajustarse a su situación personal. Una persona de edad avanzada que nunca se ha ejercitado no podrá hacer la misma cantidad de ejercicio que una de 20 años que juega tenis tres veces a la semana. Si hace varios años que no se ejercita, pero puede mantenerse activo, usted puede considerar caminar distancias cortas.

Hable con su equipo de atención médica antes de comenzar los ejercicios, y consulte su opinión sobre los planes de ejercicio. Luego, puede procurar que alguien le acompañe a hacer los ejercicios para que mutuamente se motiven al no hacerlos solos. Cuando los familiares o los amigos se integran en un programa de ejercicios nuevo, usted obtiene el refuerzo adicional de apoyo que necesita para mantenerse activos cuando el entusiasmo simplemente no exista.

Sin embargo, si usted siente demasiado cansancio, necesitará balancear la actividad con el descanso. Es aceptable que descanse cuando sienta agotamiento. Resulta realmente difícil para algunas personas permitirse hacer esto cuando estaban acostumbradas a trabajar todo el día o a asumir las responsabilidades del hogar

El ejercicio puede mejorar su salud física y emocional:

  • Mejora su condición cardiovascular (corazón y circulación).
  • Fortalece sus músculos.
  • Reduce el cansancio.
  • Reduce la ansiedad y la depresión.
  • En general, le hace sentir más feliz.
  • Le hace sentir mejor sobre sí mismo.

Además, sabemos que el ejercicio desempeña un papel en la prevención de algunos cánceres. La Sociedad Americana del Cáncer recomienda en sus guías sobre la actividad física para la prevención del cáncer que los adultos participen en por lo menos una actividad física por 30 minutos o más durante cinco o más días a la semana. A los niños y a los adolescentes se les exhorta participar en actividades energéticas durante 60 minutos al menos cinco días de la semana.

Su salud emocional

Una vez que finalice su tratamiento, es posible que las emociones le sean abrumadoras. Esto ocurre a muchas personas. Es posible que usted haya pasado por mucho durante el tratamiento a tal punto que sólo se pueda enfocar en finalizar con todo su tratamiento.

Ahora usted se encuentra pensando sobre la posibilidad de su propia muerte, o sobre el efecto de su cáncer en su familia y amigos, al igual que en su empleo. También es posible que comience a reevaluar la relación con su cónyuge o pareja. Otros asuntos inesperados también pueden causar preocupación. Por ejemplo, a medida que usted está más saludable y acuda menos al médico, consultará con menos frecuencia a su equipo de atención médica. Esto puede causar ansiedad en algunas personas.

Éste es el momento ideal para buscar apoyo emocional y social. Usted necesita personas a quienes acudir para obtener fortaleza y consuelo. El apoyo puede provenir de muchas fuentes: familia, amigos, grupos de apoyo, iglesias o grupos espirituales, comunidades de apoyo en línea u orientadores individuales.

Casi todas las personas que han pasado por la experiencia del cáncer pueden beneficiarse de algún tipo de apoyo. Lo que es mejor para usted depende de su situación y personalidad. Algunas personas se sienten seguras en grupos de apoyo con personas similares que están experimentando situaciones semejantes, o en grupos de educación. Otras personas pudieran preferir hablar en un entorno informal, tal como en una iglesia, mientras que otras pueden sentirse más cómodos hablando directamente con un amigo de confianza o un consejero. Cualquiera que sea su fuente de fortaleza o consuelo, asegúrese de que tiene un lugar a dónde acudir con sus inquietudes.

La experiencia con el cáncer puede hacerle sentir mucha soledad. No es necesario ni realista que usted pase por toda esta experiencia solo. Sus amigos y familiares pueden sentirse excluidos si usted decide que no participen de esta experiencia. Deje que tanto ellos como cualquier otra persona que usted considere puedan ayudarle. Si no está seguro quién puede ayudar, llame a su Sociedad Americana del Cáncer al 1-800-227-2345 y le pondremos en contacto con un grupo o recurso de apoyo apropiado.

Usted no puede cambiar el hecho de que ha tenido cáncer, Lo que sí puede cambiar es cómo vive el resto de su vida mediante cambios saludables y sintiéndose lo mejor posible tanto física como emocionalmente.

¿Qué hay de nuevo en las investigaciones y el tratamiento de la leucemia linfocítica aguda?

Los investigadores ahora están estudiando las causas, diagnóstico, atención de apoyo y tratamiento de la leucemia en muchos centros médicos, hospitales universitarios y otras instituciones.

Genética de la leucemia

Los científicos están realizando un excelente progreso para entender cómo los cambios en el ADN de una persona pueden causar que las células normales de la médula ósea se conviertan en células leucémicas. Un mayor entendimiento de los genes (regiones del ADN) involucrados en ciertas translocaciones que ocurren con frecuencia en la leucemia linfocítica aguda está proporcionando una idea de por qué estas células se convierten en células anormales. Actualmente, los médicos buscan aprender cómo usar estos cambios para ayudarles a determinar el pronóstico de una persona y si éstos deben recibir más o menos tratamiento intensivo.

Conforme se obtenga más información, también se puede utilizar en el desarrollo de nuevas terapias dirigidas contra la ALL. Medicamentos como imatinib (Gleevec) y dasatinib (Sprycel) son ejemplos de tales tratamientos. En la actualidad se usan en el tratamiento de los pacientes que padecen ALL, quienes tienen el cromosoma Filadelfia.

Perfiles de expresión genética

Esta nueva técnica de laboratorio se está estudiando para ayudar a identificar y clasificar diferentes tipos de cáncer. En lugar de analizar genes sencillos, en esta prueba se utiliza una tecnología especial para examinar al mismo tiempo los patrones de muchos genes diferentes en las células del cáncer. Esto puede enriquecer la información que se obtiene en las pruebas de laboratorio actuales.

Detección de enfermedad residual mínima

Los avances en el conocimiento de los cambios del ADN en la ALL ya han permitido el desarrollo de una prueba altamente sensible para detectar la enfermedad residual mínima después del tratamiento, cuando hay presentes tan pocas células leucémicas que no pueden ser detectadas por las pruebas de médula ósea de rutina.

La prueba de la reacción en cadena de polimerasa puede identificar las células de la ALL basándose en las translocaciones o reordenamientos de los genes. Con esta prueba se puede encontrar una célula leucémica entre un millón de células normales. La prueba de la reacción en cadena de la polimerasa puede ser útil para determinar qué tan completamente la quimioterapia ha destruido las células de la ALL.

Ahora los médicos están tratando de determinar el efecto que la enfermedad residual mínima tiene en el pronóstico de un paciente, y cómo esto puede afectar la necesidad de un tratamiento adicional o uno más intensivo.

Mejoramiento de la quimioterapia

Actualmente se están realizando estudios para encontrar la combinación más eficaz de medicamentos de quimioterapia mientras se limitan los efectos secundarios indeseados. Esto es especialmente importante en pacientes de mayor edad, a quienes a menudo se les hace más difícil tolerar los tratamientos actuales.

También se están desarrollando y probando nuevos medicamentos de quimioterapia. Por ejemplo, la clofarabina (Clolar) y nelarabina (Arranon) son medicamentos ya aprobados para tratar ciertos tipos de leucemias. Actualmente, se están también estudiando muchos otros medicamentos.

También se están realizando estudios para determinar si los pacientes con ciertas características de pronóstico desfavorables se beneficiarían de una quimioterapia más intensiva, y si algunos pacientes que padecen ALL y tienen factores de pronóstico favorables posiblemente no necesitan tanto tratamiento.

La eficacia de la quimioterapia puede estar limitada en algunos casos debido a que las células leucémicas se pueden volver resistentes a ella. Ahora los investigadores están buscando maneras de prevenir o revertir esta resistencia usando otros medicamentos con la quimioterapia.

Trasplante de células madre

Los científicos continúan refinando los trasplantes de células madre para tratar de aumentar su eficacia, reducir las complicaciones y determinar qué pacientes probablemente se beneficiarían con este tratamiento. Se están realizando muchos estudios para tratar de ayudar a determinar exactamente cuándo se podrían usar mejor los autotrasplantes, los alotrasplantes y los minitrasplantes.

En las personas que ya recibieron un alotrasplante y que han tenido una recaída, los médicos están estudiando la infusión de leucocitos de donante. En esta técnica, el paciente recibe una infusión de glóbulos blancos (leucocitos) del mismo donante que contribuyó con células madre para el transplante original. Se espera que las células refuercen el nuevo sistema inmunitario y ayuden con el efecto de injerto contra leucemia. Los resultados de los estudios preliminares son promisorios, aunque este método necesita más investigación.

Anticuerpos monoclonales

Éstas son versiones sintéticas de proteínas del sistema inmunitario (anticuerpos). Pueden ser dirigidas para que se adhieran solamente a ciertas moléculas, tal como proteínas en la superficie de los linfocitos. Algunos anticuerpos monoclonales, tal como rituximab (Rituxan) y alemtuzumab (Campath) ya se utilizan para tratar algunos trastornos sanguíneos y ahora se estudian para ser usados contra la ALL. Los resultados preliminares han sido favorables, pero es demasiado pronto para tener la certeza. También se están llevando a cabo estudios de varios otros anticuerpos monoclonales para tratar la ALL.

Recursos adicionales

Más información de su Sociedad Americana del Cáncer

Tenemos material informativo relacionado con este tema que también puede ayudarle. Estos materiales pueden ser solicitados llamando gratis al 1-800-227-2345:

Después del diagnóstico: una guía para los pacientes y su familia

Trasplante de células madre de la médula ósea y de la sangre periférica

El cuidado del paciente con cáncer en el hogar

El cuidado del paciente en el hogar: una guía para los pacientes y sus familiares

Quimioterapia: una guía para los pacientes y su familia

When Your Cancer Comes Back: Cancer Recurrence

Los siguientes libros también están disponibles de la Sociedad Americana del Cáncer. Llámenos al 1-800-227-2345 para peguntar sobre los precios o para hacer un pedido.

American Cancer Society's Guide to Pain Control

Cancer in the Family: Helping Children Cope With a Parent’s Illness

Caregiving: A Step-By-Step Resource for Caring for the Person With Cancer at Home

Coming to Terms with Cancer: A Glossary of Cancer-Related Terms

Consumers Guide to Cancer Drugs

Informed Decisions: The Complete Book of Cancer Diagnosis, Treatment, and Recovery

Organizaciones nacionales y sitios Web*

Además de la Sociedad Americana del Cáncer, otras fuentes de información y de apoyo para pacientes incluyen:

Acute lymphocytic leukemia

Leukemia & Lymphoma Society
Teléfono sin cargo: 1-800-955-4572
Sitio Web: www.lls.org

Instituto Nacional del Cáncer
Teléfono sin cargo: 1-800-422-6237
Sitio Web: www.cancer.gov

Trasplantes de médula ósea y de células madre de sangre periférica

Caitlin Raymond International Registry
Teléfono sin cargo: 1-800-726-2824
Sitio Web: www.crir.org

National Bone Marrow Transplant Link (nbmtLINK)
Teléfono sin cargo: 1-800-LINK-BMT (1-800-546-5268)
Sitio Web: www.nbmtlink.org

National Marrow Donor Program
Teléfono sin cargo: 1-800-MARROW-2 (1-800-627-7692)
Sitio Web: www.marrow.org

*La inclusión en esta lista no implica respaldo por parte de la Sociedad Americana del Cáncer.

Independientemente de quién sea, podemos ayudarle. Llámenos a cualquier hora del día o de la noche, para obtener información y apoyo. Llámenos al 1-800--227-2345 o visítenos en www.cancer.org.

Referencias

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Fecha de última actualización: 08/13/2009
Fecha de último cambio o revisión: 07/06/2010