Leucemia linfocítica crónica

+ -Text Size

¿Qué es Leucemia linfocítica crónica? TEMAS

¿Qué es el cáncer?

Leucemia linfocítica crónica

¿Qué es el cáncer?

El cáncer se origina cuando una célula de una parte del cuerpo comienza a crecer sin control. Aunque hay muchas clases de cáncer, todos ellos comienzan debido al crecimiento sin control de células anormales.

Las células normales del cuerpo crecen, se dividen y mueren de manera ordenada. Durante los primeros años de vida de una persona, las células normales se dividen más rápidamente, hasta que la persona llega a la edad adulta. Entonces, las células de la mayor parte del cuerpo sólo se dividen para reemplazar células desgastadas o que están muriendo, y para reparar lesiones.

Debido a que las células del cáncer continúan creciendo y dividiéndose, son diferentes a las células normales. En lugar de morir, viven más que las células normales y continúan formando nuevas células anormales.

Las células cancerosas se desarrollan debido a un daño en el ADN. El ADN se encuentra en todas las células y dirige todas sus actividades. La mayoría de las veces, cuando el ADN sufre un daño el cuerpo puede repararlo. En las células cancerosas el ADN dañado no se puede reparar. Las personas pueden heredar ADN dañado, lo cual explica los tipos de cáncer hereditarios. Sin embargo, muchas veces el ADN de una persona sufre daños por exposición a algún factor ambiental, como por ejemplo el humo de los cigarrillos.

Generalmente el cáncer forma un tumor. Otros tipos de cáncer, como por ejemplo las leucemias, no forman tumores. En este caso, las células cancerosas afectan la sangre y los órganos hematopoyéticos (productores de sangre) y circulan a través de otros tejidos en los cuales crecen.

Las células del cáncer muchas veces se desplazan hacia otras partes del cuerpo, en donde comienzan a crecer y a reemplazar el tejido normal. Este proceso se llama metástasis. Sin embargo, independientemente del lugar hacia el cual se propague el cáncer, siempre recibe el nombre del lugar en el que se originó. Por ejemplo, el cáncer de seno que se propaga al hígado es aún cáncer de seno, no cáncer de hígado.

No todos los tumores son cancerosos. Los tumores benignos (no cancerosos) no se propagan hacia otras partes del cuerpo (metástasis) y, con raras excepciones, no constituyen una amenaza para la vida.

Los diferentes tipos de cáncer se pueden comportar de manera muy diferente. Por ejemplo, el cáncer de pulmón y el cáncer de seno son enfermedades muy diferentes. Crecen a una tasa diferente y responden a diferentes tratamientos. Por esta razón las personas que padecen cáncer necesitan un tratamiento que sea específico a la clase particular del cáncer que les afecta.

El cáncer es la segunda causa principal de fallecimientos en los Estados Unidos. Casi la mitad de todos los hombres y un poco más de la tercera parte de todas las mujeres en los Estados Unidos padecerá cáncer en el transcurso de su vida. En la actualidad, millones de personas están viviendo con cáncer o han padecido cáncer. El riesgo de padecer la mayoría de los tipos de cáncer se puede reducir mediante cambios en el estilo de vida de las personas, por ejemplo dejando de fumar y alimentándose mejor. Cuanto más pronto se detecte un cáncer y se inicie el tratamiento, mejores son las probabilidades de vivir por muchos años.

¿Qué es la leucemia linfocítica crónica?

La leucemia linfocítica crónica (chronic lymphocytic leukemia, CLL) es un tipo de cáncer que se inicia en los glóbulos blancos (llamados linfocitos) en la médula ósea. A partir de ahí, invade la sangre. Con el tiempo las células leucémicas tienden a acumularse en el cuerpo, pero en muchos casos las personas que padecen esta enfermedad no presentan síntomas durante al menos algunos años. Al transcurso del tiempo también puede invadir otras partes del cuerpo, inclusive los ganglios linfáticos, el hígado y el bazo. En comparación con otros tipos de leucemia, la CLL por lo general se desarrolla lentamente.

Los médicos han descubierto que al parecer existen dos clases diferentes de CLL:

  • Una clase de CLL se desarrolla con mucha lentitud y raramente necesita tratamiento. Las personas con este tipo de CLL sobreviven un promedio de 15 años o más.
  • Otra clase de CLL se desarrolla más rápidamente y es una enfermedad más grave. Las personas con este tipo de CLL sobreviven un promedio de aproximadamente 8 años.

Las células de estos dos tipos de leucemia tienen una apariencia similar, pero nuevas pruebas de laboratorio pueden indicar la diferencia entre ellas. En estas pruebas se busca la presencia de proteínas llamadas ZAP-70 y CD38. Los pacientes cuyas células CLL contienen bajas cantidades de ZAP-70 y CD38 tienen un mejor pronóstico.

La leucemia es diferente a otros tipos de cáncer que comienzan en órganos tales como los pulmones, el colon o el seno y luego se propagan a la médula ósea. Los cánceres que comienzan en otro lugar y luego se propagan a la médula ósea no son leucemias.

Médula ósea, sangre y tejido linfático normales

Para entender los diferentes tipos de leucemia, es de utilidad tener algunos conocimientos básicos sobre los sistemas sanguíneo y linfático.

Médula ósea

La médula ósea es la porción suave interior de algunos huesos como el cráneo, los omóplatos, las costillas, la pelvis y la columna vertebral. La médula ósea consiste en un pequeño número de células madre sanguíneas, células productoras de sangre más maduras, células adiposas y tejidos de apoyo que ayudan al crecimiento celular.

Las células madre sanguíneas experimentan una serie de cambios para producir nuevas células sanguíneas. Durante este proceso, las células se desarrollan hasta convertirse en linfocitos (un tipo de glóbulo blanco) o en otras células productoras de sangre. Las células productoras de sangre se pueden desarrollar en uno de los tres principales tipos de células sanguíneas:

  • Glóbulos rojos.
  • Glóbulos blancos (además de los linfocitos).
  • Plaquetas.

Glóbulos rojos

Los glóbulos rojos transportan oxígeno desde los pulmones a todos los demás tejidos del cuerpo, y llevan el dióxido de carbono hasta los pulmones para su eliminación. Usualmente, la anemia (una cantidad insuficiente de glóbulos rojos en el cuerpo) causa que una persona se sienta cansada, débil y tenga dificultad para respirar debido a que los tejidos del cuerpo no reciben suficiente oxígeno.

Plaquetas

Las plaquetas en realidad son fragmentos celulares producidos por un tipo de célula de la médula ósea que se llama megacariocito. Las plaquetas son importantes para tapar los orificios de los vasos sanguíneos causados por cortaduras y hematomas. Un número disminuido de plaquetas se llama trombocitopenia. Una persona con trombocitopenia puede sangrar y formar hematomas fácilmente.

Glóbulos blancos

Los glóbulos blancos ayudan al cuerpo a combatir las infecciones. Los linfocitos son un tipo de glóbulo blanco. Los otros tipos de glóbulos blancos son los granulocitos (neutrófilos, basófilos y eosinófilos) y los monocitos.

Linfocitos: son las principales células que forman el tejido linfático, que es una parte importante del sistema inmunitario. El tejido linfático se encuentra en los ganglios linfáticos, el timo, el bazo, las amígdalas y las glándulas adenoides, y se encuentra diseminado a través de los sistemas digestivo y respiratorio y la médula ósea.

Los linfocitos se desarrollan a partir de células llamadas linfoblastos hasta convertirse en células maduras que combaten las infecciones. Los dos tipos principales de linfocitos son los linfocitos B (o células B) y los linfocitos T (o células T).

  • Los linfocitos B protegen al cuerpo contra gérmenes invasores al desarrollarse (madurar) para formar células plasmáticas, que producen proteínas llamadas anticuerpos. Estos anticuerpos se adhieren a los gérmenes (bacteria, virus y hongos), lo que ayuda a los otros glóbulos blancos llamados granulocitos a reconocerlos y destruirlos. Los linfocitos B son las células que con más frecuencia se transforman en células de la leucemia linfocítica crónica (CLL).
  • Los linfocitos T pueden reconocer las células infectadas con virus y destruirlas directamente.

Granulocitos: éstos son glóbulos blancos que contienen gránulos. Los gránulos son puntos que se pueden observar con un microscopio. Estos gránulos contienen enzimas y otras sustancias que pueden destruir gérmenes como las bacterias. Los tres tipos de granulocitos, neutrófilos, basófilos y eosinófilos, se distinguen por el tamaño y el color de los gránulos. Los granulocitos se desarrollan a partir de células productoras de sangre llamadas mieloblastos hasta convertirse en células maduras que combaten las infecciones.

Monocitos: estos glóbulos blancos, que están relacionados con los granulocitos, también son importantes para proteger al cuerpo contra las bacterias. Se generan en la médula ósea como monoblastos productores de sangre y se desarrollan hasta convertirse en monocitos maduros. Después de circular en el torrente sanguíneo por aproximadamente un día, los monocitos ingresan en los tejidos corporales para convertirse en macrófagos, que pueden destruir algunos gérmenes rodeándolos y digiriéndolos. Los macrófagos también ayudan a los linfocitos a reconocer gérmenes y comenzar a producir anticuerpos para combatirlos.

Cualquiera de las células formadoras de sangre o linfoides de la médula ósea puede convertirse en una célula leucémica. Una vez ocurre este cambio, las células de leucemia no pasan por el proceso normal de maduración. Aunque las células leucémicas se pueden reproducir rápidamente, en la mayoría de los casos el problema es que no mueren cuando debería hacerlo, sino que sobreviven y se acumulan en la médula ósea. Al transcurso del tiempo estas células entran en el torrente sanguíneo y se propagan a otros órganos, en donde pueden evitar el funcionamiento normal de otras células corporales.

Tipos de leucemia

No todas las leucemias son iguales. Las leucemias se dividen en cuatro tipos principales. Cuando los médicos saben el tipo de leucemia específico que padece el paciente, pueden hacer un mejor pronóstico (tener una mejor perspectiva) y seleccionar el mejor tratamiento.

Leucemia aguda versus leucemia crónica

El primer factor al clasificar la leucemia es si la mayoría de las células anormales son maduras (parecen glóbulos blancos normales) o inmaduras (más bien parecen células madre).

En la leucemia aguda las células de la médula ósea no pueden madurar apropiadamente. Las células leucémicas inmaduras continúan reproduciéndose y acumulándose. Sin tratamiento, la mayoría de los pacientes con leucemia aguda vivirían sólo unos meses. Algunos tipos de leucemia aguda responden bien al tratamiento, y muchos pacientes se pueden curar. Otros tipos de leucemia aguda tienen una perspectiva menos favorable.

En la leucemia crónica, las células pueden madurar parcialmente, pero no por completo. Estas células no son normales, aunque parezcan ser bastante normales. Por lo general, no combaten las infecciones tan bien como los glóbulos blancos normales y, sobreviven por más tiempo, se acumulan y desplazan a las células normales. La leucemia crónica tiende a desarrollarse por un periodo de tiempo más prolongado, y la mayoría de los pacientes viven muchos años. Sin embargo, las leucemias crónicas son generalmente más difíciles de curar que las leucemias agudas.

Leucemia mieloide versus leucemia linfocítica

El segundo factor al clasificar la leucemia es el tipo de células de la médula ósea que están afectadas.

Las leucemias que se inician como células mieloides en etapa temprana, glóbulos blancos (que no sean linfocitos), glóbulos rojos o células productoras de plaquetas (megacariocitos), son leucemias mieloides (también conocida como leucemias mielocíticas, mielógenas o no linfocíticas).

Si el cáncer comienza en los linfocitos, se llama leucemia linfocítica (también conocida como leucemia linfoide o linfoblástica). Los linfomas también son cánceres que se originan en los linfocitos. No obstante, a diferencia de las leucemias linfocíticas que se desarrollan en la médula ósea, los linfomas se desarrollan de células en los ganglios linfáticos o en otros órganos.

Dependiendo de si las leucemias son agudas o crónicas, y si son mieloides o linfocíticas, se pueden dividir en cuatro grupos principales:

  • Leucemia mieloide aguda (acute myeloid leucemia, AML) o mielógena.
  • Leucemia mieloide crónica (chronic myeloid leucemia, CML) o mielógena.
  • Leucemia linfocítica aguda (acute lymphocytic leucemia, ALL), o linfoblástica.
  • Leucemia linfocítica crónica (CLL).

Formas poco comunes de leucemia linfocítica

Además del tipo común de CLL (que se inicia en los linfocitos B), hay algunos tipos poco comunes de leucemia que comparten algunas de sus características con la CLL.

Leucemia prolinfocítica (Prolymphocytic leukemia, PLL): éste es un tipo poco común de leucemia en la que las células cancerosas son similares a unas células normales llamadas prolinfocitos, que son formas inmaduras de los linfocitos B (PPL-B) o de los linfocitos T (PLL-T). Tanto la PLL-B como la PLL-T tienden a ser más agresivas que el tipo usual de CLL. La mayoría de los casos responden a cierto tipo de tratamiento, pero con el tiempo tienden a recurrir. La PLL se puede desarrollar en alguien que ya tienen CLL (en cuyo caso tiende a ser más agresiva), aunque también puede ocurrir en personas que nunca han tenido CLL.

Leucemia de linfocitos grandes granulares (Large granular lymphocyte (LGL) leukemia): ésta es otra forma poco común de la leucemia crónica. Las células cancerosas son grandes y tienen características de linfocitos T o de células citolíticas naturales (otro tipo de linfocitos). La mayoría de las leucemias LGL son de crecimiento lento, pero un pequeño número son más agresivas. Los medicamentos que suprimen el sistema inmunitario pueden ser útiles, aunque los casos agresivos son muy difíciles de tratar.

Leucemia de células peludas (Hairy cell leukemia, HCL): éste es otro cáncer de los linfocitos que tiende a progresar lentamente. Representa aproximadamente un 2% de todas las leucemias. Las células cancerosas son un tipo de linfocito B, pero son diferentes a las que se observan en la CLL. También existen diferencias importantes en los síntomas y el tratamiento. Este tipo de leucemia recibe su nombre de la apariencia de las células bajo el microscopio, ya que tienen finas proyecciones en la superficie que les confiere un aspecto “peludo”. El tratamiento de la HCL puede ser muy eficaz y se describe en la sección “¿Cómo se trata la leucemia linfocítica crónica?”

El resto de este documento se enfoca principalmente en la CLL en adultos, y contiene información limitada sobre la leucemia de células peludas. Si desea información sobre otros tipos de leucemia en adultos y niños, consulte los documentos de la Sociedad Americana del Cáncer que tratan de estos temas.

¿Cuáles son las estadísticas importantes de la leucemia linfocítica crónica?

La Sociedad Americana del Cáncer calcula que en los Estados Unidos se reportará lo siguiente en cuanto a leucemia para el 2010:

  • Alrededor de 43,050 nuevos casos de leucemia y 21,840 muertes a causa de leucemia (todos los tipos).
  • Alrededor de 14,990 nuevos casos de CLL.
  • Alrededor de 4,390 muertes a causa de CLL.

La leucemia linfocítica crónica representa aproximadamente una tercera parte de todas las leucemias. El riesgo que una persona tiene durante su vida de desarrollar CLL es de aproximadamente 1/2 a 1% (aproximadamente 1 de cada 200 personas). El riesgo es ligeramente mayor en los hombres que en las mujeres. Factores tales como antecedentes familiares de CLL pueden aumentar el riesgo.

La CLL afecta principalmente a los adultos de más edad. La edad media en el momento del diagnóstico es de aproximadamente 72 años. Esta enfermedad raramente se observa en personas menores de 40 años de edad, y es extremadamente rara en los niños.

¿Cuáles son los factores de riesgo de la leucemia linfocítica crónica?

Un factor de riesgo es todo aquello que aumenta las probabilidades que tiene una persona de contraer una enfermedad como el cáncer. Por ejemplo, la exposición a los rayos intensos del sol es un factor de riesgo para el cáncer de piel, y el fumar es un factor de riesgo para diversos tipos de cáncer.

Pero los factores de riesgo no lo indican todo. Presentar uno o incluso varios factores de riesgo no significa que usted tendrá la enfermedad. Además, muchas personas que adquieren la enfermedad pueden no tener factores de riesgo conocidos. Aun cuando una persona tiene un factor de riesgo y desarrolla cáncer, a menudo es muy difícil saber cuánto pudo haber contribuido ese factor de riesgo al cáncer.

Hay muy pocos factores de riesgo conocidos para la leucemia linfocítica crónica.

Ciertas exposiciones a sustancias químicas

Algunos estudios han relacionado la exposición al agente naranja, un herbicida que se usó en la Guerra de Vietnam, con un aumento en el riesgo de padecer CLL. Algunos otros estudios han sugerido que las actividades agrícolas y una exposición a largo plazo a algunos pesticidas pueden relacionarse con un mayor riesgo de CLL, pero es necesario realizar más investigaciones en esta área.

Antecedentes familiares

Los parientes de primer grado (padres, hermanos o hijos) de los pacientes con CLL tienen de dos a cuatro veces más riesgo de desarrollar este cáncer.

Sexo

La CLL es ligeramente más común en los hombres que en las mujeres, aunque se desconoce la causa de esto.

Raza/grupo étnico

La CLL es más común en América del Norte y en Europa que en Asia. La mayoría de los expertos piensan que esto se relaciona con diferencias genéticas más que con factores ambientales, ya que las personas tienen el mismo riesgo aunque se muden de un área a otra.

No se han demostrado otros factores de riesgo para la CLL. El riesgo de desarrollar CLL no parece verse afectado por fumar, la alimentación, exposición a la radiación ni infecciones.

¿Sabemos cuáles son las causas de la leucemia linfocítica crónica?

La causa exacta de la mayoría de los casos de leucemia linfocítica crónica (CLL) no se conoce. No obstante, los científicos han aprendido mucho durante los últimos años sobre las diferencias entre los linfocitos normales y las células de la CLL.

Las células humanas normales crecen y funcionan basándose principalmente en la información contenida en los cromosomas de cada célula. Los cromosomas son grandes moléculas de ADN contenidas en cada célula. El AND es la sustancia química que porta nuestros genes, las instrucciones sobre el funcionamiento de nuestras células. Nos parecemos a nuestros padres porque ellos son la fuente de nuestro ADN. Pero nuestros genes afectan algo más que nuestra apariencia.

Cada vez que una célula se prepara para dividirse en dos células nuevas, debe hacer una copia nueva de ADN en sus cromosomas. Este proceso no es perfecto y pueden ocurrir errores que afectan los genes del ADN.

Algunos genes contienen instrucciones para controlar cuándo las células crecen y se dividen. Ciertos genes que promueven el crecimiento y la división celular se denominan oncogenes. Otros que hacen más lenta la división celular o que causan que las células mueran en el momento oportuno se llaman genes supresores de tumores. El cáncer puede ser causado por mutaciones (cambios) en el ADN que activan los oncogenes o desactivan los genes supresores de tumores.

Cada célula contiene 23 pares de cromosomas. En la mayoría de los casos de leucemia linfocítica crónica se puede encontrar un cambio en al menos uno de estos cromosomas. Con más frecuencia estos cambios son supresiones, esto es, la pérdida de una parte del cromosoma. La pérdida de una parte del cromosoma 13 es la eliminación más común, pero otros cromosomas como el 11 y el 17 también pueden resultar afectados. Algunas veces hay un cromosoma 12 adicional (trisomía 12). También se pueden encontrar otras anormalidades menos comunes. Los científicos saben que estos cambios en los cromosomas son importantes en la CLL, pero aún no es claro los genes que involucran ni exactamente cómo producen leucemia.

Sabemos que los linfocitos B normales son parte del sistema inmunitario. Están programados para crecer y dividirse cuando entran en contacto con una sustancia extraña llamada antígeno. (Los científicos llaman extrañas a las sustancias si éstas no ocurren normalmente en el cuerpo de una persona y pueden ser reconocidos por el sistema inmunitario. Los gérmenes contienen antígenos extraños, al igual que las células sanguíneas de otra persona con un tipo sanguíneo diferente). Los científicos piensan que la CLL se inicia cuando los linfocitos B continúan dividiéndose ilimitadamente después de que han reaccionado con un antígeno. Aún no se sabe por qué sucede esto.

Algunas veces las personas heredan mutaciones del ADN de sus padres, y esto aumenta en gran medida su riesgo de desarrollar ciertos tipos de cáncer. Pero las mutaciones hereditarias raramente causan CLL. Los cambios del ADN relacionados con el CLL usualmente ocurren durante la vida de la persona, no es que se hereden antes de su nacimiento.

¿Se puede prevenir la leucemia linfocítica crónica?

Aunque muchos tipos de cáncer se pueden prevenir haciendo cambios en el estilo de vida para evitar ciertos factores de riesgo, se conocen muy pocos factores de riesgo para la leucemia linfocítica crónica, y la mayoría de éstos no se pueden evitar. La mayoría de los pacientes con CLL no tienen factores de riesgo conocidos, así que no hay manera de prevenir estos cánceres.

¿Se puede detectar la leucemia linfocítica crónica en sus etapas tempranas?

La Sociedad Americana del Cáncer recomienda que se realicen exámenes de detección para ciertos tipos de cáncer en personas que no tienen síntomas, porque son más fáciles de tratar si se detectan en sus etapas tempranas. Pero hasta estos momentos no hay exámenes de detección que se recomienden rutinariamente para detectar leucemia linfocítica crónica en sus etapas tempranas.

Algunas veces se puede detectar CLL en exámenes rutinarios de sangre realizados por otras razones. Por ejemplo, la cuenta de glóbulos blancos de una persona puede ser muy alta, aunque no presente ningún síntoma.

Es importante reportar inmediatamente a su médico cualquier síntoma cuya causa pudiese ser la CLL. En la siguiente sección, “¿Cómo se diagnostica la leucemia linfocítica crónica?”, se describen los síntomas de la CLL.

¿Cómo se diagnostica la leucemia linfocítica crónica?

Ciertos signos y síntomas pudieran sugerir que una persona puede tener leucemia linfocítica crónica (CLL), aunque se necesitan realizar pruebas para confirmar el diagnóstico.

Muchas personas con CLL no presentan ningún síntoma cuando son diagnosticados con la enfermedad. Con frecuencia la leucemia se detecta cuando el médico les pide exámenes sanguíneos por algún problema médico no relacionado o durante un examen físico de rutina.

Signos y síntomas

Aun cuando las personas con CLL presentan síntomas, con frecuencia son vagos y no específicos. Los síntomas pueden incluir:

  • Debilidad.
  • Sensación de cansancio.
  • Pérdida de peso.
  • Fiebre.
  • Sudores nocturnos.
  • Ganglios linfáticos agrandados (que se sienten como masas debajo de la piel).
  • Dolor o una sensación de llenura en el estómago (especialmente después de ingerir una comida pequeña), que es causada por un bazo ensanchado.

Muchos de los signos y síntomas de CLL avanzada ocurren debido a que las células leucémicas reemplazan las células productoras de sangre normales de la médula ósea. Como resultado, las personas no producen suficientes glóbulos rojos, glóbulos blancos que funcionen adecuadamente ni plaquetas sanguíneas.

  • La anemia es una disminución de glóbulos rojos. Causa cansancio, debilidad y falta de aire.
  • Una disminución de glóbulos blancos normales (leucopenia) aumenta el riesgo de sufrir infecciones. Un término común que puede escuchar es neutropenia, que se refiere específicamente bajos niveles de neutrófilos (un tipo de granulocito). Aunque los pacientes con CLL pueden tener un recuento muy alto de glóbulos blancos debido al número excesivo de linfocitos (linfocitosis), las células leucémicas no protegen contra las infecciones de la manera en que lo hacen los glóbulos blancos normales.
  • Una disminución de plaquetas sanguíneas (trombocitopenia) puede producir desarrollo fácil de hematomas, sangrado, sangrado nasal frecuente o grave y sangrado en las encías.

Las personas con CLL tienen un mayor riesgo de desarrollar infecciones. Esto es principalmente porque su sistema inmunitario no está funcionando tan bien como debiera. La CLL es un cáncer de los linfocitos B, que normalmente producen anticuerpos para combatir las infecciones. Pero en la CLL, estas células productoras de anticuerpos no funcionan como debieran, así que no pueden combatir bien las infecciones. Las infecciones pueden variar desde cosas simples como resfriados o herpes labial frecuente o pulmonía y otras infecciones graves.

La CLL también puede afectar el sistema inmunitario de otras maneras. En algunas personas con CLL, las células del sistema inmunitario producen anticuerpos anormales que atacan las células sanguíneas normales. A esto se le llama autoinmunidad. Esta condición puede producir anemia hemolítica (si los anticuerpos atacan los glóbulos rojos, trombocitopenia (si atacan las células que producen plaquetas) o leucopenia (si atacan los glóbulos blancos).

La CLL con frecuencia causa agrandamiento del hígado o del bazo. Si estos órganos se agrandan, es posible que note llenura o hinchazón del estómago. El bazo se encuentra en el lado izquierdo y el hígado en el derecho. Usualmente estos órganos están cubiertos por las costillas inferiores, pero cuando su tamaño es mayor que lo normal, su médico puede sentirlos al tacto.

La CLL con frecuencia invade los ganglios linfáticos. Si los ganglios se encuentran cerca de la superficie del cuerpo (por ejemplo, a los lados del cuello, en la ingle, en el área de las axilas o sobre la clavícula), usted o su médico pueden notar la hinchazón como una masa debajo de la piel. Los ganglios linfáticos que se encuentran en el interior del pecho o del abdomen también pueden hincharse, pero sólo pueden detectarse mediante estudios por imágenes, como los de tomografía computarizada (CT).

Aunque los síntomas y signos mencionados pueden ser causados por CLL, también pueden ser causados por otras condiciones. No obstante, si tiene cualquiera de estos problemas, es importante que consulte con su médico de inmediato para que se pueda determinar la causa y recibir tratamiento de ser necesario.

Historia médica y examen físico

Si usted presenta cualquier signo o síntoma que sugiere que pudiese tener leucemia, su médico tomará sus antecedentes médicos completos para analizar los síntomas y los posibles factores de riesgo. También le harán preguntas sobre su salud general.

Un examen físico provee información sobre su estado de salud en general, los posibles signos de leucemia y otros problemas de salud. Durante el examen físico, su médico prestará especial atención a los ganglios linfáticos y a otras áreas del cuerpo que pudieran estar afectadas.

Tipos de muestras que se usan en los exámenes de detección de leucemia linfocítica crónica

Si los síntomas y/o los resultados del examen físico sugieren que usted puede tener leucemia, el médico necesitará analizar muestras de sangre y de médula ósea para estar seguro de este diagnóstico. También se pueden tomar otras pruebas de tejidos y células para ayudar a guiar el tratamiento.

Muestras de sangre

Generalmente las muestras de sangre para las pruebas de detección de CLL se toman de una vena del brazo.

Muestras de médula ósea

Las muestras de médula ósea se obtienen por aspiración y biopsia, dos pruebas que generalmente se hacen al mismo tiempo. Generalmente las muestras se toman de la parte posterior del hueso de la pelvis (cadera), aunque algunas veces se pueden tomar del esternón o de otros huesos.

En el procedimiento de aspiración de médula ósea, usted se acuesta en una mesa (ya sea sobre su costado o su barriga). Después de limpiar la piel que se encuentra sobre la cadera, el médico adormece el área y la superficie del hueso con un anestésico local, que puede causar una breve sensación de escozor o ardor. Luego se inserta una aguja delgada y hueca en el hueso, y se usa una jeringa para aspirar una pequeña cantidad de médula ósea líquida (aproximadamente una cucharada). Hasta con el uso de un anestésico, la mayoría de los pacientes experimentan un dolor breve cuando se extrae la médula ósea.

Generalmente se realiza una biopsia de médula ósea inmediatamente después de la aspiración. Se extrae un pequeño trozo de hueso y de médula (aproximadamente 1/16 de pulgada de diámetro y 1/2 pulgada de largo) con una aguja ligeramente más grande que se hace girar al empujarse en el hueso. La biopsia también puede causar algo de dolor brevemente. Una vez que se hace la biopsia, se aplica presión en el sitio para ayudar a prevenir el sangrado.

Generalmente estas pruebas no se necesitan para diagnosticar CLL, pero pueden ayudar a determinar qué tan avanzada se encuentra. Frecuentemente se hacen antes de comenzar el tratamiento para ver cuánta CLL hay en la médula ósea. Se pueden repetir durante o después del tratamiento para ver si el tratamiento es eficaz.

Biopsia escisional de ganglios linfáticos

En este procedimiento se extirpa un ganglio linfático completo a través de una incisión en la piel. Si el ganglio se encuentra cerca de la superficie de la piel, ésta es una operación sencilla que puede hacerse con anestesia local, pero si el ganglio se encuentra dentro del pecho o del abdomen, se usa anestesia general (el paciente se pone a dormir).

Este tipo de biopsia se usa frecuentemente para diagnosticar linfomas, pero raramente se usa en la CLL. Se puede usar si un ganglio linfático ha crecido mucho y el médico desea saber si la leucemia ha cambiado (se ha transformado) en un linfoma más agresivo.

Punción lumbar

Este procedimiento se usa para buscar células leucémicas en el líquido cefalorraquídeo (cerebrospinal fluid, CSF), que es el líquido que rodea el cerebro y la médula espinal. Para esta prueba, el médico primero adormece un área en la parte baja de la espalda sobre la médula espinal. Entonces se introduce una pequeña aguja hueca entre los huesos de la columna vertebral para extraer algo de líquido.

Ésta no es una prueba de rutina para los pacientes con CLL. Sólo se hace cuando el médico sospecha que las células leucémicas se han propagado al cerebro o a la médula espinal (lo cual es raro), o si es posible que haya una infección en esas áreas.

Pruebas de laboratorio usadas para diagnosticar y clasificar la leucemia

Se puede usar una o más de las siguientes pruebas de laboratorio en las muestras para diagnosticar CLL o para ayudar a determinar qué tan avanzada se encuentra la enfermedad.

Cuentas y examen de células sanguíneas (frotis de la sangre periférica)

En estas pruebas se determina el número de linfocitos en la sangre y su apariencia bajo el microscopio. Los pacientes con CLL tienen demasiados de estos glóbulos blancos (lifocitosis). Tener más de 10,000 linfocitos/mm³ (por milímetro cúbico) de sangre indica un diagnóstico casi seguro, aunque es posible que necesite confirmarse mediante las pruebas más especializadas que se mencionan más adelante. Con frecuencia el paciente también tiene muy pocos glóbulos rojos y plaquetas.

Otros análisis de sangre

Se pueden hacer otras pruebas para medir la cantidad de ciertas sustancias químicas en la sangre, pero no se usan para diagnosticar leucemia. En pacientes que ya se sabe que tienen CLL, estas pruebas ayudan a detectar problemas del hígado o de los riñones causados por la propagación de las células leucémicas o debidos a los efectos secundarios de ciertos medicamentos quimioterapéuticos. Estas pruebas también ayudan a determinar si se necesita un tratamiento para corregir los niveles bajos o altos de ciertos minerales en sangre.

Se pueden medir los niveles de inmunoglobulina sanguínea para saber si el paciente cuenta con suficientes anticuerpos para combatir las infecciones, especialmente si recientemente han tenido muchas infecciones. Se puede medir otra proteína sanguínea llamada beta-2-macroglobulina. Los niveles altos de esta proteína indican una CLL más avanzada.

Exámenes microscópicos rutinarios

Un patólogo (un médico que se especializa en pruebas de laboratorio) observa las muestras tomadas (de sangre, médula ósea, tejido de los ganglios linfáticos o líquido cefalorraquídeo) bajo el microscopio, y el hematólogo/oncólogo (un médico que se especializa en enfermedades de la sangre y en cáncer) del paciente pueden revisarlas.

Los médicos observarán el tamaño, la forma y otras características de los glóbulos blancos de las muestras para clasificarlos en tipos específicos.

Un factor importante es si las células se ven maduras (como células sanguíneas que pueden combatir infecciones). Algunas células leucémicas pueden carecer de las características de las células sanguíneas normales y no combatir eficazmente las infecciones. Las células más inmaduras se llaman linfoblastos (o blastos). Generalmente las células de la leucemia linfocítica crónica parecen maduras.

Una característica importante de una muestra de médula ósea es su celularidad. La médula ósea normal contiene cierto número de células productoras de sangre y de células adiposas. Se dice que una médula que tiene demasiadas células productoras de sangre es hipercelular. Si se encuentran muy pocas células formadoras de sangre, se considera que la médula es hipocelular. Los médicos también analizan qué tanta médula normal ha sido reemplazada por las células de la CLL.

El patrón de propagación de las células CLL en la médula ósea también es importante. Un patrón en el que las células se encuentran en pequeños grupos (patrón nodular o intersticial) con frecuencia indica un mejor pronóstico que cuando las células se encuentran diseminadas por toda la médula (un patrón difuso).

Citoquímica

Para las pruebas de citoquímica, las células se exponen a tinciones (colorantes) químicas que reaccionan solamente con algunos tipos de células leucémicas. Estas tinciones causan cambios de color que se pueden observar bajo un microscopio y que pueden ayudar al médico a determinar los tipos de células presentes.

Citometría de flujo

Esta prueba es importante para diagnosticar CLL. Analiza ciertas sustancias en la superficie exterior de las células, lo cual ayuda a identificar el tipo de células que son.

Una muestra de células se trata con anticuerpos especiales que sólo se adhieren a estas sustancias. Las células son luego pasadas por delante de un rayo láser. Si ahora las células tienen adheridos anticuerpos, el rayo láser causa que reflejen luz, que entonces se puede medir y analizar por medio de una computadora.

En la actualidad algunos médicos usan la citometría de flujo (o inmunocitoquímica) para analizar sustancias llamadas ZAP-70 y CD38 en las células. Estas sustancias parecen estar asociadas al tipo de linfocito B involucrado en la leucemia. Algunos estudios recientes sugieren que una CLL con menos células que tengan estas sustancias parece tener un mejor pronóstico. Estas pruebas son relativamente nuevas y no están disponibles en todos los laboratorios. Aún no es claro si son exactas o útiles en todos los casos.

Inmunocitoquímica

Durante esta prueba, al igual que en la citometría de flujo, las células de la muestra de sangre o de médula ósea se tratan con anticuerpos especiales. Pero en lugar de usar un rayo láser y una computadora, la muestra se trata para que ciertos tipos de células cambien de color cuando se observan con un microscopio.

Citogenética

Para esta prueba, se observan los cromosomas (segmentos de ADN) de una célula con un microscopio para detectar cualquier cambio. Las células humanas normales contienen 23 pares de cromosomas, cada una de las cuales tiene cierto tamaño. En algunos casos de CLL se presentan cambios en los cromosomas que se pueden observar bajo el microscopio después de procesar las células de una manera especial.

Hibridización fluorescente in situ: éste es un tipo de prueba citogenética. Utiliza tintes fluorescentes especiales que sólo se adhieren a ciertas partes de cromosomas particulares. La prueba de FISH se puede usar para detectar cambios específicos en los cromosomas. Se puede usar en muestras regulares de sangre y médula ósea. Es muy precisa y generalmente se obtienen los resultados en un par de días, razón por la cual esta prueba se usa ahora en muchos centros médicos.

En algunos casos de CLL, es posible que falte una sección de un cromosoma. A esto se le llama eliminación, deleción o pérdida. Las supresiones más comúnmente ocurren en partes de los cromosomas 13, 11 ó17. Otros cambios cromosómicos menos comunes incluyen la presencia de una copia adicional del cromosoma 12 (trisomía 12), o una translocación (intercambio de ADN) entre los cromosomas 11 y 14.

Esta información a veces es útil para determinar el pronóstico (perspectiva) de un paciente, pero es necesario considerarlo junto con otros factores, como por ejemplo la etapa de la CLL. La pérdida de una sección del cromosoma 13 usualmente se relaciona con una enfermedad de crecimiento más lento y un mejor pronóstico, mientras que los defectos en los cromosomas 11 o 17 frecuentemente indican un pronóstico menos favorable. La trisomía 12 no parece tener mucho efecto sobre el pronóstico.

Estudios por imágenes

Los estudios por imágenes utilizan rayos X, ondas sonoras o campos magnéticos para obtener imágenes del interior de su cuerpo. Los estudios por imágenes no se hacen para diagnosticar leucemia, pero se pueden hacer por un número de razones, incluyendo ayudar a encontrar un área sospechosa que pudiera ser cancerosas, saber cuán lejos se ha propagado el cáncer y ayudar a determinar si el tratamiento ha sido eficaz.

Tomografía computarizada

La tomografía computarizada (computed tomography, CT) es un tipo de estudio radiológico que produce una imagen detallada, transversal de su cuerpo. Contrario a una radiografía regular, las CT pueden mostrar el detalle en tejidos blandos (tal como órganos internos).

Esta prueba puede ayudar a decir si cualquiera de sus ganglios linfáticos u órganos están agrandados. Generalmente no se necesita para diagnosticar la CLL, pero puede hacerse si su médico sospecha que la leucemia se está desarrollando en un órgano, como su bazo.

En vez de tomar una fotografía, como lo hace la radiografía regular, la tomografía computarizada toma muchas fotografías al tiempo que rota a su alrededor. Luego una computadora combina estas fotografías en imágenes detalladas de la parte de su cuerpo bajo estudio.

Antes del estudio, puede ser que le pidan que tome una solución de contrate y/o reciba una inyección intravenosa (IV) de un tinte de contraste que ayuda a delinear mejor las áreas anormales en el cuerpo. Usted pudiera necesitar una línea intravenosa (IV) para inyectarle el material de contraste. La inyección del tinte de contraste puede causar una sensación de sonrojo o calor en el rostro o en otras áreas del cuerpo. Algunas personas son alérgicas y les da urticaria o raras veces otras reacciones más graves como dificultad para respirar y baja presión arterial. Asegúrese de decirle al médico si alguna vez ha tenido una reacción a cualquier material de contraste utilizado para los rayos X.

Una CT toma más tiempo que las radiografías comunes. Necesita acostarse inmóvil sobre una camilla mientras se realiza el estudio. Durante el estudio, la camilla se mueve hacia adentro y hacia afuera del escáner, una máquina en forma de anillo que rodea completamente la camilla. Es posible que se sienta un poco confinado por el anillo bajo el cual permanece acostado durante la toma de imágenes.

Actualmente, la CT espiral (también conocida como CT helicoidal) está disponible en muchos centros médicos. Este tipo de CT usa una máquina más rápida. La parte del escáner de la máquina gira alrededor del cuerpo continuamente, permitiéndoles a los médicos obtener imágenes con mucha más rapidez que con la CT convencional. Esto reduce la probabilidad de tomar imágenes borrosas como resultado del movimiento del cuerpo. Además, reduce la dosis de radiación recibida durante el estudio. Las secciones que se presentan en las imágenes son más finas, lo que resulta en fotografías más detalladas.

Recientemente se han desarrollado nuevos dispositivos que combinan la CT con la CT (PET/CT scan). Para la tomografía por emisión de positrones (positron emission tomography, PET) se inyecta glucosa (una forma de azúcar), la cual contiene un átomo radioactivo, en la sangre. Debido a que las células cancerosas en el cuerpo crecen rápidamente, éstas absorben grandes cantidades de azúcar radioactivo. Entonces, una cámara especial puede crear una imagen de las áreas de radioactividad en el cuerpo. La PET/CT permite al médico comparar las áreas de mayor radioactividad en la PET con la apariencia más detallada de esa área en la CT.

Imágenes por resonancia magnética

Al igual que la CT, las imágenes por resonancia magnética (magnetic resonance imaging, MRI) proveen imágenes detalladas de los tejidos blandos del cuerpo. Sin embargo, el MRI utiliza ondas de radio e imanes potentes en lugar de rayos X. Se absorbe la energía de las ondas radiales y luego se libera en un patrón formado por el tipo de tejido corporal y por ciertas enfermedades. Una computadora traduce el patrón en una imagen muy detallada de las partes del cuerpo. Un material de contraste, llamado gadolinio, a menudo se inyecta en una vena antes de realizar el estudio para mostrar mejor los detalles. El material de contraste usualmente no causa reacciones alérgicas.

El MRI es muy útil para examinar el cerebro y la médula espinal, pero no es necesario con frecuencia en personas con CLL.

En comparación con la CT, el MRI toma más tiempo, a menudo hasta una hora. Puede que durante la realización del estudio, permanezca acostado dentro de tubo estrecho lo cual puede resultar incómodo y confinante para algunas personas. Las nuevas máquinas de MRI más abiertas pueden ser otra opción. La máquina de MRI produce un zumbido fuerte y martillante que puede resultar incómodo. En algunos lugares se ofrecen audífonos o tapones para los oídos con el fin de ayudar a bloquear este ruido.

Ecografía

La ecografía usa ondas sonoras y sus ecos para producir una imagen de los órganos internos o masas. Para esta prueba, se coloca sobre la piel un pequeño instrumento que parece un micrófono y que se llama transductor (que primero se lubrica con gel). Un transductor emite las ondas sonoras y detecta los ecos a medida que rebotan de los órganos. Una computadora convierte el eco en una imagen en la pantalla.

Se puede usar para observar los ganglios linfáticos cercanos a la superficie del cuerpo o para observar órganos agrandados dentro de su abdomen.

Esta prueba es fácil y en ella no se utiliza radiación. Simplemente el paciente se acuesta sobre una mesa, y el técnico pasa el transductor sobre el área del cuerpo que se está examinando.

Radiografía de tórax

Una radiografía simple del abdomen se puede realizar casi en cualquier entorno ambulatorio. En los pacientes con CLL, no es necesario realizar este procedimiento para hacer el diagnóstico, pero se puede usar para ver si los pulmones son normales o tienen alguna infección.

¿Cómo se clasifica por etapas la leucemia linfocítica crónica?

En la mayoría de los cánceres, la clasificación por etapas (estadios) es un proceso para determinar el grado de propagación de un cáncer. A menudo, las etapas son útiles ya que pueden ayudar a guiar el tratamiento y a determinar el pronóstico de una persona. La mayoría de los tipos de cáncer se clasifican por etapas con base en el tamaño del tumor y la distancia que el cáncer se ha propagado.

Por otro lado, la leucemia linfocítica crónica generalmente no forma masas tumorales. Generalmente involucra toda la médula ósea del cuerpo, y en muchos casos cuando se detecta, ya se ha propagado a otros órganos como el bazo, el hígado y los ganglios linfáticos. Por lo tanto, el pronóstico de un paciente con CLL depende de otra información como los resultados de las pruebas de laboratorio y de los estudios de imágenes.

Clasificación por etapas de la leucemia linfocítica crónica

El sistema de clasificación por etapas es una manera estandarizada que tiene su equipo de profesionales de atención del cáncer para resumir la información sobre cuánto se ha propagado un cáncer. Existen dos sistemas diferentes para clasificar por etapas la CLL:

  • Sistema de Rai: se usa con más frecuencia en Estados Unidos.
  • Sistema Binet: se usa más ampliamente en Europa.

También hay otros factores que afectan la prognosis y que se discuten más abajo.

Sistema de clasificación de Rai

El sistema de clasificación Rai divide la CLL en cinco etapas:

  • Etapa Rai 0: la cuenta de linfocitos en sangre es demasiado alta, lo que usualmente se define como más de 10,000 linfocitos/mm3 de sangre (a esto se le llama linfocitosis). Algunos médicos diagnostican CLL si la cuenta es mayor de 10,000 linfocitos/mm3 y todas las células muestran el mismo patrón químico en exámenes especiales Los ganglios linfáticos, el bazo y el hígado no se han agrandado y las cuentas de glóbulos rojos y plaquetas son casi normales.
  • Etapa Rai I: linfocitosis y ganglios linfáticos agrandados. El bazo y el hígado no se han agrandado y las cuentas de glóbulos rojos y plaquetas son casi normales.
  • Etapa Rai II: linfocitosis más bazo agrandado (y posiblemente hígado agrandado), con o sin aumento de tamaño de los ganglios linfáticos. Las cuentas de glóbulos rojos y de plaquetas son casi normales.
  • Etapa Rai III: linfocitosis más anemia (muy pocos glóbulos rojos), con o sin agrandamiento de los ganglios linfáticos, bazo o hígado. La cuenta de plaquetas es casi normal.
  • Etapa Rai IV: linfocitosis más trombocitopenia (muy pocos glóbulos rojos), con o sin agrandamiento de los ganglios linfáticos, bazo o hígado.

Para propósitos prácticos, los médicos separan las etapas Rai en grupos de riesgo bajo, intermedio y alto, al momento de determinar las opciones de tratamiento.

  • La etapa 0 se considera de bajo riesgo.
  • Las etapas I y II se consideran de riesgo intermedio.
  • Las etapas III y IV se consideran de alto riesgo.

Estos grupos de riesgo se utilizan más adelante en este documento en la sección “¿Cómo se trata la leucemia linfocítica crónica?”.

Sistema de clasificación de Binet

En el sistema de clasificación Binet, la CLL se clasifica por el número de grupos de tejido linfático afectados (ganglios linfáticos del cuello, ganglios linfáticos de la ingle, ganglios linfáticos de las axilas, bazo e hígado) y si el paciente tiene o no anemia (muy pocos glóbulos rojos) o trombocitopenia (muy pocas plaquetas).

  • Etapa A de Bidet: menos de tres áreas de tejido linfático están agrandadas, no se observa anemia ni trombocitopenia.
  • Etapa B de Binet: tres o más áreas de tejido linfático están agrandadas, no se observa anemia ni trombocitopenia.
  • Etapa C de Binet: se observa anemia, trombocitopenia o ambas.

Estos dos sistemas de clasificación son útiles y se han usado por muchos años.

En años recientes los médicos han descubierto que se pueden usar otros factores para determinar el pronóstico de una persona. Los factores que se describen abajo no forman parte de sistemas de clasificación formales (al menos hasta estos momentos), pero también pueden proporcionar información útil.

Factores pronósticos de la leucemia linfocítica crónica

Además de la etapa, existen otros factores que pueden ayudar a determinar el pronóstico de supervivencia de una persona. Algunas veces estos factores se toman en cuenta cuando se trata de encontrar opciones de tratamiento posibles. Los factores que tienden a relacionarse con una supervivencia más breve se denominan factores adversos de pronóstico. Los que predicen una supervivencia más prolongada se llaman factores pronósticos favorables.

Factores pronósticos adversos

  • Patrón difuso de afección de la médula ósea (reemplazo más extendido de la médula normal por las células leucémicas).
  • Edad avanzada.
  • Sexo masculino.
  • Eliminación de partes de los cromosomas 17 u 11.
  • Altas concentraciones sanguíneas de ciertas substancias, como beta-2-microglobulina.
  • Tiempo de duplicación de linfocitos (el tiempo que tarda para que la cuenta de linfocitos se duplique) de menos de 12 meses.
  • Mayor proporción de linfocitos grandes o atípicos en la sangre.
  • Alta proporción de células que contienen ZAP-70 o CD38.

Factores pronósticos favorables

  • Patrón no difuso (nodular o intersticial) de afección de la médula ósea.
  • Eliminación de parte del cromosoma 13 (sin otras anormalidades en los cromosomas).
  • Baja proporción de células que contienen ZAP-70 o CD38.

Los factores pronósticos basados en pruebas de laboratorio más recientes, tales como la presencia o ausencia de ZAP-70 y CD38, probablemente se tornarán más importantes con el paso del tiempo, y puede que eventualmente sean mejores predictores de la evolución de la enfermedad que los sistemas de clasificación, especialmente para las personas cuya CLL se encuentra en las primeras etapas.

Determinación de las etapas de la leucemia de células peludas

No existe un sistema de clasificación de las etapas de la leucemia de células peludas que esté generalmente aceptado.

¿Cómo se trata la leucemia linfocítica crónica?

Esta información representa las opiniones de los médicos y enfermeras de la Junta Editorial del Banco de Datos de Información de la Sociedad Americana del Cáncer. Estas opiniones están basadas en la interpretación que ellos tienen de los estudios que se publican en las revistas médicas, así como en su propia experiencia profesional.
La información sobre el tratamiento que aparece en este documento no representa la política oficial de la Sociedad ni pretende ser un consejo médico que sustituya la experiencia y el juicio del equipo de profesionales que atiende su cáncer. El objetivo es ayudarle, a usted y a su familia, a tomar decisiones basadas en la información, en conjunto con su médico.
Puede que su médico tenga razones para sugerir un plan de tratamiento distinto a las opciones de tratamiento general. No dude en plantear sus preguntas y dudas sobre sus opciones de tratamiento.

Esta sección comienza con comentarios generales sobre los tipos de tratamiento que se usan para la leucemia linfocítica crónica. A continuación se encuentra una discusión de las opciones de tratamiento de la CLL con base en los grupos de riesgo.

Decisiones sobre el tratamiento

Después de encontrar y clasificar la leucemia, el equipo que atiende su cáncer hablará con usted sobre las opciones de tratamiento. Por lo general, el tratamiento principal es quimioterapia, pero debido a que la CLL a menudo crece lentamente, no todas las personas necesitan ser tratadas inmediatamente.

Es importante que dedique tiempo para pensar sobre las opciones posibles. Para seleccionar un plan de tratamiento, la etapa de la leucemia y otros factores de pronóstico son importantes (remítase a la sección “¿Cómo se clasifica por etapas la leucemia linfocítica crónica?”). Otros factores que hay que considerar incluyen si usted presenta síntomas, su edad y su estado de salud en general, así como los posibles beneficios y efectos secundarios del tratamiento.

Al considerar sus opciones de tratamiento frecuentemente es buena idea conseguir una segunda opinión, si es posible. Una segunda opinión puede proporcionarle más información y ayudarle a que se sienta más confiado con el plan de tratamiento que haya seleccionado.

Quimioterapia

La quimioterapia es el uso de medicamentos contra el cáncer que se inyectan en una vena o en el líquido cefalorraquídeo, o que se toman por vía oral para destruir o controlar las células del cáncer. Excepto cuando se administran en el líquido cefalorraquídeo, estos medicamentos entran en el torrente sanguíneo y llegan a todas las áreas del cuerpo, lo que hace que este tratamiento sea útil para cánceres tales como la leucemia, que se propaga por todo el cuerpo.

Los doctores administran la quimioterapia en ciclos, con cada período de tratamiento seguido de un período de descanso para permitir que su cuerpo se recupere. Los ciclos de quimioterapia generalmente durante aproximadamente de tres a cuatro semanas. A menudo, la quimioterapia se recomienda en pacientes que están en mal estado de salud, aunque la edad avanzada en sí no es una barrera para recibir quimioterapia.

Se emplean dos grupos principales de medicamentos de quimioterapia para tratar la CLL.

Los análogos de la purina incluyen fludarabina (Fludara), pentostatina (Nipent) y cladribina (2-CdA, Leustatina). A menudo, la fludarabina es uno de los primeros medicamentos que se usa contra la CLL. Estos medicamentos pueden tener efectos secundarios importantes, inclusive un mayor riesgo de infección.

Los agentes alquilantes, que incluyen clorambucil (Leukeran) y ciclofosfamida (Cytoxan), se han usado durante más tiempo. Frecuentemente se usan junto con un análogo de la purina o con otros medicamentos quimioterapéuticos. También pueden usarse solos (o junto con un medicamento esteroide), especialmente en personas que no pueden tolerar un tratamiento más agresivo.

Un medicamento más reciente llamado bendamustina (Treanda) tiene propiedades tanto de los análogos de purina como de los agentes alquilantes.

Otros medicamentos que algunas veces se usan para tratar la CLL incluyen doxorrubicina, vincristina, etopósido, citarabina (ara-C) y prednisona.

Posibles efectos secundarios

Los medicamentos de quimioterapia funcionan al atacar las células que se están dividiendo rápidamente, razón por la cual funcionan contra las células cancerosas. Sin embargo, otras células en el cuerpo, tales como las de la médula ósea, el revestimiento de la boca y los intestinos, así como los folículos pilosos, también se dividen rápidamente. También estas células son probablemente afectadas por la quimioterapia, lo que puede ocasionar efectos secundarios.

Los efectos secundarios de la quimioterapia dependen del tipo y dosis de los medicamentos administrados, así como de la duración del tiempo que se administran. Estos efectos secundarios pudieran incluir:

  • Caída de pelo.
  • Llagas en la boca.
  • Pérdida de apetito.
  • Náusea y vómito.
  • Aumento del riesgo de infecciones (debido a los bajos niveles de glóbulos blancos).
  • Facilidad para que se formen moretones o surjan sangrados (debido al bajo nivel de plaquetas).
  • Cansancio (debido al bajo nivel de glóbulos rojos).

Estos efectos secundarios son usualmente temporales y desaparecen después de finalizar el tratamiento. Muchas veces hay métodos para aminorar los efectos secundarios. Por ejemplo, hay medicamentos para ayudar a prevenir o reducir las náuseas y los vómitos. Asegúrese de preguntarle a su médico o enfermera sobre los medicamentos que ayudan a reducir los efectos secundarios. También avíseles cuando usted experimente los efectos secundarios para que puedan ser tratados eficazmente.

Algunas veces se administran medicamentos conocidos como factores de crecimiento (por ejemplo, G-CSF o GM-CSF), a fin de aumentar la cuenta de glóbulos blancos y así reducir las probabilidades de infección.

Si su cuenta de glóbulos blancos es muy baja durante el tratamiento, puede reducir su riesgo a infecciones evitando cuidadosamente la exposición a gérmenes. Durante este tiempo, su médico puede recomendarle que:

  • Se lave frecuentemente las manos.
  • Evite las frutas y los vegetales frescos y crudos, así como otros alimentos, pues pueden portar gérmenes.
  • Evite flores frescas y plantas porque pueden portar moho.
  • Asegurarse que las personas se laven las manos cuando hacen contacto con usted.
  • Evite lugares con muchas personas y a enfermos (el uso de una mascarilla quirúrgica frecuentemente ofrece algo de protección en estas situaciones).

Si se observan signos de una infección, o al primer signo de que se está desarrollando una infección, se pueden administrar antibióticos. También se pueden administrar medicamentos que ayudan a prevenir infecciones virales y fúngicas.

Debido a que muchos de los efectos secundarios de la quimioterapia son causados por las cuentas bajas de glóbulos blancos, algunas personas encuentran de utilidad hacer el seguimiento de estas cuentas. Si le interesa esto, pregunte a su médico o enfermera sobre su cuenta de células sanguíneas o sobre los resultados de otros análisis de sangre y qué significan estos números.

Si la cuenta de plaquetas es baja, se le pueden administrar medicamentos o transfusiones de plaquetas para ayudar a evitar el sangrado. De igual forma, la dificultad para respirar y el cansancio extremo causados por los bajos niveles de glóbulos rojos pueden ser tratados con medicamentos o con transfusiones de glóbulos rojos.

Anticuerpos monoclonales

Los anticuerpos monoclonales son versiones sintéticas de las proteínas del sistema inmunitario (anticuerpos) que están diseñados para atacar un objetivo específico (en este caso, las sustancias que se encuentran en la superficie de las células cancerosas). Estos medicamentos pueden ayudar a que el sistema inmunitario de una persona reaccione y destruya las células cancerosas.

Rituximab (Rituxan)

El rituximab es un anticuerpo monoclonal que se dirige contra el antígeno CD20, que se encuentra en la superficie de los linfocitos B. Se usa principalmente para tratar ciertos tipos de linfoma no Hodgkin, pero se ha determinado que también es útil en el tratamiento de pacientes con CLL. Se usa más frecuentemente junto con quimioterapia, ya sea como parte del tratamiento inicial o como parte de un régimen de segunda opción, aunque también se puede emplear solo.

El rituximab se administra por inyección en la vena (IV) usualmente una vez a la semana. Además del riesgo de una reacción alérgica cuando se administra, este medicamento produce pocos efectos secundarios. En casos raros de pacientes con cuentas muy altas de glóbulos blancos, el medicamento puede causar una afección denominada síndrome de lisis tumoral. El medicamento destruye las células tumorales tan rápidamente que el cuerpo tiene problemas para eliminar los productos de descomposición de las células muertas. Estas sustancias se pueden acumular y causar problemas en los pulmones. Para prevenir esto se pueden administrar medicamentos.

Alemtuzumab (Campath)

El alemtuzumab es un anticuerpo monoclonal que se dirige contra el antígeno CD52, que se encuentra en la superficie de los linfocitos B y T. Se usa principalmente en pacientes con CLL que ya no responden a los tratamientos quimioterapéuticos estándar. Ahora algunos estudios están analizando su uso en las primeras etapas del curso de la enfermedad. Es posible que se determine que son especialmente útiles en casos de CLL con eliminación del cromosoma 17, que frecuentemente es resistente a los tratamientos estándar.

El alemtuzumab se administra mediante una inyección debajo de la piel (vía subcutánea) o en una vena (vía intravenosa o IV), generalmente varias veces a la semana. Los efectos secundarios más comunes son fiebre, escalofríos, náuseas y erupciones dérmicas durante la inyección aunque estos efectos parecen ser menos problemáticos con la administración subcutánea. También puede ocasionar cuentas muy bajas de glóbulos blancos, lo cual aumenta el riesgo de infecciones bacterianas y virales, por lo que frecuentemente se administra con antibióticos y medicamentos antivirales. También puede ocasionar cuentas bajas de glóbulos rojos y de plaquetas.

Ofatumumab (Arzerra)

El ofatumumab es otro anticuerpo monoclonal dirigido al antígeno CD20. Se usa principalmente en pacientes con CLL que ya no responden a los otros tratamientos como la quimioterapia o al tratamiento con alemtuzumab.

El ofatumumab se administra por vía intravenosa (inyección en una vena) durante varias horas. El curso de administración estándar es de una vez a la semana durante ocho semanas, seguido de una vez al mes durante cuatro meses. Las reacciones a la infusión, incluyendo fiebre, escalofríos, náusea, inflamación, cambios en la presión arterial e irritaciones cutáneas son comunes durante la infusión, por lo que se administran medicamentos con antelación para tratar de aminorar los riesgos. Este medicamento puede aumentar el riesgo de contraer infecciones en una persona. Otros efectos secundarios son menos comunes, pero potencialmente graves incluyendo un recuento bajo de plaquetas (que conlleva un aumento de riesgo de hemorragia) y bloqueo (obstrucción) de los intestinos.

Cirugía

La cirugía tiene una función muy limitada en el tratamiento de CLL. Debido a que las células de la CLL se propagan extensamente en toda la médula ósea y en muchos órganos, la cirugía no puede curar este tipo de cáncer. En pocas ocasiones, este procedimiento desempeña algún papel, ni siquiera en el diagnóstico de la CLL que con frecuencia se puede hacer con una muestra de sangre. Algunas veces es necesario realizar una cirugía menor para extirpar un ganglio linfático con el fin de auxiliar en el diagnóstico o en la clasificación de la etapa del cáncer.

Esplenectomía

En pocos casos, se extirpa el bazo (esplenectomía), aunque no se espera que esto cure la CLL. La propagación de la CLL al bazo puede ocasionar que este órgano aumente de tamaño tanto que puede comprimir los órganos adyacentes y causar síntomas. Si la radiación o la quimioterapia no ayuda a reducir el tamaño del bazo y a reducir los síntomas, la esplenectomía puede ser una opción.

Este procedimiento también puede mejorar la cuenta de células sanguíneas y reducir la necesidad de transfusiones de productos sanguíneos. Una de las funciones normales del bazo es eliminar las células sanguíneas viejas del torrente sanguíneo. Si la leucemia u otra enfermedad causa que el bazo aumente mucho de tamaño, puede volverse demasiado activo para eliminar las células sanguíneas y ocasionar una escasez de glóbulos blancos y plaquetas. La extirpación del bazo puede ayudar a evitar esto.

La mayoría de las personas no tienen problemas viviendo sin el bazo. El riesgo de ciertas infecciones bacterianas aumenta, razón por la cual los médicos recomiendan ciertas vacunas para las personas que se han sometido a una esplenectomía.

Radioterapia

La radioterapia es un tratamiento con rayos o partículas de alta energía que destruyen las células cancerosas. Generalmente la radioterapia no forma parte del tratamiento principal de personas con CLL, pero se usa en ciertas situaciones.

Los pacientes pueden experimentar síntomas si los órganos internos hinchados (como un bazo de mayor tamaño) presionan otros órganos. Por ejemplo, la presión ejercida contra el estómago puede afectar el apetito. Si estos síntomas no mejoran con quimioterapia, la radioterapia para ayudar a reducir el tamaño del órgano frecuentemente es una buena opción.

La radioterapia también puede ser útil en el tratamiento del dolor causado por el daño óseo resultante del crecimiento de las células leucémicas en la médula ósea.

Algunas veces la radioterapia se administra en bajas dosis en todo el cuerpo inmediatamente antes de un trasplante de células madre (consulte la sección “Trasplante de médula ósea o de células madre de sangre periférica”).

El tipo de radiación que se usa con más frecuencia en la CLL es la radioterapia externa, en la que una máquina administra un rayo de radiación a una parte específica del cuerpo. Antes de iniciar el tratamiento, el equipo de radiación cuidadosamente tomará medidas para determinar los ángulos correctos para emitir los haces de radiación, y las dosis adecuadas de radiación. La radioterapia es muy similar a la radiografía, pero la radiación es más intensa. El procedimiento en sí no causa dolor. Cada tratamiento dura sólo unos minutos, aunque el tiempo de preparación (colocarle en el lugar correcto para el tratamiento) usualmente toma más.

Los principales efectos secundarios a corto plazo de la radioterapia dependen del área en la que se aplique la radiación. Es posible que se ocasionen cambios similares a los de una quemadura por el sol en el área tratada. Algunas veces, la radiación al abdomen puede causar náuseas, vómitos o diarrea. Cuando la radiación incluye grandes partes del cuerpo, los efectos pueden incluir cansancio y un mayor riesgo de infección.

Trasplante de médula ósea o de células madre de sangre periférica

Las dosis usuales de medicamentos quimioterapéuticos pueden causa efectos secundarios graves en tejidos de división rápida como la médula ósea. Aunque es posible que una dosis mayor de estos medicamentos sea más eficaz, no se administra debido a que podrían causar daño grave a la médula ósea, lugar donde se producen las nuevas células sanguíneas. Esto podría causar infecciones potencialmente fatales, sangrado, y otros problemas debido a las cuentas bajas de células sanguíneas.

Un trasplante de células madre (stem cell transplant, SCT) permite que los médicos usen dosis más altas de quimioterapia, y algunas veces radioterapia. Cuando termina el tratamiento, el paciente recibe un trasplante de células madre productoras de sangre para restablecer la médula ósea.

Las células madre productoras de sangre que se usan para un trasplante se obtienen ya sea de la sangre (un trasplante de células madre de sangre periférica) o de la médula ósea (para un trasplante de médula ósea). En el pasado eran más comunes los trasplantes de médula ósea, pero recientemente han sido sustituidos por el trasplante de células madre de sangre periférica).

Aún no es clara la utilidad de los trasplantes de células madre en pacientes con CLL. Estos tratamientos se usan con más frecuencia en ensayos clínicos cuyo objetivo es examinar su eficacia.

Tipos de trasplantes

Hay dos tipos principales de trasplantes de células madre: el alotrasplante y el autotrasplante. Su diferencia consiste en la fuente de las células madre productoras de sangre.

Alotrasplante de células madre (trasplante alogénico): en un alotrasplante, las células madre provienen de otra persona, generalmente un donador cuyo tipo de tejido es casi idéntico al del paciente. El tipo de tejido se basa en ciertas sustancias en la superficie de las células del cuerpo. Estas sustancias pueden causar que el sistema inmunitario reaccione contra las células. Por lo tanto, cuanto más compatibles sean los tejidos del donante y del receptor, mejor es la probabilidad de que las células trasplantadas sean aceptadas y comiencen a producir nuevas células sanguíneas.

El donante puede ser un hermano o una hermana si son compatibles. Con menos frecuencia, se puede encontrar un donante no relacionado compatible. Las células madre de un donante no relacionado provienen de voluntarios cuyo tipo de tejido se ha almacenado en un registro central y comparado con el del paciente. Algunas veces se usan células madre del cordón umbilical. Estas células madre provienen de la sangre del cordón umbilical y de la placenta después del nacimiento de un bebé y después de que se corta el cordón umbilical.

Los alotrasplantes se están estudiando en pacientes con CLL, aunque aún no es claro qué tan eficaces son. Como este tipo de trasplante puede causar complicaciones y efectos secundarios graves y hasta potencialmente mortales, tal vez no sea una buena opción para personas de edad mayor o que tengan otros problemas médicos.

Autotrasplante de células madre (trasplante autólogo): en un autotrasplante, las propias células madre del paciente se extraen de su médula ósea o de su sangre periférica. Las células se congelan y se almacenan mientras la persona recibe tratamiento (quimioterapia y/o radiación en altas dosis). Se puede usar un procedimiento llamado “purga” para tratar de extirpar cualquier célula leucémica de las muestras. Entonces las células madre se vuelven a infundir en la sangre del paciente después del tratamiento.

Por lo general los autotrasplantes son más fáciles de tolerar que los alotrasplantes. El paciente está recibiendo sus propias células de manera que el riesgo de complicaciones es menor. Este tipo de trasplante se puede hacer en personas que de otra manera sean sanas, aunque puede no ser recomendable para pacientes de edad avanzada.

Se está estudiando el uso de los autotrasplantes de células madre en la CLL, pero hasta ahora no está claro si mejoran la supervivencia en comparación con el tratamiento convencional.

El procedimiento de trasplante

Las células madre productoras de sangre se recolectan de la médula ósea o de la sangre periférica, se congelan y se almacenan. El paciente recibe altas dosis de quimioterapia, y algunas veces también tratamiento con radiación en todo el cuerpo. (Se utilizan protectores contra la radiación para evitar el daño a los pulmones, el corazón y los riñones durante la radioterapia).

Estos tratamientos tienen como objetivo destruir todas las células cancerosas en el cuerpo, pero también destruyen células normales de la médula ósea y del sistema inmunitario. Después de estos tratamientos, las células madre congeladas se descongelan y se administran como una transfusión sanguínea. Las células madre se establecen en la médula ósea del paciente en los siguientes días y comienzan a crecer y a producir nuevas células sanguíneas.

En un alotrasplante de células madre, a la persona que recibe el trasplante se le pueden administrar medicamentos para mantener el nuevo sistema inmunitario bajo control. En las semanas subsiguientes el paciente se somete a pruebas sanguíneas regulares y a terapias de apoyo según sea necesario, lo que puede incluir antibióticos, transfusiones de glóbulos rojos o plaquetas, otras medicinas y ayuda en la nutrición.

Usualmente en un lapso de dos semanas después de la infusión de las células madre, éstas comienzan a producir nuevos glóbulos blancos. En seguida comienza la producción de plaquetas nuevas, y varias semanas después comienza la producción de glóbulos rojos.

Por lo general, los pacientes se mantienen aislados en el hospital para su protección (para protegerlos contra la exposición a los gérmenes) hasta que el recuento de glóbulos blancos se eleve y esté por encima de 500. Generalmente pueden abandonar el hospital cuando sus recuentos de glóbulos blancos se aproximen a 1,000. Como la cuenta de plaquetas tarda más tiempo para llegar hasta un nivel seguro, los pacientes pueden recibir transfusiones de plaquetas en un entorno ambulatorio.

Típicamente los pacientes hacen visitas regulares a la clínica ambulatoria durante aproximadamente seis meses, después de los cuales el médico encargado de su cáncer prosigue con su cuidado.

Puntos prácticos

El trasplante de células madre de la sangre periférica o de la médula ósea es un tratamiento complejo. Si los médicos piensan que un paciente se puede beneficiar de un trasplante, éste debe hacerse en un hospital en el que el personal tenga experiencia en el procedimiento y en el tratamiento de la fase de recuperación. Algunos programas de trasplante de médula ósea pudieran no tener experiencia en ciertos tipos de trasplantes, en especial los trasplantes de donantes no relacionados.

El trasplante de células madre es muy caro (más de $100,000) y con frecuencia requiere una estadía hospitalaria prolongada. Como algunas compañías de seguros lo pueden considerar un tratamiento experimental, es posible que no paguen este procedimiento. Es importante que se entere si su asegurador cubre transplantes antes de decidirse a este procedimiento, y tener una idea de lo que tendrá que pagar.

Posibles efectos secundarios

Los efectos secundarios de un trasplante de células madre generalmente se dividen en efectos tempranos y efectos a largo plazo.

Las primeras complicaciones y los efectos secundarios son básicamente los mismos causados por cualquier otro tipo de quimioterapia de alta dosis (consulte la sección “Quimioterapia” de este documento), y son causados por el daño a la médula ósea y otros tejidos de división rápida del cuerpo. Pueden incluir cuentas bajas de células sanguíneas (con cansancio y un aumento del riesgo de infección y de sangrado), náuseas, vómitos, pérdida de apetito, llagas en la boca y pérdida de pelo.

Uno de los efectos secundarios a corto plazo más común y grave es el aumento del riesgo de infecciones por bacterias, virus u hongos. Frecuentemente se administran antibióticos para evitar que esto suceda. Otros efectos secundarios, como cuentas bajas de glóbulos rojos y plaquetas, pueden requerir la transfusión de productos sanguíneos u otros tratamientos.

Algunas complicaciones y efectos secundarios pueden persistir por largo tiempo, o pueden no ocurrir sino hasta meses o años después del trasplante. Éstos incluyen:

  • Enfermedad injerto contra huésped (Graft-versus-host disease, GVHD), que ocurre sólo en los alotrasplantes (de un donante). Esto sucede cuando las células del sistema inmunitario del donante atacan los tejidos de la piel, hígado y tracto digestivo del paciente. Los síntomas pueden incluir debilidad, cansancio, resequedad de la boca, erupciones dérmicas, náuseas, diarrea, amarillamiento de la piel y los ojos (ictericia) y dolores musculares. En casos graves, la enfermedad de injerto contra huésped puede poner en riesgo la vida. Frecuentemente la GVHD se describe como aguda o crónica, dependiendo de qué tan pronto comience después del trasplante. Con frecuencia se administran medicamentos que debilitan el sistema inmunitario para mantener el control de la GVHD.
  • Daño provocado a los pulmones por la radiación, que ocasiona dificultad para respirar.
  • Daño a los ovarios que puede causar infertilidad y pérdida de los periodos menstruales
  • Daño a la glándula tiroides que puede causar problemas en el metabolismo.
  • Cataratas (daño al cristalino del ojo, que puede afectar la visión).
  • Daño a los huesos, llamado necrosis aséptica (cuando el hueso muere debido a falta de suministro de sangre). Si el daño es grave, será necesario reemplazar parte del hueso y de la articulación del paciente.

Trasplante no mieloablativo (minitrasplante)

Muchas personas mayores de 55 años de edad no pueden tolerar el alotrasplante convencional que usa altas dosis de quimioterapia. Algunos podrán someterse a un trasplante no mieloablativo (también conocido como minitrasplante o trasplante de intensidad reducida), en el que reciben menores dosis de quimioterapia y radiación que no destruyen completamente las células de la médula ósea. Estos pacientes reciben las células madre alogénicas (de un donante). Estas células entran al cuerpo y establecen un nuevo sistema inmunitario, que considera a las células leucémicas como extrañas y las ataca (un efecto injerto contra leucemia).

Los médicos han descubierto que si usan dosis pequeñas de ciertos medicamentos de quimioterapia y dosis bajas de radiación total del cuerpo, un alotrasplante aún puede algunas veces ser eficaz con mucha menos toxicidad. De hecho, un paciente puede recibir un trasplante no mieloablativo como paciente externo (ambulatorio). La complicación más importante es la enfermedad de injerto contra huésped.

Muchos médicos aún consideran este procedimiento experimental, y se están llevando a cabo estudios para determinar su utilidad contra la CLL.

Si desea más información sobre los trasplantes de células madre, consulte el documento Trasplantes de médula ósea y de células madre de sangre periférica de la Sociedad Americana del Cáncer.

Estudios clínicos

A partir del momento en que se le informa sobre su diagnóstico de cáncer, puede que necesite tomar muchas decisiones. Una de las decisiones más importantes es seleccionar cuál tratamiento es el más adecuado para tratar su caso. Puede que se entere sobre estudios clínicos que se estén llevando a cabo para su tipo de cáncer, O tal vez alguien de su equipo de atención médica le mencionó alguno.

Los estudios clínicos son investigaciones cuidadosamente controladas que se realizan con pacientes que participan voluntariamente. Los estudios clínicos se llevan a cabo para hacer un seguimiento de nuevos tratamientos o procedimientos promisorios.

Si quisiera formar parte de un estudio clínico, deberá comenzar con preguntar a su médico si su clínica u hospital lleva a cabo estudios clínicos. Para una lista de estudios clínicos que cumplan con sus necesidades médicas, usted puede llamar a nuestro servicio de estudios clínicos para ayudarle a encontrar un estudio adecuado para usted. Usted puede acceder a este servicio llamando al 1-800-227-2345 o consultando el sitio en Internet http://clinicaltrials.cancer.org. También puede obtener una lista de los estudios clínicos actuales llamando a la línea telefónica sin costo del Servicio de Información sobre Cáncer de Instituto Nacional del Cáncer al 1-800-422-6237 o visitando el sitio Web sobre estudios clínicos del NCI, www.cancer.gov/clinicaltrials.

Existen requisitos que debe cumplir para formar parte de cualquier estudio clínico. Si califica para un estudio clínico, es su decisión inscribirse o no al mismo.

Los estudios clínicos son una forma de tener acceso a la atención más novedosa contra el cáncer. Sólo a través de estos estudios los médicos aprenden sobre mejores métodos para tratar la enfermedad, aunque no todos serán adecuados para toda la gente.

Puede obtener mucha más información sobre este tema en nuestro documento Estudios Clínicos: lo que necesita saber. Usted puede leer este documento en nuestro sitio Web o solicitarlo a través de nuestra línea sin costo 1-800-227-2345.

Terapias complementarias y alternativas

Al tener cáncer, es probable que usted escuche de maneras de tratar el cáncer o aliviar sus síntomas que su médico no le ha mencionado. Todos, desde familiares y amigos, hasta foros de usuarios en Internet, ofrecen ideas que podrían serle útiles. Estos tratamientos pueden incluir vitaminas, hierbas, dietas especiales u otros métodos, como acupuntura o masaje, entre otros.

¿Qué son exactamente las terapias complementarias y alternativas?

No todos utilizan estos términos de la misma manera que a su vez se usan para referirse a muchos métodos diferentes, lo cual puede resultar confuso. Aquí, utilizamos el término complementario para referirnos a los tratamientos que se utilizan junto con la atención médica. El término alternativo lo utilizamos para referirnos al tratamiento que se usa en lugar del tratamiento indicado por el médico.

Métodos complementarios: la mayoría de los métodos de tratamiento complementarios no se ofrecen como curas para el cáncer. Principalmente, se emplean para ayudarle a sentirse mejor. Algunos métodos que se usan de manera conjunta con el tratamiento convencional son la meditación para reducir el estrés, la acupuntura para aliviar el dolor o el té de menta para aliviar las náuseas. Se sabe que algunos de estos métodos complementarios son útiles, mientras que otros no han sido probados. Se ha demostrado que algunos de estos métodos no son útiles, y algunos cuántos incluso han demostrado ser perjudiciales.

Tratamientos alternativos: puede que éstos sean ofrecidos como curas para el cáncer. La seguridad y la eficacia no han sido probadas para estos tratamientos en estudios clínicos. Algunos de estos métodos puede que representen un peligro o que produzcan efectos secundarios que atenten contra la vida. Pero el mayor peligro en la mayoría de los casos, es que usted pierda la oportunidad de beneficiarse de un tratamiento convencional. Las demoras o interrupciones en sus tratamientos médicos puede que permitan más tiempo para que el cáncer se desarrolle y sea menos propenso a responder al tratamiento estándar.

Cómo obtener más información

Es fácil darse cuenta por qué puede que las personas con cáncer quieran considerar los métodos alternativos. Uno siempre desea hacer todo lo posible para combatir el cáncer, y la idea de un tratamiento sin efectos secundarios resulta atractiva. Algunas veces los tratamientos médicos, como la quimioterapia, pueden ser difíciles de tolerar o puede que ya no funcionen. Sin embargo, la verdad es que la mayoría de estos métodos alternativos no han sido investigados, ni han probado ser eficaces en el tratamiento contra el cáncer.

Usted puede tomar los siguientes tres pasos importantes a medida que considera sus opciones:

  • Esté atento de las señales de advertencia que sugieran que pueda tratarse de algún fraude. ¿Promete el método ser una cura para todos o la mayoría de los tipos de cáncer? ¿Se le ha dicho que no se someta a los tratamientos médicos convencionales? ¿Hay algún "secreto" del tratamiento que hace que requiera acudir con ciertos proveedores o viajar a otro país?
  • Hable con su médico o enfermera sobre cualquier método que esté considerando usar.
  • Póngase en contacto con nosotros llamando al 1-800-227-2345 para informarse más sobre los métodos complementarios y alternativos en general, así como para saber más sobre los métodos específicos que esté considerando.

La decisión es suya

Las decisiones sobre cómo tratar o manejar su cáncer siempre son suyas. Si desea emplear un tratamiento no convencional, infórmese todo lo que pueda sobre dicho método y hable al respecto con su médico. Al contar con información adecuada y con el apoyo del equipo de profesionales que atiende su salud, puede que logre emplear con seguridad los métodos que puedan beneficiarle mientras evita aquellos que podrían ser perjudiciales.

Tratamiento de la leucemia linfocítica crónica por grupo de riesgo

Las opciones de tratamiento para las personas con CLL varían en gran medida, y dependen del grupo de riesgo de la enfermedad y de si la leucemia está causando algún síntoma. Aunque muchas personas viven por mucho tiempo con CLL, en general resulta muy difícil curar esta leucemia, y el tratamiento temprano no ha mostrado cambiar el resultado de la enfermedad. Debido a esto y como el tratamiento puede causar efectos secundarios, con frecuencia los médicos recomiendan esperar hasta que la enfermedad progrese o los síntomas aparezcan antes de comenzar el tratamiento.

El grupo de riesgo, basado en el sistema de clasificación por etapas Rai, (remítase a la sección “¿Cómo se clasifica por etapas la leucemia linfocítica crónica?) es uno de los factores que se consideran para escoger la opción de tratamiento. La edad de una persona, su salud general y otros factores de pronóstico también son importantes. Pruebas más recientes de laboratorio que determinan los cambios en los cromosomas y los marcadores moleculares también pueden ofrecer información importante sobre el pronóstico de un paciente. Por ejemplo, las personas cuyas células de CLL tienen supresiones del cromosoma 17 o altos niveles de ZAP-70 y CD38 son más propensas a tener formas de crecimiento más rápida de CLL y puede que necesiten ser tratadas más agresivamente. Las pruebas para estos cambios apenas se comienzan a incluir cuando se consideran las opciones de tratamiento.

CLL de bajo riesgo

A menudo, las personas en este grupo son diagnosticadas basándose en una cuenta alta de linfocitos en la sangre, pero que de otro modo tienen cuentas sanguíneas normales y no presentan ganglios linfáticos u órganos agrandados. El pronóstico (perspectiva) para las personas en este grupo frecuentemente es muy bueno, y se espera una larga supervivencia.

La mayoría de las personas se pueden observar con exámenes de seguimiento minuciosos y frecuentes. Se debe considerar el tratamiento si hay signos de que la leucemia está progresando o si una persona desarrolla síntomas molestos. Cuando es necesario, el tratamiento inicial generalmente es la quimioterapia, como se describe en la siguiente sección.

CLL de riesgo intermedio y de riesgo alto

Puede que algunos pacientes con CLL de riesgo intermedio (etapas I y II) no presenten síntomas y que no necesiten un tratamiento inmediatamente. Con frecuencia se pueden vigilar para detectar signos de progresión de la enfermedad y el inicio de síntomas nuevos. Los pacientes con CLL de alto riesgo (etapas III y IV) tienden a necesitar tratamiento inmediato.

Cuando se necesita tratamiento existen varias opciones. La mayoría de los médicos usan fludarabina como el primer tratamiento, principalmente entre los jóvenes. Se puede administrar junto un agente alquilante (ciclofosfamida o clorambucil), con el anticuerpo monoclonal rituximab (Rituxan), o como una combinación de los tres medicamentos.

Aunque la fludarabina es muy activa contra la CLL, puede tener efectos secundarios tales como el aumento del riesgo de infecciones. Para las personas que puedan tener problemas con los efectos secundarios, como las personas de edad mayor o las que tienen otros problemas médicos, se puede usar un agente alquilante (clorambucil o ciclofosfamida), ya sea solo o con un medicamento esteroidal (como prednisona).

Ahora los médicos están estudiando el uso de los anticuerpos monoclonales como rituximab, ofatumumab (Arzerra) o alemtuzumab (Campath) como parte del tratamiento de primera línea, ya sea administrados por sí solos o en conjunto con otros medicamentos.

También se pueden usar otros medicamentos o combinaciones de medicamentos. Por ejemplo, la bendamustina es un medicamento más reciente que tiene propiedades tanto de los análogos de purina como de los agentes alquilantes. Actualmente, los médicos están tratando de determinar cómo se va a usar en el tratamiento de primera línea de CLL. Algunos médicos combinan la ciclofosfamida con otros medicamentos como vincristina y prednisona. Esta combinación se conoce como régimen CVP. Si también se incluye doxorubicina, se conoce como régimen CHOP.

Si el único problema es un bazo agrandado y ganglios linfáticos hinchados en una región del cuerpo, se puede usar un tratamiento localizado con dosis bajas de radioterapia. La esplenectomía (cirugía para extirpar el bazo) es otra opción cuando el agrandamiento del bazo causa síntomas.

Algunas personas que tienen una enfermedad de alto riesgo pueden ser recibir un mejor tratamiento temprano con algún tipo de trasplante de células madre. Como aún no es claro qué tan eficaz es este tratamiento para la CLL, la mayoría de los trasplantes de células madre se hacen como parte de estudios clínicos. Es posible que las personas más jóvenes sean elegibles para un autotrasplante o un alotrasplante de células madre. Es posible que algunas personas de edad avanzada que pudieran tener problemas para tolerar tales transplantes pudieran aún ser elegibles para un trasplante no mieloablativo (minitransplante).

Tratamiento de segunda línea de la CLL

Si el tratamiento inicial ya no es eficaz o la enfermedad recurre, otro tipo de tratamiento puede ayudar. Si la respuesta inicial al tratamiento tomó mucho tiempo (usualmente al menos algunos años) a menudo se puede usar nuevamente el mismo tratamiento. Si la respuesta inicial no duró, es probable que no sea útil usar el mismo tratamiento otra vez. Las opciones dependerán del tratamiento de primera opción y su eficacia, así como de la salud de la persona.

Muchos de los medicamentos y de las combinaciones listados arriba pueden considerarse en el tratamiento de segunda opción. Para muchas personas que ya han recibido fludarabina, el alemtuzumab parece ser útil como tratamiento de segunda opción, aunque conlleva un mayor riesgo de infecciones. También se pueden tratar otros medicamentos análogos de la purina como pentostatina o cladribina (2-CdA). El ofatumumab puede ser otra opción en caso de que otros tratamientos de segunda línea dejen de ser eficaces.

Algunas personas pueden tener una buena respuesta al tratamiento de primera opción (como fludarabina) pero aún pueden presentar evidencia de la presencia de un pequeño número de células leucémicas en la sangre, la médula ósea o los ganglios linfáticos. Esto se conoce como enfermedad mínima residual. Como la CLL no se puede curar, los médicos no están seguros si será útil emplear inmediatamente tratamientos adicionales. Algunos pequeños estudios han mostrado que algunas veces el alemtuzumab puede ayudar a eliminar estas células residuales, pero aún no se sabe si esto mejora la supervivencia.

Tratamiento de las complicaciones de la CLL

La CLL puede causar problemas graves con la sangre y algunos de sus componentes. También puede (raramente) transformarse en otro tipo de cáncer más agresivo. El tratamiento mismo de la CLL puede provocar el desarrollo de otro cáncer.

Algunas veces, los números muy altos de células leucémicas en la sangre causan problemas con la circulación normal. Puede que la quimioterapia no reduzca el número de células sino hasta algunos días después de la primera dosis. Mientras tanto se puede usar leucoféresis antes de la quimioterapia. Para este procedimiento, se coloca una aguja en una vena del brazo. La sangre del paciente se pasa a través de una máquina especial que extrae los glóbulos blancos (inclusive las células leucémicas) y regresa el resto de las células sanguíneas y el plasma al paciente. Este tratamiento reduce inmediatamente las cuentas sanguíneas. El efecto es solamente a corto plazo, pero puede ayudar hasta que la quimioterapia tenga la oportunidad de surtir efecto.

Las personas con CLL a menudo tienen sistemas inmunitarios debilitados y tienen un alto riesgo de ciertas clases de infecciones. Los médicos pueden sugerir vacunas para prevenir algunas de estas infecciones. Encontrar y tratar las infecciones temprano es una parte importante del seguimiento para las personas con CLL, aún en aquellas no que están recibiendo tratamiento con quimioterapia.

Algunas veces la CLL altera el sistema inmunitario de una persona en una manera que causa que ataque sus propios glóbulos rojos (anemia hemolítica autoinmunitaria) o las plaquetas (trombocitopenia mediada por el sistema inmunitario). Estas afecciones son tratadas con medicamentos que debilitan la respuesta inmunitaria. Los esteroides como la prednisona son útiles con frecuencia, al igual que otros medicamentos como la ciclosporina. Los anticuerpos monoclonales como rituximab también pueden ayudar en algunos casos.

Una de las complicaciones más graves de la CLL es un cambio (transformación) de la leucemia a un linfoma no Hodgkin de alto grado o de tipo agresivo que se llama linfoma difuso de células grandes. Esto sucede en aproximadamente un 5 % de los casos de CLL y se conoce como síndrome de Richter. El tratamiento frecuentemente es el mismo que se usa para el linfoma (consulte el documento Linfoma no Hodgkin de la Sociedad Americana del Cáncer para obtener más información), pero con frecuencia estos casos son difíciles de tratar.

Menos comúnmente la CLL puede transformarse en leucemia prolinfocítica (prolymphocytic leucemia). Al igual que el síndrome de Richter, estos casos pueden ser difíciles de tratar. Algunos estudios han sugerido que ciertos medicamentos como cladribina (2-DdA) y alemtuzumab pueden ser útiles.

En raros casos, los pacientes con CLL pueden sufrir la transformación de esta leucemia en leucemia linfocítica aguda (acute lymphocytic leucemia, ALL). Si esto sucede, es muy probable que el tratamiento sea similar al usado para los pacientes con ALL (consulte el documento Leucemia linfocítica aguda de la Sociedad Americana del Cáncer).

La leucemia mieloide aguda (acute myeloid leukemia, AML) es otra complicación rara de los pacientes que han recibido tratamiento para la CLL. Los medicamentos tales como clorambucil pueden dañar el ADN de las células productoras de sangre. Estas células dañadas pueden transformarse en células cancerosas y provocar AML, que es muy agresiva y frecuentemente difícil de tratar (consulte el documento Leucemia mieloide aguda de la Sociedad Americana del Cáncer).

Tratamiento de la leucemia de células peludas

La leucemia de células peludas tiende a crecer lentamente. Los pacientes sin síntomas frecuentemente no necesitan tratamiento inmediato, pero se deben someter a exámenes de seguimiento minuciosos. Estos exámenes se hacen cada pocos meses para ver la progresión de la enfermedad y la aparición de síntomas. Algunos pacientes con HCL viven por muchos años sin tener síntomas ni recibir tratamiento.

Puede ser recomendable el tratamiento para aquellos pacientes con HCL que tienen cuentas bajas de células sanguíneas, padecen infecciones recurrentes o tienen el bazo o los ganglios linfáticos agrandados. El tratamiento que se usa con más frecuencia es uno de los medicamentos análogos de la purina, cladribina (2CdA) o pentostatina. Hasta 80 a 90% de los pacientes responden a estos medicamentos, y las respuestas duran más de cinco años en la mayoría de los pacientes. Aún si recurre la HCL, muchos casos responden a un segundo tratamiento con estos medicamentos.

La administración de rituximab después de estos medicamentos puede eliminar cualquier enfermedad remanente en las personas que no han respondido totalmente. Como ésta es una enfermedad bastante rara, muy pocas personas han recibido tratamiento con rituximab para saber si hace la diferencia a largo plazo.

En pocos casos la HCL puede no responder a la quimioterapia. Puede ser de utilidad la administración de rituximab o de interferón-alfa, un tipo de terapia biológica. Si un paciente tiene molestias debido al agrandamiento del bazo, la extirpación quirúrgica del bazo (esplenectomía) frecuentemente puede ayudar a aliviar el dolor u otros síntomas.

Información adicional sobre tratamiento

Para más detalles sobre las opciones de tratamiento, incluyendo algunas que no pudieran estar disponibles en este documento, la National Comprehensive Cancer Network (NCCN) y el Instituto Nacional del Cáncer (NCI) son buenas fuentes de información.

La NCCN, compuesta por expertos de muchos centros de cáncer principales en el país, redactó las guías de tratamiento del cáncer para los doctores con el fin de ser usadas para tratar a los pacientes. Estas guías están disponibles en la página Web de la NCCN (www.nccn.org). Las guías de tratamiento para la leucemia linfocítica crónica (CLL) se incluyen en las guías del “Linfoma no Hodgkin” (porque la CLL está íntimamente relacionada con algunas formas de linfoma).

El Instituto Nacional del Cáncer (NCI) provee guías de tratamiento a través de su centro de información (1-800-4-CANCER) y su página Web (www.cancer.gov). También están disponibles guías detalladas preparadas para los profesionales de atención del cáncer en www.cancer.gov.

¿Qué debe preguntar a su médico sobre la leucemia linfocítica crónica?

A medida que usted se enfrente al cáncer y su tratamiento, necesita tener conversaciones sinceras y abiertas con su médico. Debe sentirse en la libertad de preguntar cualquier cosa que le venga a la mente, sin importar cuán insignificante parezca. A continuación le presentamos algunas preguntas que usted quisiera hacer. Las enfermeras, los trabajadores sociales y demás participantes del tratamiento podrán también responder a muchas de sus preguntas.

  • ¿Cuál es la etapa (grupo de riesgo) de la leucemia y qué significa eso en mi caso?
  • ¿Se necesitan hacer otras pruebas antes de decidir sobre el tratamiento?
  • ¿Cuánta experiencia tiene con el tratamiento de este tipo de cáncer?
  • ¿Debo pedir una segunda opinión?
  • ¿Debo recibir tratamiento en este momento? ¿Por qué sí o por qué no?
  • ¿Cuáles son mis opciones de tratamiento?
  • ¿Qué recomienda, y por qué?
  • ¿Cuáles son los riesgos y los efectos secundarios de los tratamientos que usted recomienda?
  • ¿Qué debo hacer para prepararme para el tratamiento?
  • ¿Cuánto tiempo durará el tratamiento? ¿Qué conllevará? ¿Dónde se administrará?
  • ¿Cómo afectará el tratamiento mis actividades diarias?
  • ¿Cuál es el pronóstico para mi supervivencia?
  • ¿Qué se haría si el tratamiento no surte efecto o si la leucemia regresa?
  • ¿Qué tipo de atención médica de seguimiento necesitaré después del tratamiento?

Asegúrese de escribir cualquier pregunta que se le ocurra y que no se encuentre en la lista. Por ejemplo, es posible que desee información sobre los tiempos de recuperación para que pueda planear su programa de trabajo. Por otra parte, usted tal vez quiera preguntar sobre los estudios clínicos para los que pueda resultar elegible.

Puede ser útil que le acompañe otra persona y/o que grabe su conversación con el médico. También puede ser de utilidad que saque copias de su historia médica, informes patológicos y radiológicos en caso de que desee buscar una segunda opinión posteriormente.

¿Qué sucede después del tratamiento de la leucemia linfocítica crónica?

Generalmente se piensa que la leucemia linfocítica crónica no es curable, aunque la mayoría de los pacientes viven muchos años con la enfermedad y el tratamiento puede extender su vida mucho más.

Cuidados posteriores

Probablemente va a necesitar exámenes de seguimiento frecuentes durante muchos años después del tratamiento, aunque no muestre signos de la enfermedad. Estas visitas de seguimiento son muy importantes. Su médico continuará vigilándole para detectar signos de recurrencia de la enfermedad y para ver si hay efectos secundarios a corto y a largo plazo del tratamiento. Es importante que reporte inmediatamente a su médico cualquier síntoma nuevo, para que se pueda encontrar su causa y tratarla, si es necesario.

Los exámenes generales pueden incluir exámenes físicos minuciosos, pruebas de sangre y otros tipos de pruebas según sea necesario. Un beneficio de la atención de seguimiento es que le da a usted una oportunidad para discutir las preguntas y preocupaciones que puedan surgir durante y después de su recuperación.

Si la leucemia recurre en algún momento, el tratamiento adicional dependerá de qué tratamientos ha recibido anteriormente, cuánto tiempo ha pasado desde el tratamiento y su salud. Para más información sobre cómo se trata la CLL recurrente, remítase a la sección, "¿Cómo se trata la leucemia linfocítica crónica?" Para obtener más información general sobre cómo lidiar con la recurrencia, usted puede consultar el documento (disponible en inglés) “When Your Cancer Comes Back: Cancer Recurrence” de la Sociedad Americana del Cáncer. Puede obtener este documento llamando al 1-800-227-2345.

La mayoría de las personas con CLL no tienen un sistema inmunitario que funcione normalmente, lo que puede aumentar sus riesgos de contraer ciertas infecciones. Algunos tratamientos para la CLL, tal como alemtuzumab y muchos medicamentos de quimioterapia, también pueden aumentar este riesgo. Su médico puede recomendar vacunas u otras medicinas para ayudar a prevenir o controlar ciertas infecciones.

Las personas con CLL también tienen un riesgo aumentado de desarrollar un segundo cáncer. Al menos algo de este mayor riesgo se puede deber a los efectos de la CLL sobre el sistema inmunitario. Los tratamientos para la CLL también pueden aumentar el riesgo de algunos tipos de cáncer. Los segundos cánceres más comunes para las personas con CLL son cánceres de la piel y de los pulmones, aunque también es posible que desarrollen otros tipos de leucemia, linfoma y otros cánceres de la sangre. Es importante estar conciente de este aumento del riesgo y reportar inmediatamente a su médico cualquier síntoma posible.

Consultas con un nuevo médico

En algún momento después del diagnóstico y tratamiento del cáncer, es posible que usted tenga que consultar a un médico nuevo. Esto puede deberse a que su doctor que le atendió por primera vez se retiró o se cambió a otro lugar, o usted pudo haber cambiado de residencia o de doctor por alguna razón. Es importante que usted le proporcione a su nuevo médico los detalles exactos de su diagnóstico y tratamiento. Asegúrese de conservar lo siguiente:

  • Una copia del informe de patología de cualquier biopsia o cirugía.
  • Si se sometió a una cirugía, una copia del reporte del procedimiento.
  • Si se le admitió en el hospital, una copia del resumen al alta que los médicos tienen que preparar cuando envían al paciente a su casa.
  • Si recibió radioterapia, un resumen del tipo y dosis de radiación, así como el momento y el lugar en donde se administró.
  • Si ha recibido quimioterapia u otras medicinas, una lista de sus medicamentos, las dosis de los medicamentos y cuándo los tomó.

Cambios en el estilo de vida que debe considerar durante y después del tratamiento

El cáncer y el tratamiento pueden consumir tiempo y causar desgaste emocional. No obstante, también puede ser el momento para nuevos cambios en su vida. Quizás usted está considerando mejorar su estado general de salud a largo plazo. Algunas personas incluso comienzan este proceso durante el tratamiento del cáncer.

Tome decisiones saludables

Reflexione acerca de cómo era su vida antes de que usted supiera que tenía cáncer. ¿Había cosas que usted hacía que no eran tan saludables? Quizás usted consumía muchas bebidas con alcohol, o comía más de lo que necesitaba, o fumaba, o no hacía ejercicio a menudo. Emocionalmente, quizás usted no expresaba sus sentimientos, o quizás dejaba que las situaciones estresantes le afectaran por mucho tiempo.

Ahora no es el momento de sentirse culpable o culparse a sí mismo. El día de hoy puede comenzar a hacer cambios que puedan tener buenos efectos durante el resto de su vida. No sólo se sentirá mejor, pero también estará más saludable. Qué mejor momento que ahora para aprovechar la motivación que tiene como resultado de haber pasado por una experiencia que le ha cambiado la vida como es el tener cáncer.

Usted puede comenzar a trabajar los aspectos que más le preocupan. Obtenga ayuda en aquéllos que le resulten más difíciles. Por ejemplo, si está considerando dejar de fumar y necesita ayuda, llame a nuestra línea para dejar de fumar al 1-800-227-2345.

Alimentación y nutrición

Alimentarse bien puede ser un reto para cualquier persona, aunque puede ser aún más difícil durante y después del tratamiento del cáncer. Por ejemplo, el tratamiento a menudo puede cambiar su sentido del gusto. La náusea puede ser un problema. Es posible que usted pierda su apetito por un tiempo y también pierda peso sin desearlo. Por otro lado, algunas personas aumentan de peso incluso cuando no comen más, lo que también puede ser frustrante.

Si usted está perdiendo peso o tiene problemas con el sabor de los alimentos que su sentido del gusto percibe durante el tratamiento, haga lo mejor que pueda en relación con su alimentación y recuerde que estos problemas usualmente se van solucionando con el transcurso del tiempo. Usted puede pedirle al equipo de atención del cáncer que le refiera a un especialista en nutrición que le puede sugerir ideas sobre cómo combatir algunos de los efectos secundarios de su tratamiento. Además, usted puede encontrar útil comer porciones pequeñas cada dos a tres horas hasta que se sienta mejor y pueda regresar a un plan más normal.

Una de las mejores cosas que puede hacer después del tratamiento consiste en adoptar hábitos sanos de la alimentación. Usted se sorprenderá de los beneficios a largo plazo de algunos cambios simples, como aumentar la variedad de alimentos saludables que consume. Trate de comer cinco o más porciones de frutas y verduras cada día. Consuma alimentos de grano integral en vez de azúcares y harinas. Trate de limitar el consumo de carnes altas en grasa. Disminuya el consumo de carnes procesadas, como perros calientes (hot dogs), mortadela (bologna) y tocino. Si puede, trate de evitar estos alimentos por completo. Además, si toma alcohol, limítelo a máximo una o dos bebidas por día. No olvide hacer algún tipo de ejercicio de forma habitual. La combinación entre una buena dieta y el ejercicio de rutina le ayudará a mantener un peso saludable y hacerle sentir más energía.

Descanso, cansancio, trabajo y ejercicio

El cansancio es un síntoma muy común entre las personas que están recibiendo tratamiento contra el cáncer. Éste a menudo no es un tipo de cansancio ordinario, sino un agotamiento que no se alivia con el descanso. Para algunas personas, este cansancio dura mucho tiempo después del tratamiento, y puede provocar que no sientan deseos de mantenerse físicamente activas.

Sin embargo, el ejercicio puede en realidad ayudar a reducir el cansancio. Los estudios han mostrado que los pacientes que siguen un programa de ejercicio adaptado a sus necesidades personales se sienten mejor física y emocionalmente, y pueden lidiar mejor con la situación.

Si usted padece de una enfermedad y necesita permanecer en cama durante el tratamiento, es normal esperar que la fuerza de sus músculos, su estado físico y su resistencia se deterioren un poco. La terapia física puede ayudarle a mantenerse fuerte y mantener el movimiento normal de sus músculos, lo que puede ayudar a combatir el cansancio y la depresión que algunas veces surge al sentir tanto cansancio.

Cualquier programa de actividad física debe ajustarse a su situación personal. Una persona de edad avanzada que nunca se ha ejercitado no podrá hacer la misma cantidad de ejercicio que una de 20 años que juega tenis tres veces a la semana. Si hace varios años que no se ejercita, pero puede mantenerse activo, usted puede considerar caminar distancias cortas.

Hable con su equipo de atención médica antes de comenzar los ejercicios, y consulte su opinión sobre los planes de ejercicio. Luego, trate de conseguir a alguien que le acompañe a hacer los ejercicios para que no los haga solo. Cuando los familiares o los amigos se integran en un programa de ejercicios nuevo, usted obtiene el refuerzo adicional de apoyo que necesita para mantenerse activos cuando el entusiasmo simplemente no exista.

Sin embargo, si usted siente demasiado cansancio, necesitará balancear la actividad con el descanso. Es aceptable que descanse cuando sienta agotamiento. Resulta realmente difícil para algunas personas permitirse hacer esto cuando estaban acostumbradas a trabajar todo el día o a asumir las responsabilidades del hogar

El ejercicio puede mejorar su salud física y emocional:

  • Mejora su condición cardiovascular (corazón y circulación).
  • Fortalece sus músculos.
  • Reduce el cansancio.
  • Reduce la ansiedad y la depresión.
  • En general, le hace sentir más feliz.
  • Le hace sentir mejor sobre sí mismo.

Además, sabemos que el ejercicio desempeña un papel en la prevención de algunos cánceres. La Sociedad Americana del Cáncer recomienda en sus guías sobre la actividad física para la prevención del cáncer que los adultos participen en por lo menos una actividad física por 30 minutos o más durante cinco o más días a la semana. A los niños y a los adolescentes se les exhorta participar en actividades energéticas durante 60 minutos al menos cinco días de la semana.

Su salud emocional

Una vez que finalice su tratamiento, es posible que las emociones le sean abrumadoras. Esto ocurre a muchas personas. Es posible que usted haya pasado por mucho durante el tratamiento a tal punto que sólo se pueda enfocar en finalizar con todo su tratamiento.

Ahora usted se encuentra pensando sobre la posibilidad de su propia muerte, o sobre el efecto de su cáncer en su familia y amigos, al igual que en su empleo. También es posible que comience a reevaluar la relación con su cónyuge o pareja. Otros asuntos inesperados también pueden causar preocupación. Por ejemplo, a medida que usted está más saludable y acuda menos al médico, consultará con menos frecuencia a su equipo de atención médica. Esto puede causar ansiedad en algunas personas.

Éste es el momento ideal para buscar apoyo emocional y social. Usted necesita personas a quienes acudir para obtener fortaleza y consuelo. El apoyo puede provenir de muchas fuentes: familia, amigos, grupos de apoyo, iglesias o grupos espirituales, comunidades de apoyo en línea u orientadores individuales.

Casi todas las personas que han pasado por la experiencia del cáncer pueden beneficiarse de algún tipo de apoyo. Lo que es mejor para usted depende de su situación y personalidad. Algunas personas se sienten seguras en grupos de apoyo con personas similares que están experimentando situaciones semejantes, o en grupos de educación. Otras personas pudieran preferir hablar en un entorno informal, tal como en una iglesia, mientras que otras pueden sentirse más cómodos hablando directamente con un amigo de confianza o un consejero. Cualquiera que sea su fuente de fortaleza o consuelo, asegúrese de que tiene un lugar a dónde acudir con sus inquietudes.

La experiencia con el cáncer puede hacerle sentir mucha soledad. No es necesario ni realista que usted pase por toda esta experiencia solo. Sus amigos y familiares pueden sentirse excluidos si usted decide que no participen de esta experiencia. Deje que tanto ellos como cualquier otra persona que usted considere puedan ayudarle. Si no está seguro quién puede ayudar, llame a su Sociedad Americana del Cáncer al 1-800-227-2345 y le pondremos en contacto con un grupo o recurso de apoyo apropiado.

Usted no puede cambiar el hecho de que ha tenido cáncer, Lo que sí puede cambiar es cómo vive el resto de su vida mediante cambios saludables y sintiéndose lo mejor posible tanto física como emocionalmente.

¿Qué ocurre si el tratamiento ya no es eficaz?

Si el cáncer continúa creciendo después de un tipo de tratamiento, o si recurre, con frecuencia es posible tratar otro plan de tratamiento que tal vez cure el cáncer, o que al menos lo controle lo suficiente para prolongar su vida y hacer que se sienta mejor. Por otro lado, cuando una persona ha recibido varios tratamientos médicos diferentes y el cáncer no ha sido curado, con el transcurso del tiempo el cáncer tiende a volverse resistente a todos los tratamientos. En ese momento resulta importante sopesar el posible beneficio limitado de un nuevo tratamiento y las posibles desventajas, incluyendo las visitas continuas al médico y los efectos secundarios del tratamiento.

Cada persona tiene su propia manera de considerar esto. Tal vez algunas personas quieran intentar todo lo que sea posible, mientras que otras desearán concentrarse en estar cómodas durante el tiempo que les queda.

Cuando llegue el momento en el que usted ha tratado todos los tratamientos médicos, pero éstos simplemente ya no son eficaces, probablemente éste sea el momento más difícil en su lucha contra el cáncer. Aunque su médico pueda ofrecerle un tratamiento nuevo, usted necesita considerar que llegará el momento en que sea poco probable que continuar el tratamiento mejore su salud o cambie su pronóstico o supervivencia.

Si usted desea continuar el tratamiento para combatir su cáncer tanto como pueda, necesitará continuar considerando las probabilidades de que más tratamiento brinde algún beneficio. En muchos casos, su médico puede calcular la tasa de respuesta para el tratamiento que usted considere. Algunas personas están tentadas a recibir más quimioterapia o radiación, por ejemplo, incluso cuando sus médicos indican que las probabilidades de beneficio son menores al 1%. En esta situación, usted necesita analizar y entender sus razones para optar por este plan.

Independientemente de lo que usted decida hacer, es importante que tenga la mayor comodidad posible. Asegúrese de que usted pida y reciba el tratamiento para cualquier síntoma que pudiese tener, tal como el dolor. Este tipo de tratamiento se llama tratamiento paliativo.

El tratamiento paliativo ayuda a aliviar los síntomas, pero no se espera que cure la enfermedad; su propósito principal es mejorar su calidad de vida. Algunas veces, los tratamientos que usted recibe para controlar sus síntomas son similares a los tratamientos usados para tratar el cáncer. Por ejemplo, la radioterapia pudiera ser administrada para ayudar a aliviar el dolor de huesos debido a metástasis en los huesos. Por otro lado, la quimioterapia pudiera ser administrada para ayudar a reducir el tamaño del tumor y evitar que cause obstrucción intestinal. Sin embargo, esto no es lo mismo que recibir tratamiento para tratar de curar el cáncer.

En este momento, es posible que usted se beneficie de la atención de hospicio. En la mayoría de los casos, este cuidado se puede dar en la casa. Es posible que el cáncer esté causando síntomas o problemas que requieran atención, y las residencias de enfermos crónicos terminales se enfocan en su comodidad. Usted debe saber que la atención de hospicio no significa que no pueda recibir tratamiento para los problemas causados por su cáncer u otras condiciones de salud. Simplemente significa que el enfoque de su cuidado consiste en vivir lo más plenamente posible y sentirse tan bien como pueda en esta difícil etapa de su cáncer.

También recuerde que es importante mantener la esperanza. Tal vez la esperanza de una cura no sea tan realista, pero aún hay esperanzas de pasar buenos momentos con su familia y amigos, momentos que pueden darle felicidad y ser significativos. En cierta manera, una interrupción de su tratamiento contra el cáncer en este momento es una oportunidad para reenfocarse en las cosas más importantes de su vida. Éste es el momento para hacer algunas cosas que usted siempre deseaba hacer y dejar de hacer aquéllas que ya no desea.

¿Qué hay de nuevo en las investigaciones y el tratamiento de la leucemia linfocítica crónica?

Se están haciendo muchos estudios de leucemia linfocítica crónica en laboratorios y estudios clínicos de todo el mundo.

Aspectos genéticos de la leucemia linfocítica crónica

Los científicos están realizando un excelente progreso en el entendimiento de cómo los cambios en el ADN de una persona pueden causar que las células normales de la médula ósea se conviertan en células leucémicas. El entendimiento de los cambios en los genes (regiones del ADN) que ocurren frecuentemente en la CLL está proporcionando información sobre la razón del crecimiento tan acelerado de estas células, su larga vida y la incapacidad de convertirse en células sanguíneas normales. Los médicos también están aprendiendo cómo usar estos cambios para ayudarles a determinar el pronóstico de una persona y si éstos necesitarán recibir tratamiento.

En años recientes, los investigadores han descubierto que la CLL se puede dividir en dos grupos grandes, con base en si tienen o no mutaciones en el gen VH. El estado de este gen proporciona información sobre la madurez de las células leucémicas, y sobre la rapidez del tratamiento de la leucemia. Las células que tienen cambios en el gen VH son más maduras, y las personas que tienen esta forma de CLL parecen tener un mejor pronóstico que aquellas personas que no tienen estos cambios. Esto puede ser importante al decidir si las personas necesitan tratamiento. Aún no están ampliamente disponibles las pruebas para detectar los cambios en el gen VH, pero es posible que esto suceda en los próximos años. Mientras tanto, las pruebas para detectar ZAP-7- y CD38 parecen proporcionar información similar, aunque no exactamente la misma, referente al pronóstico.

Nuevas combinaciones de tratamiento

Ahora se utilizan muchos medicamentos diferentes para tratar la CLL. Los médicos están buscando cuáles combinaciones de estos medicamentos son más eficaces y ofrecen la mejor probabilidad de supervivencia a largo plazo con los menos efectos secundarios.

El papel que los trasplantes de células madre desempeñan en la CLL aún no está bien definido. Los médicos no están seguros qué tipo de trasplante (autólogo, alogénico o minitrasplante) puede ser más eficaz o qué tipo de medicamentos se deben usar con el trasplante. Ahora se están realizando estudios para tratar de contestar estas preguntas.

Medicamentos nuevos para la leucemia linfocítica crónica

Existen docenas de medicamentos nuevos que se están probando contra la CLL. Muchos de estos medicamentos se dirigen a partes específicas de las células cancerosas, mientras que otros son medicamentos quimioterapéuticos estándar. El flavopiridol y la lenalidomida son dos medicamentos que parecen promisorios, de acuerdo a estudios anteriores, contra ciertos casos de CLL de difícil tratamiento.

Ahora se están estudiando varios anticuerpos monoclonales (versiones sintéticas de las proteínas del sistema inmunitario) nuevos para usarse en el tratamiento de la CLL. Algunos de estos anticuerpos, tal como lumiliximab y ofatumumab, se usan para tratar de activar la respuesta del sistema inmunitario contra las células leucémicas. Se han estado probando solos o en combinación con quimioterapia.

Otros anticuerpos se unen a sustancias que pueden envenenar las células cancerosas y que se conocen como inmunotoxinas. Estas sustancias actúan como dispositivos buscadores de blancos que llevan las toxinas directamente a las células cancerosas. Una inmunotoxina conocida como BL22 ha mostrado ser bastante promisoria en el tratamiento de la leucemia de células peludas (HCL) en estudios clínicos. Actualmente, se está probando una versión más nueva de este medicamento, conocida como HA22 (CAT-8015) para usarse contra la CLL.

Recursos adicionales

Más información de su Sociedad Americana del Cáncer

La información a continuación puede también serle de utilidad. Estos materiales pueden solicitarse llamando a nuestra línea gratuita: 1-800-227-2345.

Después del diagnóstico: una guía para los pacientes y sus familiares

Trasplante de células madre de la médula ósea o de la sangre periférica

El cuidado del paciente con cáncer en el hogar

Quimioterapia: una guía para los pacientes y sus familiares

When Your Cancer Comes Back: Cancer Recurrence

Los siguientes libros también están disponibles de la Sociedad Americana del Cáncer. Llámenos al 1-800-227-2345 para peguntar sobre los costos o para hacer un pedido.

American Cancer Society's Guide to Pain Control

Cancer in the Family: Helping Children Cope With a Parent’s Illness

Caregiving: A Step-By-Step Resource for Caring for the Person With Cancer at Home

When the Focus Is on Care: Palliative Care and Cancer

Organizaciones nacionales y sitios Web*

Además de la Sociedad Americana del Cáncer, otras fuentes de información y de apoyo para pacientes incluyen:

Leucemia linfocítica crónica

Leukemia & Lymphoma Society
Teléfono sin cargo: 1-800-955-4572
Sitio Web: www.lls.org

Instituto Nacional del Cáncer
Teléfono sin cargo: 1-800-422-6237
Sitio Web: www.cancer.gov

Trasplantes de médula ósea y de células madre de sangre periférica

Caitlin Raymond International Registry
Teléfono sin cargo: 1-800-726-2824
Sitio Web: www.crir.org

National Bone Marrow Transplant Link (nbmtLINK)
Teléfono sin cargo: 1-800-LINK-BMT (1-800-546-5268)
Sitio Web: www.nbmtlink.org

National Marrow Donor Program
Teléfono sin cargo: 1-800-MARROW-2 (1-800-627-7692)
Sitio Web: www.marrow.org

*La inclusión en esta lista no implica respaldo por parte de la Sociedad Americana del Cáncer.

La Sociedad Americana del Cáncer se complace en proveer información sobre casi cualquier tema relacionado con el cáncer. Si tiene cualquier otra pregunta, por favor llámenos al 1-800-227-2345 en cualquier momento durante las 24 horas del día.

Referencias

American Cancer Society. Cancer Facts and Figures 2010. Atlanta, Ga: American Cancer Society; 2010.

Grever MR, Andritsos LA, Lozanski G. Chronic lymphoid leukemias. In: Abeloff MD, Armitage JO, Niederhuber JE. Kastan MB, McKenna WG, eds. Abeloff's Clinical Oncology. 4th ed. Philadelphia, Pa: Elsevier; 2008:2293–2308.

Gribben JG. Molecular profiling in CLL. In: Hematology 2008. American Society of Hematology Education Program Book. 2008:444-449. Accessed at http://asheducationbook.hematologylibrary.org/cgi/content/full/2008/1/444 on March 31, 2009.

National Cancer Institute. Physician Data Query (PDQ). Chronic Lymphocytic Leukemia Treatment. 2009. Accessed at www.cancer.gov/cancertopics/pdq/treatment/CLL/healthprofessional on March 31, 2009.

National Comprehensive Cancer Network. NCCN Clinical Practice Guidelines in Oncology: Non-Hodgkin's Lymphomas. V.1.2009. Accessed at www.nccn.org/professionals/physician_gls/PDF/nhl.pdf on March 31, 2009.

O'Brien S. New agents in the treatment of CLL. In: Hematology 2008. American Society of Hematology Education Program Book. 2008:457-464. Accessed at http://asheducationbook.hematologylibrary.org/cgi/content/full/2008/1/457 on March 31, 2009.

Ries LAG, Melbert D, Krapcho M, Stinchcomb DG, Howlader N, Horner MJ, Mariotto A, Miller BA, Feuer EJ, Altekruse SF, Lewis DR, Clegg L, Eisner MP, Reichman M, Edwards BK (eds). SEER Cancer Statistics Review, 1975-2005, National Cancer Institute. Bethesda, MD, http://seer.cancer.gov/csr/1975_2005/, based on November 2007 SEER data submission, posted to the SEER web site, 2008.

Wierda WG, Keating MJ, O'Brien S. Chronic lymphoid leukemias. In: DeVita VT, Lawrence TS, Rosenberg SA, eds. DeVita, Hellman, and Rosenberg's Cancer: Principles and Practice of Oncology. 8th ed. Philadelphia, Pa: Lippincott Williams & Wilkins; 2008:2278–2292.

Wierda WG, Lamanna N, Weiss MA. Chronic lymphocytic leukemia. In: Pazdur R, Wagman LD, Camphausen KA, Hoskins WJ, eds. Cancer Management: A Multidisciplinary Approach. 11th ed. Lawrence, KS: CMPMedica; 2008:843–858.


Fecha de última actualización: 09/03/2009
Fecha de último cambio o revisión: 07/06/2010