Leucemia mieloide (mielógena) aguda

+ -Text Size

¿Qué es Leucemia mieloide (mielógena) aguda? TEMAS

¿Qué es el cáncer?

Leucemia mieloide (mielógena) aguda

¿Qué es el cáncer?

El cuerpo está compuesto por millones de células vivas. Las células normales del cuerpo crecen, se dividen y mueren de manera ordenada. Durante los primeros años de vida de una persona, las células normales se dividen más rápidamente para permitirle a la persona crecer. Una vez la persona llega a la edad adulta, la mayoría de las células sólo se dividen para reemplazar las células desgastadas o que están muriendo, y para reparar lesiones.

El cáncer se origina cuando las células en alguna parte del cuerpo comienzan a crecer sin control. Existen muchas clases de cáncer, pero todos ellos comienzan debido al crecimiento sin control de células anormales.

El crecimiento de las células cancerosas es diferente al crecimiento de las células normales. En lugar de morir, las células cancerosas continúan creciendo y forman nuevas células anormales. Además, las células cancerosas pueden invadir (crecer hacia) otros tejidos, algo que las células normales no pueden hacer.

Las células se transforman en células cancerosas debido a un daño en el ADN. El ADN se encuentra en todas las células y dirige todas sus acciones. En una célula normal, cuando el ADN se afecta, la célula repara el daño o muere. Por el contrario, en las células cancerosas el ADN dañado no se repara, y la célula no muere como debería. En lugar de esto, la célula continúa produciendo nuevas células que el cuerpo no necesita. Todas estas nuevas células tendrán el mismo ADN dañado que tuvo la primera célula.

Las personas pueden heredar un ADN dañado, pero la mayor parte del ADN dañado es causado por errores que ocurren mientras la célula normal se está reproduciendo o por alguna otra cosa en nuestro ambiente. Algunas veces, la causa del daño al ADN es algo obvio, como fumar cigarrillos. A menudo, sin embargo no se encuentra una causa clara.

En la mayoría de los casos, las células cancerosas forman un tumor. Algunos cánceres, como la leucemia, rara vez forman tumores. En este caso, las células cancerosas afectan la sangre y los órganos hematopoyéticos (productores de sangre) y circulan a través de otros tejidos en los cuales crecen.

Por otro lado, las células cancerosas a menudo se trasladan a otras partes del cuerpo donde comienzan a crecer y a formar nuevos tumores que reemplazan el tejido normal. Este proceso se llama metástasis, el cual ocurre cuando las células cancerosas entran al torrente sanguíneo o a los vasos linfáticos de nuestro cuerpo.

Independientemente del lugar hacia el cual se propague el cáncer, siempre recibe el nombre del lugar donde se originó. Por ejemplo, el cáncer de seno que se propagó al hígado sigue siendo cáncer de seno, y no cáncer de hígado. Asimismo, el cáncer de próstata que se propagó a los huesos es referido como cáncer de próstata metastásico, y no cáncer de huesos.

Los diferentes tipos de cáncer se pueden comportar de manera muy diferente. Por ejemplo, el cáncer de pulmón y el cáncer de seno son enfermedades muy diferentes, crecen a una tasa diferente y responden a diferentes tratamientos. Por esta razón las personas que padecen cáncer necesitan un tratamiento que sea específico a la clase particular del cáncer que les afecta.

No todos los tumores son cancerosos. A los tumores que no son cancerosos se les llama tumores benignos. Los tumores benignos pueden causar problemas, ya que pueden crecer mucho y ocasionar presión en los tejidos y órganos sanos. Sin embargo, estos tumores no pueden crecer (invadir) hacia otros tejidos. Debido a que no pueden invadir otros tejidos, tampoco se pueden propagar a otras partes del cuerpo (hacer metástasis). Estos tumores casi nunca ponen en riesgo la vida de una persona.

¿Qué es la leucemia mieloide aguda?

A la leucemia mieloide aguda (acute myeloid leukemia, AML) se le conoce por muchos nombres, incluyendo leucemia mielocítica aguda, leucemia mielógena aguda, leucemia granulocítica aguda y leucemia no linfocítica aguda. El término "aguda" significa que la leucemia puede progresar rápidamente y, si no se trata, probablemente sea fatal en pocos meses.

La leucemia mieloide aguda (AML) es un cáncer que se origina en las células que normalmente madurarían hacia los diferentes tipos de células sanguíneas. La mayoría de los casos de AML se originan de células que se convertirían en glóbulos blancos (pero no en linfocitos), pero en algunos casos de AML se desarrollan en otros tipos de células formadoras de la sangre. Los diferentes tipos de AML se presentan en la sección “¿Cómo se clasifica la leucemia mieloide aguda?”

(La leucemia aguda que se origina en los linfocitos se llama leucemia linfocítica aguda [ALL]). Para más información sobre este tipo de leucemia, consulte el documento Leucemia linfocítica aguda.

La leucemia mieloide aguda se inicia en la médula ósea (la parte interior blanda de los huesos, donde se producen las nuevas células sanguíneas), pero en la mayoría de los casos pasa rápidamente a la sangre. Algunas veces, se puede propagar a otras partes del cuerpo, como a los ganglios linfáticos, el hígado, el bazo, el sistema nervioso central (el cerebro y la médula espinal) y los testículos (en los hombres).

Otros tipos de cáncer pueden comenzar en estos órganos y propagarse después a la médula ósea, pero estos cánceres que comienzan en otro lugar y se propagan después a la médula ósea no son leucemia.

Médula ósea, sangre y tejido linfático normales

Para entender los diferentes tipos de leucemia, ayuda tener algunos conocimientos básicos sobre los sistemas sanguíneo y linfático.

Médula ósea

La médula ósea es la porción suave interior de algunos huesos como el cráneo, los omóplatos, las costillas, la pelvis y la columna vertebral. La médula ósea consiste en un pequeño número de células madre sanguíneas, células productoras de sangre más maduras, células adiposas y tejidos de apoyo que ayudan al crecimiento celular.

Las células madre sanguíneas experimentan una serie de cambios para producir nuevas células sanguíneas. Durante este proceso, las células se desarrollan hasta convertirse en linfocitos (un tipo de glóbulo blanco) o en otras células productoras de sangre. Las otras células productoras de sangre se pueden desarrollar hasta uno de los tres principales tipos de células sanguíneas:

  • Glóbulos rojos.
  • Glóbulos blancos (que no son linfocitos).
  • Plaquetas.

Glóbulos rojos

Los glóbulos rojos transportan oxígeno desde los pulmones a todos los demás tejidos del cuerpo, y llevan el dióxido de carbono hasta los pulmones para su eliminación. Usualmente, la anemia (una cantidad insuficiente de glóbulos rojos en el cuerpo) causa que una persona se sienta cansada, débil y tenga dificultad para respirar debido a que los tejidos del cuerpo no reciben suficiente oxígeno.

Plaquetas

Las plaquetas en realidad son fragmentos celulares producidos por un tipo de célula de la médula ósea que se llama megacariocito. Las plaquetas son importantes para tapar los orificios de los vasos sanguíneos causados por cortaduras y hematomas. Un número disminuido de plaquetas se llama trombocitopenia. Una persona con trombocitopenia puede sangrar y desarrollar hematomas fácilmente.

Glóbulos blancos

Los glóbulos blancos ayudan al cuerpo a combatir las infecciones. Los linfocitos son un tipo de glóbulo blanco. Los otros tipos de glóbulos blancos son los granulocitos (neutrófilos, basófilos y eosinófilos) y los monocitos.

Linfocitos: son las principales células que forman el tejido linfático, que es una parte importante del sistema inmunitario. El tejido linfático se encuentra en los ganglios linfáticos, el timo, el bazo, las amígdalas y las glándulas adenoides, y se encuentra diseminado a través de los sistemas digestivo y respiratorio y la médula ósea.

Los linfocitos se desarrollan a partir de células llamadas linfoblastos hasta convertirse en células maduras que combaten las infecciones. Los dos tipos principales de linfocitos son los linfocitos B (o células B) y los linfocitos T (o células T).

  • Los linfocitos B protegen al cuerpo contra gérmenes invasores al desarrollarse (madurar) para formar células plasmáticas, que producen proteínas llamadas anticuerpos. Los anticuerpos se adhieren a los gérmenes (bacteria, virus y hongos), lo que ayuda a los otros glóbulos blancos a reconocerlos y destruirlos.
  • Los linfocitos T pueden reconocer las células infectadas por virus y destruirlas directamente.

Granulocitos: glóbulos blancos que tienen gránulos, que son manchas que se pueden ver a través del microscopio. Estos gránulos contienen enzimas y otras sustancias que pueden destruir gérmenes como las bacterias. Los tres tipos de granulocitos, neutrófilos, basófilos y eosinófilos, se distinguen por el tamaño y el color de los gránulos. Los granulocitos se desarrollan a partir de células productoras de sangre llamadas mieloblastos hasta convertirse en células maduras que combaten las infecciones.

Monocitos: estos glóbulos blancos, que están relacionados con los granulocitos, también son importantes para proteger al cuerpo contra las bacterias. Se generan en la médula ósea como monoblastos productores de sangre y se desarrollan hasta convertirse en monocitos maduros. Después de circular en el torrente sanguíneo por aproximadamente un día, los monocitos ingresan en los tejidos corporales para convertirse en macrófagos, que pueden destruir algunos gérmenes rodeándolos y digiriéndolos. Los macrófagos también ayudan a los linfocitos a reconocer gérmenes y comenzar a producir anticuerpos para combatirlos.

Cualquiera de las células formadoras de sangre o células linfoides de la médula ósea puede convertirse en una célula leucémica. Una vez que ocurre este cambio, las células leucémicas no pasan por el proceso normal de maduración. Las células leucémicas se pueden reproducir rápidamente, pero en la mayoría de los casos el problema es que no mueren cuando debería hacerlo, sino que sobreviven y se acumulan en la médula ósea. Con el paso del tiempo, estas células entran en el torrente sanguíneo y se propagan a otros órganos, en donde pueden evitar el funcionamiento normal de otras células corporales.

Tipos de leucemia

No todas las leucemias son iguales. Las leucemias se dividen en cuatro tipos principales. Cuando los médicos saben el tipo de leucemia específico que padece el paciente, pueden hacer un mejor pronóstico (tener una mejor perspectiva) y seleccionar el mejor tratamiento.

Leucemia aguda versus leucemia crónica

El primer factor para clasificar la leucemia de un paciente es si la mayoría de las células anormales son maduras (parecen glóbulos blancos normales) o inmaduras (más bien parecen células madre).

En la leucemia aguda las células de la médula ósea no pueden madurar apropiadamente. Las células leucémicas inmaduras continúan reproduciéndose y acumulándose. Sin tratamiento, la mayoría de los pacientes con leucemia aguda vivirían sólo unos meses. Algunos tipos de leucemia aguda responden bien al tratamiento, y muchos pacientes se pueden curar. Otros tipos de leucemia aguda tienen una perspectiva menos favorable.

En la leucemia crónica, las células pueden madurar parcialmente, pero no por completo. Estas células no son normales, aunque parezcan ser bastante normales. Por lo general, no combaten las infecciones tan bien como los glóbulos blancos normales, y sobreviven más tiempo, se acumulan y desplazan a las células normales. La leucemia crónica tiende a progresar por un periodo de tiempo más prolongado, y la mayoría de los pacientes puede vivir por muchos años. Sin embargo, las leucemias crónicas son generalmente más difíciles de curar que las leucemias agudas.

Leucemia mieloide versus leucemia linfocítica

El segundo factor para clasificar la leucemia es el tipo de células de la médula ósea que están afectadas.

Las leucemias que se inician como células mieloides en etapa temprana, glóbulos blancos (que no sean linfocitos), glóbulos rojos o células productoras de plaquetas (megacariocitos), son leucemias mieloides (también conocida como leucemias mielocíticas, mielógenas o no linfocíticas).

Si el cáncer comienza en las primeras etapas de los linfocitos, se llama leucemia linfocítica (también conocida como leucemia linfoide o linfoblástica). Los linfomas también son cánceres que se originan en los linfocitos. No obstante, a diferencia de las leucemias linfocíticas que se desarrollan en la médula ósea, los linfomas se desarrollan de células en los ganglios linfáticos o en otros órganos.

Dependiendo de si las leucemias son agudas o crónicas, y si son mieloides o linfocíticas, se pueden dividir en cuatro grupos principales:

  • Leucemia mieloide aguda (acute myeloid leucemia, AML) o mielógena.
  • Leucemia mieloide crónica (chronic myeloid leucemia, CML) o mielógena.
  • Leucemia linfocítica aguda (acute lymphocytic leucemia, ALL), o linfoblástica.
  • Leucemia linfocítica crónica (chronic lymphocytic leukemia, CLL).

El resto de este documento contiene información sobre las leucemias mieloides agudas en los adultos solamente. Las leucemias crónicas en adultos y la leucemia linfocítica aguda (ALL) en adultos se discuten en otros documentos de la Sociedad Americana del Cáncer. Si desea información sobre la AML en niños, consulte el documento “Leucemias en niños”.

¿Qué indican las estadísticas clave sobre la leucemia mieloide aguda?

La Sociedad Americana del Cáncer calcula que durante el 2010 se reportará lo siguiente en cuanto a la leucemia en los Estados Unidos:

  • Alrededor de 43,050 nuevos casos de leucemia (todos los tipos) y 21,840 muertes a causa de leucemia (todos los tipos).
  • Alrededor de 12,330 nuevos casos de leucemia mieloide aguda (AML). La mayoría se reportará en adultos.
  • Alrededor de 8,950 muertes a causa de AML. Casi todas se reportará en adultos.

Por lo general, la leucemia mieloide aguda es una enfermedad que afecta a personas de edad avanzada, y es poco común en personas menores de 40 años. La edad promedio de un paciente con AML es de aproximadamente 67 años.

La leucemia mieloide aguda es ligeramente más común entre los hombres que entre las mujeres. El riesgo de padecer AML en el transcurso de la vida para el hombre promedio es de alrededor de 1 en 250; para la mujer promedio, el riesgo es de alrededor de 1 en 300.

En la sección ¿Cómo se trata la leucemia mieloide aguda? puede encontrar información sobre las tasas de éxito del tratamiento de las AML en adultos.

¿Cuáles son los factores de riesgo de la leucemia mieloide aguda?

Un factor de riesgo es todo aquello que aumenta las probabilidades que tiene una persona de padecer una enfermedad como el cáncer. Por ejemplo, mientras la exposición a los rayos intensos del sol es un factor de riesgo para el cáncer de piel, mientras el fumar es un factor de riesgo para un número de cánceres.

Pero los factores de riesgo no lo indican todo. Presentar uno o incluso varios factores de riesgo no significa que usted definitivamente tendrá la enfermedad. Además, muchas personas que adquieren la enfermedad pueden no tener factores de riesgo conocidos. Aun cuando una persona tiene un factor de riesgo y desarrolla cáncer, a menudo es muy difícil saber cuánto pudo haber contribuido ese factor de riesgo al cáncer.

Existen pocos factores de riesgo conocidos para la leucemia mieloide aguda.

Fumar

El único factor de riesgo demostrado para la leucemia mieloide aguda es fumar. Muchas personas saben que el hábito de fumar está vinculado a cánceres de pulmón, la boca, la garganta y la laringe, pero pocos se dan cuenta que también puede afectar las células que no tienen contacto directo con el humo. Las sustancias cancerígenas presentes en el humo del tabaco son absorbidas por los pulmones y propagadas a través del torrente sanguíneo a muchas partes del cuerpo.

Ciertas exposiciones a sustancias químicas

La exposición a ciertos químicos puede aumentar el riesgo de AML. Un factor de riesgo para la AML es la exposición a largo plazo a altos niveles de benceno. El benceno es un solvente usado en la industria de hule (goma), refinerías, plantas químicas, fabricantes de zapatos e industrias relacionadas con la gasolina, y también está presente en el humo del cigarrillo, y en algunos pegamentos, productos de limpieza, detergentes, materiales de arte y disolvente de pintura.

Los pacientes con otros tipos de cáncer que son tratados con ciertos medicamentos de quimioterapia son más propensos a padecer AML. Algunos de los medicamentos asociados con más frecuencia a estas leucemias secundarias (relacionadas al tratamiento) incluyen la mecloretamina, la procarbazina, el clorambucil, el melfalán, el etopósido, el tenipósido y la ciclofosfamida. La combinación de estos medicamentos con radioterapia aumenta aún más el riesgo.

La mayoría de los casos de AML ocurren dentro de un período de 10 años después del tratamiento contra la enfermedad de Hodgkin, el linfoma no Hodgkin o la leucemia linfocítica aguda en la infancia. Las leucemias secundarias a veces ocurren después del tratamiento contra el cáncer de seno, de ovario o de otros tipos de cáncer.

Exposición a la radiación

La exposición a altas dosis de radiación (tales como ser un sobreviviente de la explosión de una bomba atómica o el accidente de un reactor nuclear) aumenta el riesgo de AML. Los sobrevivientes japoneses de la bomba atómica tenían un riesgo significativamente mayor de desarrollar leucemia aguda, generalmente en un lapso de seis a ocho años después de la exposición.

Los posibles riesgos de leucemia por la exposición a niveles bajos de radiación, como la producida por radioterapia, rayos X o por tomografía computarizada (CT) no están bien definidos. La exposición del feto a la radiación durante los primeros meses de su desarrollo puede conllevar un riesgo aumentado de leucemia, aunque no está claro el grado de este riesgo. Si hay un riesgo aumentado, posiblemente es pequeño, pero para propósitos de seguridad la mayoría de los médicos tratan de limitar la exposición de una persona a la radiación tanto como es posible.

Ciertos trastornos sanguíneos

Los pacientes con ciertos trastornos sanguíneos parecen tener un riesgo aumentado de padecer AML. Éstos incluyen trastornos mieloproliferativas crónicos, tales como policitemia vera, trombocitopenia esencial, y mielofibrosis idiopática. La leucemia mielógena crónica (chronic myelogenous leukemia, CML) es otro tipo de trastorno mieloproliferativo, y algunos pacientes con CML padecen posteriormente de una forma de AML. El riesgo de AML aumenta más si el tratamiento para estos trastornos incluye algunos tipos de quimioterapia o radiación.

Algunos pacientes que han tenido un síndrome mielodisplásico (condición preleucémica) pudieran padecer AML. Estas condiciones causan defectos en la formación de células sanguíneas y, durante un período de años, puede evolucionar hacia una leucemia. Los pacientes que tienen un síndrome mielodisplásico y padecen AML, por lo general tienen un pronóstico desfavorable.

Síndromes congénitos (presentes al momento del nacimiento)

Por lo general, la leucemia mieloide aguda no parece ser una enfermedad hereditaria. Resulta raro que ocurran varios casos en una misma familia, así que el riesgo de una persona usualmente no aumenta si un familiar tiene la enfermedad. Sin embargo, existen algunos síndromes congénitos con cambios genéticos que parecen elevar el riesgo de AML. Éstos incluyen:

  • Síndrome de Down.
  • Anemia de Fanconi.
  • Síndrome de Bloom.
  • Ataxia-telangiectasia.
  • Síndrome de Blackfan-Diamond.

Tener un gemelo idéntico con AML

El riesgo se limita principalmente al primer año de vida. Como se mencionó antes, se piensa que la mayoría de los casos de AML no tienen una relación genética fuerte. Muchos médicos piensan que el mayor riesgo entre gemelos idénticos puede deberse a que las células de la leucemia pasan de un feto al otro mientras aún están en la matriz.

Sexo

La AML es más común en los hombres que en las mujeres, aunque las razones para esto no están claras.

Factores de riesgo inciertos, no comprobados o controversiales

Otros factores que se han estudiado para tratar de determinar si tienen una relación posible con la AML incluyen:

  • Exposición a campos electromagnéticos (como vivir cerca de líneas eléctricas).
  • Exposición laboral a diesel, gasolina y otras sustancias químicas y solventes.
  • Exposición a herbicidas o pesticidas.

Hasta ahora, ninguno de estos factores se ha relacionado de manera conclusiva con la AML. Actualmente se llevan a cabo investigaciones sobre estos temas.

¿Sabemos las causas de la leucemia mieloide aguda?

Algunas personas que padecen leucemia mieloide aguda (AML) tienen uno o más de los factores de riesgo conocidos (consulte la sección “¿Cuáles son los factores de riesgo de la leucemia mieloide aguda?”, aunque la mayoría de ellas no los tiene. La causa de su cáncer continúa siendo desconocida hasta el momento. Aun cuando una persona tenga uno o más de los factores de riesgo, no hay forma de saber si realmente causaron el cáncer.

Durante los últimos años, los científicos han realizado grandes avances en la comprensión de cómo ciertos cambios en el ADN pueden causar que las células normales de la médula ósea se transformen en células leucémicas. Las células humanas normales crecen y funcionan basándose principalmente en la información contenida en los cromosomas de cada célula. Los cromosomas son grandes moléculas de ADN contenidas en cada célula. El ADN es la sustancia química que porta nuestros genes, las instrucciones sobre el funcionamiento de nuestras células. Nos parecemos a nuestros padres porque ellos son la fuente de nuestro ADN. Pero nuestros genes afectan algo más que nuestra apariencia.

Algunos genes contienen instrucciones para controlar cuándo las células crecen y se dividen. Ciertos genes que promueven la división celular se denominan oncogenes. Otros que hacen más lenta la división celular o que causan que las células mueran en el momento oportuno se llaman genes supresores de tumores.

Cada vez que una célula se prepara para dividirse en dos células nuevas, debe hacer una copia nueva de ADN en sus cromosomas. Este proceso no es perfecto y pueden ocurrir errores que afectan los genes del ADN. El cáncer puede ser causado por mutaciones (cambios) en el ADN que activan los oncogenes o desactivan los genes supresores de tumores. Por ejemplo, los cambios en ciertos genes, tales como FLT3, c-KIT y RAS, son comúnmente encontrados en las células de AML.

Las mutaciones en un sólo gen son encontradas en muchos casos de AML, aunque cambios mayores en uno o más cromosomas también son comunes. Aun cuando estos cambios conllevan secciones más grandes de ADN, probablemente sus efectos siguen debiéndose a cambios en sólo uno o unos pocos genes. Varios tipos de cambios en los cromosomas se pueden encontrar en las células de la AML:

  • Las translocaciones son el tipo más común de cambio del ADN que puede dar lugar a la leucemia. Una translocación significa que parte de un cromosoma se desprende y se une a un cromosoma diferente. El punto en el cual ocurre el desprendimiento puede afectar los genes adyacentes, por ejemplo, puede activar los oncogenes o desactivar los genes que ayudarían normalmente a una célula a madurar.
  • Las supresiones ocurren cuando parte de un cromosoma se ha perdido. Esto puede ocasionar que la célula pierde un gen que ayudaba a mantener su crecimiento en control (un gen supresor de tumores).
  • Las inversiones ocurren cuando parte de un cromosoma se invierte, por lo que ahora está en el orden invertido. Esto puede causar la pérdida de un gen (o genes) porque la célula ya n puede leer sus instrucciones (como si tratara de leer un libro al revés).
  • Una adición significa que existe una copia adicional de parte o todo un cromosoma. Esto puede causar demasiadas copias de ciertos genes dentro de la célula, lo que puede convertirse en un problema si uno o más de estos genes son oncogenes.

Los médicos están tratando de determinar la razón por la cual estos cambios ocurren y cómo cada uno de ellos pudiera conducir a leucemia. No todos los casos de AML tienen los mismos cambios cromosómicos. Algunos cambios son más comunes que otros, y algunos parecen tener más de un efecto en el pronóstico de una persona que otros. Por ejemplo, ellos pueden afectar cuán rápidamente las células leucémicas crecen o qué probabilidades existen de que respondan al tratamiento. Esto se discute en detalles en la sección “¿Cómo se clasifica la leucemia mieloide aguda?”

Algunas personas con ciertos tipos de cáncer han heredado las mutaciones en el ADN de uno de los padres. Estos cambios aumentan su riesgo para la enfermedad. Pero la AML raramente es causada por una de estas mutaciones hereditarias.

La mayoría de las mutaciones del ADN relacionadas con la AML ocurren durante la vida de la persona, no es que se hereden antes de su nacimiento. Estas mutaciones pueden resultar de la exposición a radiaciones o a productos químicos causantes de cáncer, pero en la mayoría de los casos, no se conocen las razones por las que ocurren.

¿Se puede prevenir la leucemia mieloide aguda?

Se desconoce qué causa la mayoría de los casos de leucemia mieloide aguda (AML). Debido a que la mayoría de los pacientes con leucemia no tienen factores de riesgo conocidos, en la actualidad no hay forma de prevenir el desarrollo de las leucemias.

El hábito de fumar es por mucho el factor de riesgo controlable más significativo para el desarrollo de AML. Además, dejar de fumar ofrece una mayor probabilidad de reducir el riesgo de que una persona padezca AML. Por supuesto, los no fumadores tienen además muchas menos probabilidades que los fumadores de padecer otros tipos de cáncer, así como enfermedades cardiacas, derrames cerebrales y algunas otras enfermedades.

El tratamiento de otros tipos de cáncer con quimioterapia y radiación puede causar leucemias secundarias (postratamiento) (vea "¿Cuáles son los factores de riesgo para la leucemia mieloide aguda?"). Los médicos están tratando de determinar cómo tratar estos cánceres sin aumentar el riesgo de una segunda leucemia. Sin embargo, por ahora los beneficios obvios de tratar con quimioterapia y radioterapia los tumores cancerosos que amenazan la vida tienen que balancearse contra la pequeña probabilidad de padecer leucemia varios años más tarde.

Evitar el uso de productos químicos que causan cáncer, tales como el benceno, puede disminuir el riesgo de padecer AML. No obstante, la mayoría de los expertos concuerda que la exposición a químicos en el lugar de trabajo y en el ambiente son responsables de sólo un pequeño número de los casos de leucemia.

¿Se puede detectar la leucemia mieloide aguda en sus etapas tempranas?

Para muchos tipos de cáncer el diagnóstico en las etapas más tempranas posibles hace que el tratamiento sea más eficaz. La Sociedad Americana del Cáncer recomienda pruebas de detección para el diagnóstico de ciertos tipos de cáncer en sus primeras etapas en personas que no presentan síntomas.

Pero hasta estos momentos no hay exámenes especiales que se recomienden para detectar la leucemia mieloide aguda (AML) en sus etapas tempranas. La mejor forma de detectar la leucemia en sus inicios es reportando cualquier signo o síntoma posible de leucemia (consulte la sección “¿Cómo se diagnostica la leucemia mieloide aguda?”) al médico de inmediato.

Se sabe que algunas personas están en riesgo aumentado de AML debido a ciertos trastornos sanguíneos (tal como síndrome mielodisplásico) o trastornos hereditarios (tal como síndrome de Down), o debido a que fueron tratadas con ciertos medicamentos de quimioterapia o radiación. La mayoría de los médicos recomienda que a estas personas se les hagan regularmente revisiones médicas minuciosas. Por lo general, estas personas no padecen leucemia, pero tanto ellas como sus médicos deben estar familiarizados con los posibles síntomas de la AML.

¿Cómo se diagnostica la leucemia mieloide aguda?

Ciertos signos y síntomas pudieran sugerir que una persona puede tener leucemia mieloide aguda (AML), aunque se necesitan realizar pruebas para confirmar el diagnóstico.

Signos y síntomas de la leucemia mieloide aguda

La leucemia mieloide aguda (AML) puede causar muchos signos y síntomas diferentes. Algunos ocurren más frecuentemente con ciertos subtipos.

Síntomas generales: los pacientes con AML con frecuencia presentan varios síntomas no específicos (generales). Éstos pueden incluir pérdida de peso, cansancio, fiebre, sudoraciones nocturnas, y pérdida del apetito. Por supuesto que estos síntomas no son específicos para la AML y son causados con más frecuencia por condiciones no relacionadas con leucemia.

Carencia de células sanguíneas: la mayoría de los signos y síntomas de la AML son el resultado de la carencia de células sanguíneas normales, lo que sucede cuando las células leucémicas desplazan las células productoras de sangre normales en la médula ósea. En consecuencia, las personas no tienen suficientes glóbulos rojos, glóbulos blancos ni plaquetas normales. Estas carencias se manifiestan en las pruebas de sangre, pero también pueden causar síntomas.

  • La anemia es la carencia de glóbulos rojos. Puede causar que una persona sienta cansancio, debilidad, mareos, frío, aturdimiento, y puede causar dolores de cabeza y dificultad respiratoria.
  • Una carencia de glóbulos blancos normales (leucopenia) aumenta el riesgo de sufrir infecciones. Un término común que puede escuchar es neutropenia, que se refiere específicamente a bajos niveles de neutrófilos (un tipo de granulocito). Los pacientes con AML pueden tener un recuento alto de glóbulos blancos debido al número excesivo de células leucémicas, pero estas células no protegen contra las infecciones de la manera en que lo hacen los glóbulos blancos normales. Las fiebres y las infecciones recurrentes son algunos de los síntomas más comunes de la AML.
  • Una carencia de plaquetas sanguíneas (trombocitopenia) puede producir exceso de hematomas, sangrado, sangrado nasal frecuente o grave y sangrado en las encías.

Dolor de huesos o de articulaciones: algunos pacientes presentan dolores en los huesos o en las articulaciones causados por la acumulación de las células leucémicas en estas áreas.

Inflamación en el abdomen: las células leucémicas se pueden acumular en el hígado y el bazo y causar que estos órganos aumenten de tamaño. Esto puede notarse como llenura o inflamación del estómago. Generalmente las costillas inferiores cubren estos órganos, pero cuando están agrandados es posible que el médico los sienta.

Propagación a la piel: si las células de la leucemia se propagan a la piel, pueden causar protuberancias o manchas que pueden parecer una erupción común. Una acumulación parecida a un tumor de células de la leucemia mieloide aguda debajo de la piel o en otras partes del cuerpo recibe el nombre de cloroma o sarcoma granulocítico.

Propagación a las encías: ciertos tipos de AML se pueden propagar a las encías, causando inflamación, dolor y sangrado.

Propagación a otros órganos: algunas veces, las células leucémicas se pueden propagar a otros órganos. La propagación al sistema nervioso central (cerebro y a la médula espinal) puede causar dolores de cabeza, debilidad, convulsiones, vómitos, problemas de equilibrio, adormecimiento facial o visión borrosa. En raras ocasiones, la AML se puede propagar a los ojos, los testículos, los riñones u otros órganos.

Inflamación de los ganglios linfáticos: en raras ocasiones, la AML se puede propagar a los ganglios linfáticos. Los ganglios afectados en el cuello, en la ingle, en el área de las axilas, o sobre la clavícula, se pueden sentir como protuberancias debajo de la piel

Aunque los síntomas y signos mencionados pueden ser causados por la AML, también pueden ser causados por otras condiciones. No obstante, si tiene cualquiera de estos problemas, es importante que consulte con su médico de inmediato para que se pueda determinar la causa y recibir tratamiento de ser necesario.

Historial médico y examen físico

Si los signos y los síntomas sugieren la posibilidad de leucemia, el médico querrá realizar un historial clínico exhaustivo, incluyendo cuánto tiempo se han experimentado los síntomas y si hay o no hay antecedentes de exposición a factores de riesgo.

Durante el examen físico, el médico probablemente prestará atención a los ojos, la boca, la piel, los ganglios linfáticos, el hígado y el bazo, y el sistema nervioso. Además, buscará áreas de sangrado o hematomas o posibles signos de infección.

Si existe alguna razón para creer que pudiera haber problemas causados por células sanguíneas anormales (como anemia, infecciones, sangrado o hematomas, etc.), el médico analizará sus cuentas sanguíneas. Si los resultados sugieren que la leucemia puede ser la causa, el médico puede referirle a un médico especialista en cáncer, quien puede realizar una o más de las pruebas que se describen a continuación.

Tipos de muestras que se usan en los exámenes de detección de leucemia mieloide aguda

Si los síntomas, signos y/o los resultados del examen físico sugieren que usted pudiera tener leucemia, el médico necesitará analizar muestras de células de sangre y médula ósea para estar seguro de este diagnóstico. También se pueden tomar muestras de otros tejidos y células para ayudar a planificar el tratamiento.

Muestras de sangre

Generalmente las muestras de sangre para las pruebas de detección de AML se toman de una vena del brazo.

Muestras de médula ósea

Las muestras de médula ósea se obtienen mediante dos pruebas que generalmente se hacen al mismo tiempo:

  • Aspiración de la médula ósea.
  • Biopsia.

Generalmente las muestras se toman de la parte posterior del hueso de la pelvis (cadera), aunque en algunos casos se pueden tomar del esternón o de otros huesos.

En el procedimiento de aspiración de médula ósea, usted se acuesta en una mesa (ya sea sobre su costado o su barriga). El médico limpiará la piel sobre la cadera y adormecerá el área y la superficie del hueso con un anestésico local. Esto puede causar una breve sensación de escozor o ardor. Luego se inserta una aguja delgada y hueca en el hueso, y se usa una jeringa para aspirar una pequeña cantidad de médula ósea líquida (aproximadamente una cucharada). Hasta con el uso de un anestésico, la mayoría de los pacientes experimentan un dolor breve cuando se extrae la médula ósea.

Generalmente se realiza una biopsia de médula ósea inmediatamente después de la aspiración. Se extrae un pequeño trozo de hueso y de médula (aproximadamente 1/16 de pulgada de diámetro y 1/2 pulgada de largo) con una aguja ligeramente más grande que se hace girar al empujarse en el hueso. La biopsia también puede causar algo de dolor brevemente. Una vez que se hace la biopsia, se aplica presión en el sitio para ayudar a prevenir el sangrado.

Estas pruebas de médula ósea se usan para ayudar a diagnosticar la leucemia. También se pueden repetir posteriormente para determinar si la leucemia está respondiendo al tratamiento.

Punción lumbar

Esta prueba se usa para buscar células leucémicas en el líquido cefalorraquídeo (cerebrospinal fluid, CSF), que es el líquido que rodea el cerebro y la médula espinal.

Para esta prueba, el paciente puede sentarse o acostarse de lado. El médico primero adormece un área en la parte baja de la espalda sobre la columna vertebral. Entonces se introduce una pequeña aguja hueca entre los huesos de la columna vertebral para extraer algo de líquido.

La punción lumbar no se usa frecuentemente para detectar la AML, a menos que el paciente tenga síntomas que podrían ser causados por la propagación de células leucémicas en el sistema nervioso central.

Algunas veces, una punción lumbar se usa para administrar medicamentos de quimioterapia en el CSF a fin de prevenir o tratar la propagación de la leucemia a la médula espinal y al cerebro.

Pruebas de laboratorio usadas para diagnosticar y clasificar la leucemia mieloide aguda

Se puede usar una o más de las siguientes pruebas de laboratorio en las muestras para diagnosticar AML y/o determinar el subtipo específico de AML.

Cuentas y examen de células sanguíneas (frotis de la sangre periférica)

A través de estas pruebas se analiza con un microscopio la apariencia de los diferentes tipos de células en la sangre, y cuántas de ellas están presentes. Los cambios en los números y en la apariencia de estas células a menudo ayudan a diagnosticar la leucemia.

La mayoría de los pacientes con AML tienen demasiados glóbulos blancos inmaduros en la sangre e insuficientes glóbulos rojos o plaquetas. Muchos de los glóbulos blancos pueden ser mieloblastos (blastos), los cuales son células inmaduras formadoras de sangre que no se encuentran normalmente en el torrente sanguíneo. Estas células inmaduras no funcionan como los glóbulos blancos maduros normales. Estos hallazgos pueden sugerir leucemia, pero usualmente la enfermedad no se diagnostica hasta que se analiza una muestra de células de la médula ósea.

Química sanguínea y pruebas de coagulación

Estas pruebas miden las cantidades de ciertos químicos y la capacidad de coagulación de la sangre. Estas pruebas no se usan para diagnosticar leucemia, pero pueden ayudar a detectar problemas en el hígado o los riñones, niveles anormales de ciertos minerales en la sangre, o problemas con la capacidad de coagulación de la sangre.

Exámenes microscópicos rutinarios

Un patólogo (un médico que se especializa en pruebas de laboratorio) observa las muestras de sangre, médula ósea o líquido cefalorraquídeo con un microscopio, y el hematólogo/oncólogo (un médico que se especializa en cáncer y enfermedades de la sangre) del paciente pueden revisarlas.

Los médicos observarán el tamaño, la forma y otras características de los glóbulos blancos en las muestras para clasificarlos en tipos específicos.

Un factor elemental es si las células lucen maduras (como las células sanguíneas normales) o inmaduras (carentes de las características de estas células normales). Las células más inmaduras se llaman mieloblastos (o “blastos” en su versión abreviada).

El porcentaje de células en la médula ósea o la sangre que son blastos es particularmente importante. Para un diagnóstico de la AML por lo general se requiere tener al menos un 20% de blastos en la médula o la sangre. También puede ser diagnosticada si los blastos contienen un cambio cromosómico que ocurre solamente en un tipo específico de AML, aun cuando el porcentaje no alcanza el 20%. Algunas veces los blastos se parecen a las células inmaduras normales en la médula ósea. Pero en circunstancias normales, los blastos nunca son más del 5% de las células de la médula ósea. Para considerar que un paciente está en remisión después del tratamiento, el porcentaje de blastos no debe ser superior al 5%.

Algunas veces simplemente el recuento y el examen de las células no proporcionan un diagnóstico definitivo. Se pueden usar pruebas adicionales para confirmar el diagnóstico de AML.

Citoquímica

Para las pruebas de citoquímica, las células se exponen a tinciones (colorantes) químicas que reaccionan solamente con algunos tipos de células leucémicas. Estas tinciones causan cambios de color que se pueden observar con un microscopio y que pueden ayudar al médico a determinar los tipos de células presentes. Por ejemplo, un colorante puede ayudar a distinguir las células de AML de la leucemia linfocítica aguda (ALL). El colorante hace que los gránulos de la mayoría de las células de la AML aparezcan como puntos negros en el microscopio, pero no hace que las células de la ALL cambien de color.

Citometría de flujo e inmunohistoquímica

La citometría de flujo se usa con frecuencia para analizar las células de las muestras de médula ósea y sangre. Es muy útil para determinar el tipo exacto de leucemia.

La prueba busca ciertas sustancias en la superficie de las células, lo cual ayuda a identificar el tipo a que pertenecen. Una muestra de células se trata con anticuerpos especiales (proteínas inmunitarias sintéticas) que se adhieren sólo a las células si estas sustancias están presentes en su superficie. Las células son luego pasadas por delante de un rayo láser. Si se han adherido anticuerpos a las células, el rayo láser causa que reflejen luz, y esto se puede medir y analizar por medio de una computadora. Los grupos de células se pueden separar y contar mediante estos métodos.

En las pruebas de inmunohistoquímica, las células de las muestras de la sangre o de la médula ósea son tratadas con anticuerpos especiales. Pero en lugar de usar un rayo láser y una computadora, la muestra se trata para que ciertos tipos de células cambien de color cuando se observan con un microscopio.

Estas pruebas se usan para determinar el inmunofenotipo de las células; esto es, la clasificación de las células leucémicas de acuerdo con las sustancias (antígenos) presentes en su superficie. Los tipos específicos de células leucémicas tienen diferentes antígenos, dependiendo de su célula de origen y cuán maduras son, y esta información puede ser útil en la clasificación de AML.

Citogenética

Para esta prueba, se observan los cromosomas (cadenas largas de ADN) de una célula con un microscopio. Las células humanas normales contienen 23 pares de cromosomas, cada una de las cuales tiene cierto tamaño y se tiñe de cierta manera. En algunos casos de AML, las células han sufrido cambios cromosómicos que se pueden observar con un microscopio.

Por ejemplo, es posible que dos cromosomas intercambien algo de su ADN, de manera que parte de un cromosoma se adhiere a parte de un cromosoma diferente. Este cambio, llamado translocación, se puede observar usualmente con un microscopio. También son posibles otros cambios en los cromosomas (vea información más adelante). El reconocimiento de estos cambios puede ayudar a identificar ciertos tipos de AML, y puede ser importante para determinar el pronóstico del paciente.

Esta prueba normalmente tardan de dos a tres semanas, esto se debe a que las células leucémicas deben crecer en cajas de Petri durante un par de semanas antes de que sus cromosomas se puedan observar con un microscopio.

Los resultados de las pruebas citogenéticas se escriben en una forma abreviada que describe cuáles cambios en los cromosomas están presentes:

  • Una translocación, escrita como t(8;21), por ejemplo, significa que una parte del cromosoma 8 está ubicada ahora en el cromosoma 21 y viceversa.
  • Una inversión, escrita como inv (16), por ejemplo, significa que parte del cromosoma 16 está volteada y se encuentra en orden inverso, pero se mantiene unida al cromosoma de origen.
  • Una supresión, escrita como del(7) o -7, por ejemplo, indica que se ha perdido parte del cromosoma 7.
  • Una adición, +8, por ejemplo, significa que todo o parte del cromosoma 8 se ha duplicado, y se encuentran demasiadas copias de él dentro de la célula.

No todos los cambios cromosómicos se pueden ver en un microscopio. A menudo, otras pruebas de laboratorio pueden detectar estos cambios.

Hibridización fluorescente in situ (fluorescent in situ hybridization, FISH)

Éste es un procedimiento similar a la prueba citogenética. Utiliza tintes fluorescentes especiales que sólo se adhieren a ciertas partes de cromosomas particulares. La prueba de FISH puede encontrar la mayoría de los cambios cromosómicos (como translocaciones) que son visibles bajo un microscopio en las pruebas citogenéticas convencionales, así como algunos cambios que son demasiado pequeños para verlos con la prueba citogenética usual.

La prueba de FISH se puede usar para detectar cambios específicos en los cromosomas. Se puede usar en muestras regulares de sangre y médula ósea. Es muy precisa y generalmente se obtienen los resultados en un par de días, razón por la cual esta prueba se usa ahora en muchos centros médicos.

Reacción en cadena de la polimerasa (Polymerase chain reaction, PCR)

Ésta es una prueba de ADN de alta sensibilidad que también puede encontrar algunos cambios cromosómicos tan pequeños que no se pueden ver bajo el microscopio, aunque la muestra tenga muy pocas células leucémicas.

Estas pruebas también se pueden usar después del tratamiento para encontrar pequeños números de células leucémicas que pueden no ser visibles con un microscopio.

Estudios por imágenes

Los estudios por imágenes utilizan rayos X, ondas sonoras, campos magnéticos o partículas radioactivas para obtener imágenes del interior del cuerpo. La leucemia por lo general no forma tumores visibles, por lo que los estudios por imágenes son de valor limitado. Hay varios estudios por imágenes que se pueden hacer en las personas con AML, pero ellos se hacen con más frecuencia para determinar si hay infecciones u otros problemas, en vez de diagnosticar leucemia de por sí. En algunos casos se pueden hacer los estudios por imágenes para ayudar a determinar el grado de la enfermedad, si se piensa que puede haberse propagado más allá de la médula ósea y la sangre.

Rayos X

Las radiografías del tórax pudieran hacerse si se sospecha que hay una infección pulmonar.

Tomografía computarizada

La tomografía computarizada (computed tomography, CT) es un tipo de radiografía que produce imágenes transversales detalladas de su cuerpo. Contrario a una radiografía regular, las CT pueden mostrar el detalle en tejidos blandos (tal como órganos internos).

Esta prueba puede ayudar a decir si cualquiera de sus ganglios linfáticos u órganos están agrandados. Generalmente no se necesita para diagnosticar la AML, pero puede hacerse si su médico sospecha que la leucemia se está desarrollando en un órgano, como su bazo.

En vez de tomar una fotografía, como lo hace la radiografía regular, la tomografía computarizada toma muchas fotografías al tiempo que rota a su alrededor. Luego una computadora combina estas fotografías en imágenes detalladas de la parte de su cuerpo bajo estudio.

Antes del estudio, puede que le pidan que toma una solución de contrate y/o reciba una inyección intravenosa (IV) de un tinte de contraste que ayuda a delinear mejor las áreas anormales en el cuerpo. Usted pudiera necesitar una línea intravenosa (IV) para inyectarle el material de contraste. La inyección del tinte de contraste puede causar una sensación de sonrojo o calor en el rostro o en otras áreas del cuerpo. Algunas personas presentan ronchas o raras veces reacciones alérgicas más graves como dificultad para respirar y presión arterial baja. Asegúrese de decirle al médico si alguna vez ha tenido una reacción a cualquier material de contraste utilizado para los rayos X.

Una CT toma más tiempo que las radiografías comunes. Necesita acostarse inmóvil sobre una camilla mientras se realiza el estudio. Durante el estudio, la camilla se mueve hacia adentro y hacia afuera del escáner, una máquina en forma de anillo que rodea completamente la camilla. Es posible que se sienta un poco confinado por el anillo bajo el cual permanece acostado durante la toma de imágenes.

Actualmente, la CT espiral (también conocida como CT helicoidal) está disponible en muchos centros médicos. Este tipo de CT usa una máquina más rápida. La parte del escáner de la máquina gira alrededor del cuerpo continuamente, permitiéndoles a los médicos obtener imágenes con mucha más rapidez que con la CT convencional. Esto reduce la probabilidad de tomar imágenes borrosas como resultado del movimiento del cuerpo. Además, reduce la dosis de radiación recibida durante el estudio. Las secciones que se presentan en las imágenes son más finas, lo que resulta en fotografías más detalladas.

En algunos casos se puede usar una CT para guiar con precisión una aguja de biopsia hacia la anormalidad sospechada, como un absceso. Para este procedimiento, llamado biopsia por aguja guiada por tomografía computarizada, usted permanece en la camilla de la CT, mientras un radiólogo mueve una aguja de biopsia a través de la piel y hacia la localización de la masa. Las tomografías computarizadas se repiten hasta que la aguja esté dentro de la masa. Entonces, se extrae una muestra y se observa con un microscopio.

Recientemente se han desarrollado nuevos dispositivos que combinan la CT con la CT (PET/CT scan). Para la tomografía por emisión de positrones (positron emission tomography, PET) se inyecta glucosa (una forma de azúcar), la cual contiene un átomo radioactivo, en la sangre. Debido a que las células cancerosas en el cuerpo crecen rápidamente, éstas absorben grandes cantidades de azúcar radiactivo. Entonces, una cámara especial puede crear una imagen de las áreas de radioactividad en el cuerpo. La PET/CT permite al médico comparar las áreas de mayor radioactividad en la PET con la apariencia más detallada de esa área en la CT.

Imágenes por resonancia magnética

Al igual que la CT, las imágenes por resonancia magnética (magnetic resonance imaging, MRI) proveen imágenes detalladas de los tejidos blandos del cuerpo. Sin embargo, el MRI utiliza ondas de radio e imanes potentes en lugar de rayos X. La energía de las ondas radiales es absorbida por el cuerpo y luego liberada en un patrón formado por el tipo de tejido del cuerpo y por ciertas enfermedades. Una computadora traduce el patrón en una imagen muy detallada de las partes del cuerpo. Un material de contraste, llamado gadolinio, a menudo se inyecta en una vena antes de realizar el estudio para mostrar mejor los detalles. El material de contraste usualmente no causa reacciones alérgicas.

Las imágenes por resonancia magnética son muy útiles para examinar el cerebro y la médula espinal, pero a menudo no se necesitan en personas con AML.

En comparación con la CT, el MRI toma más tiempo, a menudo hasta una hora. Puede que durante la realización del estudio, permanezca acostado dentro de tubo estrecho lo cual puede resultar incómodo y confinante para algunas personas. Las nuevas máquinas de MRI más abiertas pueden ser otra opción. La máquina de MRI produce un zumbido fuerte y martillante que puede resultar incómodo. En algunos lugares se ofrecen audífonos o tapones para los oídos con el fin de ayudar a bloquear este ruido.

Ecografía (ultrasonido)

La ecografía usa ondas sonoras y sus ecos para producir una imagen de los órganos internos o masas. Para esta prueba, se coloca sobre la piel un pequeño instrumento que parece un micrófono y que se llama transductor (que primero se lubrica con gel). Un transductor emite las ondas sonoras y detecta los ecos a medida que rebotan de los órganos. Una computadora convierte el eco en una imagen que aparece en la pantalla.

Se puede usar para observar los ganglios linfáticos cercanos a la superficie del cuerpo o para observar órganos inflamados dentro de su abdomen, como los riñones, el hígado y el bazo.

Esta prueba es fácil y en ella no se utiliza radiación. Simplemente el paciente se acuesta sobre una mesa, y el técnico pasa el transductor sobre la parte del cuerpo que se está examinando.

Gammagrafía con galio y gammagrafía ósea

Estos estudios no se utilizan con frecuencia para AML, pero pueden ser útiles si el paciente tiene dolor de huesos que pudiera deberse ya sea a una infección o a cáncer que involucre los huesos.

Durante estos procedimientos, el radiólogo inyecta una sustancia química ligeramente radioactiva en el torrente sanguíneo que se deposita en áreas del cáncer o de infección en el cuerpo. Luego se observan estas áreas con un tipo especial de cámara. Las imágenes de estos estudios se ven como “puntos radioactivos” en el cuerpo, pero no proveen muchos detalles. Si un área se ilumina en el estudio, se pueden hacer otros estudios por imágenes, tal como radiografías, CT o MRI para obtener una imagen más detallada del área. Si existe la posibilidad de que haya leucemia, es posible que sea necesario confirmarlo mediante una biopsia del área.

¿Cómo se clasifica la leucemia mieloide aguda?

A la mayoría de los tipos de cánceres se les asignan etapas (estadios) con números para describir la extensión en el cuerpo, según el tamaño del tumor y cuánto se ha propagado el cáncer.

Por otro lado, la leucemia mieloide aguda (AML) generalmente no forma masas tumorales. Generalmente afecta toda la médula ósea del cuerpo, y en algunos casos, ya se ha propagado a otros órganos como el hígado y el bazo. Por lo tanto, el pronóstico de un paciente con AML depende de otra información, como el subtipo de AML (determinado por pruebas de laboratorio), la edad del paciente y otros resultados de pruebas de laboratorio.

Se han estado usando dos sistemas para clasificar la AML en subtipos: la clasificación francesa-americana-británica (FAB) y la clasificación más reciente de la Organización Mundial de la Salud.

Clasificación Francesa-Americana-Británica (FAB) de la leucemia mieloide aguda (AML)

En los años ’70 un grupo de expertos franceses, estadounidenses y británicos decidió dividir las leucemias mieloides agudas en subtipos, del M0 al M7, según en el tipo de célula del cual la leucemia se ha desarrollado y cuán maduras son las células. Esto se basó principalmente en la apariencia de las células leucémicas bajo el microscopio después de una tinción de rutina.

Clasificación Francesa-Americana-Británica (FAB) de la leucemia mieloide aguda (AML)

    Subtipo de FAB

    Nombre

    % de pacientes adultos con AML

    Pronóstico comparado con el promedio para AML

    M0

    Leucemia mieloblástica aguda indiferenciada

    5%

    Peor

    M1

    Leucemia mieloblástica aguda con maduración mínima

    15%

    Promedio

    M2

    Leucemia mieloblástica aguda con maduración

    25%

    Mejor

    M3

    Leucemia promielocítica aguda

    10%

    Superior

    M4

    Leucemia mielomonocítica aguda

    20%

    Promedio

    M4 eos

    Leucemia mielomonocítica aguda con eosinofilia

    5%

    Mejor

    M5

    Leucemia monocítica aguda

    10%

    Promedio

    M6

    Leucemia eritroide aguda

    5%

    Peor

    M7

    Leucemia megacarioblástica aguda

    5%

    Peor

Los subtipos M0 al M5 comienzan todos en los precursores de los glóbulos blancos. La AML M6 comienza en formas muy tempranas de glóbulos rojos, mientras que la AML M7 se inicia en formas tempranas de células que producen plaquetas.

Algunos subtipos de AML, definidos en el sistema FAB se asocian con ciertos síntomas. Por ejemplo, los problemas de sangrado o de coagulación de la sangre se presentan con frecuencia en los pacientes con el subtipo M3 de AML, conocido también como leucemia promielocítica aguda (APL).

La identificación de la APL es muy importante por dos razones. Primero, se pueden prevenir a menudo ciertas complicaciones de APL mediante un tratamiento adecuado. Segundo, la APL se trata de manera diferente a la mayoría de las otras formas de AML, pues usualmente responde a retinoides (medicamentos relacionados con la vitamina A).

Factores pronósticos

El tratamiento de la leucemia ha mejorado con el pasar de los años, por lo que las investigaciones se han concentrado en determinar por qué algunos pacientes tienen una mejor probabilidad de curación que otros. Ciertamente, el subtipo de AML desempeña una función en esto. Otras diferencias entre pacientes que afectan la respuesta al tratamiento se llaman factores pronósticos. Estos factores ayudan a los médicos a decidir si las personas con cierto tipo de leucemia deben recibir más o menos tratamiento.

Estos factores pronósticos incluyen los resultados de pruebas citogenéticas (mostrando cambios en los cromosomas o los genes), la edad del paciente, y el recuento de glóbulos blancos. Otros factores importantes incluyen trastornos sanguíneos previos (tal como síndrome mielodisplásico) y un historial de tratamiento con quimioterapia y/o radioterapia para un cáncer anterior.

Anomalías de los cromosomas

Los cambios en los cromosomas ofrecen una clave para el pronóstico. No todos los pacientes tienen estas anomalías. Las que se presentan a continuación son las más frecuentes, pero hay muchas otras. Los pacientes sin ninguna de estas anomalías usualmente tienen un pronóstico de entre favorable y no favorable.

Anomalías favorables:

  • Translocación entre los cromosomas 8 y 21 (visto con más frecuencia en pacientes con M2).
  • Inversión de cromosoma 16 (visto en con más frecuencia en pacientes con M4 eos).
  • Translocación entre los cromosomas 15 y 17 (visto con más frecuencia en pacientes con M3).

Anomalías desfavorables:

  • Eliminación (pérdida) de parte de cromosoma 5 ó 7 (no tipo específico de AML).
  • Cambios complejos que afectan varios cromosomas (ningún tipo específico de AML).

Mutaciones genéticas

Las pruebas más recientes les permiten a los médicos encontrar cambios dentro de los genes específicos en cromosomas. Las personas que presentan ciertas mutaciones genéticas puede que tengan un mejor o peor pronóstico.

Por ejemplo, aproximadamente un paciente de cada tres con AML tienen una mutación en el gen FLT3. Estas personas tienden a tener un peor pronóstico, pero los medicamentos nuevos que atacan a este gen anormal están bajo estudio actualmente, lo que puede conducir a mejores resultados.

Por otro lado, las personas con cambios en el gen NPM1 (y no otras anomalías) parecen tener un mejor pronóstico que las personas sin este cambio.

Edad

Por lo general a los pacientes mayores de 60 años no les va tan bien como a los pacientes más jóvenes. Esto puede deberse en parte a que son más propensos a tener anomalías cromosómicas desfavorables. Además, es más difícil tratar a estos pacientes con regimenes de quimioterapia más intensos.

Recuento de glóbulos blancos

Un recuento alto de glóbulos blancos (>100,000) al momento del diagnóstico está asociado a un peor pronóstico.

Trastornos sanguíneos o cánceres previos

Tener un trastorno sanguíneo previo, tal como síndrome mielodisplásico, o tener AML que se originó después del tratamiento para otro cáncer tiende a conducir a un peor pronóstico, ya que estos tipos de AML con frecuencia son más difíciles de tratar.

Clasificación de la AML de la Organización Mundial de la Salud (WHO)

El sistema de clasificación FAB es útil y se sigue usándose comúnmente para agrupar la AML en subtipos. Sin embargo, este sistema no toma en consideración muchos de los factores de pronóstico mencionados anteriormente. La Organización Mundial de la Salud (WHO) ha propuesto un sistema más nuevo que incluye algunos de estos factores para tratar de ayudar a clasificar mejor los casos de AML basándose en el pronóstico del paciente. No todos los médicos usan este nuevo sistema.

El sistema de clasificación WHO divide la AML en varios grupos amplios:

AML con ciertas anomalías genéticas

  • AML con una translocación entre el cromosomas 8 y 21.
  • AML con una translocación o inversión en el cromosoma 16.
  • AML con cambios en el cromosoma 11.
  • APL (M3), que usualmente tiene translocación entre los cromosomas 15 y 17.

AML con displasia multinaje (está involucrado mád de un tipo de célula mieloide anormal)

AML relacionado con quimioterapia o radiación previa

AML no especificada de otra manera (incluye casos de AML que no corresponde a uno de los grupos anteriores; similar a la clasificación FAB)

  • AML indiferenciada (M0).
  • AML con maduración mínima (M1).
  • AML con maduración (M2).
  • Leucemia mielomonocítica aguda (M4).
  • Leucemia monocítica aguda (M5).
  • Leucemia eritroide aguda (M6).
  • Leucemia megacarioblástica aguda (M7).
  • Leucemia basófila aguda.
  • Panmielosis con fribrosis aguda.
  • Sarcoma mieloide (también conocido como cloroma o sarcoma granulocítico).

Leucemias agudas indiferenciadas o bifenotípicas (leucemias que tienen características linfocíticas y mieloides. Algunas veces llamada ALL con marcadores mieloides, AML con marcadores linfoides o leucemias de linaje mixto.

En los próximos años, los médicos usarán nuevas pruebas de laboratorio para aprender más sobre los defectos genéticos subyacentes que causan la AML, y cómo estas pruebas se pueden usar para predecir el pronóstico de un paciente. Estos defectos genéticos pudieran formar también la base para tratar las leucemias.

Estado de la leucemia mieloide aguda después del tratamiento

No es de sorprender que la respuesta de la leucemia al tratamiento también tenga un efecto en el pronóstico a largo plazo.

Una remisión (remisión completa) generalmente se define como ausencia de evidencia de la enfermedad después del tratamiento. Esto significa que la médula ósea tiene menos de un 5% de células blásticas, las cuentas de células sanguíneas están dentro del intervalo normal, y no hay otros signos o síntomas de la enfermedad. Una remisión molecular completa significa que no hay evidencia de células leucémicas en la médula ósea aun cuando se usan pruebas muy sensibles como la prueba de la reacción en cadena de la polimerasa.

Enfermedad residual mínima es un término que se usa después del tratamiento cuando no se pueden encontrar células leucémicas en la médula ósea con pruebas convencionales (como la observación de las células con un microscopio, pero pruebas más sensibles (como citometría de flujo o reacción en cadena de la polimerasa) detectan evidencia de células leucémicas en la médula ósea.

Enfermedad activa significa que, o hay evidencia de que la leucemia aún está presente durante el tratamiento, o que la enfermedad ha regresado (recaída) después del tratamiento. Para que un paciente esté en recurrencia debe tener más del 5% de células blásticas presentes en la médula ósea.

¿Cómo se trata la leucemia mieloide aguda?

Esta información representa las opiniones de los médicos y enfermeras de la Junta Editorial del Banco de Datos de Información de la Sociedad Americana del Cáncer. Estas opiniones están basadas en la interpretación que ellos tienen de los estudios que se publican en las revistas médicas, así como en su propia experiencia profesional.
La información sobre el tratamiento que aparece en este documento no representa la política oficial de la Sociedad ni pretende ser un consejo médico que sustituya la experiencia y el juicio del equipo de profesionales que atiende su cáncer. El objetivo es ayudarle, a usted y a su familia, a tomar decisiones basadas en la información, en conjunto con su médico.
Puede que su médico tenga razones para sugerir un plan de tratamiento distinto a las opciones de tratamiento general. No dude en plantear sus preguntas y dudas sobre sus opciones de tratamiento.

Información general sobre el tratamiento

Esta sección comienza con comentarios generales sobre los tipos de tratamiento que se usan para la leucemia mieloide aguda (AML). Posteriormente encontrará un análisis de la estrategia típica de tratamiento para la AML. El tratamiento de la leucemia promielocítica aguda (APL) es diferente al de otros subtipos, y se discute por separado.

Cómo se indicó anteriormente, la AML en los adultos no es una enfermedad simple. Realmente es un grupo de enfermedades relacionadas, y los pacientes con diferentes subtipos de AML tienen diferentes pronósticos y respuestas al tratamiento. Las opciones de tratamiento de cada paciente se basan en el subtipo de leucemia y las pruebas de laboratorio, así como en ciertas características del pronóstico (que se describen en la sección “¿Cómo se clasifica la leucemia mieloide aguda?”).

Se pueden usar varios tipos de tratamiento para las personas con AML. La quimioterapia es el tratamiento principal para la AML. En circunstancias especiales se puede usar cirugía y radioterapia.

En la mayoría de los casos, la AML puede progresar rápidamente, por lo que es importante comenzar el tratamiento tan pronto como sea posible después de hacer el diagnóstico.

Quimioterapia

La quimioterapia es el uso de medicamentos contra el cáncer que se inyectan en una vena, debajo de la piel, o en el líquido cefalorraquídeo, o que se toman por vía oral para destruir o controlar las células del cáncer. Excepto cuando se administran en el líquido cefalorraquídeo, estos medicamentos entran en el torrente sanguíneo y llegan a todas las áreas del cuerpo, lo que hace que este tratamiento sea útil para cánceres tales como la leucemia, que se propaga por todo el cuerpo.

Los doctores administran la quimioterapia en ciclos, con cada período de tratamiento seguido de un período de descanso para permitir que su cuerpo se recupere. A menudo, la quimioterapia se recomienda en pacientes que están en mal estado de salud, aunque la edad avanzada en sí no es una barrera para recibir quimioterapia.

Por lo general, la quimioterapia para la AML conlleva una combinación de dos o tres medicamentos contra el cáncer. Los medicamentos que se usan más comúnmente incluyen:

  • Citarabina, también conocida como arabinósido de citosina o ara-C.
  • Medicamentos de la clase de antraciclina, tal como daunorubicina (también conocida como daunomicina) idarubicina, o mitoxantrona.
  • 6-tioguanina, también conocida como 6-TG.
  • Hidroxiurea.
  • Prednisona.

El régimen más común es una combinación de dos medicamentos de quimioterapia, la citarabina (ara-C) y un medicamento de la familia de las antraciclinas tal como la daunorrubicina o la idarrubicina (daunomycin, idamycin). En ciertas situaciones, también se pueden usar otros medicamentos.

Posibles efectos secundarios

Los medicamentos de quimioterapia funcionan al atacar las células que se están dividiendo rápidamente, razón por la cual funcionan contra las células cancerosas. Sin embargo, otras células en el cuerpo, tales como aquellas en la médula ósea, el revestimiento de la boca y los intestinos, así como los folículos pilosos, también se dividen rápidamente. También estas células son probablemente afectadas por la quimioterapia, lo que puede ocasionar efectos secundarios.

Los efectos secundarios de la quimioterapia dependen del tipo y dosis de los medicamentos administrados, así como el tiempo que se administran. Estos efectos secundarios pudieran incluir:

  • Caída de pelo.
  • Llagas en la boca.
  • Pérdida de apetito.
  • Náusea y vómito.
  • Aumento del riesgo de infecciones (debido a los bajos niveles de glóbulos blancos).
  • Facilidad para que se formen moretones o surjan sangrados (debido al bajo nivel de plaquetas).
  • Cansancio (debido al bajo nivel de glóbulos rojos).

Estos efectos secundarios son usualmente temporales y desaparecen después de finalizar el tratamiento. Muchas veces hay métodos para aminorar los efectos secundarios. Por ejemplo, existen medicamentos que se pueden administrar para ayudar a prevenir o reducir las náuseas y los vómitos. Asegúrese de preguntarle a su médico o enfermera sobre los medicamentos que ayudan a reducir los efectos secundarios. También avíseles cuando usted experimente los efectos secundarios para que puedan ser tratados eficazmente.

Algunas veces se administran medicamentos conocidos como factores de crecimiento, tal como G-CSF (filgrastim, Neupogen), y GM-CSF (sargramostim, Leukine) a fin de aumentar la cuenta de glóbulos blancos durante la quimioterapia y así reducir las probabilidades de infección. Sin embargo, no está claro si éstos tienen un efecto en el éxito del tratamiento.

Si su cuenta de glóbulos blancos es muy baja durante el tratamiento, usted puede ayudar a reducir su riesgo de infecciones evitando cuidadosamente la exposición a gérmenes. Durante este tiempo, su médico puede recomendarle que:

  • Se lave frecuentemente las manos.
  • Evite las frutas y los vegetales frescos y crudos, así como otros alimentos, pues pueden portar gérmenes.
  • Evite flores frescas y plantas porque pueden portar moho.
  • Asegurarse que las personas se laven las manos cuando hacen contacto con usted.
  • Evitar las multitudes y las personas que estén enfermas (el uso de una mascarilla quirúrgica a menudo protege en estas situaciones).

Si se observan signos de una infección, o al primer signo de que se está desarrollando una infección, se pueden administrar antibióticos. También se pueden administrar medicamentos que ayudan a prevenir infecciones virales y fúngicas.

Muchos de los efectos secundarios de la quimioterapia son causados por las cuentas bajas de glóbulos blancos. Las decisiones sobre cuándo un paciente puede salir del hospital a menudo son influenciadas por sus recuentos sanguíneos. Algunas personas encuentran de utilidad hacer el seguimiento de estas cuentas. Si le interesa esto, pregunte a su médico o enfermera cuál es su cuenta de células sanguíneas y qué significan estos números.

Si el número de plaquetas es bajo, se le pueden administrar medicamentos o transfusiones de plaquetas para ayudar a evitar el sangrado. De igual forma, la dificultad para respirar y el cansancio extremo causados por los bajos niveles de glóbulos rojos pueden ser tratados con medicamentos o con transfusiones de glóbulos rojos.

El síndrome de lisis tumoral es otro efecto secundario posible de la quimioterapia. Este síndrome se puede observar en pacientes que tienen un gran número de células leucémicas en el cuerpo antes del tratamiento. Cuando la quimioterapia destruye estas células, éstas se abren y liberan sus contenidos al torrente sanguíneo. Esto puede afectar a los riñones, los cuales no pueden eliminar todas estas sustancias al mismo tiempo. Las cantidades excesivas de ciertos minerales también pueden afectar el corazón y el sistema nervioso. Esta afección se puede evitar administrando líquidos adicionales durante el tratamiento y ciertos medicamentos, tales como bicarbonato, alopurinol y rasburicasa, que ayudan al cuerpo a eliminar estas sustancias.

Algunos efectos secundarios posibles se deben a ciertos medicamentos. Por ejemplo, la citarabina (ara-C) puede causar ciertos problemas, especialmente cuando se usa en altas dosis. Estos problemas pueden incluir resequedad en los ojos y efectos en ciertas partes del cerebro, lo que puede provocar problemas de coordinación y equilibrio. Si estos efectos secundarios aparecen, es posible que sea necesario reducir o suspender la dosis del medicamento.

Otros órganos que pudieran resultar directamente dañados por ciertos medicamentos de quimioterapia incluyen los riñones, el hígado, los testículos, los ovarios, el corazón y los pulmones. Los médicos y las enfermeras supervisan minuciosamente el tratamiento para reducir el riesgo de estos efectos secundarios tanto como sea posible.

Si ocurren efectos secundarios graves, es posible que sea necesario reducir o suspender la quimioterapia, al menos durante un periodo breve. La supervisión y ajuste cuidadosos de las dosis de medicamentos es importante porque algunos efectos secundarios que afectan a los órganos pueden ser permanentes.

Anticuerpos monoclonales

Los anticuerpos monoclonales son versiones sintéticas de las proteínas del sistema inmunitario (anticuerpos) que están diseñados para atacar objetivos específicos, tal como sustancias que se encuentran en la superficie de las células leucémicas. Algunos anticuerpos monoclonales funcionan al reforzar la respuesta del sistema inmunitario contra las células leucémicas. Otros anticuerpos monoclonales contienen químicos radioactivos o venenos celulares unidos a ellos. Cuando son inyectados en el paciente, los anticuerpos actúan como un dispositivo de búsqueda que lleva la radioactividad o el veneno directamente a las células leucémicas, lo que destruye las células.

La ozogamicina gemtuzumab (Mylotarg) es un anticuerpo monoclonal con un veneno celular adherido que en ocasiones se utiliza para tratar la AML. Este anticuerpo se une a una molécula en las células de la AML, llamada CD33, y se usa principalmente en adultos de edad avanzada con AML que han tenido una recurrencia después del tratamiento inicial de quimioterapia y que pudiesen no tolerar los efectos secundarios de otra quimioterapia.

Los efectos secundarios más comunes son fiebre, escalofríos, baja presión arterial, y sarpullidos durante la inyección. También puede causar bajos niveles de glóbulos blancos y plaquetas, ya que, al igual que la quimioterapia, puede destruir las células normales productoras de sangre. También podría afectar el hígado.

Todavía se está estudiando este medicamento para determinar cómo se puede usar mejor. Actualmente, los médicos lo están probando junto con quimioterapia como tratamiento inicial en pacientes con leucemia. También lo están probando en pacientes más jóvenes.

Cirugía

La cirugía tiene una función muy limitada en el tratamiento de AML. Como las células leucémicas se propagan ampliamente por toda la médula ósea y a muchos otros órganos, no es posible curar este tipo de cáncer con cirugía. La cirugía raramente desempeña un papel, ni siquiera en el diagnóstico, ya que la aspiración y biopsia de médula ósea pueden usualmente diagnosticar esta enfermedad. En raras ocasiones, un tumor aislado de células leucémicas (conocido como cloroma o sarcoma granulocítico) puede ser tratado con cirugía.

Con frecuencia, antes de que comience la quimioterapia se necesita una cirugía para introducir un pequeño tubo de plástico, llamado catéter venoso central o dispositivo de acceso venoso (venous access device, VAD) en una vena grande. El extremo del tubo se encuentra inmediatamente debajo de la piel o sale ligeramente del área del pecho o de la sección superior del brazo. El VAD se deja en el área durante el tratamiento para administrar medicamentos intravenosos (IV), como los medicamentos de la quimioterapia, y tomar muestras de sangre. Esto reduce el número de pinchazos de aguja necesarios durante el tratamiento. Es muy importante que el paciente aprenda cómo cuidar el VAD para evitar que se infecte.

Radioterapia

La radioterapia usa radiación de alta energía para destruir las células cancerosas. Generalmente la radioterapia no forma parte del tratamiento principal de personas con AML, pero se usa en ciertas situaciones.

El tipo de radiación que se usa con más frecuencia en la AML es la radioterapia externa, en la que una máquina administra un rayo de radiación a una parte específica del cuerpo. Antes de iniciar el tratamiento, el equipo de radiación cuidadosamente tomará medidas para determinar los ángulos correctos para emitir los haces de radiación, y las dosis adecuadas de radiación. La radioterapia es muy similar a la radiografía, pero la radiación es más intensa. El procedimiento en sí no causa dolor. Cada tratamiento dura sólo unos minutos, aunque el tiempo de preparación (colocarle en el lugar correcto para el tratamiento) usualmente toma más.

En pocos casos se puede usar la radioterapia para ayudar a tratar la leucemia:

  • Algunas veces se usa radiación para tratar una leucemia que se ha propagado al cerebro y al líquido espinal o a los testículos.
  • Con frecuencia la radiación en todo el cuerpo es parte importante del tratamiento antes de un trasplante de médula ósea o de células madre de sangre periférica (consulte la sección “Trasplante de células madre de médula ósea o de sangre periférica”.
  • Se usa radiación (raramente) para ayudar a reducir el tamaño de un tumor si éste está presionando la tráquea y causando problemas en la respiración. Pero con frecuencia en lugar de ella se usa quimioterapia ya que puede actuar más rápidamente.
  • También se puede usar radiación para ayudar a reducir el dolor en un área del cuerpo invadida por leucemia cuando la quimioterapia no ha ayudado.

Los posibles efectos secundarios de la radioterapia dependen del lugar donde se aplique la radiación. Es posible que se ocasionen cambios similares a los de una quemadura por el sol en el área tratada. Algunas veces, la radiación al abdomen puede causar náuseas, vómitos o diarrea. Cuando la radiación incluye grandes partes del cuerpo, los efectos pueden incluir cansancio y un mayor riesgo de infección.

Trasplante de médula ósea o de células madre de sangre periférica

Las dosis usuales de medicamentos quimioterapéuticos pueden causa efectos secundarios graves en tejidos de división rápida como la médula ósea. Aunque es posible que una dosis mayor de estos medicamentos sea más eficaz, no se administra debido a que podrían causar daño grave a la médula ósea, lugar donde se producen las nuevas células sanguíneas. Esto podría causar infecciones potencialmente fatales, sangrado, y otros problemas debido a las cuentas bajas de células sanguíneas.

Un trasplante de células madre (stem cell transplant, SCT) permite que los médicos usen dosis más altas de quimioterapia, y algunas veces radioterapia. Cuando termina el tratamiento, el paciente recibe un trasplante de células madre productoras de sangre para restablecer la médula ósea.

Las células madre productoras de sangre que se usan para un trasplante se obtienen ya sea de la sangre (un trasplante de células madre de sangre periférica) o de la médula ósea (para un trasplante de médula ósea). En el pasado eran más comunes los trasplantes de médula ósea, pero recientemente han sido sustituidos por el trasplante de células madre de sangre periférica.

Tipos de trasplantes

Hay dos tipos principales de trasplantes de células madre: el alotrasplante y el autotrasplante. Ellos se diferencian en la fuente de células madre productoras de sangre.

Alotrasplante de células madre (trasplante alogénico): en un alotrasplante, las células madre provienen de otra persona, generalmente un donador cuyo tipo de tejido es casi idéntico al del paciente. El tipo de tejido se basa en ciertas sustancias en la superficie de las células del cuerpo. Estas sustancias pueden causar que el sistema inmunitario reaccione contra las células. Por lo tanto, cuanto más compatibles sean los tejidos del donante y del receptor, mejor es la probabilidad de que las células trasplantadas sean aceptadas y comiencen a producir nuevas células sanguíneas.

El donante puede ser un hermano o una hermana si son compatibles. Con menos frecuencia, se puede encontrar un donante no relacionado compatible. Las células madre de un donante no relacionado provienen de voluntarios cuyo tipo de tejido se ha almacenado en un registro central y comparado con el del paciente. Algunas veces se usan células madre del cordón umbilical. Estas células madre provienen de la sangre del cordón umbilical y de la placenta después del nacimiento de un bebé y después de que se corta el cordón umbilical.

Un alotrasplante de células madre pudiera ser más eficaz que el autotrasplante debido al efecto de “injerto contra leucemia”. Cuando las células inmunitarias del donante se administran en el organismo por infusión, puede que ellas reconozcan cualquier célula leucémica remanente como extrañas y procesan a atacarlas. Este efecto no ocurre con el autotrasplante de células madre.

Aunque un trasplante alogénico es a menudo el tipo de trasplante preferido para la AML, cuando es posible hacerlo, su uso está limitado por la necesidad de un donante compatible. También está limitado por sus efectos secundarios, que son demasiado graves para las personas entre más de 55 y 60 años de edad.

Autotrasplante de células madre (trasplante autólogo): en un autotrasplante, las propias células madre del paciente se extraen de su médula ósea o de su sangre periférica. Las células se congelan y se almacenan mientras la persona recibe tratamiento (quimioterapia y/o radiación en altas dosis). Se puede usar un procedimiento llamado “purga” para tratar de extirpar cualquier célula leucémica de las muestras. Entonces las células madre se vuelven a infundir en la sangre del paciente después del tratamiento.

Los autotrasplantes algunas veces se usan para personas cuya AML se encuentra en remisión después del tratamiento inicial. Algunos médicos consideran que es mejor que la quimioterapia de “consolidación” convencional (remítase a “Tratamiento típico de la leucemia mieloide aguda”) para estas personas, pero no todos los médicos están de acuerdo con esto.

Por lo general, los autotrasplantes son más fáciles de tolerar que los trasplantes alogénicos, aunque las altas dosis de quimioterapia aún pueden causar graves efectos secundarios. El paciente recibe nuevamente sus células, por lo que el riesgo de algunas complicaciones es menor. Este tipo de trasplante se puede hacer en personas que de otra manera sean sanas, aunque puede no ser recomendable para pacientes de mayor edad.

Un problema con los autotrasplantes es que es difícil separar las células madre normales de las células leucémicas en las muestras de médula ósea o de sangre. Aun después de la purga (tratamiento de las células madre en el laboratorio para tratar de destruir o eliminar todas las células leucémicas remanentes), existe el riesgo de regresar algunas células leucémicas con el trasplante de células madre.

El procedimiento del trasplante

Las células madre productoras de sangre se recolectan de la médula ósea o de la sangre periférica, se congelan y se almacenan. El paciente recibe altas dosis de quimioterapia, y algunas veces también tratamiento con radiación en todo el cuerpo. (Se utilizan protectores contra la radiación para evitar el daño a los pulmones, el corazón y los riñones durante la radioterapia).

Estos tratamientos tienen como objetivo destruir todas las células cancerosas en el cuerpo. También destruyen células normales de la médula ósea y del sistema inmunitario. Después de estos tratamientos, las células madre congeladas se descongelan y se administran como una transfusión sanguínea. Las células madre se establecen en la médula ósea del paciente en los siguientes días y comienzan a crecer y a producir nuevas células sanguíneas.

En un alotrasplante de células madre, a la persona que recibe el trasplante se le pueden administrar medicamentos para mantener el nuevo sistema inmunitario bajo control. En las semanas subsiguientes el paciente se someterá a pruebas sanguíneas regulares y a terapias de apoyo según sea necesario, lo que puede incluir antibióticos, transfusiones de glóbulos rojos o plaquetas, otras medicinas y ayuda en la nutrición.

Usualmente en un lapso de dos semanas después de la infusión de las células madre, éstas comienzan a producir nuevos glóbulos blancos. En seguida comienza la producción de plaquetas nuevas, y varias semanas después comienza la producción de glóbulos rojos.

Por lo general, los pacientes se mantienen aislados en el hospital para su protección (para protegerlos contra la exposición a los gérmenes) hasta que el recuento de glóbulos blancos se eleve y esté por encima de 500. Generalmente pueden abandonar el hospital cuando sus recuentos de glóbulos blancos se aproximen a 1,000. Luego al paciente se le examina casi diariamente por varias semanas en la clínica para pacientes ambulatorios. Como la cuenta de plaquetas tarda más tiempo para llegar hasta un nivel seguro, los pacientes pueden recibir transfusiones de plaquetas en un entorno ambulatorio.

Puntos prácticos

El trasplante de células madre de la sangre periférica o de la médula ósea es un tratamiento complejo. Si los médicos piensan que un paciente se puede beneficiar de un trasplante, éste debe hacerse en un hospital en el que el personal tenga experiencia en el procedimiento y en el tratamiento de la fase de recuperación. Algunos programas de trasplante de médula ósea pudieran no tener experiencia en ciertos tipos de trasplantes, en especial los trasplantes de donantes no relacionados.

El trasplante de células madre es muy caro (más de $100,000) y con frecuencia requiere una estadía hospitalaria prolongada. Como algunas compañías de seguros lo pueden considerar un tratamiento experimental, es posible que no paguen este procedimiento. Es importante que se entere si su asegurador cubre transplantes antes de decidirse a este procedimiento, y tener una idea de lo que tendrá que pagar.

Posibles efectos secundarios

Los efectos secundarios de un trasplante de células madre generalmente se dividen en efectos tempranos y efectos a largo plazo.

Las complicaciones y los efectos secundarios tempranos son básicamente los mismos causados por cualquier otro tipo de quimioterapia de alta dosis (consulte la sección “Quimioterapia” de este documento), y se deben al daño que se causa a la médula ósea y otros tejidos de división rápida del cuerpo. Pueden incluir cuentas bajas de células sanguíneas (con cansancio y un aumento del riesgo de infección y de sangrado), náuseas, vómitos, pérdida de apetito, llagas en la boca y pérdida del pelo.

Uno de los efectos secundarios a corto plazo más comunes y graves es el aumento del riesgo de infecciones con bacterias, virus u hongos. Frecuentemente se administran antibióticos para evitar que esto suceda. Otros efectos secundarios, como cuentas bajas de glóbulos rojos y plaquetas, pueden requerir la transfusión de productos sanguíneos u otros tratamientos.

Algunas complicaciones y efectos secundarios pueden persistir por largo tiempo, o pueden no ocurrir sino hasta meses o años después del trasplante. Éstos incluyen:

  • Enfermedad injerto contra huésped (Graft-versus-host disease, GVHD), que ocurre sólo en los alotrasplantes (de un donante). Esto sucede cuando las células del sistema inmunitario del donante atacan los tejidos de la piel, hígado y tracto digestivo del paciente. Los síntomas pueden incluir debilidad, cansancio, resequedad de la boca, erupciones dérmicas, náuseas, diarrea, amarillamiento de la piel y los ojos (ictericia) y dolores musculares. En casos graves, la enfermedad de injerto contra huésped puede poner en riesgo la vida. Frecuentemente la GVHD se describe como aguda o crónica, dependiendo de qué tan pronto comience después del trasplante. Con frecuencia se administran medicamentos que debilitan el sistema inmunitario para mantener el control de la GVHD.
  • Daño provocado a los pulmones, que ocasiona dificultad para respirar.
  • Daño a los ovarios que puede causar infertilidad y pérdida de los periodos menstruales.
  • Daño a la glándula tiroides que puede causar problemas en el metabolismo.
  • Cataratas (daño al cristalino del ojo que puede afectar la vista).
  • Daño a los huesos, llamado necrosis aséptica (cuando el hueso muere debido a falta de suministro de sangre). Si el daño es grave, será necesario reemplazar parte del hueso y de la articulación del paciente.

La enfermedad de injerto contra huésped es la complicación más grave de los alotrasplantes de células madre (de donantes). Los síntomas más comunes son erupciones dérmicas graves y diarrea grave. También pueden resultar dañados el hígado y los pulmones. El paciente puede cansarse fácilmente y tener dolores musculares. A veces la enfermedad de injerto contra huésped se vuelve crónica e incapacitante y, si es lo suficientemente grave, puede poner en riesgo la vida. Se pueden administrar medicamentos que afectan el sistema inmune para tratar de controlar la enfermedad de injerto contra huésped.

Desde un punto de vista positivo, la enfermedad de injerto contra huésped también ocasiona una actividad “injerto contra leucemia”. Todas las células leucémicas que quedan después de quimioterapia y radioterapia pueden ser destruidas por la reacción inmunitaria de las células del donante.

Trasplante no mieloablativo (minitrasplante)

Muchas personas mayores de 55 años de edad no pueden tolerar el alotrasplante convencional que usa altas dosis de quimioterapia. Algunos podrán someterse a un trasplante no mieloablativo (también conocido como minitrasplante o trasplante de intensidad reducida), en el que reciben menores dosis de quimioterapia y radiación que no destruyen completamente las células de la médula ósea. Estos pacientes reciben las células madre alogénicas (de un donante). Estas células entran al cuerpo y establecen un nuevo sistema inmunitario, que considera a las células leucémicas como extrañas y las ataca (un efecto “injerto contra leucemia”).

Los médicos han descubierto que si usan dosis pequeñas de ciertos medicamentos de quimioterapia y dosis bajas de radiación total del cuerpo, un alotrasplante aún puede algunas veces ser eficaz con mucha menos toxicidad. De hecho, un paciente puede recibir un trasplante no mieloablativo como paciente externo (ambulatorio). La complicación más importante es la enfermedad de injerto contra huésped.

Muchos médicos aún consideran este procedimiento experimental, y se están llevando a cabo estudios para determinar su utilidad contra la AML.

Para más información sobre los trasplantes de células madre, consulte nuestro documento “Trasplantes de células madre de médula ósea y sangre periférica".

Estudios clínicos

A partir del momento en que se le informa sobre su diagnóstico de cáncer, puede que necesite tomar muchas decisiones. Una de las decisiones más importantes es seleccionar cuál tratamiento es el más adecuado para tratar su caso. Puede que se entere sobre estudios clínicos que se estén llevando a cabo para su tipo de cáncer, O tal vez alguien de su equipo de atención médica le mencionó alguno.

Los estudios clínicos son investigaciones cuidadosamente controladas que se realizan con pacientes que participan voluntariamente. Los estudios clínicos se llevan a cabo para hacer un seguimiento de nuevos tratamientos o procedimientos promisorios.

Si quisiera formar parte de un estudio clínico, deberá comenzar con preguntar a su médico si su clínica u hospital lleva a cabo estudios clínicos. Para una lista de estudios clínicos que cumplan con sus necesidades médicas, usted puede llamar a nuestro servicio de estudios clínicos para ayudarle a encontrar un estudio adecuado para usted. Usted puede acceder a este servicio llamando al 1-800-227-2345 o consultando el sitio en Internet http://clinicaltrials.cancer.org. También puede obtener una lista de los estudios clínicos actuales llamando a la línea telefónica sin costo del Servicio de Información sobre Cáncer de Instituto Nacional del Cáncer al 1-800-422-6237 o visitando el sitio Web sobre estudios clínicos del NCI, www.cancer.gov/clinicaltrials.

Existen requisitos que debe cumplir para formar parte de cualquier estudio clínico. Si califica para un estudio clínico, es su decisión inscribirse o no al mismo.

Los estudios clínicos son una forma de tener acceso a la atención más novedosa contra el cáncer. Sólo a través de estos estudios los médicos aprenden sobre mejores métodos para tratar la enfermedad, aunque no todos serán adecuados para toda la gente.

Usted puede obtener más información sobre los estudios clínicos en nuestro documento Estudios clínicos: lo que necesita saber, el cual puede leer en nuestro sitio Web o puede solicitar a través de nuestro número de teléfono gratuito.

Terapias complementarias y alternativas

Al tener cáncer, es probable que usted se entere de maneras que su médico no ha mencionado para tratar su tipo de cáncer o aliviar los síntomas. Todos, desde familiares y amigos, hasta foros de usuarios en Internet, ofrecen ideas que podrían serle útiles. Estos tratamientos pueden incluir vitaminas, hierbas, dietas especiales u otros métodos, como acupuntura o masaje, entre otros.

¿Qué son exactamente las terapias complementarias y alternativas?

No todos utilizan estos términos de la misma manera que a su vez se usan para referirse a muchos métodos diferentes, lo cual puede resultar confuso. Aquí, utilizamos el término complementario para referirnos a los tratamientos que se utilizan junto con la atención médica. El término alternativo lo utilizamos para referirnos al tratamiento que se usa en lugar del tratamiento indicado por el médico.

Métodos complementarios: la mayoría de los métodos de tratamiento complementarios no se ofrecen como curas para el cáncer. Estos tratamientos se usan principalmente para ayudarle a sentirse mejor. Algunos métodos que se usan de manera conjunta con el tratamiento convencional son la meditación para reducir el estrés, la acupuntura para aliviar el dolor o el té de menta para aliviar las náuseas. Se sabe que algunos de estos métodos complementarios son útiles, mientras que otros no han sido probados. Se ha demostrado que algunos de estos métodos no son útiles, y algunos cuántos incluso han demostrado ser perjudiciales.

Tratamientos alternativos: puede que éstos sean ofrecidos como curas para el cáncer. La seguridad y la eficacia no han sido probadas para estos tratamientos en estudios clínicos. Algunos de estos métodos puede que representen un peligro o que produzcan efectos secundarios que atenten contra la vida. Pero el mayor peligro en la mayoría de los casos, es que usted pierda la oportunidad de beneficiarse de un tratamiento convencional. Las demoras o interrupciones en sus tratamientos médicos puede que permitan más tiempo para que el cáncer se desarrolle y sea menos propenso a responder al tratamiento estándar.

Cómo obtener más información

Es fácil darse cuenta por qué puede que las personas con cáncer quieran considerar los métodos alternativos. Uno siempre desea hacer todo lo posible para combatir el cáncer, y la idea de un tratamiento sin efectos secundarios resulta atractiva. Algunas veces los tratamientos médicos, como la quimioterapia, pueden ser difíciles de tolerar o puede que ya no funcionen. Sin embargo, la verdad es que la mayoría de estos métodos alternativos no han sido investigados, ni han probado ser eficaces en el tratamiento contra el cáncer.

Usted puede tomar los siguientes tres pasos importantes a medida que considera sus opciones:

  • Esté atento de las señales de advertencia que sugieran que pueda tratarse de algún fraude. ¿Promete el método ser una cura para todos o la mayoría de los tipos de cáncer? ¿Se le ha dicho que no se someta a los tratamientos médicos convencionales? ¿Hay algún "secreto" del tratamiento que hace que requiera acudir con ciertos proveedores o viajar a otro país?
  • Hable con su médico o enfermera sobre cualquier método que esté considerando usar.
  • Póngase en contacto con nosotros llamando al 1-800-227-2345 para informarse más sobre los métodos complementarios y alternativos en general, así como para saber más sobre los métodos específicos que esté considerando.

La decisión es suya

Las decisiones sobre cómo tratar o manejar su cáncer siempre son suyas. Si desea emplear un tratamiento no convencional, infórmese todo lo que pueda sobre dicho método y hable al respecto con su médico. Al contar con información adecuada y con el apoyo del equipo de profesionales que atiende su salud, puede que logre emplear con seguridad los métodos que puedan beneficiarle mientras evita aquellos que podrían ser perjudiciales.

Tratamiento típico contra la leucemia mielode aguda (excepto promielocítica M3)

Por lo general, el tratamiento de la AML se divide en dos fases de quimioterapia:

  • Inducción de la remisión.
  • Consolidación (terapia después de la remisión).

En algunos casos, las personas con AML pueden tener números muy altos de células leucémicas en la sangre cuando son diagnosticadas, lo que puede causar problemas con la circulación normal. Puede que la quimioterapia no reduzca el número de células sino hasta algunos días después de la primera dosis. Mientras tanto se puede usar leucoféresis antes de la quimioterapia. Para este procedimiento, se coloca una aguja en una vena del brazo. La sangre del paciente se pasa a través de una máquina especial que extrae los glóbulos blancos (inclusive las células leucémicas) y regresa el resto de las células sanguíneas y el plasma al paciente. Este tratamiento reduce inmediatamente las cuentas sanguíneas. El efecto es solamente a corto plazo, pero puede ayudar hasta que la quimioterapia tenga la oportunidad de surtir efecto.

Inducción de la remisión

La primera parte del tratamiento está dirigida a deshacerse de toda la leucemia visible. En pacientes más jóvenes, esto por lo general incluye el tratamiento con dos medicamentos de quimioterapia, la citarabina (ara-C) y un medicamento de la familia de las antraciclinas tal como la daunorrubicina o la idarrubicina (daunomycin, idamycin). Algunas veces se agrega un tercer medicamento, 6-tioguanina. Esta terapia intensiva, que por lo general se realiza en el hospital, dura típicamente alrededor de una semana.

La intensidad del tratamiento puede depender de la edad de la persona y de otros factores pronósticos. A menudo, los médicos administran quimioterapia más intensiva para las personas menores de 60 años. Algunos pacientes de edad más avanzada que tiene buena salud pueden beneficiarse de un tratamiento similar o ligeramente menos intensivo. Las personas que tienen mucha más edad o no tienen buena salud puede que no toleren bien la quimioterapia. En algunos casos, los médicos pueden recomendar quimioterapia de baja intensidad con un solo medicamento. También pueden recomendar cuidado de apoyo, el cual se enfoca en tratar cualquier síntoma o complicación que surja, y mantener a la persona tan cómoda como sea posible.

La edad, la salud y otros factores se necesitan tomar en cuenta al momento de considerar las opciones de tratamiento. Los médicos también tratan de determinar si las personas con ciertos genes o cambios cromosómicos son más propensas a beneficiarse de tratamiento más intensivo.

En raras ocasiones donde la leucemia se ha propagado al cerebro o la médula espinal, también se puede administrar quimioterapia en el líquido cefalorraquídeo.

El tratamiento destruirá la mayoría de las células normales de la médula ósea así como las células leucémicas. Durante la quimioterapia y las siguientes dos o tres semanas, los recuentos de células sanguíneas del paciente estarán probablemente peligrosamente bajos, por lo que se necesitarán medicamentos para aumentar los niveles de glóbulos blancos, anticuerpos, y transfusiones de productos sanguíneos para protegerle contra complicaciones. Usualmente, el paciente permanece en el hospital durante este tiempo.

Si la inducción es exitosa, no se encontrarán células leucémicas en la sangre, y el número de células blásticas en la médula ósea será menor de 5% dentro de una o dos semanas. Las células normales de la médula ósea regresarán en varias semanas y comenzarán a producir nuevas células sanguíneas.

Si una semana de tratamiento no induce la remisión, el proceso se puede repetir.

La inducción tiene éxito en alrededor del 40% al 80% de todos los pacientes con AML. Esto depende en gran parte de los factores pronósticos específicos de la persona. Por ejemplo, las personas de edad más avanzada tienen una probabilidad mayor de presentar resultados desfavorables de la prueba citogenética, tienen una probabilidad mayor de tener un trastorno sanguíneo previo, y menos probabilidad de tolerar terapia intensiva en comparación con pacientes más jóvenes, por lo que generalmente la enfermedad en estas personas no responde tan bien al tratamiento.

La inducción de la remisión usualmente no destruye todas las células leucémicas, y a menudo persiste un número pequeño de éstas. Sin tratamiento adicional, llamado consolidación, es probable que la leucemia regrese en varios meses.

Consolidación (terapia después de la remisión)

Si la inducción de la remisión es exitosa, se puede administrar más tratamiento para tratar de destruir las células leucémicas remanentes y ayudar a prevenir una recurrencia.

En los pacientes más jóvenes, las opciones principales para la terapia de consolidación de la AML son:

  • Varios ciclos de quimioterapia con altas dosis de citarabina (ara-C).
  • Alotrasplante (de un donante) de células madre.
  • Autotrasplante de células madre.

La consolidación de quimioterapia en dosis altas difiere de la terapia de inducción en que, por lo general, sólo se usa la citarabina (ara-C). El medicamento se administra en dosis muy altas, usualmente durante cinco días. Esto se repite alrededor de cada cuatro semanas, usualmente por un total de tres o cuatro ciclos. Cuatro años después de este tratamiento, alrededor del 40% de los pacientes menores de 60 años no mostrará signos de leucemia. No obstante, este número es afectado por ciertos factores de pronóstico, tal como si las células leucémicas tienen ciertos genes o cambios cromosómicos.

Después de haber tenido éxito con la terapia de inducción, otro método es trasplante de células madre. Los pacientes primero reciben dosis muy altas de quimioterapia para destruir todas las células de la médula ósea. Esto es seguido por un alotrasplante (de un donante) o un autotrasplante (del propio paciente) de células madre para restaurar la producción de células sanguíneas. Se ha encontrado que los trasplantes de células madre reducen más el riesgo de que la leucemia regrese en comparación con la quimioterapia convencional, aunque también son más propensos a causar graves complicaciones, incluyendo un riesgo aumentado de muerte debido al tratamiento.

Puede que los pacientes de edad avanzada o aquellos que no cuentan con una buena salud no puedan tolerar tal tratamiento de consolidación intensivo. Las opciones comunes de tratamiento incluyen:

  • Uno o dos ciclos de altas dosis de ara-C (por lo general, no tan alta como en los pacientes más jóvenes).
  • Uno o dos ciclos de dosis convencional de ara-C, posiblemente junto con idarubicina o daunorrubicina.
  • Trasplante no mieloablativo de células madre (minitrasplante).

Por lo general a los pacientes de edad más avanzada no les va tan bien como a los pacientes menores de 60 años. Desafortunadamente, los estudios han encontrado que administrarles una terapia más intensiva aumenta el riesgo de graves efectos secundarios (incluyendo muerte asociada al tratamiento) sin proveer mucho beneficio. En general, alrededor del 15% al 20% de los pacientes de edad más avanzada siguen sin leucemia por varios años después del tratamiento.

No siempre está claro qué opción de tratamiento es mejor para la consolidación. Cada una de ellas tiene sus ventajas y sus desventajas. Los médicos consideran varios factores diferentes al recomendar qué tipo de terapia de posremisión debe recibir un paciente. Éstos incluyen:

  • Cuántas sesiones (ciclos) de tratamiento de quimioterapia se necesitaron para obtener una remisión. Si se necesitaron más de una sesión de tratamiento, algunos médicos recomiendan que el paciente reciba un programa más intensivo, que pudiese incluir un trasplante de células madre.
  • La disponibilidad de un hermano, hermana, o un donante no relacionado que sea compatible con el tipo de tejido del paciente. Si se encuentra una compatibilidad de tejido bastante cercana, entonces el alotrasplante (de un donante) de células madre pudiera ser una opción, especialmente para los pacientes más jóvenes.
  • La posibilidad de obtener células libres de leucemia de la médula ósea del paciente. Si las pruebas de laboratorio muestran que un paciente está en remisión, la obtención de células madre de la médula ósea o de la sangre del paciente para un autotrasplante de células madre pudiera ser una opción. Las células madre obtenidas del paciente se purgarían (se tratarán en el laboratorio para tratar de extraer o destruir cualquier célula leucémica remanente) a fin de reducir las probabilidades de recurrencia.
  • La presencia de uno o más factores de pronóstico adversos, tales como ciertos cambios cromosómicos, un nivel inicial de glóbulos blancos muy alto, AML que se origina de un síndrome mielodisplásico o después del tratamiento contra un cáncer previo o propagación al sistema nervioso central. Estos factores pudiesen conducir a que los médicos recomienden una terapia más agresiva, como un trasplante de células madre. Por otro lado, para las personas con buenos factores de pronóstico, tal como cambios cromosómicos favorables, muchos médicos pudieran recomendar postergar un trasplante de células madre a menos que la enfermedad recurra.
  • La edad del paciente. Es posible que los pacientes de edad avanzada no puedan tolerar algunos efectos secundarios graves que pueden ocurrir con las altas dosis de quimioterapia o los trasplantes de células madre.
  • Los deseos del paciente. Hay muchos aspectos relacionados a la calidad de vida que se deben discutir. Un factor importante es la mayor probabilidad de que ocurra una muerte prematura como consecuencia de las altas dosis de quimioterapia o un trasplante de células madre. Éste y otros asuntos tienen que ser discutidos entre el paciente y el médico.

Los trasplantes de células madre son tratamientos intensivos con riesgos reales de graves complicaciones, incluyendo muerte, y su función exacta en el tratamiento de la AML no está clara. Algunos médicos opinan que si el paciente tiene salud suficiente para resistir el procedimiento y se dispone de un donante compatible, el alotrasplante ofrece la mejor probabilidad de supervivencia a largo plazo. Otros médicos creen que aún los estudios no han demostrado que esto sea concluyente, y que en algunos casos un trasplante debe ser reservado en caso de que la leucemia regrese después del tratamiento convencional. Debido a que la mayoría de los estudios de los trasplantes de células madre ha involucrado a pacientes que tienden a ser más jóvenes y a tener mejor salud, la supervivencia mejorada pudiera no deberse al procedimiento, pues podría obtener los mismos resultados con la quimioterapia convencional de dosis altas. Las investigaciones sobre el tema continúan.

Tratamiento de la leucemia promielocítica aguda (M3)

El diagnóstico y tratamiento temprano de la leucemia promielocítica aguda (APL), el subtipo M3 de la AML, es importante ya que los pacientes con leucemia promielocítica aguda pudieran presentar graves problemas de coagulación o de sangrado. A menudo, esto se puede prevenir o tratar con medicamentos diluyentes de la sangre. Otros tratamientos pudieran incluir transfusiones de plaquetas u otros productos de la sangre. Con las terapias modernas, el sangrado es un problema menos frecuente una vez que comienza el tratamiento de la leucemia promielocítica aguda.

El tratamiento de la mayoría de los casos de ALP es diferente al tratamiento habitual de la AML. Por lo general, el tratamiento inicial conlleva un medicamento de la clase de antraciclina (daunorrubicina o idarubicina) más un medicamento que no es quimioterapia, ácido transretinoico total (ATRA), el cual es familia de la vitamina A.

Este tratamiento induce la remisión en aproximadamente del 80% al 90% de los pacientes.

Los pacientes que no pueden tolerar un medicamento de la clase de antraciclina pueden recibir ATRA más otro medicamento llamado trióxido de arsénico (Trisenox). El efecto secundario más posible de este medicamento es un cambio en el ritmo cardiaco.

Al igual que con otros subtipos de AML, los pacientes con APL reciben tratamiento después de la remisión

La terapia de consolidación por lo general consta de dos o más cursos de quimioterapia (con una antraciclina), usualmente con ATRA. Aquellos pacientes que no pueden recibir antraciclina usualmente reciben ATRA más trióxido de arsénico por varios ciclos.

A menudo, la consolidación es seguida por terapia de mantenimiento con ATRA al menos por un año. Algunos médicos también pueden agregar bajas dosis de quimioterapia, usualmente con los medicamentos 6-mercaptopurina (6-MP) y metotrexato.

Los posibles efectos secundarios de la parte de la quimioterapia de este tratamiento son generalmente los mismos que para aquellos de la quimioterapia de inducción convencional de la AML. No obstante, ATRA puede causar un problema llamado síndrome del ácido retinoico. Los síntomas incluyen problemas respiratorios debidos a la acumulación de líquidos en los pulmones, presión arterial baja, daño a los riñones, y acumulación grave de líquidos en otras partes del cuerpo. Con frecuencia se puede tratar suspendiendo la administración de ATRA por un tiempo y administrando un esteroide como la dexametasona.

Aproximadamente del 70% al 90% de los pacientes con APL son curados con tratamiento.

¿Qué sucede si la leucemia no responde al tratamiento o regresa después de que termine el tratamiento?

Si la AML no desaparece con el tratamiento inicial, se pueden intentar nuevos medicamentos o dosis más intensivas de quimioterapia, si pueden ser toleradas. Se puede intentar un trasplante de células madre en pacientes más jóvenes si se puede encontrar un donante de células madre compatible. También pueden ser una opción los estudios clínicos de nuevos métodos de tratamiento.

Si la leucemia desaparece y ahora ha regresado, las opciones de tratamiento pueden depender de la edad y salud del paciente, y por cuánto tiempo la leucemia estuvo en remisión. Con más frecuencia, la AML recurre en la médula ósea y la sangre. El cerebro o el líquido cefalorraquídeo rara vez será el primer lugar donde recurra, pero si lo hace, se trata con quimioterapia administrada directamente en el líquido.

Para aquellos pacientes cuya remisión duró más de seis meses, algunas veces es posible poner la leucemia en remisión otra vez con más quimioterapia, aunque es posible que no dure por mucho tiempo. Para los pacientes más jóvenes (generalmente menores de 60 años), la mayoría de los médicos recomendarían un trasplante de células madre si se encuentra un donante compatible. El gemtuzumab (Mylotarg) también puede ser una opción, particularmente en pacientes de edad más avanzada. También se pueden considerar estudios clínicos de nuevos métodos de tratamiento.

Si la AML regresa antes de los seis meses, la mayoría de los médicos recomendará un trasplante de células madre para los pacientes más jóvenes, si es posible. El gemtuzumab (Mylotarg) se ha estado usando en algunos pacientes que han tenido recaída, particularmente de edad avanzada. También se ha estado estudiando en pacientes más jóvenes. La participación en un estudio clínico también es otra opción.

Para el 20% al 30% de los pacientes con leucemia promielocítica aguda (APL) que no responden al tratamiento inicial o quienes tienen una recaída, el trióxido de arsénico es a menudo muy eficaz. Un trasplante de célula madre puede ser otra opción si se encuentra un donante.

Si se logra una remisión mediante el tratamiento con el trióxido de arsénico, se puede recomendar un autotrasplante de células madre, si es posible. Si no se logra una segunda remisión, las opciones de tratamiento pueden incluir gemtuzumab, un alotrasplante de células madre, o participar en un estudio clínico.

En caso de que la leucemia sigua regresando o no desaparezca, el tratamiento de quimioterapia adicional probablemente no será muy útil. Si un trasplante de células madre no es una opción, el paciente puede considerar participar en un estudio clínico de tratamientos más nuevos.

Los pacientes que quieran continuar tanto como sea posible el tratamiento para combatir la leucemia necesitan sopesar el posible beneficio limitado de un nuevo tratamiento y las posibles desventajas, incluyendo las visitas continuas al médico y los efectos secundarios del tratamiento. Cada persona tiene su propia manera de considerar esto. En muchos casos, el médico puede calcular la tasa de respuesta del tratamiento que se está considerando. Algunas personas se sienten motivadas a intentar más quimioterapia, aunque los médicos les digan que las probabilidades de recibir beneficios son menores de un 1%. En esta situación, es importante pensar y entender las razones por las cuales se está eligiendo este plan.

Tratamiento paliativo

Si un estudio clínico no es una opción, es importante que en este momento el paciente se concentre en aliviar los síntomas de la leucemia. A esto se le llama tratamiento paliativo. Por ejemplo, el médico puede recomendar una quimioterapia menos intensiva con el objetivo de retrasar el crecimiento de la leucemia en lugar de tratar de curarla.

A medida que la leucemia crece en la médula ósea puede causar dolor. Es importante que usted esté tan cómodo como sea posible. Los tratamientos que pueden ser útiles incluyen radiación y medicinas apropiadas contra el dolor. Si las medicinas como aspirina e ibuprofeno no ayudan, medicamentos opiáceos más fuertes como la morfina pueden ser útiles.

Los otros síntomas de la leucemia son recuentos sanguíneos bajos y cansancio. Se pueden necesitar medicinas o transfusiones de sangre para ayudar a corregir estos problemas. Las náuseas y la pérdida del apetito se pueden tratar con medicamentos y complementos alimenticios altos en calorías. Pueden ocurrir infecciones que se pueden tratar con antibióticos.

En este momento, es posible que usted se beneficie de la atención de hospicio. En la mayoría de los casos, este cuidado se puede dar en la casa. La leucemia puede estar causando síntomas o problemas que requieran atención, y la atención de hospicio se enfocan en su comodidad. Recibir atención para enfermos terminales no significa que no se puede dar tratamiento a los problemas causados por el cáncer o por otras afecciones médicas. Sólo significa que el enfoque de la atención es que el paciente viva la vida tan plenamente como sea posible y que se sienta tan bien como es posible en esta etapa difícil.

También recuerde que es importante mantener la esperanza. Tal vez la esperanza de una cura no sea tan realista, pero aún hay esperanzas de pasar buenos momentos con la familia y amigos, momentos que pueden dar al paciente felicidad y ser significativos. En cierta manera, una interrupción de su tratamiento contra el cáncer en este momento es una oportunidad para reenfocarse en las cosas más importantes de su vida. Éste es el momento para hacer algunas cosas que usted siempre deseaba hacer y dejar de hacer aquéllas que ya no desea.

Información adicional sobre tratamiento

Para más detalles sobre las opciones de tratamiento, incluyendo algunas que no pudieran estar disponibles en este documento, la National Comprehensive Cancer Network (NCCN) y el Instituto Nacional del Cáncer (NCI) son buenas fuentes de información.

La NCCN, compuesta por expertos de muchos centros de cáncer principales en el país, redactó las guías de tratamiento del cáncer para los doctores con el fin de ser usadas para tratar a los pacientes. Estas guías están disponibles en la página Web de la NCCN (www.nccn.org).

El Instituto Nacional del Cáncer (NCI) provee guías de tratamiento a través de su centro de información (1-800-4-CANCER) y su página Web (www.cancer.gov). Además, ofrece guías detalladas para su uso por los profesionales en la atención contra el cáncer, las cuales también están disponibles en www.cancer.gov.

¿Qué debe preguntar a su médico sobre la leucemia mieloide aguda?

Es importante tener una comunicación franca, abierta y sincera con su médico acerca de su condición. Su médico y el resto del equipo que atiende su cáncer quieren responder todas sus preguntas. Por ejemplo, considere las siguientes:

  • ¿Qué tipo de leucemia mieloide aguda (AML) tengo?
  • ¿Hay algún factor específico que pudiese afectar mi pronóstico?
  • ¿Se necesitan hacer otras pruebas antes de decidir sobre el tratamiento?
  • ¿Cuánta experiencia tiene con el tratamiento de este tipo de cáncer?
  • ¿Debo pedir una segunda opinión?
  • ¿Cuáles son mis opciones de tratamiento?
  • ¿Debemos considerar un trasplante de células madre? ¿Cuándo?
  • ¿Qué tratamiento recomienda usted? ¿Por qué lo recomienda?
  • ¿Cuáles son los riesgos y los efectos secundarios de los tratamientos que usted recomienda?
  • ¿Qué debo hacer para prepararme para el tratamiento?
  • ¿Cuánto tiempo durará el tratamiento? ¿Qué conllevará? ¿Dónde se administrará?
  • ¿Cómo afectará el tratamiento mis actividades diarias?
  • ¿Cuál es el pronóstico para mi supervivencia?
  • ¿Qué se haría si el tratamiento no surte efecto o si la leucemia regresa?
  • ¿Qué tipo de atención médica de seguimiento necesitaré después del tratamiento?

Asegúrese de escribir cualquier pregunta que pueda tener y que no se encuentre en la lista. Por ejemplo, usted pudiera necesitar información específica acerca del tiempo de recuperación previsto para poder planificar su programa de trabajo. Por otra parte, usted tal vez quiera preguntar sobre los estudios clínicos para los que pueda resultar elegible. Puede ser útil que le acompañe otra persona o que grabe su conversación con el médico.

¿Qué sucede después del tratamiento de la leucemia mieloide aguda?

Cuidados posteriores

Necesitará exámenes de seguimiento frecuentes, probablemente cada varios meses por algunos años después de que concluya el tratamiento de la leucemia mieloide aguda (AML). Es muy importante acudir a todas las citas de seguimiento. Durante estas visitas, sus médicos preguntarán probablemente si tiene síntomas, harán exámenes físicos y requerirán que se realicen análisis de sangre o exámenes de la médula ósea. La atención de seguimiento es necesaria para determinar si hay recurrencia o propagación del cáncer, así como posibles efectos secundarios de ciertos tratamientos. También éste es un buen momento de hacerle cualquier pregunta al equipo de atención médica, así como hablarle sobre cualquier inquietud que pudiera tener.

Casi todos los tratamientos del cáncer tienen efectos secundarios. Algunos pueden durar de algunas semanas a varios meses, aunque otros pueden ser permanentes. Es importante que reporte inmediatamente a su médico cualquier síntoma nuevo, para que se pueda encontrar su causa y tratarla, si es necesario.

Si hay una recurrencia, usualmente ocurre mientras el paciente está siendo tratado o poco después de haber terminado la quimioterapia. Si esto sucede, el tratamiento será según se describe en la sección ¿Qué pasa si la leucemia no responde o si recurre después del tratamiento? Es poco usual que una AML recurra si dentro de varios años después del tratamiento aún no hay signos de la enfermedad.

Para obtener más información general sobre cómo lidiar con la recurrencia, usted puede consultar nuestro documento (disponible en inglés) “When Your Cancer Comes Back: Cancer Recurrence”. Puede obtener este documento llamando al 1-800-227-2345.

Consultas con un nuevo médico

En algún momento después del diagnóstico y tratamiento del cáncer, es posible que usted tenga que consultar a un médico nuevo. Esto puede deberse a que su doctor que le atendió por primera vez se retiró o se cambió a otro lugar, o usted pudo haber cambiado de residencia o de doctor por alguna razón. Es importante que usted le proporcione a su nuevo médico los detalles exactos de su diagnóstico y tratamiento. Asegúrese de conservar lo siguiente:

  • Una copia del informe de patología de cualquier biopsia o cirugía.
  • Si se sometió a una cirugía, una copia del reporte del procedimiento.
  • Si se le admitió en el hospital, una copia del resumen al alta que los médicos tienen que preparar cuando envían al paciente a su casa.
  • Si recibió radioterapia, un resumen del tipo y dosis de radiación, así como el momento y el lugar en donde se administró.
  • Si ha recibido quimioterapia u otras medicinas, una lista de sus medicamentos, las dosis de los medicamentos y cuándo los tomó.

También es importante mantener un seguro médico. Aunque nadie quiere pensar que su cáncer puede regresar, esto siempre es una posibilidad. Si ocurre, lo que menos necesita es preocuparse sobre el pago del tratamiento.

Cambios en el estilo de vida que debe considerar durante y después del tratamiento

El cáncer y el tratamiento pueden consumir tiempo y causar desgaste emocional. No obstante, también puede ser el momento para nuevos cambios en su vida. Quizás usted está considerando mejorar su estado general de salud a largo plazo. Algunas personas incluso comienzan este proceso durante el tratamiento del cáncer.

Tome decisiones saludables

Reflexione acerca de cómo era su vida antes de que usted supiera que tenía cáncer. ¿Había cosas que usted hacía que no eran tan saludables? Quizás usted consumía demasiadas bebidas con alcohol, comía más de lo que necesitaba, fumaba o no hacía ejercicio a menudo. Emocionalmente, quizás usted no expresaba sus sentimientos, o quizás dejaba que las situaciones estresantes le afectaran por mucho tiempo.

Ahora no es el momento de sentirse culpable o culparse a sí mismo. Sin embargo, usted puede comenzar a hacer cambios hoy que pueden tener efectos positivos para el resto de su vida. No sólo se sentirá mejor, pero también estará más saludable. Qué mejor momento que ahora para aprovechar la motivación que tiene como resultado de haber pasado por una experiencia que le ha cambiado la vida como es el tener cáncer.

Usted puede comenzar a trabajar los aspectos que más le preocupan. Obtenga ayuda en aquéllos que le resulten más difíciles. Por ejemplo, si está considerando dejar de fumar y necesita ayuda, llame a nuestra línea para dejar de fumar al 1-800-227-2345.

Alimentación y nutrición

Alimentarse bien puede ser un reto para cualquier persona, aunque puede ser aún más difícil durante y después del tratamiento del cáncer. Por ejemplo, el tratamiento a menudo puede cambiar su sentido del gusto. La náusea puede ser un problema. Es posible que usted pierda su apetito por un tiempo y también pierda peso sin desearlo. Por otro lado, algunas personas aumentan de peso incluso cuando no comen más, lo que también puede ser frustrante.

Si usted está perdiendo peso o tiene problemas con el sabor de los alimentos que su sentido del gusto percibe durante el tratamiento, haga lo mejor que pueda en relación con su alimentación y recuerde que estos problemas usualmente se van solucionando con el transcurso del tiempo. Usted puede pedirle al equipo de atención del cáncer que le refiera a un especialista en nutrición que le puede sugerir ideas sobre cómo combatir algunos de los efectos secundarios de su tratamiento. Además, usted puede encontrar útil comer porciones pequeñas cada dos a tres horas hasta que se sienta mejor y pueda regresar a un plan más normal.

Una de las mejores cosas que puede hacer después del tratamiento consiste en adoptar hábitos sanos de la alimentación. Usted se sorprenderá de los beneficios a largo plazo de algunos cambios simples, como aumentar la variedad de alimentos saludables que consume. Trate de comer cinco o más porciones de frutas y verduras cada día. Consuma alimentos de grano integral en vez de azúcares y harinas. Trate de limitar el consumo de carnes altas en grasa. Disminuya el consumo de carnes procesadas, como perros calientes (hot dogs), mortadela (bologna) y tocino. Si puede, trate de evitar estos alimentos por completo. Además, si toma alcohol, limítelo a máximo una o dos bebidas por día. No olvide hacer algún tipo de ejercicio de forma habitual. La combinación entre una buena dieta y el ejercicio de rutina le ayudará a mantener un peso saludable y hacerle sentir más energía.

Descanso, cansancio, trabajo y ejercicio

El cansancio es un síntoma muy común entre las personas que están recibiendo tratamiento contra el cáncer. Éste a menudo no es un tipo de cansancio ordinario, sino un agotamiento que no se alivia con el descanso. Para algunas personas, este cansancio dura mucho tiempo después del tratamiento, y puede provocar que no sientan deseos de mantenerse físicamente activas.

Sin embargo, el ejercicio puede en realidad ayudar a reducir el cansancio. Los estudios han mostrado que los pacientes que siguen un programa de ejercicio adaptado a sus necesidades personales se sienten mejor física y emocionalmente, y pueden lidiar mejor con la situación.

Si usted padece de una enfermedad y necesita permanecer en cama durante el tratamiento, es normal esperar que la fuerza de sus músculos, su estado físico y su resistencia se deterioren. La terapia física puede ayudarle a mantenerse fuerte y mantener el movimiento normal de sus músculos, lo que puede ayudar a combatir el cansancio y la depresión que algunas veces surge al sentir tanto cansancio.

Cualquier programa de actividad física debe ajustarse a su situación personal. Una persona de edad avanzada que nunca se ha ejercitado no podrá hacer la misma cantidad de ejercicio que una de 20 años que juega tenis tres veces a la semana. Si hace varios años que no se ejercita, pero puede mantenerse activo, usted puede considerar caminar distancias cortas.

Hable con su equipo de atención médica antes de comenzar los ejercicios, y consulte su opinión sobre los planes de ejercicio. Luego, trate de conseguir a alguien que le acompañe a hacer los ejercicios para que no los haga solo. Cuando los familiares o los amigos se integran en un nuevo programa de ejercicio, usted obtiene el refuerzo de apoyo adicional que necesita para mantenerse activo cuando el entusiasmo simplemente no exista.

Sin embargo, si usted siente demasiado cansancio, necesitará balancear la actividad con el descanso. Es aceptable que descanse cuando sienta agotamiento. Resulta realmente difícil para algunas personas permitirse hacer esto cuando estaban acostumbradas a trabajar todo el día o a asumir las responsabilidades del hogar

El ejercicio puede mejorar su salud física y emocional:

  • Mejora su condición cardiovascular (corazón y circulación).
  • Fortalece sus músculos.
  • Reduce el cansancio.
  • Reduce la ansiedad y la depresión.
  • En general, le hace sentir más feliz.
  • Le hace sentir mejor sobre sí mismo.

Además, sabemos que el ejercicio desempeña un papel en la prevención de algunos cánceres. La Sociedad Americana del Cáncer recomienda en sus guías sobre la actividad física para la prevención del cáncer que los adultos participen en por lo menos una actividad física por 30 minutos o más durante cinco o más días a la semana. A los niños y a los adolescentes se les exhorta participar en actividades energéticas durante 60 minutos al menos cinco días de la semana.

Su salud emocional

Una vez que finalice su tratamiento, es posible que las emociones le sean abrumadoras. Esto ocurre a muchas personas. Es posible que usted haya pasado por mucho durante el tratamiento a tal punto que sólo se pueda enfocar en finalizar con todo su tratamiento.

Ahora usted se encuentra pensando sobre la posibilidad de su propia muerte, o sobre el efecto de su cáncer en su familia, amigos, y su empleo. También es posible que comience a reevaluar la relación con su cónyuge o pareja. Otros asuntos inesperados también pueden causar preocupación. Por ejemplo, a medida que usted está más saludable y acuda menos al médico, consultará con menos frecuencia a su equipo de atención médica. Esto puede causar ansiedad en algunas personas.

Éste es el momento ideal para buscar apoyo emocional y social. Usted necesita personas a quienes acudir para obtener fortaleza y consuelo. El apoyo puede provenir de muchas fuentes: familia, amigos, grupos de apoyo, iglesias o grupos espirituales, comunidades de apoyo en línea u orientadores individuales.

Casi todas las personas que han pasado por la experiencia del cáncer pueden beneficiarse de algún tipo de apoyo. Lo que es mejor para usted depende de su situación y personalidad. Algunas personas se sienten seguras en grupos de apoyo con personas similares que están experimentando situaciones semejantes, o en grupos de educación. Otras personas pudieran preferir hablar en un entorno informal, tal como en una iglesia, mientras que otras pueden sentirse más cómodos hablando directamente con un amigo de confianza o un consejero. Cualquiera que sea su fuente de fortaleza o consuelo, asegúrese de que tiene un lugar a dónde acudir con sus inquietudes.

La experiencia con el cáncer puede hacerle sentir mucha soledad. No es necesario ni realista que usted pase por toda esta experiencia solo. Sus amigos y familiares pueden sentirse excluidos si usted decide que no participen de esta experiencia. Deje que tanto ellos como cualquier otra persona que usted considere puedan ayudarle. Si no está seguro quién puede ayudar, llame a su Sociedad Americana del Cáncer al 1-800-227-2345 y le pondremos en contacto con un grupo o recurso de apoyo apropiado.

Usted no puede cambiar el hecho de que ha tenido cáncer, Lo que sí puede cambiar es cómo vive el resto de su vida mediante cambios saludables y sintiéndose lo mejor posible tanto física como emocionalmente.

¿Qué hay de nuevo en las investigaciones y el tratamiento de la leucemia mieloide aguda?

Actualmente, los investigadores están estudiando las causas, diagnóstico, atención de apoyo y tratamiento de la leucemia mieloide aguda (AML) en muchos centros médicos, hospitales universitarios y otras instituciones.

Genética de la leucemia

Los científicos están realizando un excelente progreso para entender cómo los cambios en el ADN de una persona pueden causar que las células normales de la médula ósea se conviertan en células leucémicas. Una mejor comprensión de los genes (regiones del ADN) involucrados en ciertas translocaciones u otros cambios cromosómicos que ocurren con frecuencia en la leucemia mieloide aguda está proporcionando un mejor conocimiento de por qué estas células se convierten en células anormales. Actualmente, los médicos aprenden cómo usar estos cambios para ayudarles a determinar el pronóstico de una persona y si éstos deben recibir más o menos tratamiento intensivo.

En el futuro, esta información también se puede utilizar para ayudar a desarrollar nuevas terapias dirigidas contra la AML (vea información más adelante).

Perfiles de expresión genética

Esta nueva técnica de laboratorio se está estudiando para ayudar a identificar y clasificar diferentes tipos de cáncer. En lugar de analizar genes sencillos, en esta prueba se examina al mismo tiempo los patrones de muchos genes diferentes en las células del cáncer. Esto puede enriquecer la información que se obtiene en las pruebas de laboratorio usadas actualmente.

Detección de la enfermedad residual mínima

Los avances en el conocimiento de los cambios del ADN en la AML ya han permitido el desarrollo de una prueba altamente sensible para detectar la cantidad más pequeña de leucemia después del tratamiento (enfermedad residual mínima), aun cuando hay presentes tan pocas células leucémicas que no pueden ser detectadas por las pruebas de médula ósea de rutina.

La prueba de la reacción en cadena de polimerasa puede identificar las células de la AML basándose en las translocaciones o reordenamientos de los genes. Con esta prueba se puede encontrar una célula leucémica entre un millón de células normales. La prueba de la reacción en cadena de la polimerasa puede ser útil para determinar qué tan completamente el tratamiento ha destruido las células de la AML.

Ahora los médicos están tratando de determinar el efecto que la enfermedad residual mínima tiene en el pronóstico de un paciente, y cómo esto puede afectar la necesidad de un tratamiento adicional o uno más intensivo.

Mejoramiento de la quimioterapia

Se están realizando estudios para encontrar la combinación más eficaz de medicamentos de quimioterapia y evitar los efectos secundarios indeseados. Esto es especialmente importante en pacientes de edad avanzada, quienes tienen menos probabilidad de beneficiarse de los tratamientos actuales.

Algunos medicamentos más nuevos, como la clofarabina (Clolar) la azacitidina (Vidaza), decitabina (Decogen) y el vorinostat (Zolinza) han sido aprobados durante los últimos años para tratar otros tipos de leucemias y trastornos sanguíneos. Los estudios de estos medicamentos, ya sea solos o combinados con otros medicamentos de quimioterapia, han mostrado algunos resultados preliminares que son promisorios.

El tipifarnib, un tipo más nuevo de medicamento conocido como inhibidor de la farnesil transferasa, también ha mostrado resultados promisorios en estudios preliminares. Los inhibidores de la farnesil transferasa son medicamentos que evitan el funcionamiento de una proteína que muy activa en el cáncer. Estos medicamentos se están probando actualmente en estudios clínicos más abarcadores.

La eficacia de la quimioterapia puede estar limitada en algunos casos debido a que las células leucémicas se pueden volver resistentes a ella. Ahora los investigadores están buscando maneras de prevenir o revertir esta resistencia usando otros medicamentos con la quimioterapia.

Trasplantes de células madre

Los científicos continúan refinando los trasplantes de células madre para tratar de aumentar su eficacia, reducir las complicaciones y determinar qué pacientes probablemente se beneficiarían con este tratamiento. Se están realizando muchos estudios para tratar de ayudar a determinar exactamente cuándo se podrían usar mejor los autotrasplantes, los alotrasplantes y los minitrasplantes.

Terapias dirigidas

Actualmente se están desarrollando nuevos medicamentos dirigidos que atacan específicamente a algunos cambios genéticos vistos en la AML.

Aproximadamente un paciente de cada tres con AML tiene una mutación en el gen FLT3. Varios medicamentos nuevos, llamados inhibidores FLT3, atacan a este gen. En estudios preliminares, han mostrado actividad contra la AML, especialmente cuando se combina con quimioterapia. Hasta el momento, sólo están disponibles en estudios clínicos.

Otras mutaciones genéticas, tales como cambios en el gen c-KIT, también parecen ser importantes en algunos casos de AML, y pudieran volverse importantes en terapias nuevas. Los medicamentos que atacan este gen, tal como imatinib (Gleevec) y desatinib (Sprycel) ya se han usado contra otros tipos de leucemia, y ahora se están estudiando contra la AML.

La ozogamicina gemtuzumab (Mylotarg) es un anticuerpo monoclonal que a menudo se usa en pacientes de edad avanzada si la AML no responde a la quimioterapia o regresa después del tratamiento. Actualmente, los médicos están estudiando si este medicamento pudiera ser útil si se administra con quimioterapia temprano en el curso de la enfermedad.

Recursos adicionales

Más información de su Sociedad Americana del Cáncer

La información a continuación puede también serle de utilidad. Los siguientes materiales pueden solicitarse llamando a nuestra línea de ayuda sin cargo.

Después del diagnóstico: una guía para los pacientes y sus familiares

Trasplante de células madre de la médula ósea y de la sangre periférica

El cuidado del paciente en el hogar: una guía para los pacientes y sus familiares

Quimioterapia: una guía para los pacientes y sus familiares

When Your Cancer Comes Back: Cancer Recurrence

Los siguientes libros también están disponibles de la Sociedad Americana del Cáncer. Llámenos al 1-800-227-2345 para peguntar sobre los precios o para hacer un pedido.

American Cancer Society's Guide to Pain Control

Cancer in the Family: Helping Children Cope With a Parent’s Illness

Caregiving: A Step-By-Step Resource for Caring for the Person With Cancer at Home

Coming to Terms with Cancer: A Glossary of Cancer-Related Terms

Consumers Guide to Cancer Drugs

Informed Decisions: The Complete Book of Cancer Diagnosis, Treatment, and Recovery

When the Focus Is on Care: Palliative Care and Cancer

Organizaciones nacionales y sitios Web*

Además de la Sociedad Americana del Cáncer, otras fuentes de información y de apoyo para pacientes incluyen:

Leucemia mieloide aguda

Leukemia & Lymphoma Society
Teléfono sin cargo: 1-800-955-4572
Sitio Web: www.lls.org

Instituto Nacional del Cáncer
Teléfono sin cargo: 1-800-422-6237
Sitio Web: www.cancer.gov

Trasplantes de médula ósea y de células madre de sangre periférica

Caitlin Raymond International Registry (para trasplantes de médula ósea de donantes que no son parientes)
Teléfono sin cargo: 1-800-726-2824
Sitio Web: www.crir.org

National Bone Marrow Transplant Link (nbmtLINK)
Teléfono sin cargo: 1-800-546-5268
Sitio Web: www.nbmtlink.org

National Marrow Donor Program
Teléfono sin cargo: 1-800-627-7692
Sitio Web: www.marrow.org

*La inclusión en esta lista no implica respaldo por parte de la Sociedad Americana del Cáncer.

Independientemente de quién sea, podemos ayudarle. Llámenos a cualquier hora del día o de la noche, para obtener información y apoyo. Llámenos al 1-800-227-2345 o visítenos en www.cancer.org.

Referencias

American Cancer Society. Cancer Facts & Figures 2010. Atlanta, Ga: American Cancer Society; 2010.

Appelbaum FR. Acute myeloid leukemia in adults. In: Abeloff MD, Armitage JO, Niederhuber JE. Kastan MB, McKenna WG, eds. Abeloff's Clinical Oncology. 4th ed. Philadelphia, Pa: Elsevier; 2008:2215-2234.

Estey EH, Kantarjian HM. Therapy for acute myeloid leukemia. In: Hoffman R, Benz EJ, Shattil SJ, Furie B, Cohen HJ, Silberstein LE, McGlave P, eds. Hematology: Basic Principles and Practice. 4th ed. Philadelphia, Pa: Elsevier; 2005:1099-1120.

Kebriaei P, de Lima M, Estey E. Management of acute leukemias. In: DeVita VT, Lawrence TS, Rosenberg SA, eds. DeVita, Hellman, and Rosenberg's Cancer: Principles and Practice of Oncology. 8th ed. Philadelphia, Pa: Lippincott Williams & Wilkins; 2008:2232-2265.

Klepin HD, Balducci L. Acute myelogenous leukemia in older adults. Oncologist. 2009;14:222-232.

Miller KB, Daoust PR. Clinical manifestations of acute myeloid leukemia. In: Hoffman R, Benz EJ, Shattil SJ, Furie B, Cohen HJ, Silberstein LE, McGlave P, eds. Hematology: Basic Principles and Practice. 4th ed. Philadelphia, Pa: Elsevier; 2005:1071-1098.

National Comprehensive Cancer Network. NCCN Practice Guidelines in Oncology: Acute Myeloid Leukemia. V.1.2009. Accessed at www.nccn.org/professionals/physician_gls/PDF/aml.pdf on April 9, 2009.

National Cancer Institute. Physician Data Query (PDQ). Adult Acute Myeloid Leukemia Treatment. 2008. Accessed at www.cancer.gov/cancertopics/pdq/treatment/adultAML/healthprofessional on April 9, 2009.

O'Donnell MR. Acute leukemias. In: Pazdur R, Wagman LD, Camphausen KA, Hoskins WJ, eds. Cancer Management: A Multidisciplinary Approach. 11th ed. Lawrence, KS: CMPMedica; 2008:797-826.

Ries LAG, Melbert D, Krapcho M, Stinchcomb DG, Howlader N, Horner MJ, Mariotto A, Miller BA, Feuer EJ, Altekruse SF, Lewis DR, Clegg L, Eisner MP, Reichman M, Edwards BK (eds). SEER Cancer Statistics Review, 1975-2005, National Cancer Institute. Bethesda, MD, http://seer.cancer.gov/csr/1975_2005/, based on November 2007 SEER data submission, posted to the SEER web site, 2008.


Fecha de última actualización: 09/30/2009
Fecha de último cambio o revisión: 07/06/2010