Cuando el final está cerca

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Describa su dolor con tanto detalle como pueda hacerlo, incluyendo en dónde lo siente, cómo lo siente, qué tanto perdura, cuándo comenzó, así como qué lo mejora y qué lo empeora.

Si desea aprender más sobre cómo lidiar con el dolor causado por el cáncer, lea nuestro documento titulado Control del dolor: una guía para las personas con cáncer y sus seres queridos. Puede llamarnos al 1-800-227-2345 para solicitar una copia gratuita de este documento o puede leerlo en nuestra página en Internet.

Tipos de dolor

El dolor agudo comienza de repente, es severo y de corta duración. A menudo es una señal de que algún tejido en el cuerpo está siendo lesionado de alguna forma. El dolor agudo a menudo desaparece una vez que sana la lesión.

El dolor crónico, el cual puede variar de leve a severo, puede durar por algunas semanas o puede que sea constante. Puede deberse al cáncer en sí, o causado por el tratamiento. El tipo más común de dolor crónico en las personas con cáncer es el dolor causado por cáncer que se ha propagado a los huesos. Otro tipo de dolor crónico es el causado por un tumor que haga presión sobre algún órgano o nervio.

La gente con dolor crónico que está recibiendo tratamiento con analgésicos, podría describir el dolor que están teniendo como dolor persistente (continuo o crónico) o como dolor emergente (intermitente). El dolor persistente dura un tiempo prolongado y perdura casi todo el tiempo. El dolor emergente es breve y a menudo es una sensación intensa que sucede incluso cuando la persona está tomando medicina de forma habitual contra el dolor persistente. El dolor emergente por suele surgir rápidamente. Generalmente perdura por un momento breve, pero puede interferir con sus actividades, reducir su nivel de energía y causar cansancio, entre otros problemas. Puede que sea impredecible, pero en ocasiones es provocado por ciertas actividades. Podría recurrir varias veces en un día.

El dolor crónico o persistente se controla mediante medicamentos de acción prolongada que se toman a través del día entero, independientemente que esté o no sintiendo dolor en un determinado momento. Esto mantiene el dolor bajo control la mayor parte del tiempo. Pero cuando el dolor comienza a brotar sobre esta capa de control, es necesario un “rescate al instante” al tomar una dosis de analgésico de acción inmediata.

Tipos de medicamentos contra el dolor

La enfermera o el médico evaluará su dolor y determinará el nivel o grado promedio de dolor que usted experimenta. Para el dolor leve (normalmente entre 1 y 3 en una escala de 0 a 10), puede que se usen analgésicos (medicamentos contra el dolor), como el acetaminofeno (como Tylenol®) o los medicamentos antinflamatorios no esteroideos (AINEs, o NSAIDs por sus siglas en inglés, como aspirina, ibuprofeno o naproxeno).

Para el dolor moderado, o dolor clasificado entre 4 y 6 en la escala de dolor, puede que se usen los medicamentos opioides (tipo morfinas, conocidos también como opiáceos). Puede que se usen AINEs en conjunto con opioides. La dosis inicial de opioide será baja y se administrará de forma consistente, incrementándose gradualmente según se requiera para tener el dolor bajo control.

Si su dolor es severo (un dolor descrito entre 7 y 10 en la escala de dolor), por lo general se administran opioides de inmediato. Los opioides de acción prolongada funcionan muy bien si se usan de forma puntual. Estos medicamentos de acción prolongada funcionan al mantenerse constantemente en los niveles sanguíneos, lo cual ayuda a mantener el dolor bajo control de forma nivelada por periodos prolongados de tiempo. Los medicamentos de rescate de acción inmediata pueden usarse para controlar el dolor emergente.

Los analgésicos opioides existen en muchas formas y pueden ser administrados de muchas maneras. Los parches que se pegan sobre la piel, las grageas o pastillas para chupar (en lugar de tragarse de inmediato), las píldoras que se colocan debajo de la lengua e incluso los supositorios pueden utilizarse cuando sea necesario.

A veces, el dolor demasiado severo puede controlarse más efectivamente con una bomba que suministra el medicamento ya sea bajo la piel (subcutáneamente) o a través de una vena (intravenosamente). Si usted necesita este tipo de control del dolor, aún puede recibirlo en casa.

Es muy común que una persona con cáncer tome más de un medicamento para controlar el dolor crónico y el dolor emergente. Y algunas personas necesitan dosis más altas de opioides que otras. No se inquiete si encuentra que está tomando una gran cantidad de medicamentos. Esto no tiene nada que ver con que no pueda tolerar el dolor, ni significa que usted sea una persona quejumbrosa. Los cuerpos de algunas personas requieren menos medicamentos, mientras que los de otras requieren más, para que el dolor permanezca bajo control.

Con el transcurso del tiempo, puede que también vea que requiere de mayores dosis de analgésicos debido a que ya no están funcionando como antes lo hacían. Esto se debe a que el cuerpo se ha hecho resistente al medicamento que ahora surte un menor efecto. El necesitar incrementar su dosis medicinal no significa que ya pronto vaya a morir. De hecho, hay evidencia que demuestra que un alivio insuficiente del dolor puede acelerar la muerte.

En ocasiones, puede que se usen otros medicamentos. Por ejemplo, ciertos antidepresivos o anticonvulsivantes (medicamentos para el control de convulsiones) a menudo funcionan bien contra el dolor en las terminales nerviosas. Puede que se use esteroides para ayudar con ciertos tipos de dolor, como aquel causado por la hinchazón o inflamación. Estas medicinas a menudo se dan junto con los opioides.

Efectos secundarios de los opioides

Algunos de los efectos secundarios de los opioides pueden ser muy problemáticos, pero muchos de ellos pueden ser tratados o prevenidos. Uno de los efectos secundarios más comunes es el adormecimiento (sensación de estado aletargado). Con una aplicación de medicina que se aumenta con el tiempo, el adormecimiento disminuirá a medida que la persona se adapta al medicamento, pero puede que el adormecimiento no desaparezca del todo. Si el efecto adormecedor es muy intenso, a veces se utilizan otras medicinas durante el día para ayudar al paciente a permanecer despierto.

La resequedad de la boca es otro efecto secundario molesto. El estar sorbiendo agua, chupar caramelos macizos y/o pedacitos de hielo, entre otros, puede ser útil en mantener la boca húmeda. Los opioides pueden causar náuseas y vómitos. Las pastillas o supositorios contra las náuseas pueden usarse para prevenir estos problemas.

Un efecto secundario muy común con los opioides es el estreñimiento. En cualquier momento en que se comience a tomar algún opioide, probablemente también se le indique comenzar con un régimen intestinal el cual incluya algún tipo de ablandador fecal o laxante para prevenir el estreñimiento.

En ocasiones, un paciente puede experimentar confusión al estar tomando un opioide, especialmente al comenzar a recibir una dosis mayor. Si esto sucede, hay formas de aminorar los efectos, como el uso de otros medicamentos, reducir la dosis, cambiar la frecuencia o el uso de medicamentos que ayuden a aminorar la confusión.

La picazón (o comezón) generalizada (conocida como prurito) es otro tipo de efecto secundario de los opioides. Esto también puede ser tratado con otros medicamentos, y a menudo disminuye o desaparece con el tiempo sin necesidad de tratamiento.

Algo de lo que no tiene de qué preocuparse mientras toma medicamentos contra el dolor es la adicción. Cuando los analgésicos son utilizados para aliviar el dolor ocasionado por el cáncer, la adicción en pocas ocasiones es un problema. Incluso siendo ese el caso, el dolor debe ser tratado. Lo más importante es hacerse cargo de su dolor.

Si el paciente no puede comunicar el dolor que puede estar teniendo a los cuidadores de su salud, existen cosas que ellos pueden observar que les indique la presencia de dolor o malestar. Entre algunas de estas señales de dolor que puede que observen se incluye:

  • Respiración sonora: respiros agitados, bruscos o rápidos.
  • Expresiones auditivas de dolor: gemidos, quejidos o lamentaciones.
  • Expresiones faciales: expresión de tristeza, tensión, temor, enojo o llanto.
  • Lenguaje corporal: tensión, puños apretados, rodillas tiesas, rigidez, agitación o acciones que aparentan que desea escapar de la zona donde está el dolor.
  • Movimiento corporal: cambiar de posición buscando comodidad sin lograrlo.

El poder identificar esto y recibir el medicamento correspondiente contra el dolor es útil para que el cuidador pueda ofrecer una atención adecuada que le brinde al paciente la comodidad posible.

Otras maneras de ayudar a aliviar el dolor causado por cáncer

Con ciertos tipos de dolor, los médicos pueden realizar procedimientos especiales como obstrucciones de las terminales nerviosas, tratamientos con radiación dirigida e incluso operaciones quirúrgicas para controlar el dolor. Si su dolor no se encuentra bien controlado, podría ser que su médico le refiera con un especialista en el control del dolor. Este especialista podría contar con distintas opciones para ayudarle.

Las medicinas y procedimientos médicos no son las únicas formas de aliviar su dolor. Existen otras cosas que puede hacer. Algunas personas encuentran útiles las distracciones como la música, las películas, una conversación o juegos. El uso de calor, frío, o masaje en el área que causa dolor puede ser útil. Los ejercicios de relajación y la meditación pueden ayudar a aliviar el dolor y a reducir la ansiedad en algunas personas. Tenga en cuenta que para la mayoría de las personas con dolor asociado con el cáncer, estas medidas solas no son suficientes para manejar el dolor, pero puede que ayuden a mejorar su comodidad cuando se emplean con medicamentos contra el dolor.

Cambios en el apetito

Margarita, de 34 años: “Simplemente no puedo comer, pero sé que debo hacerlo para seguir viva. Mi esposo e hijos se desesperan cuando no como... a veces yo misma me asusto al no sentir ganas de comer. Quiero hacerlo, pero no puedo”.

A medida que transcurre el tiempo, su cuerpo pareciera que se desacelera. Tal vez sienta que el cansancio es mayor, o quizás sienta que el dolor está empeorando. Puede que se sienta más retraído(a) y que esto ocasione que coma menos y pierda peso. Esto es una parte normal en los últimos meses de vida, pero puede que sea el comienzo de una batalla entre usted y sus seres queridos. Al estar teniendo menos movilidad, tiene menos energía, menos hambre y por lo tanto menos deseos de comer. La comida deja de resultarle grata a su sentido del olfato y del gusto. Parece que está sintiendo saciedad más rápido y disminuyen los alimentos que le apetece consumir. Mientras esto sucede, las células cancerosas pueden competir con las células normales de su cuerpo por los nutrientes que sí logra ingerir.

Evite las peleas con familiares por la comida

Puede resultar muy molesto para su familia ver que está comiendo menos. Para ellos, su interés por la comida puede que represente su interés por la vida. Al rechazar la comida, puede que para su familia parezca que está escogiendo reducir su tiempo de vida. Puede que la familia se lo tome personal y piense que quiere dejarlos ya, o que busca acelerar su muerte (incluso de forma inconsciente).

Es importante que usted y sus seres queridos hablen de estos asuntos. Los últimos meses de su vida no deben ocuparse con peleas por la comida. La pérdida del apetito y el no poder comer (en conjunto conocido como anorexia) le ocurre a más de ocho de cada diez pacientes de cáncer antes de la muerte. Es normal en los últimos meses de vida que algunas partes de su cuerpo comiencen a desacelerarse y que eventualmente se inhabiliten. El no tener ganas de comer no debe verse como una señal de que quiere dejar de vivir, ni que quiera abandonar a su familia. Esto es normal en el proceso de la muerte. Explique a sus seres queridos que aprecia profundamente sus esfuerzos por alimentarle y que entiende que conforman muestras de amor. Dígales que no está rechazando su amor, pero que su cuerpo está limitando los nutrientes que necesita.

Su cuerpo está experimentando cambios que tienen un efecto directo en su apetito. Los cambios en el gusto y el olfato, sequedad de la boca, cambios en el estómago y los intestinos, falta de aliento, náuseas, vómitos, diarrea y estreñimiento son solo algunas de las cosas que dificultan su capacidad de comer. Los efectos secundarios de los medicamentos, el estrés y la angustia espiritual también son factores que pueden generar falta de apetito.

Algunas de las causas pueden controlarse con tratamiento médico. Por ejemplo, es posible brindar apoyo nutricional mediante sugerencias sobre cómo aprovechar el máximo cada bocado, o mediante el consumo de bebidas o suplementos nutricionales. También hay medicinas que pueden estimular su apetito, disminuir la náusea y que ayuden a desplazar los alimentos en el estómago de una forma más rápida. Tal vez le sorprenda ver que puede lograr volver a comer más con los demás en la mesa. Es posible que pueda tener comidas más pequeñas y frecuentes, o bocadillos frecuentes durante el día en lugar de tener las tres comidas acostumbradas. Puede que estas medidas funcionen para algunas personas, pero no serán útiles para la mayoría de las personas que están muy próximas a morir. (Lea la sección “Cuando la muerte está cerca”). En etapas más avanzadas, estos esfuerzos pueden incluso provocar que la persona se sienta peor.

Resulta importante reconocer cambios en el apetito de manera que pueda recibir ayuda cuando sea necesario. Consulte con su equipo de atención médica sobre cuánto ha estado comiendo y sobre si es necesario tomar medidas al respecto.

Dificultades para respirar

Enrique, de 78 años: "Se me dificultaba respirar. ¡Pensé que este ataque nunca terminaría y que esta era la forma en que iba a morir!"

El solo hecho de pensar sobre los problemas para respirar puede resultar aterrador. Disnea es el término que se usa para describir las dificultades con la respiración y la falta de aliento. Es muy común entre las personas en las etapas avanzadas del cáncer, pero puede atenderse y controlarse bien durante el final de la vida.

Puede que sienta que le falta el aliento o que tenga la necesidad de respirar más rápida y enérgicamente de lo normal. Podría ser que siente como si hubiera algún líquido en sus pulmones que provoca deseos por toser. A menudo estos síntomas aparecen y desaparecen. Informe a su equipo de atención médica sobre cualquier dificultad para respirar para que pueda obtener ayuda para controlarla.

Hay una serie de cosas que puede hacer para aliviar los problemas con la respiración. Sentarse en posición recta, apoyarse con el uso de almohadas o recostarse sobre una mesa puede que faciliten su respiración. A veces el oxígeno suministrado a través de un tubo pequeño por debajo de su nariz aliviará la mayoría de sus síntomas. Los analgésicos opioides pueden ser efectivos en reducir la falta de aliento y relajar su respiración.

Si existe líquido en sus pulmones, se puede administrar medicamento que desacelere su acumulación. A veces el abrir una ventana, una temperatura ambiente más fresca, o tener un ventilador encendido frente a su rostro ayudarán a que se sienta menos ansioso por recibir aire. Le pueden enseñar técnicas de respiración y relajamiento para cuando experimente los problemas al respirar. Los medicamentos para reducir la ansiedad le pueden ayudar a preocuparse menos sobre la falta de aliento.

Muchas personas con cáncer temen que este problema empeore conforme progresa la enfermedad. Hay medidas que se pueden tomar para controlar cada cambio en su condición que permiten tratar cada problema. Tal como con el dolor, usted deberá poder recibir ayuda con sus problemas para respirar. Consulte con su equipo de atención médica o de hospicio sobre sus síntomas de modo que ellos puedan tratar sus problemas específicos.

Las últimas respiraciones

Muchas personas presentan ciertos cambios en sus patrones respiratorios justo en el último momento de su vida. La respiración sonora y húmeda, o la congestión severa a menudo ocurren en las horas previas a la muerte. Esto resulta muy angustiante para la familia porque a menudo la persona luce y suena como si se estuviera ahogando. En la mayoría de los casos, este síntoma sucede mientras el paciente está inconsciente, pero en caso de que el paciente esté alerta, esto puede resultar muy aterrante.

Existen muchas causas para esta congestión respiratoria. El exceso de mucosidades, dificultad para tragar y toser, la debilidad, la fatiga y el yacer horizontalmente conforman algunas de las razones. Existe tratamiento que ayuda a controlar esta congestión. Hay medicamentos que pueden usarse para deshacerse de los fluidos acumulados. El cambiar de postura por lo general es útil, especialmente el sentarse con la espalda recta.

El tener conocimiento sobre este posible cambio en la respiración puede ser útil para usted y su familia en identificar, informar y controlar cualquier malestar tan pronto como sea posible. Pregunte a su equipo de atención médica sobre qué puede esperar y dígales qué es lo que le gustaría que hicieran en dicha situación.


Fecha de última actualización: 02/17/2014
Fecha de último cambio o revisión: 02/17/2014