Apoyo a los niños cuando un familiar tiene cáncer: cómo afrontar la recurrencia o la enfermedad progresiva

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¿Cómo sabré si mi hijo necesita ayuda adicional?

Los padres suelen entender el comportamiento de sus hijos y por lo general pueden predecir cómo sus hijos van a responder al estrés. Cuando un niño está alterado, a menudo reacciona en una versión más dramática de como normalmente se comporta. Los niños que son normalmente callados puede que se retraigan más, mientras que los niños que son expresivos y activos se hacen más ruidosos, así como aquéllos con problemas de aprendizaje comienzan a empeorar en la escuela. Algunos niños empiezan a quejarse de enfermedades físicas o parecen estar tristes o solitarios la mayor parte del tiempo. Cualquier tipo de cambio que persista por semanas puede ser una señal de que el niño necesita de mayor atención.

Esté atento(a) de lo que sus hijos hagan y de qué manera lo hacen.

Puede ser útil observar cómo los niños juegan con sus amigos, lo que le dicen a sus muñecas y muñecos de acción, o lo que dibujan en la escuela. Debido a que los niños menores por lo general no pueden hablar fácilmente sobre lo que sienten, su comportamiento ayuda a indicar lo que podría estar pasando. Anteriormente se ha mencionado la tendencia de los niños pequeños a presentar comportamientos regresivos en su desarrollo durante los periodos estresantes. Por ejemplo, podría ser que un niño pequeño tenga problemas para continuar con sus hábitos de uso del baño. Puede que los adolescentes discutan más o que se vuelva más distantes, como una manera de demostrar su aflicción.

Puede que el cáncer no sea la razón de todos los problemas.

Recuerde que no todos los problemas de sus hijos están relacionados con el cáncer. Algunas veces se puede sentir que el cáncer ha tomado control total sobre la vida de la familia, pero puede que usted necesite entender que puede haber otras razones para sus problemas más allá del cáncer. Esto puede resultar bastante difícil, sobre todo si la enfermedad ha progresado, ya que todos estarán más alterados que nunca. Observe con atención el comportamiento de su hijo y trate de ver qué más podría estar pasando. ¿Su hijo tiene problemas para adaptarse con alguna maestra nueva? ¿Se molesta por no haber sido invitado a alguna fiesta? ¿Está luchando por ser más independiente? Si bien el cáncer puede añadir mucho estrés en la familia, pueden estar ocurriendo otras cosas en la vida de sus hijos que pueden explicar sus comportamientos. Puede que no sepa esto hasta que se los pregunte.

Procure que sus hijos le digan lo que les está ocurriendo. Simplemente decir "te ves más pensativo (o triste o preocupado, etc.) estos días, ¿me puedes decir qué está ocurriendo?" puede revelar una nueva perspectiva sobre el comportamiento de su hijo. Verifique en la escuela para ver si el comportamiento también ha sido notado allá. Tal vez un maestro esté asumiendo de forma errada que, porque uno de los padres está enfermo, el niño debe ser tratado diferente. A menudo esto hace al niño sentirse más aislado. Revise todas las posibilidades antes de decidir lo que se debe hacer para ayudar al niño a sentirse mejor.

Recuerde también que la personalidad de un niño es un factor importante a la manera de reaccionar ante la enfermedad en la familia. Algunos niños pueden sobrellevar las situaciones sin contratiempos, mientras que otros son propensos a experimentar grandes dificultades. Cosas distintas funcionan para cada uno de los hijos en una misma familia, por lo que considere cómo ha manejado la conducta de cada uno de sus hijos antes de que el cáncer formara parte de sus vidas. Aunque puede que los problemas sean otros, esos mismos métodos con frecuencia funcionarán de nuevo.

Investigue tanto como pueda sobre el problema.

Suele ser útil obtener tanta información como le sea posible sobre algún problema y todos los recursos disponibles. Esto implica habar con el maestro de su hijo, consejero escolar, pediatra, o algún asesor o trabajador social del equipo que atiende su enfermedad. También es una buena idea preguntar a sus hijos qué puede hacer para ayudarles a sentirse mejor.

No olvide recordarles que ellos no tienen la culpa de que usted se haya enfermado o que su cáncer haya regresado. Tan ilógico como resulte para los adultos, los expertos saben por experiencia al trabajar con niños con cáncer en la familia, que los niños lidian, en un momento u otro, con el sentimiento de culpabilidad por la enfermedad de alguno de sus padres. Si su hijo parece estar angustiado y tratar de hablar con él no ha sido útil, puede que el niño requiera de ayuda externa. Los niños pueden deprimirse o angustiarse tal como los adultos, pero puede que no lo manifiesten de la misma manera.

La depresión infantil puede manifestarse diferente a la depresión adulta. Por ejemplo, uno de los signos más comunes de depresión en un niño consiste en un cambio del comportamiento, tal como una repentina caída en su rendimiento escolar, o la pérdida de amigos. La mayoría de los niños cuyos padres tienen cáncer pueden sobrellevar la situación, pero hay ocasiones en las que sienten que es demasiado. Si parece que un niño tiene algún problema, puede que se deba a algo más grave que una reacción normal de tristeza ante la enfermedad. Se requiere de ayuda adicional si un niño:

  • Muestra o expresa sentirse enojado, triste, o disgustado todo el tiempo.
  • No puede sentirse tranquilo.
  • Admite que tiene pensamientos suicidas o de hacerse daño.
  • Cambios de un estado de ánimo a otro rápidamente.
  • Tiene cambios en sus resultados escolares.
  • Se retrae o aísla.
  • Actúa muy diferente de lo normal.
  • Tiene cambios de apetito.
  • Tiene poca energía.
  • Muestra menos interés en las actividades.
  • Tiene problemas para concentrarse.
  • Llora mucho.
  • Tiene dificultades para dormir.
  • Luce distraído o pensativo la mayor parte del tiempo.

Cuando un niño muestra uno o dos de estos síntomas, puede que sea útil ofrecerle algún tipo de apoyo. Pero si las formas habituales de lidiar con estos problemas no funcionan, o si el problema persiste por un par de semanas, puede que el niño requiera ayuda adicional. (Para problemas de más gravedad, como cuando el niño está considerando hacerse daño, se requerirá de ayuda urgente).

Puede que sea útil hablar con el pediatra del niño, el consejero escolar o con el trabajador social o equipo de asesoría en el hospital donde el paciente está recibiendo tratamiento. Estos expertos saben cómo los niños tienden a reaccionar ante la enfermedad de algún familiar, y puede que logren ofrecer formas útiles de ver la situación. Estos profesionales pueden evaluar al niño y asegurar que reciba algún tipo de ayuda. También pueden sugerirle libros, videos o grupos de apoyo para niños que podrían ser de ayuda. Rara vez puede que un niño requiera ser atendido por un psiquiatra que le recete algún medicamento o atención psicológica.


Fecha de última actualización: 02/24/2015
Fecha de último cambio o revisión: 02/24/2015