El proceso de duelo

Muchas personas piensan que el duelo es una sola instancia, o que es un periodo corto de dolor o tristeza como reacción a una pérdida, como por ejemplo, las lágrimas derramadas en el funeral de un ser querido. Sin embargo, el duelo puede perdurar por mucho tiempo al incluir todo el proceso de lidiar emocionalmente con la pérdida. La aflicción normal nos permite eventualmente dejar ir a un ser querido y seguir adelante de una forma saludable.

El duelo implica la sensación de muchas emociones diferentes a través del tiempo, lo que eventualmente ayudará a que la persona acepte la pérdida de un ser querido. Tenga en cuenta, sin embargo, que el duelo no es igual para todos, pues que cada pérdida es diferente.

Enfrentar el duelo es difícil, y es importante que expresen su aflicción aquellas personas que han sufrido una pérdida. También es importante que se les brinde apoyo a través de este proceso. Cada persona tiene una manera diferente de enfrentar el duelo. La duración y la intensidad de las emociones que las personas experimentan varían de acuerdo a cada persona.

Aunque el duelo se describe en fases o etapas, puede sentirse más como una montaña rusa, con altibajos que dificultan que la persona afligida sienta algún progreso en el manejo de la pérdida. Puede que una persona se sienta mejor por algún tiempo, solo para después volver a entristecerse. Algunas veces, las personas se preguntan por cuánto tiempo durará su aflicción y cuándo podrán experimentar algún alivio. No hay respuesta para esta pregunta, pero algunos de los factores que pueden contribuir a la intensidad y duración de la aflicción son:

  • Su relación con la persona que falleció
  • Las circunstancias de su muerte
  • Sus propias experiencias de vida

La aflicción puede manifestarse de maneras inesperadas

Una relación difícil con la persona antes de su muerte puede causar experiencias únicas de duelo para los seres queridos. Además, las enfermedades prolongadas pueden causar que el duelo se manifieste de maneras inesperadas.

Relaciones difíciles

Una persona que haya tenido una relación difícil con la persona fallecida (un padre con quien había una relación abusiva, resentida o de abandonamiento, por ejemplo) a menudo se sorprende de las emociones dolorosas que experimenta. No es inusual que surja un profundo desconsuelo conforme la persona en luto se aflige por la relación que desearía haber tenido con la persona fallecida, y no tener oportunidad de haberla logrado.

Podría ser que algunas personas experimenten alivio, mientras que otras podrían preguntarse por qué no experimentaron sentimiento alguno ante la muerte de dicha persona. La culpa y el arrepentimiento también son sentimientos comunes. Todo esto es parte normal del proceso de asimilación y resignación.

El duelo después de una enfermedad prolongada

La aflicción que se siente cuando la pérdida ocurre después de una enfermedad prolongada puede ser diferente a la pérdida por muerte súbita. Cuando alguien confronta una enfermedad terminal, los familiares y amigos, y hasta el mismo paciente podrían comenzar a afligirse en respuesta a la expectativa de muerte. Esto es una respuesta normal conocida como aflicción anticipatoria. Puede ser útil para que las personas completen asuntos pendientes y que los seres queridos se preparen para el momento real de la pérdida, aunque podría no aminorar el dolor que sentirán cuando la persona fallezca.

Muchas personas consideran que están preparadas para la pérdida debido a que se espera la muerte del ser querido, pero cuando llega el momento real del fallecimiento, aún puede resultar impactante y causar sentimientos inesperados de tristeza y pérdida. Para la mayoría de las personas, la muerte real da comienzo al proceso normal del duelo.

Etapas del duelo

La gente podría pasar por muchos estados emocionales diferentes mientras enfrenta el duelo. Generalmente, los primeros sentimientos en el duelo incluyen consternación o aturdimiento. Después, a medida que la persona asimila cómo su vida ha sido afectada por la pérdida, las emociones comienzan a surgir. La sensación inicial de incredulidad a menudo es remplazada por una conmoción que puede incluir enojo, desolación, incertidumbre o negación. Estos sentimientos pueden surgir y disiparse a lo largo de mucho tiempo. La etapa final del duelo es en la que las personas encuentran maneras de asimilar y aceptar la pérdida.

Los niños también enfrentan su duelo, pero el proceso puede ser diferente de los adultos. Para más información sobre este tema, lea Helping Children When a Family Member Has Cancer: When a Child Has Lost a Parent.

Consternación, aturdimiento e incredulidad

A menudo, la primera reacción es la consternación, es decir, el impacto, el aturdimiento y la incredulidad. Esto puede durar algunas horas, o perdurar días o semanas. Durante este tiempo, la persona en duelo se podría sentir emocionalmente “desconectada” del mundo. No obstante, puede que la consternación sea interrumpida por momentos de angustia que con frecuencia surgen por cosas que hacen recordar la pérdida de la persona fallecida. Puede que la persona se sienta agitada o débil, que llore, que realice actividades sin propósito alguno, o que se inquiete con pensamientos o imágenes de la persona fallecida.

Con frecuencia, en este momento se llevan a cabo rituales específicos del luto, como la reunión de familiares y amigos, así como los preparativos del funeral y el entierro, o preparación física final de la persona fallecida. Por lo general, a la persona en esta etapa no se le deja sola. Algunas veces la sensación de aturdimiento puede persistir mientras la persona asiste a todos los rituales sin realmente estar al tanto de lo que esté pasando.

Enfrentando la pérdida

En algún punto, la persona comienza a asimilar la pérdida y el aturdimiento desaparece. Esta es la parte del proceso de aflicción, algunas veces conocida como enfrentamiento, en la que los sentimientos de pérdida son más intensos y dolorosos. En estos momentos la persona empieza a confrontar la pérdida y a lidiar con los cambios que ésta trajo a su vida.

Las personas tienden a lidiar con la pérdida de muchas maneras diferentes, por lo tanto puede que haya muchas emociones diferentes, pero igualmente intensas. Durante este tiempo, la aflicción suele presentarse como olas de angustia. Puede que la persona luzca desorganizada o que tenga dificultad para recordar y pensar, así como para realizar las actividades cotidianas. Esto puede durar de semanas a meses. La persona que está pasando por un proceso de aflicción puede presentar algunos o todos los siguientes:

  • Aislamiento social
  • Problemas para pensar y concentrarse
  • Momentos de inquietud y ansiedad
  • Pérdida del apetito
  • Apariencia de tristeza
  • Depresión
  • Sueños con la persona que ha muerto (incluso podría tener breves alucinaciones de oír o ver a la persona que ha muerto)
  • Pérdida de peso
  • Problemas para dormir
  • Cansancio o debilidad
  • Preocupación por la muerte o eventos relacionados con la muerte
  • Búsqueda de razones para la pérdida (algunas veces con resultados que no tienen sentido para otros)
  • Concentración en errores, reales o imaginarios, que cometió con la persona que ha muerto
  • Sensación de culpabilidad por la pérdida
  • Sentimiento de soledad y distanciamiento de las otras personas
  • Expresión de ira o envidia al ver a otras personas unidas con sus seres queridos

Durante este momento, una persona con aflicción requiere de mucho apoyo emocional. La búsqueda de fuentes de apoyo puede ser la clave para la recuperación y aceptación de la pérdida para esta persona. Los familiares, amigos, grupos de apoyo, organizaciones comunitarias o profesionales de la salud mental (psicoterapeutas) pueden todos ser una ayuda.

La aceptación de la pérdida

En este punto, la gente ha empezado a reconocer lo que la pérdida implicará en la vida diaria. Han experimentado el dolor de perder a un ser querido. Generalmente, uno acepta la pérdida lentamente durante los meses subsecuentes. Esta aceptación incluye ajustarse a la vida cotidiana sin el ser querido.

Al igual que las primeras partes del proceso de aflicción, la aceptación no ocurre de un día para otro. Es común que tome un año o más para asimilar los cambios emocionales y los cambios en su vida que ocurren a partir de la muerte de un ser querido. El pesar puede ser menos intenso, aunque es normal que las personas continúen sintiéndose en cierto grado emocionalmente involucradas con el ser querido durante muchos años después. Con el transcurso del tiempo, la persona debe poder recuperar la energía emocional que se invirtió en la relación con el ser querido, y usar esa energía en otras relaciones.

Sin embargo, adaptarse a la perdida no significa que todo el pesar termina. La aflicción por la que se atraviesa cuando se pierde a alguien que era muy cercano incluye la pérdida del futuro que esperaba tener con esa persona. Esto también necesita enfrentarse como parte del luto. La sensación de pérdida puede durar por décadas. Por ejemplo, años tras la pérdida de uno de los padres, el duelo por la ausencia de la persona puede aún ser recordado por un evento en el que normalmente la persona fallecida estaría presente. Esto puede ocasionar que las personas vuelvan a sentir emociones fuertes, lo cual puede hacer necesario procesar el luto de otra parte de la pérdida.

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