Tipos de tratamiento

Efectos secundarios de la terapia dirigida

La terapia dirigida causa efectos secundarios diferentes a los de la quimioterapia (quimio) estándar o tradicional. Algunos tipos de terapia dirigida causan muy pocos efectos secundarios, mientras que otros pueden provocar más efectos secundarios o problemas más graves. Existen muchos tipos diferentes de terapia dirigida, y los efectos secundarios dependen sobre todo del tipo de terapia que se administre y de a dónde se dirija.

¿Por qué la terapia dirigida causa efectos secundarios?

La terapia dirigida funciona al actuar sobre biomarcadores específicos, tales como genes o proteínas, que se encuentran principalmente en las células cancerosas. De esta manera, se limita el daño a otras células normales y sanas. Sin embargo, como las células sanas también pueden contener algunas de estas proteínas, la terapia dirigida también puede afectarlas y causar efectos secundarios.

Las células sanas que son más propensas a sufrir daños por la terapia dirigida son las siguientes:

  • Las células de la piel y las uñas
  • Los folículos pilosos
  • Las células de la boca, del tubo digestivo y del aparato reproductor
  • Las células productoras de sangre en la médula ósea

Algunos tipos de terapia dirigida también pueden dañar células del corazón, de los pulmones, de los riñones y de la tiroides.

¿Qué tan graves son los efectos secundarios de la terapia dirigida?

Los efectos secundarios no siempre son tan malos como se podría esperar, pero es normal preocuparse por este aspecto del tratamiento del cáncer.

A veces, se pueden tomar medicamentos junto con la terapia dirigida para proteger las células sanas del cuerpo. Además, existen tratamientos que pueden ayudar a aliviar los efectos secundarios.

Los médicos intentan administrar la terapia dirigida en niveles lo suficientemente altos como para tratar el cáncer, mientras mantienen los efectos secundarios al mínimo. También procuran evitar el uso de varios tratamientos que causen efectos secundarios similares.

Aspectos que debe recordar:

  • No todas las personas presentan todos los efectos secundarios; algunas personas presentan pocos o ninguno.
  • La gravedad de un efecto secundario puede variar considerablemente según el medicamento y la persona.
  • Algunos tipos de terapia dirigida pueden causar efectos secundarios inusuales y poco frecuentes, y algunos de ellos pueden ser graves. Informe al equipo de atención oncológica (del cáncer) sobre todo cambio o efecto secundario tan pronto como sea posible.

Asegúrese de hablar con el equipo de atención oncológica sobre lo siguiente:

  • Cuáles son los efectos secundarios más frecuentes del tratamiento que usted recibe
  • Cuánto tiempo podrían durar
  • Qué tan graves podrían ser
  • Cuándo debe llamar al consultorio del médico para avisar de estos efectos secundarios

Es posible que el médico le dé instrucciones específicas o le recete medicamentos para prevenir algunos efectos secundarios antes de que aparezcan.

¿Cuánto tiempo duran los efectos secundarios de la terapia dirigida?

La mayoría de los efectos secundarios desaparecen con el tiempo después de que finaliza el tratamiento y las células sanas se recuperan. El tiempo que tarda en desaparecer un efecto secundario puede variar de una persona a otra. Esto depende de muchos factores, entre ellos, del estado general de salud y del tipo de terapia dirigida que haya recibido.

Debido a que muchos tipos de terapia dirigida son todavía bastante nuevos, resulta difícil saber cuánto tiempo pueden durar los efectos secundarios. Sí sabemos que algunos efectos secundarios de la quimioterapia tradicional pueden durar toda la vida, por ejemplo, cuando causan daños a largo plazo en el corazón, los pulmones, los riñones o los órganos reproductores. En muchos casos, todavía no sabemos si la terapia dirigida puede causar este tipo de cambios a largo plazo.

¿Cuáles son los efectos secundarios frecuentes de la terapia dirigida?

Los efectos secundarios pueden variar mucho según el tipo de terapia dirigida que reciba. Algunos son más frecuentes que otros, y algunos pueden ser bastante graves. Además, se tratan de manera diferente a los efectos secundarios que aparecen con otros tipos de tratamiento para el cáncer. Hable con el equipo de atención oncológica sobre los posibles efectos secundarios de la terapia dirigida que va a recibir, a qué debe prestar atención y cómo cuidarse si se presentan.

A continuación, se describen algunos de los efectos secundarios frecuentes y graves que puede causar la terapia dirigida. Esta no es una lista completa, ya que cada tipo de terapia dirigida puede causar efectos secundarios diferentes.

Muchos tipos de terapia dirigida causan cambios en la piel, el pelo y las uñas (incluida la caída del pelo). Estos problemas suelen aparecer de forma gradual, a lo largo de días o semanas después de comenzar el tratamiento. No son signos de alergia al medicamento.

¿Por qué ocurren cambios en la piel?

Los cambios en la piel se deben a la forma en que actúan algunos tipos de terapia dirigida. Por ejemplo:

Los inhibidores de EGFR, como el cetuximab o el erlotinib, actúan sobre la proteína EGFR (receptor del factor de crecimiento epidérmico), que indica a las células cancerosas que se multipliquen y se dividan. Las células de la piel también contienen grandes cantidades de EGFR, por lo que estos tratamientos también las afectan. Estos inhibidores bloquean la señal que permite que las células de la piel se multipliquen con normalidad y dificultan que conserven la humedad.

Los inhibidores de la angiogénesis, como el bevacizumab, actúan sobre la proteína VEGF (factor de crecimiento del endotelio vascular). Bloquear estas proteínas ayuda a impedir que los tumores creen y mantengan un suministro de sangre, pero también afecta a los vasos sanguíneos muy pequeños de las manos y los pies. Esto puede causar el síndrome de manos y pies (descrito más adelante).

¿Cuál es el cambio en la piel más común?

El sarpullido (erupción cutánea) es el cambio en la piel más común asociado a la terapia dirigida, y depende del tipo y de la dosis de la terapia utilizada. En la mayoría de las personas, el sarpullido (o erupción cutánea) es leve. Con frecuencia, se asemeja al acné y aparece en el cuero cabelludo, la cara, el cuello, el pecho y la parte superior de la espalda. En casos graves, puede afectar otras partes del cuerpo.

El sarpullido suele comenzar con hinchazón y enrojecimiento de la piel. Con frecuencia, es más intensa durante las primeras semanas de tratamiento. Al cabo de aproximadamente un mes de tratamiento, la piel suele formar costras y volverse muy seca y enrojecida. Durante las semanas siguientes, a menudo aparecen manchas redondas, planas o elevadas de color rojo, así como granos con pus en el centro. En algunas personas, esto puede ocasionar infecciones de la piel. El sarpullido puede causar picazón, ardor o escozor, y también puede ser doloroso. Puede mejorar por sí sola o mantenerse casi igual durante el resto del tratamiento, pero debería desaparecer del todo aproximadamente un mes después de terminarlo.

El sarpullido puede causar mucha angustia y hacer que la persona se sienta cohibida frente a los demás. Existen medicamentos que el médico puede recomendar para aliviar estos síntomas mientras tenga el sarpullido. Más adelante se explican las medidas para prevenir y tratar los sarpullidos.

¿Qué otros tipos de cambios en la piel debo vigilar?

  • Cambios en cómo se siente la piel: Es posible que la piel empiece a sentirse como si se hubiera quemado con el sol, incluso antes de que aparezcan el enrojecimiento o el sarpullido. Esto puede ocurrir tan pronto como durante la primera semana de tratamiento.
  • Fotosensibilidad: Es probable que la piel se vuelva mucho más sensible a la luz y que los rayos ultravioleta (UV) la dañen con mayor facilidad durante el tratamiento. Por esta razón, la piel puede quemarse o formar ampollas más fácilmente, incluso después de una exposición breve al sol o a la luz solar que entra por las ventanas.
  • Piel seca: Este es un efecto secundario muy frecuente de muchos tipos de terapia dirigida. Puede aparecer durante las primeras semanas de tratamiento, pero casi todas las personas que reciben terapia dirigida tienen la piel seca después de 6 meses de tratamiento. La piel, especialmente la de las manos y los pies, puede volverse muy seca, frágil, escamosa y presentar picazón, e incluso agrietarse. La piel se puede agrietar por sí sola, pero esto tiende a empeorar cuando también hay un sarpullido.
  • Picazón: Muchos cambios en la piel, como el sarpullido o la sequedad, pueden causar picazón.

Síndrome de manos y pies (HFS): El síndrome de manos y pies (eritrodisestesia palmoplantar o HFS, por sus siglas en inglés) suele comenzar durante las primeras 2 a 6 semanas de tratamiento. Los primeros síntomas son sensibilidad dolorosa, hormigueo o entumecimiento en las manos y los pies. Después, las palmas de las manos y las plantas de los pies se enrojecen y se hinchan. El enrojecimiento se parece mucho a una quemadura solar y puede causar ampollas. En casos graves, las ampollas pueden romperse y convertirse en llagas. La piel afectada también puede volverse seca, descamarse y agrietarse.

¿Qué tipos de cambios debo vigilar en las uñas y el pelo?

  • Cambios en las uñas: Algunos tipos de terapia dirigida pueden causar llagas inflamadas, rojas y dolorosas alrededor de las uñas de las manos y las uñas de los pies (se puede parecer mucho a una infección o a una uña encarnada). En la mayoría de los casos, esto ocurre en los dedos gordos de los pies y en los pulgares. Estas llagas pueden infectarse. Las uñas también pueden volverse quebradizas y crecer más lentamente.
  • Llagas en zonas donde crece pelo: Algunas personas notan llagas en el cuero cabelludo y en otras zonas con vello. Las cicatrices que dejan estas llagas pueden impedir que el pelo vuelva a crecer después del tratamiento.
  • Cambios en el crecimiento del pelo: Algunos tipos de terapia dirigida pueden hacer que el pelo de la cabeza se vuelva delgado, seco y quebradizo, o incluso rizado. El tratamiento prolongado con estos tipos de terapia dirigida puede provocar zonas de calvicie o la pérdida total del pelo en el cuero cabelludo. El vello facial puede crecer más rápido de lo habitual; esto incluye cejas y pestañas, que pueden crecer más largas, gruesas y rizadas, y quizá sea necesario recortarlas. Sin embargo, en algunos hombres el crecimiento del vello facial se vuelve más lento. Las cejas también pueden volverse menos pobladas.
  • Cambios en el color del pelo o de la piel: Con algunos tipos de terapia dirigida, puede que la piel o el pelo adquieran un tono amarillento durante el tratamiento. En algunas personas, la piel o el pelo se oscurece. Estos cambios suelen desaparecer una vez que finaliza el tratamiento.
  • Cambios en los ojos y alrededor de ellos: Los ojos pueden arder, resecarse o enrojecerse. En algunas personas, los párpados se enrojecen, se vuelven sensibles y se hinchan, y las pestañas pueden formar costras. A veces, los párpados pueden girarse hacia adentro o hacia afuera. La deformidad en los párpados o la sequedad prolongada pueden dañar la parte externa del ojo (la córnea). Hable con el médico o con el personal de enfermería sobre cómo controlar estos cambios para así evitar lesiones, dolor o infecciones.

¿Se pueden prevenir los cambios en la piel, las uñas y el pelo?

Hay medidas para ayudar a prevenir algunos cambios o al menos tratar de mantenerlos bajo control. Es posible que el médico le recomiende comenzar a seguir estas medidas tan pronto como empiece la terapia dirigida, incluso antes de que aparezcan problemas.

Tener buenos hábitos de cuidado de la piel, las uñas y el pelo antes de que aparezcan los efectos secundarios puede servir para reducir estos problemas. Es posible que le recomienden lo siguiente:

  • Usar jabones, geles de baño y champús suaves que no contengan alcohol, perfumes ni colorantes.
  • Tomar baños en la bañera en lugar de duchas y probar productos de baño con avena para aliviar la piel.
  • Bañarse con agua fría o tibia (en lugar de caliente) y evitar los lugares calurosos y húmedos.
  • Humectar la piel al menos dos veces al día con una crema emoliente espesa y que no contenga alcohol, perfumes ni colorantes. El mejor momento para aplicársela es justo después de bañarse, mientras la piel aún está húmeda.
  • Llevar ropa holgada y suave.
  • Mantener las uñas cortas.
  • Usar detergentes para ropa o suavizantes de tela sin fragancias fuertes.
  • Evitar la exposición al sol tanto como sea posible, ya que la luz solar parece provocar o empeorar el sarpullido en algunas personas. Si va a estar al aire libre durante el día, póngase sombrero y ropa de manga larga. Al menos una hora antes de salir, aplíquese un bloqueador solar de amplio espectro con un factor de protección solar (SPF) de 30 como mínimo, y que contenga óxido de zinc o dióxido de titanio. Tenga cuidado también al estar cerca de las ventanas.
  • Evitar los medicamentos para el acné. Aunque el sarpullido pueda parecer acné, los medicamentos para el acné no funcionan en este caso. Incluso pueden resecar más la piel y empeorar el problema.
  • Probar plantillas de gel para los zapatos si las plantas de los pies están sensibles o doloridas.
  • Usar zapatos que sean de su talla y que no estén demasiado ajustados. Los calcetines gruesos y suaves pueden ser útiles si tiene suficiente espacio en los zapatos para usarlos.

Pregunte al médico o al personal de enfermería si hay otras cosas que pueda hacer para reducir la probabilidad de tener problemas en la piel, las uñas o el pelo.

¿Qué debo hacer si tengo cambios en la piel, las uñas o el pelo?

Es muy importante que informe de inmediato al equipo de atención oncológica si nota un sarpullido o cualquier otro cambio en la piel, las uñas o el pelo. El equipo de atención puede recomendarle maneras de controlar estos problemas. Si no se trata, el sarpullido puede empeorar y provocar infecciones, lo que a su vez podría retrasar o incluso interrumpir el tratamiento.

No trate los problemas de la piel con medicamentos de venta sin receta médica ni deje de recibir la terapia dirigida sin consultar primero con el médico. El médico puede recetarle una crema para la piel o un medicamento para tomar por vía oral para tratar estos problemas.

Asegúrese de informar al médico o al personal de enfermería si ocurre alguna de las siguientes situaciones:

  • Nota una sensación de ardor, enrojecimiento o un sarpullido. Según la gravedad y los síntomas específicos que tenga, hay cremas (incluidas las que contienen corticoides o antibióticos) que sirven para evitar que el problema empeore.
  • La piel está seca, descamada o agrietada. El uso de una crema hidratante puede ayudar.
  • Tiene picazón en la piel. Hay cremas y geles hidratantes o para el alivio de la picazón que se pueden usar para controlar este síntoma. También hay algunos medicamentos que puede tomar por boca (vía oral) para intentar controlar la picazón.
  • La zona alrededor de las uñas de las manos o de los pies se vuelve dolorosa o se enrojece. Aplicarse cremas hidratantes y remojar las manos o los pies en agua tibia puede ayudar. Sin embargo, usted y el equipo de atención oncológica deberán estar pendientes de los cambios que pudieran ser señales de una infección, ya que las infecciones deben tratarse rápidamente.
  • Tiene los ojos muy secos, enrojecidos o sensibles, o nota que las pestañas crecen hacia adentro (hacia el globo ocular).
  • Le aparecen llagas en el cuero cabelludo o en otras zonas con pelo. Es importante tratarlas para prevenir cicatrices que podrían impedir que el pelo vuelva a crecer más adelante.

El médico quizá le recomiende evitar la exposición directa a la luz solar siempre que sea posible. Incluso después de que termine el tratamiento, quizá note que la piel es más sensible a la luz solar que antes, lo cual puede durar desde varias semanas hasta varios meses después de finalizar el tratamiento.

¿Se pueden tratar los cambios en la piel?

Si presenta cambios en la piel, el médico deberá revisarla con bastante frecuencia para identificar el problema, determinar cuál es la mejor manera de tratarlo y evaluar si el tratamiento está funcionando. Es probable que necesite consultas médicas adicionales mientras se controlan estos problemas.

Cambios leves: Estos cambios incluyen sarpullidos solo en una zona limitada, que no causan molestias ni están infectados. Tal vez no necesiten ningún tratamiento, aunque las cremas o pomadas espesas para la piel que no contienen alcohol, perfumes ni colorantes pueden aliviar la resequedad. Asegúrese de consultar con el equipo de atención oncológica antes de aplicarse cualquier producto en la piel.

El médico puede recetarle una crema suave con corticoide o un gel con antibiótico para aplicar sobre el sarpullido.

Si los párpados tienen costras o están hinchados, puede ser útil limpiarlos cuidadosamente y colocar paños limpios, tibios y húmedos sobre los ojos cerrados.

En los casos de problemas leves en la piel, por lo general no es necesario modificar la dosis de la terapia dirigida. Se le vigilará de cerca para evaluar si el sarpullido mejora o empeora.

Cambios moderados: Estos cambios incluyen un sarpullido que afecta una zona más amplia del cuerpo o cambios en la piel que causan molestias leves, como picazón o dolor, pero sin signos de infección. Es posible que le receten una crema o un gel para tratar la piel. El médico también puede recetarle un antibiótico para tomarlo por vía oral (por boca).

Si presenta problemas en los ojos, también pueden recetarle gotas o pomadas.

Por lo general, no es necesario modificar la dosis de la terapia dirigida si los problemas de la piel son moderados. Aun así, se le hará un seguimiento cercano para observar si el sarpullido mejora o empeora.

Cambios graves: Estos cambios incluyen sarpullido grave que afecta una gran superficie de la piel, causa picazón y dolor al tacto, lo cual afecta la calidad de vida (por ejemplo, con problemas del sueño o dolor), y es probable que se infecte. El tratamiento es muy similar al que se utiliza para los cambios moderados, en el que se incluyen cremas o geles, además de un antibiótico que se toma por boca. Además de esto, a menudo se administra un tratamiento con pastillas de corticoides.

Cuando una persona presenta cambios graves en la piel, con frecuencia se debe reducir la dosis de la terapia dirigida. Durante este período, es probable que tenga que acudir al médico con frecuencia. Si el sarpullido no mejora al cabo de aproximadamente dos semanas, por lo general se suspende la terapia dirigida hasta que mejoren los cambios en la piel. Luego, se puede reiniciar la terapia junto con el cuidado continuo de la piel.

Recordatorio sobre las cremas o geles con corticoides para la piel

Los corticoides que se aplican sobre la piel en forma de cremas, pomadas o geles pueden servir para tratar muchos problemas de la piel. Sin embargo, es importante saber que usar cremas con corticoides durante demasiado tiempo puede provocar otros problemas en la piel y aumentar el riesgo de infecciones cutáneas (en la piel). Por ello, utilice las cremas con corticoides (incluso las que no requieren receta médica) únicamente según las indicaciones del médico.

Los anticuerpos monoclonales se asocian a un mayor riesgo de reacciones relacionadas con la infusión intravenosa, en comparación con otros tipos de terapia dirigida.

Las reacciones alérgicas o relacionadas con la infusión intravenosa suelen comenzar de forma repentina, por lo general al cabo de minutos o de horas después de recibir la terapia dirigida, y pueden incluir urticaria (ronchas elevadas en la piel que a menudo desaparecen al cabo de uno o dos días) y picazón intensa. Una reacción alérgica o a la infusión intravenosa a menudo incluye otros síntomas graves, como dificultad para respirar, mareos, opresión en la garganta o el pecho, o hinchazón de los labios o la lengua.

Si presenta este tipo de síntomas, busque atención de urgencia y llame al médico de inmediato.

Algunos tipos de terapia dirigida, especialmente los inhibidores de la angiogénesis, pueden aumentar la presión arterial. En realidad, no hay mucho que pueda hacerse para prevenir este efecto secundario, pero el médico controlará de cerca su presión arterial si recibe algún medicamento que puede causarlo. Algunas personas necesitan medicamentos para reducir la presión arterial a niveles seguros durante el tratamiento, y deben continuar con estos medicamentos hasta que el médico les indique que pueden suspenderlos.

Algunos tipos de terapia dirigida que interfieren en la formación de nuevos vasos sanguíneos, como los inhibidores de la angiogénesis, pueden causar problemas como moretones y sangrado. Estos problemas no son frecuentes y no le suceden a todas las personas. Sin embargo, es útil saber cuáles son porque no existe una forma conocida de prevenirlos.

El sangrado, como el que ocurre en el estómago o los intestinos, puede ser grave e incluso poner en peligro la vida. Informe al médico si vomita sangre o una sustancia que parece granos de café molidos, o si nota heces oscuras o negras, o sangre de color rojo vivo en las heces. Estos pueden ser signos de sangrado en el estómago o los intestinos.

Algunos tipos de terapia dirigida también pueden causar coágulos de sangre en los pulmones y las piernas, así como ataques cardíacos y accidentes cerebrovasculares (o derrames cerebrales). Informe al médico si presenta hinchazón repentina, dolor o sensibilidad en un brazo o una pierna. Si tiene dolor en el pecho, dificultad repentina para respirar, problemas de visión, debilidad, convulsiones o dificultad para hablar, busque ayuda de urgencia, porque pueden ser síntomas de problemas graves causados por coágulos de sangre.

Al bloquear la formación de nuevos vasos sanguíneos, algunos tipos de terapia dirigida interfieren en la cicatrización de las heridas. Esto puede hacer que heridas que ya habían sanado (como cortes) vuelvan a abrirse y que las heridas nuevas no se cierren. También puede provocar la aparición de agujeros (perforaciones) en el estómago o los intestinos. Informe al médico de inmediato si presenta dolor abdominal o vómitos.

Debido a que algunos de estos tipos de terapia dirigida pueden afectar la cicatrización de heridas, por lo general se debe interrumpir el tratamiento antes de cualquier cirugía programada, incluidos los procedimientos dentales. Hable con su oncólogo en cuanto sepa que tiene programada una operación o algún otro procedimiento para que le indique qué debe hacer.

Algunos tipos de terapia dirigida pueden dañar el corazón, especialmente si se usan junto con ciertos medicamentos. Es posible que el médico le evalúe la función cardíaca antes de que usted comience el tratamiento. Los posibles síntomas de daño al corazón incluyen dolor en el pecho, aumento de la tos, dificultad para respirar (especialmente por la noche), aumento rápido de peso, mareos, desmayos o hinchazón en los tobillos o las piernas.

Determinados tipos de terapia dirigida actúan, básicamente, al quitarle los frenos al sistema inmunitario del cuerpo. Esto puede causar efectos secundarios graves si el sistema inmunitario comienza a atacar partes sanas del cuerpo. En algunas personas esto puede causar reacciones graves en los pulmones, intestinos, hígado, piel, ojos, nervios, glándulas productoras de hormonas o en otros órganos. Aunque esto no es frecuente, en algunas personas estas reacciones pueden poner en peligro la vida.

Algunos tipos de terapia dirigida causan hinchazón en la cara, especialmente alrededor de los ojos. También pueden causar hinchazón en los pies, las piernas y las manos. Por lo general, no es necesario tratar este efecto secundario, pero en los casos más graves puede recetarse un diurético (un medicamento para eliminar el exceso de líquido).

También se han asociado otros efectos secundarios a algunos tipos de terapia dirigida. Muchos de ellos son los mismos que se observan con la quimioterapia tradicional. Entre ellos, se incluyen los siguientes:

Durante el tratamiento, el equipo de atención oncológica le hará un seguimiento cercano y evaluará su estado con frecuencia. Los efectos secundarios pueden y deben tratarse lo antes posible. Es importante que le informe al equipo de atención oncológica de cualquier cambio en cómo se siente o de cualquier síntoma nuevo o inusual. Avíseles de inmediato para que puedan tratar los problemas a tiempo y evitar que empeoren.

Interacciones de la terapia dirigida con alimentos y medicamentos, y sus efectos secundarios

Al planificar un tratamiento con terapia dirigida, los médicos deben considerar las interacciones entre la terapia dirigida y otros medicamentos que la persona esté tomando. Esto incluye los medicamentos de venta sin receta médica, los alimentos que consume, las vitaminas y los complementos (suplementos) nutricionales. Estas interacciones pueden empeorar los efectos secundarios o afectar la eficacia de la terapia dirigida. Por ejemplo:

  • Algunos tipos de terapia dirigida pueden aumentar el riesgo de sangrado. La aspirina y medicamentos similares también pueden aumentar este riesgo. Si se combinan, puede aumentar el riesgo de problemas graves de sangrado en algunas personas.
  • Ciertos alimentos y bebidas, como el jugo de toronja o pomelo, pueden interferir en la absorción o la eficacia de algunos tipos de terapia dirigida.

Consulte siempre con el médico sobre qué tan seguro es tomar otros medicamentos, vitaminas, hierbas medicinales y complementos (suplementos), así como sobre las posibles interacciones con alimentos y bebidas durante el tratamiento del cáncer. Es importante que el médico sepa todo lo que está tomando, incluso si lo usa solo cuando sea necesario ("as needed").

Cuándo avisar al equipo de atención oncológica sobre los efectos secundarios de la terapia dirigida

Debido a que el equipo de atención oncológica le dará mucha información sobre los efectos secundarios, es posible que usted esté más consciente de los cambios físicos. No tome a la ligera ningún síntoma físico que tenga. Aunque algunos efectos secundarios duran poco tiempo y son leves, hay otros que pueden ser un signo de problemas graves. Asegúrese de saber cómo comunicarse con el equipo médico en cualquier momento, incluso fuera del horario de oficina, los fines de semana y los días festivos.

Comuníquese de inmediato con el equipo de atención oncológica si presenta alguno de los siguientes síntomas durante la terapia dirigida:

  • Fiebre más alta de la temperatura que le haya indicado su equipo de atención oncológica (por lo general, entre 100.5 °F y 101 °F (38.05 °C y 38.3 °C) o más, tomada por boca)
  • Sangrado o moretones sin motivo
  • Sarpullido (erupción cutánea)
  • Reacción alérgica, como hinchazón de la boca o la garganta, picazón intensa o dificultad para tragar
  • Escalofríos intensos
  • Dolor o sensibilidad en el lugar donde se inyectó la terapia dirigida o donde se colocó el catéter
  • Dolor inusual, incluidos dolores de cabeza intensos
  • Falta de aire o dificultad para respirar (si tiene dificultad para respirar, llame primero al 911)
  • Diarrea o vómitos que duran mucho tiempo
  • Sangre en las heces o en la orina

Pregunte al equipo de atención oncológica si hay otros problemas de los que debe informarles de inmediato.

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Redactado por el equipo de contenido médico y editorial de la American Cancer Society, con la revisión médica y la contribución de la American Society of Clinical Oncology (Sociedad Estadounidense de Oncología Clínica o ASCO, por sus siglas en inglés).

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Actualización más reciente: junio 2, 2025

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