Preguntas comunes acerca de la alimentación, la actividad física y el cáncer

Estas preguntas y respuestas forman parte de la Guía sobre alimentación y actividad física para la prevención del cáncer de la Sociedad Americana Contra El Cáncer. El artículo con la guía en su totalidad (incluyendo referencias bibliográficas), la cual está redactada para los profesionales de la salud, está disponible en CA: A Cancer Journal for Clinicians en: https://acsjournals.onlinelibrary.wiley.com/doi/full/10.3322/caac.21591

Acrilamida

¿Qué es la acrilamida y acaso tiene alguna relación con un incremento en el riesgo de cáncer?

La acrilamida es un compuesto químico utilizado en el procesado industrial. También se encuentra en algunos alimentos y en el humo que se genera al fumar tabaco. La acrilamida en los alimentos se origina como un producto derivado o resultante cuando el aminoácido asparagina reacciona con ciertos azúcares al calentarse en altas temperaturas. Las principales fuentes de acrilamida de las cosas que comemos provienen de papas fritas a la francesa, papas fritas, frituras saladas, pan, galletas, cereales para el desayuno, aceitunas negras enlatadas, jugo de ciruela y café.

La acrilamida está clasificada por el Centro Internacional de Investigación sobre el Cáncer (IARC, siglas en inglés) como un “probable carcinógeno”, de acuerdo a lo observado en muchos experimentos con animales. Sin embargo, se ha observado en un gran número de estudios realizados con humanos que no hay evidencia contundente de que la acrilamida en la alimentación esté asociada a un incremento en el riesgo de desarrollar cualquier tipo de cáncer.

Antioxidantes

¿Qué son los antioxidantes y qué relación tienen con el cáncer?

El cuerpo utiliza ciertos nutrientes y otros compuestos para ayudar a protegerse contra el daño a los tejidos que sucede constantemente como resultado de la función normal del metabolismo. Debido a que este tipo de daño se ha asociado a un incremento en el riesgo de cáncer, se piensa que algunos antioxidantes son útiles para proteger contra este riesgo. Los antioxidantes en la alimentación incluyen vitamina C, vitamina E y carotenoides (compuestos asociados a la vitamina A), entre muchos otros compuestos alimenticios. Los estudios indican que las personas que comen más frutas y verduras, las cuales son fuentes abundantes de estos antioxidantes, pueden tener un riesgo menor de desarrollar ciertos tipos de cáncer. Pero esto no significa necesariamente que los beneficios de consumir frutas y verduras se deba a su contenido de antioxidantes más que de otros compuestos alimenticios.

La mayoría de los estudios clínicos sobre suplementos antioxidantes no han revelado que estos disminuyan el riesgo de cáncer. Por el contrario, algunos estudios han reportado un aumento en el riesgo de cáncer en las personas que toman suplementos.

En cuanto a la reducción del riesgo de cáncer se refiere, la mejor recomendación es obtener los antioxidantes directamente del consumo de alimentos lugar de suplementos.

Arsénico

¿Qué es el arsénico y es causante de cáncer?

El Centro Internacional de Investigación sobre el Cáncer (IARC) y el Programa Nacional de Toxicología (NTP) de Estados Unidos, entre otras organizaciones, han clasificado al arsénico como un carcinógeno para los humanos. El arsénico es un elemento que se genera de forma natural y que puede encontrarse en piedras, tierra, agua, el aire, plantas y animales, así como en compuestos industriales y agrícolas.

El arsénico es encontrado de dos formas:

  • Los compuestos inorgánicos del arsénico se usan en productos industriales y para la construcción (tal como las maderas “tratadas a presión”) y se encuentran en el agua contaminada con arsénico. Esto suele conformar la forma más tóxica del arsénico con una relación establecida con el cáncer.
  • Los compuestos orgánicos del arsénico se considera que son mucho menos tóxicos que las formas inorgánicas y no se piensa que tengan una relación con el cáncer.

Las principales fuentes de exposición humana al arsénico son el agua y los alimentos.

  • El agua en algunas partes de los Estados Unidos, especialmente en las regiones Suroeste y parte superior del Medio Oeste del país, así como en el estado de Nueva Inglaterra (New England), puede que contengan arsénico en concentraciones mayores que en el resto de esta nación. Las concentraciones de arsénico natural tienden a ser mayores en el agua potable que proviene del subsuelo (agua subterránea), como lo son los pozos acuíferos.
  • Para la mayoría de la gente, la mayor fuente de arsénico proviene de los alimentos, aunque gran parte es propensa a ser de la forma orgánica menos peligrosa. Las mayores concentraciones de arsénico en los alimentos se encuentran en mariscos, arroz y otros productos del arroz, champiñones y aves, aunque muchos otros alimentos, incluyendo algunos jugos de fruta, pueden contener arsénico.

Los estudios han observado que la exposición al arsénico del agua potable puede que sea causante de cáncer de pulmón, vejiga y piel. Debido a que el arsénico se ha relacionado con el cáncer y otras afecciones a la salud, varias agencias gubernamentales de los Estados Unidos se encargan de reglamentar los niveles de arsénico y la exposición.

Mientras que el arsénico es un elemento que ocurre de forma natural y no es posible evitarlo por completo, hay cosas que la gente puede hacer que pueden reducir su exposición. Aquellas personas cuya agua potable proviene de un recurso público pueden obtener información disponible para la comunidad sobre las concentraciones de ciertas sustancias en el agua potable, incluyendo el arsénico. La gente cuya agua proviene de un recurso privado, como algún pozo, también puede conseguir la información sobre las concentraciones de arsénico a las que se expone mediante las pruebas que un laboratorio de renombre puede realizar. Aquellos que vivan en regiones con altas concentraciones de arsénico en el agua puede que quieran considerar el uso de agua embotellada como su alternativa de agua para beber. Los filtros para el agua de uso cotidiano en el hogar no son suficientes para eliminar el arsénico. Evitar el consumo excesivo de alimentos que se sabe que contienen altas concentraciones de arsénico, como mariscos, arroz y productos del arroz, así como el jugo de fruta, también puede ayudar a reducir la exposición, y se deben mantener concentraciones adecuadas de folato que es importante para la eliminación del arsénico en el cuerpo.

Café

¿Afecta el consumo de café el riesgo de cáncer?

Una área de investigación que continúa estando activa es determinar si el consumo de café reduce o incrementa el riesgo para diferentes tipos de cáncer Los estudios han sugerido que es probable que beber café reduzca el riesgo de cáncer de endometrio y de cáncer de hígado, aunque la relación con el cáncer de endometrio podría confundirse con el hábito de fumar. Existe algo de evidencia de que el café reduce el riesgo de cáncer de boca, garganta y laringe, así como el cáncer de piel de células basales en hombres y mujeres, y posiblemente el melanoma en las mujeres.

Por otro lado, algunos estudios han sugerido que consumir bebidas muy calientes, como café y/o té, puede aumentar el riesgo de cáncer de esófago. Por lo tanto, puede que sea lógico evitar beber café y otras bebidas a temperaturas muy altas.

No se tiene total certeza sobre las maneras potenciales en las que el café puede que reduzca el riesgo de cáncer. Los granos tostados del café contienen cientos de compuestos biológicamente activos, incluyendo cafeína, flavonoides y lignano, entre otros polifenoles. Se ha observado que estos y otros compuestos incrementan la quema de calorías, protegen contra el daño de las células, regulan la reparación del ADN en los genes, contienen propiedades antiinflamatorias y/o inhiben la propagación del cáncer (metástasis). El café también influye en la cantidad de tiempo que los alimentos están en los intestinos, así como el metabolismo hepático de los carcinógenos, lo que también puede contribuir a un menor riesgo de algunos cánceres digestivos.

Alimentos genéticamente modificados

¿Qué son los alimentos genéticamente modificados y acaso son seguros de consumir?

Los cultivos modificados genéticamente (bioingeniería) se crean añadiendo genes de otras plantas o de otros organismos para aumentar la resistencia de las plantas a las plagas, desacelerar la descomposición o para que se puedan transportar mejor, mejorar su sabor, mejorar su composición de nutrientes o añadirle otras cualidades deseables.

Ciertos alimentos generados de cultivos modificados genéticamente fueron aprobados para su venta en los Estados Unidos a mediados de la década de 1990, y más del 70% de todos los alimentos altamente procesados en los supermercados de este país (incluyendo pizza, papas fritas, galletas, helado, aderezo para ensaladas, jarabe de maíz y polvo para hornear) contienen ingredientes de las plantas de soja, maíz o canola genéticamente modificadas. La creciente preocupación sobre los posibles efectos nocivos del consumo de alimentos genéticamente modificados, ha sido en parte lo que ha originado la legislación federal en 2016 que exige que estos productos incluyan información estandarizada en su etiquetado en el que se mencionen los ingredientes genéticamente modificados.

En teoría, estos genes agregados pudieran generar sustancias que podrían causar reacciones en personas sensibles o alérgicas, u ocasionar niveles elevados de compuestos que podrían causar otros efectos sobre la salud. Sin embargo, en la actualidad no hay evidencia de que los alimentos disponibles en el mercado que contienen ingredientes diseñados genéticamente o las sustancias que se encuentran en ellos sean perjudiciales para la salud de los humanos, o que aumentarían o disminuirían el riesgo de cáncer. La Organización Mundial de la Salud, la Asociación Médica Estadounidense, la Academia Nacional de Ciencias y la Asociación Estadounidense para el Avance de la Ciencia han coincidido todas en su postura de que la evidencia actual sugiere que los alimentos que contiene ingredientes modificados genéticamente son seguros.

Alimentación sin gluten

¿Acaso tener una alimentación sin gluten ayuda a reducir el riesgo de cáncer?

El gluten es una proteína contenida en el trigo, el centeno y la cebada. En la mayoría de la gente, no genera malestar alguno.

Para las personas con enfermedad celíaca, el gluten provoca una respuesta inmunitaria que daña el revestimiento del intestino delgado y podría aumentar el riesgo de cáncer.

Algunas personas presentan sensibilidad al gluten, ya sea con o sin la enfermedad celíaca. En estas personas, puede que el gluten contribuya a la inflamación de los intestinos, lo cual podría a su vez incrementar el resigo de los cánceres gastrointestinales. Sin embargo, este posible vínculo no está bien probado.

Hay muy poca evidencia que vincule la ingesta de gluten con el riesgo de cánceres gastrointestinales en la población general.

En esencia: entre la gente que no padece de enfermedad celíaca, no hay evidencia de que el consumo de una dieta sin gluten esté relacionado con un menor riesgo de cáncer, y muchos estudios sugieren que consumir granos integrales, incluidos los que contienen gluten, probablemente reduce el riesgo de cáncer de colon.

Índice glucémico y carga glucémica

¿Qué son y acaso tienen algún impacto con el riesgo de cáncer?

El índice glucémico (o glicémico) es una medida del incremento de la glucosa en la sangre (un tipo de azúcar) tras haber ingerido alimentos específicos ricos en carbohidratos, en comparación con una ingesta estándar de glucosa. Aquellos alimentos con un alto índice glucémico liberan la glucosa rápidamente, derivando en un rápido aumento de la glucosa en la sangre. En contraste, los alimentos con un bajo índice glucémico liberan la glucosa más lentamente, con un pico de glucosa en sangre generalmente menor a través del tiempo en que se digiere el alimento. Por lo general, los alimentos con un alto nivel glucémico son productos de granos altamente refinados y procesados con azúcares añadidos y un bajo contenido de fibra, así como algunos vegetales ricos en almidón. El índice glucémico puede ser considerado como una medida de calidad de los alimentos ricos en carbohidratos.

Además del índice glucémico, la carga glucémica (o glicémica) captura tanto la calidad como la cantidad de carbohidratos consumidos. La carga glucémica proporciona una visión más real de cómo la glucosa en la sangre se eleva en relación con la ingesta de un alimento en específico.

Se ha llevado a cabo mucha investigación para tratar de descubrir el posible impacto que la carga glucémica de la alimentación tiene sobre el riesgo de cáncer. Los informes más recientes indican que tener un patrón alimentario con una carga glucémica elevada se asocia a un mayor riesgo de cáncer de endometrio. Se requiere de más investigación para determinar el impacto que puede tener en otros tipos de cáncer.

Inflamación y estrategias antiinflamatorias

¿Reducen el riesgo de cáncer las dietas antiinflamatorias?

Desde hace mucho tiempo se ha sabido que la inflamación es la manifestación que cuerpo genera ante algún daño a los tejidos, y su relación con las infecciones ha sido reconocida por siglos. Sin embargo, el efecto cancerígeno que la inflamación puede tener se ha reconocido de forma más reciente, y las relaciones entre la alimentación, la inflamación y el riesgo de cáncer (así como el riesgo de enfermedades cardiacas y de muerte a una edad más temprana) aún son una área de investigación que sigue evolucionando.

Una combinación de estudios de laboratorio y en humanos ha identificado que ciertos alimentos y sustancias químicas que contenidas en los mismos fomentan la inflamación en ciertos tejidos del cuerpo. Esta es la base de los patrones de dietas antinflamatorias, que comparten algunos atributos con las recomendaciones de esta guía, como un alto contenido de frutas y verduras junto con una reducción en la cantidad de carnes rojas y procesadas.

Alimentos irradiados

¿Por qué algunos alimentos son irradiados y acaso pueden incrementar el riesgo de cáncer?

La irradiación de los alimentos (la aplicación de radiación de iones a los alimentos) es una tecnología que mejora la seguridad alimenticia y extiende el tiempo de vida en estantes de los alimentos al reducir o eliminar mediante esto los gérmenes e insectos. Al igual que la pasteurización en la leche o el enlatado de frutas y vegetales, el proceso de irradiación puede hacer que los alimentos sean más seguros de consumir. La irradiación no hace que el alimento se vuelva radiactivo ni afecta su calidad nutricional, así como tampoco cambia el sabor, la textura o el aspecto de los alimentos de manera que se pueda percibir . De hecho, los cambios que la irradiación puede generar son tan pequeños que no es fácil distinguir los alimentos que han pasado por un proceso de irradiación.

La Administración de Alimentos y Medicamentos (FDA) de EE.UU. ha evaluado la seguridad de los alimentos irradiados durante más de 30 años, y ha determinado que el proceso es seguro. La Organización Mundial de la Salud, los Centros de Control y Prevención de Enfermedades (CDC) y el Departamento de Agricultura de EE. UU. también han respaldado la seguridad de los alimentos irradiados. No hay evidencia de que la irradiación a los alimentos sean causante de cáncer o de que tenga efectos nocivos sobre la salud humana.

Ayunos con jugos y dietas de limpieza o de desintoxicación

¿Pueden los periodos con un consumo limitado de alimento mediante jugos (ayuno con jugos) eliminar las toxinas y ayudar proteger contra el cáncer?

El jugo que se consume tras extraerlo directamente de frutas y verduras puede ser una forma conveniente de obtener algunos nutrientes de estos alimentos. En moderación, esto puede conformar tan solo una parte beneficiosa de todo un patrón de alimentación sana. Sin embargo, los jugos contienen menos fibra, así como niveles menores de algunos de los otros nutrientes, así como un mayor contenido de los azúcares naturales en estos alimentos que el consumo de los mismo de manera entera, por lo que no constituye la mejor forma de obtener todos los nutrientes de los alimentos de origen vegetal.

No hay una evidencia científica que respalde que el consumo de jugos solamente durante uno o más días , lo cual se conoce como ayuno, limpieza o desintoxicación con jugos, reduzca el riesgo de cáncer ni que proporcione otros beneficios a la salud. Este tipo de dietas se promueven como una manera de “eliminar las toxinas” del cuerpo, pero esta aseveración no ha sido respaldada con evidencias científicas. Las toxinas que ingresan al cuerpo a través de lo que comemos y bebemos son constantemente eliminadas por los riñones y el hígado, independientemente de que el alimento que consumamos sea de forma sólida o líquida. Y aunque el consumo de jugos extraído directamente de las verduras pueda ser una manera de incrementar la ingesta de nutrientes, una alimentación que se limita a estos jugos puede carecer de muchos de los otros nutrientes como se mencionó anteriormente, y en casos particulares puede que incluso eleven la concentración de otras sustancias, lo cual podría ser dañino el riñón, entre otros problemas para la salud.

Uso de hornos de microondas y métodos de conservación, preparación y almacenamiento de los alimentos

¿Puede el uso de hornos de microondas u otros métodos de cocción incrementar el riesgo de cáncer?

Los hornos de microondas funcionan con una forma de radiación electromagnética no ionizante, y su uso en el cocinado de los alimentos no aumenta el riesgo de cáncer. Por otro lado, asar a las brasas, ahumar o freír carne (carnes rojas, aves de corral, pescados) a altas temperaturas puede generar reacciones químicas en las que se producen aminas heterocíclicas causantes de cáncer.

Entre los propósitos de los métodos de conservación, preparación y almacenamiento de los alimentos que son relevantes para la salud personal y pública se incluye:

  • Eliminar o inhabilitar cualquier sustancia química o contaminante microbiológico
  • Evitar la añadidura o generación de sustancias nocivas
  • Mantener la cantidad y disponibilidad de los nutrientes

Por ejemplo, los métodos adecuados de enlatado y congelamiento ayudan a mantener el contenido nutricional de las frutas y verduras, lo cual extiende el acceso de los consumidores a estos productos. Por otro lado, ciertos métodos de conservación para la carne roja agrega nitratos en éstas, lo cual en el estómago puede convertirse en compuestos nitrogenados (N-nitroso) causantes de cáncer.

La contaminación de alimentos por sustancias en los contenedores e instrumentos de cocina es otra preocupación para muchas personas. Los contenedores de plástico pueden liberar sustancias como ftalatos (algunos de los cuales se clasifican como probables carcinógenos) o compuestos fenólicos como bisfenol A (un probable carcinógeno) durante el almacenado de alimentos o durante la cocción en el horno de microondas. Puede que en el uso de instrumentos con recubrimiento de teflón se libere ácido perfluorooctanoico (o ácido perfluorooctánico, el cual está clasificado como un probable carcinógeno) en los alimentos. En algunos estudios de laboratorio se ha encontrado que estas sustancias tienen efectos biológicos negativos, y que podrían imponer un efecto sobre cuándo se da el inicio de la pubertad, un posible factor en el riesgo a largo plazo de algunos tipos de cáncer, como el cáncer de seno. Sin embargo, no se dispone de suficiente evidencia sobre el impacto sobre el riesgo de cáncer derivado de la exposición por largo plazo a estas sustancias químicas en humanos. No obstante, la gente preocupada sobre el posible daño por estas exposiciones tiene la opción de usar instrumentos y contenedores hechos de vidrio o metal.

Aditivos no nutritivos como edulcorantes y substitutos del azúcar

¿Pueden causar cáncer los aditivos no nutritivos como edulcorantes y substitutos del azúcar?

Los edulcorantes (endulzantes) no nutritivos son sustancias utilizadas en lugar de azúcares como sacarosa, jarabe de maíz, miel y néctar de agave con el fin de endulzar alimentos, bebidas y otros productos. Varios de los edulcorantes no nutritivos cuentan con la aprobación de la FDA en la actualidad, incluyendo aspartame, acesulfamo de potasio, sacarina, sucralosa y stevia. Estos aditivos para endulzar contiene pocas o nada de calorías y nutrientes. Puede derivarse de ciertas plantas o del propio azúcar en sí, y por lo general son muchas veces más dulces que el azúcar, permitiendo el uso de menores cantidad para conseguir el sabor deseado. Otros sustitutos del azúcar incluyen los alcoholes del azúcar, tal como sorbitol, xilitol y manitol.

No existe clara evidencia de que estos productos para endulzar, a los niveles típicos de consumo humano, puedan causar cáncer. Cuando se dieron a conocer los hallazgos iniciales de que la sacarina se asoció al cáncer de vejiga en animales de laboratorio, empezaron a surgir preguntas sobre el impacto que tienen los endulzantes artificiales, pero estudios no han encontrado un incremento en el riesgo de cáncer en humanos.

Las personas con una afección poco común llamada fenilquetonuria no pueden metabolizar el aspartame con normalidad, lo cual puede resultar en una toxicidad del sistema nervioso, por lo que deberán evitar el consumo de esta sustancia en su alimentación. Con esta excepción, todos estos edulcorantes parecen ser seguros cuando se usan con moderación, aunque cantidades más altas de alcoholes de azúcar podrían causar distensión (abdomen hinchado) y molestias abdominales en algunas personas.

Alimentos orgánicos

¿Son los alimentos etiquetados como “orgánicos” mejores para reducir el riesgo de cáncer?

El término “orgánico” es usado para designar alimentos cultivados sin el uso de sustancias químicas artificiales. Bajo la reglamentación de la USDA, los alimentos de origen animal que están etiquetados como orgánicos provienen de animales criados sin el uso de hormonas o antibióticos en su alimentación. Los alimentos de origen vegetal que son orgánicos se obtienen con métodos agrícolas que no usan como fertilizante los productos pesticidas o herbicidas, ni fertilizantes químicos o lodos de alcantarillado que suelen ser lo más convencionales. Los alimentos orgánicos también excluyen el uso de solventes industriales o y la irradiación de los alimentos, y por lo general también excluye a los alimentos genéticamente modificados.

Uno de los principales beneficios de consumir productos orgánicos es que con ellos se promueve el uso de prácticas agricultoras sustentables para el medio ambiente. Muchos consumidores también consideran que los alimentos orgánicos posiblemente son mejores para la salud, pero existe poca evidencia que los productos agrícolas orgánicos tengan un mayor valor nutricional que los cultivados de manera convencional.

Se han realizado pocas investigaciones sobre la relación entre el consumo de alimentos orgánicos y el riesgo de cáncer, aunque un estudio reciente encontró que el consumo de más productos agrícolas orgánicos estaba relacionado con un menor riesgo de linfoma no Hodgkin. Mientras que este hallazgo requiere ser confirmado por otros estudios, es consistente con la contundente y consistente asociación que han entre un lugar de trabajo con exposición a pesticidas y este tipo de cáncer.

Lavar los productos agrícolas cultivados de forma convencional puede eliminar parte de los residuos de pesticidas. Independientemente, es importante lavar bien todas las frutas y verduras para reducir el riesgo a la salud de contaminación bacteriana.

Debido a que los productos orgánicos suelen ser más costosos que sus contrapartes convencionales, es importante que la gente con recursos limitados reconozca que cumplir con las recomendaciones sobre el consumo de frutas y verduras para la prevención del cáncer y fomentar la salud está por encima de la posibilidad de adquirir las opciones orgánicas.

Pesticidas y herbicidas

¿Causan cáncer los pesticidas en los alimentos?

Los insecticidas y herbicidas pueden ser tóxicos cuando se usan incorrectamente en sitios industriales, agrícolas o de otra índole ocupacional. La Agencia Internacional de Investigaciones sobre el Cáncer (IARC) clasifica tres herbicidas agrícolas de uso frecuente (glifosato, malatión y diazinona) como ‘probables carcinógenos humanos’. Los tres están relacionados con un mayor riesgo de linfoma no Hodgkin. Además, el malatión está asociado a un mayor riesgo de cáncer de próstata, mientras que la diazinona con un mayor riesgo de cáncer de pulmón.

En la actualidad, la evidencia científica respalda la noción de los beneficios para el estado general de salud y los efectos protectores que hay al consumir frutas y verduras, independientemente de que sean productos orgánicos o convencionales. Lavar los productos agrícolas cultivados de forma convencional puede eliminar parte de los residuos de pesticidas y también es importante para minimizar el resigo de contaminación por microbios.

Calidad del sueño

¿Cómo afecta la calidad del sueño a la alimentación, la actividad física y el riesgo de cáncer?

Cada vez hay más evidencia que respalda la importancia que hay en la interacción entre la calidad del sueño, la alimentación, la actividad física el riesgo de cáncer:

  • Los trastornos en la calidad del sueño han sido asociados a un mayor riesgo de cáncer y la privación del sueño (definida a menudo como dormir menos de 7 horas en una noche) se ha asociado a un riesgo mayor de obesidad de comer en exceso, así como del síndrome metabólico, el cual es considerado como factor de riesgo para varios tipos de cáncer.
  • En contraste, un patrón sano en la calidad del sueño se ha asociado a un mejor manera de controlar el peso tras de haber logrado la intención de bajar de peso.
  • Hay estudios que han observado que los altos niveles de tiempo sedentario (estando ya sea sentados o acostados) están asociados a una mala calidad del sueño, así como a menos horas de sueño.
  • Una calidad inadecuada del sueño se ha asociado también a niveles hormonales mayores de estrés e inflamación, lo cual se sabe son mecanismo en el cuerpo que afectan en el riesgo de cáncer.

Soja y productos de soja

¿Pueden los alimentos derivados de la soja reducir el riesgo de cáncer?

Al igual que otros tipos de habas (frijoles) o legumbres, la soja y los alimentos derivados de la soja son excelentes fuentes de proteína, de manera que proporcionan una alternativa más saludable que la carne. La soja contiene varios componentes alimentarios bioactivos, como las isoflavonas, que tienen una estructura similar a los estrógenos y pueden adherirse a los receptores de estrógeno en las células. Los efectos de esta capacidad de adherirse pueden variar, en función de las condiciones, el tejido corporal específico y la cantidad de soja consumida.

Existe cierta evidencia de estudios con seres humanos y estudios de laboratorio que el consumo de alimentos de soja como el tofu podría reducir el riesgo de cáncer de próstata y de cáncer de seno, pero en general la evidencia es demasiado limitada para obtener conclusiones sólidas. Muchos de los estudios que han encontrado estas relaciones se hicieron con poblaciones asiáticas con alto consumo de alimentos de soja durante toda la vida, y sigue siendo incierta su relevancia con respecto al consumo de soja en menores cantidades y por duraciones más breves en las poblaciones occidentales.

No hay datos que respalden el uso de los suplementos con fitoquímicos o proteína de soja en polvo que se usan en algunos de los productos alimentarios para reducir el riesgo de cáncer. De hecho, un estudio reciente encontró un mayor riesgo de cáncer de seno sin receptores de estrógeno (un tipo agresivo) entre los usuarios de suplementos de soja. Por lo tanto, aunque la soja de fuentes alimentarias parece ser segura y hasta podría tener efectos benéficos para la salud, los suplementos de soja se deben usar con precaución, si es que se usan.

Azúcar

¿Aumenta el azúcar el riesgo de cáncer?

Los alimentos y las bebidas contienen varios tipos de azúcares. Estos azúcares varían en sus estructuras químicas, pero una vez que se consumen todos tienen efectos metabólicos similares en el cuerpo. Todos los azúcares en alimentos y bebidas se suman a la ingesta de calorías, lo que puede propiciar la obesidad, por lo que ingerir demasiada azúcar puede aumentar indirectamente el riesgo de cáncer. También hay evidencia de que un patrón alimentario con un alto contenido de azúcares añadidos afecta los niveles de insulina y hormonas relacionadas de maneras que pueden aumentar el riesgo de ciertos tipos de cáncer.

El azúcar moreno (sin refinar) contiene la misma forma química de azúcar (sacarosa) que el azúcar blanco (refinado). También contiene cantidades extremadamente pequeñas de otras sustancias que afectan su color y sabor, pero no influyen en los efectos desfavorables de la sacarosa en el peso corporal o la insulina.

La fructosa, el azúcar natural en la fruta y en muchas bebidas endulzadas con azúcar en forma de jarabe de maíz con alto contenido de fructosa, es similar a la sacarosa en sus efectos sobre el peso y la insulina, al igual que la miel, que contiene una mezcla de fructosa y glucosa (otra forma de azúcar).

Los estudios de laboratorio han demostrado que el metabolismo de la glucosa (el azúcar principal utilizado como fuente de energía en el cuerpo) es más rápido en las células cancerosas que en las células normales. Este hecho a menudo es malinterpretado por personas, que asumen (incorrectamente) que los azúcares en alimentos y bebidas "alimentan" directamente las células cancerosas.

No obstante, limitar los alimentos altamente procesados que contienen altos niveles de azúcares añadidos, como repostería, dulces, golosinas, galletas y cereales azucarados, así como bebidas endulzadas con azúcar, como refrescos, bebidas deportivas y bebidas energéticas, puede ayudar a reducir la ingesta de calorías, limitar el aumento de peso y promover un peso corporal más saludable. Esto también puede reducir la secreción de insulina en personas con afecciones metabólicas como la prediabetes o la diabetes tipo 2.

Dietas vegetarianas/veganas

¿Reducen el riesgo de cáncer las dietas vegetarianas?

Las dietas vegetarianas pueden brindar muchos beneficios para la salud.

  • Tienden a ser bajas en grasas saturadas
  • Tienden a ser ricas en fibra, vitaminas y otros componentes alimenticios bioactivos
  • No incluyen carnes rojas ni procesadas

Por lo tanto, las dietas vegetarianas pueden ser útiles para la reducción del riesgo de cáncer. Muchos estudios acerca de los vegetarianos indican un menor riesgo de cáncer en general, en comparación con las personas que también comen carne. Sin embargo, la certeza es menor sobre si una dieta vegetariana brinda algún beneficio especial a la salud en comparación con las alimentaciones que incluyen pequeñas cantidades de alimentos de origen animal que son típicamente consumidas en el mundo occidental. De hecho, en un gran estudio británico, las personas que comieron pescado pero no otras carnes parecían tener el mismo riesgo general de cáncer que los vegetarianos.

La evidencia disponible apoya la recomendación de un patrón de la alimentación que consista principalmente en alimentos de fuentes vegetales, con una ingesta limitada de carnes rojas y procesadas, si hubiera algún consumo de carnes.

Además de un nivel modesto de reducción del riesgo para algunas formas de cáncer, los patrones dietéticos vegetarianos están relacionados con menores riesgos de enfermedades cardíacas y diabetes tipo 2, y son generalmente más asequibles.

Las personas que consumen dietas vegetarianas estrictas que omiten todo producto de origen animal (incluyendo leche y huevos), también referidas como dietas veganas, necesitan suplementación con vitamina B12, zinc e hierro (o alimentos fortificados con estos nutrientes), especialmente para niños y mujeres premenopáusicas. Estas personas también deben procurar el consumo suficiente de calcio, pues las personas que son estrictamente vegetarianas (veganas) con un consumo de calcio relativamente bajo han mostrado estar a un riesgo mayor de fracturas de huesos en comparación con las personas que tienen una dieta vegetariana no estricta (no vegana), así como con aquellas con una alimentación que incluye el consumo de carne.

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Actualización más reciente: junio 9, 2020

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